Ramón Besa: "Mourinho no deja rastro por donde pasa, deja copas" - Jot Down Cultural Magazine

Ramón Besa: “Mourinho no deja rastro por donde pasa, deja copas”

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Ramón Besa, redactor jefe de deportes en El País de Cataluña, mantuvo con Jot Down una intensa charla sobre el deporte —deporte en general y en particular, deporte como concepto y como acontecimiento, deporte como fenómeno de masas y como objeto de reflexión individual— así como sobre algunos de los principales iconos del mundo de la competición. También sobre el estado, evolución y diagnóstico del actual periodismo deportivo. No faltó la autocrítica cuando Ramón nos habló sobre su propia profesión, pero tampoco faltó el amor al deporte en estado puro y su trascendencia cultural, intelectual e incluso filosófica, o su importante función como metáfora de la vida. Charlamos sobre fútbol —cómo no— pero no todo fue fútbol; hubo también baloncesto, tenis, boxeo, motor, ajedrez y, sobre todo, la reivindicación del deporte como parábola de la existencia, como objeto de veneración histórica y cultural, y por qué no, del deporte como arte. En una mañana dubitativamente soleada acudimos al restaurante Emperador, situado frente al puerto deportivo de Barcelona. Aunque cuando llegamos redactor y fotógrafo todavía no está abierto al público, basta decir que nos hemos citado allí con Ramón Besa para ser inmediatamente bienvenidos: “Ah, ¿habéis quedado aquí con Ramón? Pasad, pasad”. Allí tendrá lugar nuestra conversación. Pasen y lean.

Empezamos hablando un poco de fútbol: ¿es este Barça el mejor que has visto nunca?

Esto de generalizar es un problema. A cada equipo hay que juzgarlo en su contexto. Seguramente ha habido equipos del Barça muy buenos que no han recibido el mismo reconocimiento que tiene el actual, porque se encontraron con un rival mejor o porque las circunstancias eran diferentes. Por ejemplo, creo que el Barça de las cinco Copas era un equipazo… pero coincidió con el Madrid de Di Stefano. Eso y perder la final de Berna contra el Benfica provocó que un equipo que tenía que haber sido más valorado no lo fuese y quedase un tanto olvidado. Además creo que, en el fondo, cada cual tiene un equipo en su imaginario y ese recuerdo —que normalmente proviene de la infancia— nunca desaparece. Cuando me dicen “el mejor equipo del mundo” yo pienso en una delantera: Jairzinho, Gérson, Tostao, Pelé y Rivelino. ¿Por qué? Porque era el Mundial del 70, yo empezaba a ver fútbol y cuando me encontré con aquel Brasil pensé que nunca en la vida volvería contemplar a un equipo jugando como lo hacía aquella delantera de los Cinco Magníficos. Entonces, cuando se habla de este Barça y se me pregunta si es el mejor, yo respondo: “hombre… tendría que recordar cómo jugaban aquellos brasileños”. Pero lo que sí es cierto es que este Barça es un equipo de los que más ha llegado a la gente. Lo que hace llega a la gente.

¿Y cuándo crees que se producirá un cambio de ciclo en la Liga española? ¿Cuánto le queda a este Barça de dominación?

Hay dos pilares fundamentales: uno es Messi. ¿Cuándo se va a aburrir Messi de jugar al fútbol si sólo tiene veintitrés años? Y el otro pilar es Guardiola, que es quien tiene el club en la cabeza. ¿Hasta cuándo va a aguantar Guardiola? Son las dos piezas básicas y este Barça durará mientras pueda darle continuidad a estos dos personajes, o buscar soluciones en el momento en que uno de ellos desfallezca o pida un descanso. También dependerá de los equipos rivales. Pienso que el Madrid está armando una gran plantilla; otros equipos también tienen capacidad para revertir la actual situación. Lo que sí creo es que será difícil encontrar otro equipo que juegue con la misma armonía y de una forma tan positiva como este Barça. Por ejemplo, lo que vislumbramos ahora es la capacidad que tiene Mourinho para negar el juego del Barça y no para hacer un equipo que sea una alternativa al juego del Barça. Eso ya depende de la filosofía de cada cuál; yo creo más en el positivismo que en el negativismo. Creo más en los equipos que hacen propuestas que en los equipos que niegan las propuestas de otros equipos ya consolidados.

Mourinho lo está queriendo hacer un poco a la italiana.

Sí. Cuando hablamos de que este Barça llega a la gente… Mourinho no deja rastro por donde pasa: deja copas. Vas mirando las vitrinas: “¿Y esta copa, aquí quién jugaba? Ah, no, Mourinho”. Tienes unas vitrinas cojonudas. pero el recuerdo de Mourinho en el Inter, el Chelsea o el Oporto no llega a la gente. No es como este Barcelona, que es un equipo que ha provocado que personas que jamás se habían interesado por el fútbol se acerquen para ver en qué consiste esto del “pase multiplicador”, el “desmarque”, el “rondo”… porque el Barça a veces tiene composiciones musicales, si me permites. O incluso matemáticas. Recuerdo haber hablado con Jorge Wagensberg, director del museo científico de La Caixa, y él le veía esas connotaciones al juego del Barcelona. A mí seguramente me llevará la pasión o el gusto por este equipo, pero creo que su gran ventaja es que piensa en positivo mientras el Madrid y otros equipos siguen pensando solamente en cómo negarle. Me gustan más propuestas como la del Villarreal, el Valencia o el Betis, que este año fueron capaces de jugarle al Barça y hacérselo pasar mal. O el Copenhague, otro equipo menor pero que le jugó un buen partido en la Champions.

En cuanto a Guardiola, que dejó que se marchara Eto’o por “cuestiones de feeling” y ahora tiene problemas con Thiago, ¿crees que está cometiendo el mismo tipo de errores que cometió Cruyff?

No, yo creo que Guardiola lo que está haciendo es actuar en función de Messi. Es decir: si prescindió de Eto’o, Ronaldinho, Deco o Ibrahimovic fue porque no congeniaban con Messi. Lo que pasa es que Messi no habla, tienes que interpretar sus silencios. Guardiola está enamorado de Messi y actúa en base a él. El problema que tiene este año es dar con uno o dos delanteros que se avengan con el argentino. Ahí es donde Guardiola carga con el sambenito de que es mal fichador, de que conduce muy bien el grupo pero le cuesta dar con futbolistas que congenien con los que ya tiene. Y creo que se debe a que resulta difícil interpretar a Messi. La prueba está en la propia selección argentina; no le encuentran el sitio en el campo. Creo que el mérito de Guardiola, además de tener el club —y el juego— en la cabeza, es que no deja de pensar en qué es lo que más le conviene a Messi.

Volviendo a Mourinho, ¿se cree todas las cosas que dice o las suelta como parte de una estrategia?

Es un personaje muy enigmático. A veces pienso que es narcisista, creo que es muy buen entrenador pero la parafernalia que le rodea es discutible. Su leitmotiv es «el fin justifica los medios”. Pero claro, cuando no gana, entonces revisa los medios: yo vengo a ganar, pero como no gano, empiezo a hablar de los árbitros, del reglamento, de la organización. ¿No habíamos quedado en que el fin justifica los medios? Lo que pasa es que a usted este año no le ha alcanzado. Es ahí donde creo que es un poco tramposo. Es un tramposo simpático pero ese papel le va bien porque España es siempre muy dual.

…lo de simpático es un poco relativo, ¿no?

Bueno, pero tiene un punto, cómo te diría… a veces puede parecer arrogante pero ese rol encaja bien en el fútbol español, porque España siempre es la España roja y rota, la periférica y la centralista, la de Guardiola y Mourinho. Esa dualidad es algo que la gente recibe muy bien. Mourinho ha acentuado la división entre las diferentes formas de ver el fútbol que tienen el Barça y el Madrid. Lo que es curioso es que el giro que ha dado el Madrid no respeta la historia, porque el Madrid nunca había confiado el equipo a un entrenador. Siempre ha sido un equipo de jugadores y de presidentes. El Barça, en cambio, ha sido un equipo de entrenadores. Y ahora, curiosamente, el Madrid se ha “comprado” un entrenador. Florentino no congenia con Mourinho, pero piensa que es el único que puede pararle los pies a este Barça y en eso está.

Hablemos del periodismo deportivo, ¿se puede hacer un periodismo deportivo de calidad sin forofismos?

Hay gente que lo intenta, otra cuestión es que se consiga. Es cierto que últimamente hemos caído mucho en el periodismo “de club”: el periodista se alinea en función de dónde se le edita o dónde está instalada su emisora, y el sujeto de su crónica nunca es el partido de fútbol. Hay que reclamar que el sujeto sea el partido para que la misma crónica la pueda leer un seguidor del Barça o uno del Madrid. Lo mismo, por ejemplo, con la Fórmula 1. El sujeto no debe ser Fernando Alonso, el sujeto debe ser la carrera en sí aunque en esa carrera Hamilton tenga mayor protagonismo que Alonso. Sin embargo, hemos llegado a este hooliganismo y a que la gente diga «el periodismo deportivo está muy contaminado porque todo el mundo lleva una camiseta». En parte es verdad, pero yo también preguntaría: ¿es que todos los corresponsales que cubren conflictos bélicos son neutrales? ¿Se les pregunta si son pro yankees o pro palestinos? ¿Se le pregunta a un corresponsal político a qué partido vota cuando va a cubrir unas elecciones?

Quizá es un problema general del periodismo, no sólo del deportivo.

Evidentemente. El periodismo deportivo participa de las mismas virtudes y defectos que el periodismo en general. Todo se ha radicalizado mucho y hoy en día es más importante la opinión que la información, algo con lo que no comulgo. Enric González siempre dice que una cosa es la realidad y otra la meta-realidad con que funcionamos ahora: no tenemos una opinión sobre lo que ha sucedido, sino que tenemos una opinión sobre lo que alguien ha dicho que ha sucedido. Hemos conseguido que esa meta-realidad tenga más importancia que el propio acontecimiento en sí. Eso es la negación del periodismo. Después hay un problema añadido que es el proceso de producción, que también ha variado. Como las empresas periodísticas intervienen cada vez más en el producto, ¿qué hace la gente? Pues se van a los blogs y redes sociales, donde producen su texto y lo cuelgan sin estar pendientes de las órdenes de un director. Esto provoca que muchos escriban lo que les sale de las narices y a menudo de manera contraproducente, aunque las prensas alternativas son necesarias.

¿Qué periodistas deportivos consideras imprescindibles, cuáles recomendarías?

Además de mis compañeros de sección porque aprendo de ellos cada día, el mejor periodista deportivo que hay ahora mismo es Santiago Segurola. Es capaz de hacer una crónica de atletismo o de natación tanto como una de fútbol. El periodismo deportivo no debe consistir en hacer la crónica del Barça-Madrid y se acabó, como si no importase otra cosa, seguramente porque este país sólo tiene en la cabeza una pelota de fútbol. Hay muchos otros registros y Santiago Segurola cubre esos registros. Alfredo Relaño ha marcado tendencia. Pepe Sámano, que ahora está en El País, tiene muy claro cómo debe evolucionar el deporte. He vivido mucho la escuela de El País y por eso me quedo mucho con ella, pero eso no quiere decir que no existan otros buenos periodistas: Julio César Iglesias fue vital en su momento; Julián García Candau, Emilio Pérez de Rozas, Martí Perarnau, Miguel Rico, Luis Martín… una de las cosas que me ocurre y de la que estoy más contento es que cada mañana, cuando me levanto, voy a comprar todos los periódicos y voy subrayando todo aquello que distintos periodistas dicen y que me parece interesante. Y te podría decir que hay muchos. Ahora bien, como producto global, cuesta mucho encontrar un periódico con el que te identifiques y digas “tengo suficiente para tener la perspectiva de lo que es el deporte comprando un único periódico”.

Buscar más las firmas que los periódicos.

Sí, creo que sí.

Por cierto, a Eduardo Inda lo enviaron a Veo TV, emisora que cerró al poco tiempo. ¿Eso ha sido una casualidad?

No conozco personalmente a Eduardo Inda, aunque sí creo que ha sido el delantero centro de determinada forma de entender el periodismo. Su participación en determinados conflictos ha consistido en acentuar la competitividad y el periodismo de club. Esto le ha llevado a unos extremos muy difíciles de aguantar para cualquier empresa periodística. Digo esto con todo mi respeto y humildad, no estoy diciendo ni que lo hiciera bien ni que lo hiciera mal. Pero ha forzado mucho una tendencia que considero contraproducente porque está llevando a la afición hacia un contencioso peligroso. Recuerdo que en Barcelona hubo un conflicto muy serio que provocó el sonrojo de la profesión —y que de alguna forma ayudó a recapacitar, aunque ahora volvamos a caer en los mismos vicios— que fue el asunto de Figo. El espectáculo que se vivió en el Camp Nou cuando tuvieron que suspender el partido a causa de los objetos que caían al campo fue un espectáculo vergonzoso para la profesión periodística, la cual atizó el fuego y el conflicto en lugar de apagarlo, de mantener un juicio sereno. Y creo que el Madrid, con determinadas actitudes, ha estado a punto de volver a ese conflicto. La prensa de Barcelona ya caímos una vez en esto y ahora el Madrid ha empleado demasiado ese recurso de tocar el estómago de los aficionados, de revolver las tripas, y eso es algo muy peligroso. Coincido con la idea de Javier Marías: el deporte te devuelve a la infancia. Hace que un individuo se comporte como un niño, pero claro… es un niño pero con la mala leche de un adulto. Creo que el problema estriba en que el periodista necesita una tesis de partida y, si no tiene esa tesis, no es nadie. Sin embargo, una tesis tiene que fundamentarse en hechos, no en el azar. Por ejemplo, algún periodista puede sostener esta tesis: “estoy convencido de que el año que viene Guardiola no continuará”. Con esa tesis, este individuo se puede ir paseando por todas las tertulias del mundo: “hay un periodista que ha dicho que sabe…”,  sin necesidad de tener que demostrar que lo que dice es cierto. Y de eso va a vivir durante toda la temporada. Cuando al final esa tesis no se demuestre, dirá: “no, es que ha pasado esto y aquello”… y mientras tanto ha estado viviendo de esa meta-realidad, de esa situación que nadie excepto él sabe si es cierta.

De hecho, en torno a esto de las tesis, alguna vez he hecho el ejercicio de repasar portadas de periódicos deportivos de diferentes años, y resulta que a menudo dicen las mismas cosas en el mismo momento liguero de temporadas distintas. Es muy curioso.

Un periodista que murió hace poco y es un referente para mucha gente en la profesión, Andreu Mercé Varela, decía: “el periodismo deportivo inventa cada día una realidad, para al día siguiente desmentirla y crear una realidad nueva”… y eso es la puta realidad (risas). Los diarios de información general nunca son tan perecederos como la prensa deportiva. Dicen hoy que se ficha a éste y mañana, sin embargo, se ficha a aquél. Y como eso no penaliza… Aquí puedes llamar a un tío “ladrón” y no pasa nada. Todo el sistema de penalización de la administración deportiva española es muy benigno. Aquí incluso se ha defendido a un club cuando ha aceptado primas o cuando no ha presentado las cuentas. Hubo el famoso caso del Celta y el Sevilla: se declaró que bajaban a segunda división por no presentar las cuentas y se levantaron las dos ciudades como si aquello fuese una agresión contra el pueblo gallego y el pueblo andaluz. Oiga, no, no, esto no tiene nada que ver con los gallegos ni con los andaluces, tiene que ver con el consejo de administración de los clubes. Pero la gente se lo tomó como una afrenta y por eso a los clubes no les pasó nada. Y como en este país nunca pasa nada, también puedes llamar cualquier cosa a cualquier futbolista o entrenador. Los periodistas muchas veces hacemos incluso de entrenadores, eso es una barbaridad. Un periodista puede tener su visión sobre un partido, pero no decirle al entrenador qué tiene que hacer. Nos hemos saltado muchas barreras y eso ha provocado un estado de confusión brutal.

Y ha habido periodistas que incluso han hecho de seleccionadores nacionales.

…y han confeccionado la selección en la radio, sí.

En las dictaduras es típico que se use el fútbol para apaciguar al pueblo, ¿crees que en la democracia pasa un poco lo mismo? ¿Se utiliza el fútbol como el opio del pueblo?

En determinadas situaciones, es posible. Mira, soy un esclavo emocional de la república, de aquel país que tenía una cultura deportiva sensacional. No sólo había fútbol, sino que la gente hablaba de ciclismo, automovilismo, boxeo… de multitud de deportes. En la escuela no se le enseñaba a los críos a jugar sólo al fútbol y a las chicas a jugar sólo basket o voleibol. La enseñanza deportiva consistía, para empezar, en lecciones de anatomía para conocer el cuerpo. En que un niño sepa que cuando crece es importante nadar, correr, esquiar y desarrollar muchas funciones distintas. El deporte como formación integral de una persona, no como fanatismo. Luego vino la dictadura, o vino el franquismo —que con los nuevos diccionarios no sé muy bien cómo calificar la etapa de Franco— y el monocultivo del fútbol arrambló con todo aquella filosofía. Eso hizo que hoy tengamos una mirada muy fanática en vez de una mirada deportiva. Antes de la Guerra Civil, esta ciudad, Barcelona, y este país —si entendemos Cataluña como país o como realidad social, no digamos como nación por si alguien puede pensar que es más discutible— se celebró una Olimpiada Popular, que era la alternativa a la Olimpiada de Hitler. Cuando en 1992 la gente decía “¿por qué en Barcelona se celebran los Juegos Olímpicos?”… hombre, porque ya había una tradición olímpica. Todo aquel espíritu de entender el deporte como algo que ayuda a ser feliz, a vivir bien, a tener una cultura del propio cuerpo. No voy a decir que hay que reclamar un retorno la época de los griegos y los romanos, pero todo esa educación ha sido sustituida por la iniciativa privada, con el DiR y lo de ir al gimnasio. En aquella época, el gusto por el deporte hacía que se evitaran situaciones como la actual, con un monopolio Barça-Madrid: fútbol y sólo fútbol. Hablemos de fútbol, pero también de tenis, waterpolo, natación; a partir de ahí reconstruyamos aquello que el viento —o una cruenta guerra civil— se llevó. Si seguimos una carrera de motos o un partido de tenis, después tendremos también una mirada más lúdica, menos “futbolera”, sobre un partido de fútbol. Y dejaremos de tomarlo como si fuese una Guerra Civil incruenta, como ha ocurrido tantas veces.

Pasemos al baloncesto: España está teniendo una generación excepcional de jugadores —Gasol, Fernández,  Rodríguez, Calderón, Navarro, etc— ¿es algo que sólo va a ocurrir una vez de manera aislada o es el inicio de una tendencia de producción de jugadores de alto nivel?

Recuerdo un artículo —creo que de una revista holandesa— que fue traducido precisamente por Santiago Segurola y que decía que el salto cualitativo de España en determinados deportes se debía a que había mejorado la alimentación. Durante la democracia, la talla media del pueblo español ha aumentado. El español ya no es el típico renacuajo de antes; hay mejor alimentación, mejor sanidad, se ha salido de una posguerra y por tanto la gente es más alta. Es una hipótesis que puede parecer una tontería pero en muchos aspectos no lo es. El país ha crecido de una forma más saludable. Ahora un jugador de baloncesto español ya no es sólo un buen base, puede ser también un buen alero o un buen pívot.

Sin embargo eso no lo explica todo, porque en el baloncesto, países como Alemania, incluso contando con Dirk Nowitzki, están bastante por debajo de España…

Evidentemente, no lo explica todo. Hay también una genética: el español tiene esa casta que por ejemplo siempre hemos visto en el fútbol, con la “Furia”. Y puedes tener furia o carácter pero al mismo tiempo ser un jugador técnico. Creo que se ha dado una generación que aúna el salto cualitativo del español como ciudadano con la tradicional genética competitiva. No sé cuánta gente va a tener en el futuro la capacidad competitiva de Pau Gasol o de Rafa Nadal, por nombrar otro deporte. Creo que es difícil que en el baloncesto se vuelva a dar una generación como ésta, pero al menos sí se han dado las condiciones para que marquen un camino a seguir, para que definan una manera de hacer las cosas.

Han situado bastante alto el listón, desde luego.

Sí, pero también hay que asumir que, cuando no se gana, no por ello se tiene que dejar de hacer lo que se estaba haciendo. La grandeza de este equipo de baloncesto es que ha sido capaz de seguir compitiendo al cambiar de seleccionador o cuando no ha tenido a Pau Gasol. Ha sido capaz de encontrar recursos variados cuando alguna de las figuras no ha estado en su mejor momento. La riqueza de un país se expresa en su capacidad multidisciplinar y los jugadores de baloncesto han dado una lección de saber jugar y de saber estar. Además es una selección entrañable, como decíamos en el caso del Barça, es una selección que llega a la gente. Es un paradigma, a cualquier padre le gustaría tener un hijo en esa selección de baloncesto porque juegan bien, son tíos cojonudos y además han roto con el pesimismo, con la imagen derrotista y fatalista. Y por si fuera poco son tíos divertidos. Recuerdo un programa que hizo José Ramón de la Morena con Pau Gasol y el dúo Amaral. Gasol se puso a cantar las letras de Amaral como si tal cosa… la persona que es divertida y tiene sentido del humor vale un imperio. Quien no tiene sentido del humor ni capacidad de divertirse es un muermo y de muermos ya hemos tenido bastante. La selección de baloncesto tiene este punto de jovialidad.

¿Cómo ves el futuro de Ricky Rubio? Parece haberse estancado un tanto cuando decían de él que llegaría a ser muy grande.

Pero él nunca lo ha dicho, ¿no? Ése es el problema: la prensa pone a un jugador en el escaparate y al cabo de dos días lo retira. Y esa es una dura prueba para el jugador. Gasol tuvo que esperar al escaparate de aquella Copa del Rey para que la gente pensara “ostras, este tío es bueno”. Messi tuvo que esperar a que viniera Capello y dijera “el pequeño diablo, ése es el bueno”. Pero creo que Ricky Rubio ha pasado un año durísimo. Tras las grandes expectativas creadas, ahora la gente opina que se ha acomplejado, que no aporta el plus que se le adivinaba. Puede que Ricky necesite un cambio de escenario. No soy tan experto en baloncesto como para augurar qué es lo que le conviene pero creo que habrá madurado lo suficiente como para saber hacer lo que le corresponde. Puede que su futuro en la NBA no sea… no todo el mundo va a ser como Gasol. Ha sucedido también con Calderón y otros jugadores. Está pasando con Rudy Fernández. La NBA es muy difícil y el hecho de que un jugador vaya a la NBA y después se tenga que volver, como Navarro, pues tampoco pasa nada. Ese salto de calidad depende muchas veces de circunstancias que no son exclusivamente deportivas, sino psicológicas.

Tanta prensa para un jugador muy joven puede ser contraproducente. Sucedió un poco con el tenista Carlos Boluda, del que se decía que iba a ser el nuevo Nadal y ha tenido que llevar ese peso sobre su espalda. Y cuando se comprueba que no tiene la estatura necesaria —en este caso estatura física— para ser ese “nuevo Nadal”, debe de ser un golpe muy duro para un chaval.

Hay un concepto vital para entender cómo debemos crecer en el deporte: el no clonar. No se puede clonar a Nadal, a Fernando Alonso ni a Messi. Es imposible y además pervertiríamos la esencia del deporte. Lo que hay que hacer es entender conceptualmente qué significan esas figuras para, a partir de ahí, encontrar deportistas alternativos. En este sentido el fútbol del Barça me enseñó una cosa importante: a punto estuvo el barcelonismo de matar a Xavi porque se le veía como el sustituto de Guardiola. Parecía que sólo podía jugar en el puesto de Guardiola. Pero cuando Guardiola se marchó y Xavi empezó a jugar diez metros más adelante, no como medio centro sino como volante derecho, encontró su sitio y hoy día nadie se lo discute. Sin embargo, entre todos los periodistas estuvimos a punto de acabar con Xavi, empeñándonos en decir que le queríamos como sustituto de Guardiola. Pues no, no necesariamente el juego ha de fluir a partir del medio centro, puede fluir a partir del volante y de una zona del campo diferente. En baloncesto puede suceder igual, puede haber un alero que no sea el típico base pero que le dé al equipo esa misma fluidez. Fíjate en que siempre se pregunta lo mismo sobre un deportista que acaba de surgir: “¿a quién se parece? ¿se parece a Messi? ¿se parece a Nadal?”. Pues no se parece a nadie. En la prensa no deberíamos ser tan exigentes, tan dogmáticos, como para pensar que el deporte es simplemente una cuestión generacional y que cada generación tendrá su propio icono. Cuando a lo mejor en la siguiente generación no aparece un icono en el tenis y sí aparece en el cricket, debido a las influencias migratorias. Es posible, ¿no? Formará parte de la nueva realidad.

Es curioso porque ese mismo error lo cometió por ejemplo Maradona como seleccionador, al querer que Messi jugase “de Maradona”.

Sí, porque además ¿sabes qué pasa? Yo creo que los “cracks” castran a sus herederos. Porque no saben delegar. Igual que sucede en el mundo empresarial: cuando el gran patrón que no ha sabido delegar se retira, se produce una trifulca para ver quién hereda la empresa. En el fútbol sucede igual. Cuando aquí se fue Cruyff y ficharon a Robson, éste se llevó todos los palos, ¿por qué? Porque Cruyff era personal e intransferible. Lo realmente difícil es dejar una herencia ideológica más que personal. La grandeza de Cruyff fue el gusto por un determinado estilo de fútbol que ahora Guardiola, cruyffista radical, ha desarrollado. Sigo pensando que el último equipo del Madrid que dejó huella fue la “Quinta del Buitre”, porque jugaba bien al fútbol, y creo que la generación de los Michel, Butragueño, etc. se reencarnará porque significaba el buen hacer futbolístico. Y el espectador, más allá de las rivalidades, veía jugar al Madrid y le gustaba. Se trata de saber aprovechar la ideología y la manera de entender el juego de aquellos jugadores para aplicarlo ahora en distintas circunstancias. También pienso que lo que ocurre con el éxito del Barça es que se está exagerando la pretensión de mimetizar la sociedad catalana con el equipo de fútbol: “lo que sirve para el Barça sirve para la sociedad catalana”. No, oiga, dejemos al Barça en paz. En Cataluña hay un discurso de papanatismo que ha llegado a unos extremos absurdos: “los valores del Barça, aplíquelos usted a su empresa”, y eso es para contestarles “pues mire, yo no tengo un Messi en mi empresa para aplicar esos valores, yo tengo un hijo que es un cabronazo, que nunca sé lo que va a hacer, y tengo que buscar otros métodos”. Hay que saber aceptar la realidad, hay momentos en los que puedes no ser tan competitivo como antes. Como en el caso de Johann Mühlegg: la federación murciana coge a un esquiador alemán: le llaman Juanito cuando gana medallas y cuando las pierde dicen que es un nazi. Oiga, es el mismo Juanito de antes este nazi, no seamos tan cabrones. Pues eso es lo que hizo la prensa. Contamos las medallas y los triunfos, no contamos deporte.

Y dinero, el deporte también es dinero. Cuando se organizó la Copa América de vela en Valencia, las autoridades se volvieron locas: un montón de obras públicas, etc. Y la percepción que tienen muchos valencianos es que fue una competición difícil de entender, no se sabe muy bien qué era o para qué servía. Era como una especie de asunto exclusivamente institucional… ¿qué es la Copa América de vela?

Pues si te digo la verdad, no tengo mucha idea (risas). Sí es cierto que ha habido una cierta tradición de vela en este país —porque es un país de mar— pero no nos engañemos, puede haber otras competiciones de vela en España pero no con ese impacto mundial de la Copa América. Te voy a poner otro ejemplo: aquí en Barcelona se discute qué es más rentable, si organizar la Volta Ciclista a Catalunya o si organizar el final de una etapa del Tour de Francia. La Volta a Catalunya no tiene impacto mediático, aunque antes tuviese un sentido especial debido a su carácter amateur, de descubrimiento, de romanticismo. De recorrer el país y enviar las crónicas. Pero ahora, para salir en todos los periódicos, se prefiere que el Tour llegue a Barcelona. Con la vela pasa igual: debe de haber veinticinco mil regatas en España, en clubs náuticos de Valencia, Andalucía, Galicia, País Vasco, Cataluña… sin embargo nadie les da bola porque son simples aficionados. Sin embargo, la Copa América supone televisión, cuota mediática, impacto publicitario. Hoy en día has de tener un producto que vender en la televisión. Si no tenemos las motos, tenemos la Copa América, y si no, la World Race que ha tenido lugar aquí en Cataluña. Y tú le preguntas a cualquier ciudadano catalán qué es la World Race y dirá: “pues no lo sé, pero lo veo siempre anunciado”. A la gente se le ha quedado que hay algo llamado “World Race” pero no por ello sabe más de náutica ni sabe más de vela.

Resulta curioso que tengan tanta repercusión estas competiciones cuando en realidad el público no las sigue.

Pero tienen complicidades con los medios de comunicación: si usted me hace propaganda de la World Race o de la Copa América, su medio tendrá compensaciones publicitarias. Hay ciertas connivencias más allá del simple interés informativo. Te encuentras páginas de periódicos en que se anuncia cierta competición: “hombre, estaría bien que diésemos información de esta competición, si no, van a retirar el anuncio”. Antes, cuando se preparaban los periódicos, llegabas al consejo de redacción y había un planillo virgen con las páginas alineadas. Empezaban a recibir la publicidad y la iban situando en el planillo, hasta que llegaba un momento en que se decía “ya no cabe más publicidad, no entra más”. Hoy es al revés: al llegar te encuentras el planillo con toda la publicidad ya puesta y son las noticias que van llegando las que, si no caben, se quedan fuera. ¿Por qué? Porque la prensa se ha convertido en un negocio. No es lo que era antes. Por ejemplo, aquí en Barcelona estuvo el grupo Auger (Mundo diario, Telexpress, 4-2-4) y aunque el grupo quebró como empresa mal administrada, tuvo la efervescencia periodística de la transición. Daban volumen informativo a ciertas cosas que otros medios no cubrían. Pero ahora es tan importante dar con una buena campaña de publicidad como el dar con una buena noticia. Miguel Rico, un compañero de El Mundo Deportivo,  siempre dice que a los periódicos “les interesa más vender una camiseta que vender una noticia”. Si con el periódico vendes un póster o un vídeo de la final de la Champions, la gente va a comprar la final, no el periódico. En los diarios de información general se ha producido un aumento de ventas gracias a las promociones, a los regalos, no gracias al diario en sí. Luego hay una exigencia de ventas y dicen «este diario ha tenido una caída de no sé cuántos lectores». No, no; lo que pasa es que experimentó un aumento fuera de lo normal debido a una promoción concreta que fue un acierto, pero no eche la culpa a los redactores. Siguen escribiendo el mismo diario pero ahora venden menos ejemplares que cuando usted ofrecía junto con el diario una taladradora, una TV de plasma o un ordenador. Además, ahora, los directores y responsables de los periódicos no llegan a esos cargos por su obra publicada. Antes, para poder ser director o acceder a cargos de confianza, a uno se le juzgaba por la obra publicada: “¿usted qué ha hecho?”, “Pues mire, he estado de corresponsal aquí, he escrito tal cosa, etc.”. Ahora no, ahora es gente que sabe acercarse al consejo de administración y sabe explicar una política económica. Por lo tanto no toda la culpa es del periodismo. Alguna culpa la tiene el que se quiere hacer negocio con el periodismo y esa es otra historia muy diferente.

Pasemos al tenis: Nadal ha ganado su sexto Roland Garros, pero ¿por qué el público de París ha detestado siempre a Nadal?

Bueno, la relación entre España y Francia es un poco tirante. También pasa lo mismo en el Tour, desde los tiempos de Perico Delgado. Con Nadal no sé si es que los franceses piensan que un español no puede conquistar París… me cuesta explicarlo.

Sí, es difícil de explicar, porque otros tenistas españoles como Moyà o Ferrero han sido mejor recibidos por el público de Roland Garros y a Nadal, sin embargo, nunca lo han recibido muy bien en París ya desde su primer año allí.

¿Sabes qué pasa? Creo que Nadal encarna el valor del irreductible. Es un poco como Astérix y Obélix (risas), las viñetas que tanto nos han gustado —aunque algunos eran más de Tintin— y que muestran al irreductible que en lugar de presentarse pensando en lo que va a hacer para intentar ganar, se presenta pensando en quién va a ser capaz de derrotarle. Borg, por ejemplo, era admirable y fue sumando títulos “por simpatías”. En cambio Nadal los va sumando “por antipatías”, porque nadie es capaz de vencerle. Como en la final contra Federer. El suizo tiene un punto romántico: el tío que llora, que juega al tenis con calidad, el artista. Es la lucha entre el artista y el irreductible. Eso hace más difícil para cierto público el rendirse ante la evidencia. Admiro a Nadal por el temple que tuvo para dar las gracias al público a pesar de todo. Puedes ser sentimentalmente partidario de un deportista o no, pero estas animadversiones son producto de la contaminación del fútbol, todo se ha futbolizado. El tenis se caracterizaba por un cierto distanciamiento de ese hooliganismo, pero ahora en la copa Davis el espectador actúa como un forofo del fútbol. Es un problema de futbolización. Uno de los efectos nocivos que tiene el fútbol es que en Roland Garros la gente no sepa ser consciente de que simplemente están viendo un partido de tenis. Se percibe esa antipatía del público parisino hacia Nadal, por ser español, por ser irreductible, por el favoritismo hacia Federer. Me gustaría pensar que en París, algún día, Nadal será más querido que el rival que tenga en la pista. Hasta ahora no recuerdo que haya ocurrido nunca, ni siquiera con Puerta. De todos modos este último Roland Garros me ha reconciliado con el deporte por la capacidad de Federer para enfrentarse a Djokovic y vencerle en vez de rajarse: ésa es la grandeza del deportista. Otro jugador se hubiese escaqueado en plan «mira, no quiero jugar otra vez cinco sets para nada, este tío no ha perdido un partido este año, es demasiado bueno» y se hubiese rendido.

Por eso Federer es Federer.

Claro, y entiendo que en este caso, al margen de la animadversión hacia Nadal, el mundo del tenis sienta un cierto enamoramiento hacia Federer. Quienes éramos partidarios de John McEnroe… que sobre la pista era un hijo de puta, con perdón de la expresión, pero jugaba al tenis como nadie. Federer y McEnroe tienen ese punto de Messi: sé lo que va a hacer, pero no sé cómo lo va a hacer. Fernando Alonso sale el otro día desde la cuarta posición y al poco se mete primero. Luego pierde la carrera, pero tú dices «joder, esa salida… yo me quedo con esa salida, lo demás es lo de siempre». Eso nos reconcilia con el deporte: la capacidad de sorpresa.

¿Crees que al deporte actual le falta una superfigura como Muhammad Ali o Michael Jordan, este tipo de ídolo universal? Y si le falta, ¿por qué crees que no existe?

Porque los ídolos que existen en algunos deportes… por ejemplo, en natación, Mark Spitz fue un ídolo, ¿por qué no lo ha sido Michael Phelps? Pues porque la imagen que se dio de Michael Phelps es la del tío fumándose un porro. Cuando vi las revistas americanas pensé: “déjenle fumar un porro en paz, yo me lo fumaría a su lado”. La sociedad americana tuvo una mirada muy severa sobre el asunto y pensó que era improcedente. Y sin embargo, lo que Phelps consiguió en los Juegos Olímpicos fue extraordinario. Aunque esto también se debe a su carácter: no le interesa la mercadotecnia, aparece y desaparece, es un individuo muy particular. Tampoco en el atletismo, donde ha habido gente capaz de batir todos los récords, hemos podido elegir a un número uno visible. Quizá tenga que ver con la mayor familiaridad de los deportes de equipo: Michael Jordan fue capaz de ser una estrella individual y a la vez una estrella colectiva, jugando en los Bulls y teniendo un entrenador como Phil Jackson. También puede ser que los deportistas de hoy no tengan el carisma que han tenido ciertas figuras románticas del deporte.

Ésa es mi teoría.

Mira, yo recuerdo mucho el caso de Ayrton Senna. Toda la mitología a su alrededor existe porque se mató. Por suerte, hoy ya no se mata ningún piloto de F-1, porque las medidas de seguridad han aumentado. Por eso la gente no tiene de Alonso, Schumacher o Vettel la misma visión romántica, porque ese riesgo, ese flirtear con la muerte, ha desaparecido. Si Ayrton Senna no se hubiese matado, seguramente su figura dejaría de ser lo que es. En el deporte actual a veces se echa de menos ese matiz de desgracia, de la persona que ha caído y es capaz de volver a levantarse. Puede ser también una cuestión mediática, lo que decíamos del carisma: “éste deportista vende o no vende”. Hay jugadores como David Beckham, que no voy a discutir jamás que sea un futbolista que sepa poner la bola donde quiere —aunque como jugador de equipo tampoco es que sea el mejor— pero supo cultivar a su alrededor esa leyenda… a veces la prensa deportiva española hace de sustituto de la prensa populista británica. Aquí, si te fijas, no hay diarios populistas.

No, no hay prensa amarilla como tal.

Exacto, quien sustituye a la prensa amarilla es muchas veces la prensa deportiva. La prensa deportiva es un cajón donde van a parar muchas cosas que en otros países asume la prensa amarilla. Aquí ha habido algunos intentos de publicar diarios de ese estilo —el Claro, el Catalunya Express— que no han fructificado. En cambio, España es el único país del mundo donde hay cinco periódicos deportivos y también emisoras de radio que constantemente hacen programación deportiva. Te vas a Italia o Francia y no existe la radio deportiva, o cuando existe es muy limitada. Pero en España es todo un fenómeno y la audiencia deportiva tiene una cuota de representatividad más grande que cualquier otra. Estamos en un país muy particular.

Y entendiendo el deporte como cultura, ¿no crees que el boxeo clásico es el deporte que mejor capta la épica de nuestro tiempo?

Mira, siento una cierta frustración porque en El País, por una cuestión de libro de estilo, no podemos hablar de boxeo. Cuando yo era pequeño, una de las primeras lecturas que cayó en mis manos fue una biografía de Muhammad Ali. Me enamoré de él porque vengo de un pueblo pequeño —trescientos habitantes— y a partir de Muhammad Ali aprendí lo que era Vietnam, lo que era el racismo, lo que era el islamismo, y muchas otras cosas. Todo ello a través del deporte. Un libro como el de Norman Mailer, En la cima del mundo, es alucinante. Entiendo que en el mundo del boxeo ha habido mucho cabrón, mucha gente que ha jugado con la salud de las personas, combates amañados. Pero está también la pureza del deporte: volviendo a los años treinta y en esta misma ciudad, en muchas casas de L’Eixample tenían un saco de boxeo. Los universitarios practicaban el boxeo. Era uno de los deportes más queridos. Había un púgil catalán llamado Josep Gironés —el “Crack de Gràcia”— que llegó a disputar un combate por el título mundial contra Freddie Miller en Montjuïc. El combate duró, creo, menos de dos minutos y Miller noqueó a Gironés. Pero aquel minuto y medio contado por los periodistas de la época es de las crónicas más bonitas y más estupendas que he leído en mi vida. Pienso que es injusto lo que ha ocurrido con el boxeo. En Barcelona hay incluso una asociación de ex-boxeadores que lucha por tener un local propio, porque los quieren echar del piso que están ocupando. Soy un devoto del boxeo.

Creo que es el más cultural de todos los deportes, el que tiene una historia más rica (junto al ajedrez), el más literario, el más cinematográfico.

Te voy a poner un ejemplo. En los Juegos Olímpicos los periodistas van a contar medallas, no van a explicar deporte. Ves un combate de esgrima y aparece un tipo que se llama Pirri, que gana una medalla. Pues a Pirri le van a preguntar “¿Eres del Barça? ¿Eres del Madrid? ¿Dónde vives?”. Nadie le pregunta por esgrima, porque nadie tiene ni puta idea de lo que es la esgrima. Sólo estás allí mirando y cuando se enciende la luz es que la espada le ha tocado. Pues ése es el paso que, entre todos, tenemos que dar en el periodismo deportivo. El gusto por el deporte. Y admitir que si Pirri no consigue la medalla de oro porque le ha ganado un francés, pues hay que explicar la historia del francés. Explicar contra quién se ha perdido y qué es lo que domina. Emocionarte con el deporte. El boxeo, estoy de acuerdo contigo, provocaba esa emoción. Tenía esa liturgia: la preparación, la subida al ring, la indumentaria, cómo se cantaban los asaltos. Grandes literatos y gente erudita en otras materias han escrito historia del boxeo. Recordaré siempre lo que dijo Javier Aguirre, el ahora entrenador del Zaragoza, cuando en la preparación de una entrevista le preguntaban: “¿De qué vamos a hablar?” y él respondió “¿A usted le gusta el béisbol? Si le gusta el béisbol haremos una gran entrevista; si no, me limitaré a responderle cortésmente”. Porque él piensa que quien puede entender el béisbol es capaz de entender muchos otros deportes. Quien entiende el boxeo, la natación, la vela… quien entiende y tiene gusto por todo ello seguramente posea una mirada más limpia y más deportiva. Quien simplemente entiende un 1-0 o un 0-1, con todos mis respetos, tiene una mirada más primitiva. En el año 92, durante las Olimpiadas, sacábamos con El País un suplemento olímpico de veintidós páginas —la gente pensó que era una locura, pero fue un momento inolvidable— y me tocó quedarme a editar en la redacción, aunque puse como condición que me dejaran ir a ver algún deporte minoritario para poder salir de vez en cuando y asistir a alguna competición olímpica en directo. Fui a ver el waterpolo, porque estaba cansado de verlo en la TV y no entender nada: había un tío con una bandera y un pito, haciendo todo el rato “pi, pi, pi”, y yo no veía ni la pelota, no entendía nada. Pensé “este deporte es muy chorra, voy a verlo en directo para comprobar de qué cojones de trata”. Después me familiaricé con aquella selección española de waterpolo que llegó a la final y perdió contra Italia en una doble prórroga espectacular, el último día de los Juegos. Lo que me dio en aquellos días el waterpolo es algo que no me lo ha dado jamás el fútbol. Conocer a Manel Estiarte, a Dragan Matutinovic, la manera en que convivían, la liturgia antes de un partido… no tengo la culpa de que el waterpolo no sea televisivo, pero la emoción que transmite en directo me permitió tener una mirada más cristalina sobre el fútbol y otras muchas cosas. Por eso creo que esos deportes minoritarios te ayudan a interpretar mejor los mayoritarios.

Vamos a hacer un poco de historia alternativa: te voy a plantear determinados acontecimientos y me dices qué crees qué hubiera pasado si no hubiesen tenido lugar o hubiesen ocurrido de forma distinta, cómo hubiese cambiado la historia. Por ejemplo: si en el Mundial de Fútbol de 1986 la selección española hubiese eliminado a Bélgica en los cuartos de final.

Habríamos conseguido un podio mucho antes, pero también hubiésemos perdido mucho tiempo. Hubiésemos sido quizá campeones, tendríamos una copa más, pero nos hubiésemos perdido todo ese necesario proceso de transformación que ha vivido el fútbol español, aunque me sabe mal por aquella generación de jugadores. Esa es una lectura. Una posible segunda lectura es que podríamos haber avanzado mucho si se hubiese llegado a confiar en aquella selección, pero creo que entonces no se daban las circunstancias como para que se aceptara el cambio que sí se ha aceptado ahora.

Crees que fue una “derrota útil”, como diría Valdano.

Es posible que fuese una derrota útil, sí. Lo que pasa es que hasta llegar a lo de Sudáfrica ha pasado demasiado tiempo. Creo que debería haber sido una derrota útil para insistir en aquella forma de jugar, pero se tomó un camino distinto. Aquel México 86 fue un Mundial para reflexionar y también para confirmar la fatalidad española. De hecho, en la final contra Holanda hubo que romper esa fatalidad: los rivales eran unos cabronazos que metían caña, el árbitro no expulsaba… y el gol de Iniesta transformó repentinamente la fatalidad en viento a favor.

¿Qué hubiera pasado si Maradona se hubiese quedado en el Barcelona?

Buf… habría sido bueno para el espectador, porque hay futbolistas que tienen vida propia. Recuerdo que a Maradona le íbamos a ver durante los calentamientos de los partidos, sólo para ver cómo tocaba la pelota. Pero hubiera sido peor para la cultura de club que hay instalada en el Barça y que consiste en un juego armónico y solidario. Maradona es la sublimación del culto al egoísmo, del jugador que por sí solo es capaz de convertir un equipo que no tiene nada en un equipo ganador. En cambio, el fútbol del actual Barça tiene mucho más que ver con el carácter asociativo y con el deporte de equipo. Es verdad que Maradona consiguió eso con Argentina, pero sigo pensando que con él en el Barça hubiésemos tenido la sensación de tener al mejor futbolista del mundo —como en su momento Kubala— pero no la de tener el mejor equipo. El fútbol es un deporte de equipo, no un deporte individual. Estoy más a favor de la socialización y el juego colectivo que de las individualidades.

¿Si el fútbol español nunca hubiese recibido dinero público?

Seguramente este sería un país más polideportivo. No sé si sería más justo o menos justo, pero hay que replantearse seriamente si realmente la administración tiene que intervenir en clubs, en recalificaciones de estadios y de terrenos, en especulaciones inmobiliarias. Una cosa es prestar dinero a un club como se podría prestar a un ciudadano o a cualquier otra empresa, para que pueda articular su discurso. Y otra cosa es dar dinero a fondo perdido. Creo que esto va contra la ética de una sociedad moderna, democrática y que tiene otras prioridades como son la sanidad, la educación, etc. Por tanto estoy más a favor de causas globales que competan a todo el mundo que de causas particulares. Si no, ya puestos, ¿por qué el fútbol sí y el baloncesto no?

¿Qué hubiera pasa si Pelé hubiese aceptado jugar en Europa?

Ahora sentimos fascinación por los jugadores brasileños, en Europa seguimos pensando que un brasileño es un jugador diferente que aporta unas cosas que no aporta ningún otro tipo de jugador, ni argentino, ni búlgaro, ni inglés. Si Pelé hubiese jugado en Europa, a lo mejor hubiéramos tenido una imagen más de proximidad. A través de Pelé podríamos haber tenido un contagio futbolístico mayor del que ha habido hasta ahora con los demás brasileños, que siguen siendo jugadores que van por su cuenta y riesgo.

Se hubiese roto un poco la mística del brasileño, ¿no?

Un poco, es posible. Por ejemplo, soy un enamorado de Garrincha, porque me devuelve al fútbol de barrio: un tío considerado casi “borderline”, que sólo sabía jugar al fútbol y siempre te hacía la misma jugada. Sigo pensando que tiene más mística que Pelé, porque lo que Pelé ha hecho ha sido defender el poder. Eso es lo que no ha hecho Maradona, que tiene ese punto bohemio y romántico porque es capaz de desafiarse con Avelange, con Blatter y con su santa madre y es capaz de irse a tomar una copa con los capos de Nápoles. En cambio Pelé está en todos los organismos oficiales, con traje y corbata. Y piensas “oh, no, Pelé, por qué lo haces”.

Una imagen demasiado limpia para poder tener esa mística a su alrededor.

Sí, y eso que Pelé cuando era futbolista se ve que era un cabronazo —en el buen sentido— porque aparte de ser un gran jugador, era competitivo, de los que saben dar patadas y saben defender; no era el jugador impoluto por excelencia.

¿Qué hubiera pasado si las Olimpiadas del 92 no se hubiesen celebrado en España?

Iríamos un paso por detrás del que ahora vamos. Sirvió para vencer —a nivel de colectividad— miedos sobre si Cataluña iba a ser incapaz o no. Que si iba a estar lleno de senyeras catalanas y no se iba a aplaudir a otros deportistas españoles, etc. También reivindicó el carácter de aquellas Olimpiadas populares del 36. Y significó un paso de gigante para el deporte español. Permitió trazar planes de apoyo al deporte y articular formas de promocionarlo. Creo que los Juegos deberían haberse repetido en Madrid, hay que recuperar aquella llama para seguir retroalimentándola. Más allá del impacto ciudadano directo —porque transformó Barcelona y provocó que ahora tengamos esta vista al mar y muchas otras cosas que antes no había— deportivamente fueron muy sanos, la gente aprendió mucho y se dio cuenta de muchas cosas. Incluso en el fútbol. Cuando España ganó la final en el Camp Nou, estaba lleno y la gente decía “ah, el fútbol olímpico también cuenta”. El propio Guardiola dijo que una de las cosas que más le preocupan es el no haber vivido los Juegos Olímpicos tan intensamente como se merecían. Antes se los miraba un poco de soslayo, como “esto de los Juegos Olímpicos, ¿qué coño es?”. Y después estuvieron repletos de imágenes humanas y causaron un gran impacto en toda España. Todo el mundo se sintió español, todo el mundo se sintió integrado, se sintió deportista, y nos dio la imagen de un país que había dado un salto de calidad importante. Creo que sin los Juegos Olímpicos iríamos muy por detrás de donde vamos ahora.

¿Qué hubiera pasado si George Best, en vez de nacer en Irlanda del Norte, hubiese sido italiano o inglés?

Que no sería George Best. Él sólo podía haber sido el tío que jugó con Irlanda. Cuando hablamos de mitos y de figuras románticas… sólo hace falta mirar su biografía. El “quinto Beatle”, el que era capaz de sentarte con un regate, de hacerte las mil y una, de jugar por el placer de jugar. Tengo ese punto —quizá precisamente porque provengo del periodismo— en que sigo pensando que el periodista tiene que ser un tipo transgresor, tocahuevos, descreído, un poco borracho… esa imagen romántica del periodista. Pues también con la imagen del futbolista pienso que George Best le daba un glamour y una gracia… me río de los personajes de ahora, de lo que le ocurre a Beckham o a Giggs, comparados con lo que le ocurría a Best. Futbolista extraordinario, que no jugaba en una gran selección y sólo jugó con aquella Irlanda.

Una selección cochambrosa.

Pero él seguía pensando que era donde tenía que competir y de otra forma no hubiese existido la mitad de la mística en torno a él. Seguramente la prensa inglesa le hubiese fabricado otra imagen, para mí habría perdido toda la gracia.

Hubiese sido como otro Bobby Charlton.

Es posible. A George Best sólo me lo imagino así como es, uno de esos personajes como Eric Cantona. Un Manchester sin Cantona no sería el Manchester de hoy. Mucha gente dice “este tío le pegó una patada a un aficionado”… bueno, pues muchas veces quienes hemos jugado al fútbol nos hubiésemos levantado y le hubiésemos pegado una hostia al espectador. ¿Esto es una agresión? Bueno, dispénseme o sancióneme, pero no me vaya tocando las narices.

Y luego Cantona es uno de los futbolistas más inteligentes que hay.

Actúa en películas de cine, es capaz de interpretar una obra de teatro y de hacer veinticinco mil cosas. Best, Cantona o Garrincha forman parte de estos tíos del pueblo que han revolucionado el fútbol sin necesidad de una coreografía mediática. En tiempos de estos jugadores el alcance mediático era mucho menor, el impacto social lo conseguían gracias a su figura, eran capaces de provocar revoluciones con su forma de ser y actuar. Por lo tanto, a George Best que no me lo toquen. Incluso diría, por mal que me sepa, que murió cuando tenía que morir.

¿Qué pasaría si Lionel Messi, en vez de jugar en el Barcelona, estuviese jugando en el Nápoles?

Peor para el Barça, peor para Messi. Se necesitan y se retroalimentan. La prueba es lo que está sucediendo con Argentina. En Nápoles, Messi sería más futbolista, obtendría más premios individuales, pero el Nápoles no ganaría nada. Está por ver si Messi consigue ganar el Mundial con Argentina. Entonces se produciría una beatificación o canonización, que es lo que él tiene en mente. Un poco lo que le ocurría a Ronaldo cuando decía que quería ser el número uno: cuando llegó a ser el número uno, desconectó. Se apartó del mundo y se dedicó a la buena vida; ya había conseguido ser el número uno. Yo creo que la ventaja de Messi para el Barça —y para Argentina— es que todavía cree que puede hacer cosas en el fútbol. Por lo que yo sé, su objetivo es ganar el Mundial de Brasil con Argentina. Eso le da un plus de competitividad y le dará, si las lesiones le respetan, todavía más grandeza.

¿No crees, dicho entre paréntesis, que le falta la personalidad del superlíder?

Sí, pero es que él no se la dará a sí mismo. Se la tiene que interpretar el entrenador, Batista o el que sea. Messi, como no habla, como es un niño, pues claro, nunca sabes… Hay una frase de Tito Vilanova que le define mucho: cuando le preguntan por qué no cambian más a Messi durante los partidos, para reservarle y darle descanso, Tito dice “es que si está jugando un partido y le cambias, es como si su mamá se asomara al balcón y le dijera: no te olvides de ir a por pan”. Su código es el código de un niño. “Es que Messi a veces hace cosas raras”, bueno, es que se comporta como un niño y hay que saber interpretarlo. Guardiola le ha interpretado, Argentina todavía no le ha interpretado y no le sabe encontrar el juego, aunque también es verdad que Messi adquirió su cultura futbolística aquí con ese juego del rondo y de asociación. ¿Por qué el Barça quiere a Cesc? Porque ha jugado con Messi y con Piqué en los cadetes. El gol que mete Iniesta contra el Arsenal es un balón robado a Cesc, que intenta hacer un taconazo, e Iniesta le ataca y mete un gol. Iniesta sabe que Cesc va a hacer un taconazo. Han jugado juntos toda la vida desde niños, y cuando se ven dicen “ya sé lo que vas a hacer”, y el otro dice “me has trincado, cabrón”. La gente dice que valen tanto dinero y tal, pero son niños y siguen jugando como niños: tráeme a Cesc que ya sabe de qué va la película porque a otro jugador le sería más difícil jugar en este equipo. Es lo que le falta a Messi con Argentina. No ha participado de la cultura del fútbol argentino, aunque sí tiene la genética argentina. Él se siente muy a gusto aquí pero sigue pensando en hacer algo por Argentina. En Newell’s prácticamente ni jugó y allí no tiene club. En Argentina tienes tus ídolos porque son de River, de Boca, de Newell’s o de Rosario Central. Pero Messi es un apátrida, de niño se fue al Barça y no tiene ni su propia bancada. Messi es un patrimonio muy difícil de gestionar.

¿Qué hubiera pasado si el Valencia hubiese ganado las dos finales de Champions que jugó?

Hombre, habría sido muy bueno para romper ese bipartidismo en que ha caído la Liga española. Es muy sano romper esa bicefalia, como cuando ganó el Atlético o como cuando el Valencia pudo haber sido campeón de Europa. Le habría dado más riqueza al deporte español, más grandeza y vistosidad. No lo digo porque jugara contra el Madrid; lo mismo pienso del Español cuando jugó la copa de la UEFA contra el Sevilla. ¿Que el Sevilla la necesitaba? Pues quizá le habría venido mejor al Español para capitalizar el triunfo y ser una alternativa al Barça. Porque una de las cosas que no entiendo de una ciudad como Barcelona es que no haya esa rivalidad Barça-Español, ya que la “rivalidad” es de siete a tres, o de ocho a dos. Ser del Español penaliza. Eres un cargo de la administración y dices que eres “perico” y te contestan que eso mejor no lo pongas, que te resta puntos. Bueno, por el amor de Dios, ¿por qué no va a poder ser del Español? Pues el Valencia, en esa línea, hubiese ampliado la nómina de equipos españoles que han sido campeones de Europa: si miramos lo que ha ocurrido en otros países, es bueno que no sólo sean uno o dos equipos, sino tres o cuatro. Cuantos más, mejor.

Bueno, ahora tu opinión sobre algunos personajes. Del primero ya hemos hablado, Muhammad Ali.

El hombre que me hizo amar el deporte. El pensar que a través de un deportista te puedes hacer una idea de la vida; errónea, contaminada, lo que quieras. Pero como te decía: racismo, Vietnam, por qué llamarse Muhammad Ali en vez de Cassius Clay, sus combates con George Foreman y Joe Frazier, qué paso en Kinshasa con los negros. Es una persona a la que le debo muchos de esos ratos… y no sólo me ocurre a mí. Es uno de los personajes más fascinantes de la historia del deporte. Para muchos, en muchas enciclopedias, es el principal icono del deporte por todo lo que significó.

Ramón Trecet.

Un fuera de serie. Alguien que es capaz de darle personalidad al deporte sin resultar pedante. Siendo pedagógico, siendo divertido. Tiene ese punto que necesitamos de, en lugar de exaltarnos, buscar ironía y divertimento. Un personaje extraordinario de los que te irías al fin del mundo simplemente para compartir unos ratos con él.

Jorge Valdano.

La verbalización de un discurso futbolístico inteligente. El fútbol no sólo son veintidós tíos que van detrás de una pelota y siempre gana Alemania, como decía Gary Lineker. Valdano ha sabido darle un glamour que va más allá de la épica y lo ha practicado en todas sus facetas. Como futbolista, siendo capaz de contar el gol de Maradona cuando ha acompañado la jugada. Como entrenador, con lo que hizo en el Tenerife y en el Madrid. También como directivo y finalmente con la dignidad que ha tenido —aunque haya sido una destitución— de salirse de algo que no comparte, que es lo de Mourinho, siendo consecuente consigo mismo. Es el hacer un discurso inteligente sobre el fútbol y honrar a la gente que piensa que el fútbol es algo más que un deporte de once brutos contra otros once brutos.

Luis Aragonés.

El gran revolucionario del fútbol español. Se inventó un término como “la roja” para que la gente no tuviera que hablar de “España”, sobre todo desde una perspectiva nacionalista. Fue capaz de afrontar de forma dolorosa el cambio generacional cuando jugadores como Míchel Salgado, Raúl o Cañizares eran los que mandaban en la selección. Supo sustituirlos. Fue el gran transgresor. El fútbol español crece a partir de la figura de Luis Aragonés. Después es huraño, es cabroncete, pero todo el mundo tiene grandes anécdotas con Luis Aragonés. A mí me ganó en una rueda de prensa cuando fue entrenador del Barça. Hice un artículo que se llamaba Aurelio y los vagabundos, que era un conjunto musical, y a Luis Aragonés ya sabes que le llamaban Aurelio por el de El planeta de los simios, debido a su apariencia. Pues en la conferencia de prensa preguntó: “¿Está aquí el que ha escrito eso de Aurelio y los vagabundos?”. Y yo levanté el dedo. Me dijo: “Mire: a Aurelio métale las hostias que le salga de los cojones, pero a los vagabundos déjemelos en paz”. Es la lección de periodismo más grande que he recibido en mi vida. Me di cuenta de que Aragonés era capaz de llamarte la atención por un error que habías cometido, a la vez ganarse a sus futbolistas, y a la vez hacer la revolución.

Cuando se identifica tanto el estilo de la selección española con el del Barça, ¿no crees que se está siendo injusto con la aportación de Luis Aragonés? ¿No fue él quien empezó este estilo en la selección?

Sí. Pero empezó a partir de un jugador como Xavi. Si preguntas a Xavi, es el jugador que le convence de que tiene que ser el patrón. Pero es verdad, Luis Aragonés fue revolucionario. Con una metodología cuestionable, como cuando le dice a Henry “negro de mierda”, que es verdad, yo creo que es reprobable, pero no creo que sea necesariamente racista sino la forma que él tenía de motivar. Como hizo con Eto’o en el Mallorca o con Romario en el Valencia. Luis Aragonés tiene una personalidad muy acusada, pero es transparente. Creo mucho en las personas que se muestran como son. Es una persona que sí, que tiene sus celos y tiene su ego, pero sin él sería imposible haber realizado la transformación del fútbol español. Por tanto, antes que el Barça creo que efectivamente está la figura de Luis Aragonés. Supo interpretar muy bien lo que podían darle los jugadores del Barça y Xavi es el jugador que mejor habla de Luis Aragonés. Montó un sistema de jugar al fútbol con gusto, con gracia, sin pedantería y con atrevimiento. Además lo consiguió —y esto es muy difícil— sin ser del Barça y sin ser del Madrid. Porque aquí en este puto país… Es como Luis Suárez, que ha ganado un Balón de Oro, pero como no jugaba en el Madrid: “sí, bueno, Luis Suárez, no sabemos”. Y como en el Barça tenía un contencioso con Kubala: “sí, bueno, pero mejor a Luis Suárez lo olvidamos”. ¡Joder, es el único futbolista español que tiene un Balón de Oro! Lo mismo con Luis Aragonés. Como no era del Madrid, la prensa madrileña decía “ah, sí el del Atlético” y la prensa de Barcelona decía “ah, sí, ese que estuvo aquí cuando el motín del Hesperia”. Luis es un apátrida. Se lo ganó todo él solito, por eso es de chapeau. Del Bosque tiene detrás la coreografía del Madrid y los jugadores barcelonistas tienen la del Barça. Por eso, para mí, tiene mucho más mérito lo que hizo Luis en la selección española y también su currículum en el Atlético, en el Valencia, etc.

Ángel María Villar.

Nunca pensé que un abogado, una persona como él, pudiera llegar a tanto. Debe de ser muy astuto. Más que inteligente es astuto. Ha sabido mostrar el sentido de la independencia en el fútbol español. Para el Madrid es un personaje a desbancar, para el Barcelona es un personaje a mantener. La importancia de Villar empieza el día que el Madrid le quiere quitar para poner a Gerardo González, cuando Florentino quiere controlar la federación y los clubes dicen que no. A partir de ahí Villar se ha convertido en un factótum: no es él, sino lo que él representa. Ese papel de personaje más bien confuso, polémico, poderoso… no tengo un gran concepto de él. Una de las cosas que necesita el fútbol es mejorar la administración. No sólo la federación, sino la LFP y esos comités que cada vez que hay una sanción es una cosa apocalíptica; no tienen ninguna profesionalidad. Esos comités suenan a unos tíos que se reúnen para comer y miran qué es lo que les va mejor, en lugar de ser unos jueces normales y corrientes.

Mike Tyson.

Todo lo contrario de lo que representan los boxeadores míticos. Fue víctima de todos los males del boxeo, en lugar de ser receptor de todos los bienes. Ha cargado con toda la parte negativa. No ha tenido carácter, ni siquiera ha sabido ser malo. Y pertenece más a la etapa mediática que a la etapa romántica del boxeo. Empezó a salir en la televisión, con sus conflictos con las mujeres… es un personaje del cual me queda un recuerdo más bien pobre.

Valentino Rossi.

Un crack. Un tipo que es capaz de decir: las condiciones no las marca la moto, las marco yo. Puede hacer campeón a Yamaha, puede irse a Ducati… es capaz de ir desafiando esa lucha entre el piloto y el motor, y seguir teniendo la misma personalidad se monte en lo que se monte. Es un tío divertido; tiene su punto de ego pero creo que es el piloto por excelencia.

Lo de “las condiciones no las marca la moto, las marco yo” es una de las mejores definiciones de Valentino Rossi que he oído nunca.

Yo pienso una cosa sobre los pilotos: el buen piloto, para mí, es el que después de dar una vuelta con el coche o con la moto se detiene ante el mecánico y es capaz de verbalizar lo que le pasa a la moto. Entonces los mecánicos saben qué es lo que ocurre. Los que sólo saben correr… cuando el coche va mal nunca ganan una puta carrera, como Raikkonen. Era el más rápido, pero dejaba el coche y se iba a un barco con las titis, a emborracharse: “a mí no me cuente la película; usted póngame el coche a punto y no se preocupe, que yo gano”. Pero si el coche no está a punto, mala suerte. Sin embargo, Rossi se da una vuelta en la moto y dice: “por aquí hay algo que no suena” y el mecánico dice “es esto”. Eso, para mí, es ser un gran piloto.

Rossi vive la moto.

La escucha como si la moto fuera un animal, igual que un jockey monta un caballo y sabe si le tiene que dar o si le tiene que frenar. Eso los grandes pilotos también lo saben hacer. Para mí, Rossi es quizá el único. Probablemente tambiénDoohan lo sabía hacer en su época, pero creo que Rossi siente la moto como una cosa muy suya. Para un tío con esa estatura, montarse en una moto y dominarla tiene que ser dificilísimo. Entiendo que una cosa es acoplarse en la moto como Pedrosa y otra cosa es ver a Rossi, con la envergadura que tiene, con esas piernas que cada vez que viene una curva dices “pero qué hace, que va a dar en el suelo”. Ha roto las leyes de la naturaleza para demostrar cómo se puede conducir una moto.

Bobby Fischer.

¡Oh! Un loco admirable. Yo me interesé un poco por el ajedrez —soy muy zoquete— simplemente para saber qué era capaz de hacer Bobby Fischer. Cómo era capaz de desafiar lo que para mí era una cosa oscura y misteriosa: los rusos, que dominaban entonces y que parecían todos lo mismo aunque realmente no lo fuesen. Quizá por mi imagen un tanto primitiva de la URSS, pensaba que existía un laboratorio con veinticinco mil analistas mirando las jugadas, mientras Fischer se sentaba él solo, se tomaba una Coca-cola y veía la jugada imposible. Esa es la grandeza de los genios, el talento, la capacidad de improvisar y buscar la jugada más rocambolesca del mundo. He leído algunas cosas de John Carlin —o de alguien que le vio en Islandia— y al final se volvió… pero bueno. Era el genio ante un tablero.

Además era la figura deportiva romántica por excelencia, se peleó con todo el mundo, con los rusos y con los propios norteamericanos.

Era él contra el mundo, sí. Esa sería una buena definición.

José María García.

El fenómeno de la radio española no existiría sin José María García. Si este país es singular en cuanto a la radio, se debe a él. Fue el gran revolucionario del periodismo hasta que se convirtió en poder. Admiraré siempre a José María García en tanto que fue la persona que intentó discutir y reorganizar toda la estructura deportiva de este país. Pero cuando se convirtió en poder fáctico y empezó a luchar por esas parcelas de poder, le empezó a interesar demasiado la publicidad, los horarios, y perdió esa capacidad para revertir las cosas. Al margen de algunos de sus juicios, la radio y el periodismo no serían lo mismo sin él. Creo que la gente ha aprendido de García mucho más lo que se debe hacer que lo que no se debe hacer, para bien. Hay cosas que te pueden gustar más o menos, pero el periodismo español sería mucho más pobre y tendría menos importancia e impacto si no hubiera existido la figura de José María García.

José Ramón de la Morena.

La persona que supo dar ese salto a partir de José María García. Supo conocer bien a García y con “la función” —como él dice— supo desdramatizar y darle espectáculo, dinamismo, haciéndose el despistado. Y creando una cosa más coral, también: es verdad que De la Morena es el hilo conductor de su programa, pero con José María García era la homilía cada noche. De la Morena ha diversificado un poco más y ha permitido que a su alrededor surgieran muchos más personajes. Dio un paso más a partir de García, evolucionando cuando García se detuvo. Para mi ha sido un regalo que me invitara a colaborar, aprendo cada día. Pero ambos personajes han permitido nuestra vinculación a la radio, que ha sobrevivido a la televisión y a todo, cuando se le habían hecho cinco mil necrológicas. Esa emoción de cuando te levantas y poner la radio en lugar de poner la televisión… que mucha gente ya tiene un televisor en la habitación, pero siguen teniendo también la radio.

Jesús Gil.

Es el máximo representante de esta tipología de directivo español que todavía pervive en algunos casos: dirigentes populistas que utilizan el deporte para sus fines sociales y políticos, que lo instrumentalizan. Jesús Gil tenía un punto divertido que le hacía entrañable, pero también creo que era nocivo. Esa forma de apropiarse de la marca… llegó un momento en que la gente no sabía si era el Atlético de Madrid o “el club de Gil”. Eso no favorece nada a un club, porque el club pertenece a los aficionados, aunque ahora sean sociedades anónimas deportivas. Pero Jesús Gil lo tenía claro, era un personaje que funcionaba mediáticamente porque ofrecía ingenio y divertimento, y para llenar tiempo —porque muchas veces hemos convertido el periodismo en un espectáculo— te ponías media hora con Gil y te lo pasabas pipa. Pero para el Atlético no funcionó, no fue un buen ejemplo de lo que debe ser un dirigente de fútbol.

Y para terminar, un personaje que siempre me intrigó mucho: Ramón Mendoza.

¡Buah! Un personaje divertidísimo. La gente se preguntaba “¿y de qué cojones vive Ramón Mendoza?”. Pues vivía de ser un bohemio, un tipo inteligente y socarrón. Además ayudaba mucho a identificar las cosas: era del Madrid y madridista. Decían “Don Ramón Mendoza… un señor” (risas) Un chulo, si quieres, cuando ahora la gente lo que quiere precisamente es disimular. Tuvo algunos episodios oscuros como el los ultras, etc., pero sigo pensando que era un personaje entrañable, quizá también porque forma parte ya de la mitología. Creo que la gente, al final, le acabó teniendo más aprecio que desprecio, no sólo en el Madrid sino también desde fuera.

Es un personaje que podía ser censurable en muchas cosas pero te caía simpático, no lo podías evitar.

Es evidente. Si ahora estuviera vivo y estuviese aquí, le irías a saludar. Y seguramente si vieras a otros directivos, te apartarías. Porque piensas que, en el fondo, ese rol que Ramón Mendoza interpretó se correspondía a cómo era él en la realidad, y por eso te caía tan bien.

Fotografía: Tono Carbajo

23 comentarios

  1. sinceramente una entrevista admirable. estoy harto del periodismo deportivo de este país (y del exterior también, que muchas veces parece que nos olvidamos en lo que están convirtiendo al deporte), y creo que si gente que de verdad analice el deporte y su alrededor, se une para contarnos cómo son las cosas (muchas veces me molesta que los periodistas nos oculten parte de las historias que ocurren entre bambalinas) todos disfrutaremos mucho más.
    el deporte engancha porque lo practican personas, y lo que queremos saber son las historias de esas personas.

  2. Excelente la nota, no sólo por los aspectos deportivos, sino por la visión del periodismo en líneas generales. Genial la entrevista, es decir, el entrevistado y el autor.

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  4. Me parece una entrevista buenísima. No tengo más comentarios porqué no estan a la altura que deberían. Brutal.

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  7. Este hombre ve el deporte como una mitología. Además acomoda la realidad al discurso mitológico: habla, por ejemplo, de un Barça eterno, cuando resulta que hasta fecha muy reciente el Barcelona, en sus partidos internacionales, saltaba al campo con el mismo síndrome que la Selección Española, algo que podría resumirse en un “hagamos lo que hagamos la acabaremos cagando”.

    Es curioso cómo al aparecer una extraordinaria promoción de jugadores en la cantera es como si eso modificara la historia del Barcelona desde sus inicios. Además las canteras tienen altibajos enormes, ahí está la historia de Ajax y demás equipos holandeses, también de los alemanes, canteras que aun cotinúan dando frutos puesto que siguen nutriendo a sus selecciones, siempre en los puestos más altos en las competiciones; sin embargo los equipos holandeses y alemanes no son los de los años setenta y ochenta y tienen que nutrirse de fichajes extranjeros.

    Como el Barça no aguante unos años más con esta magnífica generación que tiene ahora, o no enganche con otra que la suceda, veremos dentro de diez años otro discurso bien diferente.

    Es pura mitología lo de estos periodistas. Hablan del deporte pero en realidad llevan al deporte lo que no es deporte.

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  10. Usted, Sr. Besa, dice que “Mourinho no deja rastro por donde pasa, deja copas”.
    En principio no me parece mal legado, al fin y al cabo, hoy día, con un deporte tan materializado como el que vivimos, la mítica frase del Barón Pierre de Coubertin, “Lo importante no es ganar sino participar” ha queddo totalmente desfasada.
    Sin embargo, y como algo más importante que incluso el ganar, que en el mundo de hoy es casi todo, me quedo con la admiración y el cariño que profesan practicamente todos los jugadores que han estado bajo las ordenes del odiado portugués.
    Yo le pregunto a usted Sr. Besa… ¿No es dejar rastro, no es dejar huella, que la mayoría de jugadores que han trabajado con Mourinho se expresen muy bien de él? ¿No es más importante eso que las copas?
    Creo que el cariño que sus jugadores profesan a Mourinho, es inversamente proporcional al odio que le tienen muchísimos periodistas. Odio que nubla la razón y hace que los periodistas queden retratados por sus propias palabras, cada vez que sale el nombre de Mourinho a la palestra.
    En fin Sr. Besa, he vuelto a comprobar, una vez más, que usted adorna sus entrevistas con muchas palabras bonitas, que usa la demagogia excelentemente, pero que no deja de ser un pseudointelectual más, que va por la vida engañando a quien se deja engañar.
    Sin acritud, un saludo.

  11. El que escribió sobre Bobby Fischer en Islandia fue el grandísimo Leontxo García, creo recordar. No John Carlin

  12. Me encanta JAJAJAJAAJA

    “Mourihino solo deja titulos”.

    Si, como si el Señor Guardrogas no hubiera ganado nada, ahi iban a estar sosteniendole el Barcelona.

    El futbol son resultados, dejar ya la propaganda de Mourhino malo, Pep bueno. No se lo cree nadie y cuantos mas periodistas salten al ruedo a desprestigiar a Mourinho por ser un entrenador de titulos que vamos, ¿que tiene de malo ser un entrenador de titulos? mas se creera en la percepcion de la gente que lo unico que hay es miedo y pavor a que Mourinho acabe con la era Guardiolista.

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  14. Mucho comentario resultadista veo por aqui.Ya lo dijo Xavi tambien:”mourinho no deja huella por donde pasa(quien se acuerda del inter)” y tiene toda la razon del mundo.Ganar no es lo unico importante,el “como” es igual o mas importante que “el que”.Johan Cruyff dejo huella,y fue mas por el juego(ataque total,3 defensas)que por los titulos,que tambien.Y Guardiola dejara huella por el juego vistoso del barça.Mourinho en cambio sera otro Capello,muchos titulos y nada mas.Nadie se acordara de nada mas…..

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  19. Los comentarios van camino de confirmar las tesis del entrevistado.

    Excelente entrevista, por cierto.

  20. Gran entrevista,sí.Y cierto,se echa de menos a Ramón Mendoza.Y soy del Barça.

  21. Pingback: 21-04-2012, Barcelona Real. | 20sixdollarsinmyhand

  22. Pingback: Pautas para seguir a los medios de comunicación « cambiando los tiempos…

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