
«Hace muchos años que yo no era testigo de un esfuerzo creativo tan complejo en sus ambiciones y tan exitoso en cumplirlas a la luz de un proyecto literario extendido durante libros y décadas», escribe Enrique Prochazka, uno de los autores centrales en la literatura peruana del siglo XXI, sobre la obra de su compatriota Gustavo Faverón. Mientras leía Minimosca, la última novela de Faverón, Prochazka decidió escribirle una carta al autor, con sus impresiones de lectura, en tiempo real. Lo que sigue es el resultado de ese inusual experimento.
Objeto verbal que comunica la misma impresión de pluraridad que lo real, es, como la realidad, acto y sueño, objetividad y subjetividad, razón y maravilla (…). ¿Es menos real lo que los hombres hacen que lo que creen y sueñan? ¿Las visiones, pesadillas y mitos existen menos que los actos?
(Mario Vargas Llosa, Carta de Batalla por Tirant lo Blanc)
Gustavo:
He leído Minimosca y también o al mismo tiempo una docena de estupendas reseñas de tu nueva novela, reseñas que gente mucho mejor equipada que yo ha publicado —literalmente con demasiada frecuencia— en distintos lugares de la red, que son, para este peruano autoexiliado en Estocolmo, La Realidad. Aunque en su momento escribí una reseña de Vivir abajo, me apetece hacer esta vez algo diferente porque juzgo que Minimosca lo merece. O, al menos, que yo lo necesito.
Las reseñas están escritas para persuadir de algo a otros. Quizá, de una mera compra. En el mejor de los casos se proponen explicar la índole del texto y ser un acicate o barandal eficaz para iniciar la lectura. Y a ti no te voy a explicar tu propia novela, persuadirte de comprarla, ni ofrecerte baranditas porque ya eres grande. Y, aunque empecé la tarea en modo reseña (y en mi desesperación, como se verá, derivé hacia el epigrama), el formato epistolar me ofrece una libertad que antes no sentí. Justamente, al no conocer al destinatario de esta carta, al no saber si al escribir estas páginas me dirijo al autor biológico, o al pimpón barthesiano del autor y lector implícitos, o apenas al lector ex plicado que soy yo mismo (porque ignoro si al final te la enviaré), puedo reaccionar a la lectura, reunir en algún orden las notas acumuladas en estas semanas —leo a pie— y desplegarme.
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