Cine y TV

‘Cosas de casa’: Steve Urkel o el nacimiento del antihéroe nerd

Cosas de casa. Imagen ABC.
Cosas de casa. Imagen: ABC.

Nunca he sabido cuál es la diferencia exacta entre nerd y geek. Aun así, la vida no me ha tratado demasiado mal.

Esta angustiosa ignorancia a propósito de tribus urbanas llegó a su fin el día en el que volví a visionar la mítica serie de los 90 Cosas de casa. Llegué entonces a la conclusión de que la transformación de Steve Urkel —de nerd a geek— es probablemente la mutación ficcional más potente desde que Gregorio Samsa se convirtiera en escarabajo (¿o era cucaracha?). 

Con Steve Urkel nace el antihéroe nerd por excelencia: un tipo torpe con tirantes, calcetines blancos, obsesionado con los números, tímido, extravagante y poco atractivo. Antes habíamos visto en la televisión a nerds incapacitados para el éxito final; sin embargo, a lo largo de las nueve temporadas que componen la serie, Urkel deja atrás estas características netamente nerdianas y comienza a presentar una personalidad más geek en su faceta extrovertida y social. En medio de esta mutación, una única palabra —la más importante de cualquier idioma—: el amor. 

Y es que he de confesar que, durante algunas sobremesas de mi adolescencia, yo también amé a Steve Urkel. Quizás sería más certero afirmar que amé la imposibilidad de su amor hacia Laura Winslow. O que amé la posibilidad de que Laura tal vez le correspondiera. Porque la Gran Historia de la humanidad, la que puede escribirse con derecho propio en mayúsculas, es precisamente la del imposible encuentro entre dos seres. En las escenas de mayor connotación amorosa y siempre con un barniz de comedia americana, yo esperaba el reverso de Urkel: un hombre inteligente, entregado y profundamente capacitado para amar. Sin embargo, los momentos hilarantes y grotescos ocultaban a ese Urkel que finalmente emerge. Un reverso que por cierto, él mismo fabrica con su máquina de clones. Se trata de Stefano, un Urkel mejorado que acaba siendo un tipo presuntuoso y narcisista que tampoco convence a Winslow y que adolece de algo que Urkel sí posee. «Es la incapacidad de amar la que roba al hombre sus posibilidades. Este mundo solamente es vacío para aquel que no sabe dirigir su libido a las cosas y personas para hacerlas vivas y bellas», escribía Carl Jung en su libro Sobre el amor. Y algo muy similar podríamos afirmar de la transformación que encarna Steve Urkel: un tipo que simbolizaba a la perfección lo torpes que nos convertimos con eso del amor. Pero un tipo que finalmente —y aquí está la verdadera mutación de Urkel— hizo sentir viva y bella a Laura Winslow. 

Han pasado más de tres décadas desde que Antena 3 estrenara esta mítica serie que nació como un spin-off de Primos lejanos, donde Harriete Winslow trabajaba como ascensorista del edificio. Pronto, la serie cobró personalidad propia: Cosas de casa hacía reír a todos y solo a algunos nos hacía llorar: ¿de verdad nadie vio en esta sitcom ecos dickensianos? ¿Nadie percibió que el amor de Laura y, por extensión, el de su familia, sanó a Urkel de su patológica introversión? Steve era un solitario que demandaba cobijo emocional. Casi nada supimos de su madre en los diferentes capítulos de la serie.

De su padre, únicamente que fue un científico loco que realizaba peligrosos experimentos. Nada más. Ningún sostén emocional, ninguna red de apoyo. Hasta que aterriza en casa de los Winslow y todo se transforma.

Y esa transformación fue casi literal. Los creadores de Family Matters (deberían detener al tipo que tan mal tradujo el título de la serie original) eran unos valientes que rompieron las costuras de un género tan ortodoxo como el de la comedia de situación americana. Y lo hicieron por la grieta de la ciencia ficción. Tramas endiabladamente alocadas que tenían en el centro los experimentos de Urkel eran digeridas por el público mundial con sorprendente naturalidad y comicidad. Probablemente en ese misterio todavía sin descifrar radica el triunfo de una serie que nació con una vocación mucho más modesta: entretener. 

«¿He sido yo?» fue el lema de Urkel y de media humanidad durante los 90. Esta frase se extendió como una suerte de mantra que exoneraba a los torpes de sus descuidos funestos, dibujando siempre una sonrisa en el espectador que rimaba con las risas enlatadas tan crispantes como abundantes en aquella década.

Cada mediodía que emitían Cosas de casa, yo divagaba acerca de la distribución exacta del piso superior de la casa de los Winslow. Para mí era un enigma ese fuera de campo que sucedía de escaleras hacia arriba. Por ellas bajaban frenéticos o subían cabizbajos cada uno de los protagonistas. Casi podíamos adivinar su estado de ánimo por la forma en la que se enfrentaban a esas escaleras. Ellas fueron siempre la metáfora de una vida tan seria que nos daba risa.

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9 Comentarios

  1. Un enfoque residual de una serie que era la actualización del Gordo y el Flaco en un entorno afroamericano, y que dada la vis cómica de Jaleel White (aka Steve Urkel), pero sobre todo del infravalorado Reginald Veljohnson (aka Carl Winslow), resultaban hilarantes para todos los públicos, a pesar de la moralina con la que estaba almibarada la serie que lanzaba sin recato un mensaje profundamente conservador, como por cierto copió la insufrible y dañina Médico de Familia aquí, la gran detonante de que a la clase media española le diera por aspirar al adosado como vivienda, esa construcción de nula funcionalidad y sobrevalorada como los SUVs, otro concepto netamente aspiracional que afortunadamente está en regresión, aunque hace 6 años llegó a representar el 50% de los coches que se vendían en España.

  2. Pingback: La transformación de Steve Urkel: de nerd a geek en ‘Cosas de casa’ - Hemeroteca KillBait

  3. Un articulo demasiado profundo para una seriucha del monton.

  4. Es curioso que este personaje fuese concebido inicialmente como un secundario con una aparición efímera.

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