Cine y TV

Posdata: te temo

3 SECUNDARIA
he Witches, 1990. Imagen: Lorimar / The Jim Henson Company / Warner Bros.

Las crónicas señalan a Le Manoir du Diable como la primera película de horror de la historia, una pieza muda filmada en 1896 por Georges Méliès en la que Mefistófeles atosigaba a un caballero mediante la cocina creativa y un pelotón de fantasmas. Era una cinta arriesgada y ambiciosa por introducir el componente sobrenatural en la ficción fílmica pero también por atreverse a retar al espectador contemporáneo con su duración excesiva de tres intensos minutos, porque en aquellas últimas cabezadas del siglo XIX la gente raramente prestaba atención durante más de ciento ochenta segundos a algo que no fuese hacerle la cobra al cólera y procurar sobrevivir más allá de los cuarenta años.

Aunque cabe la posibilidad de que la propia historia se equivoque, porque cierta fábula popular asegura que la primera exhibición en la que la audiencia merendó pánico en cuchara grande habría sido la de L’arrivée d’un train en gare de La Ciotat, un pequeño filme de cincuenta segundos facturado por Auguste y Louis Lumière en el que, ojo spoiler, un tren llegaba a una estación. El mito explica que los asistentes a aquella proyección, al ver cómo se acercaba a través de la pantalla una locomotora con intenciones inmediatas de aparcar en la sala, gritaban y huían espantados en masa maldiciendo las ventajas de la tecnología y las desventajas de llevar el cuello de la camisa muy ceñido cuando tienes un par de huevos de excursión por la faringe. Pero esta anécdota huele a colorida leyenda urbana y probablemente sea una perversión de la verdadera reacción de unos cuantos estudiosos del cinematógrafo cuando décadas más tarde contemplaron en un pase privado el remake de la película que los propios hermanos Lumière rodaron en un modernísimo 3D utilizando una cámara estereoscópica.

La verdad es que lo único terrorífico de revisionar L’arrivée d’un train en gare de La Ciotat es comprobar que los sombrereros de la época tenían un concepto muy barroco de la palabra complementos y mucha fe en los músculos del cuello de las damas. Pero no resulta difícil creer que al contemplar por primera vez aquellas imágenes en movimiento algún elegante caballero de la época, aterrado ante la perspectiva de que un tren estacionase sobre su bigote encerado, hubiese cagado un distinguido adoquín hijo del espanto. En el fondo estamos hablando de un periodo de la historia en el que durante las proyecciones de la obra The great train robbery, una revolucionaria pieza de wéstern, los asistentes se agachaban cuando un personaje disparaba hacia la cámara. Y sobre todo porque los traumas infantiles alimentados con el combustible de la ficción nos han educado en una verdad: el horror en ocasiones no se busca, simplemente ocurre por accidente.

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5 comentarios

  1. Oderus Urungus

    Nunca me he atrevido a ver Post data: Te quiero, porque basicamente entraba dentro de la cateroría de pelis mierder de Gerard Butler (osea, todas). Pero después del nuevo enfoque que se le puede aplicar, la voy a ver con la parienta.
    Magnifico artículo.

  2. Gracias, he llorado de risa.

  3. la he visto… miedo es poco!

    con esa pareja de actores protagonistas, sólo podría tratarse de terror en estado puro.

    sólo comparable con una de amy Adams y Mathew Goode que pasa en Irlanda en un año bisiesto, los que la hayan visto seguro que no la han olvidado (yo el título sí, algo es algo)

    j

  4. José Antonio

    Si todo lo que escribe lo hace con el mismo humor inteligente-escatológico, por favor, escriba mucho más. Me ha ganado.

  5. He reido mucho con este artículo, he tomado nota de varias películas para verlas con otros ojos y, sobretodo no ponerselas a mi hija.

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