Arte y Letras Literatura

Los falsificadores (9): Venganza y admiración, Borges y Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer, por Valeriano Bécquer, 1862.
Gustavo Adolfo Bécquer, por Valeriano Bécquer, 1862.

Con mucha pericia, Álvarez Barrientos hace una taxonomía de las falsificaciones. Aunque reconoce que hay tantos tipos de falsificación como falsificadores hay, muy bien pueden todas ellas agruparse en alguno de los siguientes tipos:

  1. Las que tienen como motivación la ganancia económica.
  2. Las literario-eruditas.
  3. Las políticas.
  4. Las religiosas.

Con frecuencia unas y otras colaborarán para el objetivo final: hacer pasar por verídico un documento inventado. Por lo tanto, es indispensable que medie el engaño, de donde sea imprudente meter en el saco de las falsificaciones otros juegos o herramientas de autor —como heterónimos, manuscritos encontrados o plagios—. «Política, religión, patriotismo, costumbres se ponen al servicio de la construcción de naciones e instituciones y resultan ser campos privilegiados de la práctica falsaria, así como motivaciones continuadas a lo largo del tiempo, sin olvidar otra esencial: el resentimiento de poetas, escritores, historiadores que no ven reconocidas sus propias obras y las lanzan al mundo bajo otros nombres o demuestran sus capacidades en la creación de falsos trabajos antiguos que todos admiran desconociendo la realidad. El falso como venganza no es un hecho desdeñable».

Es fácil encontrar, según Barrientos, un caso notable en nuestras propias letras, aunque cabe añadir que puede también producirse la falsificación por motivos más nobles, sin que medie la venganza, sino la admiración y el homenaje. Ya sé que es difícil conciliar la exigencia de un requisito como el engaño y la expresión de una admiración tan intensa que lleve al punto de producir una falsificación. Pero hay un caso, que yo sepa, en el que parece evidente que es así.

Si se enfrentan el caso de Fernando Iglesias Figueroa tejiendo rimas de Bécquer y consiguiendo que, durante décadas, se aceptasen como piezas del escaso corpus del poeta sevillano, y el caso de los invisibles muchachos de Mendoza que publicaron, poco después de que muriera Borges, unos cuantos sonetos inéditos —que solo tenían el defecto de no haber sido escritos por Borges, aunque todos ellos debieran figurar en cualquier antología poética del argentino—, podrá observarse la distancia que va de la venganza (si es verdad que a Iglesias le movía un afán de venganza, que no lo tengo tan claro como Barrientos) a la admiración.

La historia trascendió, y se complicó, por El olvido que seremos, un libro emocionante de Héctor Abad Faciolince, cuyo padre fue asesinado el mismo día que, en una radio, leyó un soneto de Borges que no aparece en su Poesía completa. El soneto formaba parte de un cuaderno publicado por unos muchachos en Mendoza, poco después de la muerte en Ginebra del poeta. Al parecer, estuvieron una tarde con Borges y consiguieron copias de esos sonetos últimos, todos ellos espléndidos. Al parecer, los originales se perdieron. La historia teje toda una trama que invita a pensar que, en realidad, son imitaciones, textos apócrifos tan exquisitamente compuestos que ningún borgiano se negaría a reconocer la mano del maestro en ellos. Aun considerándolos imitaciones, son, por encima de esa condición, poemas memorables. De hecho, un poeta colombiano, Harald Alvarado —bastante buen prosista, por las cosas suyas a las que he logrado asomarme—, se colgó la medalla de haberlos escrito después de que Faciolince publicara su libro.

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8 comentarios

  1. Muy interesante, como toda la serie. Por favor, ¿alguien podría indicar dónde pueden leerse esos sonetos tan espléndidos y borgianos, pero falsos?

    • El soneto que el padre de Héctor Abad Faciolince llevaba en la cartera cuando fue asesinado:

      Aquí. Hoy

      Ya somos el olvido que seremos.
      El polvo elemental que nos ignora
      y que fue el rojo Adán y que es ahora
      todos los hombres, y que no veremos.

      Ya somos en la tumba las dos fechas
      del principio y el término. La caja,
      la obscena corrupción y la mortaja,
      los triunfos de la muerte, y las endechas.

      No soy el insensato que se aferra
      al mágico sonido de su nombre.
      Pienso con esperanza en aquel hombre

      que no sabrá que fui sobre la tierra.
      Bajo el indiferente azul del cielo,
      esta meditación es un consuelo.

      Para mí es imposible que no sea de Borges.

      • De parte mía, gracias, Pablo; comparto tu certeza. Es una belleza. Ya que estamos y aprovechando de tu disponibilidad me gustaria saber algo más de un poema falsamente atribuído a él que no pude archivar. Habla de sí mismo, de que podría haber sidor más valiente, de vivir más sin tantos temores, de no salir siempre con paraguas etc etc. Te agradezco de antemano.

        • ¿Edte?

          Poema atribuido a Borges, pero cuyo real autor sería Don Herold o Nadine Stair.

          «Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
          en la próxima trataría de cometer más errores.
          No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
          Sería más tonto de lo que he sido,
          de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
          Sería menos higiénico.
          Correría más riesgos,
          haría más viajes,
          contemplaría más atardeceres,
          subiría más montañas, nadaría más ríos.
          Iría a más lugares adonde nunca he ido,
          comería más helados y menos habas,
          tendría más problemas reales y menos imaginarios.

          Yo fui una de esas personas que vivió sensata
          y prolíficamente cada minuto de su vida;
          claro que tuve momentos de alegría.
          Pero si pudiera volver atrás trataría
          de tener solamente buenos momentos.

          Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
          sólo de momentos; no te pierdas el ahora.

          Yo era uno de esos que nunca
          iban a ninguna parte sin un termómetro,
          una bolsa de agua caliente,
          un paraguas y un paracaídas;
          si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.

          Si pudiera volver a vivir
          comenzaría a andar descalzo a principios
          de la primavera
          y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
          Daría más vueltas en calesita,
          contemplaría más amaneceres,
          y jugaría con más niños,
          si tuviera otra vez vida por delante.

          Pero ya ven, tengo 85 años…
          y sé que me estoy muriendo.»

          Para mí, es imposible que este poema sea de Borges. Y quien lo escribió conocía mal a Borges en general y su poesía en particular.

          • ¿Este?

            • Sí, exactamente este. Tantas gracias. No soy ducho en técnicas o armado de escrituras, poéticas o en prosa, pero recuerdo que cuando lo leí por primera vez, lo que me chirriaba fue la diferencia, la flojera diría del ritmo, las palabras elegidas y del ambiente en el cual te sumergía. Desde el inicio te introducía en la vida real, cosa extraña en este genial escritor alucinado. Como curiosidad literaria merece un lugarcito. Gracias al autor del artículo y a los comentarios.

          • Totalmente de acuerdo. Este es flojísimo. Pensar que Borges mencionaría toda esa colección de naderías es algo que no resiste el menor análisis.

  2. Si fuera Borges alucinado por la escritura y no el hombre que soy fascinado por la lectura, otra habría sido la aventura que hallé de frente a los múltiples senderos para volver a Itaca, no por Penélope y su telar infinito, ni por mi muchacho, mi can ciego y mi fiel porquerizo, ni siquiera por venganza, solo por mi ínfimo pedazo de tierra pedregosa, ventosa, ruda y sin gracia, solo por ella que pergueñaba ya todo lo que estaba por venir, un ir y volver al sueño de la guerra, del viaje y de la paz, un cabal laberinto de letras sin esperanza. Si fuera Borges, pero nada. Solo me queda el consuelo de la escritura semejante a Itaca. Este Borges tira.

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