Enric González: "Lo que busca el periódico deportivo es masturbar al lector" - Jot Down Cultural Magazine

Enric González: “Lo que busca el periódico deportivo es masturbar al lector”

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Enric González es el corresponsal de El País en Jerusalén. En su dilatada carrera como periodista ha ocupado también las corresponsalías de Londres, París, Nueva York, Washington y Roma, compartiendo con sus lectores una mirada al mundo singular, lúcida y sin maniqueísmos. Quedo con él en la Puerta de Damasco, y después de callejear por la Ciudad Vieja nos sentamos en la terraza de una azotea del Barrio Musulmán. Con la Cúpula de la Roca de fondo, mantenemos una larga y generosa conversación sobre Oriente Próximo, Europa, fútbol, periodismo, literatura y Jack el Destripador —entre otras muchas cosas.

Supongo que estarás al tanto de las manifestaciones que ha habido en Tel-Aviv.

Sí, sí. Estuve el otro día.

¿Qué diferencias ves entre las manifestaciones de aquí y el 15-M? Sobre todo en el trasfondo.

Sí, lo diferente es el trasfondo, porque en la superficie se parecen mucho y son una demostración más de que Israel es un país que funciona con mecanismos europeos. Es un país peculiar en una región peculiar. Creo que parte de las protestas corresponden a la búsqueda de un modelo de país, cosa que en Europa es difícil porque los modelos de país están cerrados. Aquí no, el modelo seguirá abierto durante mucho tiempo.

¿Cuánto tiempo?

No tengo ni idea, pero la solución de los dos Estados afecta a Israel. La opción del Estado binacional también afecta a Israel. En este momento creo que se vive en una fase de indefinición que a los estrategas israelíes les parece bien, porque creen que el tiempo juega a su favor. Yo no estoy nada convencido, creo que no es así. Y el hecho de no haber apostado por los dos Estados —una opción que ya no existe— abre opciones mucho más complejas.

Cuando dices que la opción de los dos Estados no existe, ¿te refieres a que un Estado palestino es inviable o a que Israel va a acabar desapareciendo?

Hombre, no. Espero que exista un Estado palestino y espero que Israel no vaya a desaparecer. Pero ni el Gobierno de Netanyahu ni los anteriores han optado con claridad por los dos Estados, porque eso implicaba algo más que la repatriación de los colonos. La repatriación es fácil y eso se vio en Gaza: mandas al Ejército, los traes y no pasa nada. Porque Gaza no tiene nada que ver con la historia, pero en Cisjordania… irse de Hebrón sería mucho más traumático y los gobiernos israelíes no han querido hacer frente a ese trauma. Ahora la situación es impredecible y creo que ya nadie se cree la frase “proceso de paz”. Han conseguido acabar con ese proceso las dos partes.

¿Dirías que Israel es cada vez menos ashkenazi y menos ilustrado?

Bueno, todavía es muy ashkenazi en cuanto a las superestructuras, pero cada vez lo es menos. E ilustrado… yo diría que se está imponiendo una ilustración diferente. Creo que este es un país culto en un sentido moderno. Es decir, en el que la cultura equivale a conocimientos técnicos, básicamente, pero está perdiendo algo que era único. La envergadura moral de la gente que emigró aquí en las primeras aliyahs a finales del XIX y principios del XX fueron los fundadores del país, ellos y sus hijos. Esta gente hizo muchas barbaridades porque la Independencia, la guerra, generan barbaridades; pero era gente de una envergadura moral indiscutible por el lugar del que venían, por lo que les había pasado, por la perspectiva histórica que tenían y porque en general eran gente refractaria a lo mesiánico. Ahora aquí todo es mesiánico. Aquella era gente que quería cosas muy reducidas, muy concretas, y fue muy inteligente, muy disciplinada y creo que moralmente muy defendible. Eso, probablemente, no podía ser eterno y no lo es. El país ha cambiado, es más de Oriente Próximo, más parecido a otros, más normal. Lees Una Historia de Amor y Oscuridad de Amos Oz y piensas: “joder”.

¿Han cambiado mucho las cosas?

Tenían que cambiar. Y en un sarcasmo de la Historia la gente puteada ahora putea.

¿Pero ves comparables las escalas de sufrimiento?

No, yo creo que hablamos de fenómenos distintos en calidad y en cantidad. Aquí nadie ha decidido exterminar a los palestinos, creo que es completamente distinto y compararlo es un error. Francamente, descalificaría por unas semanas a cualquiera que hable de genocidio aquí. “Genocidio” es una palabra muy gorda que hay que utilizar muy selectivamente para definir algo muy concreto: está en los diccionarios, se puede mirar. Aquí lo que hay son injusticias enormes, aun contando que las dos partes tienen su razón, pero no es lo mismo una injusticia salvaje que un genocidio.

No es normal leer a un periodista español afirmar que lo que hay aquí no es un genocidio.

Es verdad que hablando con compañeros… yo he estado en Ruanda, he visto montañas de cadáveres. Montañas. Hablamos de 100.000, 200.000, 300.000. “Plomo Fundido” fue una atrocidad, pero hay que mantener la escala y la proporción porque si no, ¿qué? Tienes que decir lo que es. La situación de los palestinos es intolerable, lo que está haciendo el gobierno israelí es intolerable, esa borrachera del año 1967 ha tenido efectos dramáticos.

 La resaca llegó en el 73.

Hablando con gente que vivió aquello, incluso laicos, todos a la segunda copa acaban hablándote del milagro. Y para que exista un milagro tiene que haber intervención divina. No hay milagro, pero es casi milagroso que los árabes fueran siempre tan idiotas. Pasó lo que pasó. En el año 1967 Israel se anticipó, tenía un ejército de verdad, no esos desarrapados. Luego en 1973. La borrachera del 67 dura y dura y dura, qué lástima. Pero también es verdad que al israelí, y hay gente que dice judío, y esto me mosquea muchísimo, estamos hablando del país, de los israelíes…

Permíteme un inciso. ¿Qué me dices de la gente que dice “israelitas”?

(risas) Eso puede tener una explicación banal. España es un país bastante cateto por su historia reciente. Hay problemas para designar… la gente dice “keniatas”. ¿Keniatas? ¿Porque el primer presidente se llamaba Kenyatta ya son “keniatas” todos? Kenianos, en todo caso. Desde luego lo de “israelita” tiene una connotación extrapolítica y ocasionalmente puede ser maloliente. España es el país antisemita perfecto, odia a los árabes y a los judíos y a todo el mundo por igual, es un país xenófobo y culturalmente basado en la tradición de la limpieza de sangre. Nadie es capaz de defender eso abiertamente —bueno, siempre hay alguno— pero queda un poso, y esto en prensa se nota. Si un israelí mata a un palestino sale en el periódico seguro. Si un sirio mata a treinta sirios, depende del espacio que haya; podemos darlo otro día o no darlo.

¿Y ahora qué sucederá?

¿Ahora qué? No lo sé. Pero el entorno ya no será tan confortable para Israel como lo ha sido desde 1991, porque la Primavera Árabe está cambiando las cosas: durará mucho, diez, veinte, treinta años… pero el cambio creo que es inevitable. Los tiranos árabes vivían en un entramado y se apoyaban unos a otros: el hecho de que vayan cayendo deja a los demás en una situación de mayor fragilidad. Es imposible generalizar, pero creo que la gente árabe de los países árabes que rodean Israel se siente muy herida en su orgullo. No hablo de Irán porque no es árabe, ni tan antijudía como se cree a veces, ni siquiera tan anti-israelí. Israel, aparte de ganar todas las guerras ha tenido una actitud no diré arrogante, pero sí displicente con los países vecinos. Los ha considerado de segunda categoría porque, es verdad, tenían regímenes de segunda o tercera categoría. Pero no creo que eso haya sido muy inteligente. Se nota por ejemplo en Egipto: nadie quiere guerra, lo que se quiere es una relación de igualdad y no tener un presidente que hace exactamente lo que le mandan desde el Ministerio de Defensa de Tel-Aviv o desde Washington. Y eso habrá que corregirlo, me temo, si se quiere llegar alguna vez a alguna parte. Mucho tiempo. Y me temo que el proceso del 92 está muerto.

Eres pesimista, entonces.

Sí. Habrá que probar otra cosa. Y ha sido un fracaso también de Estados Unidos. Ha sido una iniciativa diplomática en la que han puesto muchísimo esfuerzo, dinero…

¿Crees que el lobby judío norteamericano AIPAC (Comité de Relaciones Estados Unidos-Israel) ha perdido poder en las últimas décadas?

No, no ha perdido poder. ¿Ha perdido apoyo? Sí, de eso estoy totalmente convencido. Hay muchos judíos en Estados Unidos que aún no se desvinculan porque bueno, al fin y al cabo se trata de Israel. Pero los sucesivos gobiernos israelíes, casi desde Begin, han sido difíciles de apoyar. Desde luego, los lectores judíos del New York Times ya no están por esta labor. Los judíos norteamericanos del mainstream, los que no se corresponden con el típico chiste del judío, los que no son Seinfield… hay muchas cosas que no entienden del actual Israel. Aquí hay un problema de exclusión de una gran parte de los judíos, que hacen donaciones para que esto cambie, porque hay cosas que no pueden ser. Si uno va a Hebrón y ve cómo se está tratando a los palestinos dice “no, esto no puede ser”. Una gente que no es especialmente violenta —no estamos hablando de la costra más dura de Gaza—, que es seminómada y que en realidad no molesta a nadie pero como ocupa algunas tierras y tiene la costumbre de pasar por terrenos que pertenecen a colonias israelíes… se ven cosas muy desagradables.

Siguiendo con las relaciones internacionales de Israel, ¿crees que el gobierno de Netanyahu podría conseguir reparar los lazos con Turquía?

Me extrañaría que el Gobierno turco fuese tan torpe como para romper los lazos con Israel. Creo que en un primer momento todo era teatro. Es decir: el gesto del primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan en Davos plantando a Simon Peres era un gesto ante la opinión pública musulmana, pero sin contar con que se llegara a una ruptura. Lo que pasa es que la Historia se mueve al margen de lo que haga cada cual y la opinión pública turca experimenta ahora un subidón de orgullo. Porque en cualquier país árabe se habla del “modelo turco”, “el camino turco es el camino a seguir”, “los turcos son cojonudos”, y eso a Erdogan le ha puesto muy cachondo. Se ha entrado en una vía peligrosa. Espero que nadie sea tan burro como para cargarse la relación entre Turquía e Israel, que es fundamental. Para mí es más importante que la relación entre Israel y Egipto. Porque Turquía ha sido históricamente más autónoma que Egipto. Espero que esto no acabe siendo un drama, pero ahora mismo la verdad es que no estoy seguro. Hablando con diplomáticos israelíes te das cuenta de que están pensando “¿dónde quieren llegar los turcos?”. Me gustaría tener buenas fuentes en Turquía, fuentes internas. Hablo con analistas de allí y tampoco tienen las cosas muy claras.

¿Qué tipos de fuentes tienes en Israel dentro del mundo de la política o del ejército?

Hay gente dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores o en otros ministerios, en el Banco Central… que por razones idiomáticas —vienen de América Latina— te tomas una copa con ellos, empiezas a tratarlos… y son buenas fuentes, gente que está dentro. Hablan con total libertad, eso llama la atención. Esta es una sociedad en la que tanto israelíes como palestinos hablan con mucha franqueza. Obviamente hay que respetar el off the record y demás, pero se obtiene bastante información. Aunque no sobre defensa. He tenido acceso a mucha gente en Defensa: si trabajas para El País tienes algunas facilidades que otros quizá no tienen y puedes quedar para tomar un café con el militar que lleva la Ocupación, pero lo que recibes es un discurso, no información. Tengo acceso a lo que ellos quieren difundir, nada más. Aunque luego tienes acceso a los soldados: esos sí que te dan una idea muy clara.

Precisamente en una entrada de tu blog hablas del ex-sargento Yehuda Shaul, uno de los fundadores de “Breaking the Silence”, la asociación de antiguos soldados israelíes que habla públicamente sobre su experiencia en los territorios ocupados.

Están los de Breaking the Silence, pero también soldados en activo. Si vas a Hebrón, los soldados están generalmente muy a disgusto porque es un mal destino. Hay muchos que son argentinos o uruguayos de origen judío y puedes acabar echando un cigarrito con alguno de ellos, hablando. Y ves lo que ves. Hay algunos que estarían encantados con que a los colonos judíos los arrasaran los palestinos porque el colono de Hebrón es algo especial, no es el tipo que te puedes encontrar en Ariel que dice “si me dan un dinero me voy a vivir a otra parte, no estoy aquí porque la Biblia me lo haya dicho sino porque me pareció que era un buen sitio para vivir, más económico”. Hay de todo, hay mucha diversidad y complejidad, y me deprime cuando se generaliza sobre “los colonos”. Hay gente que tiene vocación de colono y que quiere estar allí por los patriarcas bíblicos, pero hay otros que son sólo emigrantes socioeconómicos y que pasaron al otro lado porque el Gobierno lo favorecía: era más barato, más cómodo.

De todas maneras, estén dispuestos a irse o no, la cuestión es que son un obstáculo para la formación de un estado palestino

Evidentemente. La gran dificultad es el militante, ese núcleo duro que dice estar allí porque tiene una misión, porque eso es tierra de Israel, la cuna de todo. Y luego está el otro colono que no quiere problemas, el que dice “yo me compré una casa aquí, pero si el Gobierno me compra una casa en Modi’in me voy encantado”… creo que todos estos querrían vivir en Tel-Aviv.

¿Qué te parece que hayan armado a ese núcleo duro?

Me parece consecuente con la política de este gobierno. Del Gobierno de Netanyahu se dice con frecuencia que es un gobierno parcialmente secuestrado por los ultrarreligiosos. Pero yo creo que no, que el núcleo duro no es especialmente religioso. Están los rusos, como Ysrael Beiteinu, que no son especialmente religiosos pero sí muy intransigentes con la cuestión palestina. Está el likudismo extremo, que es mucho más duro y menos dialogante que los religiosos. Los religiosos tienen mala fama entre la sociedad laica israelí porque no trabajan, no pagan impuestos, exigen de todo… pero por mi experiencia creo que son más dúctiles que el ultranacionalista que quiere llevar un arma. Los religiosos no llevan armas, quieren que otros las lleven.

Cuando entrevistaste a Amos Oz le preguntaste si estaba convencido de que Israel iba a durar. Permite que te haga la misma pregunta.

Yo preferiría que durara. En un mundo ideal —y el mundo nunca ha sido ideal— este podría ser un país binacional donde todo el mundo conviviera: eso no va a pasar mientras yo viva. En un futuro lejano tal vez, pero no creo que ahora sea posible. Israel sólo puede morir por suicidio… y a veces da síntomas de tendencias autodestructivas graves.

¿Ves sostenible Israel como patria del pueblo judío?

Hay un fenómeno del que se habla poco: la inmigración negativa. Hay muchos israelíes que vienen aquí solo de vacaciones, porque empiezan yéndose a estudiar al extranjero, luego encuentran un trabajo… y les da pereza vivir aquí. No creo que Israel pueda vivir indefinidamente sin definir cuáles son sus fronteras. ¿Israel llega hasta el Jordán? Bueno, pues que todo sea Israel, vale. Pero si no llega hasta el Jordán habrá que ver qué se hace con ese territorio, con esa gente. Con todo, creo que los árabes israelíes están discriminados y a veces se autodiscriminan, pero desde luego saben dónde están: tienen un pasaporte, son de un país. ¿Pero los otros árabes qué son? No creo que se pueda vivir sin definir qué es Israel y qué es lo que está al otro lado de la Línea Verde. En tiempos modernos no se conoce una ocupación tan atípica y tan larga, y creo que ese es uno de los rasgos autodestructivos de Israel. “Vamos a dejar pasar las cosas, vamos a aguantar como está, statu quo, nos conviene”. Y yo creo que no conviene.

Una pregunta sobre Siria: la opinión pública en Europa no se ha movilizado mucho ante la represión en el país. Si un árabe es asesinado en un bosque y no hay ningún israelí cerca… ¿hace ruido?

(risas) Esa es una muy buena pregunta que lleva implícita la respuesta. Es uno de los asuntos que a un corresponsal debería mortificarle. Parece que el árabe sólo existe cuando un israelí le está pegando. Si el que le pega es otro árabe… no existió ninguna presión para que la OTAN interviniera en Libia, nada. Antes de la invasión de Irak había unas manifestaciones de la hostia, pero ¿Libia? Libia convenía.

Incentivos había, claro.

No seamos inocentes. Se ha ido allí para asegurar el suministro de petróleo. Y no sólo eso. Se ha ido para intentar asegurar que aquello no se convierta en un caos porque está al lado de Lampedusa, al lado de Italia. Europa está a dos manzanas. Pero Siria es otra cosa, y me parece que existe una completa indiferencia a los sirios. “Ah, ¿los sirios? Pobrecillos”. A todo el mundo le da igual. Lo de Hama se conoció tarde, comparado con lo que pasaba en Líbano… son cosas de ellos, no pasa nada. No hay ninguna presión para intervenir en ninguna parte. Lo de Libia me da bastante vergüenza. Es cierto que la Liga Árabe pidió la intervención aunque luego dijeran que no, que eran los rebeldes quienes pedían la intervención. Los rebeldes eran gadafistas que habían cambiado de bando.

¿Qué va a pasar con los sirios, entonces?

Esa es la gran cuestión. Sospecho que el régimen de al-Assad está condenado. La cuestión es qué pasara. Es muy difícil reformarlo, porque es un sistema totalitario: eso no se reforma, se rompe. ¿Guerra? También lo veo difícil, porque si no hay deserciones masivas el Ejército manda. Yo nunca he estado en Siria, técnicamente he puesto los pies desde Turquía, pero no conozco Siria. Todo lo que sé es por teléfono, de gente que conocí en Turquía en la región de Antalia, al menos sé quiénes son, pero también están en el exilio. Hay algunos de dentro con los que hablo, a veces he ido a Beirut y hay gente que viene desde Damasco y puedes hablar con ellos y te cuentan, pero no lo ves. Desde luego se ha mentido mucho: creo que la situación no es como la ha pintado la prensa internacional. Barcos cañoneando ciudades… enséñame una foto, una imagen, una casa derruida por cañonazos, algo. Eso no ha pasado. La represión indudablemente es brutal, pero no tiene esos tonos bélicos con los que se ha pintado desde fuera. Supongo que todo depende al final de Aleppo y en menor medida de Damasco, de momento, tranquilidad. Pero si la clase media —y Aleppo es la encarnación de la clase media siria, si eso existe— tiene algún medio al cambio, las minorías tienen miedo al cambio, y está justificado: después de al-Assad… ¿Qué? La experiencia es que los años después de la descolonización fueron bastante caóticos. Y luego es verdad que al-Assad creó un régimen tolerable, muy parecido al franquismo: con tal de que no te metieras en política tú ibas tirando. Una mujer en Damasco puede llevar minifalda, pasar de las mezquitas, pasar de todo. Tiene acceso a libros que en otros países árabes ni soñarlo. La cuestión es no te metas en política, en cuanto te metes en política el riesgo es muy grande. Y se ha ido tirando, pero creo que eso ya no aguanta más.

Cambiando de tercio: En Historias de Londres afirmas que en Inglaterra “las noches cálidas de agosto generan violencia”. ¿Se te ocurre alguna otra causa para los disturbios de Londres?

Bueno, era verano. Nunca ha habido disturbios fuera del verano en Inglaterra. Es una tradición: los disturbios raciales de Notting Hill, etc. Al inglés le gusta pelearse. Antes de la Guerra del Golfo, la de 1991, pasaron meses desde la llegada de las tropas hasta el inicio de la guerra y había gente en el ejército a la que se le acaba el contrato. La mayoría de los americanos se volvían a Estados Unidos porque tenían derecho a reanudar después con un nuevo contrato, así que se iban a casa una temporada y luego si había que volver se volvía. Pero los británicos hacían cola para quedarse, no querían perderse esa guerra ni de coña. El soldado inglés, que para mí es el mejor del mundo con diferencia, es algo especial. Y el inglés… esto lo sabe quien haya ido al fútbol. Ahora el fútbol ingles es segurísimo, pero cuando yo vivía allí la violencia formaba parte del espectáculo futbolístico. Alcohol y violencia. Creo que los saqueos de este verano han tenido bastante que ver con eso. No sé si es necesidad, pero es una vocación de la clase obrera inglesa, muy orgullosa de serlo, de reventar de vez en cuando y meterse en una buena pelea con la policía o con quien sea.

Lo achacamos al carácter inglés, entonces.

Yo lo achacaría, sí. Porque no se parecían nada a las revueltas de las banlieues en París, por ejemplo. Lo de París eran los hijos de inmigrantes completamente franceses pero marginados, y los disturbios no se acababan de un día para otro. Se podían calmar las cosas, pero los sentimientos seguían. En Inglaterra se acaba la explosión y la gente se vuelva a trabajar si tiene trabajo y, si no, pues se va al pub y hasta otra. Creo que es un fenómeno típicamente inglés.

¿Te consideras anglófilo?

(lo piensa) Sí, entre otros defectos tengo ese. Y a veces es difícil defender la historia imperial, pero el inglés tiene una tendencia al pragmatismo que creo le redime. Los fanatismos me repelen un poco y el inglés en general no es fanático. En el XIX lo era más, la época del boom bíblico era una época en la que todos estaban recitando salmos de la Biblia todo el rato. Pero los ingleses son prácticos, y eso ayuda.

Pasemos a Italia. ¿Qué opinas de Berlusconi? ¿Cómo explicas su éxito?

Creo que se explica con gran facilidad. Parece como si Berlusconi hubiera salido de la nada, que Italia hubiera sido un país modélico con una clase política fantástica y que de repente hubiera llegado Berlusconi y se lo hubiera cargado todo. No, no. La clase política italiana sufrió un colapso con Craxi debido a la corrupción masiva, ineficiencia, etc., y desapareció. El primer ministro más importante desde la época de De Gasperi ha sido Andreotti… un tipo condenado por asesinato, aparte de por cooperación mafiosa y demás. Berlusconi es la continuación  lógica de un fracaso político completo. Italia es un fracaso político, desde siempre, con los Saboya, con Mussolini y con todo lo que vino después. Un fracaso. Es un éxito económico, por otro lado: es un país rico, al menos la parte del Norte. Un país que si arrangia, como dicen ellos, pero siempre al margen de la política. La política italiana es algo en lo que tienes que poner dinero porque el potente te va a favorecer algún día. Es una relación no diré que mafiosa, pero sí de un clientelismo exacerbado, cada uno se busca la vida. Para entender Italia sólo tienes que ir por el centro de Roma, ir al Campo di Fiori: cuando está el mercado puesto está todo sucio, hay pintadas, la gente va meando por ahí, entras en un edificio y la escalera es cochambrosa, pero llegas al piso en cuestión, te abren la puerta y ves un Picasso original, unos muebles fantásticos… los privado y lo público son universos distintos. No hay sentido de lo público.

Entonces, cuando Berlusconi o gente de su círculo se queja diciendo que los corresponsales son demasiado duros con él…

(resopla) Hay que tener huevos. Pero bueno, forma parte del personaje. Que por otro lado es simpatiquísimo, personalmente, y nunca rompe con el enemigo. Él siempre habla del enemigo como un futuro amigo al que en algún momento comprará. No es de esa gente que intenta eliminar la oposición. Simplemente intenta captarlos y comprarlos, y lo va consiguiendo. Berlusconi es un negociante.

¿Crees que tiene alguna ideología de algún tipo?

Es un hombre que, como muchos italianos, está influido por el fascismo. El fascismo no tuvo la historia horrible que tuvo el nazismo o incluso el franquismo. El régimen fascista cayó durante la guerra mundial, pero mucha gente recordaba la época fascista como una época de eficacia, de progreso. No era tan cruel como el nazismo, ni mucho menos, y Berlusconi tiene esa influencia. Esa ideología vaga de muchos italianos, mezcla de catolicismo no practicado pero sí asumido —la cosa de que si te confiesas no pasa nada, está todo perdonado, puedes hacer lo que quieras— y de hedonismo, “vamos a pasarlo bien”. Es un tipo muy listo y cuando cenas con él te ríes y es capaz de cautivarte. Tienes que recordarte continuamente que es Berlusconi, porque si no empieza a tocar el piano, a cantar, te cuenta un chiste, va a la cocina, te trae no se qué, es muy hospitalario… dos horas más y acabo votándole, cuidado.

Curioso.

Y luego se explica por la izquierda italiana. La izquierda italiana es lo peor. No hablo de individuos, son gente maja, pero una izquierda que todavía tiene resabios estalinistas, que está completamente dividida… los dos años de Prodi fueron horribles. Ahí estamos, con Berlusconi hasta que caiga, y después de Berlusconi…

¿Fini?

Tengo mis dudas. Me parece difícil que el sucesor sea alguien que se ha peleado con Berlusconi. Veo más posible esa opción que siempre se baraja del Gobierno semitécnico, las personalidades de prestigio, alguien no directamente relacionado con un partido… ese tipo de solución a la italiana porque si no, no veo cómo se podría articular una mayoría. Y Berlusconi seguirá siendo el amo de las televisiones.

Porque a la cárcel no va a ir, ¿verdad?

Lo dudo mucho, muchísimo. Pero incluso desde la cárcel las teles serán suyas, así que…

Hablemos de fútbol. Santiago Segurola, en su entrevista para Jot Down Magazine, habla del maltrato al hincha. ¿Compartes su punto de vista?

Completamente. Estoy en una época de desencanto absoluto con el fútbol. Por supuesto que el fútbol es un espectáculo, es un juego que hace gracia a mucha gente, y un espectáculo lo puedes aprovechar económicamente. Se ha convertido en un negocio colosal. Pero el fútbol como pasión y como patria elegida nace en Europa y en Sudamérica como una expresión de la clase obrera recién llegada a las ciudades, completamente marginada. La alienación marxista en su estado más puro. Dado que eran capas populares muy amplias que podían ser nacionalistas pero no se veían representadas por el Estado, acogieron la bandera de un equipo y convitieron los estadios en lugares de culto. Hay algo de nacionalismo, incluso de militarismo… esos fenómenos de finales del siglo XIX y principios del XX. El club y la bandera del club no son nada si no hay gente detrás. Al fútbol le ha pasado un poco como a la política: antes no podía existir un líder si no tenía masas detrás, montaba un mitin e iba mucha gente. Ahora la política es algo que se vive por la tele y por Internet, se “twittea”, etc. El líder y su ideología son algo que queda muy lejos. Pueden prescindir de la gente. Y el fútbol también ha empezado a prescindir de la gente. El que importa es el público, el que paga por ir al estadio. Da igual que no sufra ni padezca, da igual que sean invitados corporativos. ¿Dan dinero? Perfecto. Entre eso y las desigualdades… está claro que se vive un momento de tránsito entre las ligas nacionales y la liga europea. Pero las ligas nacionales todavía son muy buen negocio, mejor todavía que la liga europea, y por tanto ni siquiera los clubes grandes quieren cargárselo. Ahora mismo el fútbol ha perdido el carácter que solía tener, que aún se vive en clubes pequeños.

Como el Espanyol.

Como el Espanyol, sí. Porque no va una clientela de lujo ni turistas a ver el partido. La mitad del campo del Barça son turistas japoneses que están gritando todo el rato y aplaudiendo todo el rato. Y no saben. Me parece bien, pero es otra cosa. Creo que el fútbol se está traicionando a sí mismo. Y la repetición de partidos… en España parece que todo sea un Barça-Madrid indefinido, no se acaba nunca. Termina un partido y ya se está pensando en el otro que es dentro de dos semanas. A mí me fatiga.

Hace unos años dijiste que “en España sería viable un diario deportivo serio, bien escrito, y sin furores pasionales”. ¿Lo sigues pensando?

Sí. Si hablas con el director de un diario deportivo te dirá —lo dicen todos— que todo el mundo sabe que El País es del PSOE y que ABC es del PP. En un diario deportivo sus lectores saben que es del Madrid o del Barça. Aquí llegamos a unos de los problemas fundamentales de la democracia: la democracia iguala por abajo y casa muy bien con el capitalismo, que también iguala por abajo. ¿Qué vende? El populismo, el excitar las pasiones más bajas de la gente. ¿Qué programas de TV se ven más? Los que azuzan lo peor que hay en nosotros. La gente dice “yo no veo nunca Salsa Rosa”. Joder, pues las audiencias son tremendas. Con la prensa deportiva pasa lo mismo. Que las historias que publican sean ciertas o no da igual, a nadie le importa. Lo que busca el director o el autor del periódico es masturbar a su lector, es un ejercicio masturbatorio. No ofrece información. Hay excepciones: siempre habrá que seguir leyendo a Segurola y a otros. Pero el tono general es de puro forofismo. En cambio creo que hay aficionados al fútbol, bastantes miles, que querrían leer algo parecido a lo que era el Marca hace treinta años: un diario deportivo que podía abrir un día con natación, al día siguiente con salto de pértiga porque había pasado algo extraordinario y al siguiente con algo del Atlético de Madrid… era un diario deportivo bastante bien hecho, y su anuario lo compraba casi todo el mundo porque era un anuario ecuménico. Pro-madridista pero tolerable, y bastante mejor que los otros; eso se ha perdido. Supongo que si han renunciado a eso será porque le sacan rentabilidad al forofismo, pero en Internet están apareciendo proyectos nuevos, medios que tienen su clientela y son un placer. Si el deporte no produce historias, apaga y vámonos. Está lleno de historias que contar, buenas historias, y algunas de ellas muy edificantes. El deporte es formativo. Creo que que funcionaría.

¿Te gustaría participar en un proyecto así?

¿A mí? Sí, ya lo creo. Si un día me dijeran Santi [Segurola] o Ramón Besa “me han hecho director de un deportivo, si quieres hacer algo…” ¡Ya! Pero es muy complicado.

Fútbol italiano: el dinero de los jeques y las superestrellas pasan de largo, los estadios están vacíos, sus equipos pierden atractivo y cuotas de mercado en los mercados emergentes, los ultras tienen en algunos equipos un poder inconcebible en otros países europeos. ¿El fútbol italiano es el último foco de resistencia romántica e identitaria frente al fútbol moderno y globalizado, o un fútbol en crisis?

Una de las características de Italia es que siempre va por delante de los países vecinos, en todo.

Incluyendo el fútbol

Incluyendo el fútbol. Fueron los primeros que empezaron a falsificar balances, a hincharlos haciendo compraventas falsas, lo que ahora en España es el pan de cada día. No, no queda romanticismo en ninguna parte. En el gran fútbol profesional siempre cito como ejemplo el libro de mi amigo Iñigo Gurruchaga, Scunthorpe hasta la muerte; la historia de un tipo español que va a jugar a un equipo de la cuarta división inglesa y cómo ese tipo llega a jugar una final en Wembley. Eso es fantástico, eso es fútbol. Lo otro es un gran negocio, magia, espectáculo, lo que quieras. En cualquier caso, ningún romanticismo, y la crisis tenía que llegar como ha llegado a las deudas públicas europeas y como ha llegado a todas partes.

¿Cómo nace Historias del Calcio?

Muy fácil. Yo llegué a Roma un jueves y dos días después me llama Santi [Segurola] y me dice: “¿Oye, por qué no te haces una columnilla?”. “Aún estoy en el hotel, no conozco nada”. “Ya, pero me gustaría tener algo, ha pasado no sé qué en Nápoles, podrías escribir”. Y vale, escribí una cosilla y la envié. El domingo siguiente me llama Pepe Samano —yo estaba en un autobús yendo a un pub para ver un partido de fútbol— y me dice: “Bueno, ¿y la columna?”. “¿Qué columna?”. “Pues habíamos quedado en que cada domingo ibas a enviar una columna”. “No, yo no he entendido eso”. “Coño, pues ya la tenemos aquí pintada”. Así que, venga, de vuelta con el autobús al hotel y a escribir una columna. Y domingo a domingo hubo que hacer una columnilla que al principio era más corta y luego se fue alargando porque había gente que la leía. La fui utilizando para hablar de fútbol y de muchas otras cosas. Ya que tienes un espacio y te dejan hacer lo que te dé la gana… esa es una de las ventajas de Santi y en general de la sección de deportes de El País. Cómo puedo decir esto sin que me despidan mañana mismo, a ver: El País fue un diario fundado por gente que venía del franquismo y escrito por gente que venía del partido comunista. Entonces, la redacción —hablamos de finales de 70— era muy de izquierdas, muy vinculada al partido comunista; la propiedad y la dirección venían directamente del franquismo. Cebrián era director de informativos de la tele franquista, más claro… Y lo que tienen en común esos dos grupos es una cierta propensión al centralismo, a la disciplina, al autoritarismo y a la homogeneidad ideológica como instrumento de organización laboral.

¿Esta corresponsalía es un exilio forzado?

Bueno, técnicamente no es un exilio porque puedo volver cuando quiera, teóricamente. En la práctica no lo sé. Me dijeron que dejara de escribir la columna y que hiciera una corresponsalía. De ahí puedo deducir cosas, pero es estrictamente eso. “La columna deja de hacerla porque queremos algo más centrado en televisión. Elige una corresponsalía, la que quieras, no hay problema de dinero. Y estoy encantado, de hecho; escribir la columnilla esa me aburría, así que no me quejo.

Pues todos contentos, entonces.

Sí, es difícil quejarse cuando ves lo que cobra la gente. El trabajo de la gente joven, tan poco estimulante, jornadas larguísimas en las que no están haciendo más que sacar cosas de Internet y meterlas en otro receptáculo de Internet. Sería el colmo que yo me quejara, joder…. soy un tío al que pagan por estar aquí. Mira, la Cúpula de la Roca (la señala). No puedo sentirme ni exiliado, ni represaliado ni nada. Me pagan y tengo un jefe que decide lo que he de hacer. Hubo gente que me llamó o me escribió: “Tenías que haberte ido del periódico”, “Aguantar humillaciones”. Perdona, yo no he visto ninguna humillación. Sólo soy un empleado del periódico. La humillación sería que me dijeran “Ya no puedes hacer nada, te sientas en esta mesa, haces tu jornada laboral pero no puedes escribir, no puedes tocar nada”. Eso sí es intolerable. Pero que me cambien de destino… soy un puto periodista. Ni artista, ni escritor, ni mariconadas. Me dedico a lo que me dedico, y la verdad es que encantado de estar aquí. Obviamente, luego tengo mi opinión personal sobre la dirección y sobre cómo funciona el periódico.

Tengo entendido que tu padre era uno de los grandes del periodismo español. ¿Ha influido en tu manera del ver el oficio y en tu trabajo?

Sí, influyó en el sentido de que yo no quería ser periodista ni de broma. Mi padre era abogado y en el 66, a los cuarenta años, lo dejó —se ganaba muy bien la vida, un abogado de propiedad intelectual— porque quería ser periodista. Así que hizo la carrera en un año y —con tres hijos— empezó de becario en un diario que se llamaba El Correo Catalán, cobrando creo que cuatrocientas pesetas mensuales, terrible. A él siempre le ha gustado muchísimo el periodismo; yo de pequeño conocí a muchos periodistas y estaba acostumbrado a escuchar en casa cómo funcionaba el negocio… lo conozco. Mi tío abuelo también era periodista, represaliado por el franquismo. Pero nunca he podido tomármelo muy en serio, para mí es un oficio. A mí los teóricos del periodismo me parecen admirables porque nunca he visto nada sobre lo que teorizar. El periodismo es un puto oficio. En cuanto el periodista empieza a mirarse el ombligo y a pensar en su papel en la sociedad… por favor, cuanto menos piense, mejor. Hay esa famosa argumentación sofista de que un barrendero que lee a Kant barre mejor que uno que no lee a Kant: eso es falso. Yo no quiero a un taxista que este leyendo a Schopenhauer, quiero a un taxista que sea un taxista, que no empiece a teorizar sobre la función del taxista en la sociedad contemporánea. Es mucho más fácil que eso. Hay que ser honesto, humilde y hacer lo que puedas, sabiendo que hacerlo bien es imposible. Se trata de evitar hacerlo muy, muy mal, de mentir o de equivocarse estrepitosamente. ¿Cómo vas a contar todo lo que pasa? Cuentas lo que te parece que pasa en pequeñísimos fragmentos de ese mosaico universal que es la realidad. Es un oficio que hay que hacer con la máxima discreción.

Ya sé que te lo han preguntado muchas veces, pero ¿que consejo darías a un periodista que acaba de empezar? Aparte del “mitad monje, mitad gilipollas”.

(risas) Eso no es un consejo, es una realidad impepinable. (piensa) Si ha de ser un solo consejo: que desconfíe de sus jefes, que desconfíe de sus jefes, que desconfíe de sus jefes. Porque siempre ha sido así, pero ahora es extremado. Los jefes no están del lado del lector, están del lado del empresario, del inversor, del accionista, y el periodista tiene que estar del lado del que lee, del lado de la audiencia.

¿Esto es off the record? Es que no queremos que te despidan.

Esto es on, completamente, porque no he dicho nombres. Hay que saber que el jefe es el jefe y puede mandar, pero es un error considerar que tiene razón porque sus razones son distintas a las tuyas. Tú trabajas para otra gente, tienes que conseguir ser lo bastante hábil como para trabajar para los tuyos, para el lector, sin que te despidan. Sin enfrentarte de una manera frontal con lo que es la realidad comercial y empresarial, que es primero la necesidad de sacar dinero —no me parece mal aunque a veces es de mal gusto— y sobre todo la necesidad de contentar a los intereses empresariales. Resulta que el dueño del periódico es a la vez dueño de no sé qué, que las sinergias de no sé cuántos, hay que hablar bien de tal cosa y mal de la otra… la puta verdad es que el jefe es, en minúscula y con todos los matices, el enemigo.

Mario Conde nos habla en un momento dado de la influencia que algunos políticos tienen en los contenidos de los periódicos. ¿A lo largo de tu carrera de periodista has intuido alguna injerencia de este tipo?

La segunda entrevista que hice en mi vida fue a un político catalán ya retirado, se llama Miquel Roca i Junyent, padre de la Constitución. Hablamos del año 77. Cuando llegué a su despacho nos sentamos, me ofreció un café y cuando nos lo sirvieron me dijo: “tome nota”. Y tuve que tomar nota. Los suyos eran los dueños del periódico, y desde luego la influencia ha existido siempre. Es una influencia en los dos sentidos. Como ejemplo: un importante diario español no dio antes que el diario El Mundo noticias sobre la corrupción socialista porque el Presidente del gobierno de la época pidió al director de ese diario que retrasara la publicación; necesitaba tiempo para arreglar algunas cosas. Se retrasó y lo sacó la competencia. Eso existe, y más desde que las empresas periodísticas han apostado por la televisión. La televisión son concesiones, y en una sociedad ideal esas concesiones las daría una comisión técnica atendiendo a razones técnicas. En España no es así, en España las televisiones se atribuyen a dedo. Es evidente que existe esa influencia, ha existido siempre.

¿Y en el mundo de la cultura? Segurola nos dijo que el periodismo cultural está supeditado a la industria cultural.

Tengo una opinión un poco excéntrica sobre eso. Creo que todo el periodismo es cultural, salvo el estrictamente inculto. Lo que llamamos “periodismo cultural” suele ser mera promoción de productos culturales: hay que hablar de lo que están haciendo la industria y las instituciones culturales. La Academia saca un nuevo diccionario de no sé qué, el libro nuevo de no sé quién, el disco de no sé cuántos. Todo eso es industria cultural. Me interesa muy poco. Obviamente, eso está mediatizado por los grupos económicos que controlan el periódico, que suelen ser también los fabricantes de esos productos culturales. En cambio creo que es periodismo cultural las críticas de teatro de Marcos Ordóñez —precisamente porque el teatro, al ser minoritario, ya queda un poco fuera—; no es un negocio y puedes permitirte tener un tipo realmente culto que sabe mucho de teatro, que va a ver dos o tres obras y hace un artículo en el que siempre aprendes algo. Lo otro, o eres un tipo medio suicida, medio loco, como Boyero, con unos gustos muy determinados —es muy amigo mío—, o te acomodas. El “periodismo cultural” no me interesa, generalmente me salto las páginas de cultura.

Dijiste una vez que Boyero es especialmente brillante cuando está cabreado.

Y es verdad. Boyero es muy buena persona, es un tipo muy tierno que se emociona con facilidad, quiere mucho a sus amigos. También puede ser muy borde. Pero se expresa mucho mejor cuando está rabioso, y creo que sus mejores críticas son las salvajes. Lo de Almodóvar ya empieza a ser un cliché. Con cada película de Almodóvar es “a ver qué palo le pega Boyero”. Aunque no siempre lo hace.

Todavía no he leído lo que ha dicho sobre la nueva de Almodóvar, La piel que habito.

Un palo, la peor. La ha destrozado totalmente.

¿La has visto, por cierto?

Yo no voy al cine, tengo claustrofobia. Lo veo todo en casa, con un cierto retraso. A mi mujer le gusta mucho Almodóvar. Hay películas que sí me han gustado, pero el tipo de lenguaje que utiliza me es un poco ajeno.

La verdad es que de un tiempo a esta parte decir eso podría ser considerado hasta antipatríotico, en algunos círculos.

Sí, sí. He visto argumentos de este tipo: “Un producto que exportamos y nos lo vamos a cargar”. ¿De qué estamos hablando? No me gustan ni Almodóvar ni Amenábar, qué se le va a hacer. No soy un entusiasta del cine, me gusta pero no me pasaría la vida viendo películas como Carlos o como Oti Rodríguez Marchante. Tengo dificultades con la imagen, creo que soy mejor lector que espectador.

Hablemos series de televisión. Confieso avergonzado que todavía no he visto The Wire

(risas) Qué suerte tienes.

¿Qué me dirías para que empezara a verla mañana mismo?

Si Shakespeare te ha interesado alguna vez, te interesará The Wire. Si te gustan cosas más sencillas, quizá no. Es una serie shakesperiana, está todo ahí, está llena de argot, de acentos complicados, no sé si está traducida y no quiero saberlo, pero es de lo más satisfactorio que yo he visto en televisión. Es como lo que ves en Shakespeare: humanidad, personas. Son buenas y malas según las circunstancias, hacen tonterías… gran, gran serie.

¿Y de la HBO recomendarías alguna otra cosa? ¿Eres “sopranista”?

Sí, fui sopranista, aunque menos que gente como Carlos Boyero: para él es lo máximo. Yo estuve muy enganchado a las dos primeras temporadas. Las otras las vi más tarde; es muy buena pero no me interesó tanto como The Wire o como otros vicios que son no justificables y completamente subjetivos… He estado siempre muy enviciado a House porque el actor me cae muy bien, es un tipo admirable.

¿Le conoces personalmente?

Le hice una entrevista cuando estaba en Londres, cuando era cómico. Es un tío tan culto, tan… es lo que a mí me gustaría ser. Pero bueno, House es un vicio… es una serie menor.

¿Has visto A Game of Thrones?

Todo el mundo habla de ella pero no la he visto. Desde que estoy en Israel no veo prácticamente televisión. Con el hebreo tengo dificultades, puedo saber de qué va, pero… Lo que veo ocasionalmente es alguna película. Aquí me he quitado de la televisión, quizá porque mientras estaba en España —aunque solo fuera por salvar las apariencias— tenía que ver televisión. Luego hablaba de otra cosa, pero tenía que ver televisión. Y al dejar España me quité un poco.

Supongo entonces que no habrás visto dos de las últimas de la BBC, Sherlock y Luther.

No, y me las han recomendado muchísimo. La de Sherlock Holmes tengo muchas ganas de verla.

Tienes mucha afición por el personaje, ¿verdad?

A mí el crimen victoriano me parece imbatible, y aunque este ya no es victoriano, sigue siendo victoriano. Esa cosa tan maniquea e hipócrita de la época victoriana: “el mal es el mal y el bien es el bien” y “es un choque de inteligencias”… ni las cosas están tan claras ni nunca chocan las inteligencias, lo que choca es la idiotez. Sí, soy aficionado y tengo ganas de verla. Pero ya digo, aquí me dedico a otras cosas, en general leo por la noche, no veo la tele. Ya me reengancharé.

¿Has leído algo interesante últimamente, o algo que quieras recomendar a nuestros lectores?

Algo que no es nada recomendable: Leo Strauss. Porque probablemente ecribiré un librito con otro periodista aquí; él haría la parte de Sayyid Qutb, del integrismo islámico como negación de la modernidad, y yo la parte de Leo Strauss como la negación de la modernidad desde el lado occidental. En Estados Unidos, Leo Strauss —y no sólo por toda esa cosa de que era el padre espiritual de los “neocons”— dice cosas muy inquietantes, como que desde Hobbes y Spinoza todo ha ido mal porque la filosofía tiene que tener una pata en Atenas y otra en Jerusalén: si quitas la pata de Jerusalén y dejas los dos pies en Atenas niegas una parte de la humanidad. Dice que sin sentimiento religioso, no ya Dios — él era un judío ortodoxo—sino el fenómeno religioso, lo oscuro, lo inexplicable… si niegas eso, estás conduciendo a la sociedad al nihilismo. El que se lo puede permitir puede pasar por hedonista: vive bien, disfruta, pero al final lo que hay es nihilismo, nada. A mí eso me parece muy tétrico, pero interesante. Entronca con la doctrina actual de la Iglesia católica y de una parte de la filosofía alemana: se hace muy raro vivir sin Dios. Aunque no creas en Dios da igual, no hace ninguna falta creer en Dios. Freud decía que el hombre tiene un vacío en forma de Dios dentro desde que mató a Dios. Y creo que no es del todo falso. Así que, bueno, es lo que estoy leyendo: es un tipo oscurísimo, pesado, farragoso… encima lo hace voluntariamente más oscuro. Me lo estoy pasando bien, pero no lo recomendaría.

¿Y alguna lectura más ligera?

Hay un escritor polaco de novelas policíacas fantásticas, Marek Krajewski. Es un tipo que escribe sobre un detective de Wroclaw —que entonces era Alemania pero ahora es Polonia— a principios del siglo XX y está muy bien, es muy recomendable. Y luego están los clásicos: Philip Kerr, con el personaje Bernie Gunther. Y Dennis Lehane. De vez en cuando necesito darme chutes de cuatro o cinco novelas policíacas en dos días, y cuando me tranquilizo me dedico a leer sobre todo libros sobre current affairs, sobre esta región. Y algo de filosofía barata, aunque soy un negado para la filosofía. Precisamente por eso intento ponerme un poco al día.

Cuando has hablado del crimen victoriano he recordado que leíste la novela gráfica From Hell, sobre Jack el Destripador, y te gustó.

Sí, sí, me gustó, ya lo creo. Es de las mejores aproximaciones que se han hecho a ese ambiente. Luego en la realidad todo era mucho más cutre, pero sí, me gustó, y la película tiene una ambientación estupenda.

Si no me equivoco, tu teoría sobre los asesinatos es que Jack el Destripador era un tipo del barrio, ¿verdad?

Es la teoría comúnmente aceptada. Ahora circula por ahí una de un marino alemán, pero no, porque esto te puede salir bien una vez, pero el perfil que hizo el FBI en los noventa hablaba de un tío de hasta treinta años, local, con problemas de relación con la gente pero de aspecto posiblemente inofensivo. Y sí, ciertamente del barrio, porque había que conocer aquello. Daba igual que fueras cubierto de sangre porque aquello era un matadero, mucha gente iba cubierta de sangre. La cuestión era que te movieras con facilidad y supieras salir de los sitios. Aquello era un laberinto. Calles había muy pocas: Comercial Road, Whitechapel… todo lo demás eran pasadizos y túneles. Tuvo que ser alguien normal, del barrio. Son crímenes que no tienen nada de especial salvo por sus consecuencias. Con esos crímenes nace la prensa popular contemporánea, nace la prensa espectáculo. Como no se descubre quién es, queda el mito. Por muchas razones son crímenes famosos, incluso el nombre que se inventa el periodista aquel es espléndido: “Jack the Ripper”.

Bernard Shaw vino a decir que, gracias a Jack el Destripador, la clase alta londinense se dio cuenta de lo que había a su alrededor, ¿no?

Llegamos otra vez a la prensa espectáculo. Todo el mundo sabía lo que pasaba en el East End, todo el mundo. Hubo una revuelta tremenda el año antes en Trafalgar Square; muchos tipos se iban de putas al East End, pero era como otro mundo. No es lo mismo tenerlo ahí sin que salga jamás en los periódicos salvo en notitas de disturbios, reyertas, cosas de judíos —porque casi todos eran judíos huidos de los pogromos—, que encontrártelo en los periódicos envuelto en una historia fascinante, de crímenes, persecuciones, pánico social. De repente la gente descubre que aquella gente son extranjeros: había muy pocas personas nacidas allí. En 1888 más de la mitad de la población era judía recién llegada del extranjero. Es un momento en el que, en Europa, el clima revolucionario es acojonante y la sociedad victoriana tuvo miedo: había un monstruo. Hay un poco eso que dijo Bernard Shaw sobre que Jack el Destripador era un artista, un tótem del socialismo, porque había puesto en la mesa de las clases pudientes el problema del proletariado en la ciudad. Fue algo especial, no necesariamente por los crímenes… que son muy graciosos.

A los ingleses les fascinan.

Fíjate que en la época, toda la literatura criminal se basaba en envenenamientos o algún disparo. Eran todos crímenes limpios. Conan Doyle —que era de esa misma época— nunca metería allí un cadáver destripado porque resultaba pornográfico, y ese es un elemento —la pornografía— que a una sociedad muy cristiana como la inglesa de la época le fascinó. Las fotos mortuorias circulaban bajo mano y se pagaban caras: era un cadáver, pero el cadáver de una mujer desnuda.

Antes de que empezáramos con la entrevista me has dicho que no vas a escribir Historias de Jerusalén. ¿A qué se debe?

Yo no soy un escritor, no escribo vocacionalmente, no me gusta escribir; me cansa, me parece aburrido. Hay gente que tienen necesidad de expresarse: yo no. El de Londres salió por probar, porque conocí a una editora que dijo “ah, por qué no haces un libro, tal”. Hice un libro sobre Londres y se lo llevé. “Ya, pero ¿no podías poner cosas de ti?” Intercalé algunas cosillas, salió, hubo quien lo compró. Luego lo de Nueva York no quería hacerlo, pero me pagaron un anticipo razonable, murió Ricardo Ortega y entonces sí me puse a hacerlo porque quería hablar de él. El de Roma un poco lo mismo. Primero es una fórmula, un cliché, todos se parecen: es como primera parte, segunda parte y tercera parte. Y empecé a notar cosas inquietantes. Cuando llegué aquí y buscaba piso me quedé con uno cuyo propietario es el fabricante de la corsetería de la Reina de Inglaterra. Pensé, hostia, igual el piso no te gusta especialmente, lo que te gusta es la historia porque con eso puedes hacer un par de páginas graciosas en un libro. Y luego empiezas a notar —y eso es una tontería enorme— a gente que hace posturas, gente de tu alrededor que posa para salir en el libro. Es muy raro, pero pasa. Y pensé: bueno, qué, ¿voy a tener que hacer historias de estas toda la vida? Así que ya le dije a la editora que cortábamos. Por eso ahora salen las tres con un epílogo en el que explico todo esto, y a otra cosa.

Ahora te nombraré a una serie de personajes, y para cada uno de ellos me das un titular. ¿Te apetece?

Bueno, vamos a probar. ¿Un titular de prensa?

Sí. vamos a empezar con algo relativamente fácil: Rubalcaba.

Una causa perdida”.

Rajoy.

Una causa casi perdida”. (risas)

Rick Perry.

¿El republicano?

Sí.

La invasión de los zombies”.

¿Hillary Clinton?

La mejor líder de la derecha americana”.

Tzipi Livni.

Interrogante. Quién. Cerrar interrogante”.

Mourinho.

”El fútbol contemporáneo”.

Ignacio Polanco.

Vamos al tópico: “Lo que pudo ser y no fue”.

Villar.

(Se lo piensa un buen rato) “Lo contrario de Cruyff”.

 

 

Fotografía: M. Graizer

 

58 comentarios

  1. Felicidades a entrevistador y entrevistado por la entrevista. Me ha tenido pegado a la pantalla sin pestañear :)

  2. Un inciso numérico sobre Plomo Fundido, mientras sigo leyendo. Teniendo en cuenta que el rating habitual en las guerras modernas entre civiles y combatientes muertos (10 a 1), y conociendo que Hamas ha admitido que perdieron en Cast Lead entre 600 y 700 combatientes, efectivamente, cualquiera que hable de genocidio está haciendo un flaco favor a cualquier análisis medianamente coherente, ya que nos encontramos con una proporción de prácticamente 1 a 1. Si, la guerra es algo grotesco y espantoso de por si, pero si alguien acusa a Israel de genocidio por esto, va a tener que mirarse primero en el espejo y ver que es lo que hacen sus ejércitos por el mundo para reducir el máximo posible las bajas civiles, como por ejemplo nosotros, los españoles, cuando en compañía de los aliados de la OTAN y desde miles de pies de altitud bombardeamos Belgrado y

    “5 April: Homes hit
    Cause of error: Missiles fall short ”

    “12 April: Train destroyed
    Cause of error: Timing ”

    “14 April: Refugees bombed
    Cause of error: Mistaken identity”

    “May 19: Belgrade Hospital struck
    Cause of error: Missed target ”

    “May 30: Civilians die on bridge
    Cause of error: Civilians caught in “legitimate bombing” ”

    “May 30: Nato hits old people’s home
    Cause of error: Misguided bombs ”

    No creo que haya más que decir. Es un ejemplo, hay varios casos similares en todo el mundo y que afectan a todas las fuerzas armadas.

    Las guerras suelen ser mucho más caóticas y demenciales de lo que la gente cree, y más aún en estos tiempos de videojuegos en los que apuntas y la bala siempre da donde debe. Por eso, los lideres deben sujetarse mucho los machos antes de lanzarse a ellas…pero cuando la alternativa es quedarte mirando como caen 7.000 cohetes y morterazos sobre tus ciudades, tarde o temprano, ocurre, y todos debemos asumir sus consecuencias.

    Y cuando ocurre, las IDF, como reconocen los propios militares de la OTAN, son probablemente las fuerzas armadas modernas que más cuidado ponen y que más arriesgan sus propios efectivos para ahorrar víctimas civiles de cualquiera de los bandos.

    Coronel Richar Kemp, ex comandante de las fuerzas del Royal Army en Afganistán: ‘During its operation in Gaza, the Israeli Defense Forces did more to safeguard the rights of civilians in a combat zone than any other army in the history of warfare.’

    Si es necesario, se detallará el procedimiento usado por IDF a este respecto, que incluye desde miles de llamadas telefónicas a los vecinos contiguos a los edificios que van a ser atacados hasta la incursión de tropas en el terreno, “every soldier a sensor” , para no andar bombardeando al tun tun, como pudiera parecer que hacen otros a los que no se les tilda de asesinos tan alegremente.

    Los palestinos necesitan una solución política a su problema, y la necesitan, la necesitamos, ya. Y desde luego en mi opinión pasa por los Dos Estados. Las alternativas serían un estado binacional condenado a una guerra civil, como hemos visto en el mismo barrio en otros intentos o un estado judío condenado a un intolerable apartheid contra los palestinos.

    Como dice Enric, parece que los lideres actuales de uno y otro bando o no son conscientes de esto, o no tienen la gallardía moral de afrontarlo y presentarlo a sus poblaciones.

    A mi particularmente, me parece que el plan de partición 947 que presentó Olmert sería un más que saludable punto de partida para esa solución.

    Sigo leyendo y enhorabuena por la entrevista.

  3. Poco más que decir, me parece una entrevista soberbia de principio a fin y me alegra descubrir que tengo bastantes puntos en común con Enric. Y no solo respecto a Israel.

  4. Pingback: Frank Worthington: rock & gol » Diarios de Futbol

  5. Gran entrevista, sobre todo la segunda mitad.

  6. Gran entrevista, por parte de ambas partes. Un gustazo leerla.

  7. Muy buena la entrevista. Por cierto yo era uno de los que leian la columna semanal en el Pais. La crónica del pais transalpino era de lo más interesante que tenia el periódico.

  8. ¿De verdad que el corresponsal en Jerusalén del periódico supuestamente más importante de España no sabe quién es Tzipi Livni?

    • hay una palabra en el diccionario, llamada ironía, probablemente sea la respuesta a tu pregunta

  9. Lo que dice esta muy bien, pero que todo el mundo sepa que este hombre habla de cosas que desconoce, como por ejemplo Egipto. No he visto a nadie meter tanta prosa_paja y luego no decir nada sobre la realidad de un pais. Y digo Egipto, como quien dice Palestina. Entre profesionales nos conocemos. Y muchas leyendas son puro marketing. El caso de Enric es pluma-marketing. Doy fé.

    • Yo es que prefiero los argumentos racionales a la fe. Y de esos no das ninguno. Así que permite que descrea, ya da la impresión de que lo tuyo simplemente es una rencilla personal.

    • ¿No desconocerás tú? Suena a dolido. Cuando esperaba que dijeras que eres de allí, sueltas que “entre profesionales os conocéis”. ¿Qué marketing existe con Enric?

  10. Entrevista espontánea y muy interesante.Debe ser un lujo una conversación con un periodista de ese nivel. Es una pena que no podamos disfrutar de esa columna que publicaba EL PAÏS.

  11. Enric es el mejor periodista de este país. Así de claro.

  12. La entrevista muy entretenida y Enric en su línea, contando cosas interesantes. En eso es único.

    Flaquea para mí en su reprimido pro-israelismo (sobre todo justificando la limpieza étnica del 48). Lo de que escriba sobre Siria a diario sin haber estado allí supongo que es culpa de sus jefes, así que eso le exime.

    Por lo demás chapeau para el entrevistador.

    • Resulta que el régimen sirio no deja entrar periodistas, salvo alguna que otra visita con intenciones propagandísticas.

      • Pero alguien habrá en El País con más conocimientos sobre Siria. Enric es un crack pero no se le puede pedir que escriba de lo que no sabe porque patina, como nos pasaría a todos.

  13. Entretenida entrevista, nada nuevo. Me hubiera gustado saber su opinión sobre el veto de Rusia y China en la intervención de la ONU en Siria.

    Saludos.

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  15. Pingback: Con la venia » Archivo » Enric González

  16. Excelente personaje, y la verdad que prácticamente cualquier cosa que comente merece la pena leerse. La entrevista lleva a lugares comunes interesantes, pero me parece bastante grave que el entrevistador -que traspira admiración por el trabajo de Enric- no lea El País a diario, y algo como la crónica de Boyero se le hubiera escapado. Ser periodista es algo más que tirar fotos en blanco y negro y estar en sitios guays con gente apasionante.

    • Quizá lea los otros diarios, que también existen y pueden ser leídos. Quizá lea prensa extranjera, o quizá no le interesa tanto El País. Y por no leer a Boyero, no pasa nada, no salen granos, hay mucho que leer.

      • Cada uno lee lo que le parece. Preparar una buena entrevista, implica documentarse, y por lo menos leer el periódico donde escribe el protagonista (que además es la referencia en España). Si además, se hacen varias preguntas sobre Boyero, también hay que documentarse sobre ese personaje. No leer a nuestro principal crítico hablando sobre la última película de nuestro principal director, me parece falta de documentación. No haber ido por esa dirección quizá hubiera sido lo suyo. En todo lo demás, txapó.

  17. fantástica entrevista, estupendo personaje

  18. Sencillamente preocupante es creerse uno sus propias mentiras. Cualquier persona que haya estado en Palestina, es perfectamente consciente que no puedes escribir una noticia viviendo en Jerusalem sobre lo que acontece en Hebrón, Nablus o Belén. A pesar de ser ciudades que se encuentran a escasos kilómetros, son custodiadas por el ejército israelí, la circulación a pesar de ser periodista es complicada, y las autoridades israeliés manipulan las noticias, es una ecuación sencilla te tratamos mejor si eres afín a nuestra propaganda sionista. Así que todos sabemos del pie que cojea señor Enric. Ejem… las autoridades sirias necesitan afines a su regimen al igual que las isralies, sea honesto por favor. Por cierto, le invito a que revise la definición legal de genocidio, si no sabe su definición, es aconsejable que no la emplee para decir lo que es o no. Seguro que el embajador de Israel en España no lo ha descalificado como a otros compañeros, verdad.

  19. Imprescinble Sr. E.González. Magnífica la entrevista, mis felicitaciones. Es curioso,¿seguro, que sus otras corresponsalias no generaban tal aluvión de comentarios? Su blog, “Fronteras movedizas” es testigo de ello.

  20. Pingback: Metáforas magistrales II | La Chemise Lacoz

  21. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Leontxo García: “La neurosis del fútbol hace mucho daño al periodismo deportivo y a la educación ciudadana”

  22. Extraordinaria entrevista . Enhorabuena al entrevistador y un placer leer a mi admirado Enric González. Acabo de descubrir este magazine y desde ahora estará en mi lista de favoritos.
    Saludos

  23. En primer lugar dar la enhorabuena por la magnífica entrevista realizada por M. Graizer. Espero leerle muchas más.

    En cuanto a lo que dice el corresponsal quiero censurar, que en todo momento culpa a Israel de todo lo que ocurre.
    Me sorprende que afirme que Israel nunca ha apoyado la creación de dos Estados, le preguntaría que en la época de Arafat y Barak de Premier, por poner un ejemplo, quien fue el que no quiso un Estado, ya que Israel hizo concesiones seguramente irrepetibles.
    Y por cierto que hacen los palestinos por los dos Estados, todos sabemos que desde el año 48 palestina podía tener su propio Estado, pero ellos querían todo el territorio y no aceptaron los dos Estados. Por eso empezaron todas las guerras, para destruir el Estado de Israel.

    También habla de “gente puteada que putea” y yo digo aunque lo debería de haber dicho el, gente puteada que putea que a su vez es puteada, o es que los atentados contra civiles israelís no es algo condenable.

    Cuando habla de injusticia salvaje se podía referir a que a nadie le importa que caigan a diario decenas de cohetes a territorio Israelí, y nadie diga nada, y en cambio cuando Israel hace algo siempre es portada.

    Cuando habla de intolerable injusticia, podía mencionar que en el parlamento de Israel hay parlamentarios árabes israelís que critican la propia existencia del Estado.

    Cuando habla de que Israel trata a sus vecinos como si fueran de segunda categoría, podía comentar que esos vecinos quieren destruir Israel, que lo quieren echar al mar.

    En cuanto al maltrato en Hebrón a los palestinos he de decir que si vas sin custodia policial, un judío no puede entrar en la zona, ya que hay un racismo extremo.
    Al igual que podía mencionar que en la misma Jerusalem, en la zona árabe, por la vía dolorosa, caminando por esas históricas y bonitas callejuelas, con la familia y un amigo rabino, sentí el racismo en mis propias carnes, se reían y murmuraban al ver pasar a mi amigo rabino.
    Me dio mucha pena que en Israel no pudiera pasear tranquilo, tuvimos que darnos la vuelta porque vimos peligrar nuestra integridad. El corresponsal podía decir también esas cosas.

    El problema es que sólo justifica y se centra en la versión de unos, y no en la de los otros.

    Lamentablemente y dicho todo esto he de decir que aún viendo de que pie cojea, es una entrevista muy interesante, y siendo el corresponsal del diario “el país”, supongo que tampoco podrá hablar bien de Israel por eso que decía que lo importante era tener contentos a los jefes.

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  26. El que despide cierto tufillo disciplente con Israel es él.

  27. displicente*

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  30. Muy buena entrevista. Excelente lección de periodismo y de edición. Si existen textos como este, el periodismo sobrevivirá, aunque sea en la red.

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  32. Yo quiero pagar por esto.

  33. Esperaba que me dijeras eso suelto una risita empiezo a creer que tu y yo nos vamos a llevar muy bien.

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  37. He eyaculado con el titular…

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  40. Muy buenoooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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