Arte y Letras Historia Sociedad

Contra-contracultura

hippies

Años 60, familia americana: la rubia madre cocina hombrecillos de jengibre, papá se come la tostada de camino al coche con el maletín bajo el brazo, nene menor pide que le quiten la corteza al pan de molde y afirma vehemente que algún día será astronauta, nene mayor atraviesa la cocina cual suspiro diciendo que no tiene tiempo mientras hace girar un melón de cuero pensando en magrear a Ashley Swinton bajo las gradas. Todo va sobre ruedas en la América post-fordista. John Kennedy se postula como joven y rutilante presidente para una nación con la conciencia tan limpia como su sonrisa. En el sur, en las profundidades del cornbelt miles de granjeros afanosos preparan la cosecha que servirá para alimentar a las familias del país más poderoso del mundo, todo dinamismo y corrección, todavía apegado a los ideales puritanos que alimentan el ciclo de producción y reproducción que hace resollar la maquinaria del capitalismo.

Pero poco a poco el personal se percata de que algo raro pasa, algo chungo. Se ven por las calles a gente con pintas extrañas: ponchos mexicanos, camisas estampadas con flores y descoloridas, el pelo les llega hasta la cintura y pasan de la depilación.

Algo que venía a añadirse a una década que no dejaba de deparar sorpresas:

En Greensboro, Carolina del Norte, cuatro estudiantes negros ocupan «barra de los blancos» en una cafetería armando un escándalo que se reproduciría en otros lugares. Estudiantes de todo el país imitan el gesto. Cinco años antes Rosa Parks rechazaba permanecer de pie en un autobús atestado y ocupa un asiento reservado a los blancos. JB Lenoir añade su hermosa voz al gentío y el chasquido de las armas amartilladas por los panteras negras.

Un desaliñado Allen Ginsberg recita en público El Aullido. En 1969 se celebra Woodstock. Jimmi Hendrix arranca el himno a su guitarra eléctrica.

Lee Harvey Oswald o un tirador anónimo le vuela la cabeza a la década. Zapruder lo graba.

Lyndon Johnson hace una enmienda a la política exterior de John F. Kennedy y los Estados unidos invaden Vietnam.

Tal y como lo cuentan las crónicas oficiales y tal y como aparece reflejada en el imaginario popular los 60 fueron una década convulsa, cuyo rupturismo no habría de limitarse a un puñado de innovaciones en el mundo de la moda y a la aparición de la música psicodélica y los hippies, sino que entró en los hogares y el congreso americanos de la mano del movimiento por los derechos civiles, el feminismo, los ecologistas y la revolución sexual. El hasta entonces opulento pero puritano American way of life había permanecido anclado en la repetición de biografías y en la obediencia a las directrices paternas, de la escuela a la tumba pasando por el trabajo y la sala de partos. La irrupción de la contracultura vino a cambiar esto, dicen, introduciendo una bocanada de aire fresco que repercutiría en las costumbres de la sociedad yankee y, por extensión, en la de todo el hemisferio occidental. Beatniks y hippies recurrieron a los símbolos y creencias orientales como una forma de hacer patente su descontento con la manera en que estaba montado el tinglado practicando yoga, haciéndose budistas o buscando una revelación mística en el yagé y los libros de Carlos Castaneda. Hedonismo, autorrealización, liberalismo sexual y una renuncia a la herencia de los fundadores de la nación que le cambiarían la cara.

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17 comentarios

  1. Gran artículo. Pero, por favor, descartemos para siempre la expresión «aceptamos pulpo como blablabla…»

  2. Es rarísimo (o no) que Bernays, un personaje fundamental para entender el mundo en que vivimos sea un completo desconocido para la inmensa mayoría de la gente.

  3. Me ha recordado a Mad Men

    Don Draper hangs with the Beats
    http://www.youtube.com/watch?v=2R8o3OrhxNI

  4. Pablo Sabucedo

    Que se haya banalizado el mensaje de la contracultura (aunque, para muchos, fue banalizado desde su mismo comienzo, como bien dices) y que el consumismo lo haya convertido en una broma barata no le quita fuerza, verdad ni significado al mensaje original.

    Como camino individualista sigue siendo igual de viable, y como camino social (a nivel colectivo) es, cada vez, más necesario. Es suficiente con ver a lo que nos ha llevado la exacerbacion del consumismo: un aumento constante de la instatisfación, la depresión y la ansiedad. Y a Luis Racionero me remito, en lo que al underground se refiere.

    Por lo demás, me ha gustado mucho el artículo.

  5. Muy interesante en general el artículo pero me da, no sé, como un tufillo a qué escribe «de oídas». El que vivió estos años y estas secuencias de cambios culturales en primera persona ,con cierta dosis de protagonismo, no puede estar de acuerdo con las conclusiones. La revolución cultural existió y de ella nos seguimos sirviendo cincuenta años más tarde. La realidad , la ideología y la forma de vida de, pongamos por ejemplo , una mujer de cincuenta años es hoy en día radicalmente distinta a la de su progenitora y se lo debemos, sobre todo , a la revolución cultural de los sesenta.

  6. Pingback: Contra-contracultura

  7. «la manera de cambiar el mundo es pasárselo de puta madre»

    …pués mire usted… media hora de agotadora lectura para llegar a la última frase y encontrarme con esto!

    …vale, campeón!

  8. Aquí tenéis verdadera contracultura (y los protagonistas del artículo al fondo):

    http://i.imgur.com/TcuZs.jpg

  9. Se escribe beatnik (que viene de beat+sputnik)

  10. Editado.

    Gracias, Alberto.

  11. Excelente artículo, aunque viendo algunos comentarios creo que quizá no queda claro si se está intentando exponer que la contracultura es estúpida o insuficiente, o por el contrario, como creo, se trata de hacer comprender que el capitalismo occidental es duradero porque transforma todo aquello que lo ataca en su mejor aliado: Coge al Che, a los Beattles o a Hendrix, los pone en camisetas y te las vende a 30 €… Coge a Keruac y te hace un anuncio de BMW, y así un largo etc … y tu, que vas de alternativo pringao, vas y compras convencido de que parecer es ser.

    La estética está controlada por la intención lucrativa, y la contracultura efectiva es la silenciosa, la que no demuestra nada ni es explicita, lo cual tiene de malo que hace de su transmisión y expansión una cuestión difícil, cuya única manera es la educación. En el momento que cualquier intención de contracultura se apoya o refleja en una estética es ya parte del sistema contra el que lucha. Ninguna moda, movimiento guay, o mierda que salga por la tele será nunca contracultura. Contracultura es ese tío gris que ves por el parque y no sabes de que palo va…

  12. Entre lo mejor del artículo está la mención a los beatniks, un factor crucial en el devenir del jipismo que se suele pasar por alto y que, por cierto, también tuvo un gran impacto en el mainstream aunque, de igual modo que con el jipismo, fuera principalmente a través de la parodia y la exploitation -la beatnik o la jipi como objeto de deseo del macho square. Echo en falta, sin embargo, un mayor énfasis en el asesinato de Kennedy (trauma nacional que fue el detonante del viaje en autobús de Kesey y sus bromistas) y en el marco general, con la Guerra Fría y la amenaza de aniquilación nuclear como elementos determinantes de aquel desparrame químico-sexual, y esto sí que es algo que, no es que se pase por alto, sino que uno diría que se suele omitir deliberadamente. Habrá que recordar que Kesey (again) probó el LSD como conejillo de Indias de MK-Ultra y que, mucho antes de la explosión psicodélica, los militares estadounidenses llevaban 20 años experimentando con drogas en sujetos no avisados, lo que ha dado pie a no pocos delirios conspiranoicos (como las payasadas larouchianas de Daniel Estulin)

  13. Yuan Mavel

    Relacionado: «Los Beatles llegaron a Estados Unidos en febrero de 1964, cuando el movimiento a favor de los derechos civiles estaba en su apogeo. El país se encontraba sumido en un profundo trauma nacional y se reponía del brutal asesinato del presidente John F. Kennedy […] en las calles de la capital el movimiento por los derechos civiles, dirigido por el doctor Martin Luther King, convocaba a una manifestación a la que asistieron más de medio millón de personas.» http://www.jornada.unam.mx/cobertura/reflexiones/index.php?section=reflexiones&sub=historico&article=20100818_025a1mun

  14. Buenas a todos. En primer lugar debo decir que el artículo me ha gustado, sinceramente. Está bien escrito, tiene ritmo, e intenta explicar ésta nebulosa llamada «contracultura» desde varios frentes (políticos, sociales, culturales etc). Ahora bien, me veo en la necesidad de hacer un par de aclaraciones:

    1- Se redunda en el error de asociar el término «contracultura» exclusivamente a los hippies. La contracultura era un abanico inmenso en el que encontramos a grupos y partidos de la Nueva Izquierda norteamericana, sesudos analistas marxistas cuya único objetivo era derrocar al sistema; beatniks tardíos todavía metidos en la cultura de la yerba, el jazz y el spoken words; grupos alocados de carácter anarquista (que odiaban a los hippies) como The Diggers; también encontramos a hippies politizados al final de la década («freeks», cuyo término, derivado del término free no significa más que «loco de la libertad») que forman partidos como White Panters y Yippies; también tenemos la propia contracultura negra que se enraiza politicamente en los Black Panters y que estaba directamente influenciada por la China de Mao; los movimientos por los derechos civiles, que no tenían que ser necesariamente antisistema ni psicodélicos; las comunidades y la cultura derivadas de las investigaciones psicodélicas de Timothy Leary y las locuras de Ken Kessey; la contracultura «costa este» protagonizada por Andy Warhol y la Velvet Underground; los opositores «activos» a la Guerra de Vietnam»; las feministas; los ecologistas; los comunalistas etc.

    Como vereis, resumir todo éste listado (seguro que me dejo unos cuantos más en el tintero) al reduccionista término «contracultura» o asociarlo directamente con «hippies» es un error de base.

    2- Al leer el artículo da la impresión de que la «contracultura» fue un pasatiempo de los muchachos de la clase media norteamericana y que fue un poco inocuo. Acepto que hacer levitar el Pentágono podía verse como una pequeña payasada, pero creo que es uno de los mejores ejemplos de cómo ésta generación veía el mundo y se enfrentaba de frente a la visión que de éste habían creado sus mayores. Hay que tener valor para dar ese paso mental. Relacionado con éste factor, la contracultura puso los pelos de punta al gobierno norteamericano durante unos cuantos años. Decir que la contracultura fue vencida por la publicidad (que también es verdad) es mostrar solo una parte del cuadro. Grupos terroristas de izquierda radical como los Weatherman atentaron y fueron un auténtico problema para el gobierno. La policía acosó a las comunidades de Haight Hasbury introduciendo agentes secretos, alterando el LSD, y suministrandoles heroína (semilla de destrucción durante estos años); metieron en la cárcel a Jhon Sinclair (líder de los White Panters entre otros partidos); acosaron de igual manera a Ken Kessey, a Abbie Hoffman y un largo etc.

    Con ésto quiero decir que es una reducción muy peligrosa afirmar que todo fue sexo libre, drogas psicodélicas y orientalismo. La «contracultura» fue eminentemente revolucionaria, estaba destinada a cambiar los EEUU y por eso fue destruida.

    Saludos

  15. Kennedy, abrió la guera americana de Vietnam

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