
Los palestinos no se van a ningún lado — no tienen a dónde ir.
Los judíos israelíes tampoco se van a ningún lado — tampoco tienen a dónde ir.
No podemos convertirnos en una familia feliz, porque no lo somos.
Así que tenemos que dividir la casa en dos apartamentos más pequeños y aprender a decir «buenos días» en el pasillo todos los días. Eventualmente, quizá nos visitemos para tomar una taza de café.
(Amos Oz, escritor pacifista israelí)
En Alemania, quitando algunas (honrosas) excepciones que luego se abordarán, nadie parece enterarse de nada. La clase política, la primera. Y en eso todos están unidos por el cinismo, desde los conservadores de la CDU-CSU, que coquetean a veces con la ultraderecha, hasta los socialdemócratas del SPD, que incluso cambian la ley de nacionalidad. Un ejemplo de cómo afecta dicha normativa al día a día de las personas es el caso que analizamos en el artículo anterior: un hombre que nació en Siria, apátrida a causa de que los israelíes expulsaron a sus descendientes de su país en una de las incontables limpiezas étnicas perpetradas. La justicia denegó su solicitud de nacionalidad alemana por no reconocer a Israel, el país que se lo quitó todo. El precedente no deja de ser peligroso, y tiende a ir a peor. Algo es seguro: los abogados aconsejarán a sus clientes solicitantes de naturalización no mentar ruina; es decir, nada de hablar mal de Israel.
―Señor al-Khatib, por favor. No haga tonterías. Para que no le pongan problemas para obtener la nacionalidad, debe acatar el orden constitucional alemán. Un orden democrático y libre, pero no puede hablar mal de Israel porque, si lo hace, está vendido.
―Pero… ese orden democrático, ¿no incluye libertad de expresión? No entiendo. ¿Alemania es una democracia pluralista, pero yo no puedo decir lo que quiero sobre un país que me ha echado del mío contra el derecho internacional?
―Bueno, señor al-Khatib, eso es ―creo― un buen resumen y conclusión de lo que le he dicho, pero… sí. Por favor, no se meta con Israel, no frecuente mezquita donde haya gente que le pueda ocasionar problemas. Nada de antisemitismo.
―Pero, abogado, decir que Israel cometió limpieza étnica varias veces desde 1948 y que lo de ahora es un genocidio… eso no es antisemitismo. Yo no tengo nada contra los judíos, pero Israel… me parece a mí… que… y además hay gente en Israel que… no está de acuerdo. Y creo que en Alemania también.
―Ya, sí, pero son alemanes. Calladito más bonito ―interrumpe, cansado, el jurista―. Cuando sea alemán, haga lo que le dé la gana, pero, ahora, chitón.
―Pero hay islamofobia, y está aumentando. Yo tuve que salir corriendo el otro día en Berlín. El año pasado, sin ir más lejos, 644 ataques contra musulmanes… Y luego los Reichsbürger esos, que no reconocen Alemania y quieren el imperio otra vez y media Polonia, e intentaron hasta un golpe de Estado.
―Señor al-Khatib, por favor… Vamos a lo que vamos. Si le interesa el tema, pida una beca, estudie periodismo, yo qué sé… pero cuando sea alemán. Por favor, no se meta con Israel.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.





