
Profesores. Maestros. Docentes: entre la luz y la santidad, la pesadilla y el Averno. Amados, desacreditados, idealizados, seguidos, desairados, valorados, ninguneados, alabados, prohibidos, vindicados. Figuras ineludibles —para bien o para mal— con un espacio importante en toda biografía. Pasan por nuestra vida, pero nunca lo hacen gratuitamente. Su perfil ha sido objeto de una revisión a la baja en los últimos años y su función, siempre en entredicho, ha ido encogiéndose con las diferentes reformas educativas hasta llegar a niveles que lo condenan a la irrelevancia. Inopinadamente, un virus llega y actúa como un revulsivo en esta situación. Hoy volvemos a preguntarnos si no había demasiada prisa por arrinconar a los docentes, si no se había proclamado demasiado a la ligera que el futuro de la escuela estaba en las nuevas tecnologías. Este artículo quiere revisar la figura de los docentes y su manera de estar en el mundo, contar historias y anécdotas, invocar presencias y traer a la memoria lo que algunos dijeron sobre aquellas mujeres y hombres que lo significaron todo en sus años de escuela. Algunos empujan para encerrarlos en el trastero de la historia, y nosotros nos empeñamos en entregarles el futuro.
Este artículo es una epopeya post.
Algunos nombres buenos
No son muchos. El nombre de la inmensa mayoría flota apenas en el recuerdo de quienes fueron alumnos y, al poco tiempo, la vida, los oficios, otros nombres más imperiosos, o más torvos, o prometedores, o trágicos, los arrancan de allí y los mandan al sumidero de la memoria. Solo unos pocos de esos nombres han quedado consignados en las páginas de un libro y así se han salvado del olvido y han llegado hasta nosotros. Hay muchos más, pero aquí va una lista con algunos de esos nombres buenos.
Louis Germain, por ejemplo. No tiene entrada en Wikipedia. No existe bibliografía interesante sobre su persona. Es un profesor anodino de una escuela pública en la Argelia francesa. Un día de 1923 recibe como alumno a un niño anodino llamado Camus, Albert. Lo trata en clase y no tarda en sentir inclinación por él, así que comienza a darle clases gratuitas. Después, y contra la opinión de la familia Camus, que quería que el chico entrase a trabajar lo antes posible, lo propuso para una beca. En 1957, mucho tiempo después de la escuela, Albert Camus le escribe una carta. Lo acaban de llamar de la Academia sueca, y le sobran motivos para dirigirse a su viejo profesor:
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Muy buen artículo.
Gracias, humonegro. Poco reivindicamos la figura de lxs docentes, y son clave si queremos una sociedad futura mejor.
Saludos.
Acá en Chile tuvimos una docente insigne. Gabriela Mistral, poetisa y gran impulsora de los derechos de los niños. Ganó en su momento el Nobel de Literatura y, muchos años después, condecorada en el país con el premio nacional de literatura, en un vergonzoso ejercicio de pudor nacional.
Esa forma de actuar es ya clásica. De los gobiernos poco hay que esperar; de las y los docentes, mucho. Nos va la democracia en ello.
Saludos
Enhorabuena por el artículo. Soberbio. Plas, plas, plas.
Gracias, CarlosF. Que hayan atacado tanto a los docentes en los últimos meses y que amenacen con que en el futuro todo será digital es señal de que los necesitamos más que nunca.
Por cierto, es hora de que el relato lo escriban las y los docentes.
Saludos.
Las emociones que se experimentan en un aula, ante un grupo de alumnos, son lo que nos anima. No existe un oficio comparable a este, en el que años más tarde de haber ofrecido tu dedicación, puede pararte alguien por la calle y darte las gracias porque en muchas ocasiones, o tal vez una sola en un día inspirado, le animaste a profundizar en una idea o le inspiraste de alguna forma que tú tal vez no recuerdes. Pero él (o ella) sí. Y eso es lo que cuenta.
Gracias por el artículo.
Lo has descrito perfectamente. Por eso es tan terrible soportar este descrédito en el que nos vemos. Hay que recuperar el orgullo, y qquitarse de encima alguna de las idioteces que nos ponen encima los que definen la norma en la enseñanza. Saludos.
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Gran artículo. Se necesitan textos de esta profundidad para no olvidar que nuestro mundo se ha creado a través de reflexiones profundas y no con «garabatos» trazados por indocumentados que hablan (escriben) sobre cuestiones trascendentes como si de una tertulia ante una mesa jugando al dominó se tratara.
Un detalle que no he visto resaltado con suficiencia. La escuela tiene también otra labor que el mundo digital no podrá suplantar: la de socializar al ser humano. Relacionarse con sus iguales, trabajar en un proyecto común, aprender del que se tiene al lado, crear un mundo emocional con estas relaciones. Durante el confinamiento, fue una de las cuestiones que más echamos de menos: las relaciones personales dentro del aula. Ningún Kahoot, Classroom, Aules…, podrá nunca suplantarlo. Y el ser humano es un ser social, o dejará de ser humano.