
Esta entrevista fue publicada originalmente en nuestra revista Jot Down Smart número 22
Nos recibe en su despacho ese rostro que a Bogart le añade la mirada épica de Homero. La cultura grecolatina se agolpa contra nosotros, tal es la cantidad de libros que almacena. Luis Alberto de Cuenca ha sido muchos hombres, como ya decía su maestro Borges, aunque quizás bajo su abrazo sí desfalleció Matilde Urbach. Entre esos hombres está el poeta, el traductor, el ensayista, el adaptador teatral, el columnista, el crítico literario, el letrista, el investigador, el académico, el secretario de Estado de Cultura… Él ya sabe que todos esos hombres cruzarán por la conversación que estamos a punto de mantener. Pero cada Luis Alberto podrá mezclarse con una comedia de Lope, con un sabio satanista del XVIII, con un romántico suicida del XIX, con un heroinómano del XX o con un censor del XXI. Es lo bueno de charlar con uno de los mayores poetas que han visto las últimas décadas: la palabra se eleva y a nosotros nos toca disfrutar.
La filología, ¿llega de manera vocacional?
Totalmente vocacional. Primero empecé Derecho para contentar a mis padres, porque pensaban que la Filología era una apuesta muy arriesgada. Solo duré un año y, a pesar de que las notas eran muy buenas, cambié a Letras porque no me interesaba nada. También cambié por motivos personales: una novia mía empezaba entonces Filología y decidí comenzar con ella. Me fui a la Autónoma, en pleno momento fundacional, con armas y bagajes.
¿Está justamente tratada?
Bueno, incluso quieren tachar ese término de la denominación oficial. La carrera ya no se llama así, Filología. Me parece aberrante. La palabra «filología» es mítica, mágica y preciosa. Incluso, la gente es tan inculta en cuestiones filológicas que antes decías que eras filólogo y en el periódico ponían «filósofo».
Por la etimología cruza el término latino logos (palabra). ¿Qué importancia tiene la palabra en un mundo dominado por la imagen?
Sigue siendo fundamental. Las imágenes tienen que ser glosadas con palabras, no pueden vivir solas. Si no llegásemos a adquirir una anatomía suficiente como para desarrollar un lenguaje articulado, entonces estaríamos en una fase previa a la plenamente humana. Además, hay otro camino para abordar el término logos que es compararlo con el mythos. El camino habitual es pasar del mythos al logos, pero yo creo que no debemos quedarnos en el logos y sí refugiarnos en el mythos, que es la palabra sagrada.
Algunos poetas jóvenes de hoy cuelgan sus poemas en YouTube acompañados de música y de imágenes. En ese sentido, pareciera como si la poesía estuviera mutando.
Bueno, es que estamos en un momento inaugural de otro tipo de relación entre el poeta y su público gracias a internet y a las redes sociales. Yo, por cuestiones generacionales, no utilizo ese soporte, pero el fenómeno está ahí, en la literatura. Sobre todo con la poesía, que es el género más fácil de publicar.
¿Más fácil?
Sí, otra cosa es hacerlo bien. Pero al tratarse de un género más corto, pues la gente empieza por ahí y se comunica por las redes sociales. De hecho, hemos tenido algunas sorpresas curiosas relacionadas con el éxito de algunos cantautores o no cantautores que se han acercado a la poesía, algunos de ellos con mérito.
¿Calificarías ese fenómeno como éxito?
Bueno, es que luego las editoriales han ido a por ellos, ya que tienen tantos amigos en las redes sociales, y han vendido miles de ejemplares. Y eso está al alcance de muy pocos.
¿Y crees que esa poesía, nada basada en la preceptiva literaria, tiene mérito?
Bueno, en cierto modo son vagidos adolescentes. Y eso es lo que comunica en las redes. No siempre, hay algunos autores con interés, pero sí a menudo. Para referirme a ello yo hablo de «parapoesía», igual que existe la «parafarmacia». No deja de ser poesía, pero no es poesía sujeta a los preceptos de la retórica tradicional. Eso sí, es un fenómeno con el que hay que lidiar. Tú miras la lista de los diez libros más vendidos hace cinco años y te encuentras con las editoriales clásicas: Visor, Hiperión, Renacimiento, Pretextos… sin embargo, hoy, si hay una de esas editoriales…
¿Te alineas con este tipo de poetas?
Fíjate, Aguilar nos ha pedido a Karmelo C. Iribarren y a mí sendos libros para una colección que solo va a tener «parapoetas» y a nosotros dos, que a lo mejor también somos «parapoetas», porque si nos lo han pedido… eso sí, para mí es un honor estar con toda esta gente joven, pero es evidente que es un fenómeno que no me pertenece, es de otro mundo.
¿Cómo definirías este nuevo estilo con el que compartirás colección?
Lo que hacen es dejar fluir la muñeca, sin más. Como Baroja en novela, lo que pasa es que una cosa es la novela de Baroja, con ese desaliño encantador, y otra cosa es dejar fluir ideas. Sospecho que estos autores jóvenes dirían: es que esto es lo que hay que hacer. Como si hubieran creado una nueva preceptiva. Lo que pasa es que preceptiva solo hay una y es la de siempre. Nuevos espacios comerciales sí, pero nueva preceptiva… no puede ser.
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Political Incorrectness
Sé buena, dime cosas incorrectas
desde el punto de vista político. Un ejemplo:
que eres rubia. Otro ejemplo: que Occidente
no te parece un monstruo de barbarie
dedicado a la sórdida tarea
de cargarse el planeta. Otro: que el multi-
culturalismo es un nuevo fascismo,
sólo que más hortera, o que disfrutas
pegando a un pedagogo o a un psicólogo,
o que el Mediterráneo te horroriza.
Dime cosas que lleven a la hoguera
directamente, dime atrocidades
que cuestionen verdades absolutas
como: «No creo en la igualdad». O dime
cosas terribles como que me quieres
a pesar de que no soy de tu sexo,
que me quieres del todo, con locura,
para siempre, como querían antes
las hembras de la Tierra.
Luis Alberto de Cuenca, La vida en llamas, 2006
De nuevo, un excepcional, un grande y una entrevista tan corta.
«Bueno, ahora acabo de hacer una selección de diez cuentos de Cortázar para Reino de Cordelia traducidos por Susana Carral.» Diez cuentos de Poe, supongo.
Muy buena entrevista.
Este hombre se ganó mi respeto cuando cayó en mis manos un ejemplar de su maravilloso «Baldosas amarillas». Mi corazoncito de amante del género fantástico no salía de su asombro al ver el cariño, el respeto, y la autoridad con la que un autor de su prestigio hablaba de aquello que tanto amo, y que tantos han ninguneado.
Cuando supe de su amor por el cómic ya es que me saturé.
Tendrían que hacerle una entrevista cada semana; esta se me ha quedado cortísima.
«Por la etimología cruza el término latino logos.»
¿Latino?
https://es.m.wikipedia.org/wiki/Logos
Es el mejor poeta español actual. Si quieres, junto a J.M. Álvarez, el cartagenero parisino.
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