Guía para hacer un reportaje en Palestina - Jot Down Cultural Magazine

Guía para hacer un reportaje en Palestina

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[Palestina es un territorio no reconocido por la ONU formado por dos regiones: la Franja de Gaza y Cisjordania. La primera se encuentra al sur de Israel y está bloqueada por el ejército hebreo. La segunda se sitúa al Este y, aunque no está bloqueada, está separada de Israel por un muro que impide la libre circulación de un territorio a otro. Además, el suelo de Cisjordania está controlado, en su mayoría, por Israel, que ha construido más de 120 asentamientos judíos. El principal acceso a Cisjordania desde Israel está en Jerusalén, ciudad controlada a día de hoy por Israel y desde la que se puede entrar a Belén y Ramala a través de los controles militares. Todos los nombres y lugares que aparecen en este texto son reales]


Esta es una guía dirigida a ese joven periodista que todavía cree que puede vivir haciendo reportajes por su cuenta, vendérselos a medios de comunicación que los quieran publicar y, con el dinero que le paguen por ello, llevar a cabo su siguiente viaje para el próximo reportaje. Y así.

Es a ti, joven periodista que crees en todo ello, a quien dedico este manual que, en unos pocos y sencillos pasos, te permitirá realizar un reportaje de óptima calidad en Tierra Santa. Lo sé, Palestina ‘no vende’. Está todo contado. Los editores, esas personas de mails monosílabos, ya conocen toda la problemática de arriba a abajo y la han publicado cientos de veces. “¿Reportaje de Palestina? Ya lo hemos contado”.

Por lo tanto, este viaje, joven periodista, tiene un único objetivo: entrenarte. Sentir que estás haciendo un reportaje aunque no vayas a colocarlo en ninguna parte. Es necesario foguearte para cuando te toque hacer uno de verdad y para ello ningún lugar mejor que Palestina y, más concretamente, Cisjordania. ¿Por qué? Muy fácil, joven periodista. Hacer un reportaje en Palestina es fácil. Extremadamente fácil. Sólo tienes que seguir las instrucciones de esta guía.

Los palestinos

Lo primero que debes tener en cuenta es que los palestinos podrían hacer el reportaje por ti. Ya saben lo que quieres, a por lo que has ido, y te conducirán directamente a ello en cuanto les expliques que eres periodista. No sólo eso: pueden darte los titulares. Los palestinos dan un titular cada dos frases y además buenísimos, de los que encajan perfectamente con el estilo actual de periodismo: exagerados, indemostrables, no contrastados. De modo que no te hagas el héroe, ni siquiera el intrépido reportero, sólo déjate guiar por ellos. Han sido tantos y tantos los periodistas que han ido a entrenarse a Cisjordania antes que tú que los palestinos saben perfectamente lo que has ido a buscar. En ningún otro lugar te lo van dar tan masticado.

El ‘back office’ del reportaje lo vas a encontrar en el aeropuerto de Tel Aviv, a donde vas a llegar. Bien, esta parte, registros, interrogatorios, tensión, te servirá en un pub con alguien del género opuesto, pero no para el reportaje, así que vayámonos cuanto antes a Cisjordania.

El muro

A tu llegada a Jerusalén, y mientras tratas de atravesar al lado palestino, no consumas demasiado tiempo en sorprenderte. Recuerda que todo está contado. No importa cuánto te impacte el muro de separación, con sus heladores bloques de hormigón de cinco metros de altura segregando dos pueblos y alimentado el desconocimiento entre ellos. Tampoco importa que veas cómo miles de vecinos de Belén y Ramala se agolpan en el control militar del muro a las 5 de la mañana para ir a trabajar a Jerusalén, con colas de hasta 3 horas. Cada día. Todo eso ya lo sabemos y, sobre todo, ya lo saben los editores: lo han visto cientos de veces. En fotos. Tampoco te dejes embaucar cuando, ya del lado palestino y después de pasar el control donde tras un cristal tintado sólo se oye la voz de un soldado israelí gritando en hebreo, contemples el muro: murales, grafittis, mensajes… Olvídalo, todo el mundo sabe que el muro, del lado palestino, es un auténtico museo al aire libre. Deja todas esas cosas atrás y dirígete a Belén, nuestro primer destino.

Belén, la ocupación

Atención, no te atrevas a proponer un reportaje sobre cómo se viven las navidades en esta ciudad, donde se supone que nació Jesucristo. ¡Lo sabemos de sobra! Lo que tienes que hacer, joven periodista, es ir a casa de Claire Anastas sin perder tiempo. Es el lugar clave para cualquier reportero que quiera mostrar el drama del muro de separación. No te preocupes por cómo llegar. Sólo acércate a cualquier persona que veas por la calle en Belén y dile que eres periodista. Añade, si quieres, que estás haciendo un reportaje, aunque tampoco es estrictamente necesario. Él o ella te conducirán inmediatamente al hogar de la familia Anastas mientras te explica que se trata de una casa que está completamente rodeada por el muro. Al llegar, los Anastas saldrán y te explicarán que su casa fue circundada en redondo por el muro y los niños no pueden ir al colegio y están aislados. No es exactamente así, porque tienen salida por un lado, pero los Anastas no van a fastidiarte el reportaje. No lo han hecho nunca con ningún otro reportero. De todas formas, si ves que te quedas sin tiempo para ir hasta allí no importa, tienen web: anastas-bethlehem.com.

De allí debemos dirigirnos al límite municipal entre Jerusalén y Belén. Atención de nuevo, ni se te ocurra pensar en la posibilidad de plantear un artículo sobre cómo Israel ha ampliado los límites del ayuntamiento de Jerusalén. Esto ha provocado que muchos vecinos palestinos que antes pertenecían al ayuntamiento de Belén se encuentren ahora censados en Jerusalén, con lo que su permiso de residencia ha cambiado, ya que los palestinos de Jerusalén tienen uno diferente al resto de palestinos. También implica que muchos vecinos de Belén que antes acudían a su trabajo con normalidad, ahora no puedan hacerlo porque su lugar de trabajo ha quedado absorbido por los límites del ayuntamiento de Jerusalén, en donde no pueden entrar por el permiso. Pero eso no importa. Está muy visto. Y todos sabemos ya los diferentes tipos de permisos que tienen los palestinos. Lo que puede servir, como decíamos, es ir a la frontera entre ambos municipios a visitar la casa de la familia Hadweh. Su casa ha quedado al otro lado de una valla metálica que separa ambos términos municipales. Cuando vayas, te hablarán desde el otro lado de la verja, diciendo que no tienen las llaves de la puerta que les separa de ti y que deben dar un gran rodeo cada vez que quieren salir o entrar. Esto, obviamente, es un atentado contra su libertad y un castigo diario. Impresiona escucharles. No importa que, mientras haces esta entrevista, y tal y como le sucedió al autor de esta guía, uno de los hijos de la familia aparezca de pronto, saque unas llaves, abra la puerta y entre sin inmutarse. Ahórrate este detalle. Los Hadweh te están haciendo un buen reportaje, no lo eches a perder ahora.

Hebrón, los asentamientos

Bien. Vayámonos ahora a Hebrón, la única ciudad de Palestina que, como ya sabe absolutamente todo el mundo, tiene varias colonias judías en su casco antiguo, lo que obliga a la localidad a dividirse en dos partes —H1 y H2— separadas por una enorme valla de hierro y hormigón sobre la que vuelan piedras y basura. Las calles del casco viejo están cubiertas con redes para evitar que los objetos y desperdicios que arrojan los colonos caigan sobre los viandantes.

De camino a Hebrón no compartas con nadie lo que vas a descubrir: que el territorio de Cisjordania está clasificado en tres zonas: A, B y C. Las zonas A suponen el 58% del suelo y pertenecen a Israel. Es en ellas donde están situadas la mayoría de colonias judías. Las zonas B están controladas militarmente por Israel y civilmente por Palestina. Las zonas C (apenas algunos núcleos urbanos) están bajo control exclusivo palestino. Las grandes extensiones de las zonas A están vigiladas por controles militares israelíes, llamados ‘check points’, de manera que para pasar por estas zonas (algo inevitable si quieres ir de un sitio a otro en Cisjordania) debes de atravesar ‘check points’ que no siempre están abiertos. Los colonos, sin embargo, pueden utilizar las grandes carreteras cerradas para los palestinos. En resumen, Cisjordania es un conjunto de núcleos urbanos aislados entre sí por grandes extensiones de tierra controladas por Israel, algo que condiciona absolutamente la vida de los palestinos y que les impide saber si podrán moverse de un sitio a otro, sea cual sea la importancia de su desplazamiento. Pero bueno, eso está contado, así que vayamos al grano.

En Hebrón repite la técnica de Belén. Intercepta al primero que te cruces y dile que eres periodista. Te conducirá sin perder un segundo a la casa de Nidal Farid. Si te consideras un buen reportero tienes que conocer a Nidal: ha sido protagonista de cientos de reportajes. Su casa está, muro con muro, con la de los colonos judíos del asentamiento de Avraham Avniu, en el casco viejo. Le tiran basuras, piedras y hasta le quemaron con una granada parte de su casa, hiriendo a uno de sus hijos y provocándole un aborto a su mujer. No importa si no sabes muy bien qué preguntarle, él te lo contará todo. Su hijo, Said, tiene además un DVD que, por un módico precio, te entregará lleno de imágenes y fotografías. Ya tienes lista la parte gráfica del reportaje.

Si quieres completarlo puedes darte un paseo por el casco viejo, porque en pocos minutos te encontrarás a Abed Sider. Tranquilo, él acudirá a ti. Si te suena su cara, no te extrañe. La suya es una historia todavía más dramática, testimonio perfecto para el relato. Su casa linda con el asentamiento de Beit Romano. A su mujer la ejecutaron en la azotea. A uno de sus hijos le tiraron ácido desde la colonia y su tienda fue cerrada por seguridad, ya que está demasiado cerca del asentamiento. Lleva diez años sin trabajo. Lo cuenta todo en un DVD que también te entregará.

Si antes de irte de Hebrón das un paseo por la Mezquita de Abraham (dividida en dos partes —musulmana y judía— y separada por un cristal antibalas desde que en 1994 el colono Baruch Goldstein asesinara a 29 palestinos que estaban rezando), seguramente te toparás con Yamal Fahusi. Su cara, salpicada por miles de pecas, le hace inconfundible. Está al acecho de periodistas. No hace falta ni que le digas nada: él se encarga de todo. Te llevará a su casa, te invitará a un té y te explicará cómo su vida está limitada por los soldados israelíes. Hay días en que no puede salir de su barrio, por ‘seguridad’. Que se sepa, no tiene DVD de momento.

Listo. Reportaje sobre Hebrón completado. Ahora sí, ya puedes irte. Podrías intentar entrar en la colonia y hablar con algún vecino judío. Pero, ¿para qué? Nunca quieren hablar y si lo consiguieses nadie comprendería el valor de lo que has logrado. No pierdas el tiempo. Lárgate de ahí.

De todas formas, y pensándolo bien, no es estrictamente necesario que vayas a Hebrón. Puedes informarte a través de la web breakingthesilence.org. Se trata de una ONG que recoge testimonios de soldados y ex soldados israelíes que relatan su experiencia en Hebrón. Hebrón es algo así como Córcega para los legionarios romanos de Asterix, el peor lugar donde pueden enviar a un soldado. La tensión en la ciudad es terrible. Los militares explican cómo les ordenan realizar continuos registros nocturnos en casas palestinas, cómo pierden la noción del bien y el mal y, sobre todo, cómo son incapaces de contener la radicalidad de los colonos judíos que atacan constantemente a sus vecinos palestinos. La mayoría de estos colonos son de extrema derecha ligados al partido ilegalizado por Israel, Kach. El problema es que los colonos, como ciudadanos israelíes, se someten a las leyes civiles, por lo que los soldados no pueden hacer más que llamar a la policía cuando hay ataques o agresiones. Al fin y al cabo están ahí para proteger a los colonos, aunque por momentos sea una paradoja. Sus testimonios son los de personas que han visto el odio y no han podido ni les han dejado evitarlo. Es tan impresionante leer sobre el día a día de Hebrón que, si quieres, ni vayas.

Nablus, los campos de refugiados

Lo que deberías hacer ahora, joven periodista, es reflejar la realidad de los campos de refugiados palestinos. Hay 19 en Cisjordania y en ellos viven cientos de miles personas, la mayoría de ellas desplazadas desde lo que hoy es Israel en 1948 (fundación del Estado) y en 1967 (guerra de los Seis Días). Ahí viven desde entonces; en campos que han ido edificando ellos mismos y donde se hacinan generación tras generación sin perspectiva de que vayan a poder regresar jamás a sus casas, en su mayoría destruidas por la guerra. Una realidad trillada y conocida de sobra por cualquier periodista o lector, por supuesto.

¿Cómo entrar en uno de estos campos? Esta guía vuelve a tener la respuesta. Aunque en realidad no es difícil acceder a cualquiera de ellos, los palestinos saben cómo ponértelo fácil. De nuevo, no tienes por qué convertirte en un reportero aventurero, simplemente haz lo que ellos te vayan explicando.

Lo ideal es que acudas a Nablus. Esta localidad, al norte de Cisjordania, fue en su día la capital económica de Palestina. Hoy es una ciudad fuertemente vigilada por el ejército israelí y popular por su resistencia a la ocupación. Puedes pedirle a cualquier vecino que te conduzca al campo de refugiados de Balata. Una vez allí, ya no tienes que hacer nada más. Todo te será concedido para tu reportaje.

Saldrá a recibirte Muhamed Salid, director del centro cultural de Yafa. La labor de este hombre merece un artículo en sí mismo: ha logrado introducir cientos de actividades culturales en el campo y canalizar los esfuerzos de resistencia por las vías del activismo y la protesta argumentada, con campañas, redes sociales y manifestaciones. Con ello ha reducido drásticamente el número de ‘mártires’, jóvenes del campo que han muerto en combate contra los soldados israelíes y cuyos retratos empapelan las paredes de Balata en forma de tributo. Lástima que se hayan hecho cientos de reportajes sobre esto y que esta historia se conozca perfectamente.

Por ello es mejor dejarnos guiar por Salid, que nos explicará que Balata es un campo de un kilómetro cuadrado donde viven 25 000 personas. Fue levantado tras la fundación del Estado de Israel y entonces acogía a 5 000 refugiados. Con el paso de los años, el crecimiento de su población ha obligado a los vecinos a añadir alturas a sus edificios. El resultado, después de varias generaciones, es un campo conformado por viviendas de cinco y seis pisos de distintos colores y materiales, levantados artificialmente, y que apenas distan un metro de un bloque a otro. La sensación al introducirte en este kilómetro cuadrado es claustrofóbica: enormes casas pegadas entre las que serpentean callejones que tocan tus hombros y que tapan casi completamente el cielo. Salid te dará una vuelta, te lo explicará todo en un inglés perfecto y hasta te dará los tiros de cámara pata finalmente ofrecerte ‘merchandising’ del campo, que está a la venta en la oficina del centro cultural. Como en Belén, si te quedases sin tiempo para acudir (o te da pereza) puedes emplear su web: yafacult.ps.eng

Si deseas completar la visión sobre los campos de refugiados, podrías acudir al campo de Yenin. Este lugar, cuna de las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, contiene el Teatro de la Libetad. Juliano Mer Khamis fundó esta iniciativa durante la segunda Intifada. Se trata de una escuela de teatro en la que los alumnos, chicos y chicas del campo, se preparan y sueñan con ser actores y, de paso, esquivan el camino de la lucha armada. Promueven la ‘Intifada cultural’ y sus esfuerzos están salvando la vida a cientos de jóvenes, que abrazan otra manera de combatir la ocupación ajena a la violencia. La iniciativa está teniendo tanto éxito que Juliano fue asesinado el pasado 4 de abril. Estaba desviando a los chicos de su verdadero objetivo: morir por Palestina.

Jerusalén Este, los desalojos

Llegamos al final del reportaje. El material recopilado es abundante y, aunque no vaya a servir de nada, el entrenamiento está siendo positivo. Tanto, que llega a su fin. Un buen remate sería acudir a Jerusalén Este para reflejar los continuos desalojos que padecen vecinos palestinos para que sus casas sean ocupadas por ciudadanos israelíes. En realidad estos desalojos tienen un entramado jurídico detrás elucubrado por Israel para que sean ‘legales’ que merecen un capítulo aparte: títulos de propiedad árabes invalidados, ley del ausente y un largo etcétera. Pero esto a ningún editor le va a interesar porque está más que contando. Así que encontremos lo que hemos venido a buscar: jaleo. Como Jerusalén Este es muy grande deberemos dejar, una vez más, que sean nuestros protagonistas quienes nos guíen y completen el reportaje. Es fundamental acudir el viernes. Ese día, desde hace tiempo, a las 14:00 de la tarde, se celebra una manifestación en los jardines de Sheikh Jarrah. Allí acuden activistas israelíes y árabes para denunciar, al ritmo de percusiones y silbatos, la ocupación israelí en Jerusalén Este. Cantan, gritan y muestran mensajes frente a la policía israelí, que observa impasible armada hasta los dientes. Junto a los activistas siempre hay unos cuantos periodistas entrenándose. Puedes saludar a alguno. Aprovecha también para entrevistar a alguno de los cabecillas de los manifestantes. Y con esto, es suficiente. Bueno, si al final no encuentras los jardines de Sheikh Jarrah, tienen web, cómo no: justjlm.org

Es hora de regresar, satisfecho por el trabajo realizado. Por supuesto, esta guía es absolutamente confidencial. Nadie debe saber que no te fue difícil lograr todos esos testimonios. Todo lo contrario, has de vender que te moviste por sitios impracticables en busca de la historia inédita que mejor refleja el conflicto. Cuando te canses de repetirlo, coge el reportaje, guárdalo en un cajón y ponte a buscar trabajo.

20 comentarios

  1. Pingback: Guía para hacer un reportaje en Palestina

  2. Es verdad, no hay ningun conflicto que haya sido tan cubierto como el palestino- israeli. Y casi siempre con información muy poco contrastada y bastante sesgada. Se han hecho miles de reportajes. La CNN llego a regalarle camaras de video domesticas a los jóvenes palestinos para que grabaran los hechos que parecían interesantes para sus noticieros… y asi de resultaban muchos de esos reportajes. Hay muchos otros conflictos mucho mas sangrientos y mas terribles, pero los reportajes y el interes por los mismos ha sido casi anecdotico. Israel es una democracia y con un nivel de vida tipo europeo, alli los reporteros se pueden instalar y trabajar con las comodidades de estar en un lugar poco peligroso y tienen sus derechos garantizados, no como en Kabul o como en Cachemira y en territorios de los Kurdos. Ha sido la panacea de los “reporteros de guerra”, un rato en las zonas con problemas y a la noche a las discotecas de Tel Aviv o los los buenos restaurantes de cualquier ciudad de Israel donde todo queda cerca, porque ese pais es apenas mas grande que la provincia de Madrid.
    Tambien hantenido garantizado el interes del publico ya que desde hace un tiempo, contra Israel se vive mejor, en especial para los periodistas que han encontrado ese filon que representa el antiisraelismo, donde hay una salida politicamente correcta para el inconfesable y a veces inconciente antisemitismo.
    Aqui pego un link para que los que quieren entender el conflicto puedan tener otra mirada sobre el mismo. Y tambien propongo que los periodistas que quieran cubrirlo busquen otro tipo de noticias por alli, como de que manera resuelven sus diferencias los distintos bandos palestinos, o como tratan a sus mujeres en Gaza, o como educan a sus hijos, o que han hecho con las ingentes sumas de dinero de las ayudas internacionales. Tambien que investiguen porque en un entrono de igual cultura y religion siguen como refugiados por tercera generacion… o porque no se autoproclamaban palestinos y ocupados cuando antes de la Guerra de los 6 dias estaban “ocupados por Egipto (Gaza) o por Jordania (Ciosjordania) .
    Pego un link que creo es interesante que lean los que quieran hacer periodismo de informacion sobre este conflicto.

    http://www.lanacion.com.ar/1377284-facil-de-entender-dificil-de-arreglar

    Saludos.

    • Es increíble la forma tan egocéntrica que tienen algunos de pensar… por lo visto, jose david, quieres que “Tambien investiguen porque en un entrono de igual cultura y religion siguen como refugiados por tercera generacion…”

      te preocupa por qué se llama todavía refugiados a los palestinos de 3a generación que echaron de sus tierras… ¿no es mucho más preocupante que se utilice en israel la ley del “retorno”… haciendo referencia al supuesto derecho que tiene cualquier argentino, norteamericano, ruso, polaco o etíope a poder “¿regresar?” a “¿su?” tierra… después de más de 400 generaciones…?

      Esa es una de las absurdas excusas de los sionistas para ocupar una tierra ya ocupada…

      Ahí está la madre del cordero… lo demás son cortinas de humo… propia, por otro lado, de la propaganda sionista…

  3. Si todo está contado…. ¿por qué siempre se generan tantas noticias sobre el conflicto?
    La verdad es que un conflicto muy pero muy complejo. Yo he vivido en Israel casi 2 años, no soy judía (no sé porque lo matizo) y creo que a veces nos olvidamos siempre de contrarrestar las opiniones de los “supuestos malos”, no?
    Al menos en el tema de Hebrón… en la guía para el periodista se menciona… ¿Para qué hablar con ellos si nunca quieren contestar?

    Después de mi experiencia en Israel, quise ir a Nablus al los campamentos de refugiados… pero creo que la odisea del aeropuerto de Ben Gurion (Tel Aviv), me frena…. Lo he llegado a pasar tan mal… que me cuesta volver a ese país por ello….

    Para los que no la hayan visto… Os recomiendo la película “Etz Limon” (El Limonero)
    http://youtu.be/NHspB5ErLtg

    Saludos
    @sendaqueen

  4. Enhorabuena por el post. Aunque no he acabado de entender el sarcasmo sobre si vende o no el reportaje, creo que me has contado un montón de cosas en un tono distinto al habitual.

  5. Me parece que el artículo rebosa cinismo. Hablar del sufrimiento real de los palestinos con un tono similar al que utilizaríamos cuando una mosca se pone pesada y se posa en nuestra comida, es una burla. La reiteración de las denuncias por parte palestina tampoco es un argumento. O alguien se imagina que despreciáramos las denuncias hacia los niños, o la trata de blancas o hacia las mujeres, por reiteradas. De igual modo ¿podriamos ridiculizar,o minusvalorar el holocausto por que ya hemos visto demasiadas películas del tema? Claro que no! Hace unos años que visite el campo de concentración de Dachau, y el año pasado estuve en Palestina. No seré yo quien caiga en la mentira de comprar la magnitud de ambas tragedias, pero si algo me traje claro de los dos viajes es que hemos de seguir denunciando la barbarie, la injusticia (por supuesto también las que puedan cometer los palestinos) Leer su artículo negacionista me ha reafirmado en mis convicciones.

  6. No se que pretende con este artículo, mi sensación es un ligero aire de cinismo exacerbado sobre la actuación de algunos palestinos. ¿No es acaso normal que ante una situación de extremo bloqueo, pobreza, miseria y opresión se recurra a la picaresca para poder vivir?.
    Si además de eso en españa ya sabéis mucho.

  7. Un reportero israelí. No es especialista en nada pero escribe con un estilo atractivo y provocador. De España sabe lo básico, pero mitifica los ideales de los movimientos de liberación, la lucha de los pueblos, el débil contra el fuerte, la resistencia a la colonización física y cultural… Ya tú sabes: la influencia generacional de medios y academia, el consenso de crítica y público. El reportero israelí visita el País Vasco.

    Con una inmutable predisposición ideológica que le hará caminar por las sendas más transitadas sin cuestionar ni una coma, aceptar y proclamar verdades de una sola frase que quepan en una pancarta, y evitando en todo momento otra cosa que no sea una presentación monocromática y simplista de un problema complejo y poliédrico, se lanza a la aventura de escribir un articulito, arriesgado en su tono y planteamiento (algunos lo tacharán de cínico), pero conservador, conformista y predecible hasta la grima en las ideas y la perspectiva que presenta.

    Con un conocimiento del tema en cuestión que parece limitado a una visitas a la hemeroteca de Egin y a fanzines de grupos radicales, traza la siguiente línea argumental:

    – Un supuesto territorio ancestral con aspiraciones de independencia desde la noche de los tiempos. Ninguna referencia histórica, ninguna perspectiva que contraste afirmaciones tan sesgadas. Ninguna visión inconformista o plural
    – Una ocupación brutal y antidemocrática, por un vecino expansionista y fagociador. Ni un pero, ni medio quizás, sin alternativas, sin dar voz a otros
    – Un parlamento títere, unas elecciones de pandereta que excluyen a una buena parte de su sociedad y sus partidos: a los irreductibles más puros que se resisten a las componendas con los españoles. Nada que decir de los métodos de los violentos, de las razones de esa exclusión, de lo altamente dudoso de las buenas intenciones de los verdugos que le venden la moto. Nada que mencionar de los constitucionalistas que se consideran las verdaderas víctimas y no parecen haber recurrido a poner bombas en supermercados. A esos que les den.
    – Sus fuerzas de ocupación en tenebrosas fortalezas rodeadas de muros y alambradas (Intxaurrondo) donde se practican innombrables torturas (miles de denuncias, casi ninguna considerada por los tribunales de los ocupadores). Por supuesto, ¿para qué hablar de que los muros y las alambradas no agreden sino que defienden de la agresión, o de las masacres practicadas contra esos policías a los que se deshumaniza como brutos irracionales?. ¿Para qué poner en cuarentena reclamaciones de grupos extremistas con discurso violento y métodos terroristas contra las instituciones de un sistema que se reconoce como garantista y democrático?. ¿Qué nos debe impedir aceptar las tretas propagandísticas expuestas una y mil veces de esos grupos totalitarios a los que el reportero no somete al mínimo análisis crítico que le pueda desviar de su línea unidireccional?
    – El recurso sentimental de los refugiados en el País Vasco francés, el acoso, las vidas rotas. Si, “refugiados” asentados en sus casas desde hace 40 años, escapados de un estado democrático… ¿qué importa?. Detalles, detalles… Sin mención a los otros que tuvieron que huir de la violencia de esas almas puras que el reportero retrata sin pecado concebidas. Los vascos escapados a otras partes de España para evitar la amenaza, el acoso, para escapar de los intolerantes.
    – La juventud ocupada, con sus experiencias de represión, la policía colaboradora con sus pasamontañas para ocultar su miedo colaboracionista y dar impunidad a su brutalidad. Las fuerzas militarizadas del ocupante, la humillación de los controles continuos. Ninguna referencia a las razones para aplicar esas medidas de seguridad. A las vidas que protege. A que el estado democrático tenga derecho a defenderse dentro de la ley y con principios de comportamiento que nunca han aplicado, ni piensan aplicar, los terroristas, los fascistas exaltados que se nos hace pasar por idealistas libertadores.
    – Los presos políticos dispersos por España, el inhumano maltrato a sus familias, los tribunales de excepción (la Audiencia Nacional), las leyes antiterroristas sin respeto a derechos fundamentales mínimos. Ninguna mención a las víctimas del terrorismo etarra, a la barbarie. A la colaboración necesaria de grupos próximos que incitan al odio y enaltecen los métodos de los salvajes . A que las fuerzas de orden hacen su trabajo en las condiciones más difíciles ante en peligro continuo de un enemigo que no juega con las reglas del derecho, ni con ninguna otra regla.
    – Y, claro, los colonos, los maketos, ese cuerpo social exógeno resultado de un plan preconcebido por el estado ocupante para diluir y corromper desde dentro a los vascos y la identidad indisoluble entre un pueblo y su tierra, procediendo a su españolización forzada… ¿Hace falta seguir comentando, o simplemente debatir si se trata de un ejercicio de simplismo ingenuo o manipulación perversa?…

    Esta es la crónica. La publica en un medio transversal, dinámico, vanguardista e intelectual. Y ahí queda eso

  8. El artículo expone algunos hechos sencillamente falsos y demasiadas medias verdades.

    Puede encontrar una respuesta informada en el siguiente enlace:

    http://politikon.es/neoconomicon/2011/12/11/el-periodismo-como-excusa/

    La dirección de Jot Down declinó amablemente publicarla en su página.

  9. Mi respuesta a la réplica de Andrés von der Walde:

    http://politikon.es/neoconomicon/2011/12/13/replica-de-nacho-carretero-sobre-palestina/

    Saludos a todos y gracias por los comentarios.

    • Menos mal que has respondido, porque el artículo del susodicho es de traca. Te acusa de no haber estado en Naplus pero no se yo si él conoce mucho esos territorios (o sólo la propaganda que su país le vende).

  10. Datos macro, datos micro, teencndias, soportes, resistencias… toda esta retórica para adornar una economía de casino que, además, está teledirigida.El capitalismo es en sí una burbuja, alimentada por un montón de países que nos ceden sus recursos (nuestro P.I.B.)y a cambio les dejmos un agujero negro.Impar y rojo…Salu2.Vota el comentario: 0  0

  11. O sea que Palestina es un campo de pruebas para periodistas. No entiendo el sentido del reportaje. Creo que la ironía y el sarcasmo sobran cuando se habla del drama de mucha gente, no sólo los que aparecen en este reportaje. Invito al intrépido reportero-profesor a pasarse también por Gaza. Yo también le puedo pasar algunas historias para que escriba otra pieza maestra. Incluso puedo darle nombres de niños que han muerto en el pediátrico de Nasser pero, seguramente, no le interese a nadie.

  12. Pingback: Crítica: Omar | MacGuffin007

  13. Así da gusto abrir cajones.

  14. ¿Gaza está bloqueada por el ejército hebreo? Es una forma de decirlo.
    Creo que son 11 los kilómetros de frontera que comparten los gazanos con sus hermanos egipcios.

  15. Grandioso este artículo, de lo mejor del año, JotDaun.

  16. Buenísimo artículo.
    Sobre los comentarios habría que decir se podrían dividir en dos: Los realizados por religiosos (de religión marxista) y los no religiosos. Los religiosos nunca contemplan la posibilidad de permitir que otros cuenten otra cosa diferente a lo que ellos creen. Recurren al insulto con bastante frecuencia. Y siempre, siempre, utilizan las mismas frases aprendidas a base de repetirlas como un mantra dentro de los círculos sociales que les alimentan. Para ellos este mensaje: Existen otras creencias, otras religiones, no sólo la vuestra. Dejad en paz a los demás con su verdad, con su creencia. Para vosotros vuestra religión no existe, porque la vuestra es “La Verdad”. Para vosotros lo vuestro no se trata de un conjunto de creencias. Lo sabéis. Lo habéis vivido. Habéis estado allí. Estuvisteis con Lenin. Estuvisteis en los campos de concentración nazis. Estuvisteis con Colón cuando llegó al Nuevo Mundo. La realidad es que lo habéis leído en vuestros libros, los de vuestra religión. Lo habéis visto en vuestras cadenas de TV verdaderas, como las del grupo Mediaset (La Sexta, Tele5, La Cuatro). Os lo han contado vuestros presentadores (Iñaki Gabilondo, Gran Wyoming, etc). Y como vuestra religión es “La Verdad”, la queréis imponer a los demás. Porque “La Verdad” es la vuestra, y ofende porque es verdad. Y si insultáis ofendéis porque decís “la verdad”. Y si imponéis vuestra religión a través de la imposición de las urnas, “¿Qué más da? Al menos sabrán estos ateos cuál es La Verdad. Y si no abrazan La Verdad, que se mueran. Los datos poco importan si no dicen lo que yo quiero oir.”

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