Ciencias

La mayor bola del mundo

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Ilustración: Tau Diseño.

El Daily Planet es, con permiso del Bugle, el periódico más famoso del mundo del cómic. Lo que no admite dudas es que tiene el peor departamento de fact checking de la historia del periodismo puesto que fueron incapaces de detectar que en sus oficinas, apenas disfrazado bajo unas gafas y un peinado triste, trabajó durante décadas la persona más poderosa y fascinante del mundo. El gran globo terráqueo dorado que es el logotipo del diario y que tradicionalmente ha coronado la representación de su sede en Metrópolis se puede interpretar en una segunda lectura maliciosa como la ostentación de una bola, una mentira, aparentemente satisfechos de estarse tragando la mayor trola del mundo (que Clark Kent era un tipo normal).

Hemos dicho «tradicionalmente» ya que su oficina principal ha sufrido algún cambio a lo largo del tiempo. El Daily Planet ni se ha llamado así siempre ni ha tenido esa imagen en todas sus representaciones (cómics, series animadas, películas, etc.), pero es la más extendida: un rascacielos, en general de inspiración art decó, con un globo en su cúspide. Con las reservas lógicas que hay que tener cuando estamos hablando de una obra de ficción protagonizada por un ser de origen extraterrestre, vamos a plantearnos si una construcción así sería viable hoy en día. La respuesta corta es sí; de hecho, vivimos en una realidad donde el próximo edificio más alto del planeta tiene firmes planes de consecución bajo el diseño del Lex Luthor de la arquitectura e ingeniería, por lo que podemos concluir que en este universo todo es posible. La respuesta larga la desarrollamos con un ánimo más lúdico en las siguientes líneas.

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1. La Torre Etisalat II (2007), Dubai, Emiratos Árabes Unidos. Fotografía: Marcus Hartings (CC). 2. Las Amazon Spheres (2018), Seattle, Estados Unidos. Fotografía: Joe Mabel (CC). 3. La Biosphère (1967), Montreal, Canadá. Fotografía: Guilhem Vellut (CC). 4. La Torre Reunion (1978), Dallas, Estados Unidos. Fotografía: Kevin D. Hartnell (CC).

Un chupa-chups gigante

La reducción al absurdo del concepto esfera sobre rascacielos (no una cúpula esférica, no: un balón entero) sería el gigantismo aplicado a un caramelo con palo, que ya intuimos que no es ni estética ni estáticamente una buena decisión. Existen casos en pie a escala reducida como depósitos elevados de agua o, ya a lo grande, como la Torre Perla Oriental en Shanghái, de unos 468 metros de altura pero de belleza discutible a puñetazos y armas blancas. Con una función turística y de antena de telecomunicaciones, no parece factible que este chupachús de tres palos fuera una buena sede para un periódico (la mayor parte de sus plantas solo sirven para alojar escaleras y ascensores hacia los miradores). Y es que China o los países árabes nunca decepcionan: piensen una construcción estrafalaria y ellos ya la habrán hecho realidad aún más hortera de lo que podría imaginar. Por eso no es difícil encontrar por esos lares ejemplos de edificios más racionales que la Torre Perla Oriental pero que, al final, se encuentran con ciertos problemas esperables. Así, en la sede de Etisalat en Abu Dabi, con una distribución adecuada para ser utilizada como oficinas y coronada con lo que popularmente se conocía como «pelota de golf» (una cúpula esférica de unos veinte metros de diámetro), en cierto momento tuvo que establecerse un perímetro de seguridad de cien metros a su alrededor ya que detectaron que la bola podía precipitarse a la calle y claro, no contaban con la ayuda de Supermán para evitar bajas humanas en el último momento. No ha trascendido cuál fue el destino de los otros ocho (!!!) edificios similares que plantaron con audacia por todo el país. 

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2 comentarios

  1. Aparte de la excelente divulgación de sistemas para crear y mantener esos objetos (especialmente ese con miles de vértices luminosos), lo que siempre me causó perplejidad es cómo un par de gafas bastaban para esconder la fisonomía de Superman. Entiendo lo de ese ridículo bañador para no herir las susceptibilidades americanas, pero esas gafas que ni siquiera eran oscuras, no.

    • Disfrazarse es todo un arte: si el disfraz es ligero, no engañas a nadie; pero si te pasas, avisas a todos que llevas disfraz. Clark Kent, a poco que sepa actuar, puede engañar a la gente de la calle con las gafas, el peinado y el traje si disimula un poco la voz. Eso sí, nunca he entendido como Lois Lane y Jimmy Olsen se dejan engañar, ellos que han podido ver bien a Superman.

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