Arte y Letras Historia

«Goodfellas» australianos

Fotografía: Kenneth Freeman (CC).
Fotografía: Kenneth Freeman (CC).

La mañana del 13 de octubre de 1999, en una callejuela de Gladstone Park, un suburbio al norte de Melbourne, sonó un grito, cinco disparos e inmediatamente después los motores de dos coches que se alejaban hacia el centro comercial. No quedó nada en la calle, ningún cadáver ni apenas restos de sangre, solo el sobresalto de los vecinos al oír un disparo que sería el primero de la enorme carnicería que comenzaría en pocos meses y que acabó conociéndose como la Guerra de las Mafias de Melbourne. Duró unos diez años. Dejó algo más de treinta muertos. Aquella primera víctima en el lejano Gladstone Park fue Carl Williams y quien apretó el gatillo fue Jason Moran.

Carl Williams era un chaval grande y sonrosado de veintinueve años que cumplía ese mismo día 13 de octubre, y hasta el momento no se le conocía por más que por pertenecer a la familia Williams, por fabricar pastis y traficar con ellas y por algún crimen menor. Su hermano Shane había muerto de sobredosis y su chica, Roberta, era conocida por tráfico de drogas en todo Melbourne. Carl tenía una prensa para pastillas en la casa de su madre, Barb, que hacía la vista gorda con el mamotreto, ahí sentado en su garaje. Esa mañana de día 13 lo único que quería era que su hijo llegara a casa para celebrar su cumpleaños. Pero Carl se retrasaba. Se había citado con Jason Moran en el centro comercial de Gladstone Park para hablar de un dinero que Moran le debía. Jason Moran le compraba las pastis y luego las distribuía con una banda que trapicheaba por la zona oeste de la ciudad. Carl sabía muy bien que, después de venderle la mercancía, Jason inflaba los precios y se sacaba una buena tajada y digamos que no le sorprendía mucho. Pero tampoco le hacía gracia. Esa mañana sabían muy bien los dos que la poli les había colocado micros en los coches, alquilados por si acaso (no porque la policía les estuviera vigilando para trincarlos, sino para sacar su propia parte: Jason tenía un buen puñado de polis corruptos y Carl el suyo), y cuando llegaron al centro comercial decidieron ir a un sitio apartado y hablar del tema lejos de los coches. Se saludaron. Con más o menos mosqueo. Jason entonces tenía treinta y dos años y era un pelado de aspecto skinhead y bastante mala baba. Se la tenía jurada a Carl además desde meses atrás, cuando Jason le había pedido que le guardara nada menos que un piano y el piano desapareció no se sabe cómo. Acabaron a paliza limpia y ganó Carl a pesar de llevar el brazo en cabestrillo.

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9 comentarios

  1. Pingback: «Goodfellas» australianos – Jot Down Cultural Magazine | BRASIL S.A

  2. La ballesta es un arma que, aunque pueda parecer incluso cómica en estos tiempos, ofrece unas características que la convierten en una alternativa a la pistola.
    La principal ventaja es que es muy silenciosa y no deja huellas. Todas las armas de fuego dejan casquillos en el suelo, y éstos llevan a su vez marcas que provoca el mecanismo de la pistola. Cada pistola crea sus propias marcas en los proyectiles, lo que facilita su rastreo (máxime si el arma está registrada), cosa que seguramente desee evitar el portador de dicha pistola. Sin embargo la ballesta solo deja una flecha, y es prácticamente imposible saber qué ballesta efectuó el disparo. En las manos adecuadas puede ser devastadora. Cuando te quieres dar cuenta de lo que está pasando resulta que estás frente a San Pedro, el cual te manda gustosamente al infierno, lugar en el que suelen acabar los personajes que protagonizan este artículo (si es que creen en Dios)
    Sus principales desventajas son obviamente su menor alcance y poder de penetración que un arma de fuego (lógico) y el tiempo de recarga, pues al no llevar un cargador las flechas deben ser cargadas una a una.
    Por tanto la ballesta es un arma ideal para una operación rápida que pille al rival desprevenido gracias a su silencioso disparo, un «hit and run» o un asesinato premeditado.
    En definitiva: el arma ideal si estás un poco mal de la azotea pero sigues conservando grandes cantidades de astucia y sigilo y quieres innovar en el noble arte de la eliminación del prójimo.
    En cuanto a los lanzallamas no se puede sacar ninguna conclusión lógica: el sujeto que se presenta a un tiroteo entre bandas con semejante artilugio denota un avanzado estado de locura y un absoluto desprecio por la vida, tanto la suya propia como la del resto de sus congéneres. En definitiva, un peligro para la especie.
    Buen artículo.

    • Muy interesante artículo sobre la criminalidad australiana.

      Sobre el lanzallamas, no tiene porqué ser para llevarlo a peleas. Puede ser muy intimidatorio si tienes secuestrado a alguien, supongo. Pero sobre todo, es muy útil para arrasar cosas enemigas, y para limpiar las pruebas de crímenes ya cometidos. En todo caso, es muy inquietante.

  3. pacodetorres

    El lanzallamas se utiliza para hacer salir al enemigo de los blocados o trincheras, es un arma que rompe el frente del enemigo y lo disgrega, vamos te presentas en el bar de los motoros y lo rocías de fuego y los haces salir.
    La ballesta, las flechas y los cuchillos en realidad, tiene un comportamiento físico diferente que las balas, atraviesan el Klevar como la tela que es, luego inutilizan los chalecos antibalas y los sacos terreros. Además son silenciosas, apuntas disparas y si el virote no da al objetivo, igual este ni se entera que era un blanco y puedes recargar y disparar. Util para eliminar centinelas. Si estas en campo abierto, en choque frontal, debería utilizarse como arma de saturación y se apunta «mas o menos» en la dirección del enemigo y tus fuerzas deberían ser como mínimo una cuadrilla, así una pareja dispara, la otra apunta. Una ballesta tienes igual precisión que un arma corta, pongamos hasta los 25 metros, y no la pierde con el uso intensivo como ella (el calor deforma el anima del cañon).
    De todas maneras el uso correcto de estas armas solo es posible por tropas entrenadas, disciplinadas, que aguanten, no se dejen flanquear, decididas y con un plan de acción (el cual no sobrevivirá al primer choque con el enemigo), vamos: soldados.
    Los elementos criminales no están disciplinados, ni entrenados, ni tienen demasiado espíritu de sacrificio, consiguen estatus a base de temeridad, estupidez y se refugian en el garantismo de las libertades, que debe ser la base de los sistemas políticos, o en la corrupción de estos (Inevitable). Vengo a decir que no creo que estas pandillas de descerebrados tuviesen las armas con un plan determinado en mente sino solo por que….¿Por que molan?, ¿Para acojonar?.
    Y si, he hecho la mili y todo esto que te cuento lo explicaba el subteniente, morado perdido de vino peleón.

  4. No os molestéis, hijos de las calles. Esto es para miss Marple, no para chuletas ni para machotes ni para frikies ni para pirados, ni, por supuesto, para ladies comme il faut. Sólo ella está tiene las neuronas aseguradas contra la sensatez…

  5. La ballesta sobre todo, es muy práctica para ir protegido mientras paseas con ella y las flechas por las calles que se han puesto imposibles últimamente. También para ir en metro a hora punta e incluso para la disco, que hay algunas a las que va gentuza y nunca sabes cuando vas a necesitar pegarle un flechazo a alguien.

  6. Entretenido artículo, gracias por la tremenda recopilación!

  7. A quien le haya gustado esta historia, la primera temporada de Underbelly, una serie australiana la cubre por completo. Las temporadas dos y tres también están muy bien.

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