
Como todas las actividades humanas, también la ciencia es una mezcla de ingenio y de azar, de estrategias y de casualidades, de buenas estrellas y de malas rachas. Isaac Asimov decía que la verdadera frase asociada a los grandes descubrimientos no es «¡Eureka!» sino «Qué raro…». Y esto porque los hallazgos no se hacen donde hay luz, sino donde hay sombra. Para descubrir nuevas reglas hay que encontrar dónde se incumplen las viejas. Así es que, con frecuencia, el hallazgo se debe a una fatalidad, y las respuestas se encuentran allí donde no se estaban buscando. Al fin y al cabo la ciencia es una apuesta: se necesita experiencia, conocimiento, un cálculo preciso y riguroso, y luego, sencillamente, que haya suerte.
El primer neandertal se descubrió en 1856 en Alemania, durante la explotación de unas colinas mineras a las afueras de Düsseldorf. Todavía se lee en algunos libros que su nombre procede del valle (thal en alemán) de un supuesto río Neander, pero es un bulo generado por un abuso del copia-y-pega editorial. El riachuelo se llamaba Düssel, y por lo visto aquellas cañadas se dedicaron a Joachim Neander, un pastor evangélico del siglo XVII famoso por la composición de himnos y cantos religiosos, que buscaba en aquellos bucólicos meandros la paz para celebrar sus oficios y componer sus cánticos. Lo curioso es que el verdadero apellido de su familia era Neumann, pero su padre lo había traducido al griego según una moda de su tiempo, cambiándolo a Neander, literalmente, en ambos idiomas, hombre nuevo. Es decir, el primer hombre fósil que hemos hallado ha pasado a la historia con un apodo que —por pura casualidad— en lugar de matizar su pertenencia al pasado promete modernidad y una esperanza hacia el futuro. En fin, Neanderthal quiere decir «el valle del hombre nuevo».
Los obreros encontraron los huesos en una pequeña cueva, a bote pronto restos de un oso por su patente robustez, pero luego fueron reconocidos como restos humanos, aunque bien raros. Darwin publicaría oficialmente su teoría en 1859, así que la mesa estaba lista para el debate. Pero aquellos fósiles no cumplían con las expectativas de ningún bando. Los antievolucionistas apostaban por huesos patológicos, quizá de un soldado enfermo que había acabado descansando eternamente en aquella covacha. Los evolucionistas tampoco se quedaban conformes, porque un ancestro humano, según una idea de evolución lineal y progresiva, tenía que tener la cabeza más pequeña que la nuestra, y no era el caso. Por ende, no le dieron demasiada importancia y optaron por interpretar el hallazgo como los restos de alguna raza ancestral y perdida de nuestra misma estirpe, un aborigen alemán de primitiva cultura. Total, que a nadie se le ocurrió la idea de una especie humana extinta, distinta de la nuestra. Bueno, a ningún paleontólogo. Se le ocurrió, de hecho, a William King.
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Bueno, no estoy muy conforme con el antepenúltimo párrafo. El estudio del ADN ha demostrado que los europeos tenemos hasta un 5% de genes neandertales, abundando precisamente en aquello que más nos diferencia: piel blanca, pelo rubio/pelirrojo, etc. Y también, que esto no se muestre en el ADN mitocondrial o del cromosoma Y, da lugar a un profundo debate acerca del alcance y características de la hibridación que se produjo, o sea, del sexo que hubo entre ellos…
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Estando probada la hibridación entre neandertales y humanos «modernos» en regiones deonde hubo simpatria y careciendo el neandertal de sinapomorfías (las «diferencias» que se mencionan caen dentro de la variabilidad morfológica humana actual, no son carácteres exclusivos), el mantenimiento del neandertal como especia distinta no se sostiene excepto por un sutil y a veces inconsciente racismo científico heredero del siglo XIX.
Si el objetivo del artículo es demostrar aquellos frutos de la casualidad en Ciencia, debió enfocarse en otros ejemplos y no en este tan malo. Hay muchos ejemplos de serendipia, podemos mencionar el descubrimiento de los antibióticos, o por qué Darwin-Wallace llegaron a las mismas conclusiones mediante trabajos que parecían diametralmente opuestos… De otro lado está mal abordado, primero no aclara las diferencias anatómicas entre ambas especies y eso queda confuso. Segundo, hay evidencia que ilustra las complejas relaciones culturales que tenían los neandertales, además del uso de herramientas, que incluso nosotros copiamos. Por último la evidencia de hibridación es más que una casualidad y confirió a la especie humana ventajas adaptativas (aquí la noticia más reciente https://elpais.com/elpais/2018/08/22/ciencia/1534955666_091393.html?id_externo_rsoc=FB_CM). Ahora bien, por qué se extinguieron los Neadertaales es materia de otra discusión…