Editorial

La Universidad de Sevilla a través del espejo

Retrato de Dorian Gray, 1944. Ivan Albright

Esta semana en Sevilla no solo llueve agua. También llueven inercias, llueven viejos reflejos, llueven gestos que durante décadas se han confundido con autoridad y que hoy, por fin, empiezan a parecer lo que siempre fueron: un despropósito, una caricatura. Uno entra en la Fábrica de Tabacos buscando refugio del aguacero y sale con la sensación de haber asistido a algo más que a la defensa de una cátedra, siente que ha asistido al fin de una época. La Universidad de Sevilla ha sido durante demasiado tiempo un lugar donde ciertos estamentos se miraban a sí mismos convencidos de que el espejo devolvía grandeza cuando en realidad devolvía costumbre, despotismo, poder mal digerido, complejo de inferioridad ante el más brillante y una idea patrimonial de lo público.

Ese aguacero no empezó el viernes. Llevaba cayendo, casi a escondidas, desde al menos noviembre de 2024, cuando la candidata obtuvo la acreditación a cátedra y comenzó un año largo y tortuoso de dilaciones, silencios administrativos y maniobras internas destinadas, más que a evaluar su trayectoria, a impedir que siquiera pudiera ser evaluada. Durante meses se le impidió participar en el sorteo de comisiones porque alguien hizo circular la noticia de una supuesta recusación que nunca presentó y de la que, a día de hoy, nadie ha podido aportar el documento. No era un malentendido burocrático, sino un modo de ir ganando tiempo, de probar hasta dónde podía estirarse el reglamento sin que se rompiera.

Un presidente de tribunal que intenta abortar un acto reglado en 2026 porque no controla el resultado; un catedrático que confunde requisitos con méritos y “olvida” en el expediente una acreditación a cátedra que obra en poder de la propia institución; un académico que predica la excelencia mientras practica la obstrucción y la rabieta; un defensor de la pedagogía del palo que no soporta que le respondan con precisión jurídica y serenidad intelectual. Todo eso pertenece a un mundo que se resiste a aceptar que ya no manda. Durante días, ese mundo ha tratado de dilatar, de embarrar el terreno, de convertir un concurso público en un episodio más de hostilidad laboral, hasta el punto de necesitar abogados, escritos, recursos y la publicación de los hechos en listas y foros internos para que el procedimiento avanzara un milímetro.

Frente a esa prepotencia gastada, lo que se vivió el viernes fue algo inesperado y, por eso mismo, profundamente universitario. Una defensa impecable. Una candidata que no se sale del tono, que no entra al trapo, que responde con datos y con calma. Un tribunal que, pese a las maniobras, cumple con su función y decide seguir deliberando cuando su presidente anuncia que no puede evaluar la plaza que preside y abandona la sala. Y, sobre todo, una comunidad que decide estar. Gente que no tenía nada que ganar salvo la dignidad del acto. Sindicalistas, técnicos, profesores de otras universidades, doctorandos, estudiantes, decanos, amigos. Presencias que dicen sin levantar la voz: «no te vamos a dejar sola».

Ese es el detalle decisivo. La escena no es bochornosa solo por lo que revela de quien intenta sabotearla, comunicando a la candidata que duda de su encaje en un departamento en el que lleva años trabajando y marchándose sin firmar el acta ni motivar su decisión. Es emocionante por lo que muestra de una universidad que empieza a reaccionar. No desde la épica ni desde el discurso grandilocuente, sino desde algo mucho más eficaz: la legalidad, la competencia profesional y la fuerza colectiva. Tres votos bastan cuando hay normas. Tres votos bastan cuando la autoridad ya no depende del gesto airado ni del despacho en penumbra, sino de la obligación, nada romántica pero decisiva, de respetar los principios de igualdad, mérito y capacidad que figuran en las leyes que rigen la función pública.

Durante años se ha tolerado que determinados departamentos funcionaran como feudos, que las demoras injustificadas se normalizaran, que los protocolos de acoso circularan como rumores resignados, que la arbitrariedad se vistiera de criterio académico. Se ha tolerado también que el clima hostil no se quedara puertas adentro, sino que se prolongara hasta el momento más visible y vulnerable para cualquier docente: el concurso en el que se juega buena parte de su futuro. Lo que se vio esa mañana es que ese tiempo empieza a acabarse. No porque desaparezcan los «espejos», sino porque cada vez hay más gente dispuesta a no mirarse en ellos y a dejar constancia escrita de comportamientos que contravienen la LOSU y el Estatuto Básico del Empleado Público, no por fetichismo normativo, sino porque dañan el prestigio de la propia universidad ante colegas externos que asisten atónitos al espectáculo.

La ovación final, los ramos de flores, las lágrimas contenidas no celebraban solo una cátedra. Celebraban algo más sencillo y más raro: que el procedimiento funcionara a pesar de quien quería torcerlo. Que la universidad pública, con todas sus grietas, siga siendo capaz de producir momentos de decencia institucional. Que frente al esperpento haya respuesta. Que frente al abuso haya límite. Que frente a la tentación de mirar hacia otro lado haya decanos, personal de administración y servicios, representantes sindicales, estudiantes de grado y de doctorado que se sientan en una sala de actos no para aplaudir un nombre, sino para sostener un mínimo común denominador de respeto.

Uno sale de allí con una sensación extraña de optimismo, que no es ingenuo sino cansado. El optimismo de quien sabe que el cambio no viene de grandes reformas abstractas, sino de escenas concretas donde alguien dice «hasta aquí» y otros deciden quedarse para respaldarlo. El optimismo de comprobar que, a veces, el espejo devuelve por fin la imagen correcta: no la del poder, sino la de la comunidad. Ese optimismo sabe también que nada de esto borra el sufrimiento acumulado, los meses de desgaste, la violencia sorda de los pasillos y los correos sin respuesta, pero intuye que cada vez es más difícil que todo eso quede sepultado en el murmullo de “así son las cosas”.

Yolanda Morató ha escrito estos días un nuevo incunable que se quedará, ya para siempre, en la Universidad de Sevilla. No está hecho de pergamino ni de tinta antigua, sino de rigor, paciencia y una forma de estar que desactiva la prepotencia sin necesidad de alzar la voz. Ese incunable no es solo su defensa oral. Es también la carta en la que, por fin, rompe el silencio y pone por escrito fechas, maniobras, omisiones y nombres propios, para que la memoria de lo ocurrido no dependa de versiones interesadas. Un texto invisible pero legible, firmado también por todos los que estuvieron allí para sostenerlo, que recuerda que la universidad no es un cortijo ni un espejo para egos fatigados, sino un espacio común donde, cuando alguien intenta imponer el despropósito, la comunidad responde con algo mucho más incómodo: decencia.

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13 Comentarios

  1. Me encontraba el viernes en las inmediaciones y me acerqué a curiosear. Puedo asegurar que lo de este señor va más allá de ser un impresentable, es una auténtica vergüenza para la Universidad. Espero que la nueva rectora Carmen Vargas ponga orden a estos tipos trasnochados que no hacen más que dañar a la institución y a quienes pertenecemos a ella.

  2. GABRIEL US

    Hay que decir el nombre del interfecto: Ramón Espejo. El mismo que va dando lecciones por ahí diciendo que la actual es la generación peor preparada de la historia. El mismo que dice que los profesores universitarios padecen persecución.
    https://www.elespanol.com/sociedad/20250913/ramon-espejo-catedratico-universitario-paga-mal-persecucion-profesores/1003743920399_0.html
    El que asegura que la universidad está llena de analfabetos.
    https://www.elespanol.com/reportajes/20250714/analfabetismo-llegado-universidad-facultad-no-sabe-leer-escribir-denuncia-catedratico-espejo/1003743843915_0.html
    Hay que decir el nombre de este tipo porque el bochorno que vivimos el viernes es de los que hacen historia.

  3. Estuve allí en la presentación de documentación el jueves y lo que más me extraño es que una de las vocales del tribunal no pudo llegar por el temporal y solicitó conectarse virtualmente. Y este mismo señor le denegó la posibilidad y dijo en dicha presentación «que no hacía falta que fueran cinco». Me extraño mucho, pobre candidata

  4. Marlene US

    Muy aguda la imagen que acompaña al artículo. No conocía ese Retrato de Dorian Gray pero desde luego le viene que ni pintado al tipejo este.

  5. ¿Hay acceso a algún documento online del evento mencionado?
    Me gustaría ampliar. Gracias de antemano

  6. El texto es muy literario pero no he entendido absolutamente nada de lo que ha pasado. Alguien puede resumirme lo que ha pasado?

  7. GABRIEL US

    Se celebra el examen a cátedra de una profesora titular a la que su departamento ha tratado de sabotear, primero dilatando el plazo más allá del año (lo normal en la US es de tres a seis meses) … nombrando a un presidente del Tribunal, Ramón Espejo, decididamente hostil que además no tiene idea de la materia que se examina…Parece evidente que la dirección del departamento dio órdenes explícitas al presidente del Tribunal que aborte como fuera el proceso…Como todo ello ocurrió con el anterior gobierno rector, el editorial parece sostener que las cosas quizá están cambiando: pronto para saberlo.
    La candidata única a la plaza presenta su proyecto docente, resume sus méritos (que ocupan dos estanterías), hace su defensa en español con aroma andaluz e inglés con aroma british. Los miembros del Tribunal valoran su excelencia y entonces llega el Presidente y lo único que tiene que decir es que él no le ve encaje a la candidata en un departamento «donde tiene grandes amigos». Todo el mundo da por supuesto que va a valorarla con un suspenso, pero eso validaría el acto, porque perdería por cuatro a uno. Entonces se le ocurre que la única manera de impugnar el examen es largarse, no firmar el acta, como un niñito que cree que si se tapa los ojos no lo van a ver. Y ante el asombro de medio centenar de personas que habían ido a apoyar a la candidata, Ramón Espejo sale por patas. Supongo que el Tribunal consulta con servicios jurídicos, le dicen que la ausencia del presidente no anula el acto -le podía haber dado un infarto, una indigestión- y el Tribunal emite su veredicto: por unanimidad, la candidata es apta como catedrática.
    La dirección del departamento que quiso que se largara de la US llora amargamente al comprobar que, en efecto, todos sus esfuerzos por impedir que la profesora titular acreditada a cátedra en 2024 haya por fin conquistado su plaza. Las cosas en apariencia no son ya más como eran cuando todo era un cortijo en el que amargaban a quien no comulgara con ellos -un jurista lo llamaría posibles prevaricaciones, pero no soy jurista.
    El editorial sostiene que este cambio, este fin de la pesadilla para una persona acosada que siguió acumulando méritos y tuvo el apoyo de mucha gente, tiene que ver con el nuevo gobierno de Carmen Vargas: en eso sigo pensando que es demasiado optimista. Pero ojalá me equivoque.

  8. hhhhhhhhhhhhh

    Ramón Espejo, conocido por todos los estudiantes del grado, es el PEOR profesor que probablemente haya pisado esta facultad. Un déspota, egoísta, un pseudo intelectualoide que por tener un titulo se considera mucho mejor que cualquier otra persona. Un profesor que desprecia a sus alumnos, acusándoles de ser la peor generación de las que el habrá tenido el placer de ser docente. Una persona con ínfulas de dictador, el cuál a través de su palabrería y sus cultismos piensa que lleva la más absoluta razón. Un profesor que envía a sus alumnos una reflexión sobre el examen de su asignatura, dicha reflexión se basa en una crítica constante al alumnado, sin hacer el mismo un ejercicio de reflexión, preguntándose por qué aproximadamente el 85% del estudiantado ha suspendido. Quizás no llega a comprender que la culpa no la tienen 100 personas. Ese profesor es intocable, y se atreve a decir que los profesores están perseguidos, y se ha demostrado como tal en este evento, en el cual ha evaluado una cátedra sobre la cuál no tiene conocimiento, y para más inri, la ha abandonado como si de un circo se tratase. Quizás no es el perseguido, sino el perseguidor. Es un docente que a cualquier estudiante que le preguntes lo detesta, una mala persona y sobre todo, un envidioso ególatra.

  9. De E Ingleses

    Vi salir a Ramón Espejo con el móvil y esconderse en un rincón del patio de la facultad. Lo oí porque dio un par de voces. Luego dijo cosas en voz baja. Le estaban dando instrucciones. Pasó dos veces Carolina, riéndose. Está claro que son varios. Que les pregunten, a ver si sueltan algo en vez de ir por las clases comiéndonos la cabeza a los alumnos.

  10. PROFESOR US

    Estos personajes de la prehistoria en vías de extinción, caricaturas ridículas de ellos mismos, están atemorizados al ver como gente preparada, sin ser su propósito, pinchan la burbuja en la que vivían acomodados. Cuánto eones sumidos en la prepotencia más casposa habrán pasado por la reseca mente de este canalla, para que no llegue a darse cuenta de que lo es. Espero que lea este comentario, porque me gustaría decirle que NO es nadie, que NO es nada, y que en la vida real NO EXISTE

  11. PROFESOR US

    A colación de todo lo anterior, sin ser jurista no me cabe duda de que la actuación de este indeseable responde un delito de prevaricación, habitual en una institución que no es capaz de ofrecer respuesta alguna, lo que permite deducir que está en manos de incompetentes o de encubridores. Recuerdo a todo el que quiera leerme, que ninguna persona (física o jurídica) está por encima de la ley, y que la fórmula en ocasiones es demandar a la entidad que protege el delito. Un buen fiscal o buen inspector de la seguridad social se pondría aquí la botas, pero claro, no quieras morder la mano que te da de comer.

  12. Filólogo US

    Asistí al acto del viernes. Fue una defensa impecable por parte de la candidata a la cátedra. El presidente del tribunal, Espejo (de maleantes), hizo todo lo que pudo por sabotear el acto. Durante el tiempo en que el tribunal suele deliberar a puerta cerrada, vi cómo salía del aula y se paseaba un par de veces entre los asistentes con la evidente intención de provocar un incidente que le sirviera de excusa para suspender el acto. No lo hubo, pero ya hay rumores de que está diciendo que fue agredido y necesitó tratamiento médico. Me parece vergonzoso que gente así forme parte de la Universidad a la que pertenezco y que traicione de esa forma el espíritu universitario. Conocía la soberbia de este profesor, que tiende al narcisismo, pero hasta ahora no he podido comprobar su completa falta de ética.

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