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Vicenç Villatoro Lamolla (Tarrasa, Barcelona, 1957) es escritor, periodista y político. Un «hombre de paz», «europeísta», «diplomático»; «amigo de los judíos y de Israel»; «buen orador» y «contundente en sus declaraciones políticas»; alguien que «ha ocupado diversos cargos de poder» sin «romper los platos o hacer enemigos públicos», lo cual, a su vez, apunta a una «pragmática no siempre celebrada». Las entrecomillas proceden de declaraciones que he tomado durante conversaciones mantenidas con personas que en algún momento de su vida han estado cerca de él.
Partidario del proceso soberanista de Cataluña, ha sido también el hombre de confianza a través del cual Jordi Pujol, presidente de la Generalitat de Cataluña de 1980 a 2003, rompió su silencio y pidió perdón por los errores que hubiera podido cometer, en un libro-entrevista. Como escritor, Villatoro tiene una obra extensa. Algunas de sus novelas le han reportado premios importantes de la literatura catalana. Ha publicado también obras de poesía, ensayos de actualidad, memorialística y narrativa infantil y juvenil. Es asimismo autor de letras de canciones y guiones cinematográficos y ha sido comisario de diversas exposiciones.
Mantenemos la entrevista en la cafetería de un hotel que da a la plaza y a la iglesia de San Felipe Neri, escenario en 1938 de un intenso bombardeo por parte de la aviación italiana, y que acabó con la vida de cuarenta y dos personas, la mayoría niños y niñas alumnos de la escuela adyacente a la iglesia. Cuando comenzamos la entrevista, sentimos el gozo acústico de la pluralidad y espontaneidad de nuevas voces y risas de los escolares que juegan en la plaza durante la pausa de media mañana. Cuando finalizamos la entrevista, lo que queda en el ambiente es la preocupación por el futuro de estas generaciones en un mundo lleno de turbulencias. Entrevistado y entrevistadora tenemos la conciencia de haber vivido un período de paz. Una «chiripa histórica» en palabras de Villatoro, que también desea a los que vendrán.
En tu obra se da una relación entre narrativa, historia personal e historia colectiva en la Cataluña contemporánea a través de la cual intentas encarnar tus preocupaciones y tu visión del mundo. Empecemos, pues, por la literatura para, poco a poco, dirigirnos hacia esa historia colectiva y traerla al presente. Puesto que la memoria es importante en tu proyecto intelectual, ¿cuál es tu primer recuerdo de infancia?
Eso de las primeras memorias es peligroso, porque no sabemos nunca si son ciertas o reconstruidas. Muchas veces son imágenes construidas a posteriori, son una suerte de «recuerdos Instagram». Diría que mis primeros recuerdos tienen lugar en los comedores de las dos casas de mis abuelos; sobre todo en uno de ellos, donde mi abuelo paterno hacía como de profesor o maestro no reglado. Pero cuando luego he vuelto a esa casa de él, todo lo que yo recordaba de ella no cabía en aquel espacio, era demasiado pequeño. Pero claro, la percepción infantil del espacio cambia. También recuerdo que en la casa de los otros abuelos mi madre cosía y tenía la ayuda de otras mujeres jóvenes que también cosían y que allí cantaban. Son recuerdos en los que yo soy meramente espectador, no son recuerdos de cosas que me pasan a mí, sino imágenes externas que tengo en relación con estas casas.
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Bravo por el cordobés Villatoro, de Terrassay su forma de pensar y comunicar. Interesante siempre refutar eso de que cualquier tiempo antenior fue mejor, muchos no tienen memoria. Sonre el procés, buena explicación sociológica, aunque ha faltado, según mi opinión, cargar algo más sobre la clase política catalana que lo orquestó. Unos políticos electos, responsables del poder más alto, no pueden ser «poco hábiles», deslegitima a todos los catalanes que los votaron. Palabras que definen un periodo.
Lamentable reflexion pseudo intelectual que esconde un supremacismo de disenyo. Nada indica de la herencia comun de todos los espanyoles y europeos, de lo que nos une, de la caspa que nos une y nos separa de Europa, de la necesidad de salir de ella gracias a Bruselas y a Paris, de Occidente, del Siglo de Oro, de la resistencia frente a Ramon Berenguer. Solo ruido obvio.
En general, buenas reflexiones de Villatoro, pero como las todos los independentistas razonables o no, contienen el sesgo de la mirada al ombligo. Dos consideraciones:
En Europa, desde 1905 solo ha habido una secesión (Noruega respecto a Suecia, votada en referéndum), que no haya ido asociada a colapsos de estados o a conflictos bélicos, cuando no a ambas cosas. La secesión pacífica es la excepción, no la norma. Incluso el referéndum escocés solo es entendible dado el peculiar sistema constitucional británico. La secesión no está contemplada en ningún estado europeo, en Alemania un partido llamado Derecha Monárquica Bávara, que propugnara la independencia de Baviera, no sería legal.
En Quebec nunca se ha celebrado un referéndum de secesión reconocido ni por el gobierno federal ni por el parlamento canadiense. Tras el segundo referéndum convocado por el gobierno de Quebec, que los independentistas perdieron por solo el 1,2% de los votos, el gobierno federal consultó al Tribunal Supremo si una eventual secesión de Quebec sería contraria a la Constitución o al Derecho internacional, y, en caso de contradicción entre el Derecho nacional y el internacional, cuál de los dos debería prevalecer.
El Supremo canadiense fue valiente y claro, dictaminó:
– Ni la Constitución ni al Derecho internacional conceden a Quebec el derecho a la secesión
– No obstante, si una mayoría clara responde afirmativamente a una pregunta clara sobre la voluntad de independizarse de Canadá, el gobierno federal y el gobierno de Quebec deben entablar negociaciones, de buena fe, para negociar los términos de la independencia
– El Parlamento canadiense tiene la facultad de establecer la pregunta sobre la independencia y la mayoría necesaria para lograrla
– En reciprocidad, en aquellos territorios de Quebec en que sus habitantes no respalden la independencia, éstos tienen el derecho a referéndums para seguir formando parte de Canadá
Los independentistas, huelga decirlo, nunca aceptaron este dictamen ni la posterior Ley de Claridad a la que dio lugar. Desde 1995 Quebec ha ido reduciendo su peso específico en Canadá. Montreal ha pasado de competir con Toronto por ser la primera ciudad canadiense, a ser la cuarta.
Quizá algún gobierno y TC español deberá un día coger el toro catalán por los cuernos y formular un dictamen similar, igual se desactivaba el independentismo por generaciones.