Cine y TV Estrenos Humor snob

El Cergayntes de Amenabar o la pulsión narcisista de convertir el cautiverio en espejismo del deseo propio.

(c) Diego Lafuente

Alejandro Amenábar lleva años empeñado en demostrar que el cine histórico no necesita historia. El Cautivo confirma la sospecha: lo que menos importa es Cervantes, lo que menos interesa es Argel. Lo decisivo es Alejandro Amenábar y su fantasma del deseo. Estamos ante un ejercicio de exhibicionismo proyectivo donde el director se toma la libertad de convertir la prisión en espejo. Y ese espejo no devuelve la imagen del manco de Lepanto, sino la suya propia, embellecida, expandida y glorificada. Desde el primer plano, El cautivo nos sitúa en un Argel que no existe en ningún mapa histórico, pero que sí habita en el inconsciente cinematográfico de Amenábar: un harem iluminado con luces de neón, eunucos con abdominales de gimnasio, y calífas que parecen haber sido vestidos por Jean Paul Gaultier en versión orientalist chic. No es casual que el director haya declarado en entrevistas que quería “humanizar” el cautiverio de Cervantes, pero lo que realmente humaniza —o deshumaniza— es la proyección de su propio deseo: un deseo de escape, de seducción y de travestismo histórico.

Desde el punto de vista lacaniano, la película funciona como ilustración de manual de aquello que el psiquiatra francés llamaba el stade du miroir. El espectador asiste a la construcción de un yo imaginario que suplanta al Cervantes histórico: el cautivo se contempla en la mirada del Otro —Hasán Bajá— y descubre no ya la condición de prisionero, sino la fascinación de ser deseado. No hay encierro sino erotización del cautiverio. El sujeto —Cervantes/Amenábar— se constituye como narrador de su propia gesta interior, sustituyendo la miseria de las cadenas por el brillo del reconocimiento. La película insinúa, con la sutileza de una grindr notification, que el verdadero cautiverio de Cervantes no fue el físico, sino el psíquico: un deseo reprimido hacia Argel, hacia el otro, hacia el moro como figura del goce. Y aquí es donde Amenábar hace su jugada más jodorowskiana: convierte el trauma en trip, el miedo en fetish, y la historia en hallucination. No es que Cervantes esté cautivo en Argel, es que Argel es el inconsciente de Cervantes, su otredad erótica, su objeto petit a con turbante.

Esta Argel ficcionalizada no obedece a coordenadas historiográficas, sino a lo que Freud denominó Wunschvorstellung, figuración de deseo. Lo que vemos es Chueca trasplantada al siglo XVI: un espacio de libertades veladas, de cuerpos ansiosos de rozarse, de pasiones secretas expuestas bajo la máscara de lo exótico. Lo árabe se reduce a decorado ornamental —alfombras, patios, celosías—, y lo mediterráneo a postal estilizada. Pero el contenido es contemporáneo: un melodrama de identidad, un carnaval de deseo reprimido que encuentra aquí su escenario seguro. La paradoja es que en su empeño por reconstruir el pasado, Amenábar lo desactiva. Ha vaciado Argel de historicidad para llenarlo de simbolismo personal. Como diría Lacan, la vérité surgit de la méprise: la verdad surge del malentendido. La historia se convierte en pantalla donde proyectar una verdad subjetiva que nada tiene que ver con los hechos. Y lo irónico es que esa verdad subjetiva resulta menos cervantina que amenabariana.

Jodorowsky habría aplaudido. Porque si Lacan nos advierte de la tiranía del deseo, Jodorowsky celebra su dimensión chamánica. Y eso es precisamente lo que Amenábar hace en El Cautivo: transformar la biografía en ritual de autoconocimiento, convertir a Cervantes en avatar iniciático. Cada plano parece diseñado como arcano mayor de un tarot cinematográfico: la Torre (el presidio), El Enamorado (el Bajá), El Loco (el Cervantes fabulador). La película avanza como ceremonia de psicomagia, donde el cautiverio no es una desgracia, sino un tránsito espiritual hacia el escritor que aún no existe. No obstante, esta operación es profundamente narcisista. El narcisismo, recordemos, es para Freud una fase originaria de investidura libidinal y para Lacan el terreno en que se cimenta el yo. Amenábar lo explota sin pudor: la figura de Cervantes no es objeto de reconstrucción crítica, sino instrumento para un narcisismo retroactivo. En lugar de preguntarse qué fue Cervantes en Argel, se pregunta qué sería yo si hubiera sido Cervantes. Y el resultado es un Argel reducido a camerino donde el director se prueba disfraces del pasado hasta dar con aquel que mejor se ajusta a sus fantasías.

La elección estética confirma este diagnóstico. La puesta en escena es impecable, calculada hasta la extenuación, pero su perfección se siente impostada. El Argel de cartón piedra no engaña a nadie: es demasiado limpio, demasiado pulcro, demasiado preparado para la cámara. La suciedad, la violencia, la asfixia del cautiverio histórico quedan fuera de campo. En su lugar se impone la armonía de la composición, el preciosismo de la luz, el artificio que recuerda a los dioramas de un museo etnográfico. Freud habría hablado aquí de proceso secundario: racionalización estética de una pulsión inconfesable. El guion tampoco escapa a este régimen de deseo. Los diálogos parecen más pensados para legitimar un presente que para encarnar un pasado. Cervantes habla como si quisiera ser personaje de Almodóvar, no prisionero de su tiempo. El Bajá actúa como amante reprimido que duda entre el castigo y la caricia. El conflicto se reduce a la vieja dialéctica sadomasoquista que Freud describió en Tres ensayos sobre teoría sexual, con la diferencia de que aquí el látigo se ha sustituido por mirada intensa y frase susurrada.

La escena del baño colectivo en ejemplifica lo que Lacan llamaría la “fase del espejo invertido”: el momento en que el sujeto no se reconoce en su imagen especular, sino que se des-conoce al descubrir que el deseo del Otro lo mira antes que él pueda constituirse como yo. El bagnio que Amenábar nos presenta —columnas de vapor, mármoles travertino, jabón negro importado— no es la prisión de Cervantes, sino el spa del deseo nacional, un hammam chic donde el pasado se queerifica para que el presente pueda masturbarse sin culpa. Amenábar, pues, transmuta el orientalismo: ya no se trata de «el moro enemigo de Dios», sino del moro enemigo de mi heterosexualidad. El cuerpo del otro se convierte en stand-in del goce prohibido; su sola presencia interroga la identidad sexual del héroe —y, por extensión, la del espectador español medio— sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

Lo fascinante, aunque irritante, es que Amenábar parece creer en la verdad de esta fábula. Su obsesión por la perfección técnica convive con una ceguera hacia la incoherencia histórica. Y ahí radica la dimensión psicológica más interesante: el mecanismo de defensa de la desmentida. Niega lo que sabe —que este Argel jamás existió— para sostener su construcción fantasmática. En psicoanálisis se denomina Verleugnung: rechazo de una realidad dolorosa para preservar el goce de la fantasía. El público, mientras tanto, oscila entre la fascinación estética y el desconcierto intelectual. Se admira la factura, se cuestiona el contenido. Y en ese hiato surge lo cómico: la risa snob que reconoce el artificio y lo celebra como síntoma. Porque El Cautivo no es cine histórico, es síntoma en celuloide: manifestación de un director atrapado en su propio deseo, incapaz de liberarse de la pulsión de estetizar su biografía proyectada en los demás.

Desde una perspectiva foucaultiana, podríamos añadir que el cautiverio de Cervantes no es aquí un dispositivo disciplinario, sino un laboratorio de subjetividades. El poder no oprime, erotiza; el encierro no silencia, inspira; la violencia no castiga, seduce. Amenábar subvierte la genealogía del poder en beneficio de su poética personal, convirtiendo al verdugo en amante posible, al prisionero en héroe erótico y al cautiverio en performance identitaria. Pero si la genealogía foucaultiana ilumina el mecanismo, es Lacan quien nos permite entender la raíz. Lo que falta en El Cautivo no es rigor histórico, sino reconocimiento de la castración. Amenábar se niega a aceptar el límite de lo real, ese Réel inasimilable que impide satisfacer plenamente el deseo. Prefiere reconstruir un universo donde el límite desaparece, donde el Otro responde siempre al anhelo del sujeto, donde el deseo se cumple en la escena cinematográfica. Estamos ante la enésima variación de su neurosis estética: no tanto narrar la historia como narrarse a sí mismo a través de la historia.

Es también destacable cómo El Cautivo se hermana con La pasión turca de Antonio Gala en una misma operación psicológica: la conversión del Oriente histórico en pantalla donde proyectar fantasías occidentales. Si Gala situaba a Desideria en un Estambul de alfombra, especia y amante autoritario para que descubriera un goce prohibido que nada tenía que ver con Turquía, Amenábar coloca a Cervantes en un Argel de cartón piedra —o más bien de barrio madrileño reetiquetado— para que despliegue un deseo de reconocimiento y fascinación que tampoco pertenece al siglo XVI. En ambos casos, el Otro no existe: ni el turco de Gala ni el bajá de Amenábar tienen entidad real, son marionetas de la fantasía del protagonista. Lacan ya lo dijo: el Otro es lugar vacío donde el sujeto se reconoce a sí mismo. La diferencia es de envoltorio: Gala se entregaba sin pudor al kitsch erótico, Amenábar lo cubre con la pátina del cine histórico; pero en ambos late la misma pulsión narcisista de convertir el cautiverio en espejismo del deseo propio.

El cautivo no es una película sobre Cervantes, sino sobre el yo ideal de Amenábar, que se proyecta en el pasado como quien se toma un selfie con filtro de sepia. No hay historia, hay fantasía. No hay historia, hay deseo. No hay Cervantes, hay Amenabar en drag. Y eso, lejos de ser una crítica, es su mayor logro. Porque en tiempos de postverdad, ¿qué es el cine sino un safe space para que los directores españoles disfruten de su kink histórico sin tener que pasar por el inconveniente de la documentación? En este sentido, El cautivo es la película que España necesitaba: una terapia de grupo en la que el pasado ya no es un lugar de trauma, sino un resort de deseos. Una disneylandia del inconsciente en la que Cervantes, como diría Jodorowsky, no está loco sino poéticamente desnudo.

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57 Comentarios

  1. Jose Lain

    Muy interesante la intensidad y radicalidad interpretativa de la reseña. Su lectura lleva la película al terreno de la teoría del deseo, el psicoanálisis y el análisis cultural con una perspectiva ensayística y lúdica que no suele encontrarse en los medios generalistas.

  2. Qué divertida su crítica. Cuento las horas para ver la peli. En su promoción, Amenábar, poniendo la venda antes de la herida, subraya el asesoramiento con que ha contado de un catedrático de historia. Si el articulista está en lo cierto es como si el ectoplasma gay del director se hubiera impuesto el Amenábar solvente que conocemos.
    Invito al autor de la crítica a desarrollar la teoría que se apunta sobre la interferencia de la homosexualidad de los directores de cine en la descripción de la realidad contemporánea e histórica de sus películas.

  3. Me parece sublime que este artículo esté en la sección de «humor snob».

  4. JOSE JUAN MOYANO

    De entrada, x su factura, preciosista, y tipo de promoción, no dan muchas ganas de verla… es como un capricho, y muy comercial… Pero, curiosamente, esta crítica parece tan desproporcionada en sus
    referencias culturetas (pedante al maximo) y es tan edonista o mas ppr su parte que lo criticado. Las insistentes referencias explícitas a lugares comunes gays (con cierta mala baba) en tono descalificativo…dejan al critico bastante en entredicho. De fantasías sexualidas con la mujer como objeto (normalmente de desprecio) por directores heteros esta la historia del cine llena. Sin tantas refs psicoanalítica. Y ahí están. Se nos ve el plumero Lafuente.

  5. Cuando ante las criticas de su película el director afirma «y si Cervantes fue gay, ¿qué problema hay?». Yo ya dudo si ir a verla. Porque, efectivamente, si fue gay, bisexual, heterosexual o esclavo sexual… No importa porque nada de ello está en su obra (obviamente porque era imposible con la Inquisición) No estamos hablando de Truman Capote o de Oscar Wilde. Quizá quienes admiramos a Amenábar por Mar adentro, Tesis, Los otros…estamos esperando esa nueva obra rompedora que no acaba de llegar.

    • De esclavismo y Árgel la obra de Cervantes, llena de raptos, y de sensualidad también hizo algo en las Novelas Ejemplares (lo suficiente como para que siguieran censurándoselas hasta el siglo XIX), amén de romances con parejas interraciales.
      Así que la homosexualidad, con metáforas o ambigüedades, sí podría haberla metido, con y sin Inquisición. Que exista o no en la obra para lo que hablamos es totalmente inconsecuente, más que nada porque Amenábar quiere hacer una peli a lo Tinto Brass, versión soft y homosexual, con un personaje histórico que sirva para polarizar y enfrentar al espectador más ideologizado (de ambos bandos) y, de rebote, provocar la curiosidad del espectador al que la sexualidad de Cervantes y la de Amenábar les importa un pito. Aunque creo que le puede haber salido mal la apuesta, no sé, ya veremos la taquilla.

  6. Jordi_BCN

    Madre mía!!! Tanta sabiduría para terminar escribiendo en una revista digital…

    • Trinidad Noir

      La sabiduría que daba para vivir cómodamente en la Rive Gauche fue un espejismo de posguerra que terminó cuando los de la Revolución del 68 llegaron al poder.

  7. Rafa Sánchez

    “Porque en tiempos de postverdad, ¿qué es el cine sino un safe space para que los directores españoles disfruten de su kink histórico sin tener que pasar por el inconveniente de la documentación? En este sentido, El cautivo es la película que España necesitaba: una terapia de grupo en la que el pasado ya no es un lugar de trauma, sino un resort de deseos.”

    Esplendorosa, y creo que necesaria, ironía.

  8. Bueno, si la secta esa de “historiadores” dice que Cervantes era catalán, a ver porqué Amenabar no va a poder decir que Cervantes era gay. Aquí todo Dios tiene derecho a hacer propaganda de sus fantasías.

  9. Alejandro Pérez Morrison

    Siempre me dio pereza este pavo, siempre. Talento tenía Medem (en sus tres primeras películas).

  10. He visto el tráiler y creo que el cautivo en realidad se refiere al bajá, o pachá, que estaría cautivo de essossssojos. Más cautivo en su estrechez de espíritu que nuestro escritor universal, que sería libre.

  11. Jacinto Expósito

    A qué tanta expresión en inglis y franchute, si con ello quieres mostrar erudición consigues todo lo contrario porque muetras tu incapacidad en el idioma de Cervantes. Los colegios privados (curas y demás) donde los niños aprenden cuatro idiomas están haciendo mucho daño porque es lo único que saben y salen hablando mitad español mitad cualquier otra cosa, los muy paletos.

  12. «Cervantes habla como si quisiera ser personaje de Almodóvar, no prisionero de su tiempo». ¿Lapsus propiciado por la similgrafía de los nombres? ¿O a ti también te parecen intercambiables, en más de un aspecto, ambos narcisistas empalagosos? Con oficio, que no es poco en los tiempos que corren: ambos son buenos realizadores y hay que reconocérselo; pero ambos son igualmente vanos y efectistas, y el éxito fácil los ha echado a perder.

  13. Cada vez que me acuerdo de todos esos reportajes del Fotogramas o Babelia que comparaban a Amenábar con Hitchcock, Spielberg o Welles al principio de sus carreras es que me entran ganas de reír a carcajadas. El de Santiago de Chile es la definición misma de cineasta vacuo que es incapaz de hacer que una epopeya histórica como Ágora parezca algo que no sea un anuncio de El Corte Inglés.

  14. Fernando Fernández

    Gracias por tu erudita crítica. Me daba pereza verla pero has despertado , mucho, mi interés….

  15. No sé qué es peor, si ver a Cervantes con los fantasmas del inconsciente de Amenabar o ver a Amenabar con los ojos del fantasma de Lacan, así que prefiero ver la película con mis propios ojos.

  16. Santiago González Villajos

    Una muy gran crítica con una conclusión repugnante. Desde que el homo ha sido sapiens, hace 120.000 años más o menos, si no más, la verdad ha sido verdad y la mentira, mentira. La post-verdad no es sino un eufemismo del triunfo y de la imposición de la mentira en una sociedad adanista y narcisista, autoerigida en diosa de sí misma cual Lucifer antes de ser expulsado del Edén, una exaltación pornográfica de la soberbia incapaz de reconocer todo lo que nuestra especie ha aprendido colectivamente en esos 120.000 años porque no le produce placer, bienestar ni satisface sus deseos, incapaz de encontrar alegría y mostrar agradecimiento por lo que las aflicciones nos regalan: el aprendizaje, la sabiduría y el conocimiento, de los demás y de nosotros mismos. Ése, ese conocimiento es donde radica una verdad que filisteamente personas adanistas como usted o el Sr. Amenábar se empeñan en situar en terrenos de una pre-historia totalitaria para la que todo conocimiento anterior a mayo del 68 es considerado supersticioso e inválido por no satisfacer el hedonismo y la exaltación de lo inestable y lo subjetivo. Lo que se olvidan ustedes es que lo de los cinismo no es un invento de ahora, ya se ha dado en otras latitudes y culturas, de las que en lugar de conocimiento y sabiduría lo único que parecen querer obtener es placer y autoafirmación de un ego narcisista. Y así nos va.

  17. Creo que un director con su bagaje merece todo el respeto a pesar de esta obra fallida.
    Películas inolvidables como Mar Adentro dan la medida real de su arte.

  18. Carmen Aguayo Estrella

    Fantástica crítica.

  19. Amenábar ya advirtió… «no es una película histórica».

  20. Solo con el título sabía quien iba a estar detrás de este artículo lleno a dolor de los clásicos adjetivos creados a partir de apellidos de otros directores y que no ha entendido ni papa de una película que habla de la libertad, incluida la libertad sexual, dejando el tema homosexual como un aspecto más de esa libertad, pero en ningún caso es el tema central, vamos ni de la propia relación con el bey de Argel…

    Es curioso, porque este tipo de críticas no las vimos con otra película que tomaba la libertad de coger una figura histórica y darle un trasfondo y unas relaciones a gusto del director: Shakespeare in Love.

  21. De Napoleón a Cervantes, las «biopics», en manos de esta gente, están convirtiéndose en una parodia.

  22. Kezabe Nadie

    Se rodó en el Castillo de Santa Bárbara, en Alicante. Por lo tanto, no hay cartón, aunque a lo mejor trampa. No sé si Ledesma es un seudónimo, me suena a tango. Pero no me tanga. Suena a homofobia y a envidia porcina.

  23. Angel Sanchez Rivero

    Desde luego excesivamente homofobica y pasada de rosca esta critica sumamente pedante y desproporcionada.Es una buena pelicula de ficcion y Amenabar es un talentosso cineasta.Y supongo que Lededma es un seudonimo de un enterao homofobo y exhibicionista de su erudicion.

  24. Emilio Álcarez

    Después de haber visto El
    Cautivo, y habiéndome encantado, he tenido la enorme paciencia de leer la extensa, pedante y tonta crítica de Hipólito Ledesma, “homofobica y pasada de rosca” como dice con excesiva amabilidad Ángel Sánchez Rivero. La película es excelente en todos los sentidos, y perfectamente documentada al haber contado con el asesoramiento de uno de los mejores cervantistas. Nº es un documental sino una pelicula de ficcion, una obra de arte, no un documento histórico, que es lo que no ha entendido Hipólito. Amenabar es un gran cineasta.Y este Hipólito debería ir al Psicoanalista para ver si hay remedio para su alarde cultureta, su homofobia y su exhibicionismo.

    • Aquí todo el que discrepa es homofobo, terf o nazi. La panda de apesebraos intolerantes que hay en la izquierda es tan cansina como la de los fachapobres.

    • «Una obra de arte», jajajajajaja. Qué eres, ¿el abuelo del director?

  25. No estoy de acuerdo con la visión y sus comentarios de la película, fui ayer a verla y me gustó mucho, estupenda interpretación, magnífica puesta en escena y libertad para que los espectadores se documenten y formen su propio criterio.
    Amenabar como siempre me ha dejado muy satisfecha con el resultado de esta película.

  26. Jack Orange

    Buenísima reseña. Quizás un poco intelectual pero da gusto encontrarse críticas que no son puro peloteo al director. Vi la película ayer y coincido totalmente con el señor Ledesma en su análisis. Más crítica y menos peloteo, por favor.

  27. El domingo vi la película y es un tostón. Sr. Ledesma no hace falta tanta referencia en alemán o francés para decir lo obvio: que menudo truño se ha marcado el director, again.

  28. ¿Quién se oculta tras Hipólito Ledesma?

  29. Kezabe Nadie

    Orco, váyase a Trumplandia.

  30. Exquisita crítica de un producto típico de esta época en la que el discurso dominante y vociferado desde el poder, llena lo cotidiano de clisés reaccionarios, postales, banderitas, revisionismo y bobería. Vivir con una pareja lacaniana me ha entrenado para salvaguardarme de ello.

    • Kezabe Nadie

      Cualquier cosa, menos una crítica cinematográfica. Un ataque ad hominem al director, poco conocimiento de cine.

  31. MacNaughton

    Estoy de acuerdo con lo que dice Carlos justo arriba, lo resume muy bien…

    No he visto la pelicula, con el trailer me es suficiente con ese imagen tan pulcro y esos violines que AA siempre mete en sus peliculas, además de aquellos diálogos de cartón piedra… eg, «¿Miguel, que llevas tramando?», diálogos como telegramas o burofaxes mandados por funcionarios de aduana a aduana, todo simplemente horroroso desde mi punto de vista, lo siento por los buenos actores y técnicos que han trabajado en la pelicula…

    Según leo, la pelicula peca de Orientalismo, que Hipólito no habrá leído a Edward Said, porque lo esta describiendo es eso, esa proyección sensual y sexual del mente reprimido occidental al Oriente.

    Es eso que Said justo se dedica a desempaquetar en «Orientalismo» y insisto que en un primero momento, es decir hace 200 años, España se incluye en esa categoría con Washington Irvine fisgoneando en las ruinas de La Alhambra, se consideraba España la «puerta de entrada» al Oriente… precisamente por eso vienen a España todos estos viajeros franceses y ingleses…

    …lo que queda de eso se llama hoy en día «Hispanismo», una cosa absurda y en todo caso reaccionaria que es la mirada anglosajona a lo hispano, o la mirada del centro a la periferia… Es una cosa del pasado que habría que dejar de fomentar… renegaba de aquello por ejemplo alguien tan serio como el historiador John Eliot…

    En lugar de fomentar la traducción español-inglés, para que el lector anglosajón pueda acceder a autores españoles, nos vienen con un sinfín de libros, uno al año, «expertos en España», gente que igual han pasado 3 o 4 años aquí y se apuntan a esta tradición, que cierto ha dejado algún que otro libro interesante como alguno de Brenan, pero aun así no deja de ser una mirada imperialista, por tanto de rechazar…

    Babington Macauley es famoso por escribir una historia de India de varios volúmenes sin hablar ni uno de aquellos idiomas, ni haber estado allí ni siquiera una vez… decía que una sola estantería de literatura inglesa era superior a todo lo escrito en India a lo largo de diez siglos…

    De ahí, Said, que para mi es de la misma talla que Marx o Freud, y su comentario de que la literatura inglesa no era accesoria al Imperio, era absolutamente de su esencia ya que demostraba la supuesta superioridad cultural de Inglaterra…

    Jane Austen por ejemplo, y su obsesión a lo largo de varios libros con las clases sociales, la propiedad, y, en fin, en personas blancas con mucho dinero y sus taras mentales…

    No por nada es la autora más adaptada de todo el canon ingles por el BBC, es decir, siguen en ello…

    Pero si lees a Edward Said, cambia todo…

  32. MacNaughton

    O sea, no es una casualidad el genocidio en Gaza y el estreno de EL CAUTIVO con su visión tan trasnochada de Argelia, no? Son dos acercamientos a lo oriental distintos pero ambos 100% occidentales…

    Es que son menos que nosotros en Occidente, que si merecemos el amparo de los derechos humanos y la legalidad internacional, pero ellos no, eh? Los Palestinos. Así es lo creen nuestros líderes sin duda…

    No quiero personalizarlo en la figura de Amenábar, podría haber sido otro director perfectamente…

    Pero si me preguntan que sé de Argelia diría, bueno, la primera cosa, que se murieron más de un millón de personas en la guerra de independencia contra los Franceses, antes de ayer, y segundo, que hay una muy buena pelicula de Pontecorvo – injustamente tratado por Jacques Rivette y el Nouvelle Vague por cierto – que se llama LA BATALLA DE ARGEL que es testimonio imprescindible de la lucha anti-colonialista que es nuestro legado….

    No vas a entender lo que está pasando en Gaza sin saber algo sobre el colonialismo occidental que tanta resaca nos a ha dejado, no?

    Y el guía indispensable allí es Edward Said más que Lacan…claro que si… o en nuestros tiempo un Panka Mishra…

  33. Gerardo I. PARREÑO

    Mire amigo desconocido, admirador de J. LA AN Y EN CONTRA DEL CHALADO DE foucaut, también francés, su análisis del filme de El. CAUTIVO, ME PARECE DESLUMBRANTE, por fin una crítica no subjetiva de un crítico acomodacitio. Yo creo que en. Lo básico usted acierta, salvo el final en que revierte sus opiniones probablemente por temor a la masonería Izquierdista y sodomita. Los ue de jóvenes teníamos 16/18 años y eramos muy guapos, a mi. Me. Llamaban el Alain Delon, español, sufrimos el acoso de Liod gays, obsesos sexuales Ahora heroes DE no se qué, esto es otra trampa Sanchista, yo. Me.ibre cuando. Pude, por ligar me ligue a una. Miss España. AMENABAR ES EL TÍPICO HOMO FEO QUE QUIERE SUSTITUIR SU FEALDAD CON SU arte, nunca me gusto como director, el típico gay que los gaus activos desprecian. Entonces creo el se dijo, ah si, pues yo soy el. Mejor artista español, y quien es Cervantes!!! Vaya a un psiquiatra y no nos cuente más rollos!

  34. Gerardo I. PARREÑO

    De Jacques Lacan, el. Más. Literario de los psiquiatras, casi mejor que Freud, porque Lacan llegó después

  35. pero pasan los comentarios, pasan las charlotadas, y nadie sabe QUIÉN ES HIPÓLITO LEDESMA!!!

  36. MacNaughton

    Hipólito es valioso. es una critica estupenda , muy superior a lo que se lee en los periódicos, es un tipo interesante aunque no estés de acuerdo…

    Me da igual quien es… Igual es uno de mi barrio, no me sorprendería, La Latina de Madrid está llena de genios, de verdad lo digo… no suelen escribir tanto que soplar y pontificar, pero son genios…

    Said era palestino, pero nadie puede leerlo todo, es imposible. Además ¿para que? Estamos todos con una pila de libros encima de la mesa para nada, no hay un contexto ya para eso fuera del mundo funesto de las universidades… que son especialistas en lo que Ezra Pound tildó de «fractional learning»…

    Lo único que sé de verdad, aparte de que realidad de nuestros tiempos está en el cine sobre todo, es que la traducción es un acto maravilloso y muy positivo para la humanidad… es una cosa bonita, perdona la cursilada, y no, es imposible que lo haga bien una maquina, nunca jamás…

    Es muy bonito ser traductor, aunque es casi insostenible ya…

    Es de sobra señalar que Amenábar maltrató tanto a su traductor de LOS OTROS que dejó el cine, como todo la industria española con la noble excepción de familia Trueba… un linaje que merece su fama de hacer las cosas bien…

  37. MacNaughton

    Bueno, están todos en SS, haciendo gala sobre el genocidio en Palestina…

    ¿Van a dejar de distribuir los Almodóvar sus peliculas con las multinacionales americanos como Warner Bros, absolutamente compinchado en el genocidio en Gaza, o cualquiera otra distribuidora como Netflix?

    Van a buscar una distribuidora española como Caramelo o Filmin o Elástica, en lugar de sacar ellos continuamente el tema de Palestina para promocionar sus peliculas, que es lo que llevan haciendo 40 putos años, colaborando y enriqueciendo a los asesinos de Gaza ?

    ¿Y los demás productores / directores, van a seguir distribuyendo con los americanos / imperio?

    Sin los americanos y británicos, NO EXISTE ISRAEL…

    ¿Y Bardem, por que no deja de rodar en EEUU ya?

    Es que, lo siento por Javier, no se puede estar en el sistema ganando millones de dólares y como que no va contigo…

    Es que es un imperio con un aparato militar, económico, político -mediatico y intelectual cultural, incluyendo las universidades …

    No sabían ustedes eso, claro que no… no saben ustedes nada, los del cine, hay que explicároslo todo…

    ¿No? Son ustedes muy guapos por lo general, pero muy tontos…

  38. MacNaughton

    Y los de El Deseo ni recoger un puto premio en SS sin meter una pulla a alguien, son así de avinagrados…

    Incluso cuando triunfe alguien de su equipo tienen que dar su parcela de leña, aunque se anónima.., viven para eso…

    Pues el señor / productor al que alude E Garcia hoy en EP es el que me dio mi primer crédito en el cine español, en una pelicula, sin que se lo pidiera yo, porque yo entonces no sabía nada del cine para llegar ni siquiera a eso…

    Me llamó un día a su despacho para decirme que, con mis 26 años, merecía un crédito y como tendría que ser es e credito…

    Los Almodóvar y E Garcia y A Amenábar y F Bovaira y su nefasta cuerda de gente llevan TREINTA AÑOS maltratando al extranjero en el cine español , robándonos de nuestro crédito nuestro fee y por supuesto contrato porque son corruptos y pagan en B seguramente…

    Y si Esther Garcia como que dijo que no a VACAS y ahora se arrepiente… entonces porque no llama a Julio y le ofrece tres peliculas, porque como todos sabemos, Julio se lo ha pasado muy mal por temas personales… muy mal el tio y si alguien el toda la industria le apoyara, estoy seguro que vuelve a acertar…

    Horroroso… Menos mal que no estoy en S Sebastian, porque es que dan asco y hasta ganas de vomitar con la hipocresía que sois…

  39. MISTERPROPER

    Después de esta sobre el Manco de Amenábar, a la espera del biopic de un Lorca hetero.

  40. MacNaughton

    Muy bueno…

    Es mas probable una peli sobre un Lorca hetero que cualquier acto de dejar de invertir en empresas compinchadas en el genocidio en Gazs…

    Kilometros de alfombra roja, decenas de miles de palabras, pero ni una sola personaje del cine español va a decir, «no trabajo con empresas americanas como Netflix o Warner hasta que haya paz en Gaza y reconozcan el Estado Palestino…»

    Luego seria preferible que se callen, sobre todo P Añmodovar que hace continuamente el ridiculo sobre este tema…

  41. MacNaughton

    En todo caso, como persona que lleva trabajando 30 años en la industria, no he visto yo una cagada como la adaptacion al ingles de LA HABITACION DE AL LADO en todo el sector a ese nivel…. es una cagada espectacular , una adaptacion que cuela con los actores / agencias solo porque es Almodovar y a nadie se le ocurre llevarle al contrario…

    La mayor cagada en 30 años de hacer cine en España que yo he visto, en un sector lleno de productores malillos que continuamente estan rodando pelis con menos presupuesto que requieren, pasando el marron al departamento de arte para salir del paso, o rodando a sus amigos una y otra vez y ademas, anunciandolo a loa medios, o apostando por los formatos mas burdos y zafios de otros paises, todo esto con «el dinero de todos»…

    En fin, en un sector lleno de cagadas, THE ROOM NEXT DOOR descuella por encima de las demas por la ineptitud y falta de profesionalidad de sus productores, que incluiria la premiada E Garcia y los hermanos Almodovar…

    Absolutely shockingly bad es aquel guion en ingles…. y «en este pais» tan cosmpolito, culto y plural, no hay ni un solo critico que lo haya señalado…

  42. MacNaughton

    Uno de los diálogos en THE ROOM NEXT DOOR es:

    «By puberty she had carved out an abyss between us»…

    O sea, «Al llegar a la pubertad, había tallado / esculpido un abismo entre nosotras»

    Es un diálogo nefasto y es nefasto porque, a) carve quiere decir tallar o esculpir, algo a pequeña escala que requiere delicadeza, y un abyss, es decir un abismo, es algo infinito y sin fondo…

    Es una yuxtaposición que cualquier que escribe rechazaría… se puede tallar / esculpir / carve un nicho o un hueco, pero nunca un abismo o abyss, que además, es una palabra bastante literaria en inglés, más frecuente sería «gulf»…

    Luego, b) suena muy pretencioso, por esa ultima razón, la prota que lo dice, Tilda Swinton, queda como una tia estirada y pretenciosa y horrorosa. Está hablando de su hija, por favor!

    Cosas así en la adaptación, pues muchas…

    Luego el otro día he visto en La Casa del Libro, el guion de LA HABITACION DE AL LADO, que bizarramente, los hermanos Almodóvar han publicado en español… a 22 euros el libro…¿Están locos yo creo, no? Se les ha ido la pinza…

    Pues ese no es el guion de THE ROOM NEXT DOOR.

    El guion es lo que se rueda, vale, y ese guion que han publicado no es el guion de la pelicula que se ha rodado…

    Están tan locos que creen que su guion en español es lo que se ha rodado, que es simplemente IMPOSIBLE, y por si acaso les remito a estos dos brutos a PIERE MENARD de Borges, a ver si leen algo…

    Busqué la frase que habrá escrito Pedro. Pone «Al llegar a la pubertad, había creado un abismo entre nosotras»…

    Creado no tallado / esculpido…

    En detalles así, se viven o se mueren los textos traducidos… eh?

  43. MacNaughton

    Luego Thomas Bernhard, el gran escritor austriaco, en la página anterior al arranque de la novela TRASTORNO, cita a Pascal con lo de: «Me estremece el silencio eterno de esos espacios infinitos».

    Je je je…. hablando de abismos, me refiero…

    A el, y a todos. Pero Thomas Bernhard, que fue recomendado en un informe de lector por un joven Javier Marías, tiene la gran suerte de tener como su traductor al español a Miguel Sáenz, un señor que es una leyenda de la traducción en España…

    El gran público no sabe quien es. Pero en el mundo literario, todo el mundo le conoce y le admira… es tan reconocido que tiene su silla en la RAE…

    Lo que demuestra el fiasco absoluto de THE ROOM NEXT DOOR, es cuan inculta la gente del cine es en este país. Que Pedro Almodóvar lea mucho como cuenta, no me lo creo… eh?

    Es que si no se entiende la traducción, no se entiende el drama del ser humano. Estamos hechos de lenguaje, pero es una sustancia muy borrosa, muy imprecisa, siempre susceptible al malentender entre nativos incluso, mucho más entre dos idiomas distintos…

    Que en el cine español se cuele la idea de que la traducción es algo no solo especializada, sino muy especializada, parece misión imposible ya, y yo en todo caso no pienso insistir más con esta batalla perdida…

    ¿Después de Amenábar y Almodóvar, que podemos esperar? ¿Qué van a decir los chavales que salen del ESCAC o la ECAM?

    Nos lo han jodío estos dos idiotas, que no entienden nada…son zafios, brutos y ridículos, no sé cual de ellos más…

    Y el ICAA? Nada. Y la Academia de Cine? Goya por THE ROOM NEXT DOOR…

    Alucinas con el patio que traen estos…

  44. Esto es un rosario de chorras sobre la mesa.

  45. Hipólito strikes again

    SIRAT O DESERT RAVE PARA PERROFLAUTAS SUBNORMALES

    Hay algo profundamente irritante en *Sirat*, pero no es su ritmo letárgico, ni sus personajes abúlicos, ni su trama que se deshilacha como una bufanda tejida por un mono con fiebre. No. Lo verdaderamente exasperante es su convicción. La película cree, sinceramente, que está diciendo algo. Cree que su silencio es elocuente, que su desaliño estético es profundidad, que su pobreza expresiva es mística. Y ahí radica su crimen: en querer pasar por revelación lo que no es más que un bostezo de dos horas y pico con pretensiones.
    Yo la vi a las cuatro de la tarde, como quien asiste a un juicio sumarísimo sin saber que será acusado. Veinte personas más asistíamos al sacrificio con una mezcla de calor, confusión y resignación. Me habían dicho: “No leas nada, ve virgen”. Una sugerencia tan misteriosa como una secta Nolaniana. Lo hice. Fui puro. Salí mancillado.
    Sabía solo lo básico: que *Sirat* era obra de Oliver Laxe, nuevo profeta del cine contemplativo, hombre de montaña, autoproclamado místico, alma sensible atrapada en una estética de *hipster rural*. Vive, al parecer, en un lugar sin cobertura, sin prisa y sin cortinas. Medita, da entrevistas en nombre de la nada y aparece en revistas que venden escapismo decorativo como si fuera budismo. “La montaña me habita”, dice él. Y la industria lo ovaciona. Claro, si vives lejos y tienes barba, ya eres un faro espiritual. Un líder. Un guía. Un vendedor de humo.
    Un tipo que en realidad se apellida con el muy gallego Lage, pero que ha optado por ponerle una X, porque así parece a los ojos de los tontos como más cool, más alternativo, más “autor”.
    *Sirat* arranca con una premisa absurda: un padre y su hijo buscan a una hija pérdida que, según fuentes nebulosas, se encuentra en una rave. En una. Una rave. Una fiesta. En el desierto. Como si una rave fuera un puesto de la Cruz Roja. Y allá van, sin dudarlo. Con fe. Con dolor. Con una mierda de coche y la banda sonora de un anuncio de bebida energética, porque teniendo la posibilidad de elegir entre innumerables temas de tecno trance de la fecunda historia de la música electrónica, el director selecciona una música que debiera ser hipnótica y no pasa de anémica y anodina, de endeble acompañamiento de las imágenes, aunque supongo que los hermanos Almodóvar no estaban dispuestos a pagar excesivos derechos de autor. ¿Y qué encuentran? El infierno postmoderno.
    El primer asentamiento humano que aparece es una orgía de clichés: adultos con crestas, camisetas negras y miradas muertas. Gente que parece salida de un geriátrico punk. Ravers geriátricos. Madres divorciadas que bailan como si quisieran espantar a los demonios del consumo, cuñados en trance permanente, tipos que no saben hablar ni bailar. Esa es *la alternativa*, ese es el margen: gente que parece llevar quince años atrapada en el baño de un festival. Es una rave para viejas glorias, donde debieran aparecer veinteañeros nos encontramos como una especie de parada de monstruos cuarentones hechos polvo intentando revivir la ruta del bakalao. Los bailes de los mendas son artríticos y la coreografía inexistente, en algunos videos de residencia de mayores puedes encontrar bailes de viejos más dinámicos y estilosos.
    Laxe o Lage, quiere convencernos de que estos personajes son lo otro, lo puro, lo que queda tras el derrumbe del mundo moderno. Pero se le escapa lo esencial: ninguno tiene una sola idea. No hablan. Emite gruñidos. Balbucean frases que harían sonrojar a un chatbot mal programado. “¿Has visto a esta chica?”, “¿Hay postre?”, “Sube al coche”, “Sí”. Entre frase y frase, cinco segundos de pausa. No por tensión. Por incompetencia. Si el guion tiene más de quince páginas, una de ellas debe decir: “Mirar al horizonte intensamente durante 48 segundos”.
    Y ahí seguimos: mirando. Esperando. Porque Laxe o Lageno dirige: pone la cámara y reza para que pase algo. Su cine es oración muda al dios de lo que *podría* estar pasando. Nada ocurre. O peor: lo que ocurre es ridículo. Los personajes se embarcan en una odisea de polvo y gasolina sin más brújula que su propia necedad. *Mad Max*, pero sin gasolina, sin dirección y sin interés.
    Lo más aterrador es que *Sirat* quiere tocar lo sagrado. Cree que está revelando el alma humana a través del polvo y las pupilas dilatadas. Y lo único que consigue es retratar a un puñado de tarados como si fueran santos apocalípticos. Gente que vive “al margen”, sí, pero al margen de cualquier forma de inteligencia. Una road movie existencial donde nadie tiene licencia de conducir ni carnet de humanidad.
    Hay un perro. Claro que lo hay. Si hay perroflautas tiene que haber un perro,¿ no? Toda mística necesita su tótem. El animal, claro, muere. Pero antes toma LSD. No me lo estoy inventando. Laxe dedica más atención emocional al perro que a cualquiera de los humanos. Lo filma con cariño, como si su vida tuviera más sentido que la de sus dueños. No se equivoca. Mi teoría es que el perro es el más inteligente del grupo y decide quitarse la vida, un perro filósofo, un perro suicida que harto de las compañía de semejante representación de la humanidad, decide acabar con su vida ingiriendo las heces de los perroflautas aliñadas con LSD, no lo consigue en el primer intento, pero lo logrará en el segundo. El Demiurgo Lage o Laxe, decide que hay que amenizar el relato esclerótico y decide cargarse al mocoso y al perro, así por las buenas, aunque telegrafía la muerte desde el comienzo de la secuencia cuando el padre decide que el niño deje de tocar los cojones con el perro y se meta en el coche. Luego en otro momento que demuestra porque el cine español necesita urgentemente apartar a los autores de la escritura de sus propios guiones y contar con la ayuda de guionistas profesionales, zapatero a tus zapatos: el momento en que el padre decide abandonar al hijo o al cadáver de su hijo despeñado y embarcarse de nuevo con los perroflautas en busca de ayuda, ¿Qué ayuda?, recorriendo sin rumbo el desierto.
    Porque aquí todo da igual. Lo moral, lo ético, lo simbólico: pulverizado por el polvo de Marruecos y el cutrerío estilizado.
    Pronto les llegaré el torno a los perroflautas, el Demiurgo Laxe o Lage es así de caprichoso.
    Porque se trata de una peli transcendente, ojo, y una peli transcendente sin muertes es como una fiesta cumpleaños de Lamine Yamal sin putas ni enanos que no es fiesta ni es na
    La secuencia del campo de minas parece sacada de un episodio de humor amarillo o una escena de Mortadelo y Filemón, solo le falta la música de Benny Hill. Y resulta incluso más ridícula cuando ese tour de forcé de atravesar el campo minado tiene una solución tan sencilla que por supuesto ni los personajes con su colocón de cactus y su estupidez congénita se plantean ni el demiurgo francés o gallego o ciudadano del mundo se le ocurre en su ofuscación der ser la gran esperanza blanca del irrisorio cine español y tener que renunciar a su gran secuencia final. Por supuesto comparar dicha secuencia torpemente filmada con la tensión, el suspense y el nervio narrativo de la secuencia gemela “El salario del miedo” o la versión americana de Friedkin, “Sorcerer”, es echarse a llorar o a reír, ya que más da.
    A partir de cierto punto, la película se vuelve una película de sustos. Muere gente. Aparecen peligros. Se tensan músculos. Pero ya es tarde. El espectador está exhausto. La fe se ha evaporado. Lo que queda es irritación. Alejarse del sistema, hablar poco, pensar menos y morir sin haber entendido nada como un idiota. Ese es el nuevo camino espiritual: *Desert Rave para Perroflautas Subnormales*.
    *Sirat* es el resultado de una mirada enamorada de sí misma. Un film que cree que mirar al vacío es lo mismo que llenarlo. Que retratar idiotas es iluminar el alma humana. Que decir poco es decir más. Pero no. Decir poco es solo decir poco. Y callarse durante dos horas mientras la cámara rueda no es cine: es narcisismo sostenido por subvención.
    Los que salen de la sala con cara de “he visto algo importante” no han visto nada. Solo han sido convencidos por el envoltorio. Por el polvo. Por la música. Por la barba del director. *Sirat* no es cine alternativo. Es la estafa espiritual de un tiempo agotado, donde cualquier idiotez envuelta en silencio parece trascendente.
    No estamos ante una obra radical. Estamos ante una postal cursi de la decadencia. Una película que no dice nada, sobre gente que no hace nada, rodada por alguien que cree que decir “no hago cine para entretener” es una medalla. Lo es: una medalla al tedio, al humo y a la impostura.
    Y aun así, Cannes la premia. Y la crítica se arrodilla. Y tú, que saliste de verla con ganas de ducharte el alma, te preguntas en qué momento el cine dejó de hablar de la vida para empezar a hablar solo de la pose de vivir fuera de ella.
    Si alguien hubiese querido escribir una burla cruel sobre la generación del colapso, sobre los perroflautas emocionales, sobre los devotos de la autoayuda en ácido, habría inventado *Sirat*. Pero me temo que Laxe no está haciendo sátira. Está convencido. Cree que todo esto mola. Que es profundo. Que es “vida verdadera”. No hay ironía. No hay parodia. Solo fe. Hubiera sido una gran película cómica, aunque quizás ya lo es, una comedía encubierta, camuflada de tragedia transcendente y Oliver sin saberlo o quizás sí y se ha reído de todos.

  46. Hipólito eres grande. Yo pensaba, ante tanta adoración, que era un poco tonto; pero veo que hay otros que piensan más o menos como yo. Me he reido mucho con tu comentario sobre Sirat; aunque el artículo fuera de Cervantes que, menos mal, no era el de Almendrabar; si no seguramente el Quijote sería un tostón.

  47. Llogant Cadires

    Sobre la crítica hay que decir que el psicoanálisis es una chorrada anti-ciencia al nivel del terraplanismo, pero que como siempre, da para una pirotécnia intelectual muy bonita de leer y en este caso concreto incluso hasta divertida. ¡Qué sería de la crítica y de los análisis académicos de arte si no fuera por los castillos en el aire que se pueden construir con los ladrillos de Lacan, Freud y ya para bingo, Jodorowsky! En todo caso, no quiero transmitir que la tesis de la crítica (que la pelí es una fantasia erótica de Amenábar) no sea cierta (no lo sé, no la he visto, pero tiene toda la pinta), sino que es un poco una lástima tener que embadurnarla con referencias a los vende-motos de la psique. Lo enredan todo un poco y no hay necesidad.

    Sobre la crítica de SIRAT en los comentarios hay que decir que aunque no es muy elegante, está muy atinada. Sólo señalar que al cronista se le ha pasado el único chiste bueno de la peli (ya sea consciente o involuntario), que es cuando la chica morena metida en trance pide que la música «pete, que pete más» (juro por mi vida que lo dice) y luego va y ELLA PETA. Magistral.

  48. La ví este domingo
    y suscribo cada línea de lo que dice Hiólito — hasta que leí ese reportaje casi llegué a pensar que mi cerebro se había vuelto incapaz de captar el “fondo” de la película y que yo era el problema, no ella.

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