
Una propuesta artística puede perder su carácter como tal debido a una falta de respeto grave y continuada de su creador hacia el espectador. Los años nuevos, serie de televisión de Rodrigo Sorogoyen que se ha estrenado en Movistar, comete este pecado.
Compuesta por diez capítulos, la serie relata la relación amorosa de dos personas entre los treinta y los cuarenta años. Cada episodio transcurre en la Nochevieja o la mañana del día siguiente de cada uno de los años de esa década. No hay nada que objetar a la interpretación de los actores (hasta el poeta Benjamín Prado hace un buen trabajo) ni a la ambientación de las escenas ni a la calidad y ritmo de la mayoría de los diálogos. El problema principal radica en que el director de la serie intenta dar gato por liebre. El responsable de los diez capítulos, en un exceso de ambición, hace todo lo posible para disfrazar de crónica realista sobre las relaciones amorosas de toda una generación (su generación) lo que no es más que un producto comercial que solo busca gustar y hacer caja. En el campo de la música, por ilustrar la cuestión con un ejemplo de fuera del sector audiovisual, los aficionados al rock auténtico detestan al grupo norteamericano Eagles. La razón es bien sencilla: camuflan con acordes rockeros y una estética rebelde y radical unas canciones que se basan en estribillos comerciales propios de la canción melódica o del pop más comercial y cuyas letras son insulsas y triviales. El grupo de Los Ángeles disfraza de rock genuino lo que no son más que hits de radio fórmula. En el legendario film El gran Lebowski (1998) su protagonista, The Dude, lo dice muy claro antes de que lo echen a empujones de un taxi: «I hate the fucking Eagles». Este grupo musical, a lo largo de más de cincuenta años, ha vendido muchos millones de discos en todo el mundo. Esto demuestra que su truco funcionó. Seguro que a Rodrigo Sorogoyen también le sale bien. Le deseamos lo mejor.
Fueron felices y comieron perdices
En una comedia romántica los personajes principales son, de forma invariable, un chico y una chica guapos y heterosexuales (sí, solo heteros) que se encuentran por casualidad, se gustan y, aunque unos minutos después se separen, sabes, como espectador, que algo queda de esa atracción mutua inicial. Sentado en tu butaca sospechas que algo queda por un brillo en los ojos de ella, por un gesto pensativo en la cara de él o porque simplemente quedan dos tercios de película. Más tarde, los protagonistas se van a enamorar y luego la relación se fastidiará, pero, acto seguido, tras unos momentos de incertidumbre y un poco de intriga, sus vidas se volverán a cruzar (también por casualidad) y triunfará el amor. La intriga es suave, leve, poco inquietante. Es así porque en una comedia romántica no hay sorpresas, sabes desde el comienzo cómo va a terminar. Por eso no hay lugar a spoilers. Este esquema, con mínimos cambios, se repite en todas las películas de este género. Las comedias románticas nos permiten creer que el mundo funciona bien, que todos tenemos nuestra media naranja y que el amor dura para siempre y da sentido a nuestra existencia. Una ficción de este tipo coloca en nuestra mente, aunque sea durante noventa minutos, que en lo que respecta al amor romántico hay esperanza. Historias de Filadelfia (George Cukor, 1940) y Vacaciones en Roma (William Wyler, 1953) son comedias románticas y Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961) y las películas de Woody Allen no lo son.
En una comedia romántica, al igual que en una cinta de superhéroes, nos contarán historias de ficción que son del todo inverosímiles. Sabemos que, si un hombre intenta volar saltando desde la cornisa de un edificio, se matará; del mismo modo que tenemos claro que una relación amorosa enfrentada a muchas dificultades y al desgaste del tiempo acabará por fracasar. Pero en el cine nos gusta que nos engañen. Aun así, en las películas de estos dos géneros, a pesar de haber sido bombardeado con tantas falsedades, un espectador no podrá reclamar que se le ha estafado. En toda historia ficticia de género el espectador de forma implícita llega a un acuerdo con el director: acepta en las películas de la Marvel que los superhéroes tienen poderes sobrehumanos y que el amor, en el género romántico, es indestructible. El espectador sabe a lo que ha venido. Y esto vale para el cine como para el teatro, la televisión o la literatura. No se puede acusar de falta de honestidad a Cuatro bodas y un funeral (1994) o a Notting Hill (1999), obras maestras de ese genio llamado Richard Curtis.
Es fácil enamorarse de Ana. La protagonista de Los años nuevos es guapa además de buena persona (ayuda a una chica borracha desconocida en el metro); es poco constante y algo insegura, pero le gusta follar, le gusta mucho. A Óscar, el personaje masculino, también le gusta follar; es menos encantador, pero es médico y también buena persona (lleva a Valencia a un chico que no conoce de nada y que acaba de ser asaltado en la calle en plena mañana de año nuevo); Óscar es desconfiado y algo arrogante, pero es muy trabajador y se ve que acabará triunfando. Ana y Óscar, en los diez años que abarca la serie, como en un viacrucis sentimental, pasarán por todas y cada una de las estaciones de una comedia romántica: encuentro casual, enamoramiento, celos, ruptura, incertidumbre, reencuentro casual y final feliz.
Rodrigo Sorogoyen es el director de películas como Que dios nos perdone (2016), El reino (2018), y As bestas (2022). Ha recibido varios premios Goya y un premio Cesar de la academia francesa a la mejor película extranjera. En la actualidad, junto con Albert Serra, es reconocido por la crítica como el mejor director joven del cine español. En Los años nuevos, queriendo mantener su estatus de cineasta de culto e Influido quizás por ese prejuicio tan español que entiende que todo lo comercial es de mala calidad, Sorogoyen acaba fabricando una historia que de tanto artificio es muy poco creíble. Como a las canciones de los Eagles, a la serie se le ve la trampa y el cartón. Si se pretende obtener los efectos comerciales que Nora Ephron1 saca a sus películas y al mismo tiempo parecerse a Ingmar Bergman, lo más probable es que al resultado se le vean las costuras y que un espectador mínimamente exigente salga del cine sospechando que su inteligencia no fue tomada en cuenta. Analizamos a continuación algunos de los principales defectos y artificios que hemos encontrado en la serie.
Sexo
Las relaciones sexuales entre Ana y Óscar son naturales y satisfactorias. Este asunto, a diferencia de otros como la familia, el trabajo o los celos, no es fuente de conflicto en la pareja protagonista. La serie nos hace ver que entre ellos, en el campo sexual, no hay cansancio ni prejuicios ni complejos ni dudas. Los protagonistas se dan placer utilizando un amplio abanico de posibilidades (coito, cunnilingus, masturbación, satisfier guiado por él y disfrutado por ella…) y todo funciona a la perfección. Los primeros capítulos nos muestran que los padres de Ana y de Óscar son modernos y liberales y que han educado a sus hijos en la idea de que el sexo es bueno y no fuente de culpa. Queda claro que los personajes no han sufrido la educación católica y patriarcal que inundó de problemas y desencuentros las relaciones íntimas en las generaciones anteriores.
En los dos primeros capítulos, el espectador asistirá a varias escenas sexuales directas y explícitas pero alejadas de lo erótico o pornográfico. Estos encuentros íntimos son filmados con maestría, transmiten sinceridad y demuestran lo enunciado en el párrafo anterior. Hasta aquí todo bien. La semilla de la sospecha se planta en la mente del espectador cuando en los capítulos tercero y cuarto (ya han transcurrido tres años de relación) todo sigue igual de bien. En ese momento, el espectador se da cuenta de que el mensaje del director y las otras dos guionistas es que los hombres y mujeres viven el sexo de la misma manera; que los manidos desencuentros en ese terreno de los que siempre se ha hablado eran fruto de la cultura y la educación recibida por las generaciones anteriores, que la biología no tiene nada que decir en esto del sexo heterosexual. Que a Ana solo deje de apetecerle cuando en el capítulo siete esté saliendo con un chico francés y haya tenido un hijo es muy significativo. En ese momento, ante la decepción de Ana por no sentir apetito, su hermana le dice algo tan ñoño y tan falso como que su falta de deseo se debe a que ahora está enamorada de su bebé de cuatro meses y que, cuando pase el tiempo, volverá a enamorarse de su pareja y lo del sexo se arreglará.
Las escenas sexuales citadas dan la razón a la psicoanalista Constanza Michelson que en 2019, en un artículo titulado El deseo en disputa, denunciaba que la cuarta ola feminista había reventado por el lado más íntimo, el de la vinculación sexual. Afirmaba Michelson que con la deconstrucción del esclavizador viejo esquema del amor romántico y con la liberación sexual, la relación íntima para la mujer había quedado anclada al imaginario del erotismo masculino y añadía que «el nuevo arreglo sexual sigue dándole la ventaja al varón heterosexual». Como dice Arias Maldonado en (Fe)Male Gaze (Anagrama, 2022) : «La opresión estaría causada por unas formas de relación erótica que las mujeres han hecho suyas aunque respondan a los deseos masculinos».
El problema viene de que, en palabras de Arias Maldonado, se desatienden las raíces biológicas de nuestra conducta sexual, tenidas por secundarias frente a su relativa plasticidad cultural. El deseo sexual y la práctica del sexo es diferente en el hombre y en la mujer y eso ha sido así desde siempre porque se debe a factores biológicos. La cultura, la educación y la civilización han modulado y atemperado esos deseos e instintos, pero siguen ahí.
Hombres y mujeres, en el campo del sexo, somos iguales y no lo somos. Tenemos el mismo derecho a disfrutar del sexo y a que su práctica nos permita ser personas completas y realizadas. Tenemos el mismo derecho a desvincular el sexo de la reproducción y de la culpa. Pero física y mentalmente no vivimos el sexo de la misma manera. Y esto será siempre fuente de conflicto. Los que aceptan esta situación y se adaptan a ella, consiguen llegar a un acuerdo de mínimos (o máximos) que permiten que el sexo sea satisfactorio para ambos. Pero querer hacer ver que el conflicto sexual entre ellas y ellos era algo cultural y que, en el siglo XXI, ya ha sido superado, tiene poco que ver con la realidad.
Curiosamente el tratamiento que la serie da al sexo de pareja, a pesar de su falsedad, agrada a todo tipo de espectadores, tanto a hombres y como a mujeres y Sorogoyen lo aprovecha comercialmente. Ya ocurrió con la serie de novelas Cincuenta sombras de Grey (E. L. James, 2011). Aquella trilogía fue consumida por muchos millones de lectoras en todo el mundo y, de entre ellas, un tanto por ciento muy alto se definía como feministas. La protagonista de las novelas se sometía al hombre y disfrutaba practicando todo lo que él le pedía. La lectora vivía, por persona interpuesta, la placentera fantasía de sentirse bien incorporando el papel de la mujer complaciente que además goza con la misma intensidad que el hombre las prácticas amatorias que él impone. En la serie que nos ocupa ocurre algo del estilo.
Además de esta visión masculina del sexo, la serie ofrece una interpretación demasiado simple a la relación entre el sexo y el amor (lo que ocurre en el último capítulo lo confirma). No es verdad que la duración y la intensidad del deseo sexual y del amor coincidan casi de forma matemática. Sí es cierto que esta idea tiene hoy mucha aceptación en nuestra sociedad, pero ese entendimiento mayoritario no la convierte en verdadera. De hecho, la culpa de muchas separaciones viene de aceptar que cuando el deseo sexual falla estamos ante un síntoma del final del amor y que es la hora de que cada uno se vaya por su lado. No es así de fácil.
Romper la cuarta pared y otros recursos
La cuarta pared es el muro imaginario e invisible que separa a los actores de los espectadores en una obra de teatro o en una película. Se empezó a utilizar en el siglo XVIII por Diderot cuando, como crítico teatral, pedía a los actores que interpretaran sus papeles como si ese muro existiera y nadie fuera capaz de verlos trabajar. Romper la cuarta pared es un recurso narrativo en que uno o varios actores toman conciencia de que lo son, dejan de interpretar su papel, pasan al mundo real y se comunican de tú a tú con los espectadores. El uso que Woody Allen hizo de esta herramienta en La rosa púrpura del Cairo (1985) es uno de los más conocidos y recordados.
Romper la cuarta pared se utiliza, en la mayoría de los casos, como una manera de dar verosimilitud y realismo al argumento. En la serie, en todos los capítulos menos en los dos últimos, Ana y Óscar, elucubran sobre la relación amorosa de parejas con las que se cruzan. Todas esas parejas son diferentes: unas veces son ancianos, otras adolescentes. Hay parejas homosexuales, de mediana edad, divorciados y vueltos a casar… Sorogoyen, poniendo en comparación, mediante este recurso, la relación amorosa de los protagonistas con toda esta variedad de parejas de otras generaciones y condición, procura, además de un barniz de realismo, conseguir que la relación de Ana y Óscar se erija en el retrato indiscutible y único de la relación amorosa de los hombres y mujeres de su generación, los que durante los últimos diez años se han hecho adultos, han formado parejas y han entrado en el mercado laboral. Sorogoyen podía habernos contado solo la historia de amor de una pareja, pero no hace eso. En su ambición, pretende retratar a toda su generación y para ello, entre otros, usa este recurso.
Otros trucos para dar categoría de cine de calidad a una simple y estereotipada comedia romántica son los siguiente: el abuso de los primeros planos (a veces tan cercanos que solo un cuarto de la cara del personaje ocupa la imagen) y de los prolongados silencios entre los personajes; difuminar la imagen para volver a la nitidez en pocos segundos y transformar deseos o imaginaciones de los personajes en escenas sin advertir al espectador de que es solo en la mente del personaje donde transcurre la acción.
Coda
La gran verdad de las relaciones amorosas es que, en una gran mayoría, terminan mal. Hoy, en España, hay más divorcios que matrimonios. Si a eso añadimos que la mayoría de las parejas no se casan, pero se separan igual, el panorama es desolador. Por eso no es realista ni verosímil lo que Sorogoyen nos cuenta en Los años nuevos.
Para quien esté interesado en la relación entre el amor y el sexo y su evolución a lo largo de las últimas décadas, recomiendo leer los libros de la socióloga Eva Illouz y de la sexóloga Sylvia de Bejar. Y, sobre todo, que disfruten de la serie de Rodrigo Sorogoyen siendo conscientes de que es meramente un producto para el entretenimiento y de que el amor y el sexo no tiene nada que ver con lo que en ella se cuenta.
Notas
(1) Nora Ephron es guionista y directora de comedias románticas como Cuando Harry encontró a Sally (1989) Sleepless in Seattle (1993) y You got an E-mail (1998)







No podría estar más en desacuerdo con lo que comentas. Es un prodigio de guion, interpretación, dirección y coreografía actoral. Y con el mérito de que los personajes caen mal, porque son pijiprogres de manual. Incluso en lo de Benjamín Prado discrepamos, porque para mí es lo único que desentona, no me lo creo ni interpretándose a sí mismo, que es básicamente el papel que hace pero con otro nombre.
El argumento podría haber funcionado si las pretensiones del director y las otras dos guionistas no fueran tan altas. Si solo nos contaran la historia sentimental de Ana y Oscar y se tratara el asunto de la relacion entre sexo y amor de manera más realista, sería algo creíble. El problema es que intentan retratar a toda una generación y dejar para la posteridad un documento visual de cómo se vivía la relación de pareja a comienzos del siglo XXI.
Ese y la pretensión de hacer cine culto con los mimbres de una comedia romanticona es el problema.
De todos modos, sabiendo esto y aceptando el intento de engaño, la serie es entretenida y agradable.
Das por hecho cosas que no sé de dónde las sacas. Te las inventas directamente. Demostración:
“Nunca tuvimos la intención de hacer una serie generacional. Es solo que hemos elegido unos personajes que tienen una edad concreta en un mundo que es este mundo. Y bueno, supongo que eso hace que se hayan enfrentado a los mismos problemas que se ha enfrentado nuestra generación”, cuenta Sara Cano,
Fuente:
https://www.eldiario.es/era/los-anos-nuevos-serie-sorogoyen_1_11897149.html
Mis argumentos salen de los 10 capítulos que forman la serie y creo que los argumento correcta y suficientemente en el artículo. Lo que se ha dicho en las entrevistas de promoción como la que citas no creo que deba tener la misma importancia que la serie en sí.
En EL PAIS SEMANAL de hoy, Francesco Carril, protagonista de la serie dice lo contrario a la cita que incluyes en tu comentario, Dani, y tampoco la tengo en cuenta.
Dice Carril:
«Habla de nosotros como generación, de este contexto. Creo que, como tal, andamos atrapados en un limbo, pero no hemos naufragado.»
https://elpais.com/eps/personajes/2024-12-13/francesco-carril-actor-como-generacion-andamos-atrapados-en-un-limbo-pero-no-en-hemos-naufragado.html?event_log=oklogin
En primer lugar, te agradezco que te tomes la molestia en responder a los comentarios. Respecto a si es una serie generacional o no, claro que lo es en tanto que retrata a una generación, la de Sorogoyen, de la que me siento partícipe también aunque tengo 10 años menos que los protagonistas. Muchas de las acciones que protagonizan las he vivido en tanto que para los nacidos en los 70 también fue de curso común la precariedad laboral, la carestía de la vivienda etc. En este sentido, nos pilló de lleno la época de la especulación más salvaje (2000-2008), y el uso recreativo de drogas en ambientes pijiprogres es algo que me pilla muy cercano. Tan es así, que incluso generaciones posteriores a partir de los 40 y 50 pueden sentirse plenamente identificados. Lo que yo discuto, a pesar de tus argumentos, es que hayan tratado de hacer una serie canónica. Sería como decir que José Ángel Mañas y luego Montxo Armendáriz pretendieron establecer el canon de la juventud de su tiempo con «Historias del Kronen» y no, en ambos casos los autores retratan un entorno y generación que conocen bien porque es la que han vivido y experimentado en carne propia, sin más y sin pretender darse ínfulas de dogmáticos. Que el final sea algo complaciente (yo quizá hubiera optado por otro, pero me parece bueno y coherente también el que plantea Sorogoyen) no puede ser el único argumento para justificar tu tesis de que se trata de una comedia romántica. Compararla con «Cuatro bodas y un funeral» (ojo, buena película y mucho más ácida de lo que la gente cree, porque es una enmienda a la totalidad del matrimonio, por mucho que haya 4 bodas) y con «Notting Hill» (esta directamente un petardo sobrevaloradísimo) es como si por incluir viajes en el tiempo, «About Time» (buena peli lastrada por un final bastante reaccionario, también del ínclito Richard Curtis) viniese precedida con el membrete de «Una historia de ciencia ficción camuflada de comedia romántica».
Buen argumento ese tuyo, Dani, referido a «About time». Adoro esa comedia de Curtis. La he visto cuatro veces. Las buenas comedias románticas merecen un respeto. No hay que avergonzarse de dirigir o producir o escribir el guion de una serie/ película de este genero. Se trata de cine de calidad, de gran calidad. En «About Time» (Curtis, 2013) su director y guionista no utiliza el recurso de que los hombres de la familia Lake puedan retroceder en el tiempo para arreglar algo que se hizo mal como una manera de esconder que la película es una pedazo de comedia romántica. Curtis en ningún momento (en ninguna de sus películas) oculta lo que hace. Sorogoyen sí lo hace.
Los años nuevos, como digo en mi artículo, pasa por todas las estaciones de una comedia romántica, no falta ni una. Es decir: blanco y en botella. Que se incluyan asuntos como el de las drogas (sobre el que prefiero no hablar), no desnaturaliza una comedia romántica como esta. Un saludo
Pero es que cualquier historia de amor, bajo ese prisma, encajaría en lo que catalogas de comedia romántica salvo porque el final no es amargo, algo que sí ocurría en «Los Puentes de Madison» o «Blue Valentine», que son claramente dramas. Es decir, que tu único argumento para colgarle el sambenito de «comedia romántica» es porque acaba «bien». De lo contrario, el resto de tu argumentación no se sostiene bajo mi punto de vista. En cuanto al argumento del sexo y el amor, le reprochas que ella solo deja de sentir apetencia cuando está con el francés tras tener un hijo, mientras que no se aprecia que entre Óscar y Ana se apague esa llama hasta 5 años después, con el episodio de Berlín. A mí esto me parece cogérsela con papel de fumar, porque durante el comienzo de la relación se explicita el sexo de manera verista y creíble, tanto en el fondo como en la forma. Que en el tercer episodio y el cuarto no se trate, ¿de verdad es tan importante cuando en el 5º se derrumba como un castillo de naipes dejando a las claras el desgaste de la relación? La decisión de Ana de irse fuera empeora todo lo que ha vivido con Óscar, ya que Manu no le llena tanto, de ahí que por comparación, y tras vivir 5 años con Óscar, sea lógico que eche de menos el sexo con su antigua pareja. El final con la «reconciliación» sobreentiende (bajo mi punto de vista) una nueva etapa, no una continuación de la anterior, en la que incluso cabe la posibilidad de que todo se vaya al garete porque segundas partes no tienen por qué reverdecer los viejos laureles. Deducir de ese final que fueron felices y comieron perdices es de un reduccionismo no ya injusto, que también, sino alejadísimo de la realidad hasta entonces retratada. Vuelvo a repetir que por esa regla de tres, y por tomar un ejemplo diametralmente opuesto a esta serie, es como si dijéramos que «Happy Valley» da gato por liebre porque finalmente Catherine Cawood atrapa y mata a quien ha sido causa de su desgracia personal, soslayando todo el trabajo actoral y guion de esa (también) excelente serie.
Amigo Dani:
Al final de mi artículo recomiendo los libros de Illouz y De Bejar, dos señoras que saben mucho de la relación entre amor y sexo la primera y sobre sexo femenino (sobre todo, sobre deseo sexual femenino) la segunda.
El tratamiento que se da al deseo sexual femenino y a la relación entre el amor y sexo en la serie es muy pobre y alejado por completo de la realidad. Hablo de lo que ocurrió hace más de 10 años con 50 sombras de grey porque es triste que sigamos igual. Cito el artículo de una psicóloga (y lo enlazo) porque el feminismo más reciente, con la mejor intención, ha enfollonado el relato del deseo sexual femenino y la serie (a pesar de contar con dos guionistas del género femenino y jóvenes) reproduce ese esquema. Una pena.
La serie, además del asunto de la comedia romántica (o no), tiene muchas deficiencias. Por eso digo que si Sorogoyen hubiera sido más honesto y menos ambicioso y hubiera contado solo una relación afectiva de dos personas (sin pretensiones de gran obra para la posteridad), todos estaríamos contentos con el resultado, hubiéramos pasado un buen rato (casi 500 minutos) y nadie se hubiera sentido engañado.
Un saludo
El tratamiento que los tres guionista
Introducir referencias bibliográficas que hablen de la perspectiva y evolución del sexo y deseo femenino durante las últimas décadas es otro ejemplo (en mi opinión) de cogérsela con papel de fumar, como intentar encontrar defectos en detalles insignificantes. La serie no pretende hacer un tratado ni una evolución del deseo sexual femenino, sino retratar con la mayor honestidad posible (la que ha vivido el autor y su entorno) ese aspecto. El personaje de Ana no pretender ser un arquetipo de la mujer liberada y empoderada con el que se nos bombardea desde el nuevo feminismo, sino que, en tanto que habitante de un tiempo concreto donde empieza a florecer esta nueva ola de feminismo, actúa, siente y se expresa en virtud de los condicionantes que el entorno moldea en la personalidad de cada uno, independientemente de que la personalidad se revele (o lo intente) contra ello. Se puede ser todo lo revolucionario que se quiera pero conforme cumples años, o fruto de experiencias traumáticas (y aquí cabe señalar en el caso concreto de Ana la muerte de su padre, el irse fuera etc.), los ímpetus que antaño mostrábamos con descaro y orgullo se ven matizados por cosas que no podemos controlar. Lo que viene a llamarse madurar. A unos les llega antes y a otros despúes. A ella le llega después de atravesar esos golpes, y ya está. Atribuyes que los autores quieren sentar cátedra sobre varios asuntos, incluido el sexual, y para nada es así. Me da la sensación (seguramente errónea, pero no le encuentro otra explicación) de que prefires no reconocer la calidad en todos los aspectos de la serie por vaya usted a saber si existe algún prejuicio ideológico o personal hacia Sorogoyen.
Dices: «independientemente de que la personalidad se revele (o lo intente) contra ello». Pero eso no ocurre en la serie. Si Ana mostrara algún conflicto entre los «los condicionantes que el entorno moldea» en su personalidad (por utilizar tus palabras) y lo que a ella, como mujer, le pide de verdad su cuerpo y su mente (factores biológicos), el tratamiento del sexo sería creíble. Pero eso no ocurre. Ana vive el sexo (un sexo fiel a los gustos masculinos) sin ningún problema. Eso es irreal, pero muy comercial, claro.
En cuanto a lo de madurar, no lo he tratado en mi reseña, pero ya que lo sacas… No parece muy madura la forma de actuar de Ana después de tener un hijo. Pero, bueno, no sigo que ya me han llamado «pedante» y, de aquí a poco, me cae lo de «retrogrado» y «carca». No hace falta que lo diga, pero no tengo nada en contra de Sorogoyen. No lo conozco. Sus películas son muy buenas. As bestas es una obra de arte. Me decepciona, amigo o amiga Dani, que recurras a acusarme de algo personal contra el director.
Un cordial saludo
Ya decía que seguramente me equivocaba, pero es que me sigue pareciendo que lo que le reprochas a la serie es algo que ninguno de los creadores ha expresado ni por asomo, salvo el «cherrypicking» en una entrevista a Francesco Carril, que carece de poder ejecutivo en la serie. Respecto al sexo sigo sin entender qué es lo que te parecería conveniente para que se ajustara a tu disertación o a los libros mencionados, y que dudo de que Sorogoyen y sus guionistas hayan si quiera considerado o incluso conozcan, porque su material de base es una época concreta, la suya, y el modelo social y cultural imperante. Dices que Ana no demuestra madurez tras ser madre, supongo que por seguir viéndose clandestinamente con Óscar. ¿El adulterio ahora es síntoma de inmadurez? ¿O más bien de insatisfacción y válvula de escape ante la perspectiva de una vida monótona y gris? Y, tras ese final «feliz» y abierto, ¿acaso no se puede inferir que volverán y que ella dejará al francés, rehaciendo su vida? ¿Es esto, rehacer tu vida, síntoma de inmadurez?
El tema de la madurez de Ana (personaje9 lo has sacado tú, Dani. La serie (ni yo) no plantea esa cuestión. Yo te puedo dar mi opinión, pero no deja de ser subjetiva. Entiendo que no es muy maduro lo que hace, pero, repito, es una opinión personal. El adulterio es real y ocurre todos los días en todo tipo de generaciones. Por eso, no tengo nada que objetar a la serie en ese asunto.
100% de acuerdo, es una historia mas, que podria ser la mia o la de cualquiera, solo que este hombre tiene una ulcera muy gorda.
Aquí te has explicado perfectamente. Estoy de acuerdo con esto que argumentas. Y, a pesar de ello, he disfrutado la serie, más por la forma que por el fondo
Completamente de acuerdo, Oriol, yo también lo he pasado bien. Como serie, está muy bien hecha. Y los actores hacen un trabajo fabuloso, sobre todo ella, Iria del Rio, de la que ya estoy buscando sus trabajos anteriores para disfrutarlos.
Un saludo
O sea que no han hecho la serie como a ti te gustaría y por lo tanto es comercial y demás chorradas.
Deberíamos estar dando palmadas con las orejas porque hayan hecho una serie de esta calidad en nuestro país, pues nada a sacar punta de tonterías que no son más que gustos personales
No, si yo lo pasé bien viendo la serie. En cuanto, en el capítulo 4, entendí de qué iba el director, me relajé y gocé
No entiendo muy bien la crítica que se hace en este artículo. El autor dice que el problema está en las pretensiones de los creadores de la serie, que supuestamente intentan hacer un documento visual retratando a toda una generación y las relaciones de pareja. Desconozco si los creadores han hecho pública esta intención o si el crítico la presupone al ver la serie, pero si finalmente ha disfrutado de la serie no entiendo por qué darle tantas vueltas a si es un producto más comercial o más de autor. A mí me ha parecido de lo más interesante que he visto este año. Debe de haber mucho curro detrás de unas interpretaciones tan buenas y realistas y una realización tan bien ejecutada, como suelen ser habitual en Sorogoyen.
El autor hace un juicio de intenciones que no tiene nada que ver con la realidad porque además, a ningún creador se le ocurriría verbalizar algo tan pretencioso. En cualquier caso, en un reciente artículo de eldiario.es, las guionistas dicen esto que refuta e invalida la opinión del señor Yelo:
» “Nunca tuvimos la intención de hacer una serie generacional. Es solo que hemos elegido unos personajes que tienen una edad concreta en un mundo que es este mundo. Y bueno, supongo que eso hace que se hayan enfrentado a los mismos problemas que se ha enfrentado nuestra generación”, cuenta Sara Cano,»
He disfrutado la serie, por guión, interpretación, dirección,…a pesar de que me sonaba a algo visto, pues con 66 años casí todo me suena, es lo normal. Lo que no había leído nunca, que yo recuerde, es una crítica tan absurda, en el sentido de que interpreta algo que da por supuesto en creadores y directores de los capítulos, pero que no se argumenta de ninguna manera. ¿Comedia romántica, porque hay una pareja y amor, idas y venidas? Podría decir yo que en todo caso tragicomedia….pero de las buenas
No doy nada por supuesto, solo me baso en lo que, a lo largo de 10 capitulos, he visto. Creo que lo argumento con detalle, puede que con demasiado detalle:
– La tecnica de romper la 4ª pared para comparar a a la generación protagonista con el resto.
– La falsa relacio entre sexo y amor
– La visión másculina del sexo como manera de agradar a espectadoras y espectadores.
– Los demasiados primeros planos, los silencios, etc…
Un saludo
No he visto la serie, pero sacar el tema biología va cultura, un debate superado en ciencia desde hace décadas, (la biología se desarrolla en un ambiente cultural y no hay forma de separación estricta de dos perspectivas que se entrecruzan), me hace pensar que te mueves más en el plano ideológico de la guerra cultural. Creo que lo confirmamos al citar a Arias Maldonado, politólogo que escribe en El Mundo.
No hay nada de ideología en la biología, amigo Arryn. La obra de Arias Maldonado es mucho más extensa que lo que publica en EL MUNDO. Creo que es un intelectual fiable y coherente.
La biología se ha utilizado de manera torticera para asumir valores reaccionarios Antonio. Es un clásico, el racismo, clasismo o el machismo han tenido su búsqueda de sustansuación en la biología desde sus inicios.
Ok, de acuerdo, pero no es ese el uso que yo hago aquí de los condicionantes biológicos. Me refiero a que estos últimos (innegables en cuanto al sexo y su diferente forma de vivirlo, pensarlo y desearlo en hombres y mujeres) no se toman en cuenta en una serie como esta que pretende hacer un retrato realista de las relaciones sexo afectivas de una generación.
Un saludo
Ni comedia, ni romántica.
Artículo de opinión buscando clickbaits por oposición. Bastante lamentable.
Oh, el vil y ruin director nos ha querido engañar, menos mal que ha sido desenmascarado por este valeroso crítico.
¿Comedia romanticona facilona, o cine de culto? Como si no hubiera (infinitos) grises en la paleta.
Cierto, hay muchos colores y matices en la paleta. Lo que no se puede es tenerlo todo. No se puede conseguir el éxito comercial y que los criticos hablen bien de uno. Al menos en España, donde – por un prejuicio estúpido- éxito comercial y calidad es incompatible.
Bua, que alegría me ha dado ver la sección de comentarios. Te han argumentado infinitamente mejor, y verbalizado con una asertividad preclara, las distintas incoherencias de la tesis de la argumentación. Además, con respeto y argumentos y un profundo cariño y respeto hacia la nueva tendencia creativa del panormala audiovisual español. Bien por JotDown, no por el artículo, que no hay por donde cogerlo, un 10 por el debate generado. Saludos :)
¿Cómo dialoga el pensamiento de Eva Illouz con lo que la crítica pretende cuestionar? Pregunta seria
Buenas tardes, Clara:
Eva Illouz (Marruecos, 1961) es una sociologa de tendencia marxista que se ha dedicado a estudiar los efectos de la relación amorosa sobre las personas en el siglo XXI y cómo esa relacion ha cambiado profundamente en comparación con lo que ocurría hace más de setenta años.
En su libro Por qué duele el amor (Katz, 2012), utilizando extractos de novelas de autoras como Jane Austen o Edith Wharton nos explica cómo eran los comportamientos y las formas de pensar y vivir el sentimiento amoroso en la época premoderna (siglo XIX y principios del XX) y los compara con la modernidad y postmodernidad (donde estamos). «El amor se representa hace tiempo ya como una experiencia que supera y excede la voluntad, una fuerza irresistible que no se puede controlar», comienza diciendo Eva Illouz al principio del capítulo dos. Se refiere la autora a lo que hoy entendemos de forma general por amor. Pero esto no siempre ha sido así. En el siglo XIX el cortejo amoroso se inscribía dentro de unas reglas morales y sociales que aunque hoy las podamos ver como anticuadas ordenaban las relaciones y propiciaban que todos supieran lo que estaba permitido y lo que no. En la época premoderna el amor estaba sujeto a unas normas de conducta y eso lo mantenía bajo control. Eso permitía que la relación amorosa ocupara su sitio y no se confundiera con otros asuntos como el sexo, la simpatía o la autoestima, que es lo que ocurre hoy. En palabras de Illouz: «Al disminuir los recursos morales y el conjunto de restricciones sociales que configuraban las maniobras del sujeto en su entorno social, la estructura de la modernidad nos expone a nuestra propia estructura psíquica, lo que provoca que la psiquis moderna quede en un estado de vulnerabilidad». Esa debilidad se manifiesta en que estemos expuestos al influjo de cualquier moda que los medios de comunicación, la publicidad, el cine y la literatura nos quiera imponer. Todas estas influencias han conseguido que en nuestras mentes cambie lo que entendemos por amor.
La modernidad ha impuesto dos nuevos criterios —sirvan como ejemplos— para la elección de pareja: la compatibilidad psicológica y el atractivo sexual. Ninguno de ellos era importante en la época anterior. El que la sensualidad sea un criterio importante, si no fundamental, para la elección de pareja tiene —entre otras— una consecuencia muy seria: legitima la sexualidad por sí misma, despegada de las emociones, y esto supone —además de otras consecuencias positivas— una mayor dificultad en la interpretación de los sentimientos. Illouz no defiende que las relaciones amorosas de esa época premoderna fueran mejores, reconoce, sin embargo los graves inconvenientes que tenían, pero si le sirven como punto de comparacion con lo que hoy tenemos para hacer ver la gran confusión de esta época.
No digo que yo esté completamente de acuerdo con Eva Illouz, pero debes admitir, Clara, que reflexionar sobre estos asuntos, si quieres saber qué es el amor hoy y su relación con el sexo, es bastante provechoso.
Un saludo
Hola, Antonio, gracias ante todo por la respuesta. He leído a Illouz y, con junto con el contexto histórico, en lo que pone ella la mirada es en el capital sexual, catapultado por expresiones de gran calado como el cine y la moda, y en los mercados del deseo, que han escalado, bajo su punto de vista, con internet y las apps. No sé si Los años nuevos, que sí hablan del amor contemporáneo, conecta con el pensamiento de Illouz.
Lo que sí me ha llamado la atención es que las relaciones de género, tan presentes en las relaciones heterosexuales que a menudo no nos damos cuenta de cómo nos hemos convertido en nuestros padres y madres, no está presente en la historia.
Un saludo
Estimada Clara:
Repasando las ideas de Eva Illouz hay una que me parece pertinente destacar ahora que hablamos del amor en el siglo XXI: «El amor se representa hace tiempo ya como una experiencia que supera y excede la voluntad, una fuerza irresistible que no se puede controlar». Hoy pensamos, de forma mayoritaria, que la voluntad y el enamoramiento son incompatibles, excluyentes incluso. Y es una gran mentira. Eso de que el amor todo lo puede y que si uno/a se enamora, todo compromiso anterior (aunque sea de veinte años y con tres hijos incluidos) se puede romper, es más una excusa útil que una verdad.
Un saludo
Hola, Antonio, gracias ante todo por la respuesta. He leído a Illouz y, con junto con el contexto histórico, en lo que pone ella la mirada es en el capital sexual, catapultado por expresiones de gran calado como el cine y la moda, y en los mercados del deseo, que han escalado, bajo su punto de vista, con internet y las apps. Ella habla de la deshumanización del consumo de cuerpos y el amor exprés. No sé si Los años nuevos, que sí hablan del amor contemporáneo, conecta con el pensamiento de Illouz.
Lo que sí me ha llamado la atención es que las relaciones de género, tan presentes en las relaciones heterosexuales que a menudo no nos damos cuenta de cómo nos hemos convertido en nuestros padres y madres, no está presente en la historia.
Un saludo
Me quedan tres capítulos. Gracias por el spoiler :(
Vamos a ver, María, como he dicho en el artículo, en una comedia romántica no hay lugar a spoilers. ¿Quién que esté asistiendo a la proyección de 4 bodas y un funeral no sabe que Ady MC Dowell no terminará con Hugh Grant.
Los responsables de Los años nuevos en el pecado llevan la penitencia. Lo siento, anyway.
Un saludo
Hablas de «La visión másculina del sexo como manera de agradar a espectadoras y espectadores». No sé a qué te refieres. ¿Cual es la versión femenina del sexo? ¿Ana no tiene el sexo que y cómo quiere?
Tampoco entiendo lo del sexo y el amor, ¿crees que sigue enamorada de Óscar porque funciona bien en el sexo y no lo está del francés porque el sexo no funciona? Creo que es mucho suponer, (otra cosa es que lo use como truco para acenturar que las cosas no van bien.
Estimada Edurne:
Ayer, viendo un capítulo de MADMEN, temporada 3ª, la esposa de uno de los personajes, intentando convencer a su marido de que lo amaba y de que se metieran en la cama para tener sexo, le dice: «I want what you want» (quiero lo que tu quieres).
Las escenas de encuentros sexuales de los 4 primeros capítulo hacen ver que el deseo sexual de Ana coincide con el deseo sexual de Oscar. Los dos quieren lo mismo y por eso no hay ningún tipo de desencuentro en ese campo. Las mujeres, en los encuentros íntimos, aunque terminen en el mismo punto al que quiere llegar el hombre, necesitan recorrer otro camino. O, mejor dicho, necesitan que el camino esté mejor asfaltado y más limpio; más decorado y con mejores vistas mientras se recorre. ¿Se me entiende? Creo que sí. Pues eso, en la serie, no se ve. El deseo de Ana es genuinamente masculino, Y por ello no es real. Lo que ocurre es que para una mujer (no digo para todas) es una fantasía agradable pensar que ella vive el sexo de igual manera que un hombre. ¿Reminiscencias del patriarcado? puede ser.
En cuanto a la relación entre sexo y amor, me refiero a que se hace depender la duración y la intensidad de uno de la duración e intensidad del otro. En la serie si el amor falla, falla el sexo y viceversa. No es así en la vida real. A eso me refiero.
«El deseo de Ana es genuinamente masculino, Y por ello no es real.». ¿Qué debería hacer Ana para que su deseo fuera genuinamente femenino, que Óscar la masturbase, masturbarse ella con un Satisfyer…? Creo que estás trasladando tu labor filosófico-política a un terreno (el sexual), que ni por asomo trata de eso, más allá de vivir el sexo como lo han vivido entre la gente de su generación y por la (buena o deficiente) educación recibida por vía parental, como cualquiera. Intentas atribuir a los personajes unos conocimientos de la perspectiva psicoafectiva y sexual que no tienen por qué conocer. Es como si les reprocharas que SÍ han leído a Eva Illouz y demás autoras que has mencionado, y que ellos hayan hecho caso omiso de sus enseñanzas. Pero es que ESO es mucho suponer y (reitero) un ejemplo extremo de «cogerselaconpapeldefumaridismo». Por cierto, y si no te importa Antonio, te agradecería que me contestaras al mensaje anterior de que por qué es inmadura Ana tras tener el bebé. Si el hecho de cometer adulterio o intentar rehacer su vida te parece inmadurez, mi impresión es que el modelo de relación «maduro» es el que ha imperado durante tantos siglos de convenciones y patriarcado: «Seguimos juntos contra viento y marea a pesar del hastío y no soportarnos».
Es cierto que Ana vive el sexo como las mujeres de su generación, Dani. Pero no es realista que eso no plantee ningún tipo de desencuentro (me refiero al sexo) con Oscar ni ninguna duda o malestar mental en Ana. Si la serie tiene pretensiones de retrato realista y fiel a las vivencias sentimentales de los que hoy tienen entre 30 y 40 años, ese malestar debería salir por algún lado. Y no. Si alguien, en una relación de diez años, por motivos culturales o influencias ambientales, tiene que practicar el sexo de forma continuada y con la misma persona ajustándose a los patrones y modelos del género contrario, la dificultades o, al menos, la incomodidad, saldrán tarde o temprano.
Si lo que solo se quiere es filmar una comedia romántica, entonces estas cuestiones no es necesario tomarlas en cuenta.
Yo tampoco veo nada claro este tema.
A)Decir que las relaciones sexuales entre Ana y Oscar siguen un patrón marcado por el patriarcado me parece mucho decir, (por mucho que el autor del artículo haya leído unos libros que así lo expliquen).
B)Aunque así fuera, el Director/guionista no hace la serie para revolucionar el sexo en 2024, ni para explicarnos cómo debería ser, sino para plasmar una realidad, y las relaciones sexuales entre chicos de esa edad, en esa época, son tal cual refleja la serie.
Antonio, creo que ahí está lo impostado de lo que dices, dos hombres o dos mujeres no van a querer lo mismo en el sexo, porque dependerá, por ejemplo, de la edad y la experiencia.
Nadie quiere lo mismo en el sexo, generalizar es siempre peligroso y más en esto tan íntimo, y tan dependiente de tantas cosas. Pero hay un factor que nos condiciona a todos (ellos y ellas) que es la biología. Y, dentro de la diversidad, nos agrupa.
Mójate. Di que es éso del comportamiento sexual en la serie que forma parte de la biología y que no es cultura.
¿Me pide que, hablando de sexo, me «moje»?
Uffff, es muy temprano, amigo Arryn. Y hace frío. Necesitaría un previo «calentamiento »
Un abrazo «seco».
Gracias Antonio por tu crítica y por las contestaciones. La serie a pesar de su natural artificiosidad me ha interesado y entretenido. Me han gustado las interpretaciones de todo el elenco y la forma de rodar diversas situaciones. Mi problema es que no veo ni me termino de creer el enamoramiento de la pareja protagonista. Ni las miradas ni los gestos hacen que me crea la supuesta chispa del amor. Es que me los creo más cuando discuten y se reprochan cosas.
Pues fíjate, Alfonso, yo, eso que tu echas de menos, sí lo veo. Creo que los dos protagonistas hacen una muy buena interpretación. A mí, como espectador atento, sí me transmiten ese enamoramiento. Eso sí está bien resuelto, fallan otras cosas.
Gracias, Antonio, por tu artículo. La verdad es que mi sensación al terminar la serie es muy similar a la tuya, y leyéndo tu artículo he podido ordenar mis ideas. Disfruté mucho viendo la serie, en muchos momentos, me sentí representado; en otros, aunque no me identificara, la serie consiguió entretenerme. Sin duda, el ejercicio audiovisual de Sorogoyen es fantástico. Ahí para mi, no hay debate.
El problema —o quizás no lo es— surge cuando te das cuenta de que estabas viendo algo que parecía realista, pero que finalmente no lo es. La historia se construye sobre una narrativa clásica que nos enganchó antes en películas como Notting Hill, pero sin la necesidad de parecer fresca, innovadora o independiente. Al descubrir que detrás de esa estética más «indie» hay un relato convencional, las expectativas caen. Esperába más del producto final, aunque para mi esto no tiene por que ser un problema, simplemente cambia el concepto de producto cultural que he estado viendo, aunque lo sigo valorando muy positivamente.
Me acordé mucho de 500 días juntos de Marc Webb. Aunque su narrativa es más comercial y se ajusta a la monoforma que critica Peter Watkins, su mensaje es mucho más atrevido y realista: las historias terminan y, de todas, debemos aprender.
Un saludo.
Hola. Según lo que dices hay cientos de películas, novelas, poemas y canciones que quedan “señaladas” por contar historias de amor que acaban bien. Pero es que niego la mayor. Pienso que en el fondo, y perdona que te lo diga así, el “crítico”es el que comete una falta de respeto a su lector que en definitiva es el espectador, porque el crítico da por hecho que todos pensamos que la historia acaba bien, y eso no está nada claro. De hecho muchos piensan que es una pareja a los que les une una química enorme y sin embargo una amalgama de situaciones, que se darán seguro en el futuro, y su diferente carácter para afrontarlas, acabará separándolos. El final es probablemente un retorno más ¿quién no ha conocido parejas que son un continuo retorno?. Notting Hill es un final cerrado porque todo lo que sucede antes es blanco. La serie de Sorogoyen en absoluto lo es. Al menos creo que eso piensa mucha gente, precisamente por cómo se han resuelto (en falso) muchas situaciones anteriores.
Cuando digo que Los años nuevos es, en esencia, una comedia romántica, no es sólo porque acaben bien. Hay otros factores que creo he explicado suficientemente en el artículo y el las respuestas a los comentarios.
Claro que puede que vuelvan a romper. De hecho, si hay segunda temporada, seguro que discuten, se separan, para liarse con otros, se vuelven a encontrar de forma casual «anda, ¿vives en este barrio?» y vuelven a estar juntos. Y si todos seguimos viéndola y para las productoras y la plataforma es negocio, tendremos tercera y cuarta temporada y…
Lo bueno de la comedia romántica es que se puede estirar el chicle todo lo que se quiera. Recuerda aquellas telenovelas mejicanas de los 80,s. O mejor, aquellos seriales radiofónicos de los 60. «Simplemente María» se llamaba uno, ¿no?
Hola, Antonio. Lo primero reconocer que a mí la serie me ha gustado y que, respetando tu crítica, discrepo en gran medida con los argumentos que se sitúan en el plano de lo subjetivo. Podría plantear un debate sobre ello, pero no es mi intención. Sin embargo sí que me gustaría señalarte algunas cuestiones algo más subjetivas que me parecen erráticas en tu artículo.
Dices “En los dos primeros capítulos, el espectador asistirá a varias escenas sexuales”, cuando en los dos primeros episodios hay una única relación sexual, al final del primer episodio. Continuas diciendo “La semilla de la sospecha se planta en la mente del espectador cuando en los capítulos tercero y cuarto (ya han transcurrido tres años de relación) todo sigue igual de bien”, cuando la relación empieza en algún momento entre el segundo y el tercer episodio, por lo que a la duración de la relación se refiere en el tercer episodio son unos meses y, en el cuarto, un año pico. En ambos episodios solo se muestra una única escena sexual, en el tercero, enmarcada como ya he dicho en los primeros meses de la relación.
Por otro lado, echo en falta referencias al trabajo de Paula Fabra y Sara Cano en la creación. Ignoro si es un descuido deliberado pero, aunque sus figuras sean menos relevantes que la de Sorogoyen y la crítica sea eminentemente negativa, creo que lo justo es reconocer su labor como autoras.
Gracias de antemano por tomar tu tiempo en leer mi comentario.
Hola, Antonio. Lo primero reconocer que a mí la serie me ha gustado y que, respetando tu crítica, discrepo en gran medida con los argumentos que se sitúan en el plano de lo subjetivo. Podría plantear un debate sobre ello, pero no es mi intención. Sin embargo sí que me gustaría señalarte algunas cuestiones algo más objetivas que me parecen erráticas en tu artículo.
Dices “En los dos primeros capítulos, el espectador asistirá a varias escenas sexuales”, cuando en los dos primeros episodios hay una única relación sexual, al final del primer episodio. Continuas diciendo “La semilla de la sospecha se planta en la mente del espectador cuando en los capítulos tercero y cuarto (ya han transcurrido tres años de relación) todo sigue igual de bien”, cuando la relación empieza en algún momento entre el segundo y el tercer episodio por lo que, en lo que a la duración de la relación se refiere, en el tercer episodio son unos meses y, en el cuarto, un año pico. En ambos episodios solo se muestra una única escena sexual, en el tercero, enmarcada como ya he dicho en los primeros meses de la relación.
Por otro lado, echo en falta referencias al trabajo de Paula Fabra y Sara Cano en la creación. Ignoro si es un descuido deliberado pero, aunque sus figuras sean menos relevantes que la de Sorogoyen y la crítica sea eminentemente negativa, creo que lo justo es reconocer su labor como autoras.
Gracias de antemano por tomar tu tiempo en leer mi comentario.
Buenas tardes, Álvaro:
En el epígrafe titulado «Sexo» hablo del director y las «otras dos guionistas «. No las cito por su nombre, pero las menciono.
En cuanto al número de relaciones sexuales y el orden, creo que no es lo más relevante. Lo importante es la forma en que enfoca ese asunto en la serie.
Un saludo
Es relevante que una escena de sexo se produzca en los primeros meses de la relación y no a los tres años. Y, aunque no lo fuese, ¿no te parece apropiado citar correctamente los eventos de la trama?
En cuanto a Paula y Sara, su labor ha sido de co-creación. Así está acreditado. Si crees suficiente un único «otras guionistas» frente a las nueves referencias de Sorogoyen nada que añadir, eres tú quien firma el artículo.
Un saludo.
Álvaro, la serie está planteada de modo que cada capítulo ocurre en una nochevieja o año nuevo de años consecutivos. Eso quiere decir que en el capítulo 3° han pasado 2 años y en el 4° han transcurrido tres años. Así es, ¿no?
De todos modos, el problema del sexo en la serie (ya lo he explicado 4 veces) es que el deseo sexual de Ana no es verosímil.
He citado a Sorogoyen como director y por tanto responsable último de la serie. Para lo bueno y para lo malo así es.
Antonio, como ya te dije no voy a debatir cuestiones subjetivas como la verosimilitud del deseo sexual de Ana. Me he limitado a señalar errores objetivos en la interpretación de la cronología de los personajes.
En cuanto al reconocimiento de funciones, seis de los diez episodios han sido dirigidos por Sandra Romero y David Martín de los Santos, por lo que tampoco es preciso afirmar que él ha sido el director.
Pero lo dicho, eres tú quien firma el artículo, puedes poner el rigor donde creas conveniente.
Un saludo.
Me hace mucha gracia que, en todas las críticas hechas por hombres (la mayoría de las que he leído) dicen que ella es muy guapa y él no tanto.
Entre mis amigas y mis amigos homosexuales, lo que solemos comentar es que, tanto Óscar como Manu son guapísimos y no pegan nada con ella, que es del montón.
La conclusión que saco es que han hecho un casting espectacular: una mujer que gusta mucho a los hombres y un hombre (o dos) que gustan mucho a las mujeres. Además, son muy buenos actores.
A mí lo que me saca de la serie es 1) que los dos personajes me caen fatal y 2) un poco como dice la crítica, que me parece poco realista la persistencia de ese enamoramiento. Me lo hubiera creído más si la relación se hubiera acabado, sin más. Quizá un pequenyo reencuentro, pero nada más.
En cuanto al sexo: puede verse nítidamente que la protagonista disfruta del sexo con su pareja exactamente de la manera en que a él le gusta disfrutarlo. Ni una sola vez ella incorpora un elemento sorpresivo, una variante significativa ni siquiera una propuesta disruptora, con el agravante de estar en el s.XXI en Madrid. Y podría haber muchas posibilidades que todos tenemos en mente. Milimétricamente coincide ella en sus gustos, anhelos y fantasías con las de él? Podría ser, pero es cero creíble. Y a partir del capítulo 3 ya se hace tedioso.
En cuanto al amor: me atrevo a decir que no hay amor, ni siquiera hay enamoramiento, en ninguno de los minutos del metraje. Llámalo sexo, cariño, compañerismo, afecto, respeto, pero amor? Alguno de los protagonistas daría su vida por el otro en algún momento de la serie? Si se trata de mostrar el egoísmo intrínseco de esa generación, entonces sí, lo han clavado.
Y en cuanto a la convivencia: antiguamente se decía que se vive mejor solo que mal acompañado, pero con la situación económica de la gente joven, hoy se vive mejor arrejuntado aunque sea sin amor, que solo, incluso en base a algunos «acuerdos» que no son más que los síntomas de la falta de amor y del egoísmo que decía antes. Si no hay amor no es una comedia romántica: es una novela costumbrista que hacia el final de la serie de acerca peligrosamente a la categoría de culebrón.
Yo me esperaba otra cosa, pero quizá el tema no da para mucho más y había que rellenar el metraje con esos planos cortos, esos silencios y esas escenas de sexo. Al fin y al cabo eso es mejor que un capítulo completo dedicado a las conversaciones alrededor de una mesa durante una cena de Nochevieja.