Entrevistas Eros Ocio y Vicio

Sylvia de Béjar: «Las mujeres no hemos podido manifestar el impulso sexual a lo largo de la historia»

Sylvia de Béjar para JD

Tu sexo es tuyo (2001), de Sylvia de Béjar, es uno de los libros sobre sexualidad femenina más vendidos en España. Su lectura me abrió los ojos sobre lo fácil que es caer en el prejuicio en este asunto (sobre todo si eres un hombre) y me hizo entender que las relaciones sexuales mujer-hombre están influidas por convencionalismos tan enraizados en la cultura occidental que son muy difíciles de desmontar. Cuando, para preparar esta entrevista, busqué el libro en mi biblioteca, no lo encontré. Intenté comprarlo por internet, pero el prohibitivo precio me abocó a buscar suerte en una librería de segunda mano del centro de Madrid. El libro usado que adquirí al precio de cuatro euros contenía una de esas anotaciones que te cuentan algo íntimo de su desconocido dueño y que te invitan a imaginar qué tipo de persona lo tuvo en sus manos por primera vez. Mi libro incluía una dedicatoria.

 Me encuentro con Sylvia de Béjar en una cafetería del centro de Madrid y le enseño la dedicatoria. La lee en voz alta: «Sé que no lo necesitas, aunque seguramente tampoco me necesites a mí. Muchos besos, David». Después de meditar durante unos segundos, la autora se pregunta en voz alta: «¿Por qué le regalas a alguien algo que no necesita?». Le cuento que el libro está muy subrayado —en rojo— por su propietario o propietaria original, lo que demuestra que sí le fue útil y que lo leyó hasta el final. Sylvia hojea el libro y en la página 19 encuentra la primera frase subrayada. La lee en voz alta: «Casi todas mentimos». Suelta una carcajada y dice: «Qué bueno… para saberlo todo y no necesitar el libro, subraya lo de la mentira. Curioso». Se queda pensativa y añade: «Es tan bonito comprobar las reacciones de tus lectores … Tengo una historia preciosa de un matrimonio. Un señor me escribió una carta con una letra terrible y llena de faltas de ortografía. Me explicó que era camionero y que había estado a punto de separarse. Me dijo que su mujer leyó mi libro y que, después de terminarlo, se atrevió a contarle qué era lo que a ella le gustaba hacer en la cama. La señora le dijo que lo que deseaba era que le diera caña, que le diera azotes en el trasero. El hombre se puso a aprender. Y, fíjate, —añade Sylvia con emoción— me decía el señor en su carta que gracias a mi libro se habían vuelto a enamorar».

Sylvia de Béjar también ha publicado Deseo (2011) y en la actualidad está terminando un nuevo libro sobre la menopausia.

Has realizados numerosos cursos sobre sexualidad y obtenido diversos títulos que acreditan tu conocimiento. Te dedicas al coaching sexual y has escrito varios libros. ¿Por qué te lanzaste a escribir sobre este asunto?

Las titulaciones llegaron después. El libro lo escribí porque Tu sexo es tuyo era parte de una colección que dirigía y no encontraba una autora —tenía que ser mujer— que me convenciera. Había psicólogas dispuestas, pero con una postura muy académica, muy seria, muy manteniendo la jerarquía especialista-paciente, y lo que buscaba era a alguien que escribiera desde las entrañas y sin vergüenza. Entonces, mi pareja me dijo: «¿Y si lo haces tú? Que eres, para estas cosas, muy directa». Es cierto: lo era y además conocía bien el tema, porque llevaba años escribiendo de ello en revistas. Y en mi biblioteca personal, para entonces, ya tenía decenas de libros de todo el mundo sobre sexo (hoy, si los hubiera guardados todos, serían cientos).

Me sorprendió su propuesta y le respondí preguntándole si él lo aguantaría, porque en un país en el que se hablaba poco de sexo (año 2000) iban a surgir comentarios sobre mí y, posiblemente, sobre él. Me dijo que sí. Entonces llamé a mi suegra, que era muy culta, y le pregunte si le importunaría. No quería amargarle la vejez. Me dijo que adelante y se me ocurrió ir pasándoselo por trozos —según lo escribía— por si algo no le gustaba. Pero todo le parecía estupendo. Solo una vez le chirrió una parte del libro: me preguntó por qué hablaba de sexo anal —ella era de otra generación—. Le expliqué que porque la gente lo hacía «y si sé que pasa, tengo que hablar de ello». Lo entendió. Esto se ha de entender en su contexto. En aquel momento no se decía «clítoris», imagínate «sexo anal».

Unos años antes se había emitido un programa de televisión sobre sexo, el de Chicho Ibáñez Serrador y Elena Ochoa, pero su éxito no logro darle la vuelta a la tortilla. La pacatería seguía siendo la regla general y eso que había sexólogas muy conocidas como Lorena Berdún. Pero la cultura sexual… como que no cuajaba. Con decirte que cuando salió mi libro y se encaramó a los primeros lugares de las listas de ventas, cogí una depre. Se vendía y ese era el objetivo. Por lo tanto, debería estar siperfeliz. Ocurrió lo contrario, porque cuando publiqué Tu sexo es tuyo la mayoría de los que me entrevistaban me hacían preguntas tremendamente machistas: ¿Y tú lo has probado todo? ¿Tú eres fácil? Me pasaba de todo. No estábamos preparados, ni yo tampoco. Con el tiempo soy consciente de que ese libro sí que provoco un antes y un después, pero entonces fue horroroso.

Este libro se publica en 2001. ¿Siguen las cosas como describes en el libro?

Este libro llegó tarde porque aparece a la par que internet empieza a crecer a lo grande. La educación sexual llegó tarde a la calle. Las mujeres, con este libro y con otros similares que salen después descubren que tienen un clítoris, hablan del punto G, de lo que necesitan para disfrutar… de todo lo que es importante. Pero sucede a la vez que la red llega a las casas y con ella el porno. El desastre total. Nos hemos encontrado con que cuando nosotras empezamos a saber lo que queremos y necesitamos y, más importante, lo estamos aprendiendo a pedir, a comunicarlo, tenemos en frente a hombres educados y viciados por el porno. Tengo una sensación… como de fracaso. 

Hemos llegado tarde, muy tarde, porque por mucho que sepamos las mujeres sobre nuestra sexualidad, si un hombre está educado en que el sexo es violencia y prácticas tales como penetrar a la mujer por todos los lugares posibles mientras ella llora de dolor y/o de impotencia, poco se puede hacer. Hay chavales que, con ocho, nueve o diez años y acceso ilimitado a internet en el móvil, ven cosas que generaciones anteriores no vieron hasta que fueron adultos. Estamos encontrando niñas de doce y trece años que consienten hacer cosas que ponen los pelos de punta. Hay gente de mi generación que dice «ojalá hubiera yo pillado esta época». Porque ahora, dices «hola» y ya te estás liando, pero no nos damos cuenta de que los jóvenes que practican este sexo tan mecánico, tan desconectado de lo emocional, y muy de usar y tirar acabarán teniendo problemas. 

Por eso estoy revisando Tu sexo es tuyo. Ahora que las mujeres sabemos lo que necesitamos, toca exigir respeto y que nuestros deseos y necesidades sean tenidas en cuenta. Lo estoy reescribiendo porque creo que ahora la batalla está en concienciar a las mujeres de la importancia de priorizarse, poner límites, ir a por nuestro placer y, sobre todo, de que no podemos aceptar un sexo tan violento, tan inhumano… Toca decir NO. Ya basta. Y si no lo logramos, sintiéndolo mucho, mejor pasar del sexo con quienes lo practican así. Y lo digo en serio, porque para lo que hay, y haciéndome eco de lo que he escuchado decir ya a muchas jóvenes, «mejor me lo monto con mi Satysfier». 

¿Qué es el deseo sexual?

Es notar que algo tira de ti, que te posee. Es una sensación brutal y al tiempo te cuesta explicar lo que te pasa. Lo triste es que hoy, con tanta pornografía, no queda espacio para el deseo. Lo que les pone a quienes consumen esa porquería no es el sexo que muestra, de hecho, eso no es sexo, eso es violencia y esa mierda normaliza maltratar a las mujeres. ¿Cómo puede alguien considerar normal o excitable ver a una mujer pasarlo mal, sufrir, llorar…? Eso no es de persona, es de bestias. Pero lo hemos normalizado y si una mujer dice algo en contra del porno, se la crítica, porque es una puritana, una estrecha que no debe gustarle el sexo. Hace unos años, no hubiera dicho nada en contra de la pornografía, pero ahora, viendo cómo está maleducando a los más jóvenes, me exaspero. 

Hay chavales que, con veintipocos años, ya tienen problemas de erección. Se masturban viendo porno y, después de un tiempo, cuando lo que ven no les pone lo suficiente, buscan algo más fuerte. Cuando luego están con una mujer, que es un ser humano, con una vagina húmeda y blandita, y no la pueden tratar como lo que ven en el porno, no se les levanta o pierden la erección con facilidad. Esa mujer es sensible, quiere notar que estás presente, quiere sentir emocionalmente algo. En consulta he oído cosas como «amo a mi novia, la quiero mucho, pero no se me levanta, no me pone». Les digo: «Fuera porno». Y ellos: «No, eso no, qué dices». Una mujer no puede tener sexo como en el porno, no tiene por qué querer emular a las actrices que salen en esas películas soportando todas esas cosas que les hacen. A ver si nos enteramos: eso que ves se lo están haciendo ¡de verdad! E insisto: eso no es sexo, es violencia. Y si quien me está leyendo se ve reflejado, que se entere de una puñetera vez. Si lo que te hace disfrutar es la violencia… chaval, tienes un problema.

¿Qué diferencia hay entre deseo y excitación sexual?

Puedes estar muy excitado y no tener deseo. Basta con que te pongan algo porno o te toquen cuatro teclas (te toquen físicamente) y te excites. Excitarse puede ser algo muy mecánico. Lo dicho: me pongo una porno y voy, me enchufo al vibrador y voy. En cambio, tener deseo es otra cosa. Deseo es anhelo… se cuece… es algo más profundo. Creo que hay que vivirlo para saber la diferencia. 

¿Es igual el deseo en el hombre que en la mujer? 

No. Incluso ahora, que se dice que las mujeres persiguen a los chicos, dudo mucho que se parezca. Pienso que muchas están haciendo el papel que creen que toca. Para los chicos hay muchos inputs visuales por la calle: las mujeres se pintan, van escotadas… Luego está el movimiento, la gracia de un trasero que se mueve, el pelo, los labios. Todo esto te puede inspirar como hombre y hacer que una mujer te sea atractiva. Y luego tienes las películas y los anuncios, que todo lo venden con sexo.

Para nosotras eso no funciona de la misma manera. ¿Qué mira una mujer en un hombre? Aunque ahora se habla mucho de la tableta de chocolate, no creo que sea algo tan puramente físico lo que nos pone. Pero, sinceramente, le he dado muchas vueltas a esto y no me veo capaz de decirte de forma tajante y general qué nos mueve. En femenino, el deseo o la atracción hay que analizarlo de forma más individualizada. Quizá para una sea la apariencia en conjunto, para otra el que te haga sentir cómoda o su inteligencia, hay quien dice que es importante que me haga reír, otras que sea atento, otras sentirse deseada… No lo sé, pero lo que sí tengo claro es que a la mayoría no le basta con que sea un tío bueno. En general, un hombre es algo plano, a mi modo de ver, un ser sin complicaciones sexuales, que va a lo que va. En la mujer la cosa no es tan simple. Quizá con el tiempo… Pero, sinceramente, con internet y cómo influye en los usuarios y usuarias… ¿a dónde nos llevará esto? Quién sabe.

Sylvia de Béjar para JD

En la página 44 de tu libro escribes que el impulso sexual de la mujer es menor. Y, sobre el porqué, dices que los expertos no se ponen de acuerdo. 

En general es así, porque una simple imagen no va a hacer que me excite. Pero hay que aclarar que el impulso sexual también se te ha de permitir. Y nosotras no hemos podido manifestarlo a lo largo de la historia. La situación actual es que nosotras —la mayoría— aún no sabemos cuál es realmente nuestro impulso, cuál es realmente nuestro deseo. Cada una tiene que hacer un camino. Si te basas en lo que ves que le gusta a todo el mundo, o en el porno, al final acabas pensando que lo mejor es que me la metan hasta el fondo y de forma violenta y no tiene por qué ser así. Las mujeres no han tenido tiempo de hacer su evolución y búsqueda. 

No hemos avanzado mucho entonces.

No. Yo creo, incluso, que hemos ido para atrás. Cuando una mujer aprende cómo quiere que la toquen, cómo va a obtener placer y sabe cómo pedirlo, ese es el momento en que realmente compartes lo importante con un hombre. Y entonces lo educas en referencia a tu sexualidad. Yo digo mucho eso de educa al tuyo, que le haces un favor a la siguiente. Y si todas hiciéramos lo mismo, llegarían ellos a entender qué queremos, qué necesitamos. Pero ¿qué ocurre luego en la realidad? Que se encuentran con hombres que tienen una manera de pensar basada en el sexo que han visto en la pornografía. Y lo quieren hacer tipo pim pam pun fuego, rápido, sin sentimientos.

¿El porno te hace perder sensibilidad?

Totalmente. Es demasiado fácil. Accedes a golpe de clic y si algo ya no te pone, buscas otra cosa que te provoque el subidón. Y lo más probable es que vayas necesitando algo más potente, más bizarro o más violento.

¿Por qué las mujeres ven mucho menos porno que los hombres? 

Porque, a la mayoría, lo que existe no nos va. Quienes sí lo ven, terminan sintiendo asco porque es muy denigrante. Por ejemplo, hace poco vi un vídeo que tuve que parar porque me provocó nauseas. Un tipo embestía la boca de una chica con su pene inmenso hasta el punto que ella tenía arcadas y se le caían las lágrimas. Difícilmente puedes ser mujer, estar viendo cómo la actriz se ahoga y que eso te excite. 

¿Y por qué esa misma escena excita a los hombres o a algunos?

Esa es la pregunta que nos hacemos muchas: ¿cómo puede ser que un hombre se excite viendo una escena en que una mujer claramente lo está pasando mal, porque está diciendo no, diciendo que le duele, llorando, ahogándose…? ¿Cómo es posible que eso nos parezca normal? Insisto porque esto es muy grave: ¿cómo puede ser que a un hombre le parezca bien excitarse, masturbarse y correrse viendo cómo se explota a una mujer? Y no vale decir que es ficción. Eso que ves, está sucediendo de verdad. Ella no hace ver que se ahoga, la violencia no es fingida…

Los adolescentes de hace cuarenta años solo teníamos revistas como el Interviú y películas «S».

Qué inocente era todo aquello comparado con lo de hoy.

Con dieciséis años nos colábamos en el cine para ver un par de desnudos y poco más.

¿Pero a que era lujurioso y excitante? Era lo prohibido, aquello a lo que no puedes acceder. Pero ahora se ven coños en primer plano, penes, coitos inacabables… y, sobre todo, crueldad, violencia, explotación. No nos engañemos: eso no es sexo, eso es violencia y hace mucho daño. 

En El cerebro femenino, libro de Louann Brizendine, neuróloga, dice que el deseo sexual lo mueve, tanto en hombres como en mujeres, la testosterona andrógena, combustible químico que pone en marcha la máquina sexual en el cerebro. De media, afirma la autora, los hombres tienen de diez a 1cien veces más testosterona que la mujer.

[Sylvia de Béjar me mira con el ceño fruncido y tarda unos segundos en responder, N. de R.].

La testosterona claramente tiene influencia. Pero mucho cuidado: no tanta como para disculpar a un hombre que no sabe limitarse. Hablo de eso de que los hombres necesitan descargar. Un exceso de testosterona no puede ser excusa. Ante todo, somos personas. Respondiendo a la pregunta, en las mujeres sí hay esa diferencia. Pero vuelvo a lo de la cultura: el modelo de sexualidad ha sido siempre el masculino, eso es lo que puede que falle en la ecuación. Los estándares de comportamiento sexual se han marcado en función del hombre. Y una mujer que no cumple con esos criterios o está enferma o debe adaptarse. Si nosotras, como ellos, hubiéramos disfrutado históricamente de un sexo en el que desde el minuto uno supiéramos que habría premio, que nos lo íbamos a pasar muy bien, quizás las cosas fueran diferentes.

Sí, las hormonas marcan una diferencia. Observa el comportamiento de la mayoría de los gais (hombres) frente al comportamiento de la mayoría de las lesbianas. Ellos generalmente son mucho más promiscuos y eso se lleva con mucha más naturalidad. Y es así porque forma parte de su impulso sexual. Son dos hombres. En cambio, en las relaciones lésbicas a veces hay conflicto porque nadie tira del carro. En inglés incluso se acuñó la controvertida expresión «lesbian bed death» (la muerte de la cama lésbica). Evidentemente hay algo biológico, pero eso no ha de permitir que nos olvidemos del componente cultural o educacional del que te hablo. Cuando analizamos una relación de hombre y mujer hay un factor determinante: que a ella nunca le han permitido expresar su sexualidad y menos aún su derecho a disfrutarla. Si sabemos qué es lo que queremos y cómo expresarlo, esta brecha la podríamos acortar. 

[Sylvia de Béjar utiliza continuamente la ironía para ilustrar sus opiniones. Se expresa de forma atropellada y notas que su cabeza va más rápido que su lengua. Hablando largo y tendido con ella es fácil imaginar su mente como una olla hirviendo llena de ideas inteligentes e incisivas que pugnan unas con otras para salir. Pero no suelta lo primero que se le ocurre, no. La consistencia de sus argumentos demuestra que los mismos se cimientan en numerosas y profundas lecturas y, sobre todo, que han sido contrastados gracias a su labor de coaching y a las numerosas conversaciones que ha mantenido sobre estos asuntos con otros especialistas. Ni siquiera cuando la indignación o la rabia impregnan sus frases, la ves perder el control sobre lo que quiere decir, N. de R.].

¿Existe el placer de dar placer o eso es solo literatura? 

No, claro que existe. Y creo que no solo es cosa de mujeres… A un hombre, cuando le interesa una mujer de verdad, lo que más le gratifica es verla satisfecha. Incluso más que su propia satisfacción. Y no me refiero al típico macho que necesita que ella se muera de placer para sentirse hombre. No es un tema de ego —que es obvio que algo de esos hay—, tiene que ver con que cuando te importa alguien, quieres verle feliz.

Sylvia de Béjar para JD

¿Por qué se acaba el deseo y cómo se recupera?

Se acaba porque no lo cuidamos; porque creemos que es algo espontáneo. Si crees que es algo espontáneo, entonces no lo vas a cuidar, crees que va a surgir por impulso. Claro que, también hay que aceptar que después de veinte años de pareja, no te vas a tirar como una loca encima de tu hombre. Pretendemos que en una relación larga sintamos lo mismo que sentíamos al principio. Al comienzo había componentes que, veinte años después, ya no se dan. Me refiero a la novedad, al deseo de conquista… Al comienzo, haces todo lo posible porque se interesen por ti, es instintivo. Los dos hacemos esfuerzos encantados, porque quiero gustarte, verte feliz conmigo, que me desees… Pasado un tiempo, eso ya no es novedoso. Si yo ya te gusto, no necesito hacer ese esfuerzo. Todo lo que yo no sabía de ti, ya lo sé ahora. Si ya lo sé todo de ti y tú de mí; si sé lo que te gusta y no te gusta, todo lo que era prohibido, misterioso y novedoso, se esfuma. Eso es lo que genera el deseo, lo que no sé, lo que no tengo, lo que no conozco. ¿Cómo hacemos ahora? Entonces, el que quiere más persigue al que quiere menos y se convierte en una lucha de poder, en un ya no me quieres, en un tú me estás obligando… 

Pero hay que entender que el deseo tiene que evolucionar como evolucionamos nosotros. Si quieres sentir ese cosquilleo genital de antes por tu pareja, como no te inventes algo distinto, no lo vas a conseguir. Ahí hay que currárselo. Pero a muchas personas, en esa situación, les es más fácil buscar otra persona. Si te interesa de verdad tu hombre, hay que atreverse, perder la vergüenza, decir lo que no habías dicho nunca. Llevo treinta y cinco años con mi pareja y te prometo que todavía estoy descubriendo algunas cosas. Hay que proponer, experimentar, jugar. La opinión que tiene tu pareja de ti es muy importante. Por ello, si crees que te va a mirar como a alguien raro si propones algo nuevo, entonces te callas. Ese es el error. Fíjate como ejemplo en la pareja de la que te hablaba, en la que a ella le gusta que le den cachetes. Eso abre una puerta; cuando ella lo dice y es sincera inician un nuevo juego. Hay que utilizar la imaginación que tenías de niño. Un actor de teatro lo entendería. Hay que meterse en un papel para volver a encontrarte con tu pareja en otra historia.

Más ejemplos, por favor.

Cualquier cosa que nos saque de nuestra zona de confort puede reavivar el deseo. Puede ser algo que nos llame a ambos o solo a uno de los miembros de la pareja, pero que el otro acepta acompañar para compartir la experiencia. Vale un juego de rol, una técnica sexual, un masaje tántrico, experimentar con el dominio y la sumisión (lo que no implica necesariamente violencia), hacérselo en un parque o un lugar con cierto peligro de ser pillados… por adultos, no por niños, por favor. Si luego no sale bien, siempre te quedan las risas, la complicidad. 

[Sylvia de Béjar explica con mucha claridad lo que en principio puede parecer complicado o aquello que, a causa de haberse considerado hasta hace poco tabú, no estamos acostumbrados a relatar. Para ello no tiene inconveniente en usar palabras que en ciertos ambientes serían calificadas de soeces o malsonantes. Según avanza la conversación, te das cuenta de que, con otro tipo de expresiones más políticamente correctas, desentrañar los temas de los que hablamos sería imposible. Sylvia usa el «tú», el «yo» y el tiempo presente para ilustrar con ejemplos lo que te está contando. Esa manera de expresarse me hace sentir incómodo al comienzo de la entrevista, pero en seguida entiendes que es la mejor forma de despojar de prejuicios y malentendidos lo que siempre ha estado cargado de ellos, N. de R.].

¿Con qué dificultades se encuentran hoy las mujeres para disfrutar de su sexualidad?

Hace cincuenta años no había ni información ni educación. Pero hoy la mujer tiene la posibilidad de acceder a ese conocimiento y sabemos que podemos disfrutar. Entonces, ¿por qué nos lo estamos perdiendo? Hay algo que hay que solventar. Hay un tema muy importante que es el de la desconexión. Una mujer sin sexo, que no disfruta, a medida que pasa el tiempo su cuerpo se va desconectando. A los hombres igual os cuesta más desconectaros por todos los inputs que tenéis (visuales la mayoría) y por la testosterona. Un pene es una parte del cuerpo que el hombre utiliza cada día, ve cada día, toca cada día, y siente cada día. A diferencia de esto, nosotras no vemos lo que tenemos. Te lo explico a revés, cuando a una persona le amputan una pierna, puede sufrir lo que se llama síndrome del miembro fantasma, sientes el dolor aunque no tengas la pierna, porque tu cerebro tiene conciencia de que ahí hay una pierna. En el caso de las mujeres, lo que sufrimos es esa carencia de contacto visual, manual. Para nuestro cerebro, al igual que nuestras manos están muy claras y puedo hacer esto sin mirar (Sylvia coge un vaso como ejemplo), mi vulva y mi vagina no las tengo claras porque aunque van conmigo todo el día no las tengo presentes. Las mujeres tenemos esa desventaja.

A las mujeres que me dicen que no tienen ganas, les digo: primero eliminemos la idea de que el deseo debe ser algo que surge de forma espontánea, que es el primer error. Y segundo entendamos que se trata de un camino que vamos recorriendo hasta encontrar lo que provoca nuestro deseo. Una vez sentadas esas bases, el siguiente paso es tomar conciencia de que nosotras tenemos genitales. Muchas mujeres solo son conscientes de ellos cuando tienen la regla, o cuando tienen sexo y les hace daño. Si una mujer no se toca, no se mira ahí, no le da su sitio cada día, y, cuando tiene sexo, no lo disfruta por las razones que sea, se acaba desconectando de su cuerpo, de su erotismo, de su placer… Si estoy desconectada de mi ombligo para abajo, ¿cómo me va a apetecer el sexo? ¡Qué pereza! 

En otra entrevista te he escuchado que el «me duele la cabeza» como excusa femenina para no hacer el amor con su pareja es una forma de mostrar una insatisfacción con su relación, una manera de expresar que la mujer está descontenta por otras cosas diferentes al sexo. 

Es mucho más complejo. A ver si te lo puedo explicar. Como te decía antes, el medidor de todo siempre ha sido el hombre. El mundo gira en torno a él, es androcéntrico. El deseo sexual siempre se ha medido en función del deseo masculino. De ese modo, si las mujeres no tenemos el deseo que tiene un hombre, es que tenemos un problema. ¿Y por qué ese patrón es el bueno? ¿Por qué no utilizar uno femenino o uno que tenga en cuenta a los dos? Hubo una doctora que se lo preguntó: «¿Casi todas las mujeres están mal?». Porque, si dos de cada tres manifiestan crisis de deseo (según el patrón masculino), ¿no será que lo estamos midiendo mal?

Entonces, esta mujer empezó a entrevistar a mujeres, más de dos mil, y llegó a una serie de conclusiones que tienen toda una lógica: al principio de la relación la mujer tiene un nivel de deseo parecido al del hombre. Él está muy pendiente de ella y los dos pretenden gustarse por lo que se esfuerzan… aun sin saberlo. Cuando pasa un tiempo, esto decrece. A los seis meses, ya estamos en la normalidad, se acabó lo extraordinario del comienzo, y ahí la mujer deja de sentir ese primer impulso. Cada vez deseas menos, te vas acostumbrando a estar desconectada. Muchas veces, ellas tienen sexo y disfrutan, pero lo hacen porque se sienten culpables por no hacerlo, porque el otro les da pena, porque ya toca… Yo a ellas, cuando llegan a este punto, les propongo hacerse una pregunta: ¿y por qué no? Lo que tienes que entender como mujer es que igual no estás tan excitada como él de entrada, pero que si os dais cuatro besos y te gusta, lo mismo sube tu nivel de deseo y terminas deseando sexo y disfrutándolo. Sin embargo, si crees que tienes que funcionar como lo hacías al principio, como lo hace él, como ves en el cine, o como te cuentan tus amigas, entonces crees que tienes un problema. Y no lo tienes. Hay que plantearse que no hay un único modelo, sino que hay que encontrar un modelo para cada persona, o mejor: para cada pareja. 

La mujer puede llegar a tener ganas por caminos diferente al erotismo. Igual mi pareja ha hecho algo espectacular ese día y me pone. O le tengo muy tirado, tengo que cuidarlo, y vas al encuentro de él desde el amor y te lo pasas bien. O ves que ha mirado a alguien, te pones celosa y te apetece. No todo tiene que ocurrirte como le ocurre al hombre, que es muy de tetas y culos. Igual lo nuestro es más complejo. Pero es que somos más elaboradas. Y que no se nos olvide, las mujeres siempre nos hemos encargado del cuidado, somos de estar atentas al otro; más de relación, menos individualistas.

Sylvia de Béjar para JD

¿Podemos hablar de amor?

Si, claro. Pero cuidado, que a veces es más difícil hablar de amor que de sexo. 

¿Qué es el amor verdadero? 

Creo que el amor que se siente por un hijo es lo más parecido. Cuando los quieres así les permites volar: no los atas en corto, los dejas florecer aunque eso te suponga afrontar el nido vacío. Ese, a mi modo de ver, es el amor verdadero. Y llevándolo al terreno de la pareja, sería permitir que la persona a la que amas, pueda ser, expresarse, crecer y hacer su viaje sin que tú seas un lastre. Es complicado porque somos, en general, egoístas y muchas veces tenemos miedo de dar esa libertad porque se corren riesgos como, por ejemplo, que los caminos se bifurquen y con ello se produzca la separación o que surja otra persona en un momento dado.

¿Me puedes explicar eso con más detalle?

Puedes enamorarte de alguien más, de otro, por mucho que quieras a la persona con quien convives. Porque el enamoramiento, cuando se produce al comienzo de la relación, lo ciega todo. Luego eso se convierte en amor cotidiano, es ese amor que pesa, que tiene constancia, tiempo, y al lado de ambos está la lujuria, el puro sexo. Cuando estás enamorado, estás cegado, es químico, no hay lugar para nada más. Pero cuando de eso se pasa al amor, puedes sentir lujuria por otro: jo, me ligaría a este o al otro. Pero no por ello dejas de querer a esa otra persona con la que vives. Es imposible que una persona te cubra en todos los aspectos. Aparece alguien que te da esa parte que tu pareja no te da y puedes enamorarte otra vez.

¿Qué opinas del amor romántico

El amor romántico es una farsa que ya no se sostiene. Si el verdadero amor implica respetar al otro y permitir que crezca, el romántico no tiene nada que ver con eso, porque en él la mujer lo da todo, prioriza al hombre, como en las películas de Hollywood, y no se negocia nada: ni quién cuida a los niños, ni quién prioriza su carrera, ni que hacemos con el dinero, etc. El amor romántico es la bobería que nos han vendido a las mujeres: sin pareja no soy nada, él por encima de todo, la relación como razón de mi existencia. El verdadero amor es el de compañeros, el que construimos juntos y, por supuesto, te incluye, es decir, te pone al mismo nivel que al otro. El feminismo está haciendo mucho en esta lucha. Tendrías que entrevistar a Coral Herrera; se dedica a estudiar el amor romántico y a escribir y a hacer talleres sobre el engaño que supone. Acaba de publicar un libro que se llama El contrato amoroso (Catarata, 2021). 

¿El amor lo justifica todo?

No, para nada. Creo que esa es una lección que nos cuesta mucho aprender a las mujeres. Hay que entender que todo tiene límites en esta vida. A las mujeres, cuando se enamoran, les cuesta mucho ponerlos. Entonces, en nombre del amor, haces tonterías y aguantas cosas que no deberías. No miras lo que has de mirar, que es la persona real que tienes delante. Tienes una imagen idealizada del otro. Y ahí empiezas a hacer concesiones y a dejar de ser tú para rellenar de forma ficticia todo eso que el otro no rellena por ti. Creo que las mujeres de hoy están empezando a aprenderlo. Cada vez hay más mujeres que pasan de tener pareja. Cada vez hay más. 

¿Cómo ves el amor romántico en parejas jóvenes?

Veo muchas chavalas haciendo concesiones y cayendo en los mismos errores que sus madres. Hoy los chicos son muy machistas. Según la última encuesta que leí vamos a peor. Y eso debería darnos miedo.

¿Cómo ocurre eso después de todo lo que hemos vivido, de todo lo que ha pasado?

Porque es lo más simple, lo más fácil. Volverse extremista y machista es más cómodo que respetar a las mujeres, que reconocer que tenemos derechos y que somos iguales. Me parece increíble que tengamos que decirlo aún; que todavía te llamen feminazi por defender estas cuestiones o que una mujer diga que no es feminista. Yo le preguntaría a esa mujer: ¿qué te gusta, que te patee un tío, estar por debajo de él, hacer lo que él diga? «No», contestará. ¡Pues entonces eres feminista, joder!

Yo el problema más grande que veo es que para ocupar mi sitio como mujer, el que me corresponde como ser humano, tú, hombre, tienes que renunciar a varios derechos adquiridos. Porque al final, el que más daño nos hace no es el tipo ese que sale en las noticias y es un violento, un maltratador o un violador. No, el que más daño hace es mi pareja, es mi hermano, es mi hijo, es mi padre, son mis seres queridos varones que no respetan mi verdadero sitio. Muchos hombres me vienen con eso de que «no todos los hombres somos iguales». ¿Perdona? Cuando un señor no se alinea con nosotras de forma decidida, es decir, no planta cara, frena, se enfrenta a los que sí son así e incluso se ríe, menosprecia y considera una tontería que tantas mujeres alcen su voz contra el machismo, el porno violento, las agresiones sexuales, la pornovenganza… cualquier cosa que dañe a una mujer, sintiéndolo mucho, podrá contarse los cuentitos que quiera, pero no es inocente. ¡Es cómplice del machismo! Porque en su mano está hacer algo ¡y no lo está haciendo! Y, desgraciadamente, sin su apoyo, ¿cómo vamos a lograrlo?

¿Me dejas explicarlo de otra manera? ¿Acaso un blanco deja de ser racista por tener amigos negros, indígenas o de color (estoy usando la expresión inglesa BICOP: Black, Indigenous and People of Colour)? No necesariamente, porque si da por sentados y no se cuestiona sus privilegios blancos (los tenemos pero, claro, mejor no verlos para no tener que renunciar a ellos) y no alza su voz cuando se produce una situación claramente discriminatoria por cuestiones de piel, por poner dos ejemplos, es, sin dudarlo, racista. Porque acepta esa situación de injusticia, por mucho que admire a Mandela. Pues lo mismo pasa con hombres y mujeres. Sustituye blanco por hombre y BICOP por mujer y te lo planteas. Estoy muy cansada de tanta falsa inocencia masculina. Soy bueno, ¡buenísimo!, pero me encanta ver las fotos de una tía practicando sexo y que me ha compartido un colega sin que ella lo sepa. ¿En serio te crees tan inocente?

¿Tan difícil es llegar a un punto de encuentro donde estemos de acuerdo?

Bueno… me pillas en un momento muy pesimista, porque veo a hombres muy cultivados que caen en esos comportamientos. Entiendo que soltar privilegios cuesta y que te hagan sentir culpable es algo que no le guste a nadie. A mí tampoco me gusta darme cuenta de que soy más racista de lo que pensaba, pero eso no quita que tenga que darme cuenta y esperar más de mí, exigirme más, ser más justa, ¿no te parece? Y no me negarás que lo habitual es que por decir estas cosas, nos llamen brujas, histéricas o agresivas para zanjar así el tema, sin ver que hay detrás de la queja, del cabreo, de lo que sea… Así estamos aún. 

Pareciera que todo lo malo caiga del lado de la balanza masculina…

Pareciera. Pero es verdad que nosotras también somo responsables de esta situación. Pero, lo dicho, a quién le apetece entonar el mea culpa… Pero venga, voy a intentarlo. Voy a ejercer la autocrítica. Nosotras permitimos que la situación se perpetúe porque no analizamos nuestras relaciones y seguimos cayendo en los mismos errores. También porque, hoy por hoy, estamos muy divididas, hay muchas que ni siquiera son conscientes del machismo, entre ellas, muchas de mis amistades femeninas que cuando me oyen se horrorizan, pero yo no paro, no me canso… Y defectos los tenemos, claro que sí. Veo falta de sororidad por todas partes. Las feministas estamos divididas. Y veo a demasiadas mujeres que no se cuestionan algunos de sus comportamientos. Por ponerte uno, si soy honesta conmigo misma, quiero la igualdad y no quiero ser vista solo como un objeto de deseo, por supuesto. Pero ¿cuántas veces he utilizado mi condición de mujer? Yo y todas, ¿eh? ¿Cuántas veces lo he utilizado para conseguir que me carguen un paquete, para que me atiendan antes que a otro, y otras cosas? Cada uno —hombres y mujeres— debe plantearse estas cosas con sinceridad y actuar en consecuencia.

Sylvia de Béjar para JD

En uno de tus libros citas la novela En brazos de la mujer madura, de Stephen Vizinczey, como ejemplo de relación amorosa de igual a igual y de buena educación sentimental. Conozco una familia donde el padre regaló este libro a sus cinco hijos varones cuando cumplieron dieciséis años. 

Hay que respetar a la mujer. Para ser una persona honrada, esto es fundamental. Y no nos ocupamos de verdad de ello. Cómo vas a serlo si la mujer es solo un objeto para tu placer; algo que utilizas o que puedes tratar de esa manera tan horrible, con esa falta de respeto. No creo que nadie pueda considerarse digno, ni ser feliz de ese modo, ni como mujer ni como hombre. Lo lógico sería que fuéramos compañeros. Me parece tan básico, y cuesta tanto… 

Erich Fromm, en El arte de amar, libro de 1957, ve el sexo separado del amor como una ilusión de unión. Según Fromm, el sexo solo puede ser instrumento de fusión genuina en conjunción con el amor. ¿Se puede analizar el sexo sin el amor? 

Hace muchísimo que leí el libro y no recuerdo exactamente a qué se refería Fromm, aunque imagino que, por ser de esa época, hablaba del sexo con alguien a quien amas como pareja y que se movía en esas coordenadas. Sea como sea, hay quien sigue pensando que el sexo con amor es el mejor sexo, pero creo que la calidad del encuentro no es necesariamente proporcional a lo colgada o colgado que estés de la otra persona. De hecho, cuando escribí Tu sexo es tuyo hablé poco de lo sentimental, porque en nombre del amor, las mujeres se jorobaban. Mi libro tenía un objetivo: enseñarles a las mujeres lo que necesitaban entender sobre lo carnal, porque la mayoría no gozaba porque desconocía cómo era su cuerpo, qué necesitaba para disfrutar. Ahora, que ya sabemos lo que hay que saber, podemos pensar en el amor.

Y, sinceramente, el amor no es algo que solo se dé o deba dar cuando existe una pareja que se considera tal, también ha de existir cuando mantenemos relaciones casuales. Estas también se pueden y deben producir desde el amor: amor al prójimo. Te conozco, me enrollo contigo el mismo día, no porque mi corazón lata por ti, sino porque me gustas. Pero en ese rato que estoy contigo me focalizo en ti, te gozo y te hago gozar, sabiéndote ser humano. Es decir, no te uso. Quizá nos vaya un sexo algo duro, pero no lo hago para aprovecharme, nos damos lo que necesitamos y siempre cuidando que sea así. Eso es amor. Ver a quien tienes delante. Tener a esa persona en cuenta. 

 ¿Consiguió su libro que las mujeres conocieran su cuerpo?

No solo mi libro, también hubo otros, y programas de radio y de tele, vídeos por internet… Piensa que había mucho que hacer, porque en aquella época, todavía se creía que cuando se producía el coito una mujer tenía automáticamente que tener un orgasmo. Mira de dónde venimos, ahora al menos se sabe que no. Ahora ya no te preguntan si eres clitoriana o vaginal. Ahora es más fácil que una mujer tenga esos conocimientos. De la masturbación femenina, por ejemplo, es una cosa de la que se habla con mucha más naturalidad, incluso se ve en bastantes películas. Pero una cosa es lo que soy capaz de hacer sola, y otra cosa que cuando me encuentro a alguien enfrente mío sea capaz de expresarle mi necesidad. Aún seguimos teniendo dificultades para comunicar.

¿Qué problemas ves hoy en las relaciones sexuales?

En la actualidad hay pocas relaciones completas y felices, que conjuguen lo emocional y lo sexual y te lleven a la plenitud. Cada vez hay más personas que van a consulta porque tienen miedo a la intimidad, miedo a tener relaciones completas. Ahora va todo muy rápido. Antes conocías a alguien, intercambiabas cuatro frases, no había móviles, te encontrabas un día, salías a tomar algo… Ibas creando una relación, una intimidad, y de ahí pasabas a algo más físico, te dabas un beso y luego… Ahora el asunto va mucho más rápido. No han podido establecer ningún tipo de confianza para estar del todo cómodos. Hay chicas que te dicen que van a una discoteca o a un after, el chico te mira, te das el lote, te calientas, te apetece tener sexo, te vas al lavabo, te morreas, te la mete, y se acaba. «¿Y tú?» le pregunto. «Pues nada», me responde. «Pero yo desde el principio sabía que no me iba a correr», añade. «¿Entonces por qué juegas a este juego?», le digo. Ya dan por hecho que va a ser así. Saben que nadie se va a preocupar por ellas. Pero lo terrible es que ellas tampoco se cuiden a sí mismas. Por eso me indigno y me acuerdo de Lisístrata, aquella mujer de la antigua Grecia que para que parasen de pelear en Atenas promovió que las mujeres se pusieran en huelga de sexo. Ahora deberíamos hacer lo mismo, decir se acabó y obligar a los hombres a cambiar el chip. 

[Sylvia suelta una carcajada para ahogar en ella su indignación, N. de R.]

Cuéntame, como coach sexual, un caso que te hay impresionado en este sentido.

Tía de veintitrés años, empresaria. Una crac. Negocio que iniciaba, negocio que le iba bien. Ganando mucho dinero. Cada fin de semana un tío distinto. No podía parar. Yo le preguntaba: ¿por qué coño lo haces? Entras en una rueda, decía. Insensible total y completamente insatisfecha. Éxito profesional y una infeliz en lo personal. Hemos dado un bandazo. Hemos pasado de que el sexo era la obligación marital, a que sea algo en lo que todos nos lo pasamos muy bien, tiene que ser la hostia y pobre de ti si no te mola. Y no es ni lo uno ni lo otro. El sexo tiene que ser algo que, como tomar una copa o comer, genera placer. El asunto está en cómo hacemos que genere placer y no se convierta en este desaguisado, porque tal como lo practicamos actualmente siempre habrá complicaciones.

¿Qué soluciones hay?

Volvamos a lo básico. Fijémonos en el chico que no tiene sensaciones con una mujer porque ve demasiado porno. Yo le aconsejo que empiece por lo simple. Yo le digo: tienes que ser capaz de acariciarte, cada día un rato, para que poco a poco empieces a distinguir la sensación. El muchacho alucina, claro, porque no tienen cultura del esfuerzo ni de la espera. Porque en un videojuego te matan y empiezas otra vez. Muy rápido todo el rato. El Tinder igual, todo es automático, no hay un trabajo, no hay un esfuerzo. Cuando todo es así, pierdes el gusto, te vuelves insensible. Hay que volver a comenzar por lo elemental.

¿La mayoría de las mujeres buscan el amor?

Somos relacionales. A nosotras nos han educado en las relaciones. Nuestro modelo es una madre que cuida. El modelo masculino es un padre que no te cuida, que sale a trabajar. Ahora mamá también sale a trabajar, pero sigue cuidándote. Yo me miro en mi mamá y mi hermano se mira en su papá. Y todo lo que haga mi mamá no es apropiado si eres un hombre. Nos educan así. A mí, como mujer, me han fomentado todo lo relacional; al hombre en el individualismo, ser fuerte. Sigue pasando lo mismo desgraciadamente. 

Una frase que circula por internet: «Los hombres dan amor para buscar sexo y las mujeres dan sexo para buscar amor». ¿Qué hay de cierto en esa frase?

Creo que se cumple más por el lado de los hombres que por el de las mujeres. Ay, las mentiras.

[Sylvia, con gesto teatral, levanta las manos y mira hacia arriba, N. de R.]

¿No te parece muy egoísta? Mienten los dos, pero la parte del hombre es más egoísta. ¿No?

De todos modos, hoy en día, esto ya no es necesario. Ya no hace falta ofrecer amor para tener sexo, ahora es mucho más fácil lograrlo sin tener que engañar. Pero esa facilidad no cambia el hecho de que nosotras todavía no hemos conquistado nuestro derecho al placer ni decidido cómo queremos manejar esta situación de aparente libertad que no es tal. Lo que hemos hecho es básicamente adaptarnos a lo que hay, jugar a que soy tan libre como tú. Y por supuesto que lo soy, pero la pregunta es: ¿esto es lo que yo quiero? Muchas mujeres responden: «Es que si no hago esto no encontraré a nadie». Pero hay que reflexionar, preguntarse para qué necesito practicar sexo con alguien que solo me usa como un medio para descargar y no tiene ningún interés en mi placer. Demasiadas caen en eso. Pero también veo a muchas chicas brillantes, sobre todo las que han sido educadas con visión feminista, y creo que estamos en medio de un cambio y, aunque no sé a dónde nos llevará, espero que implique que las nuevas mujeres que llegan sepan negarse a ser usadas por hombres que no las tienen en cuenta. 

En tus libros hablas de la falta de educación sexual a las mujeres. ¿Y a los a los hombres? ¿También nos educan mal?

Sí, claro. A los hombres tampoco se os educa. En los colegios hoy les enseñan lo que es un preservativo. Y punto. Eso no es sexo. Sexo es educación sentimental. Somos seres humanos. Es verdad que podemos hacer lo que nos dé la gana, pero siempre respetando al otro. 

¿Cómo estamos educando a nuestros adolescentes en lo referente a los roles de género?

Mi generación colocaba a los hijos y al marido delante. Las únicas que han hecho una vida un poco independiente son las que no han sido madres y no todas lo han logrado. Cuando tienes hijos, entras en una dinámica muy tradicional. Yo estoy metida en grupos Radfem (feministas radicales). Yo no me considero radical, pero me interesa el debate porque aprendo. Le pregunto a las chicas jóvenes de esos grupos ¿cuando llegan los hijos a casa, qué pasa? Y casi todas me demuestran que repiten los roles de sus padres. ¿Pero no eras feminista? Les pregunto. Y lo son, pero cambiar las tornas no resulta nada fácil y no lo va a pagar la camada.

Parejas de entre cuarenta y cincuenta años, que han sido educados en los roles tradicionales de género, intentan educar a sus hijos de otra manera. ¿Lo consiguen? ¿Hay conflicto?

Claro, están intentando educar a sus hijos en algo que ellos no están aplicando del todo. Y la niña o el niño se dan cuenta de la falta de coherencia. Pretendemos que hagan cosas que no ven que hagamos… y, no nos engañemos, ¿qué pesa más: tus palabras o tu comportamiento? Obvio que lo segundo. 

¿Por qué las feministas estáis enfrentadas por la ley trans?

Porque es imposible solventar discrepancias si no se permite el diálogo. Y no se puede dialogar con quien te boicotea por discrepar. Quienes apoyan la ley están aplicando la cultura de la cancelación a quienes no comulgamos con ella sin atender a las razones por las que estamos en contra. Para colmo, la mayoría de los medios de comunicación nos silencian y todo se simplifica hasta el punto de decir que somos TERFS por no apoyarla. No me considero TERF y no se me ocurre negarle a una persona el derecho a existir como mujer u hombre trans. Pero sus derechos no pueden mermar los derechos de las mujeres o colocar a los niños y las niñas que dudan en una situación de indefensión, que es a lo que creo que lleva esta ley si se llega a promulgar. Pero hasta aquí puedo decir, porque no vaya a ser que mis palabras puedan considerarse delito de odio si se aprueba la ley. Y, sinceramente, que tenga que decirte esto, o sea, que mejor me callo, ya prueba que hay algo que no funciona, ¿no te parece?

Sylvia de Béjar para JD

En tu libro denuncias una deficiente investigación de la sexualidad femenina. 

Fíjate que la anatomía exacta del clítoris no se conoce hasta 1998 y es gracias a una uróloga que se empeña en estudiarlo, porque cuando sus colegas masculinos hacían histerectomías cortaban nervios sin cuidado, a lo grande. Y, sin embargo, cuando quitaban una próstata, los médicos cortaban lo menos posible para no perjudicar la función sexual del hombre. Ella vio que en las cirugías con mujeres se podía estar dañando su capacidad de obtener placer. Pidió investigar, le dieron una veintena de cadáveres de todas las edades y cuando los abrió observó que el clítoris era enorme, con muchísimas ramificaciones. Lo que tiene que ver con la sexualidad masculina se estudia desde siempre. Lo femenino se ha empezado a investigar hace muy poco. La ciencia es androcéntrica. Si la menstruación la sufrieran los hombres, hace mucho que se hubieran solucionado muchos de nuestros problemas. 

En tu libro hablas de la «ablación occidental».

Ahora creo que está desapareciendo, pero cuando escribí el libro, en occidente no se practicaba la ablación física, pero sí la psicológica. Para que tú puedas disfrutar de algo ha de existir. Hay que nombrarlo, ubicarlo, para que en tu cerebro haya un espacio que sea clítoris. Estaban mutilándonos sin hacerlo físicamente. 

Tú dices que lo equivalente del pene no es la vagina, sino el clítoris.

Las estructuras, el cuerpo originario, es el mismo. Hasta la semana nueve de embarazo, en principio, todo el mundo va a ser hembra. Es un gen el que entra y provoca que ese cigoto se desarrolle como hombre. Si comparas el pene con el clítoris, verás que el pene es como todo el compacto, pero el clítoris está muy repartido: sus patas, lo que rodea la uretra… En realidad el descubrimiento del clítoris fue como montar un puzle. 

Hablas de zonas de dentro de la vagina donde se puede obtener placer que son poco conocidas, como del «cul de sac», del punto A y, por supuesto, del G. ¿Ya no hay dudas sobre la existencia del punto G? 

No todas las mujeres tenemos el punto G en el mismo sitio, unas lo sienten más arriba y otras más abajo. Hay que aclarar que no es un punto, sino una zona eréctil. Si te sitúas en el clítoris, verás que todo él rodea la uretra femenina. Entonces, si entras desde la vagina y tocas en la parte de delante, estás haciendo contacto con la pared de la uretra, que está formado por tejido eréctil que se llena de sangre y siente. Por eso puedes sentir dentro de la vagina, claro que sí, pero también necesitas estimulación del clítoris. Y esa estimulación puede hacerse por fuera o por dentro, ya que puede estar tan hinchado que lo estás notando.

También hay que tener en cuenta que en la zona genital hay varios nervios que llegan a diferentes partes: recto, vagina, distintas partes de clítoris, cérvix… y todos ellos producen sensaciones. Yo siempre lo explico igual: mira, te masturbas y te tocas el clítoris. Y, a partir de ahí, estate atenta a ver dónde sientes. Y ya irás descubriendo poco a poco; hoy sentirás más en un sitio y mañana en otro. Y al final, no necesitarás tanta exploración. Lo que suele ocurrir es que solo practicamos el coito y estamos solo atentas a que él se lo pase bien. Y nos olvidamos de nuestras propias sensaciones. De esa manera difícilmente vamos a llegar al conocimiento necesario. 

Recuerdas en tu libro aquello de Sigmund Freud afirmando que la mujer que gozaba con el clítoris era inmadura. Y luego cuentas cómo Sere Hite desmontó la teoría de Freud por completo demostrando que el principal órgano de placer era el clítoris. Y cómo hubo quien luego vio el descubrimiento del punto G (situado en el interior de la vagina) como una manera de contrarrestar las ideas defendidas por Hite. Con el placer masculino no se han dado esas controversias.

Si, entonces se discutía así, de ese modo, sobre el orgasmo femenino. Un poco triste. Creo que esto ya lo estamos superando. Estamos entendiendo que cada uno tiene que encontrar dónde tiene sus sensaciones y las formas de lograr ese placer. Por eso, no estaría de más que el hombre descubriera que no solamente tiene pene. Para empezar, tiene dos metros cuadrados de piel que puede palpar. Y tiene la próstata, que puede estimular desde dentro y desde fuera, ¿por qué perderse esa sensación? Con los años, los hombres, cuando ven que el pene no es tan efectivo, empiezan a descubrir otras zonas y entonces flipan. A lo mejor descubren que es mejor llegar al orgasmo después de mucho rato de contactos que muy deprisa… Cuando el hombre es mayor, lo que en principio se veía como una pérdida, porque ya no funciona como cuando era joven, al final es una ganancia porque la sensación, lo que empieza a descubrir, puede ser impresionante. Has madurado, puedes ser más agradecido a lo que tienes y tu capacidad de disfrutar aumenta. Esa madurez sensitiva te la trae la edad y te permite ver las cosas del otro lado. 

Has escrito que la palabra «preliminares» ya está de por sí equivocada.

Claro, porque subordinas las caricias al coito y de ese modo las desprecias. Prohibiendo temporalmente el coito y primando el sexo manual, empiezas a descubrir cosas. Por ejemplo, te puedes encontrar con que tienes sensaciones en un hombro que nunca habías sentido y esto es nuevo para ti. A lo mejor, antes era todo tan genital que no te dabas cuenta de que detrás de la rodilla había terminaciones nerviosas que te hacen sentir de maravilla cuando te las acarician.

Fantasías sexuales. Albert Ellis defiende que puede imaginarse a sí mismo teniendo relaciones con su propia madre, con su hermana o «con diez mil vírgenes» y se pregunta «¿a quién le hago daño?». ¿Es bueno dejar volar la imaginación? Tú llegas a hablar de la fantasía de ser violadas que tienen algunas mujeres.

La fantasía no es realidad y no implica que en tu vida lo vayas a llevar a cabo. La fantasía significa que estás sacando de tu subconsciente sombras, fantasmas, deseos ocultos… En principio, de entrada, no creo que haya que juzgarlas muy duramente, por bizarras, raras, inapropiadas o ilegales que sean. Una cosa es tu fantasía y otra lo que tú hagas. ¿Cuándo es un problema? Cuando para ti se convierte en algo incómodo, cuando pierdes la satisfacción, cuando necesites recurrir a esta fantasía siempre… o cuando te empuja a hacer algo en la realidad que no debes, que no es ético.

Albert Ellis dice que el límite está en la obsesión.

Cuando no te permita vivir con normalidad, entonces sí que es un problema. O cuando tenerla te produce sufrimiento. No hay que criminalizar las fantasías. Si no recuerdo mal —últimamente mi memoria me la juega mucho— uno de los primeros sexólogos no tuvo un orgasmo hasta que, siendo muy mayor, llegó al placer viendo ropa interior femenina, y se dio cuenta de que aquello venía de su infancia. 

¿Una criada?

Creo que fue su madre. Imagina que eres un chaval, vives en una casa llena de mujeres, y siempre ves ropa interior femenina colgada en el cuarto de baño. No es raro que se convierta en tu fetiche. No pasa nada, pero si te impide tener relaciones, o te obsesiona o haces daño a otra persona, entonces sí hay que tratarlo.

¿Qué te parece que un hombre heterosexual tenga fantasías homosexuales?

No me parece nada. Lo que importa es qué le parece a él. Pero si lo que teme es serlo por tenerlas, no creo que tenga que preocuparse de nada. Si los hombres hetero fueran sinceros y tomaran algo para desinhibirse, la mayoría, guiados por el impulso sexual de probar, se apuntaría a algún tipo de práctica homosexual. Hay un gran prejuicio: eso de que el sexo homosexual es solo sexo anal. No es para nada así. La gente joven, sobre todo las chicas, son más abiertas a traspasar las supuestas fronteras. 

¿Tantos prejuicios tenemos los hombres? 

No solo prejuicios, también las parafilias más enrevesadas son masculinas. Y hay algo que me parece muy importante destacar. Fíjate en lo que te voy a decir: todas las cosas cuestionables en lo sexual tienen que ver con hombres ¿Por qué hay prostitución? Por los hombres. ¿Por qué se legaliza algo que implica hacer uso, explotar, el cuerpo de una persona? Por los hombres. Que haya cuatro mujeres que quieran ser prostitutas ¿justifica su legalización? Pero ese no es el tema, o sea que sigo. ¿Por qué hay porno? Por el deseo del hombre. ¿Vientres de alquiler? Básicamente porque los gais, o sea hombres, querían ser padres. Una lesbiana no necesita de la gestación subrogada. Cada ley de este estilo que se intenta aprobar o aprueba, que para mí claramente no es muy justa con las mujeres, porque no las respeta, tiene que ver con el hombre. Y espera porque hay hasta quien empieza a cuestionar que la pederastia sea algo deleznable… ¿y quién la practica? 

Me hace pensar

Creo importante que esto se diga. Tú puedes ser gay, pero tener un hijo no es un derecho. Las feministas estamos hartas de decirlo. No es un derecho, es un deseo. Yo también quiero tener mil cosas, pero el hecho de desearlas no me da derecho a tenerlas. Entonces se crean leyes para satisfacer deseos masculinos: prostitución, porno sin trabas, gestación subrogada… Y sí, claro que sé que hay parejas que también quieren disponer de vientres de alquiler. Pero su deseo no les debería dar derecho a explotar a otro ser humano. ¿Acaso conoces a alguna mujer que no haga esto por necesidad económica? Y dime, ¿dónde hay una ley que beneficie a las mujeres dañando a los hombres? Alguno dirá: la ley de violencia de género ¿Crees que es comparable? Que un hombre, porque tenga más testosterona y tenga que descargar, tenga derecho a pagar a alguien para satisfacer su deseo… Que siempre ha sido así, dirán, que es difícil de erradicar… Todo lo que quieras, pero habría que prohibirlo. ¿Qué clase de sociedad somos? ¿Qué civilización es esta? Debería darnos vergüenza.

Alfred Kinsey, a mediados del siglo pasado, después de entrevistar a veinte mil hombres y mujeres, clasificó la tendencia sexual en siete grados, desde el completamente hetero al cien por cien homo. Según esto hay seis grados (y un tanto por ciento muy alto) de personas en mayor o menor medida bisexuales. 

Hoy se cuestiona mucho esa escala. Pero creo que lo interesante de aquel estudio es que abrió la puerta a aceptar que en la sexualidad hay muchas posibilidades. Kinsey hizo ver que hay espacio para cualquier orientación sexual y a que puedes desear a seres humanos, con independencia de su sexo. Mucha gente no ha experimentado lo no heterosexual por una cuestión educativa. Ahora, que hay menos prejuicios, muchas jóvenes están probando la relación sexual con personas de su mismo sexo. Unas porque les interesa, otras porque está de moda. Lo que hay que tener claro es que tenemos un espectro de posibilidades y que, dentro de esa variedad, todo es respetable. Tenemos todo para disfrutar y lo estamos emponzoñando cuando etiquetamos. Creo que aún le damos importancia a esto porque todavía no se ha normalizado el sexo no heteronormativo, pero todo se andará.

¿Qué opinas del Satysfier? 

Mira, ese aparatito y su éxito es la prueba de que a las mujeres nos gusta el sexo, de que necesitamos el sexo. Si las mujeres no disfrutáramos con el sexo, no existiría el artilugio. De todos modos, yo no soy partidaria del Satysfier. Es demasiado inmediato y genera un orgasmo muy rápido, muy físico. No hace falta que pienses, ni que imagines ni que te esfuerces demasiado. Es como que te engancha, como que te lleva. Cuando lo aplicas es como que te coge desde dentro y te estira el nervio para que tengas tu sensación. Yo lo comparo con un eyaculador precoz. El eyaculador precoz no es feliz. 

Pero el orgasmo se produce, ¿no?

Sí, pero es muy rápido. Se produce sin subir la escalera, sin ese in crescendo. El orgasmo bueno es aquel que notas que te va calentando, que vas subiendo. Por eso uso el símil de la escalera. Una de las técnicas para alargar el orgasmo y disfrutarlo más es subir unos peldaños y bajar unos cuantos, subir y bajar. Porque vas cargando, cargando… Y así, cuando llegas —salvo que te pases, que a veces te pasas—, es mucho más fuerte la sensación. Estás generando energía, subes, bajas, y entonces esa energía que has acumulado en el camino luego te da un placer maravilloso. Si vas del cero al cien en pocos segundos, ni te has enterado. No sientes todo ese camino, toda esa energía. 

¿Alguna clienta se te queja de un efecto psicológico de insatisfacción posterior?

No todas, algunas. Sobre todo, las que conciben que el sexo no es como comerse un donut. 

Tengo una amiga que, después de separarse, se metió en Tinder. Tuvo varias relaciones sexuales gracias al red social y ahora está muy enfadada porque los chicos, después de aquellos encuentros, no la han vuelto a llamar.

Le diría a tu amiga que aguante el tirón, que a los dos días se le habrá pasado. Un polvo genera muchísima oxitocina, también conocida como la hormona del apego. En el hombre también, pero bastante menos. Te cuelgas de un tipo que a lo mejor no te interesa, porque la hormona ha hecho su efecto químico. Cuando lo entiendes, muchas mujeres dicen: ¡Ah! no es que esté enamorada. Si lo entiendes, es más llevadero. 

Luego está la influencia de la educación. A ti, como mujer, te han enseñado a ser un objeto de deseo. Si le das tu cuerpo a un hombre y luego no te hace caso, te duele muchísimo, porque tú tienes que agradar, ese es tu mandato. Tu rol es ser agradable, ser complaciente, ser guapa, bonita, Como mujer, me valoro en función del rol que me han enseñado, que tengo que cumplir. Las películas y las series de TV siguen hablando de esto, sigue siendo el mismo modelo. Cuando educas a una adolescente tienes que ayudarla a desarrollar un pensamiento crítico muy incisivo para contrarrestar lo que socialmente le están vendiendo y enseñando. En los anuncios siguen siendo las mujeres las que compran, las que cuidan de los niños, sigue siendo igual. 

¿Qué recomiendas a relaciones sexuales que han caído en la apatía o en la rutina?

Yo llevo mucho tiempo trabajando con el mindfulness. Lo importante es el aquí y el ahora; intentar sacar fuera todo el ruido. Cuando estás delante de tu pareja, si dejas que todo el ruido entre, lo fastidias. Pero si estás en presente, concentrado, y miras a los ojos de esa persona, es muy emocionante. Aunque no haya novedad. Hay que mirarse, prestarse atención. Pero no muchas parejas son capaces de mirarse a los ojos. Esta forma de amar te hace darte cuenta de lo pequeño que es el ser humano, lo débil que soy y lo débil que es el otro. Y es precioso. Cuando digo «ruido» me refiero a la educación machista, a los prejuicios…

Otra cosa importante es la aceptación, no juzgar lo que pasa. Cuando tu expectativa baja, todo mejora. Siempre llevamos en la cabeza una expectativa, un modelo ideal, de cómo tiene que ser el sexo. Continuamente, comparamos lo que ocurre con el pasado o con el ideal. Si eres capaz de aceptar que tu encuentro puede salir de diez o de cero, pero no pasa nada, salga como salga, entonces acabas disfrutando más.

En terapia sexual cada vez se utiliza más mindfulness, porque los problemas sexuales tienen mucho que ver con lo que pasa en nuestra cabeza. Si, por ejemplo, la mente de un hombre le está ordenando a su pene «¡aguanta, aguanta!», al final tu pene se rinde. Se termina cumpliendo tu mayor miedo: en este caso, perder la erección. Si una mujer se empeña mentalmente en «¡Tengo que tener un orgasmo!» y se obsesiona, nunca lo tendrá. Yo les digo: en vez de estar sintiendo, estás pensando. Si estás pensando, no puedes sentir. Por eso recomiendo practicar la meditación u otras formas de aprender a estar en presente, concentrada. Y no olvidar el juego: qué puedo hacer yo para divertirte y qué puedes hacer tú para divertirme. Y así estoy abierta a descubrir ese juego que me propones. Participar con la curiosidad y las ganas de experimentar de un niño. Sin dar importancia, con naturalidad. Desde el momento que eliminas a ese crítico interior que todos llevamos dentro, la cosa mejora.

Sylvia de Béjar para JD

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15 Comentarios

  1. Muy interesante. La verdad es que esta señora dice cantidad de cosas de una manera clara y certera. No discrepo en nada de lo que ha dicho.

    Como onvre debo decir que como más disfruto es, efectivamente, haciendo disfrutar a mi señora; tocando, frotando, mordisqueando, penetrando cuando procede, etc; Nada como la estampa de mi señora retorciéndose de placer como una enajenada.

    Me ha molado especialmente el final de la entrevista con esa foto de la jovial entrevistada en plan «…esto es todo amigos!»

  2. el patriarcado

    Las mujeres no sabían que tenían clítoris hasta que esta señora se lo explicó en su libro el año 2000… Una de tantas perlas, por llamarlas de alguna forma.

    Mi madre no está de acuerdo. Las mujeres que me enseñaron lo que significaba el sexo en los 90, no están de acuerdo.

    Lo del porno violento y repugnante, no sé qué web de sadomaso ha visto, pero Erika Lust no está de acuerdo. Ni Amarna Miller, igual les suena de algo en Jotdown?

    Ya, lo del feminismo, las alienadas y tal… El 90% de la entrevista es ridícula

    • Este tipo de libros y escritoras son las promocionadas por el pensamiento mainstream, y lo peor es que van de políticamente incorrectas o de «romper tabúes»… Literatura de autoayuda para mujeres inseguras.
      Me recuerda, salvando las distancias, a los gurús masculinos de finales de los noventa que enseñaban a los hombres fracasados a conquistar mujeres, a tratarlas de tú a tú… También bestsellers de época, pero, éstos no promocionados por el establishment. El personaje de Tom Cruise en Magnolia da buena cuenta de ello.
      «El varón domado» (1971) de Esther Vilar o «Sexual Personae» (1990) de Camille Paglia sí fueron obras que rompieron moldes desde una perspectiva femenina, políticamente incorrecta y sin promociones ideológicas coyunturales.

    • Vencecanguelos

      Tan ridículo como tu nombre de usuario, que te definde antes de posar tan siquiera cualquiera de los dedos en el teclado.

    • de ventre

      ¿pero ud. ha leído la entrevista? es que en ningún sitio dice lo que usted critica.

      j

  3. Gallego Rey

    El día que esta señora se entere que a finales del siglo XIX se editaban publicaciones tipo La Perla, que se ofrecían por capítulos y donde la narrativa erótica actual queda como un juego de niños, le da algo. Y fijaros que en dichas publicaciones lo más relevante era el goce sexual de la mujer, sin tabús. Ninguno. Lo que ocurre es que desde que se ha subvencionado, directa e indirectamente hablar de «la femeneidad, del empoderamiento de la mujer y bla bla bla», nos han salido descubridoras de mediterráneos por doquier

    • de ventre

      claro, hombre, tiene ud. toda la razón: gracias a una gacetilla que publicó apenas veinte números en Londres durante el siglo XIX, la mujer quedó emancipada sexualmente en todo el orbe, el sistema solar y Vitigudino.

      en serio, si tiene ganas de mostrar su conocimiento sobre revistas porno decimonónicas, entiendo que aproveche el artículo, pero ¿es tan necesario inventar teorías o faltarse con el entrevistado?

      j

      • Gallego Rey

        Yo no he dicho que gracias a esa publicación bla bla bla. Manifiesto que es absolutamente falso lo que dice esta señora en la entrevista, y que antes que ella se lanzase a publicar, las mujeres no eran mojigatas ni ignorantes de su sexualidad. Hay que estar muy aburrido/a o amargado/a para entrar a contestar a los comentarios de los demás en ese tono, inventando además faltas de respeto. Yo a esta señora no le falto al respeto; pero sí digo que parece que ha descubierto ella sola el mediterráneo. Y si he citado esa publicación -que por lo pronto no será tal gacetilla, dicho con el tono de desprecio que usted usa, cuando usted mismo la conoce-, es por el contexto histórico de su existencia. A ver si ahora me cuenta también que la colección de La sonrisa vertical, impulsada por Luis García Berlanga y Beatriz de Moura en la década de los 70′ del siglo pasado, también es una gacetilla. Y lecciones de usted, ni una:

        «me ha encantado la entrevista!

        no me ha encantado tanto que aquellos a los que evidentemente no les ha gustado nada tengan que subirse al poste de su engreimiento para arrojarnos su desdén.

        en fin

        • Maria R. López

          Inmejorable comentario. Por mis manos pasaron muchos libros de La Sonrisa Vertical (mejores y peores) y de otras editoriales. Muy recomendables cuando eres adolescente.

  4. Supongo que el entorno en el que uno se mueva o haya crecido influye para fabricarse una opinión… lo cierto es que prácticamente todo lo que comenta esta señora yo lo veo a diario.

    Cierto es que siempre han habido mujeres que tienen claro lo que quieren y no se dejan pisotear… pero yo al menos veo poco de eso. Y ciertamente me preocupa el machismo de gente joven con la que me topo, literalmente parece que vamos patrás.

  5. Lamentable entrevista. Otra indocumentada no experta ni formada en nada, soltando tópicos sin estudios sólidos algunos. De pena que traigan a gente de tan bajo nivel y encima en la entrevista no la cuestionen

    Que lea a Marta Iglesias Julios por ejemplo, en su propia revista.
    No bajen tanto el nivel, nos suscribimos a JoT Down por su rigor.

    Simplemente sobre el porno :
    https://www.youtube.com/watch?v=xpN_mUyi-J4

    https://www.elespanol.com/ciencia/salud/20220602/mentira-manadas-espana-consumo-no-agresiones-sexuales/676932742_0.html#:~:text=Sin%20embargo%2C%20un%20meta%2Dan%C3%A1lisis,una%20reducci%C3%B3n%20de%20las%20agresiones.

    https://www.elmundo.es/la-lectura/2022/06/10/629f3763fc6c83244f8b4589.html

    https://www.newtral.es/pornografia-violencia-sexual-impacto-conducta/20220608/

    • Vencecanguelos

      Lamentable comentario.

      A muchos hombres se les sigue aflojando el esfinter en cuanto una mujer habla claro y sin tapujos.

      Fantástica entrevista, independientemente de que se pueda cuestionar algunas de las opiniones de la entrevistada.

      Seguid asi!

  6. de ventre

    me ha encantado la entrevista!

    no me ha encantado tanto que aquellos a los que evidentemente no les ha gustado nada tengan que subirse al poste de su engreimiento para arrojarnos su desdén.

    en fin

    j

  7. Maria R. López

    Poco me ha gustado la entrevista, aunque no dudo que en algunos puntos la entrevistada tenga razón. Pero sólo diré un par de datos:

    1. Muchíismas mujeres vemos porno. Soy mujer y consumo porno, sola y en compañía. Me encanta. Y esa historia de que el porno es violento es absurda. Hay porno violento del mismo modo que hay películas de cine convencional violento, pero hay muchíismo más porno no violento y realmente excitante. Hoy precisamente estuve viendo un trío MMH, escena elegida al azar (recomendaciones de PornHub). Veo porno con escenas de parejas, tríos, sexo en grupo, interracial, lésbico, gay, orgías, con todas las variaciones posibles y penetraciones posibles (incluyendo diobles y múltiples). Pocas veces me he encontrado algo que no me gustase. ¿Hay porno violento? Sí, pero buena parte es consentido y hay mujeres que disfrutan con ello. Pero sólo hay que buscar en los buscadores por categorías de PornHub, YouPorn, etc… y el porcentaje de violencia es bastante bajo. Hay mucha más violencia en el sexo convencional… o en los telediarios.

    2. Mis parejas también ven porno y sabemos la diferencia entre fantasía y realidad. Y sabemos practicar sexo consentido disfrutando con posturas, juegos y roles. Nunca me he topado con alguien que imitase porno «rudo» o violento… y soy una persona muy promiscua que a veces necesita sexo tranquilo y romántico y otras veces necesita más marcha y probar cosas atrevidas. El que haya visto películas de Harry el Sucio no significa que me dedique a pegar tiros al salir a la calle. También me gustan las series apocalípticas y no me dedico a atacar a nadie o buscarme líos.

    3. El problema con quienes practican sexo violentamente con chicas es muy sencillo de explicar: primero, se han educado solamente viendo porno; segundo, no tienen muchas experiencias sexuales previas con personas ya experimentadas (lo normal al principio). El hecho de que se hayan educado viendo porno no es culpa del porno, sino de un sistema educativo donde el sexo es tabú, la educación sexual está ausente o si la hay, está enfocada en lo negativo, en lo peligroso (enfermedades, violaciones, «pecados» varios, embarazos no deseados). ¿Por qué en una clase de educación sexual el/la profesor/a no explica como incrementar el placer a un hombre cuando lo masturbas, empleando aceites para lubricar, saliva (el mejor lubricante) o introduciéndole el dedo en la zona anal? ¿Por qué no se enseña lo placentero y natural que puede ser un squirt para una mujer y cómo alcanzarlo, para que los hombres sepan como hacer disfrutar a una mujer? ¿Por qué no se enseña que el sexo anal no duele si se hace de determinada manera? ¿Por qué no te enseñan a practicar una doble penetración? Muchas cosas que son completamente normales se rodean de un falso halo de malignidad artificial que no ayuda a nadie… y se convierten en tabú. Yo desarrollé mi vida sexual por mi misma desde los 15-16 años, también leyendo libros sobre el tema, viendo porno o probando con mis parejas sexuales. Las clases de educación sexual fueron un compendio basado en tres ejes: ETS (que obviamnente han que enseñarlas, pero no aterrorizar al personal), métodos anticonceptivos (que hay que enseñarlos, pero sin meter miedo a que no funcionen) e información sobre el sexo visto de un modo mecánico y frío (que es la penetración, anatomía de lor organos sexuales…). Nada de información sobre cómo disfrutar de una vida sexual plena y emocionante. Tuve suerte porque en mi vida sexual y mis parejas siempre han tenido la mente abierta. Pero es falso esa imagen dañina que se pretende mostrar del porno, como si los hombres no supiesen más que emplear violencia sexual contra las mujeres. Vender eso como si fuese lo habitual poco ayuda. En este sentido la entrevista es decepcionante.

  8. Extraña entrevista, por decirlo de alguna manera. O lo diré más claro: cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Dos detalles:
    Primero: como todo hombre, consumo porno. Lo hago porque me gusta fantasear con cosas que no suelo hacer y pasar un buen rato. Alivia tensiones y si sabes masturbarte bien controlando cómo alcanzas el climax, puedes tener orgasmos salvajes. El porno me ayuda a fantasear y sé que es completamente diferente a la realidad (auque a veces no…), pero sé diferenciar la realidad de la fantasía. El porno es para hacerse pajas y para aprender a mejorar las manera de hacerse pajas. Para lo demás, están tus parejas.
    Segundo: un año y medio antes de la pandemia. Conozco a una chica en un curso de la facultad. Tras unas semanas de trato, acabamos enrollados. Yo pensaba que ella era algo tímida. Un viernes me dice que quiere follar y nos ponemos a la historia. Nada de sexo convencional o romántico, que era lo que yo esperaba. Que quiere que le dé cachetes en las nalgas y fuerte… Que le gusta que la follen fuerte de varias maneras, que le agarren por el pelo, que la llamen puta, que la penetre por todos los agujeros, que me corra en su cara. Me pasé un fin de semana haciendo todo tipo de cosas fuertes con ella (y sí, fue genial) y ella gimiento y disfrutando. Y en cierto momento le pregunto: ¿Por qué te gusta follar así? ¿Es por el porno? Y me dice que no, que simplemente le pone como una moto que un tío la domine y le meta caña. Que a ella el sexo le gusta así.
    ¿Qué historias me cuenta la entrevistada?

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