La perspectiva lo cambia todo: lo sublime se vuelve vulgar y lo cotidiano, espectáculo. No hace falta ponerse trascendentales ni citar a un coach con ínfulas: basta elevarse para obtener la vista de dron con la que las ciudades de siempre se convierten en un juego de adivinanzas aéreas. ¿Las reconoces?







El veredicto “Ni fu ni fa”, bastante vago (por no decir ofensivo) me induce a sospechar que hice 5/10. Luego, muy sueltos de cuerpo dictaminan “Confiesa, la mayoria ha sido pura casualidad…” Lo único que puedo confesar es que en los aciertos tuvieron un papel preponderante todas las películas modernas con sus infaltables “vista a vuelo de pájaro” de las ciudades más conflictivas o icónicas. “Tanto va el cántaro a la fuente que al final… se graba”. Ha sido una sorpresa comprobar que estos monjes en clausura abandonasen, aunque sea por una sola vez sus vetustos libros y scriptorios y eligiesen los drones. La modernidad corrompe. Disculpen, pero la primera propuesta no es una ciudad, es una playa. Los drones vienen con el manual de instrucciones.