Cine y TV

‘Vickie el vikingo’: cómo entrenar tu entusiasmo

Vickie el vikingo. Imagen ZDF.
Vickie el vikingo. Imagen: ZDF.

¿Te acuerdas de esa escena, a la mitad de Los Vengadores, cuando Bruce Banner se transforma en el increíble Hulk y desencuaderna a uno de los leviatanes voladores con un guantazo que le deja muñeco? ¿O cuando coge al malvado Loki y le reparte una somanta de galletas hasta dejarlo incrustado en el pavimento? Sí, seguro que lo recuerdas. Seguro que recuerdas la sensación. El calorcito de la venganza justa y servida a base de hostias. De merecidas hostias. ¿Te acuerdas de cuando Peter Parker, al día siguiente de ser mordido por la araña radioactiva, le dio una paliza al chulo de Flash Thompson en el pasillo del instituto? Por supuesto que sí. Se lo había buscado. ¿Y te acuerdas de aquella vez en el colegio, aquella mañana justo al salir al recreo, aquel día en el que el matón de clase te dio un empujón y te tiró al suelo del patio? Sí, hombre, que encima se empezó a reír mientras a ti te sangraba la rodilla a través del chándal, que a ver luego cómo le explicabas a mamá que además de lavarlo, te tenía que coser el pantalón. Que a ver cómo le contabas luego lo que había pasado. 

Claro que lo recuerdas. 

Has olvidado si el suelo del patio era de arena, de tierra, de hierba mal cortada o de hormigón. Has olvidado los nombres y las caras de la mayoría de tus compañeros del colegio. Has olvidado el nombre del matón y también su cara. Pero recuerdas perfectamente lo que le ibas a hacer. Le ibas a dar una patada en los huevos y luego, cuando se retorciese de dolor, le dejarías inconsciente de un puñetazo en la barbilla. Sí, eso harías. En cuanto crecieses un poco y te volvieses más fuerte y dejases de ser el gordito o la enclenque o el de las gafas o la de los granos. Le darías su merecido. 

Pero nunca lo hiciste. Quizá nunca creciste o nunca fuiste más fuerte. Seguramente se te olvidó todo a los pocos días. Pero ¿sabes realmente por qué nunca te pegaste con el matón de clase? Porque sabías que la fuerza bruta no sirve absoluta mente para nada. 

Te lo enseñó Vickie el vikingo desde el primer capítulo. Aprendiste que una catapulta construida con las flexibles ramas de un álamo era más eficaz para transportar piedras que llevarlas una a una a lo bruto. Aprendiste que, si están suficiente mente camufladas, unas espadas azules de madera y barro son tan poderosas como el mejor de los aceros. Aprendiste que construir un depósito de agua facilita la vida de todo un pueblo. Aprendiste que cien podían ser mejor que mil si los cien pensaban juntos y trabajaban juntos. A lo largo de setenta y ocho episodios de veintitrés minutos, aprendiste que el ingenio es la punta de lanza de la inteligencia y que la inteligencia es más fuerte que cualquier lanza. 

También aprendiste que los vikingos vivieron hace mil años entre Dinamarca, Suecia y Noruega, que fueron ellos quienes cruzaron por vez primera el Atlántico y que tampoco eran tan chungos como nos los pintaban. Tiempo después, aprendiste que esa pequeña serie de dibujos animados tenía razón: los vikingos eran más tranquilos, más nobles y, curiosamente, mucho más presumidos que la imagen de zafios garrulos sedientos de sangre que aparecía en las películas. Y aprendiste que la animación japonesa no solo producía folletines lacrimógenos o insufribles sagas llenas de peleas interminables o campos de fútbol desafiantes a la curvatura terrestre, sino que también fabricaban piezas de pura diversión y entusiasmo. 

Porque eso era lo más importante. Lo que transmite Vickie y Alvar y Tejure, Ylva, Ylvie, Snorre y Gorm detrás de las voces inconfundibles de Mari Pe Castro, Fernando Nogueras o Matilde Conesa. Lo que te contaba Nippon Animation, la ORF y la ZDF. Lo que escribió el sueco Runer Jonsson en los años sesenta. Que el entusiasmo se puede aprender y se puede entrenar. Que es la emoción que nos empuja hacia adelante, hacia el mar y hacia el horizonte. Que brilla en el corazón como una cabellera rubia al viento o un campo de luciérnagas. Que el entusiasmo es mucho mejor que la venganza. 

Y que los mejores fragmentos de la vida se viven cuando estás entusiasma-do.

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3 Comentarios

  1. Que articulo mas cojo, cuando esta empezando se acaba.

  2. Pingback: Lecciones de inteligencia y entusiasmo en ‘Vickie el vikingo’ - Hemeroteca KillBait

  3. Maravillosa serie, de las mejores que ha habido nunca, incluidas las no menos maravillosas voces de doblaje que mencionas y que algún pedante de esos que te sueltan a la primera que el doblaje es siempre un horror (en lugar de a veces) y que el sonido en un vinilo es mejor que el de un CD seguro que no le parecen bien.
    Maravillosos Tejure y Snorre y el terrible Sven.

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