
Hubo un tiempo, mucho antes de que delegáramos nuestra inteligencia en el silicio y los algoritmos de Mountain View, en el que el saber no se almacenaba en la nube, sino en el músculo estriado de la memoria. En su Fedro, Platón —ese cronista implacable de la decadencia del logos— nos regala una fábula que hoy, en plena resaca digital de 2026, suena a profecía cumplida: el mito de Theuth.
La escena tiene lugar en la mística Naucratis, en Egipto. Allí, el dios Theuth, un inventor inquieto y algo engreído —el Elon Musk de la Antigüedad—, se presenta ante el rey Thamus con su última gran disrupción: la escritura. «Aquí tienes, majestad», viene a decir Theuth, «el remedio definitivo contra el olvido. Las letras harán a los egipcios más sabios y memoriosos». Es el pitch perfecto. La promesa de la conectividad total y el acceso infinito a la información.
Pero Thamus, que no se deja deslumbrar por el brillo de la novedad, le asesta un hachazo dialéctico que todavía resuena en las facultades de Filosofía. El rey le advierte que ha inventado justo lo contrario de lo que pregona. La escritura no es un bálsamo para la memoria, sino una prótesis para el olvido. Al confiar el saber a caracteres externos, ajenos al alma, el ser humano dejará de ejercitar su propia capacidad de recordar.
Lo que Platón denuncia a través de Thamus es el nacimiento de la falsa sabiduría. El lector, rodeado de rollos de papiro (o de pestañas abiertas en el navegador o de respuestas generadas en un chat de IA), devora datos sin procesarlos, creyéndose sabio cuando solo es un acumulador de ecos. Es la diferencia entre el conocimiento que se posee y la información que meramente se consulta.
El problema del texto —y aquí Platón se pone punzante— es su mutismo. Un libro es como una pintura: parece vivo, pero si le preguntas algo, calla con una solemnidad irritante. El texto no sabe a quién debe hablar y a quién no; no puede defenderse cuando se le malinterpreta. Necesita a su «padre», el autor, para que lo rescate.
En este 2026, donde hemos externalizado hasta nuestra capacidad de orientación en un GPS, el mito de Theuth nos mira al espejo. La escritura fue el primer paso hacia una humanidad que sabe menos de lo que cree saber, una civilización que ha confundido el archivo con el pensamiento. Thamus tenía razón: la tecnología nos da la apariencia de sabios, pero a menudo nos deja solos, con la mente vacía y la biblioteca llena.
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Excelente.
Muchas cosas.
-En lingüística al analizar la comunicación me suena que hay un concepto que me parece muy sugerente aquí. Ruido. Impide o dificulta la comunicación. Las expresiones seudo-lingüísticas de la IA hoy aportan ruido en muy buena medida. Perturban la comunicación. En la apariencia de mensaje humano se nos cuelan cosas sin sentido con apariencia de tenerlo. Como con la “neo-fotografía” que de la fotografía solo tiene la apariencia. Será útil, divertido, pero para otra cosa diferente que reflejar la huella de la realidad o trasmitir infinitos mensajes a partir de un manojo de fonemas.
-Heidegger de quien parece que la autora recibe inspiración recurre a una escritura oscura, que fascina a Marías para lograr una atención especial ante el texto. El texto es vivo, aprecio ironía, y los significados se adquieren en un camino donde el paisaje cambia y da diferente luz a las palabras viejas en cada lugar.
-La escritura es importante para muchas cosas, por ejemplo para que los nietos de la autora coman los pasteles que hacía su abuela.
Para saber qué pasaba por la cabeza de Machado cuando llegó a Collioure. Para que el recluta escriba a su familia.
-El conocimiento se puede trasmitir sin escritura pero la humanidad utiliza la escritura desde antiguo para esos fines, por ejemplo. Los signos lingüísticos plasmados en un soporte para llegar a coetáneos o posteridad. Y eso la hace más «poderosa», a la humanidad, en muchos aspectos. ¿Por qué renunciar a ello, me refiero a la humanidad, no a Sócrates, si no hay nada malo en ello? Que una pluralidad de personas usen la escritura para intentar que sus palabras lleguen más lejos. Es como no querer usar la rueda que a lo mejor es una postura inteligente y beneficiosa para algunas personas pero que no será la admitida por todos, por el todo. O el avión. Etc.
-Escribir no es solo informar, pero también. La parte informativa de la escritura, de los registros humanos, es procesable y da otra capacidad a la mente humana. No solo sumo sino que multiplico en un segundo con mi calculadora Casio a pilas venida de Canarias que son mucho más baratas. O escribo mi quinta novela corrigiendo sobre la marcha sin esfuerzo.
-El camino del procesamiento de la información, de lo escrito, nos lleva a la IA que no es diferente a la hoja de cálculo y nos permite simular una novela, una película o sanar simulando infinidad de pruebas o vulnerar los ordenadores reventando las contraseñas, dibujar figuras en el cielo con drones muy perfectos.
Nos aleja del suelo que pisamos? Sí. Cuando lo usamos. Como un coche lo hace también. Te compras un coche y cualquier excusa es buena para usarlo, en vez de pasear, que oyes cantar a los pájaros y te llega el olor de la hierba mojada. Pero visitas a tu hijo de Erasmus, joé, cómo se lo monta el chaval en Paris.
-El problema es que la IA irrumpe en nuestra vida sin permiso. Es una herramienta que a este paso nos van a coser a las pelotas, en el caso de los varones. Este extremo tan espantoso a que hemos llegado creo que es una dación de sentido a que hemos llegado, que se solía decir. Un caer en la cuenta. No sin dolor. Descubrimos de pronto el horror a que nos puede llevar ir en coche al gimnasio o hacer un simulacro de canción a golpe de ratón. Pero tambien que los pájaros nos pueden decir que todo está bien, por ejemplo. Que no sé qué hacen cantando a las dos de la mañana, salvo que hay una sobre-iluminación del demonio.
-La IA se alimenta de cuanta información puede, es voraz, hasta nuestra privacidad sirve para lograr cosas antes impensables y hacer al ser humano a la manera…que deciden sus dueños, que son cuatro frikis en pos de la torre de Babel; darnos cuenta de ello y chapotear en los charcos tras estrellar otro móvil contra una esquina es todo uno. La realidad, la vida, la tierra, los charcos, tienen mucho que contarnos. A pelo. Efectivamente. Estoy de acuerdo. E igualmente sorprendido.
Una IA humana (del pueblo) está a la vuelta de la esquina? Creo de que sí.
bueno, el autor, no la autora quería decir
Estas excelentes reflexiones me desorientan, y no poco, no obstante sean un crítica feroz (y necesaria) a esta realidad tecnológica que no es la solución que se esperaba de la ciencia; comenzando con la posibilidad de volver a leerlas pues la memoria no es suficiente. Creo entender que el autor se avala de una realidad dialecta que privilegia el pensar (la imagen de aquellos “peripatéticos” que caminaban mientras pensaban y dialogaban me ha quedado para siempre) para evidenciar la unicidad de esa maravillosa posibilidad que nos distingue y hasta ahora misteriosa en su constitución: el pensar, posibilidad que la IA no podrá tener jamás, pues sus puntos de referencia para armar el entramado de un pensar, no obstante sean innumerables serán siempre finitos, todo lo contrario a nuestro cerebro, que cuando no los tiene los “inventa” de la nada si así se puede decir. Personalmente “pienso” que hubo reflexiones –especialmente en el mundo filosófico antiguo- que habría que tomarlas “con pinzas”, como la posible toxicidad de la escritura en cuestión, pues tiene un tufillo a producto de una secta de privilegiados. Era otra época, otra realidad social, otros hombres (no mujeres dicho sea de paso). Y para colmo ese don, el de la escritura, con origen en el Egipto de los faraones, en donde la escritura fue fascinante. No hubo sociedades humanas que no hayan tenido o intentado la escritura. Aun me causa una pena infinita ver esas rudimentales rayas, figuras geométricas, seres y animales que parecen hechos por niños inquietos tratando de comunicar, hace doscientos mil años. La afirmación de Aristóteles de que las mujeres son hombres hechos a mitad me causan pena y alegría al mismo tiempo, no así esa reflexión sobre la “distracción”. Es un pasaje en donde, evidentemente hace una distinción clara (y clasista, como de casta) entre el pensar y el distraerse, y siendo yo uno que se distrae muy a menudo -peculiaridad que no podrá tener jamás la IA-, la tome casi como una ofensa personal. “… no como aquellos que se distraen con solo ver volar una mosca..” dice más o menos. PD: Esto de poder pensar y escribir es maravilloso. Gracias, tantas, por la lectura.
Qué craso error pensar que pensar es explicable, verificable, reproducible, y lo hace una maquinilla en nuestro organismo; no es baladí, porque se empeñan en que lo sea, explicable, verificable, etc. con funestas consecuencias ¡Cómo que no sabemos cómo funciona el pensar!! Es problema de financiación. Estoy muy de acuerdo con usted, caballero. Y qué extendido el error, yo hasta diría que no hay nadie que no lo haya pensado alguna vez, que hay una glándula o un trozo de cuerpo, el cerebro, que sirve para pensar, el cerebro es una máquina!! Como un motor, no, que es muy básico, mejor una computadora; y si con un pentium 400 no alcanzamos a entender qué cosa es pensar, pues nos inventamos un ordenador con materiales muy raros y diseño muy sofisticado y con todos los datos que podamos, que son todos los datos, como el mapa tamaño natural de Jorge Luis el de las nueces, para entender el funcionamiento del cerebro, donde, según todos los indicios, está el alma, la mente, el pensar y más cosas que no pesan ni chirrían con la edad. En la biblioteca de mi pueblo hay un libro aún no expurgado por nadie del gran Punset, el de la UCD, que desde el título lo proclama: el alma está en el cerebro, al menos no se inventó el prócer y divulgador una glándula pineal. El cerebro es una glándula, lo sé de buena tinta, me lo ha dicho un neurólogo colega que tengo, no sé si está en los manuales tal aseveración, pero no es otra cosa que una glándula, qué chocante, pero no la pineal de Descartes que me da que todavía la están buscando, no la de don Renée, como el cráneo de Cervantes, que habrá ya devenido malva, la glándula, no por el color, se habrá fundido en la tierra, hasta florecer malvas, pongo por caso siguiendo la locución, caso de que hubiera existido tamaña cosa. No, me refiero, y no a otra cosa, que a ese lugar físicor donde nuestro ordenador humano realiza la operación de pensar. Y que el fundador de la matemática moderna quiso radicar en una glándula con esa denominación. Encuéntrenmen rastro físico del acto de sumar. De imaginar el pecho de una niña, una vulva lacerada por el tumor, o por poner un caso un amanecer en el lejano, y tan lejano. De la deducción o de la inducción. Misterio, ese aserto es brisa, oiga, señora mía. Brisa para mi vela.
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Gracias Sr. Contreras!