¿Batman contra el 15M? - Jot Down Cultural Magazine

¿Batman contra el 15M?

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[Atención, SPOILERS]

Decía el director Christopher Nolan en una breve entrevista publicada en el diario El País el pasado 19 de julio que “la gente que busque interpretaciones políticas no las va a encontrar. Va a dar con interpretaciones equivocadas. Porque [El caballero oscuro. La leyenda renace] va en direcciones muy diversas en razón del espectáculo”.

Son unas declaraciones sorprendentes. Comprensibles desde el punto de vista del marketing promocional de una película concebida como un espectáculo de masas y al que no le interesa meterse en traicioneros pantanos políticos, pero sorprendentes al fin y al cabo. Porque Batman es el superhéroe político por excelencia. Como dijo el guionista escocés Grant Morrison en una entrevista concedida a la revista Newsarama tras la publicación de su magistral All Star Superman, “Batman es un personaje mucho más cool que Superman, pero eso se debe a que encarna una poderosa fantasía adolescente. Batman es un playboy millonario que se viste de cuero negro, sin jefe, con un mayordomo a sus ordenes, con mejores coches y gadgets que James Bond y una horda de mujeres fatales a sus pies. Ese tipo es Superman de día y de noche. Superman, por el contrario, ha crecido apilando heno en una granja. Va a trabajar cada día a la oficina para su jefe. Está colado por una chica trabajadora. Sólo cuando se quita la camisa surge su yo heroico. Y esa es de hecho una fantasía mucho más adulta que la de Batman, aunque también hace que Superman sea más difícil de vender. Superman es un héroe de la clase trabajadora”. El problema del Superman cinematográfico, y esto lo digo yo, es que no ha encontrado todavía a su Nolan, un director capaz de desarrollar en la pantalla de cine el inmenso potencial al que hace referencia Grant Morrison. Veremos qué hace Zack Snyder (300, Watchmen) con ese Man of Steel que se estrenará en 2013. La hipérbole no le ha sentado jamás demasiado bien al Superman de papel y no veo razones poderosas por las que debería sentarle bien al de carne y hueso, pero el hecho de que el productor del film sea Nolan hace albergar muchas esperanzas. Quizá el año que viene veamos al primer Superman adulto de la historia del cine. Batman, sin embargo, ya tiene su obra definitiva. Porque la trilogía de Nolan, y lo digo ya para no llevarnos a engaño, está destinada a convertirse en un clásico del cine concebido como entretenimiento. Para saber si se va a convertir también en un clásico del cine concebido como arte (si es que esa distinción existe) habrá que esperar todavía unos cuantos años, aunque mi apuesta es esta: la trilogía de Batman envejecerá razonablemente bien.

Pero volviendo a las declaraciones de Nolan. Son sorprendentes porque resulta difícil obviar las alegorías políticas no ya de la tercera entrega de la saga de Batman, sino de la trilogía en sí. Y no lo digo yo únicamente, lo dicen docenas de críticos estadounidenses y europeos que han analizado la saga como una metáfora política cosida a la actualidad con hilos de acero.

Por ejemplo: Bane, el principal villano de la película. Bane asalta la Bolsa de Gotham y mantiene este diálogo con uno de los corredores (cito de memoria):

Corredor de bolsa: Esto es la Bolsa, aquí no hay dinero que robar.

Bane: ¿En serio? ¿Y entonces qué hacéis aquí todo el día?

Otro ejemplo. Mientras Bane asalta la Bolsa, dos de los policías en el exterior del edificio mantienen este diálogo (cito de nuevo de memoria):

Policía 1: No vamos a entrar de momento.

Policía 2: ¡Pero están robando!

Policía 1: No es mi dinero.

Policía 2: Es el dinero de todos.

Policía 1: Mi dinero lo tengo bajo el colchón.

Policía 2: Si esos tipos roban la Bolsa, tu dinero bajo el colchón no valdrá nada.

Que me aspen si los hermanos Nolan (Christopher ha escrito el libreto de la película a cuatro manos junto a su hermano Jonathan Nolan) no han pretendido colarle al lector una lección de economía financiera con estas escasas seis frases. Quizá no es más que una muestra de oportunismo, un detalle ventajista que permite ligar la película al momento concreto en que esta ha sido rodada. Podría ser. Pero mi opinión es que esas implicaciones políticas están cinceladas en el mismo ADN del Batman diseñado por Nolan: su Batman está ideologizado porque los referentes tebeísticos en los que se basa lo están. Nolan podría haber escogido inspirarse en el Batman de los años 60, como hizo Tim Burton, pero escogió el de mediados de los 80. Una decisión que, personalmente, jamás podré agradecerle con el suficiente entusiasmo.

Es difícil obviar la ideología de la tercera entrega de Batman cuando ese reverso oscuro del nihilismo que es Bane, un tipo salido de un pútrido agujero localizado en algún roñoso país de Oriente Medio, convierte Gotham en una especie de Marinaleda con rascacielos al grito de “ciudadanos, la ciudad es vuestra, haced con ella lo que queráis”. Y cuando lo hace minutos antes de decretar el toque de queda y de crear un tribunal popular sacado de Historia de dos ciudades de Dickens. Un tribunal al que los “poderosos” llegan condenados de antemano y en el que sólo se decide su pena: exilio o muerte… por exilio.

Resulta complicado, finalmente, no ver connotaciones políticas en este Batman cuando Nolan establece un paralelismo sutil pero obvio entre la fortuna de Bruce Wayne y la cuerda con la que este pretende salir del pozo de la prisión en la que le ha confinado Bane. Sólo cuando Wayne prescinde de la cuerda y de la seguridad que esta le proporciona es capaz de escapar del pozo. La cuerda evita que Wayne se abra la cabeza, pero también le impide salir del pozo pues castra su verdadero potencial. De igual manera, Wayne necesita perder su fortuna y a su mayordomo, esa red de seguridad que le ha acompañado durante toda su vida, para poder volver a Gotham como héroe. Les dejo a ustedes la interpretación de esa crítica de la película a las redes de seguridad, sean estas la fortuna de un multimillonario o las cuerdas que van a evitar que te abras la cabeza si caes al pozo… pero que a cambio no te dejarán salir de él jamás.

En este sentido, Bane es el reverso oscuro de Batman en su faceta política al igual que el Joker de la segunda entrega de la trilogía lo era en su faceta psicológica. Si el Joker interpretado por Heath Ledger simbolizaba el mal en estado puro, aquel que no busca el poder ni el dinero ni la fama sino la caída de la civilización en el caos primigenio y la demolición de los valores sobre los que se sustenta la convivencia en sociedad (“el caos es justo”, dice el Joker en un momento de la película), Bane representa el anarquismo revolucionario de izquierdas, el del movimiento Occupy Wall Street y el del Terror contrarrevolucionario de la Revolución Francesa, en contraste con el libertarismo de derechas de Batman. Ferran Caballero ha publicado en su blog un brillante artículo sobre el Batman neocon, en el que entre otras muchas cosas dice esto:

“Es un Batman conservador porque sabe perfectamente que detrás de los gritos de la masa revolucionaria sólo se esconden […] unos histéricos en busca de un nuevo amo. Sabe que la libertad es lo primero que acaban sacrificando todos aquellos que se declaran dispuestos a sacrificarlo todo en nombre de la libertad. Y que la llamada a la revolución es siempre el primer grito del tirano y la única constitución del nuevo régimen. […] Es un Batman conservador porque confía más en la policía que en la razón y la bondad de las masas”.

Ferran Caballero no se está inventando nada. El Batman de Nolan no es el detective con capa de los años 40 y 50 ni el Batman de los años 60, el de la naif serie de TV protagonizada por Adam West. Tampoco es el de principios de los años 70, el de Dennis O’Neil y Neal Adams, un Batman que pretendía recuperar la oscuridad del personaje original. Y por supuesto tampoco es ese bobalicón Batman navideño y de serie B con banda sonora de Prince, casi modelado con plastilina de colores, de Tim Burton. El Batman de Nolan es claro heredero de El Señor de la Noche de Frank Miller, la miniserie que revolucionó el mundo del cómic de superhéroes en 1986 y lo situó en la senda de la postmodernidad de la mano del Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons. En las páginas finales de El Señor de la Noche, un Batman cincuentón, subversivo y tan crepuscular como el Clint Eastwood de Sin Perdón se enfrenta a un Superman fiel al sistema y a las ordenes de un chocheante presidente Reagan. Ese Batman complejo, libertario y de proporciones míticas es el que perdurará durante los años 90 y la primera década del siglo 21. Es el Batman que desemboca, sin ir más lejos y por citar sólo un ejemplo, en el sensacional Batman año 100 de Paul Pope, una miniserie de cuatro números ambientada en un futuro distópico y orwelliano en el que el hombre murciélago se ha convertido en el líder de una pequeña célula de ideología libertaria en cuyas discusiones se menciona sin problemas a John Locke, la desobediencia civil o el laissez faire. Si lo quieren aún más evidente: en Batman Berlín, la historia corta que acompaña la edición española de Batman año 100, Batman se enfrenta a los nazis para salvar de la destrucción la obra del economista de la Escuela Austríaca Ludwig von Mises. ¿Y cuántos cómics atesoran ustedes en su biblioteca en los que se mencione el nombre de Ludwig von Mises?

Pero en algo tiene razón Christopher Nolan: a pesar de la carga ideológica que acompaña al personaje desde su renovación a mediados de los años 80, el eje de la tercera entrega de la trilogía no es la política, sino el mismo de toda la filmografía del director: la dualidad. Es decir, la reunión de dos caracteres o características distintas en una misma persona o cosa.

Porque los protagonistas de las películas de Nolan no son jamás personajes de una pieza. Muy al contrario: son puzles. Individuos fragmentados y de naturaleza difusa cuya identidad fluctúa en función de la evolución de su entorno y sus circunstancias. Una identidad que los personajes construyen poco a poco, capa a capa, sin que el espectador (ni el mismo personaje) sepa en muchas ocasiones qué hay de verdad y qué de mentira en ella. Esa identidad difusa adopta diferentes formas en cada una de las películas de Nolan. En Following, su debut, un escritor al que han abandonado las musas se convierte poco a poco en ladrón a imagen y semejanza de su mentor Cobb, un personaje del que nunca se llega a saber si es real o sólo un producto de su imaginación. En Memento, Leonard es incapaz de recordar el pasado inmediato y se ve obligado a fotografiar y tomar notas de todo lo que sucede a su alrededor. Leonard reconstruye así su identidad a partir de fragmentos de realidad que él mismo selecciona y manipula a su conveniencia. En Insomnio, el policía interpretado por Al Pacino se enfrenta a un asesino (Robin Williams) que potencia su sentimiento de culpa y que actúa como su reverso oscuro, obligándole a escoger entre su conciencia o su carrera profesional. En El truco final, la personalidad fragmentaria de los dos magos protagonistas, caras distintas de la misma moneda al fin y al cabo, toma forma en el gemelo secreto de Christian Bale y en los dobles que crea y asesina cada noche Hugh Jackman. El doble como espejo y como sombra. En Origen la que se fragmenta es la propia realidad, difuminando la barrera que la separa del sueño y convirtiéndola en una tabla rasa sobre la que los personajes construyen desde cero laberínticos mundos ad hoc para la consecución de sus fines criminales (el espionaje industrial) o personales (la redención de Leonardo DiCaprio). Jordi Balló y Xavier Pérez aluden a Dostoievski en el capítulo titulado El ser desdoblado de su libro La semilla inmortal: “Dostoievski insinúa […] que posiblemente ese doble no es más que la emanación de psique angustiada de un ser humano. Como si la duplicidad no proviniera de un mundo externo al protagonista, sino que constituyera una alienación autodestructiva”. Si les interesa esta faceta del cine de Nolan háganse con el número de julio-agosto de la revista Dirigido por… en el que Antonio José Navarro ha publicado la primera parte de un extenso estudio sobre el cine de Christopher Nolan que desarrolla esta idea con mucho más detalle.

La trilogía de Batman no es una excepción a la regla, aunque el hecho de que se trate de las películas con mayor vocación comercial de toda su filmografía hace que ese juego de espejos rotos pase a un segundo plano frente a la pura y dura vocación de entretenimiento. En cualquier caso, Bruce Wayne es un personaje fragmentado porque para hacer respetar la ley debe situarse al margen de la ley. Porque debe escoger entre una vida convencional junto a la mujer que ama y su actividad como justiciero enmascarado. Porque cada uno de los villanos a los que se enfrenta le revela una faceta oscura y aterradora de su propia personalidad. Porque Wayne disfruta del aparente privilegio de poder situar a su conveniencia la frontera que separa la justicia de la venganza, una frontera que luego Batman respeta o cruza en función de sus intereses del momento. Observen el juego: Wayne marca los límites pero el que decide acatarlos o no es Batman. Pero, sobre todo, Bruce Wayne es un personaje fragmentado porque Batman no es él. Batman es un ente aparte y con vida propia, un símbolo paradójicamente oscuro y aterrador de todo aquello que es justo y verdadero, una entidad que puede y debe sobrevivir a su creador. Bruce Wayne es un personaje fragmentado porque su tiempo como Batman tiene fecha de caducidad y porque debe luchar a diario contra la tentación de fusionarse con el mito que él mismo ha creado. De hecho, ese es un argumento clásico de la epopeya heroica. En la primera entrega de la saga se nos revela el origen de Batman, su adiestramiento y su primera gran victoria como justiciero contra Ra’s al Ghul. En la segunda, consolidado ya como un héroe popular al que incluso le salen imitadores, Batman se enfrenta a su enemigo definitivo: el Joker, un villano que hace temblar todas sus convicciones y cuyas complejas tramas criminales le obligan a sacrificarse con una polémica mentira en aras de un bien superior. En el tercer episodio, y tras el retiro literal y simbólico del héroe a sus aposentos, se muestra su dolorosa caída a los infiernos después de una breve y desastrosa reaparición y su renacimiento como héroe inmortal capaz de sobrevivir a la jubilación del portador de la máscara. Toda la trilogía de Batman puede verse así como un viaje cuasi-místico en tres etapas (ascenso, caída y redención). Un viaje que llega a su etapa final cuando el hombre cede el testigo a su sucesor para que el mito sobreviva. Si la evolución del Batman de Nolan fuera una gráfica, tendría la forma de una W invertida.

¿Y qué decir de su némesis en La leyenda renace? A pesar de lo que digan muchas de las críticas publicadas hasta el momento, Bane no es en absoluto un villano menor. Sin llegar a las estratosféricas cotas del Joker de Heath Ledger, Bane se sitúa muy por encima del Ra’s al Ghul de Liam Neesom en términos de carisma. Por dios: esa voz y esa entonación cínica y desganada pero poderosa como un portaaviones hay que oírla en versión original. Bane no es un simple gorila de discoteca hipervitaminado: su superioridad sobre Batman no es física, sino mental. Bane, además, cumple con esa regla no escrita del cómic de superhéroes que dice que el villano que derrota o asesina al superhéroe no debe ser jamás uno de sus archienemigos, sino un secundario por el que nadie apostaría ni un centavo de dólar. Piensen en Doomsday, en cuyo currículum figura el asesinato de Superman. O en la muy anodina Sharon Carter, verdugo del Capitán América (eso sí: según un plan orquestado por Calavera Roja). Aunque el Bane de la película no es el Bane de los cómics. El Bane de Nolan es un personaje con entidad propia, amenazador e inquietante, un personaje con alma y con el que el espectador llega a empatizar una vez revelado su origen. Un villano guionizado con la precisión de un reloj suizo e interpretado de forma excelente por un Tom Hardy que, a falta de otros recursos expresivos (esa máscara), transmite fisicidad a través de un lenguaje corporal con la dosis justa de chulería, arrogancia y grandilocuente autoconfianza machaca-vértebras. Nada de brazos en jarras, en definitiva.

De hecho, no puedo imaginar mejor palabra para definir La leyenda renace que “grandilocuente”. La grandilocuencia vendría a ser la versión popular de la épica. De la épica bien entendida, claro: nada de fanfarrias ni de fantasmadas adolescentes. Grandilocuente por ejemplo es la banda sonora de Hans Zimmer. Sin llegar al nivel de su trabajo para Origen o Gladiator, las bandas sonoras de Zimmer para la trilogía de Batman sólo pueden calificarse de clásicos instantáneos. A pesar de que Boyero diga que le molesta su omnipresencia en La leyenda renace. Grandilocuente es también esa megalópolis con esteroides llamada Gotham y que aúna lo mejor de Chicago con lo peor de Nueva York. Grandilocuentes son los efectos especiales, que consiguen el milagro de aparentar naturalidad sin que se le noten las costuras a los gráficos generados por ordenador. Grandilocuente es la fotografía, que le confiere una atmósfera peculiar a la película y que prescinde de forma acertada de las iluminaciones planas y los colores chillones típicos de las películas del género superheroico (parece que el Man of Steel de Zack Snyder al que hacía referencia antes seguirá dicha línea de colores apagados y metálicos a lo Salvar al soldado Ryan: una buena decisión). Grandilocuentes son esas peleas a las que, por poner algún pero, quizá les falte la pausa necesaria, esa décima de segundo que permita apreciar con claridad los movimientos de los personajes. Aunque eso es algo que se remedia con un par de visionados del Kick-Ass de Matthew Vaughn, una panoplia de hostias como buques y de patadas troncha-peronés coreografiadas por dios nuestro señor en persona y capaz de dejar en evidencia al reparto completo de Los mercenarios 2. Grandilocuentes son también los diálogos, algunos de ellos dignos de pasar a esas recopilaciones de las mejores frases de la historia del cine que de vez en cuando se saca de la manga algún blog o revista de crítica cinematográfica con mucho tiempo libre por delante. Y grandilocuente es, sin duda alguna, conseguir que un personaje tan ridículo como el de Catwoman, quizá uno de los más oligofrénicos de la historia del cómic y para más inri interpretado por la blandita de Anne Hathaway, salga bien parado del envite. Quizá eso, Catwoman, sea lo más prescindible de este tercer Batman. Porque nadie, ni siquiera Nolan, me podrá convencer de que una mujer es capaz de tumbar a una docena de mostrencos de 100 kilos de peso a base de patadas voladoras en la boca mientras hace equilibrios sobre unos tacones de aguja de diez centímetros de altura. Plana, quizá. Con tacones, jamás.

Christopher Orr, de The Atlantic, ha escrito la que quizá es la crítica (negativa) más acertada con la que yo podría estar de acuerdo sobre este tercer Batman: “La última vez, Nolan reinventó el género de superhéroes. Esta vez simplemente lo ha reciclado”. Siendo eso cierto, Nolan podría contestar que La leyenda renace forma parte de una trilogía y que la obra ha sido concebida como un todo. ¿Qué sentido tendría que el mismo Nolan pretendiera reinventar de nuevo el género con una película que no es más que la conclusión de una trilogía a la que ya le han marcado el camino las dos primeras entregas? Quizá las expectativas eran tan altas que Nolan iba a decepcionar a la mayoría de los espectadores hiciera lo que hiciera. Si se apartaba del camino marcado se le habría criticado por romper la unidad de la saga. Si seguía la senda, por continuista. Desde mi punto de vista, la elección de Nolan ha sido la correcta. Su trilogía de Batman es una obra unitaria que multiplica su sentido cuando las tres películas se interpretan como tres capítulos de un todo más amplio. Es también probable que muchos fans del Batman de Nolan, y quizá también muchos no tan fans, hubieran preferido un final menos mainstream para la trilogía. Menos hollywoodiense. Un final más ambiguo. O trágico, quizá. Pero aquí, a diferencia de Origen, no hay final abierto. La sucesión del héroe queda cerrada y bien cerrada. El portador de la máscara se gana un merecido retiro feliz y en buena compañía. Todas las piezas encajan. Pero, qué coño: hasta El Señor de la Noche de Miller, la historia más oscura jamás contada de Batman, acaba con Bruce Wayne vivo, en una cueva y rodeado de jóvenes aprendices a los que convertir en su ejército personal. “Esta va a ser una buena vida. Lo suficientemente buena”, concluye Wayne. No me cabe duda de que el Bruce Wayne de Nolan piensa lo mismo al final de las casi tres horas de metraje.

Pasarán años hasta que una película de superhéroes vigorice el género de la misma manera que lo ha hecho este Batman, una versión tan potente del mito que está destinada a marcar el camino del personaje tanto en futuras adaptaciones cinematográficas, si las hay, como en el papel. Pero quizá lo mejor que se puede decir del Batman de Nolan es que la sensación de satisfacción pero también de vacío, de pérdida de algo muy valioso, que le queda al espectador tras el cierre de la saga es fiel reflejo del que con toda seguridad siente Bruce Wayne en su retiro florentino. Así que Nolan lo ha conseguido de nuevo: la personalidad escindida y fragmentaria de sus personajes ha logrado traspasar la pantalla y apoderarse del espectador. Eso es metacine y lo demás son hostias.

61 comentarios

  1. Es una película desmedida, Nolan busca hacer la obra épica por excelencia y para mí le queda una tediosa odisea de 3 horas descompensada, amorfa, superficial. El culebrón final, al descubrirse quién es hijo de quién me parece patético. Visualmente (todo lo de Nolan lo es) un portento. Guión flojo.

    • Nolan ha hecho una obra épica y para nada es una tediosa odisea, el “culebrón final” como tu lo llamas es necesario para que Miranda Tate pasara de ser una aliada mas de Batman a un villano mas.

      • Pero es que no importa que Miranda ni sea aliada ni sea una villana, me recuerda a James Bond, siempre hay dos mujeres cañón, una es una traidora y la otra es la buena.

        El caballero oscuro me parece mejor, más redonda, con una epicidad más cuidada, más profunda, no tan evidente. Porque los personajes suelten frases rimbombantes cada dos segundos no la hace mejor, de hecho, resulta chirriante.

  2. El caballero oscuro es la mejor película de acción/superhéroes de la historia del cine.

    La leyenda renace fue muy decepcionante. Vale que el listón estaba muy alto y que el Joker era insustituible pero:

    1. El personaje de Marion Cotillard no es creíble, es un pegote total. Y su muerte es la más patética vista.

    2. Catwoman es totalmente prescindible. La evolución de su personaje (de traidora a amante de Batman) es forzadísima y al mismo tiempo (aunque parezca contradictorio) predecible.

    3. Lo de Robin es de risa.

    4. Batman debía morir. El final es típico de comedia romántica de Jennifer Aniston.

    5. Que Bane sea el secuaz de Marion Cotillard destroza su personaje y lo convierte en un segurata de discoteca.

    6.Las tramas están forzadas. Demasiados frentes abiertos que no acaban de fluir entre ellos y mal resueltos. Ejemplo: ¿donde está la supuesta revolución popular? Yo sólo veo una pelea entre mercenarios y policías mientras la gente (excepto un autobús de huérfanos) se limita a quedarse en sus casas viendo la tele hasta que explote la bomba.

    7. No acabas de meterte en la pelicula. Las escenas de la cárcel en Oriente Medio no transmiten nada y su escapada al tercer intento es totalmente previsible. No se crea un clima de tensión.

    8. Las mejores escenas de acción aparecían ya en el trailer.

    9. Estamos de acuerdo casi al 100 % con tu crítica a Prometheus. Pero no aplicas el mismo rasero para analizar La leyenda renace. Su recuperación después de quedarse paralítico, su poder de teletransporte desde la cárcel de Oriente Medio a Gotham sin un duro,…

    • 1. De acuerdo.
      2. De acuerdo.
      3. De acuerdo.
      4. No exageres. La trilogía tiene momentos no ya oscuros, sino siniestros. El final son apenas cinco minutos de una trilogía de más de siete horas. Pero quizá es cierto que, sin necesidad de cargarse a Bruce Wayne, quizá se le podría haber dado una vuelta de rosca más a ese final. También es verdad que con el final de la segunda película de la saga el cupo de finales jodidos ya estaba cubierto de sobras, así que… bueno, personalmente, prefiero obviar el final y fijarme en el resto de esas siete horas.
      5. De acuerdo al 100%. Sin Marion Cotillard, el personaje de Bane ganaría quintales. De hecho, Bane se viene abajo estrepitosamente (como personaje) cuando se desvela quién es su jefa. Deduzco que han querido cerrar el círculo y acabar la trilogía allí donde empezó, con Ra’s al Ghul, pero era innecesario porque la Cotillard no aporta nada.
      6. Bueno, el tribunal popular es un intento de mostrar esa revolución ciudadana. Pero es cierto que Nolan no aprovecha la idea y se limita a enunciarla. Media hora de más no le vendría mal a la película.
      7. No estoy de acuerdo. Esa es una escena de la película cuya función no es dramática, sino simbólica. Lo menciono en el texto: la razón de ser de esa escena es colar la metáfora de la cuerda de seguridad.
      8. Eso es marketing. Ni siquiera creo que Nolan haya podido meter demasiada baza ahí.
      9. Aún estando de acuerdo con muchas de las cosas que dices, mi opinión es que el balance final de la trilogía es abrumadoramente positivo. Piensa en la millonada que hay metida en esas tres películas y en la presión que debe haberle metido el estudio a Nolan para que rodara algo más “positivo” y con más escenas de acción tontorronas para adolescentes mononeuronales. Que aún y así haya salido lo que ha salido es para darse con un canto en los dientes. No vas a ver muchas películas de superhéroes con esta densidad de ideas y de conceptos adultos, aún a pesar de sus (escasos) fallos.
      10. Eso es un lugar común de todos los superhéroes. ¿Quién coño no va a saber que Peter Parker es Spiderman o que Clark Kent es Superman? Pero el lector lo acepta y Santas Pascuas. Forma parte de esa suspensión de la incredulidad que es consecuente con la coherencia interna de la historia. Lo Prometheus es otra cosa muy diferente.

    • De acuerdo en todo lo que dices.

    • Es cierto que hemos sido muy quisquillosos, pero compréndenos es debido a las ilusiones frustradas. En frío reconocemos que la trilogía es de notable. Esta noche veremos El Caballero Oscuro para reconciliarnos con Nolan.

      Esperamos que sigas haciendo artículos sobre películas.

  3. El titular que habéis puesto a este artículo es exactamente la frase que tenía en la cabeza cuanto salí del cine… el maniqueísmo de esta tercera entrega se me hizo, llamemoslo… descarado, al menos en las anteriores también transmitían mensajes en relación a la corrupción y podredumbre de la sociedad… está claro que tiene unos cuantos recaditos para el movimiento 15M de Estados Unidos, la escena de la Bolsa como diríamos aquí es “la primera en la frente”, no hay que olvidar que el movimiento allí se llama “Occupy Wall Street”

  4. 10 (y punto final) Parece que Batman/Bruce Wayne haya creado un perfil de facebook porque todo el mundo sabe su identidad.

  5. Pues te voy a decir una cosa, yo creo que en cierta medida esa imagen de Alfred en Florencia es un final abierto. ¿Está viendo de verdad a Bruce Wayne, o sólo lo está imaginando, tal como él decía que le pasaba cuando Wayne desapareció la primera vez? En cualquier caso, está claro que Batman ha dejado un sucesor en Gotham.

    Yo creo que Nolan bebe también de una Historia escrita por O´neill, “El Hombre que Cae”, en la que se narran todas las peripecias de Wayne hasta ser quien es. Para mí es una de las mejores historias que he leído del personaje.

    Lo único que no me gusta de este Bane, es que al final de la peli lo muestren como un calzonazos de Thalia Al Ghul, y me jode soberanamente que no hayan aprovechado mejor este personaje, para mí uno de los mejores personajes femeninos del universo Batman

    Por cierto, a mí personalmente no me gusta nada lo que Grant Morrison está haciendo con las series de Batman en EEUU.

    • Hummm. Estoy seguro de que Nolan habría preferido un final más ambiguo. Y estaría de acuerdo con tu lectura, es decir con la de que ese final es una especie de solución de compromiso entre el final ambiguo deseado por Nolan y el positivo deseado por el estudio, si esa escena en Florencia no viniera precedida de otra escena en la que los ingenieros de la empresa de Wayne le explican a Morgan Freeman que el piloto automático de la nave fue arreglado hace seis meses. Esa escena está ahí para decirte claramente que Bruce Wayne ha sobrevivido.

      • A mi no me va que el director nos engañe con un truco tan cutre de montaje. Me explico. La bomba de las narices está a punto de explotar, Batman-Wayne vuela hacia el horizonte con ella alejándola de Gotham, es un sacrificio, es un héroe, quedan tres, dos segundos, Batman-Wayne mira melancólico por la ventana de su trasto volador y en el fotograma siguiente la bomba explota. Y resulta que no, que es un montaje de Nolan, que mucho antes Batman ya había saltado del trasto…. me parece cutrísimo recurrir a un truco así para producir un efecto en el espectador.

      • A ver si alguien me pudiera explicar, como si batman salta de la nave y esta continua con la bomba hasta que hace explosión (una bomba nuclear) luego están averiguando sobre la propia nave que el piloto automático fue habilitado previamente.

        También me gustaría que algún experto me aclarara como es posible que la más mala de la película muera en un accidente de tráfico (es esto un mensaje oculto de la DGT)…

        En mi opinión la película es un pegote, peripatético que ronda la serie B, y no me vale que sean 7horas de trilogía, cuando se podían haber ahorrado las 3 últimas. En realidad, es una gran decepción muy visual.

  6. Por cierto, disiento totalmente en lo de Catwoman. Para mí es imprescindible en la peli

  7. ¿Acabas de utilizar una película de Batman para justificar tus posiciones políticas? ¿En serio?

    Si no he entendido mal, la conclusión es: no se le debe dar el poder a la población porque vendrá Bane y detonará una bomba nuclear.

  8. Pingback: ¿Batman contra el 15M?

  9. el titular es un poco sensacionalista, con gancho para leer un articulo que analiza la triologia de nolan como un todo y la ultima pelicula como una de sus partes. amen de todas las explicaciones que da hay una caracteristica que se quedo en el tintero, y es el mimo con el que se versionan y se rinde homenaje a las sagas de los comics, en las anteriores, la primera tiene como claro referente a año uno de frank miller, la segunda al nacimiento de dos caras y a su posterior repercusion en gotam, esta ultima a mi pobre entender auna tres sagas, o mas bien las toma como referencia. la mas clara es la saga de bane, siguiendo con la saga de tierra de nadie, y por ultimo, como broche a su triologia, a la hija de ras al ghul.
    las referencias cuidadas y la estetica oscura hacen, para mi, la mejor version de batman, y posiblemente de cualquier saga de superheroes, hasta la fecha. una pena que nolan haya dicho que esta era la ultima pelicula de batman

  10. Sr. Campos, gran artículo como siempre (efectivamente, tengo un máster en peloteo indisimulado).
    Entrando en lo que es la interpretación política de la película, y al hilo de lo que comentas de la dualidad en la filmografía de Nolan, creo que, justamente, encontramos un mensaje político con dos facetas: ni capitalismo ni revolución, o si se me permite parafrasear a Revel, “Ni Smith (Adam) ni Robespierre”.
    El mensaje antirrevolucionario de Nolan ya ha sido descrito con acierto por Monsieur Campos. Me limitaré a citar un par de ejemplos a favor de la tesis del director, si no furibundo anticapitalista, sí sumamente crítico con este sistema. El primero lo encontramos durante el baile entre Bruce Wayne y Selina Kyle, en el que mantienen un diálogo que la ladrona zanja de manera lapidaria:
    “Ya pueden prepararse usted y sus “amiguitos” para campear el temporal, porque cuando llegue, todos van a preguntarse cómo pudieron creer que podían vivir con tanto y dejar tan poco para los demás”.
    Desde luego no parece una apología del multimillonario como creador de riqueza.
    Segundo ejemplo, citado en el mismo artículo: el diálogo de Bane con el broker (al que no representan con rasgos muy simpáticos) acerca del dinero que supuestamente roban los malvados agentes de bolsa al pueblo llano. No sé la experiencia del resto de espectadores de la película, pero en la sala en la que yo la vi, la gente aplaudió, no diré que hasta que les sangraron las manos, pero sí con cierta efusividad la respuesta del demagogo anabolizado. Y pienso que, justamente, esa es la reacción general que esperaba Nolan del público con este diálogo.
    Ya me dirán si están de acuerdo o les parece una gilipollez.

  11. “Es un Batman conservador porque confía más en la policía que en la razón y la bondad de las masas” ¡Por Dios! ¿Entonces por qué Robin termina repitiendo el gesto de Dirty Harry, tirando la placa?

    • Robin decide salirse del sistema porque cuando intenta salir de la ciudad con un puñado de niños un policía que obedece ordenes vuela el puente para impedírselo. Es una escena totalmente consecuente con la ideología de la película: la misma ley que no ha sido capaz de proteger a los ciudadanos de Gotham les impide también a estos ciudadanos salvarse por sus propios medios. Si quieres un ejemplo más real: en España, la misma ley que es incapaz de impedir que mafias de ex militares procedentes de la ex Yugoslavia asalten casas a diario con extrema violencia prohíbe también a los ciudadanos usar cualquier tipo de violencia contra esos mismos mafiosos, aún en caso de flagrante delito. Es decir: la ley no sólo no te protege, sino que te castiga si intentas defenderte. La conclusión de Robin en la película es obvia: la ley por sí sola no basta porque no sólo es incapaz de proteger a los ciudadanos, sino que incluso les perjudica cuando estos ciudadanos toman la iniciativa de salvarse por sí mismos, saliéndose del camino marcado por el sistema. De lo cual se deduce que hace falta alguien o algo que se sitúe fuera de la ley para proteger la ley. Es decir Batman. Bane es lo contrario: alguien que se sitúa fuera de la ley pero no para protegerla, sino para reventarla. Creo que es obvio que esa es una idea no ya conservadora o de derechas, sino propia del libertarismo de derechas, que no es lo mismo. Y por eso digo que este Batman es un libertario de derechas. Ese es mi argumento, pero si tú tienes otro diferente estoy dispuesto a debatirlo.

      • No, se trata tan sólo de eso: o confía en la ley o no confía en la ley. ¿”Libertario de derechas”? Pero entonces no “es conservador porque confía más en la policía que en la razón y la bondad de las masas” (unas masas que, por cierto, tampoco se manifiestan en el film; lo que hay ahí, más que una revolución, es un golpe de estado). Ahí está la pelotita.

  12. La película es decepcionante. Y esa supuesta revolución social, que podía y debía haberse desarrollado mucho mejor, queda en agua de borrajas, como bien dicen aquí, la gente de la ciudad en vez de tomar las calles se quedan en casa viendo la tele. A esto, suma un millón de fallos más. Lo de la cárcel me parece un error de principio a fin. La historia funciona más o menos bien hasta que Kyle traiciona a Batman porque si. Y la crítica al Occupy Wall Street parece estar ahi, pero podía haberse hecho de manera mucho más interesante, por mucho que la película tenga vocación blockbuster. Para mi, un 4/10

  13. La verdad a mí me gustó mucho la película. La fui a ver sin prejuicios ni nada, sin la imagen de The Joker (tan magistralmente interpretado por Ledger) sino como el último tomo de un libro muy interesante.
    El final para mi queda a interpretación de cada uno. Yo lo tomo como que de verdad Batman/Bruce Wayne sí murió y lo que vimos fue el deseo de Alfred.
    Bane no es Joker, es así por tanto su maldad debía ser diferente a la de Joker, éste sí debía tener una motivación más allá de las ganas de hacer el mal y hacernos creer que todos los seres humanos somos unos pobres y tristes desgraciados cuando las circunstancias se nos da porque eso no es así, es verdad que muchos lo serán pero no todos y en la misma The Dark Knight queda establecido cuando ni prisioneros ni inocentes pasajeros se vuelan entre sí para desilusión de Joker. Bane es uno de esos prisioneros, malo, muy malo pero aún en toda su maldad queda alguna reminiscencia de equilibrio. Joker es el mal en su estado primigenio, Bane es un anarquista capaz de llegar hasta el final por hacer entender a la sociedad que el sistema está caduco y debe cambiar ¿cuántos de nosotros no pensamos eso?
    Catwoman, me pareció justa su aparición, ella luchando con lo que quiere hacer, lo que puede hacer y lo que debe hacer, es la clase de personas que sabe que tiene el control y el poder de decidir cuándo y por qué hacer lo correcto y no siempre lo harán.
    Miranda, naturalmente, todo el plan no podía venir solo de la mente de un hombre…
    Robin, lo sospeché desde un principio pero eso sí, no me gustó cómo se desveló al final, las palabras usadas, el momento bueno pero las palabras no tanto.
    Una película (y una trilogía en general) que me pareció justa, no exageró en demasía y creo que es un buen cierre y me gusta el hecho de saber que por parte de Nolan es la última, se lo agradezco un mundo.

  14. El Batman de Miller es superconservador y se fía de la policía y la autoridad como Dios manda y no de las masas, claro que sí. Bueno, habría que ignorar algunas páginas de The Dark Knight Returns y del Año Uno, aproximadamente todas las que van entre la portada y la contraportada, pero aparte de eso todo encaja perfectamente.

    • Un conservador de derechas no es lo mismo que un libertario de derechas. Se parecen como un huevo a una castaña. Conservador de derechas es Rajoy. Libertario de derechas es Ron Paul.

      De todas maneras, si tú crees que el Batman de Miller (y el de Nolan) es un Sánchez Gordillo con capa, sólo tienes que argumentarlo.

  15. ¿Para cuándo una crítica sobre PROMETHEUS?.
    La voy a hacer en el tamaño de un twit: Otra película de acción más, de hueca acción, pero con muchos más medios y mucho más pretenciosa.

  16. No creo que la película pueda considerarse como una metáfora política o sociológica, pese a que estos aspectos aparecen claramente en ella.

    La revolución es de Bane y como todas es sangrienta, cruel e injusta para algunos. Una revolución que dura desde la aparición del personaje hasta la amenaza de la bomba.

    La venganza es de Miranda y comienza cuando termina la revolución de Bane. La revolución de Bane, pese a su trasfondo libertario, no es más que un método para poner en práctica la venganza ideada por Miranda.

    Sin la venganza de Miranda, la película mostraría una estampa de la Revolución Francesa en el s. XXI. Y probablemente, y más con el clima actual, sería una estampa que no generaría ninguna necesidad del héroe, ningún anhelo de salvación.

    Coincido contigo en que el diálogo en la Bolsa, tanto de Bane como de los policías son un agudos y mordaces y un puntazo en la película.

    Comparar a Bane con el 15M y Occupy Wall Street me parece bastante descarado y absurdo, siendo ambos movimientos totalmente pacíficos y menos revolucionarios de lo que deberían. Si es procedente la comparación el Terror que probablemente sea la fuente de la que haya bebido Nolan.

    Análisis aparte, la película me parece una forma muy buena de terminar la saga. El final puede ser algo más luminoso de lo esperado, pero no me disgusta. Respecto a Catwoman, me parece que hace un buen papel; sirve como contrapunto del carácter de Batman en ciertos puntos de la película y en el análisis político mantiene el punto de vista del pueblo.

  17. Interesante. Pero estoy más de acuerdo con Nolan que contigo. Vemos más implicaciones filosóficas y políticas de las que en el fondo pretende. Bane es “el malo”, y poco más.

    Su discurso revolucionario queda invalidado cuando es evidente que el chaval lo que quiere es cargarse la ciudad con una bomba atómica. Extrapolar eso a la realidad, o creer que Nolan nos intenta hacer ver lo malvados que son los integrantes del movimiento Occupy Wall Street, que representa “el del Terror contrarrevolucionario de la Revolución Francesa, en contraste con el libertarismo de derechas de Batman”, me parece que es buscarles tres pies al gato.

    El Batman de Nolan tiene grandes discursos y complejos personajes, pero si analizamos profundamente nos daremos cuentas de la terrible verdad: ¡Solo es una (buena) peli de superhéroes!

  18. A mi me decepcionó mucho la película precisamente por lo que dice Nolan.

    La película se acerca a temas políticos de actualidad con vocación, unicamente, de hacer de decorado interesante. Pero al mismo tiempo le entra un acojone de meterse en un berenjenal del que saldrán mal parado y con mas enemigos que amigos, asi que todo acercamiento resulta superficial, tímido, escueto e irrelevante. Porque es una película de espectáculo, precisamente, y romperse la cabeza con mas que eso sería contraproducente… ¿pero entonces para que acercarse a ello, si al final lo vas a reducir a “bueno, hay malos en todas partes”?

    Bane hace de “malvado manipulador” que monta una revolución “popular” falsa en nombre de su verdadera ideologia nihlista. Pero ojo, cuidadin y decimos que eso es Occupy Wall Street, eso seria pasarse y un error, pero … bueno lo dejamos ahi, tampoco es que haya masas de gente en la película, la “revolución” es un artificio.

    Los ricos y poderosos son unos corruptos vendemotos que se dedican a jugar con la ciudad y sus ciudadanos por sus propios intereses… bueno, si, pero oye, tampoco, uno solo que es muy malo y lo sacamos del medio y … coño, que Batman es el 1%, vamos a ver, no podemos criticar tampoco mucho…

    Y asi toda la peli. La política pasa a ser decorado, y del que no se ve mucho, unas nubes pintadas en un telón. Lo cual, de nuevo, no es que sea malo en si, ya que la película ni tiene necesidad ni se le juzga por no querer ser un profundo pensamiento político – todos fuimos a ver yoyas y demas – pero entonces ¿para que incluirlo? ? ¿Por que no dejarlo en un conflicto abstracto de “comic” como el del Joker y no meterse de mala gana y sin valor en el tema, para bien o para mal (o para mal por la izquierda o por la derecha, segun)

  19. Creo que ha escrito un artículo muy interesante. No soy siquiera un iniciado en el universo del cómic así que desconocía buena parte de las referencias que usted cita. No le hablaré de ellas, usted se ha bastado muy bien solo, sino de una omisión que me ha parecido llamativa y que viene a avalar su tesis.

    Nolan ha diseñado un héroe en la más pura tradición estadounidense. Creo que esto se hace evidente en el final de la segunda entrega. Piense en el autor que ha configurado lo que podríamos llamar los mitos fundacionales estadounidenses: John Ford.

    Al final de Dark Knight, Batman y el comisario Gordon deciden difundir una mentira con el fin de salvar las instituciones. ¿No le recuerda esto a la conclusión de El Hombre que mató a Liberty Valance? Batman es un héroe indeseable para el establishment. Es “el héroe que Gotham merece, no el héroe que Gotham necesita”. Él, al igual que el macarra de Doniphon, no puede erigirse en modelo para una sociedad que necesita creer en sus instituciones. En la película de John Ford, el senador Stoddard se lleva a la chica y el favor social mientras que el hombre que realmente mató a Liberty Valance queda en el olvido. Si me lo permite, en “la oscuridad” desde donde mató por la espalda al villano.

    Si alguien necesitaba una prueba más de que Batman trabaja para el sistema no tiene más que ver de qué gente se rodea: un fiscal, un comisario y un directivo. No sé si Batman puede ser calificado de conservador pero desde luego trabaja para conservar las instituciones.

    A mi juicio, uno de los momentos esenciales del guión de la saga es la explicación que Alfred le da a un Bruce Wayne que no es capaz de entender qué motiva al Joker: “Some men just want to watch the world burn”. ¿Es ésta una visión buenista del crimen y sus causas? Me temo que no.

    Gotham es una ciudad imperfecta pero solo puede mejorar gracias a la aportación de sus individuos y no a aventuras colectivistas y a caudillos redentoristas. ¿Mira Nolan con ojos críticos la acumulación de riqueza de la familia Wayne? Es cierto que desliza alguna crítica durante el baile con CatWoman pero no me negarán que también pretende infundir admiración por la obra construida gracias al mecenazgo de Wayne padre.

  20. Pingback: ‘El caballero oscuro: la leyenda renace’. Caída, alzamiento y redención de Batman | Culocortos

  21. Buen artículo, aunque la verdad es que yo salí decepcionado del cine. Por cierto, ¿Una W invertida no es una M?

  22. Parece que la peli va de lo que aquí se expone pero también es mucho más http://thetruthfinder.wordpress.com/2012/07/29/apoteosico-batman/

  23. SOlo puedo decir que me ha encantado la peli y el articulo, y es interesante criticar las cosas. Sobre todo las que se supone son incriticables.
    A mi la pelicula me dio la sensación de que mandaba un poco el mensaje de que, en las revoluciones lo primero que se sacrifica es la libertad, pero al mismo tiempo, creo que a Nolan no se le puede acusar de haber vendido la moto de que el mundo en el que vivimos sea perfecto. Polis incompetentes, revolucionarios demagogos, la masa en la calle, como una turba y la mayoria silenciosa en casa por miedo a discrepar de los reyes de la calle.
    Peliculón, algo por debajo del caballero oscuro, pero peliculon a fin de cuentas, con una caida epica del murcielago, la concesión final es muy hollywoodiense, pero la pelicula le sobrevive, si minusvaloramos estas pelis de batman que no diremos de todas las demas peliculas de superheroes.
    Por cierto me ha encantado ver evolucionar el personaje a lo largo de las 3 peliculas, el Batman de la primera es muy distinto del de las ultimas, no como Spiderman superman, Iron Man, o todos los demas, a los que jugarse la vida, y vivir como viven, no parece afectarles en absoluto.

  24. A mí me parece que Catwoman tiene un papel muy relevante, al fin y al cabo no deja de ser una película de superhéroes. Lo que sí me parece absolutamente prescindible (y hasta inverosímil) es el polvo que echan Bruce Wayne (Christian Bale) y Miranda Tate (Marion Cotillard): osea que toda la película gira entorno al despiadado plan de Miranda para vengar la muerte de su padre y terminar su obra… ¿y se tira a su asesino? No me cuadra.

    • jeje, muy bueno eso, aunque en ese momento era ella la que pensaba que iba a acabar con él. Y en todo caso un poco de sexo para evitar cualquier sospecha (que no hubo nunca por parte de Wayne) nunca está de más.

  25. Thalía no puede morir por el simple hecho de que más tarde tiene un hijo con Bruce. Damien Wayne, que será el quinto Robin

  26. “[…] convierte Gotham en una especie de Marinaleda […]”.

    Creo que el autor no ha estado nunca en Marinaleda, y considero habiendo visto la película, ofensiva la comparación… a la par que oportunista.

    Yo no he podido seguir leyendo después de esto. Para mandar mensajes manipuladores ya tenemos medios de comunicación dedicados a la “información”.

  27. Das demasiado valor a la suposición de que las películas aportan un discurso crítico completo. Trazas líneas con plantilla sobre un collage de retazos, eludes los puntos de inconexión, y fuerzas los inevitables. Batman, la trilogía, la película, no contiene ni pretende ninguna visión sintetizadora de realidad alguna, ni pretende ser propuesta política, ideológica o psicológica (?). Nolan es un buen escritor de bestsellers, utiliza el material del imaginario colectivo y lo liga a la base de su proyecto, Batman, para reflotar algo ya desvencijado, el superhéroe como figura social simbólica. Pero los enganches entre un imaginario y otro son sólo eso, enganches, plastilina, artificiosos, un recurso para dignificar un género de complejo encaje en una cultura con unos espectadores ya cultos audiovisualmente (como ya se hizo con la serie de Bourne y el cine de espías, o Lost y los seriales).
    No entiendo el empeño en encajar simbolismos exacerbados en una película que es clara en sus intenciones, a la vez que claro es el director en sus declaraciones: no busques una interpretación de discurso sólido en algo realizado como producto de entretenimiento. Decir que “pese a eso” lo que queda de la película es muy digno es reconocer que la película, blockbuster es, y el resto es fanatismo.
    En resumen, creo que intentar buscar un discurso crítico en estos productos, es un ejercicio de análisis abocado al fracaso por parte de cualquier lector competente, y construir ese mismo discurso crítico utilizando como referente la película (sin pretender que la misma lo contenga intencionalmente), es un ejercicio de narrativa mal orientado. Y supongo que esto último es tu intención ímplícita y elíptica.

    • La cuestión es que toda obra sobrepasa siempre las intenciones de su autor. Es decir, inevitablemente hay ideas implícitas que luego la gente, la crítica o el que sea discuten e interpretan. Quizás a Nolan le moleste que se hagan lecturas políticas, porque su intención podría no haber sido esa, pero es que las intenciones no cuentan, porque luego en su puesta en práctica producen efectos inesperados, que no entraban en los cálculos.
      La cuestión es hasta qué punto se le puede sacar punta a esta película, a cualquier película. Porque, efectivamente, muchas veces, sobre todo por parte de algunos críticos -que no digo que sea este el caso-, la cosa se dispara y uno lee o escucha interpretaciones peregrinas y desmelenadas. Aquí me parece que, aun no estando del todo de acuerdo con algunas cosas, la interpretación del articulista es plausible, es interesante, no se le va la olla tanto

  28. No creo que la mayoría de los espectadores sean cultos audiovisualmente, ni tampoco, por supuesto, los millones de críos que verán la película y asimilarán, como el que no quiere la cosa, ciertas ideas bien expuestas en el artículo.
    Claro, hablar de propaganda política en el cine americano no queda bien. Siempre es más fácil hablar de pastiches, de comeduras de coco y de adoctrinamiento masivo referido al cine socialista, pues es más evidente y tosco en sus planteamientos, menos refinado, menos perfeccionado por la técnica capitalista por excelencia, el márketing y la publicidad y sus modos de influencia en el consumidor-ciudadano que interesa al sistema.

    • Cualquier norteamericano, más un infante, es culto audiovisualmente, refiriéndonos a su competencia inherente en el lenguaje audiovisual mismo, y por ello no se les puede presentar el superhéroe como se les presentaba en, pon por ejemplo, Superman I. Sería ingenuo. Ese código ya no es aceptado como verosímil, se ven las junturas. Por supuesto que no es un público crítico frente al supuesto “mensaje” o significado, pero si lo es en referencia al lenguaje en su faceta formal, dada la familiarización con esos mismos códigos, y su naturalización.
      Reitero que no creo que haya ningún “significado” político en cuanto propuesta o tesis en este film, sino el uso de ese imaginario político para un fin puramente narrativo, el de refundar la verosimilitud del superheroe como carácter y simbolo, y con ello, estructurar una narración sólida en torno a un núcleo-personaje.

  29. Me ha gustado mucho el artículo, bien desfragmentada la película, pero creo que te ha faltado profundizar en el concepto de justicia y moralidad de Batman, algo que llama mucho la atención a la gente que se cree superior moralmente. Batman imparte la justicia, él es la justicia, un deseo anhelado de muchos, creernos que tenemos el derecho, por ejemplo, de decirle a alguien como es su realidad cuando no nos lo ha pedido y lo mismo prefiere vivir en esa mentira. Particularmente, soy así y creo que es lo justo.

    Por otro lado, la película se puede definir, a mi juicio, como “la gran película épica de todos los tiempos”, porque sí, es peor que la segunda, pero, como dices, no había manera debido a las expectativas.

  30. No podría estar más en desacuerdo con lo expuesto en el artículo.

    Me encanta Nolan, Memento es mi película favorita, amo Origen y adoro Dark Knight (aunque no sea pefecta), pero esta película es lo más tedioso y pesado que he visto en mucho tiempo.

    Podría hablar sobre muchas de las cosas dichas por el autor, pero me voy a centrar sólo en una que me ha hecho particular gracia, me refiero a eso de que algunos de sus diálogos son “dignos de pasar a esas recopilaciones de las mejores frases de la historia del cine”. Podría citar varias frases de Dark Knight sin pensar mucho, pero ni una sola de Rises. Por mucho que Bane se empeñe en definirse a sí mismo de maneras grandilocuentes y pretendidamente cools.

    Así que ni en eso acierta Jonathan Nolan, que es el principal artífice de este tostón.

    Por cierto, todavía no entiendo por qué absurda razón Bane, autoproclamado liberador anarquista, quiere matar al pueblo. Y no, la milonga de Talia no me sirve.

    Tampoco entiendo qué sentido argumental tiene el personaje de Joseph Gordon Levitt, ni por qué coño sabe que Wayne es Batman, cuando Jim Gordon lleva años tratando con él y es un gran policía.

    Así que no sólo es la peor entrega de Batman, sino la peor obra de Nolan. Una pena, aunque esto ya se veía venir desde sus insípidos tráilers, la mala elección del villano y la aún peor elección de casting para Catwoman.

    En fin, supongo que esto es lo que pasa por permitir que el primer borrador de Jonathan Nolan tuviera la friolera de 400 páginas. Luego hay que aplicar recortes como Rajoy y la película queda más coja que una serie española.

    • De acuerdo en los desaciertos de los casting de catwoman y el villano. Sobretodo porque las dos sagas siempre se han caracterizado por la calidad de los malos por muy alto que los dos joker dejaran el listón.
      En cuanto al motivo de destruir la cidad, solo sigue la linea argumental de la primera entrega, así que no por eso va a ser peor. De no ser por el personaje de Joker en la primera, yo diría que esta es la mejor con diferencia.

  31. Un artículo genial y lleno de conocimiento del cine de Nolan (creo que es el primero que leo en este sentido), por eso me lanzo a destacar dos cosas con las que no estoy de acuerdo.

    Catwoman esta genial en la película. Desde luego su aspecto no parece el de una luchadora pero esa es la gracia del personaje. Sexy y letal. Claro muy poco real pero no deja de caber, a mi gusto, dentro de las licencias que puedes tomarte en una película de Batman. A parte de esto le da mucho juego a Wayne y no deja de ser quien revitaliza a un hombre destruido por la perdida de Rachel. Me encanta la escena cuando Batman se gira mientra habla con Catwoman y desaparece, entonces Batman dice: “Esto debe ser lo que se siente”. Creo que esto resume lo esencial del personaje. Es el ancla que devuelve a Batman a la tierra (luego un poco más abajo).

    Y por último el final… En si la idea es buena pero creo que entre, la ya mítica en Youtube, muerte de Marion Cotillard y la derrota sosa de Bayne, se desluce un final tan esperado. Pero bueno desde luego no es lo peor del mundo así que no arruina una saga que yo creo se recordará durante muchos años.

  32. Un fuerte aplauso por reventar el final del cómic de Miller.

  33. Es fácil buscar referencias en lo más actual (no sé si el posicionamiento de la película es el mismo que los cómics, lo desconozco), pero eso no ha de ocultar otras cosas. Para mí, uno de los temas fundamentales de la película, una de las razones del triunfo inicial de Bane es el proselitismo.

  34. Como siempre, buen artículo. Pero a estas alturas no esperaba que Nolan cuele una bomba con temporizador, que no explique mejor porqué en Gotham son incapaces de sacar a 3.000 policías del subsuelo en varios meses, o algún detalle más que se menciona en otros comentarios, como el giro del personaje de Marion Cotillard, el plano en el que esta muere (¿en una película de 250 millones de dólares de presupuesto no quedó pasta para repetir esa toma?) y el momentazo Robin con los productores en plan “Nolan, nos parece muy bien que no quieras hacer la cuarta parte, pero como no dejes el final abierto rajamos a tu familia”. Toda la traca final resulta un tanto convencional y muestra ciertos síntomas de agotamiento, así que por mí bienvenido que no haga más entregas.

    También eché en falta mayor carnaza política y un malo de más entidad, porque cuando Bane empieza con el rollo de “voy a eliminar Gotham con una bomba atómica” se convierte en malo-malísimo, así, sin matices, y no en ese villano de izquierdas con el que un servidor estaba babeando. Ya sé que los dictadores comunistas han matado con una voracidad mayor que la de la bomba atómica, pero no me vale si se trata de hacer una película seria, porque hasta el dictador más hijoputa cree estar haciendo el bien. De hecho, me pareció asomar el fantasma de la corrección política, como si le hubieran pegado un toque de atención a Nolan con las escenas de Wall Street y los juicios sumarísimos y le hubieran forzado a transformar a Bane en un demente de psiquiátrico en lugar del líder populista al que apunta en la primera parte de la película.

    Por eso durante la primera hora y media pensaba que Nolan se estaba cascando otra obra maestra. Al final se me quedó en un 8, que no está nada mal.

    Pedazo de trilogía pues, a situar por detrás de “El Padrino” y “El Señor de los Anillos”, y creo que justo por encima de “Toy Story” y las primeras de “Star Wars”.

  35. Yo más que mensajes políticos lo que veo es la típica condescendencia que el cine norte americano en general tiende a tener hacia su propia ideosincrasia. También deja claro que está en contra de las armas, y aunque lleva misiles en sus vehículos solo los utliza contra muros o deja que sea la ladrona quien los dispare. Y no por eso vamos a decir que es democrata; ya no digamos superman.

    De todos modos aunque escribieses crítica sobre los cuentos infantiles de Ana Botella disfrutaría mucho leyendo tus artículos. Son la pera.

  36. Lo mejor de todo es Alfred admitiendo su amor por el Fernet Branca! Un Oscar para todos!!!

  37. Pingback: Lo pisado, pisado | Maceta en el páramo

  38. Buen artículo. Pero creo que las conexiones políticas no son tan sencillas como para formar dos bandos y asociarlos con el 15M.

    Bane no tiene nada que ver con el 15M o el movimiento Ocuppy. Estos movimientos son claramente descentralizados y sin un lider claro. Justo lo contrario de Bane y sus secuaces. Esto descarta la asociación.

    El resto son simples coincidencias para contar una historia que se pueda identificar aprovechando la coyuntura. Cosa que tal vez haya sido el error. Hay conexiones entre la realidad y la película, pero no hasta ese punto.

  39. Pingback: 'El caballero oscuro: la leyenda renace'. Caída, alzamiento y redención de Batman | Vamos de culo

  40. Lo que más me gusta de Batman, mi héroe preferido (detective pero no súper, por lo tanto verdaderamente humano), es que, en el momento en el que sus padres son asesinados, comienza su viaje físico y psicológico hasta transformarse, para siempre, en el Caballero Oscuro de Gotham. Se trata de un perpetuo vigilante cuya auténtica naturaleza solo se deja ver cuando es El Murciélago, mientras que Bruce Wayne, como diría David Carradine en Kill Bill vol.2, es la mascarada que representa para la sociedad, que espera ver a un multimillonario comportándose como un playboy estupido y aburrido (similar, por aparentemente intrascendente, al pusilánime Clark Kent ejerciendo de peridodista miope en Metrópolis).

    Por otro lado, coincido con la naturalidad e hilaridad que despierta Superlopez, el superhéroe español por excelencia (Se disfraza de payaso y se vuelve a tirar por la ventana. “Ganas de llamar la atención de las enfermeras”, opina la enfermera jefe. Al manicomio otra vez noooo!).

  41. joker es un anarquista que busca el caos, bane seria un comunista que quiere reformar una ciudad capitalista, o lo seria si no pretendiera destruirla. y ras al gul, pretende destruir la sociedad por que la considera corrupta y empezar de cero. no parece tener ideologia.

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