Ocio y Vicio Gastronomía

Grasa nacional: una cartografía del exceso

grasa nacional
Vieja friendo huevos, de Diego Velázquez.

Hay civilizaciones que se definen por sus templos, otras por sus ejércitos, algunas por sus tratados de filosofía, pero España —esa vasta cordillera, meseta, costa, páramo y valle de contradicciones— se reconoce sobre todo en la cantidad de grasa saturada que su aparato digestivo es capaz de metabolizar sin caer fulminado en la acera más próxima. No somos Atenas ni Esparta, pero podríamos sobrevivir a un invierno nuclear encerrados en una tasca de León, mientras no sea La Bicha, que llegada la hora puntualmente nos echan, y con razón. Cuando los informes de la OMS enumeran con preocupación las causas más comunes de la muerte evitable —hipertensión, hipercolesterolemia, arterioesclerosis, angina de pecho— aquí seguimos rellenando intestinos con otros intestinos, friendo en manteca lo ya cocido, y sirviendo en bandejas del tamaño de una lápida funeraria platos cuya receta se remonta, como mínimo, al Antiguo Testamento.

Y es que, por mucho que la posmodernidad insista en sustituir la comida por cápsulas, batidos de proteínas o menús deconstruidos con una lágrima de reducción de lentejas sobre una cáscara de aire, en lo profundo del alma celtibérica —esa que aún huele a pimentón, sofrito y misas de difuntos— late una verdad incontestable: comer mata, sí, pero no comer es todavía peor. No hay médico, nutricionista o influencer del TCA que pueda competir con la abuela que ha pasado la vida cocinando cosas que revientan la escala de Scoville, el índice glucémico y el código penal. Porque lo importante no es morir joven y bello, sino hacerlo con la barriga llena y el paladar llorando de emoción. Así que procedamos a recorrer este mapa de la demencia calórica regional, esta geografía de la gula como forma de identidad, esta orgía proteínica y sepulcral que convierte cada provincia española en un capítulo nuevo del Apocalipsis según San Gocho.

Entre las múltiples señales del apocalipsis, pocas resultan tan inequívocas como el botillo del Bierzo, esa unidad mínima de felicidad que consiste en un intestino de cerdo relleno con costilla y rabo (jaja), adobado con ajo y pimentón y fumigado con siglos de sabiduría rural. Un objeto que, aun antes de ser cocinado, ya huele a gloria y amenaza, y que en su forma final se presenta como un artefacto de destrucción masiva diseñado para inmovilizar al comensal durante horas, quizá días, mientras su cuerpo negocia con el colesterol, la plenitud gástrica y las visiones místicas. Que exista un Festival de Exaltación del Botillo no es casualidad sino justicia poética: si se puede celebrar la resurrección de un carpintero hace dos mil años, ¿cómo no vamos a rendir culto a este meteorito porcino que cada año cae sobre Bembibre con la fuerza de un evangelio embutido?

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10 comentarios

  1. Ha hecho Ud corto y nos hemos quedado con hambre.

    Greixonera dels darrers díes (Baleares). Manitas de cerdo y careta sepultadas en sobrasada y manteca, haciendo de ello unas cazuelas con las que se reconstruirían los desconchones de cualquier piscina.
    Los baleares, además, le dan mucho al cerdo en el interior de sus islas: los frits, la lengua, como ejemplos hipercolesterolémicos.

    El botillo mencionado recorre desde Lugo hasta Zamora y Portugal como si fuera un ejército, bajo denominaciones tales como botelo, boitelo etc. Se expande tanto como dé de sí el chiste de «¿hay huevos de meterle dentro X?»

    Sospecho que los gazpachos manchegos quedaron fuera de la lista por falta de espacio estomacal. Pero es una tarima flotante riquísima hecha con caza menor, mayor, T-Rex manchego y un sólido surgido de un pan-galleta que rechazaron los jefes de logística de Admundsen y Scott por incomestible.

    ¡Viva el trombo!

  2. José Ramón Vázquez

    ¡Fantástico! Sólo dos peros: el olvido imperdonable de las gachas manchegas de harina de almorta, aderezadas con tocino, chorizo y asaduras, y despachar a Galicia con una espléndida, pero sanísima, caldeirada cuando le haría más justicia un cocido gallego que es un homenaje a todo lo carnal. Por lo demás, que me vayan sirviendo todo por ese mismo orden.

  3. arroz al horno con huevo, de que? DE QUEEEEEEEE…!!!??

  4. La Bicha, el templo de Paco, primo carnal mío.
    Hombre educado, afable y respetuoso si tú también lo eres; si no te mandará a la mierda, con toda la razón .
    Lugar para comer la mejor morcilla del Universo.
    Un picadillo exquisito.
    El chorizo, extraordinario.
    Variedad justa de vinos, pero buenos.
    Imprescindible en León, que solo bien se lame.

    • Transmite mi respeto a tu primo de mi parte por servir la que es, en efecto, mejor morcilla del universo. Y con el mejor pan y mejor tostado. Pero bien es verdad que en La Bicha no vas a pasar un invierno nuclear porque cuando llega la hora de cerrar Paco cierra por sus santos cojones, como debe ser, así fuere el fin del mundo.

      • Razón tienes también. Lastimosamente es un defecto que tienen los que trabajan donde los demás se divierten…!! Hosteleros, aristas, ginecólogos…

  5. Pingback: Un recorrido por la grasa saturada de la gastronomía española - Hemeroteca KillBait

  6. Maravilloso artículo, cómo me he reído. Al vivir en Canarias no he probado casi ninguno de los platos (excepto esa carne de cabra, acompañada de un carretilla de papas fritas y una pimienta verde estregada), pero sí que probé el cocido maragato en León y salimos mal del restaurante, el atracón fue brutal. Casi tenemos que llevar a uno a urgencias. Aún así he salivado con todas y cada una de las descripciones de los platos.

  7. ¡Magnífico artículo! Me he reído y dado hambre, a la vez.

  8. Carpurianoasdingo

    Por escasa vez en medios españoles, gracias por diferenciar las dos regiones que componen la triste y malhadada Castilla Y León.
    de verás q agradecemos tus alusiones a la siempre atractiva Castilla (parte de La Vieja) y por otro lado tus alusiones a las tierras leoneses (Región Leonesa/ Reino de León)
    un slaudo

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