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Anatomía de un libro

Anatomía de un libro (1)

I. Introducción

Lo que va a ocurrir a continuación es el ejemplo perfecto de cómo dispararse en el propio pie: confieso que no soporto los soportes de lectura digitales. Es muy inteligente soltar esto a bocajarro en un medio con cientos de páginas plantadas en el universo virtual y que incluso oferta una biblioteca de libros digitales. Pero es una afirmación que atestiguan horas de examinar como un pervertido galerías de bookshelf porn en busca del más mínimo indicio de photoshop y semanas de planificación estructural para apilar columnas de libros de manera que la existencia de vida a su alrededor sea posible sin demasiado riesgo. El romanticismo primitivo de la celulosa o el poco apetecible acto de no poder pasar una página física en un ebook y conformarse con contemplar la obra encerrada en marcos de silicio que mancillan las fuentes tipográficas, las maquetaciones y las medidas originales. La locura obsesiva de quien iguala la lectura en papel con la película en pantalla grande, y la contrapone a la pantalla fría y el screener con el sonido ambiente de una sala de cine donde se puede oír al pajillero de la sesión cantando los turnos.

Cierto que el lector digital tiene algunas ventajas, permite que los insufribles amigos de hacer notas al margen de las páginas no garabateen los manuscritos que heredaran otros, aunque al mismo tiempo crea el dudoso perfil de lector que se lo compra para ahorrar dineros al subirse al barco con la calavera con tibias por pajarita. Pero la existencia del libro físico tiene una razón de ser incuestionable: que las compañías productoras de e-books, ipads y similares engendros electrónicos dejen de talar árboles al buscar huecos donde levantar sus fábricas.

El auténtico encanto de la página tangible reside en esas ediciones esculpidas a partir de la reverencia por el formato palpable, en aquellos esfuerzos por ofrecer un producto físico de estructura inimitable en otro medio. Obras que tumban el cliché de juzgar un libro por su portada, que desafían al enclaustramiento en un puñado de bits. Que deberían estar en un museo.

Anatomía de un libro (4)

II. Epidermis: de portadas maravillosas

En el futuro de Farenheit 451 los libros son objetos prohibidos y los bomberos se encargan de convertir en cenizas las páginas. De los centenares de portadas de los que ha gozado (y gozará) el clásico de Ray Bradbury, la que diseñó Elizabeth Perez para The Austin Creative Department es probablemente la definitiva: en ella la última cifra del 451 titular se transformaba en una cerilla que el lector podía arrancar y encender utilizando el propio lomo del libro que venía convenientemente barnizado de fósforo a lo caja de cerillas, y ejecutando un ejercicio de adoración total por la novela al entregarla al fuego. Al mismo nivel de expandir la historia hasta conquistar la propia carátula tenemos la portada del 1984 de George Orwell en la edición de Penguin books, donde el autor y el nombre de la novela se encuentran censurados y solo se intuyen levemente a través de la ojeada detenida. Julio Verne es otro de los clásicos que también ha gozado de cirugía facial notable, pero de entre sus muchas reencarnaciones físicas —algunas con rostros deliciosos como la de esta edición brasileña, destacan las propuestas (no disponibles de manera comercial) ideadas por Jim Tierney para 20.000 leguas de viaje submarino, Viaje al centro de la tierra, La vuelta al mundo en ochenta días y De la tierra a la luna que convierten las cubiertas de los propios libros en océanos troquelados, relojes que giran escenarios, naves que despegan o capas de la tierra. Maravillas que le sirvieron a Tierney para entrar de cabeza a ilustrar cubiertas en Penguin books.

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22 comentarios

  1. Impecable artículo, pero yo hubiese puesto las portadas malas al principio, para no acabar con este atentado al buen gusto. :D

  2. Una corrección menor: el libro de Danielewski se llama ‘Only Revolutions’, no ‘Only The Revolution’.

    Destaco también otras dos obras recientes de impactante diseño, como ‘Tree of Codes’, de Safran Foer: http://www.visual-editions.com/our-books/tree-of-codes

    Y el reciente libro de J. J. Abrams (!) y Doug Dorst, ‘S’: http://www.buzzfeed.com/summeranne/peek-inside-jj-abrams-absurdly-beautiful-new-project

    Muy buen artículo, me ha encantado.

    Saludos.

  3. Es un poco injusto que en el apartado Monstruosidades pongas el ejemplo de la pintura de Hopper precisamente en un libro que habla de cómo entender la pintura moderna, que no cuele en el de Millás vale pero en uno sobre pintura está más que justificado.

    • Sí, lo mismo pensé yo, que en ese libro tiene un pase. Pero como sé cómo se trabaja en edición web me imagino cómo se debe trabajar en edición literaria: hay una colección de imágenes estándar de la que se tira siempre. ¿O es que no habría otras pinturas modernas para usar en esa portada?

  4. También habría podido tener cabida en este artículo la lamenteble portada de «Los viajes de Tuf» que hicieron hace un par de años, una novela 100% Ciencia Ficción, en la que trataban de engañar al lector incauto haciéndole entender que tenía algo que ver con «Juego de Tronos», más allá del hecho de compartir autor (os aseguro que en toda la novela no aparece ningún caballero andante): http://3.bp.blogspot.com/-11TfcnEaKLI/UZ3mHswGXJI/AAAAAAAAFUY/ndfyTW8vIPE/s1600/los-viajes-de-tuf.jpg

  5. Jesús Couto Fandiño

    Todo eso es muy bonito si y que cosas mas guapas.

    Yo me estoy pasando al e-book por la simple razón de que o es eso o no comprar mas libros, porque la de comprar una nave industrial para guardarlos me queda un poco fuera de presupuesto. Y mis mudanzas, que son mas frecuentes de lo que quisieran, son épicos movimientos de bosques completos que riete tu de los Ents en el Señor de los Anillos.

    Asi que tendré que renunciar a tales placeres de portadas y maquetaciones y quedarme con lo que puedo, que es el texto.

  6. Pingback: 20/12/13 – Anatomía de un libro | La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real

  7. Enhorabuena, Diego, un gran artículo. Imagino que podría ampliarse hasta el infinito, pero me gustaría apuntar un título más: ‘Tree of Codes’, una obra de Jonathan Safran Foer que, en lugar de juntar sus propias palabras, eligió «robarlas» de ‘La calle de los cocodrilos‘, su relato preferido. Como Manostijeras en jardín ajeno, se puso a podar y recortas frases enteras hasta crear su relato troquelado, inimaginable en formato digital
    http://despuesdelhipopotamo.com/2012/03/31/cocodrilos-troquelados/
    Un saludo cordial.

    • Safran Foer también jugó con la tipografía y los colores en «Extremely loud and incredibly close». Especialmente bonita es la parte en que uno de los personajes se está quedando sin papel y las palabras se van apiñando más y más hasta convertirse en ilegibles.

  8. Una preciosidad, pero cuando cada vez te sobra más mes al final del sueldo, cuando estos tipos te dejan a dos velas porque ya ni puedes pagar la luz, el único acceso qur te queda a la lectura es el lector electrónico, el cual amo y odio a la vez. Amor porque me permite seguir leyendo. Odio porque me recuerda el muy hijo de perra lo pobre que soy.
    Las bibliotecas públicas, créame, se han llenado de zombis que necesitan desesperadamente su trozo de celulosa, y no hay manera de pillar cosas decentes.

  9. Pingback: Portadas | Texto casi Diario

  10. Pingback: Mis lecturas de la semana (especial Enric González) | Barcelona era una fiesta

  11. Felicidades. Un texto perfecto para disfrutar de los libros. En cuanto a mi granito de arena, recuerdo haber visto la Odisea en inglés con el cartel de O Brother, were art Thou? Y qué se podría decir de las portadas Mondadori en italiano con colores verde, rosa o amarillo fosforito para que llamaran la atención (engendros tipo Valerio Massimo Mamfredi).

    Respecto a los libros electrónicos, una de sus mayores ventajas puede ser la de traducir una palabra concreta rápidamente (facilita leer en otras lenguas). De las desventajas, quizás lo peor sean los libros electrónicos que llevan mapas u otro elemento de consulta rápida.

  12. Pereza, pereza infinita con estos artículos de los nostálgicos. Aquí mi regalo de navidad:

    http://smellofbooks.com/

    Por cierto, patético eso del «perfil de lector que se lo compra para ahorrar dineros al subirse al barco con la calavera con tibias por pajarita». Amigo Diego Cuevas, si a estas alturas de la película aún no entiendes que la copia privada es legal y moralmente aceptable, es que no has leído nada del tema en la última década.

    Mi caso: tengo un kindle de amazon; no he comprado a esta tienda electrónica (ni ha ninguna otra) ningún libro, pues lo utilizo como utilizaba antes las bibliotecas públicas; gracias a este bicho y al formato electrónico (que, te pongas como te pongas, es 40 veces más ecológico que fabricar y acumular libros que sólo vas a leer una vez en tu vida, en el mejor de los casos) he leído cosas a las que de otra manera no hubiera tenido acceso por limitaciones prácticas y económicas, y en sólo 2 años he pasado de un nivel de inglés medio (real) a un profiency (real) sin salir de la aldea de Soria donde vivo.

    Lo siento, el libro electrónico sólo tiene ventajas.

  13. Pingback: Anatomía de un libro

  14. Una portada sobresaliente es la de «The looming Tower» de Lawrence Wright, pulitzer de no ficcion de 2007. Traducida como «La torre elevada», esta en castellano. http://dokodemodoorblog.com/2014/01/03/contador-de-libros-2013/

  15. Pingback: Anatomía de un libro

  16. De acuerdo en que los libros impresos permiten ciertas cosas que no se pueden hacer con los digitales (al menos, no de momento), pero el ereader sigue siendo algo muy útil. Y, si de verdad te gusta la lectura, no despreciarás el contenido o el mero acto de leer por el continente.

  17. Pues no, señores, no. Me imagino al autor de este artículo revisándolo de manera autocomplaciente, a su espalda una estantería llena de caras y cuidadas ediciones de sus libros favoritos. ¿Favoritos? ¿Por qué, porque resultan una decoración intelectual y estéticamente superior para su vivienda? Concedámoslo, hay libros preciosos, ediciones maravillosas hechas con mimo, con arte.
    Con arte, sí, pero con un arte que tiene que ver solo tangencialmente con el de la literatura. Hay gente a la que les gustan los libros. A otros nos gusta leer. Aunque sea en papel de periódico y letra pequeña. Es la historia lo que me atrapa. El envoltorio ayuda si puedo permitírmelo, pero ante la promesa de una buena historia me resulta muy secundario el libro bello, la decoración de interiores.
    Por otra parte, la edición de libros electrónicos está todavía en pañales. Si no puede renunciar a la pirotecnia periférica a la literatura, recomiendo al señor Cuevas que eche un vistazo a las auténticas maravillas interactivas que se están haciendo en libro infantil para tablets y trate de vislumbrar lo que se podrá hacer en material para público adulto en el futuro.

    • Y yo te imagino a ti sentado en una butaca forrada de terciopelo fucsia y vestido con calzoncillos de una pieza, atascándote a donuts mientras escribes con una mano y eso no va a cambiar ninguna de las tontadas que has escrito.

      La dicotomía que planteas entre «los que les gustan los libros» y «los que les gusta leer» es falsa. Te pueden gustar los libros y te puede gustar leer. Y se puede hablar de edición de libros sin tener que hablar de su contenido perfectamente. Presuponer una ausencia de valor al segundo caso por no ser el enfoque del artículo demuestra bastante ignorancia o mala intención.

      Esta muy guay que elabores esa hipótesis de fantasía para colocar a tu antojo al autor en el primer grupito y muy pomposamente colocarte tú en el segundo con el Trono de la Cultura Verdadera, pero no es más que eso, una fantasía tuya. Es maniqueo. Es de tertuliano casposo.

      Venga.

  18. Pingback: Quince tebeos de diez - Jot Down Cultural Magazine

  19. Michael madison

    Siempre existirán los nostálgicos de la caverna. Mientras su influencia no sea mucha resultan hasta pintorescos en su negación del progreso.

    ¿Habrá alguien que añore las tabletas de arcilla? Los sumerios, por poner un ejemplo, nos dejaron interesantes textos escritos en este soporte.

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