Juan José Gómez Cadenas: "La ciencia es más grande que los científicos" - Jot Down Cultural Magazine

Juan José Gómez Cadenas: “La ciencia es más grande que los científicos”

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Juan José Gómez Cadenas nació en Cartagena en 1960, estudió Ciencias Físicas en la Universiad de Valencia y más tardé completó su formación académica realizando estudios de posgrado en el acelerador linear de la universidad de Stanford, en California, merced a una beca Fulbrigh. Ha trabajado durante ochos años en el CERN y en las universidades de Harvard y Massachussets. En la actualidad es profesor de investigación del CSIC y dirige el grupo de Física de Neutrinos del Instituto de Física Corpuscular (IFIC). Entre los proyectos más destacados que realiza se encuentra un experimento internacional llamado NEXT, en el Laboratorio Subterráneo de Canfranc (LSC), cuyo objetivo es comprender la naturaleza intrínseca del neutrino y de la materia oscura. Como escritor ha publicado un libro de relatos: La agonía de las libélulas, cuyas historias conectan con vivencias y sentimientos relacionados con el coraje y la esperanza. También ha publicado una apasionante novela de ficción científica: Materia Extraña, en la cual podemos encontrar grandes dosis de suspense y acción además de unas tramas ingeniosísimas donde los personajes y sus intrigas están inspirados directamente de entornos de investigación científica como el CERN. En el terreno de la divulgación científica ha realizado un ensayo muy claro y conciso y no exento de  pasión sobre la energía nuclear como epicentro de las energías limpias que pueden frenar el cambio climático. Juan José nos recibe en el IFIC y conversamos con él mientras nos muestra el laboratorio donde su equipo internacional está poniendo a punto la réplica del detector NEXT que más tarde instalarán en Laboratorio Subterráneo de Canfranc.

Asimov comentaba que lo más excitante que se puede decir en la ciencia cuando se hace un nuevo descubrimiento no es ¡Eureka!, sino ¡Esto es divertido! ¿Qué opina Juan José Gómez Cadenas de esta frase?

La comparto plenamente, en mi opinión hay tres grandes cosas que mueven al científico: una curiosidad inmensa, el ansia de libertad y la voluntad de divertirse. Lo malo es que algunos —no todos, afortunadamente— gestores de la ciencia son excientíficos que han olvidado estos tres mandamientos y a poco que pillan algún Asimov suelto le encasquetan una camisa de fuerza.

Uno de los físicos más conocidos, Feynman, es partícipe en grado sumo de esta filosofía de Asimov. Sin embargo, a día de hoy, lo podemos considerar atípico en el sentido de que prefería la intuición al rigor matemático, algo muy inusual. ¿Cuánto depende la física de la matemática en la actualidad?

Tuve la suerte de asistir a alguna de las charlas y clases de Feynman poco antes de su muerte y desde luego era todo lo que se dice de él, un auténtico genio. Y aunque es cierto que hacía de la intuición una bandera, no lo es menos que su bagaje matemático —su caja de herramientas, como la llamaba él— era formidable. En mi campo y en muchos otros en la ciencia moderna, habitan dos tribus que coexisten en difícil equilibrio ecológico. Por un lado están los constructores de aparatos útiles para interrogar a la naturaleza. Son los físicos experimentales y, por decirlo así, lo que nos gusta es fabricar telescopios en el sentido más amplio —los experimentos del LHC o los detectores de neutrinos son a su manera telescopios tan potentes como los que nos permiten ver las galaxias lejanas—. Por el otro están los constructores de modelos matemáticos. Son los físicos teóricos y recuerdan un poco a los antiguos oráculos. Busca aquí, nos dicen, mi teoría es tan bonita y consistente, tan simétrica y perfecta, que tiene que ser cierta.

Considera, por ejemplo, las teorías supersimétricas. Todavía no existe evidencia experimental alguna que las confirme y sin embargo trabajan en ellas muchísimos físicos teóricos de todo el mundo, que confían en su validez. Y no sólo físicos teóricos. Los físicos experimentales llevan décadas buscando la supersimetría que puede ser el siguiente gran descubrimiento… o un espejismo. A veces, sin embargo, los físicos experimentales realizan grandes descubrimientos sin que nadie les diga donde mirar, por intuición o por suerte. Es el caso del descubrimiento de los rayos X, o la radioactividad, o la radiación de fondo de microondas por poner unos pocos ejemplos. El caso de la radiación de fondo es espectacular. Ésta se detectó cuando dos físicos americanos que estaban experimentando con antenas para mejorar las comunicaciones vía satélite descubrieron un ruido de fondo de origen desconocido, y entre las implicaciones que surgieron del análisis de esta radiación tenemos la teoría del Big Bang.

En tu novela Materia extraña hay un personaje secundario obsesionado con la hipótesis de Riemman e imaginamos que con la búsqueda crucial de encontrar el patrón que subyace, si existe, en la serie de los números primos. ¿Cuánto hay de autobiográfico en ese personaje?

Éste personaje está inspirado en un amigo mío que es físico teórico del CERN y representa a un tipo de científico que hace una cruzada personal de su vida. Es un Asimov en grado terminal. Van quedando pocos de esos. Hoy en día, si quieres una carrera exitosa te conviene más ser un smooth operator, como otro de los personjes (Linsen) en la novela.

En este momento de tu vida qué te consideras, ¿un investigador, un divulgador o un escritor?

Lo cierto es que como científico el motor de mi vida es la ilusión. Soy un Asimov irredento, mi trabajo me apasiona y me siento un privilegiado por poderme dedicar a él. Pero a la vez, desde pequeño, me ha gustado escribir, es un vicio como el de la curiosidad y el ansia de libertad del que no consigo curarme. Así que dedico mi escaso tiempo libre —el que gano no teniendo tele en casa— y me quito algunas horas de sueño para escribir libros. Curiosamente, la doble faceta de científico y escritor no está del todo bien vista en España (y eso que ahora está de moda hablar de divulgación)

Por ejemplo, en una evaluación reciente del proyecto NEXT un árbitro anónimo —de los árbitros anónimos y su impunidad habría mucho que hablar— escribía (cito literalmente): “Últimamente dedica más tiempo a la escritura de novelas u otros libros que a ocuparse de los experimentos en los que tiene muchas responsabilidades.” En otros países, como U.K. o USA, cuando tienes cierto éxito como divulgador te dan un premio. Aquí, a la que descuidas, te gritan aquello de “zapatero a tus zapatos”.

En el experimento Opera del CERN han generado un haz de neutrinos que en principio parecen moverse más rápido que la velocidad de la luz en el vacío, lo cual se ha expuesto en los medios de comunicación como la posibilidad de que el paradigma de la relatividad espacial de Einstein esté equivocado. ¿Qué piensa Juan José de esta noticia y de sus implicaciones?

Hay que analizar esta noticia en base a lo que los propios investigadores han expuesto en cuanto a que este resultado es una medida expuesta a multitud de errores sistemáticos y por ello la ponen a disposición de la comunidad científica para que se estudie. Desde entonces, y esto ya lo comenté el mismo día que salió la noticia, en el repositorio donde se avanzan los artículos científicos relacionados con este experimento se están publicando algo así como diez artículos al día. La actividad por tanto es frenética y eso es bueno, como también lo es que los medios hayan divulgado la noticia, porque eso indica una sociedad preocupada por la ciencia. En mi opinión hay ya dos razones para ser un poco escépticos. La primera: en 1987 explotó una supernova en la nebulosa de la tarántula, que está aquí al lado, a 168,000 años luz de nada. Cuando una supernova explota se contrae en primer lugar lanzando al espacio quintillones de neutrinos que son los que se llevan su energía y algún tiempo más tarde estalla. El fogonazo cósmico de luz se produce unas horas después de que se emitan los neutrinos. Como estos apenas tienen masa su velocidad es, de hecho, muy próxima a la de la luz, y en los 168,000 años que duran el viaje hasta la tierra la luz no llega a alcanzarlos. En 1987 el detector Super-Kamiokande en Japón, entre otros, registró pulsos de neutrinos correspondientes a la supernova tres horas antes de que los astrónomos de todo el mundo la vieran encenderse en sus telescopios. Pero si los neutrinos hubieran viajado unos 7 kilómetros por segundo más rápido que la luz, como indica la medida de Ópera, habrían llegado a la Tierra cuatro años antes.

Por otro lado sabemos que siempre que alguna partícula viaja más rápido que la luz en un medio diferente al vacío como puede ser el agua, esta partícula emite radiación que se puede detectar. La famosa luz azulada que emiten los elementos de combustible irradiado en un reactor nuclear no es otra cosa que radiación de Cerenkov emitida por los electrones escupidos por las desintegraciones radioactivas que se siguen produciendo en el combustible incluso cuando la reacción en cadena se ha detenido. Esa luz se emite porque los electrones viajan más rápido que la luz en el agua en el que están  inmersas las barras de uranio “quemado”. En un reciente artículo, los físicos teóricos norteamericanos S. Glashow y A. Cohen argumentan que si los neutrinos producidos en el acelerador del CERN fueran más rápido que la luz en el vacío sufrirían un proceso similar de emisión de radiación que les haría perder parte de su energía, con lo que existiría un diferencial entre la energía con la que los neutrinos salen del emisor y la energía con la que llegan al receptor. Sin embargo, el espectro de energía que se miden en ambos puntos es idéntico. Este último punto acaba de confirmarlo otro experimento del Gran Sasso, ICARUS, que puede medir el espectro de energía de los neutrinos con buena precisión. Casi con toda seguridad la medida del experimento OPERA se repetirá en EEUU y Japón, pero me da la impresión de que la evidencia que ya tenemos lo hace muy improbable. La incosistencia con los datos de la Supernova por una parte y los recientes resultados de Icarus —tan recientes como 18 de Octubre— que confirman que los neutrinos no pierden energía en el trayecto entre el CERN y Gran Sasso, me hacen pensar que hay algo incorrecto en la medida. De hecho (desde la entrevista), un par de artículos recientes refuerzan la hipótesis de que el resultado sea un error sistemático asociado con la compleja medida de GPS asociada a la medida de la distancia entre detector y fuente, y/o a la sincronización de los relojes atómicos.

En tu ensayo de divulgación científica El Ecologista Nuclear explicas de forma clara las ventajas de la Energía Nuclear con respecto a otras fuentes de energía. Sin embargo, desastres como Fukushima justifican los argumentos de los antinucleares. ¿Sigues pensando que la energía nuclear es fundamental en nuestra economía del bienestar a pesar del desastre?

Es curioso ver como cuando hablamos del desastre de Fukushima todo el mundo piensa en el accidente nuclear, cuando el verdadero desastre de Fukushima fue el tsunami provocado por el terremoto de grado 8,9 en el que hubo más de 40.000 víctimas entre muertos y desaparecidos. Ese tsunami destrozó casas, barcos, fábricas y también averió varios reactores de la central nuclear de Fukushima produciendo un problema gravísimo aunque esencialmente sin víctimas, que yo sepa. Por lo tanto, aunque hay pérdidas económicas muy importantes, aunque hay una zona de exclusión grande, aunque el prejuicio a la población vecina es muy serio, aunque sin duda se trata de un tremendo desastre, creo que es imprescindible ponerlo en el contexto de la catástrofe global. Fukushima nos enseña, como ya expuse en El ecologista nuclear, que los reactores de agua son un paradigma tecnológico que tenemos que superar en algún momento en pos de reactores más sostenibles y seguros, como los llamados PBRs (reactores de bolas de billar) o los reactores de torio con sales fundidas, los cuales se enfrían solos y no hubieran dado lugar al accidente. El camino a una energía nuclear más sostenible, si lo hay, pasa por innovación técnica, pactos políticos, educación ciudadana y un cambio de actitud tanto en la industria como en el público. Es cierto que unos tiene que salir de la trinchera, pero los otros (y también la prensa) tienen que abandonar el recurso fácil de invocar el miedo a lo nuclear a la más mínima excusa. Hace falta un nivel de madurez que en este momento no tenemos. En todo caso de los errores humanos hay que sacar lecciones y mejorar, evitando sacar conclusiones precipitadas o partisanas.  Podemos tomarnos el accidente de Fukushima como un argumento para mejorar la energía nuclear, haciéndola más segura y sostenible, o podemos utilizarlo como excusa para cerrar centrales nucleares. Mucho me temo que quien tenía clara una de las dos posturas antes de Fukushima no va a variar su punto de vista por el accidente. En cambio, creo que es una realidad que Fukushima ha reforzado el miedo del ciudadano al átomo y, al menos a corto plazo y/o en occidente, el desastre va a retrasar o frenar toda expansión nuclear.

Pero no hay que olvidar que cerrar nucleares tiene un coste que no se le explica al ciudadano. Si nos fijamos en el caso de Alemania, la señora Merkel va a cerrar la centrales nucleares de su país. ¿Con qué va a sustituir los 20GW de electricidad que generan? Pues una parte muy sustancial será con centrales de ciclos combinados de gas natural, procedente  de Rusia. Esto coloca a Alemania geoestratégicamente en una posición débil —sin olvidar el aumento de emisiones de CO2— a cambio de cosechar réditos en la política local. Y mientras tanto, Rusia sigue construyendo centrales nucleares. En Europa se necesitan políticas energéticas de largo alcance que no sean electoralistas.

En la física de partículas se persigue con frecuencia establecer las condiciones lo más cercanas al Big Bang. ¿Por qué es esto tan importante?

A pesar de que vivimos en un mundo cuántico, en Física somos partícipes del sueño de Laplace en el que se postula que conociendo el estado inicial del universo, su estado futuro es predecible. Por tanto, aunque sabemos que el universo no es determinista, si llegamos a tener mucha información del inicio del universo podremos entender muchas cosas de hacia dónde se dirige.

Al igual que Houellebecq nos sorprendió con su certera predicción de los atentados de Bali en su novela Plataforma, tú anticipaste en Materia extraña que el pintoresco Walter Wagner interpondría una denuncia contra la puesta en marcha de El colisionador de hadrones. ¿Cómo lo intuiste?

Era de sentido común, Walter Wagner ya había dado mucha guerra con proyectos anteriores, por lo tanto era de cajón que no iba a desperdiciar la oportunidad. Detrás de este tipo de personas subyace una cierta forma de pensamiento mágico que los transforma en una especie de caricatura de científico y aunque aparentemente razonan de manera seria, detrás de sus argumentos hay lagunas conceptuales tremendas. Además no hay que olvidar que este tipo de gente busca la atención de los medios, por lo que era obvio que acabasen ocurriendo realmente los sucesos que describo en la novela.

En un artículo publicado en el portal Ci-Fi detallas cómo se fraguó tu novela Materia extraña, comentas de forma algo irónica que hay quien opina que la probabilidad de que una mujer dirija el CERN es aún más baja que la probabilidad de que se forme una burbuja extraña en el LHC. ¿Qué hay de verdad en esa afirmación y a qué crees que se debe?

Hay de verdad que los números me dan la razón, este laboratorio tiene casi 60 años de vida y nunca ha habido una mujer como directora. Además conozco el medio y como en la mayoría de los ámbitos sociales, es bastante machista. Te pongo un ejemplo. Mi mujer y yo trabajábamos ambos en el CERN como investigadores de plantilla, durante unos cuantos años —ella es física teórica—. Cuando llegó nuestra primera hija, Irene, necesitábamos una guardería ya que ambos trabajamos. Pues bien, el CERN tiene una guardería para niños mayores de tres años, pero no para bebés. Es muy fácil ver como el CERN funcionaba hasta hace bastante poco. Ellos eran los científicos, ellas las secretarias, o ayudantes, o como mucho ingenieras y técnicas. Ellos, después de la boda, seguían con su carrera. Ellas se quedaban en casa a cuidar a los niños. La guardería a partir de los tres años venía muy bien para que ella pudieran ocuparse mejor de la casa, ir al gimnasio, o formar parte de algún club. En los últimos años las cosas han mejorado, pero el CERN sigue, que yo sepa, sin guardería para bebés y los directores generales —así como los directores de las divisiones del laboratorio— siguen siendo todo hombres. Esta es la razón por la que en mi novela introduzco el personaje de Helena Le Guin como directora del CERN. Tambien te dire que el personaje de Helena (su soledad, su increible honestidad, su valor personal) esta directamente inspirado en una querida amiga, una de las dos personas en el mundo a la que yo, que siempre he huído de autoridades, llamo “jefa”. Hubiera hecho una excelente directora del CERN, al igual que otra catedratica madrileña que se me viene a la cabeza.

El CERN es una institución científica donde trabajan gente de todas las naciones y en los que se intuye un gran burocratización debido a la complejidad con la que tiene que estar organizado. Tú conoces muy bien el CERN, ¿qué aspectos crees que se deberían mejorar?

Yo llegué al CERN en 1983, con la primera convocatoria de becas de verano para estudiantes recién licenciados. España acababa de entrar —por segunda vez— en el laboratorio gracias a los esfuerzos de, entre otros, Juan Antonio Rubio, que después sería vicedirector del CERN y director del CIEMAT, uno de esos grandes hombres que España produce, para mi sorpresa, de vez en cuando. El CERN por la época era la Meca de nuestra profesión, donde los mejores físicos de partículas del mundo se afanaban en multitud de proyectos. Se acababan de descubrir las partículas W y Z en el super protón sincrotrón (SPS), un descubrimiento que le granjeó el Nobel a Carlo Rubbia y Simon Vandermeer. Pero había mucha más física aparte de la del SPS, la comunidad era variada, potente y muy iconoclasta. Ibas a desayunar y te encontrabas a 3 premios Nobel emborronando servilletas de papel con ideas sobre experimentos nuevos o detectores innovadores. Yo tenía 23 años y venía de un país todavía muy atrasado. No daba crédito a mis ojos. Me pasaba las noches en blanco en la biblioteca del CERN, que era inmensa, y nunca, a ninguna hora, se quedaba vacía; siempre había algún lunático como yo rondando entre los anaqueles. Pasé tres años en el laboratorio, hasta el 86, trabajando en mi tesis, comiendo bocadillos y durmiendo en unas barracas muy cuarterlarias en las que el laboratorio albergaba a los pobreles como yo —españoles, portugueses, rusos, algún que otro chino—. Pero si te digo la verdad, me daban igual los bocadillos y el camastro, todo lo que me importaba era tener el privilegio de trabajar en el corazón científico de la física de partículas del mundo. Mi supervisor era un suizo encantador llamado Peter Sonderegger que hablaba 8 idiomas, entre ellos un español perfecto, y durante mi primer año de trabajo con él construí con mis propias manos, en una pequeña fábrica cercana a Zurich, uno de los primeros calorímetros de plomo y fibras ópticas del mundo que luego usamos en nuestro experimento. Era como un sandwich, en el que alternabas láminas de medio milímetro de plomo con un manojo de fibras ópticas del mismo espesor que sacábamos de una especie de telar que nosotros mismos habíamos fabricado al efecto. El resultado final era un bloque sólido de plomo si mirabas a través, pero transparente, gracias a las fibras, si mirabas a lo largo. Escribí mis iniciales en docenas y docenas de esos bloques y me sentía como Dalí firmando su obra.

Mi formación como científico no era atípica en absoluto. Los jóvenes de la época solíamos pasar por todas las etapas de un experimento. Construcción del detector, toma de datos en los haces del CERN, calibrar el aparato, reducir los millones de bits inútiles hasta encontrar la aguja en el pajar, interpretar los resultados y escribir los artículos. Al participar en cada aspecto del experimento, desarrollábamos una visión global del problema que estábamos intentando contribuir a resolver. De aquella época me quedó la convicción, o el prejuicio —quizá esté equivocado— de que esa era una buena manera de hacer ciencia.

Todo hombres, por cierto. Había poquísimas chicas y las que había tenían siempre novios italianos. El tipo con más éxito de todos era Antonio Ereditato; elegante, encantador y rápido, más rápido que la luz a la hora de cambiar de novia o de punto de vista en una discusión —y siempre se las componía para que la novia fuera más guapa que la anterior y su último punto de vista el que ganaba el debate—. Antonio, por cierto, es hoy el spokesperson del experimento Opera que cree haber visto neutrinos superlumínicos.

En el 86, después de leer la tesis,  me fui a Estados Unidos con una beca fulbright y regresé en 1990 al CERN, ya como investigador postoctoral —tuve un primer contrato llamado “fellow” seguido de otro como miembro de plantilla—. Por la época acababa de arrancar el Gran Colisionador Electrón-Positrón (LEP), que realizó muchos estudios de precisión y contribuyó a entender mucho mejor el modelo matemático que llamamos Modelo Estándar y viene a ser la biblia de nuestro campo. Sin embargo, LEP no realizó ningún descubrimiento fundamental.

Con LEP las cosas empezaron a cambiar. Había 4 experimentos, ALEPH, DELPHI, OPAL y L3, todos ellos muy grandes, con varios cientos de físicos por experimento —en DELPHI, donde trabajaba yo éramos unos 350—. La cultura de pequeños experimentos empezó a desaparecer muy deprisa y con ellos se fueron buena parte de los inconoclastas y contra-corrientes, los Asimov a los que me refería antes. Pero aún quedaba mucho I+D+i y no hay que olvidar que los grandes jefes que manejaban el cotarro venían de la generación anterior, eran primeras espadas. El spokesperson de DELPHI era Ugo Amaldi, hijo del gran físico italiano del mismo nombre; el de ALEPH era Jack Steimberger, premio Nobel, y el de L3 San Ting, premio Nobel también. Pero el siguiente proyecto era el LHC. Este enorme acelerador exigía una cantidad de recursos mucho mayor que ningún otro proyecto anterior del CERN y la consecuencia fue que el laboratorio tuvo que ir eliminando otros experimentos y también buena parte del I+D+i.

Por ejemplo, a mediados de los años 90 el CERN era uno de los referentes mundiales en física de neutrinos, con los experimentos NOMAD y CHORUS buscando oscilaciones de neutrinos. Yo trabajaba por la época en NOMAD, había dejado DELPHI —con gran enfado de mis jefes— porque me interesaba más la física de neutrinos y porque NOMAD era un gupo mucho más pequeño y mucho más cercano a mi idea de cómo se hacía ciencia. En NOMAD también trabajaba André, el hijo de Carlo Rubbia, un tipo interesante y, como Antonio Ereditato, más rápido que la luz. André no cambiaba de chicas cada 15 días, pero recuerdo que fue él quien me dijo que había que invertir en Apple cuando Steve Jobs volvió a la compañía. Imbécil de mí, no le hice caso. Antonio, por cierto, trabajaba en CHORUS, el experimento “rival” —en realidad éramos todos muy amigos y nos divertíamos como niños, “compitiendo”—. Bueno, pues el CERN desmontó los haces de neutrinos, con la excepción del que se manda al experimento Ópera, cuyo caso de física era muy mediocre, pero ahí estaba Antonio para salirse otra vez con la suya. Ópera no se construyó en absoluto para verificar si los neutrinos viajan más rápidos que la luz, sino para detectar oscilaciones de neutrinos. Todos sabíamos que los experimentos japoneses iban a llegar antes y algunos, entre ellos yo, decidimos participar en esos experimentos, en mi caso en K2K, lo que marcó el final de mi época CERN y el principio de mi etapa japonesa. En efecto, Super-Kamiokande y K2K descubrieron, junto con otros experimentos, las oscilaciones que buscábamos cuando Ópera aún no había empezado a funcionar siquiera. Sólo un genio como Antonio Ereditato podía darle la vuelta a la tortilla y conseguir, como decía Wilde, que todo el mundo hable de él, aunque sea bien.

El LHC supone, por una parte, una oportunidad científica fantástica gracias a una máquina espectacular, unos detectores impresionantes y unos científicos de primera clase, pero también plantea muchos retos y no solo tecnológicos y científicos sino también organizativos, y casi me atrevería a decir que sociológicos. Los físicos somos individualistas y aunque nos gusta trabajar en equipo, creo que nos va mejor cuando los equipos son reducidos. Pero los experimentos del LHC tales como ATLAS o CMS cuentan con unos tres mil físicos cada uno. Organizar a tanta gente es muy difícil. Se crea además una monocultura; prácticamente todo el mundo que trabaja en el CERN hoy en día es miembro de uno de estos experimentos. Como son detectores grandes y complejos, los estudiantes de doctorado sólo adquieren una visión bastante parcial, muy relacionada con su área de especialidad, del experimento. Se acabó el tiempo de los generalistas.

Por ponerte un ejemplo de los problemas asociados a esta masificación de la ciencia. En el mundo científico la norma es publicar o perecer. En física de partículas como las colaboraciones son tan grandes, los artículos los firmaban, incluso hace ya una década, varios cientos de personas a la vez. Pero esta situación se ha desbocado en el LHC, con miles de firmantes por artículo. Ahora bien: ¿cómo comparas la carrera de un joven que se trabaja en, por ejemplo, física de semiconductores y firma, digamos, 10 artículos en 3 años con dos o tres coautores más con la de un joven que trabaja en ATLAS y firma 50 o 100 artículos en lugar de 10 —ya que estos grandes aceleradores dan lugar a muchos resultados—, pero eso sí, junto a tres mil tipos más? En el caso del físico de semiconductores es posible evaluar su currículum sin más que fijarse en la cantidad y calidad de los artículos que publica. En el caso del físico del LHC su lista de publicaciones no da apenas información. Hay que pedir cartas de recomendación, buscar documentos internos o contar presentaciones a congresos. Es una tarea difícil y bastante ingrata.

Lo cierto es que hay una cierta concepción gregaria de la ciencia que se está volviendo la norma en Europa, donde el dinero se da cada vez más a grandes proyectos que involucran docenas de universidades, a experimentos que alistan miles de personas como los del LHC y a científicos muy senior, sin duda con excelentes carreras pero a menudo bastante conservadores. ¿El resultado? Una progresiva burocratización y, mucho me temo, gerontización de la ciencia.

Todo el mundo conoce el CERN, sin embargo en España bajo una montaña pirenaica de 1980m se encuentra el laboratorio subterráneo de Canfranc también conocido como LSC  en el que has dirigido algunos experimentos. ¿Qué investigaciones se hacen en este antiguo túnel reconvertido en laboratorio?

En un túnel subterráneo se hace lo que se denomina física de astropartículas en vez física de partículas. En el CERN se fabrican y aceleran los haces de partículas necesarios para los experimentos que allí se realizan. En el LSC dejamos que el universo nos las envíe. La física en el túnel de Canfranc, como en otros laboratorios subterráneos, es un trabajo paciente y apasionante de detective. Buscamos sucesos raros, rarísimos, tales como la desintegración doble beta sin neutrinos o señales directas de partículas de materia oscura. La probabilidad de que ocurra cualquiera de esos fenómenos es ridículamente pequeña a nivel de la partícula individual —por ejemplo la vida media de la desintegración doble beta es diez órdenes de magnitud más larga que la vida del universo—, pero nos aprovechamos de que hay muchos átomos en la materia —y, creemos, mucha materia oscura en el universo—, de tal manera que construímos detectores que vienen a ser máquinas de buscar agujas en pajares cósmicos.

El experimento que dirijo, en concreto, se se llaman NEXT, de sus siglas en inglés —Neutrino Telescope with a Xenon TPC—. Hay que apuntar que NEXT no es el único experimento de Canfranc. El laboratorio empezó hace más de 20 años como un pequeño zulo por iniciativa de unos pocos físicos de Zaragoza, entre ellos los hermanos Ángel y Julio Morales, desgraciadamente ya fallecidos, y J.A. Villarque sigue hoy en día al frente de un equipo que lleva a cabo varios experimentos buscando materia oscura en el nuevo laboratorio. Uno de los grandes aciertos a la hora de lanzar el laboratorio fue buscar un director de gran prestigio internacional y enorme experiencia,el profesor de la universidad de Padova Alessandro Bettini, que habia sido anteriormente director de Gran Sasso. Sin el apoyoconstante de Sandro dudo que NEXT hubiera podido materializarse…

Pero volviendo a NEXT y por ponernos un poco literarios, el detector empezó a existir en la novela Materia extraña bastante antes de que construyéramos el primer prototipo. El detector que instalaremos en el LSC en 2013 es una cámara a presión que contendrá 100 kilos de gas Xenón enriquecido en el isótopo Xe-136. El Xenón es un gas noble, con 54 electrones en su corteza y 54 protones en su núcleo. Como tal gas noble tiene propiedades que podemos aprovechar para construir un detector: por ejemplo, es inerte —de ahí que se llame “noble”—, lo que quiere decir que cuando una partícula con carga eléctrica lo atraviesa y le arranca electrones de la corteza, estos electrones no se recombinan fácilmente y se quedan un ratito “flotando” en el gas lo que nos permite, equipando la cámara con los dispositivos electrónicos apropiados, detectar la señal de la partícula original, como una “traza” o huella dejada en el gas. Otra propiedad interesante del Xenón es que centellea, emite luz en el ultravioleta profundo cuando lo atraviesa una partícula. Y nosotros hemos desarrollado sensores para leer esta luz. Imagínate el interior de la cámara como un universo absolutamente oscuro. Pasa una partícula cargada y crea un pequeño reguero de electrones, junto con un chispazo ultravioleta. Leemos el chispazo inicial y un momento más tarde, sabemos transformar la huella de los electrones en un hilo de luz azul. Si estuvieras mirando la cámara verías aparecer una hebra azulada en el gas, marcando el paso de tu partícula. Bonito, ¿no?

El gas Xenón tiene varios isótopos, que son variantes del mismo elemento, con 54 protones pero distinto número de neutrones. En particular, el isótopo Xe-136 es “radioactivo”. Lo de radioactivo es un decir, porque la vida media —el tiempo que tardan en desintegrarse la mitad de los átomos de una muestra— del Xe-136 es de diez elevado a 21 años —pon un 1 con 21 ceros detrás—,  muchísimo más largo que la vida del universo, que es 14,000 millones de años. Y eso solo cuando se desintegra en el modo “rápido”, que para nosotros es fácil de encontrar. La razón por la que es posible hacer este tipo de medidas es que la materia tiene muchos átomos, en el caso del Xenón hay unos 4 por diez elevado a 21 átomos por cada gramo, y por tanto si reunimos 100 kilos podemos contar hasta 10 elevado a 26. Y eso nos permite buscar la desintegración doble beta, el modo “lento”, que aún no se ha descubierto y que podría ocurrir —si hay suerte— con una vida media de 10 elevado a 25 o 10 elevado a 26 años. Es como jugar a una ruleta rusa con un revólver cuyo tambor pudiera albegar, en lugar de seis balas, un billón de billones de proyectiles, pero sabiendo que, como en la ruleta rusa, sólo hay una en el revólver. Eso sí, nuestro experimento nos permite probar a disparar más de un billón de billones de veces, así que esperamos dar con la bala… y dar en el blanco.

Desde el punto de vista técnico, el experimento es muy complejo ya que usamos tecnología muy puntera, de alto vacío, alta presión y grandes campos eléctricos. Además tenemos que manejarnos con la radioactividad ambiental que inunda, literalmente, nuestra señal con ruido de fondo. Y también tenemos que enfrentarnos con otros problemas menos científicos como asegurar la financiación en tiempos de crisis. Pero a la vez, el detector es una preciosidad, un juguete maravilloso. En los últimos tres años NEXT ha pasado de ser una idea de novela a un prototipo que ya funciona en el IFIC de Valencia y que tiene una masa de 10 kilos. Dentro de año y medio empezaremos, si todo va bien, a arrancar el detector final en Canfranc.

Si conseguimos detectar la desintegración doble beta sin neutrinos demostraríamos que el neutrino es su propia antipartícula. Como sabes en el universo hay materia y antimateria, en el CERN es posible crear positrones (anti-electrones) con la misma facilidad con que creamos electrones. De hecho, la naturaleza parece querer fabricarlos siempre en las mismas proporciones. Entonces, ¿por qué no hay apenas antimateria en el universo? Lo que pensamos es que el universo primitivo tenía casi la misma cantidad de materia y antimateria. Ambos ejércitos se aniquilaron entre sí y solo quedaron unos pocos supervivientes… de materia. Todo gracias a que la materia contaba con un agente doble, el neutrino, que lo mismo militaba en el campo de las partículas que en el de las antipartículas… pero favorecía ligeramente a las primeras. Nada menos. Fíjate que el neutrino es un pedacito diminuto de realidad, un puñadito de nada. Y a lo mejor es la razón por la que estamos aquí.

En NEXT trabajamos con colaboradores internacionales, en particular investigadores americanos —de USA y de Colombia—, franceses, portugueses y rusos. Esta colaboración internacional nos da la experiencia y el conocimiento necesario para afrontar problemas de los que saben muy pocos expertos en el mundo.


La mayor contribución técnica la tenemos de los grupos norteamericanos de Berkeley y Texas. El grupo de Berkeley lo dirige Dave Nygren, que es en la actualidad el director científico de la sección de física de aquel laboratorio —Berkeley suma 11 premios Nobel en física, en España, ay, todavía no tenemos ninguno—. Dave fue el inventor de la tecnología en la que se basa NEXT en los años 70 y es uno de los mejores físicos experimentales vivos, ciertamente candidato, él mismo, a premio Nobel. Pero fue relativamente sencillo convencerle para que nos echara una mano, tuvimos la suerte de que estaba interesado en este momento de su carrera —es un joven de 74 o 75 años— precisamente en un experimento como NEXT. Un milagro similar ocurrió en el caso de James White, el jefe del grupo de Texas y posiblemente el físico que más sabe de cámaras a alta presión del mundo. Para incorporar a estos grupos a NEXT no vino mal los años pasados en aquel país, que me dan bastante crédito científico allí. De hecho, sigo teniendo harto más crédito fuera de España que dentro, el nuestro es un país donde es estrictamente cierto aquello de que nadie es profeta en su tierra.

Los rusos, por cierto, también han jugado un papel importante y algo novelesco —¡como no!— en NEXT. Ya te he dicho que necesitábamos 100 kg de Xenón casi puro en el isótopo Xe-136 que solo constituye el 10% del Xenón natural. Para obener 100 kg de Xe-136 tienes que empezar con una tonelada de Xenón natural, que metes en centrifugadoras para separar los diferentes isótopos. Una centrifugadora se parece a una lavadora. Tiene un tambor que gira a toda velocidad y hace que los diferentes isótopos que tienen masas algo distintas giren en órgitas algo diferentes y puedan ir separándose. La aplicación más conocida de las centrifugadoras es el enriquecimiento de uranio. Pero hoy en día la técnica ya casi no se usa para enriquecer uranio para usos comerciales. La centrifugación es ideal para niveles de enriquecimiento muy altos como el que hace falta para el Xenón… o para construir una bomba atómica.

Como ya no se construyen bombas atómicas —bueno, más o menos— occidente ha desmantelado muchas de estas instalaciones y las que aún funcionan son tabú para cualquier uso civil. En Rusia quedan más centrifugadoras que, en principio, también estarían reservadas a usos militares… pero nadie le hace ascos a la posibilidad de ganarse un rublo. Así que nuestros colegas de JINR, un instituto muy importante de física cerca de Moscú, nos ayudaron a contactar a una compañía que nos gestionó la adquisición del Xe-136. El director de la compañía se parecía más a un coronel del ejercito rojo que a un directivo y las negociacioens fueron, por decirlo así, bastante divertidas… los rusos querían el dinero por adelantado para pagar los operarios y arrancar las máquinas… hasta que publique la siguiente novela y pueda contar la historia con nombres ficticios vamos a dejarlo en que al final se consiguió el Xenón y muy barato. Hicieron falta algunos viajes a Moscú, ciertas gestiones… y “un poco” de vodka.

Un aspecto apasionante de NEXT es la formación de nuestros estudiantes de doctorado. El experimento es complejo y un gran reto tecnológico, y esto permite que los doctorandos entiendan cada aspecto del aparato que estamos construyendo. Muy a menudo mis estudiantes me dejan boquiabierto con su madurez, su ilusión y su entrega. Me recuerdan a cierto chaval de hace cinco lustros. Son Asimovs en toda regla y eso me hace sentirme orgulloso y me devuelve una fe que no es fácil de mantener en estos malos tiempos para la lírica.

¿Es posible que a partir de vuestras investigaciones se desarrollen aplicaciones militares como los radares de neutrinos que aparecen en Materia extraña, máxime teniendo en cuenta que entre las colaboraciones internacionales hay investigadores rusos y americanos?

Es algo que nunca se sabe, en principio nosotros hacemos ciencia básica aunque pensamos que esta tecnología puede tener aplicaciones en física médica y, por qué no, esta tecnología también puede servir para detectar neutrones, que a su vez señalan la presencia de materiales peligrosos como el plutonio. Esta era la aplicación que me imaginaba en la novela Materia extraña y creo que acabará por implementarse. Las colaboraciones que hacemos son abiertas y se publica todo lo que hacemos, incluso antes de divulgarlas en revistas científicas como Nuclear Physics lo hacemos en nuestro repositorio libre, arXiv, donde por ejemplo se han publicado los artículos relacionados con el experimento de los supuestos neutrinos superlumínicos descubiertos en Opera. Nuestra forma de hacer ciencia es extremadamente abierta y cooperativa.

Entre los divulgadores de física más conocidos está Stephen Hawking, Michio Kaku o el propio Richard P. Feyman que no dejan de reeditar. Sin embargo en España los que hay son poco conocidos, como el recientemente fallecido F.J. Yndurain que escribió un ensayo muy completo sobre la historia y el estado de los aceleradores de partículas. ¿A quién nos aconsejaría Juan Jose Gómez Cadenas que leyésemos para adentrarnos en el fascinante mundo de la física?

Además de los que has nombrado que merecen toda la relevancia que tienen, hay un libro de divulgación escrito por Gian Francesco Giudice, científico del CERN, que se llama The Zeptospace Odisseyes el mejor libro de divulgación sobre la física del CERN. Este libro está traducido al inglés, al alemán y al italiano pero trágicamente no se ha conseguido interesar a ningún editor para que lo edite en castellano. Eso sí, en nuestro idioma tenemos un librito sobre el LHC delicioso, escrito por un físico de primera clase, Alberto Casas. Pero te las vas a ver y desear para encontarlo, claro está, poca tirada y ninguna visibilidad. Esto da una idea de los problemas que tiene la divulgación científica en España. En castellano recomendaría El viaje de Cloe de Javier Tejada y todos los de Manuel Lozano Leyva. También recomiendo de todo corazón leer el maravilloso libro sobre Einstein y su tiempo de José Adolfo de Azcárraga.

En una de tus entrevistas comentaste que España es desde hace poco tiempo un lugar en el que científicos de todo el mundo quieren venir a investigar ¿Cuánto hay de cierto en esta afirmación? ¿A qué crees que se debe ese cambio?

En España llevamos diez años en los que se ha invertido mucho en ciencia para alcanzar el nivel que tienen otros países de la Unión Europea, para ello el Ministerio de Ciencia e Innovación ha contado con responsables como Carlos Martínez y José Manuel Fernández de Labastida que son cientificos de primera clase que venían del CSIC y le dieron untiron increible al ministerio. Esta inversión ha llegado en un momento en el que hay una cierta madurez en investigación y coincide además con el retorno y asentamiento de muchos científicos españoles que se han formado en universidades extranjeras.

Por otro lado, hace cinco años se impulsó el programa Consolider por parte del Ministerio de Ciencia e Innovación, el cual da un apoyo científico de primera magnitud a proyectos donde hay equipos fuertes a nivel intelectual. Esto genera un fuerte atractivo para investigadores de todo el mundo y científicos de EEUU o Alemania solicitan venir a España a investigar. Sin embargo hay una gran preocupación en la comunidad científica porque todo este avance conseguido en los últimos diez años se puede ir a pique en un abrir y cerrar de ojos si dentro de dos años no se renuevan estos programas.

Si no fuera así, todos estos proyectos que cuestan muchísimo poner en marcha técnica y humanamente en el momento en que se quedan sin recursos desaparecen rápidamente. Creo que hay una posibilidad muy seria de que la ciencia en España entre en recesión y estas recesiones son devastadoras. Tú has podido ver la sofisticada instrumentación que tenemos aquí y el equipo internacional que trabaja conmigo. Todo eso puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Y si desaparece, no será fácil volver a montarlo otra vez.

En España hay disciplinas como la Biología o la Medicina en la que se han obtenidos éxitos en el pasado y en la actualidad se están desarrollando investigaciones muy prometedoras como la que está dirigiendo María Blasco con los telómeros. Sin embargo, en Física o Matemáticas seguimos sin dar la campanada. ¿Hay algo en el horizonte que le haga pensar que esto va a cambiar?

Lo veo difícil. En España no falta talento, pero estamos muy lejos de contar con las infraestructuras y, más importante aún, la tradición científica de países como USA. Siempre puede sonar la flauta, podría sonar en Canfranc si descubrimos  que el neutrino es su propia antipartícula. Pero no es nada fácil competir con países como USA o Japón, donde además iniciativas como la nuestra se apoyan sin reservas.

En EEUU hay una tradición muy grande en la universidad en la que ésta ayuda a los investigadores a patentar sus trabajos, sin embargo en la Universidad española siempre ha habido problemas serios con el respeto a lo propiedad intelectual e industrial por parte de distintos estamentos de la jerarquía universitaria. ¿Crees que este problema realmente existe? ¿Está cambiando en la actualidad?

Este es un problema complejo del que no tengo suficiente información para opinar y esto es básicamente porque mis trabajos son de ciencia básica por lo que no se suelen patentar. De todas formas soy de los que opina que hay que encontrar un equilibrio entre la defensa de la propiedad intelectual y un mundo en que estén patentadas hasta las frases de saludo y haya que pagar cada vez que uno dice “Buenos días”. Mi apuesta personal como científico es publicar mucho y patentar poco, entre otras cosas porque trabajamos con dinero público y los avances que conseguimos deben estar disponibles para toda la sociedad.

¿Cuál es tu posición con respecto al  Software Libre?

Siempre me he considerado bastante núcleo duro del SL. Tanto que en mi primera novela, inédita, el SL juega un papel importante en la trama. Y sigo pensando que las ideas del SL son esencialmente correctas. Es magnífico que dispongamos de compiladores y librerías matemáticas y gráficas libres, hay gente como Brian Gough —autor principal de la librería matemática GSL— a los que habría que dar un premio, por no hablar de Stallman y compañía. Creo que Wikipedia ha sido y sigue siendo una revolución en muchos aspectos, desde su increible polivalencia —lo mismo te encuentras un artículo sobre Bach que sobre Camarón— como por su accesibilidad que la ha convertido, me parece, en la primera enciclopedia universal.

Pero a la vez, creo que la filosofía del SL, cuando la mezclas con la idea de la “mente colectiva” en Internet, puede resultar en un cóctel peligroso. En concreto, yo creo que en estos momentos el mundo digital está perjudicando a los creadores. Considera el caso de la música, por ejemplo. Todo el mundo parece estar encantado de que sufra la industria musical, pero poca gente parece caer en la cuenta que la piratería musical también ha arruinado —sobre todo— a los músicos. Y detrás de los músicos vienen los periodistas, porque como ahora un periódico no vale nada, el sueldo de un periodista tiende a cero. El periodismo digital tiene la ventaja de que te permite más libertad de expresión, pero por otro lado te obliga casi siempre a tener un modelo de negocio dependiente de la publicidad. Esto lo explica fantásticamente bien Jaron Lanier en su manifiesto You are not a Gadget, el cual recomiendo encarecidamente, a pesar de que no coincido con muchos de sus puntos de vista —por ejemplo en lo que se refiere a la Wikipedia—. Pero sí creo que hay que huir del dogmatismo que parece haberse instalado en el mundo digital.

Nadie discute que los precios que se cobraban por los discos y los que se siguen cobrando por los libros y las películas son excesivos y podrían encontrarse modelos de negocio mucho más justos para autores/artistas y consumidores, a cambio de que los intermediarios no hicieran tantos beneficios. Pero no deja de ser paradójico que una sociedad que no quiere pagar un precio razonable por una obra creativa, argumentando que los creadores deben buscarse mejor la vida —ejemplo, un argumento típico es que los músicos deben vivir de dar conciertos y no de vender discos— acepte sin embargo, como moneda de cambio, la publicidad, que es una forma descarada de mentira. Hay una ausencia en el actual modelo digital en España de un sistema de pago por uso en el que los usuarios de productos culturales podamos adquirir éstos de forma sencilla. Un ejemplo de buena operatividad sería el modelo Premium de Spotify, o la edición on-line de música MAGNATUNES.

Software libre no tiene por qué ser sinónimo de software gratis. Al final, si nos empeñamos en que todo tiene que ser gratis estamos dando cancha libre a los grandes monstruos corporativos —Amazon, Google—, a costa de empobrecer nuestra cultura. Si los músicos y los escritores no pueden vivir, aunque sea medio dignamente de la música o la escritura —y empieza a ser del todo imposible—, nos quedaremos sin ellos. Sin músicos y escritores, sin periodistas independientes, sin divulgadores de la ciencia, sin creadores, excepto los creadores de los mundos de cartón piedra que nos venden las grandes corporaciones. Es un poco triste y da un poco de miedo.

Hay un bestseller de divulgación científica en el que el autor, Michio Kaku, analiza la posibilidad de que diferentes desafíos de la ciencia puedan ser una realidad en el futuro. En esa línea nos gustaría saber su opinión sobre los siguientes temas:

FISICA: Antigravedad y materiales superconductores.

Antigravedad en el sentido de encontrar una ley que demuestre su existencia, me parece un sueño. Sin embargo, en cuanto a las posibilidades de nuevos materiales como los superconductores, sí estamos en medio de una revolución que dará lugar a cambios profundos siempre y cuando tengamos energía.  Un ejemplo claro es el grafeno, el cual es una revolución tecnológica por sus increíbles propiedades como es ser mucho más duro que el acero, ser flexible, y ser altamente conductor. De hecho en nuestro proyecto estamos trabajando con  expertos en grafeno, en particular con Paco Guinea, premio nacional de investigación de este año, para desarrollar un dispositivo para un posible futuro experimento con Xenón, una evolución de NEXT que llamamos GraXE —pronuncia “Grace”, o sea “Gracia”.

INGENIERIA: Nanorobots

Los nanorobots los vamos a tener operativos en aplicaciones de medicina dentro de los próximos diez años, en otros campos no tengo claro cómo va a evolucionar esta tecnología ya que podemos encontrarnos con los problemas derivados de la segunda ley de Moore, que dice que La eficiencia en el consumo de cualquier sistema electrónico deberá duplicarse cada 24 meses.

BIOLOGIA: Producción de órganos vitales de forma sintética

No tengo idea de en qué tiempos esta tecnología será realidad pero pienso que es inevitable que ocurra.

NEUROPSICOLOGÍA: Traductores mentales y telepatía

En este punto soy mucho más escéptico en cuanto a los avances porque ahí tenemos el misterio del cerebro humano que es el ordenador analógico más complejode la creación y es difícil hacerse una idea de cómo funciona, aunque reconozco que es ahora cuando la ciencia está empezando a atinar con respecto a su operativa.

En ocasiones hemos visto como el cine ha tratado con más o menos rigor las posibles catástrofes que se pueden dar relacionadas con la energía nuclear como la clásica El Síndrome de China, sin embargo el año pasado los sorprendentes protagonistas de 2012 fueron una de tus especialidades: los neutrinos. ¿Qué hay de cierto en la posibilidad de que un incremento del número de neutrinos que llegan a la Tierra puedan provocar una catástrofe?

Josep Mª Bea nos dio a conocer personajes extraordinarios en Historias de Taberna Galáctica, recuerdo a uno que decía: El universo es infinito y además muy grande y esto es básicamente lo que nos transmite el guionista de esta película, una gilipollez fantástica. Y lo más curioso es que con los neutrinos se podrían hacer guiones geniales, con tecnología de dentro de unas décadas se podrán mandar haces de neutrinos hacia silos nucleares, capaces de desactivar las cabezas atómicas sin que estas explotaran. O podrían utilizarse como medio de comunicación, puede que intergaláctico. Aquí aplica el viejo cliché: la realidad (la ciencia) supera la (ciencia) ficción.

Sin embargo a diferencia del cine catastrófico en la que los físicos tienen papeles secundarios, en una conocida y exitosa comedia de TV llamada The Big Bang Theory son los protagonistas. En esta serie aparecen una serie de gags muy divertidos relacionados con el prestigio de los Físicos Teóricos con respecto a los expertos en física aplicada y con los Ingenieros. ¿Existe en la comunidad universitaria realmente esta escala de jerarquía intelectual?

En mi casa sí, mi mujer, Pilar, es la física teórica, y desde luego la lista, aunque no se parece en nada a Sheldon, es más bien la reencarnación de Marie Curie. Y luego estoy yo que soy el experimental, con mis limitaciones. Mis hijos, que se parecen más a su madre, me dicen que no me preocupe, que ellos me quieren igual aunque sea cortito. Bromas aparte, en España siempre hemos tenido buenos físicos teóricos producto de la escasez de recursos para experimentar que hemos tenido durante mucho tiempo y esto ha generado un corpus de excelente físicos teóricos.

En esta serie, el protagonista trabaja en la Teoría de las Supercuerdas, uno de los clásicos de la física actual y en cuya investigación no se avanza demasiado aunque muchos de los premios Nobel de física lo han sido por sus contribuciones a esta teoría. ¿Hasta cuándo va a ser la Teoría de las Supercuerdas la eterna promesa?

Esta es una pregunta muy interesante, y es que muchos científicos no lo tenemos nada claro. Como comentábamos al inicio de la entrevista hay un equilibrio muy delicado entre la teoría y la experimentación y este equilibrio a veces se estira un poco como es en el caso de la Teoría de las Supercuerdas. Esta teoría atrae mucho por su estética y belleza matemática, y en consecuencia atrae también a los tíos más listos del planeta. A su vez, la universidades más prestigiosas quieren a los tíos más listos y estos a su vez atraen a otros tíos muy listos para que trabajen con ellos. Todo esto implica la formación de un círculo intelectual privilegiado de personas que trabajan en modelos muy matemáticos que a menudo son difíciles de contrastar experimentalmente. Hay cierto riesgo en ello ya que, en ausencia de experimentación, estos sofisticados físicos matemáticos pueden acabar volviéndose habitantes de su propio y exclusivo planeta matemático. Pero tampoco nos olvidemos que todos estos teóricos de cuerdas ganan mucho menos que los ejecutivos de Wall Street y si tuviera que apostar la vida en la productividad para la sociedad de uno de los dos grupos, creo que me pondría en manos de los stringies.

Es difícil clasificar tu novela Materia extraña dentro de la corriente denominada Hard (dura) de la CI-FI, ya que aunque las teorías científicas que subyacen en la trama están tratadas con gran rigor, la historia se lee tan fluidamente que es difícil atascarse en la complejidad de los temas que se analizan. ¿Crees que esto es debido a tu experiencia como docente y/o divulgador?

Si tengo que encontrar un referente para mi novela, sin duda ha sido Carl Sagan y su best-seller Contacto. Carl Sagan era un científico enamorado de la ciencia y su novela Contacto, al igual que Materia extraña, se encuentran dentro de un género poco explorado que es el de la ficción científica. En la ficción científica realmente lo que planteamos es cambiar los hyperdrives y otros tecnogadgets por haces de neutrinos.

¿Cuál es tu novela favorita de CI-FI? 

¡Qué pregunta más difícil! Si tengo que elegir una sería Los propios dioses de Asimov, pero en mi opinión de cada uno de los clásicos hay una novela imprescindible.

¿Y personajes? ¿Hari Seldon? ¿Eto Demerzel? ¿Ender? ¿Cuál es tu preferido?

De aquella época recuerdo con especial cariño a Lazarus Long.

¿Cuáles son tus proyectos futuros relacionados con la literatura? ¿Nos vas a sorprender con alguna otra novela a los entusiastas de la CI-FI o con algún otro ensayo?

Me gustaría seguir publicando en español, aunque tengo mis dudas. En España no hay tradición de divulgación científica y con la crisis las editoriales solo piensan en el siguiente pelotazo. Y la verdad es que por más que me gustaría escribir como Dan Brown, no me sale. En todo caso, mi siguiente libro será, de nuevo, sobre energía nuclear. Lo publicará la editorial UIT (Cambridge). Será un libro más extenso que el ecologista nuclear y más distante, sin la pasión argumental. Mi intención es mostrar de manera sencilla los datos sobre la energía nuclear, sin hacer juicios de valores —en el ecologista hacía alguno más de la cuenta— y promover que el lector piense por su cuenta. En cuanto a la novela me gustaría seguir escribiendo ficción científica, aunque quizá haciendo predominar más la parte literaria que la divulgativa. En fin, ya veremos. De momento puede que, para ir afilando los lápices (digitales), empiece con un Blog. Se me ocurre un título: Más rápido que la luz. ¿Qué te parece?

Fotografía: Jorge Quiñoa

22 comentarios

  1. Felicidades a Jot Down por la entrevista a Juan Jose, un gran científico y un gran divulgador.

    Es una satisfacción leer información tan interesante sobre física de partículas en España.

  2. Feynman y no Feyman.

  3. Gracias por transmitir seriedad, profesionalismo y amor a la ciencia (y a la literatura). Excelente ejemplo: que lo lean nuestros hijos. Estamos hartos de banqueros corruptos y de politicos ineptos. La ciencia al poder ya! Enhorabuena.

  4. Mi más sincera enhorabuena por la entrevista. Gómez Cadenas es, a juzgar por sus palabras y sus ideas, uno de esos hombres buenos que hay en España y que merecerían tener más visibilidad. Una entrevista como ésta puede ayudar a conseguirlo.

  5. Pingback: Texto casi Diario: María Pilar Clau & Mariano Gistaín

  6. Joder JD, gracias otra vez; este pavo es cojonudo. Acabo comprarme el ebook de Leyva Lozano sobre Fukushima (1.49 euros) y espero como agua de mayo lo que va a publicar él. Muchos años en el movimiento ecologista dan para ello. Saludos.

  7. Felicidades por la entrevista, Samuel. Por haber encontrado una persona con cosas muy interesantes que contar, por haberle hecho preguntas llenas de sentido y por haberlo sabido transmitir al papel con tanta viveza.

    La verdad es que JotDown empieza a consolidarse como una revista imprescindible si uno quiere huir de la basura mediático/propagandística que nos rodea. Las revistas generalistas y los suplementos dominicales se han convertido en meros eslabones de las campañas de lanzamiento de las multinacionales del ocio. Nos quedan las revistas digitales, la nueva tierra del amor al conocimiento: JotDown, FronteraD y alguna otra.

  8. Pingback: “La ciencia es mas grande que los científicos” | Fundación Civil

  9. Pingback: Entrevista a Juan José Gómez Cadenas

  10. Felicidades a Jot Down por la entrevista.
    A Juan Jose, por ser un gran científico y un gran divulgador y un poeta de la vida moderna.
    Es un placer leer información tan interesante.

  11. Me parece un trabajo encomiable. Enhorabuena

  12. Encantado con JJ Gómez. Y con su magnífico blog taquiónico.
    Muchas gracias a los dos.
    (PD: No tocó a la ‘chica’ UK LeGuin en su recopilación juvenil)

  13. Pingback: Un mundo construido a escala humana « asincronia

  14. En la página de Giudice, sobre el libro de la odisea en el zeptoespacio, se dice “Una odisea en el zeptoespacio, Spanish translation of A Zeptospace Odyssey, will be published by Sugar Books – JotDown, Madrid, and will appear at the end of summer 2012.” ¡Dadnos ya la sorpresa por favor! No me lo he comprado porque quiero vuestra edición.

  15. Estuvimos con Giudice en el CERN tras la confirmación más que probable de la existencia del Higgs para entrevistarlo. Giudice está actualizando el libro y esperamos tenerlo listo en JD en octubre.

  16. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Materia extraña

  17. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | David Nygren y Alessandro Bettini, la física como fuente de la eterna juventud

  18. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | David Nygren y Alessandro Bettini, physics as fountain of eternal youth

  19. Pingback: Un mundo construido a escala humana « asincronía

  20. Pingback: Un mundo construido a escala humana | asincronía

  21. Pingback: Juan José Gómez Cadenas > Poemas del Alma

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