Arte y Letras Historia

De la propaganda como una de las bellas artes

Detalle del cuadro de Tiziano sobre Carlos V. (DP)
Detalle del cuadro de Tiziano sobre Carlos V. (DP)

Dentro de un álbum de cómics publicado con motivo de la caída del Muro de Berlín, el guionista Neil Gaiman se preguntaba qué tenía en la mente quien construyó el primer muro. «¿Protección? ¿Intimidad? ¿U otra cosa?». Una cuestión similar, retórica y sin respuesta posible, me pregunto yo: si quien inventó la propaganda era consciente de ello. Hay una historia popular de la propaganda en la que entran palabras como OrwellGoebbels y guerra informativa; hay otra, mucho más longeva y escurridiza, que se remonta a varios milenios atrás, a la que es difícil seguir el rastro, y que se conecta íntimamente con el poder. Y ahí, cuando ese primer poder era religioso (o no distinguía entre poder religioso y político), la sacerdotisa que mandó trazar un círculo en torno al fuego sagrado también estaba acometiendo un acto de propaganda, pues qué es la propaganda sino un auto de fe, un dispositivo de creencias.

Que se talle una piedra y se la adore por analogía con una imagen divina no significa que ese acto de devoción no tenga también otros usos desde nuestro prosaico mundo. Y, desde luego, al faraón que se le ocurrió que no bastaba con las estatuas de Seth, Osiris o Amón, que también había que erigir estatuas a su figura, que él tenía valor divino, estaba iniciando, quizá sin saberlo, el ingente arte de la propaganda. ¿Se acuerdan de aquel poema de Percy B. Shelley que popularizó Alan Moore? «En la arena yace semihundido un rostro hecho pedazos»: las ruinas de un nombre, Ozymandias, que hacía temblar a los poderosos.

Las pirámides, por ejemplo, objetos maravillosos, símbolos perfectos de que el universo y uno son lo mismo, son al fin y al cabo ¡piedras encima de un muerto! Es la magnitud y desmesura de estas tumbas lo que las convierte en relatos de poder, soberbia humana, estatus. Propaganda. Y aunque los faraones del antiguo Egipto tal vez no fueran conscientes de que estaban llenando el valle con ídolos propagandísticos (hacerlo sería como salirse de la religión y ver desde fuera que el faraón era solo un humano como los demás), resulta evidente que el Imperio romano sí sabía lo que hacía cuando se convirtió en una industria puntera en propaganda política con sus miles de bustos, cabezas y estatuas ecuestres de cónsules, emperadores y patricios. Si hay una civilización que propulsó la consejería de urbanismo, con un departamento específico para esculturas civiles, esa es la romana.

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6 comentarios

  1. Pingback: De la propaganda como una de las bellas artes

  2. Muy bueno el artículo, enhorabuena.

    Creo que hay dos puntos importantes que habría que profundizar:

    A) ¿que separa el marketing de la propaganda? Incluyo aquí el «marketing personal», incuyendo el CV y las redes dociales.

    B) ¿Es la propaganda mala per se? En mi opinión no, siempre que haya más de un solo emisor de propaganda. Es decir, un partido nazi o comunista único, ya sabemos qué nos trae. Pero cuando es parte de un sistema donde hay muchos otros partidos de muchas ideologías, trae incluso sano debate consigo.

    • ¿Valdría esta reflexión del punto B también en el caso de que la propaganda fuera del partido liberal o del partido conservador únicos? ¿Y para el caso de la iglesia católica y la iglesia protestante?

      • ¡por supuesto! He puesto comunista o nazi porque son los regímenes que más tiene asociado la gente limitación de la libertad y de l pensamiento. Pero obviamente hay que aplicarlo también a religión, política e incluso fútbol.

        En resumen, la competencia ideológica, económica y propagandística es lo más saludable, en mi opinión.

  3. Echo de menos una mención de pasada a la creación en 1622 de la «Sacra Congregatio de Propaganda Fide» por parte de la Iglesia católica en plena Reforma con la intención de difundir la verdadera fe en países no católicos. Más que nada porque la palabreja la puso de moda dicha institución.

  4. Es difícil diferenciar los elementos que componen la realidad tanto como los que componen esa taza de colacao. La verdad, la propaganda, la ficción, todo se encuentra ahí fuera, girando, haciendo inservible la experience pero muy útil la plantilla ideológica. En el futuro la estética no será la mayor parte del mensaje, abandonada tal vez por hartazgo, creo que habrá un nacimiento ético-real y sus propias plantillas. Esta es mi visión paranoica. De este modo el hombre no parece ser quien piensa, sino quien repite.

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