
No he aterrizado nunca en la Plaza Roja como Mathias Rust. Supongo que es algo que seré capaz de perdonarme. Tampoco he vivido la caída de la Unión Soviética, nací un poco tarde para llegar a ese evento con el interés y la posibilidad de deambular por Moscú en los noventa. Por suerte puedo leer las famosas aventuras de Lolito Cohete y, tras diez años de aquí para allá por el abandonado universo paralelo soviético, todavía he podido conocer algunos de sus restos, que cuentan los días para desaparecer definitivamente.
La primera vez que pisé Ucrania me trasladé a Lvov en uno de esos trenes, yo los considero indestructibles, que llevan años cruzando el país, retando a la nieve, con vagones decorados con alfombras dignas del Medievo. Aquella noche estuvimos en el bar del tren, que es el vagón en el que están las historias, y al regresar a los compartimentos un amigo se encontró su cama ocupada por un borrachín. Cosas que pasan. A partir de determinada hora intempestiva nocturna, el tren, ordenado casi siempre por una señora con cara agria, pasa a convertirse en un espacio con un concepto de la libertad paradójico.
Paseando por Lvov me acerqué a comprar una limonada. Me encontré una máquina con dos botones, uno para limón y otro para kvas, una bebida fermentada que nunca he soportado, una ranura para las monedas y un vaso de plástico atado con una cadena. No sé si me extrañó más que alguien quisiera robar el vaso o que hubiera que beber siempre del mismo. Una señora a mi lado empezó un estribillo de carcajadas al verme investigando aquel extraño invento. Me enseñó a limpiarlo, había que apoyarlo al revés contra la parte inferior y unos pequeños chorros de agua lo enjuagaban. De dónde salía el agua fue algo que no recordé preguntar. Pagué, tomé mi primer kvas, di un abrazo a la mujer y estuve allí de pie, atado a mi vaso, pensando dónde tirar aquel líquido sin que me viera nadie. Debo reconocer que me pareció romántica aquella idea de compartir el vaso, de dar por supuesto que cualquiera podía necesitarlo, que era justo lavarlo y dejarlo en su sitio para que otro pudiera usarlo. Esas máquinas, por supuesto, hace tiempo que desaparecieron de las grandes ciudades de la antigua Unión Soviética. A día de hoy me sorprende que a veces algunos no roben la máquina entera de refrescos.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






¡Qué artículo! Lo envidio, señor, poder andar por esos parajes que nuestra cultura nos acostumbró a considerarlos exóticos y a veces hostiles. Con boleto y sin preconceptos para el próximo viaje, que si falta el air bag o el cinturón, pues nada, que hay que estirar la pata al fin y al cabo, y no hay nada mejor que dejar muestras de que todo lo nuevo no es mejor de lo que fue, que una abuela rusa con el ábaco es más simpática y veraz que una piba rígida del Burger Chef, donde hay vagones sin vías para que los niños sueñen que son fogoneros y que viajan, que todavía hay valores aun en las borracheras, y que reflexionemos de frente al Lenin de bronce que merece el exilio, y al infierno sus seguidores, pero antes agradecerle por el gran sueño que no cuajó. Gracias por la excelente lectura.
A mi me encanta su prosa. Lamento que no se prodigue más.
Es que no me lo proponen jajajajajaja
En cualquier caso, por si le puede interesar aquí tiene un par de artículos sobre aspectos poco conocidos de la cultura soviética que normalmente no suelen tener cobertura.
Un abrazo y gracias por sus palabras.
https://www.jotdown.es/2012/05/frunzik-mkrtchyan-el-comico-de-ojos-tristes/
https://www.jotdown.es/2012/04/nika-turbina-historia-de-un-destello/
Genial artículo.
Me recordó por un momento los libros de Colin Thubron tras la caída de la URSS, por Siberia y las repúblicas de Asia Central
Es un pueblo extraordinario. Han sufrido de todo. Hay mucho q aprenderles. Siempre les deseo lo mejor !!!
Gran artículo, me ha alegrado la tarde. Muchas gracias
A propósito de Putin, Eurodisney y el tablero geopolítico mundial
https://tv.emol.com/detail/20201215133024991/en-vivo-mirada-global-sobre-vladimir-putin