
Hoy quiero hablar de poetas que me parecen más poetas todavía cuando reflexionan sobre la poesía y la vida en sus contadas incursiones en la prosa; de novelistas cuyos párrafos más felices suenan a poesía; y de poetas-novelistas que hacen de su prosa, a mi entender, parte de su mejor obra poética. No puedo garantizar que no salgamos de este embrollo con las ideas más confusas que ahora mismo, en el inicio. Pero eso sí, el que avisa no es traidor.
Lo que singulariza a estos autores, según mi criterio de lectora, es su capacidad para hacer del lenguaje, en primer lugar, lenguaje, y no otra cosa; para hacernos caer en la cuenta de que las palabras tienen peso, volumen, sonido. Y solo cuando esa delicada operación se ha realizado con éxito, esto es, cuando en lugar de invitarnos a pasar fugazmente por las palabras como si fueran transparentes, nos obligan a detenernos un rato largo sobre ellas, solo entonces detona el pensamiento que contienen con un vigor inesperado que se nos antoja nuevo y antiguo a la vez. Sostenemos entonces las palabras en el cuenco de las manos como quien acabara de descubrir un tesoro y lo mantiene así, tembloroso y precario, en medio de la nada.
De entre el primer grupo (poetas que también escriben poesía cuando escriben prosa, aun sin pretenderlo), existen ejemplos célebres y solemnemente tipificados, como el «la poesía es el diálogo del hombre, de un hombre con su tiempo» del Juan de Mairena de Machado. Pero hay en ese texto mucha más miga que apunta ya no solo a la poesía, sino a la propia expresión del pensamiento no evidente de la que es objeto la poesía: «Por debajo de lo que se piensa está lo que se cree, como si dijéramos en una copa más honda de nuestro espíritu».
Y ya que hablamos de recipientes, pues las imágenes de los mundos abstractos (o sutiles, siguiendo con Machado) necesitan concretarse en objetos cotidianos reconocibles, recordemos a Sophia de Mello, poeta portuguesa del siglo XX, amiga del mundo clásico y de las revoluciones sociales, que acompaña sus poemas con disquisiciones del tipo:
Miro al ánfora: cuando la llene de agua me dará de beber. Pero ahora ya me da de beber. Paz y alegría, deslumbramiento de estar en el mundo, reunión.
Sophia de Mello Breyner (1919-2004)
Sophia de Mello no escribe largos tratados de teoría literaria, sino breves introducciones en prosa a sus libros de poemas (véase su obra completa, publicada por Galaxia/Gutemberg) que son ejemplos de concentración de pensamiento y estallido de imágenes. Igual que en un poema.
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Exelente articulo, felicidades
Me ha gustado tu artículo y me gusta la concepción poética que alienta bajo tus palabras. Y, aunque creo que ha sido involuntaria, me he sonreído al leer tu paráfrasis del famoso verso de Claudio Rodríguez («Siempre la claridad viene del cielo»). Un saludo.
Gracias, Claudio Rodríguez es uno de los poetas que más leo, así que no me extraña.
Un saludo.
De hecho, a su manera, creo que Rodríguez es un ejemplo perfecto de la poética a la que te refieres. Su poesía concentra una esencialidad verbalizada con una llaneza (que no simpleza) ejemplar dentro de la poesía (así, a secas, nada de nacional o de la lengua española), y bien harían nuestros programadores de la enseñanza en incluir su lectura en los planes de estudio. Claro que precisamente son programadores y no educadores, mucho menos lectores de poesía, así que hablar de estas cosas está de más. En todo caso comparto contigo la recurrente lectura de este gran poeta.
Siguiendo con poetas-saturadores de copas, este poema de Gamoneda, con un contenido tan sencillo como, a mi juicio, acertado:
Cantidades de tiempo
sitúan cantidades
de sonido. Escucho
más allá de la muerte.
La música se alza
de un pozo de silencio;
es labranza del aire
en tímpanos de fuego
y ha entrado en mí. Ahora es
música mi pensamiento.
PD: No conocía tu figura ni tu poesía, pero con este artículo ya lo he hecho. Seguiré con atención lo que escribas. Un saludo.
Pingback: 14/11/13 – Poesía, lenguaje, pensamiento, poetas y no poetas | La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real
Eres profe, ¿verdad? Y a lo mejor también poeta. Hay ahí afuera -o ahí adentro- un mundo que compartimos.
Saludos.
¿Lo dices por mí? De ser así, aunque halagado por leerlo de alguien que sí es ambas cosas, debo lamentar el error: a día de hoy, profesor y poeta son sólo deseos para mí, estudiante de filología. Y del montón, me temo. A no ser, claro, que leer y pasear convirtieran a Machado en poeta.
En todo caso se agradece encontrar referentes en el panorama actual, pues toda sintonía poética supone un estímulo y un aporte de ánimos incomparable. La comunidad de lectores de poesía es reducida, pero con internet se puede mantener un poquito más comunicada. Desterrado, eso sí, todo elitismo: «ver lo que TODOS pueden ver, pero nadie ve», en deficiente cita de Valéry (las mayúsculas son mías). Un saludo.
Siempre es un gusto saber que haya afuera sigue habiendo personas que son capaces de usar las palabras mas allá de la cotidianidad, persona que son capaces de transmitir mas que una expresión surgida de algún sentimiento, capaces de remontarnos a algún recuerdo a una sensación con este medio universal que son las palabras.
Excelente articulo.
Me encantó, considero que lo más dificil para la mayoria de la gente es comprender como bien describes, que las palabras tienen peso, volumen, sonido; solo cuando comprendemos la fuerza infinita de las pabras nuestro pensamiento es capaz de abrir la puerta al mundo tan maravilloso de la poesia. Saludos.
Considero que todos llevamos un poeta dentro por el simple hecho de que todos tenemos experiencias dignas de plasmarse sobre el papel pero a veces no encontramos la manera de expresar nuestro sentir, utilizar el lenguaje es complicado, pero al leer a los poetas nos damos cuenta que muchos de ellos plasman sentimientos similares a los nuestros, seria conveniente que todos aprendiéramos a usar el lenguaje escrito para dar a conocer nuestras ideas, también creo que al escribir debemos tener presente que nuestro escrito debe ser claro para las personas que nos leen, pensar en el otro y revisar si el mensaje es claro.
Muchas veces podemos pensar que escribir algo es difícil sin embargo considero que debemos atrevernos y al hacer esto nos iremos transformando lo único que necesitamos es comenzar y pesar que es posible hacer de lo cotidiano una fiesta de palabras.. todos podemos hacer poesía a través del lenguaje poesía de lo negro o lo blanco, pero para escribir debemos reflexionar y conseguir que nuestros escritos interesen al lector porque aunque suene extraño como lo dice el autor de este escrito algunas letras no nos dicen nada por su falta de contenido..
Atrevámonos a escribir nuestra realidad, nuestro sentir y nuestro pensar ya que es una manera de expresarnos y sentirnos vivos
Gracias por compartir los comentarios que realizas de cada escritor, envuelves la atención e invitas a la reflexiónampleando el conocimiento de los lectores e interesandose por dichas lecturas.
Gracias a todos por vuestros comentarios. Esto es tan sencillo como una conversación entre amigos: «he leído esto, me encantó, quiero contároslo por si también os apetece leerlo». En cuanto a lo que apuntas, Guadalupe, yo creo que leer es otra manera de escribir, son dos orillas de un mismo río. Y reconocer en otros aquello que tú necesitabas expresar pero no sabías cómo, es la mayor dicha que puede haber.
Salud.