Ramón Lobo: Ya no te miden por lo que vales, sino por lo que cuestas

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Resuenan en mi cabeza frases-látigo de la película El Dilema: “Soy Lowell Bergman, de 60 Minutos. Si quitas 60 Minutos de la frase, nadie devuelve las llamadas”. Ya no podré decir: “Soy Ramón Lobo, de El País”. Tendré que reordenarme, usar poco el teléfono y encontrar un nuevo estribillo; quizá ser solo yo, sin rimbombancias.

Perder el trabajo es un tipo de muerte. Sin empleo no hay profesión, identidad, tarjeta de entrada, etiqueta, pertenencia a un grupo, apariencia, seguridad en el pago de deudas. Sin trabajo desaparecen los nombres y apellidos, te reduces a una estadística.

Han sido tantos los mensajes de ánimo, fuerza y acompañamiento que aún me siento aturdido, incapaz de responder a cada uno, devolver el cariño. Han sido tantas las palabras amables recibidas desde el deceso laboral que me imaginé dentro de un féretro abierto con las manos cruzadas sobre el pecho escuchando simpatías y desmemorias.

Es parte de una fantasía infantil recurrente: asistir a mi entierro, saludar a familiares y amigos, besar a las mujeres, responder a los gestos de dolor con frases de consuelo. Siempre soñé con un final musicado como el de All that Jazz: “Bye, bye love, bye, bye life” mientras desfilan por el cerebro los flashes de las imágenes esenciales, las que dejan huella, las que dictan el veredicto final de que esto mereció la pena: mi primera nieve a los seis años tras llegar de Venezuela; una puesta de sol en Mogán compartida con dos gays enfermos de sida; el niño Boy de Sierra Leona a quien Gerva y yo no pudimos salvar… Ni rastro de coches, pisos, sueldos, ambiciones, corresponsalías.

Siempre soñé con La Muerte vestida de Jessica Lange.

Gervasio Sánchez y yo hablábamos de estas cosas fúnebres en Afganistán, al norte de Kabul, durante la ofensiva de EEUU contra los talibanes tras el 11S. Era un remedio para sobrevivir al miedo, a la distancia y a la soledad. Elaborábamos listas negras cambiantes de personas que no podrían asistir a nuestro funeral; nos juramentábamos en que el otro, el superviviente, impediría el paso de los vetados. Nada de políticos, buscafotos, jefes cabrones, mezquinos, farsantes, simuladores del dolor.

Gervasio repetía el mantra sin apenas modificar una palabra; solo variaba la teatralidad creciente de los gestos. “Cuando estemos en tu funeral (prefería hablar del mío, nunca del suyo) subiré al estrado, sacaré un papelito doblado. Diré que en él están tus últimos deseos. Mandaré ponerse en pie a tu director para que lo puedan ver todos. Gritaré que tus últimas palabras fueron para él, los últimos pensamientos: ‘Fulanito, que te den por el culo’”. No había maldad, pero nos desternillábamos con la escena.

Parece el fin del mundo, de mi mundo, de la rutina de la línea 5 de Metro de Madrid hasta la parada de Suances, de los saludos mañaneros a mis compañeros, de un blog que se quedó mudo, ya veremos por cuánto tiempo, de las comidas en Las Guapas, como las llamamos, de sentirse parte de una maravillosa aventura periodística colectiva que desde hace algunos años ha empezado a dar muestras de agotamiento, o algo peor. Soy un número del ERE que afecta a 129 trabajadores de El País; solo somos parte de una limpieza étnica que ha liquidado a 8.400 periodistas en España desde 2008. Somos otra tribu, los sin trabajo, los sin red junto a casi seis millones de parados.

Lo llaman crisis de la industria periodística, culpan a Internet, a su gratuidad, al desplome publicitario, a los viejos de 50 años poco polivalentes. Nadie hace autocrítica. En la cúspide de los medios se instalaron los gerentes disfrazados. Se recorta en reporteros, viajes, información. Se afirma que las exclusivas están obsoletas por culpa de la Red. No hay paciencia ni dinero para proteger una historia, a un periodista que hace su trabajo, en lograr una primicia. El objetivo no son las noticias, jerarquizarlas, dar los contextos, la esencia del oficio; el objetivo es abaratar costes, recortar, recortar, recortar. Se recorta también en inteligencia ambiental.

Pero nada y nadie me recortará el optimismo.

No es una crisis del oficio, es solo falta de talento, de coraje. Es un virus mortal que se extiende a la política, a las instituciones internacionales, que impregna a los líderes. Vivimos bajo una grisura insoportable y sin alternativas. Algo debe ir mal cuando el icono incontestable, el modelo, es Nelson Mandela, que acaba de cumplir 94 años.

Los periodistas-gerentes han arruinado el negocio porque nadie va a pagar por un corta y pega, por declaraciones vacuas, repetitivas, de dirigentes mediocres, de vendedores de champú que aparcaron ideas, valores y utopías.

Sin periodistas no hay Periodismo. Sin Periodismo no hay ciudadanía, ni crítica, ni democracia. Tampoco habrá beneficios. Ganarán los Wert, los poca cosa, los nada.

Los medios de comunicación nos hemos subido a los coches oficiales, hemos dejado de ver, oler, tocar, de mancharnos los zapatos de polvo. Los medios están inundados de ese periodismo declarativo, acrítico, barato, publicitario e inútil. Nadie comprueba. Nadie piensa. La vida reducida a una cascada de tuits que apenas da tiempo a leer. Ser copiloto del coche oficial no ahorra gasolina, no te convierte en poder paralelo, no te transforma en amigo. Ser copiloto mata lo único que nos puede mantener a flote en el océano de Internet: el prestigio.

Toda crisis es una oportunidad, un cambio, un renacer. Un despido, también, sobre todo cuando miras la lista de los 129: José Yoldi, que tumbó a Carlos Dívar; José M. Lázaro, que logró la primicia de la sentencia del Constitucional sobre el matrimonio homosexual; Santiago Carcar, el hombre que más sabe de energía; Toño Fraguas, un joven repleto de talento y valentía… ¿Escribí valentía? No son tiempos.

En la evolución de las especies (y de los medios) no sobreviven los más fuertes ni los más listos ni los que hacen más ruido, sobreviven los que se saben adaptar. Si tuviera 20 años otra vez volvería a empezar en la misma profesión. Ser periodista es lo más extraordinario que me ha pasado en mi vida. Es mi vida. Me ha enseñado a mirar, escribir, sentir, crecer. En los últimos 20 años he viajado a guerras y desgracias, he conocido a cientos de personas que me han regalado sus historias, a compañeros que han muerto como Miguel, Julio y Ricardo, entre otros. He sido, soy, muy afortunado.

Pero cambiaron las prioridades; ya no te miden por lo que vales, sino por lo que cuestas.

Ahora empieza el resto de mi vida. No tiro la toalla, ni me rindo. Me siento traicionado y maltratado, pero no es tiempo de lamentaciones ni exabruptos. Hablar de injusticias no modifica mi realidad. Ahora soy freelance como la inmensa mayoría de periodistas que se juegan la vida, en Siria o en España, por colocar un reportaje mal pagado.

Arrancaré en breve una web, que será una declaración de principios. Y escribiré aquí, en Jot Down, cerca de Enric González. Será como estar en casa.

68 comentarios

  • Es un proceso que vivimos miles de colegas, efectivamente.
    Sano en el fondo.
    Buen camino!

  • Donde vayas , te sigo. Sea de pago o “de gratis”, del madrid (soc culé), de fumbol o de música … de lo que sea.
    No están los tiempos para desaprovechar opiniones honestas y lúcidas.
    Y como soy calvo, no necesito champú de ningún tipo ni bandera.

    Suerte!

  • El País en el que escribías ya no es El País que leíamos, si consigues mantenerte a flote harás mejor Periodismo… te esperamos ahí

  • Sobreviven los lameculos!! (en la empresa privada y en lo público). Algunos no sobrevivimos pero no vendemos nuestra dignidad.

    Ánimo Ramón, abrazo fuerte.

    (PD: Yo también he reído imaginando mi funeral con gente querido y enumerando a aquéllos que echaríamos con cajas destempladas).

  • Gran texto. Un abrazo Ramón.

  • Y bueehh!! hace rato que el periodismo se viene haciendo fuera de los medios, asì que ‘bienvenue’!!

    Comenzaràs, eso sí, a valorar las cosas, los amigos, los ligues, la profesión y al propio dinero, por muy diferentes estándares…

    Trust me: crear una web es una aventura fascinante, y escribir tan largo o corto como exija un tema que te apasiona, no tiene precio ni pago suficiente.

    Te abrazo, ya lo sabes! Y te vuelvo a decir que aquì tambièn puedes escribir ‘como en tu casa’

    Sursum Corda!!!! (arriba corazones!)

  • Increíble leerte. Sublime. Te seguiré de cerca.

  • Me alegro de verte por aquí, Ramón. Te seguía en El País, te sigo en Twitter y no hay ningún sitio mejor para seguirte ahora que Jotdown. Ánimo!

  • “Ya no te miden por lo que vales, sino por lo que cuestas”. Una frase que bien puede resumir las consecuencias de la crisis o tal vez, la propia crisis.

  • …Y los que te hemos leído durante muchos años seguiremos leyéndote por aquí. Gracias, Ramón.

  • Hermosa reflexión y buen apunte sobre el trabajo periodístico; Nos haces mucha falta en el ahora para mí, diario impronunciable. Te seguiremos por donde sea que viajes en la red. Leerte es un ejercicio que se hace indispensable para comenzar el día con optimismo. Yo, periodista de casos perdidos para los jefazos, renuncié hace mucho tiempo a los grandes medios, y desde entonces tengo menos dinero pero verdadera libertad. !Animo Ramón! Que la inteligencia, por suerte, es tu mejor fortuna.

  • Los tiempos cambian, y lo que antes era seguro está ahora infestado de gente mediocre, preparándose para su decadencia; y los que lo hicieron crecer y llegar a donde está ahora deben cambiar de lugar para dar vida y crecimiento a nuevos proyectos, que con el tiempo sustituirán lo establecido, iniciando de nuevo el ciclo de la vida. Adaptarse también es salir de un sitio donde a uno ya no le valoran y buscar o hacer uno nuevo, limpio de mediocres (que están ocupados devorando lo que queda atrás).

  • La historia de Ramón Lobo es la misma que la de muchos colegas periodistas que, aunque no trabajaron en El País, también han visto como la “industria de los mass-media”, o quizás “la crisis”, o quizás cualquiera que sea la excusa que queramos buscarle, dejaron de creer en el periodismo.

    Pero el periodismo no es algo etéreo en lo que haya que tener fe. El periodismo es algo tangible, que vemos cuando alguien publica la venta de edificios públicos a mano privadas y amigas, cuando vemos que alguien pregunta a un dirigente por qué ha mentido, o cuando señalan con el dedo a corruptos y culpables.

    La crisis es una oportunidad para reaprender y modificar. Entre todo lo que nos queda por asimilar falta crear y darnos cuenta de que las grandes manos que manejan los hilos de los medios ya no nos darán trabajo. Y, es por eso, que tanto me gusta Jot Down. Ánimo compañero con tu nueva web. Eres un ejemplo.

  • Emocionas… te seguiré leyendo donde sea. Adelante!

  • A por ellos que son pocos y cobardes! El periodismo existirá mientras existan periodistas! Es la hora de mover el culo y buscar canales donde poder seguir ejerciendo nuestra profesión… Y descolgar el teléfono y decir: “hola, me llamo xxxx y soy periodista” suena de lujo! Ánimo! cada vez somos más en el “otro lado”. Venceremos!

  • Creo que sobra un nombre, Wert, y falta otro, Cebrian. Todo lo demas genial.Te leeremos en J.D el ultimo reducto. El Pais, ahora es un paramo.

  • Qué emocionantes palabras, Ramón. Qué cierto todo lo que dices. Estoy deseando ver tu web.

    Un abrazo de otra freelance…

  • Cuando a la persona la despojan del trabajo, queda la persona. Puede verse desnuda, debe verse persona.

  • Te sigo hace muchos años pero este artículo me parece uno de los más directos – o escritos desde el corazón – que te leo en mucho tiempo, incluso últimamente que te habías puesto muy emocional. Sigue así Ramón, necesitamos periodistas que piensen como tú.

  • Su despido me dolió especialmente, le quitan a un lector también algo cuando se va un buen prosista, un hombre de internacional curtido. Y ahora, tras el ERE, no me tomo muy en serio las críticas de El País a los planes de austeridad del gobierno.

  • Los que como tú, hacéis grande esta profesión, seguireis haciéndola grande allá donde estéis.

  • Prescindir de personas como tú, que observan, piensan y luego cuentan de manera tan bella, solo se les podía ocurrir a una panda de miopes bien pertrechados tras sus nóminas opacas con tarjetas de presentación. Sé lo que se siente al perder el apellido mediático y tener que volver a usar exclusivamente el que aparece en tu dni. Es una sensación de orfandad que tarda en desaparecer. Afortunadamente, con País o sin él, llamarse Ramón Lobo es una visa oro que pocos se atreverán a rechazar. Quien te leyó lo sabe. Mucha suerte.

  • No lo conozco, me parece que es la primera vez que leo algo suyo. Pero no, no se rinda. A los que iniciamos hace poco en este oficio llamado periodismo nos viene bien esa experiencia y valentía de la que habla (sí, dije valentía). Un saludo desde Santo Domingo.

  • Ánimo y al toro!!! Suerte!

  • He dejado de comprar El País. Aún no sé porqué lo seguía comprando, por ejemplo, los sábados y tener que pagar por esa revistilla, frívola y superficial, de “moda” para millonarios; y ese suplemento de cotilleos.

    Hoy, al leerte, tengo sentimientos encontrados. Rabia ¿tal vez envidia?, porque yo y muchos como yo no tenemos una tribuna de largo alcance donde poder exponer nuestra situación laboral.

    Ni siquiera puedo ser freelance porque mi profesión (trabajadora social) también es víctima de la desmantelación del estado del bienestar.

    Seguiré leyéndote.

  • Estimado Lobo. Es un placer leerte liberado de esos gestores. No hay mal que por bien no venga! :)

  • Ánimo, Ramón Lobo, me dolió mucho verte a ti, a quien leía ocasionalmente, y a otros muchos en la lista de el país, que ya no es El País.
    Ahora estás en JotDown, bienvenido.

  • Ramón te seguiremos donde escribas. Como bien dices nadie puede quitarte el optimismo. Ser periodista es una forma de vida. Y por supuesto que la crisis la tienen los que sólo viven para una cuenta de resultados, y no se conforman con ser lo que son, sino que penan por no poder ser lo que nunca lograran ser. Un abrazo desde el sur.

  • Soy periodista en un pequeño diario de provincias que, por pequeño, capea más o menos el temporal; pero la sensación de no estar haciendo más que esperar el naufragio dentro de un año, dos o tres, de saber que esas páginas que escribes vaciándo en cada una un poco de lo mejor de ti –la convicción de estar siendo justo y honrado– se venden casi más caras al peso que al lector, es tremenda. El papel es imprescindible, es símbolo de democracia, de lo mejor de un Occidente en entredicho; pero ya nadie sabe como defenderlo y entonces gente necesaria como Ramon Lobo tiene que vaciar los cajones. Pero supongo que no podemos hacer otra cosa que seguir escribiendo. Lobo, te seguiremos la pista.

  • Sin ánimo de ofender ni de quitar importancia a la situación, el uso que hace en este texto el señor Lobo de la expresión “limpieza étnica” me parece sumamente desafortunado. No sólo es una chorrada endogámica supina en este conexto, una pataleta llorosa y una exgareación ridícula que a la postre debilita sus argumentos, sino que es un insulto a todas las personas que han sufrido, y sufren, una limpieza étnica de verdad.

  • Ramón Lobo era algo así como “EL corresponsal de guerra” cuando yo estudiaba el máster de El País, al que medio máster quería parecerse (el otro medio quería ser Santiago Segurola y hablar de fútbol). No me puedo creer que lo hayan echado. A él, a Yoldi y a todos los demás. Lo siento por los que se han quedado pero paso de volver a comprar El País.

  • Compañero ánimo, el periodismo es una pasión. Son ellas y no los intereses los que mandan el mundo.

  • Ramón,

    Te leio desde o Brasil. FIco triste pela situação que tu e teus compatriotas vem enfrentando. Mas desejo força e sorte a todos.

    Dias melhores virão!

    Um grande abraço

  • Yo de mayor quiero ser tan joven como Ramon Lobo.

  • Animo Sr. Lobo -admitamos que como firma es cojonuda-, que tambien han despedido a miles de lectores de El Pais, por que ya no se deben a nosotros, si no a los accionistas como bien sabe. Y aquí, en Jot Down, se esta bien. Muy bien. Huele a imprenta. Estará a gusto, y nosotros mas con su llegada.

  • Excelente… no tengo nada más que agregar. Lo de “atrás” serán las bases de las nuevas conquistas.
    Sin duda haces reflexionar a los periodistas que “vamos creciendo”.
    “Qué cada quien agarre para su saco”, como decimos popularmente acá en Costa Rica.

  • Siento mucho su despido.
    Decir que no te miden por lo que vales sino por lo que cuestas supongo que significara que usted valía bastante pero que fue despedido porque costaba mucho.

    Le seguía asiduamente pero también adoro twitter y las herramientas de comunicación actuales. Creo que se puede hacer periodismo de calidad como el de Jotdown pero hay que luchar. También hay que adaptarse. Adaptarse a los nuevos tiempos usted lo contrapone a ser fuerte o listo.
    Supongo que querrá decir que usted es alguna de estas cosas ya que no se ha adaptado.

    El periodismo antiguo estaba enfermo. Era partidista y sesgado, ahora cualquiera puede publicar y puedes leer a quien quieras. Me gusta más. Puede decir que la crisis en el periodismo es consecuencia de que nadie comprueba y nadie piensa. Supongo que querrá decir que usted escribía para la gente que comprobaba y pensaba y que a los que nos gustan los medios de comunicación actuales no pensamos.

    Yo creo que el futuro ofrece oportunidades extraordinarias para la gente honesta que piensa y emprende. También en el ámbito del periodismo. Solo hay que atreverse.

  • La culpa de lo que te pasa es de Aznar. Cebrián sigue siendo un santo, no digas nada en su contra, por si acaso.

  • Recuerdo muy bien la crónica desde Haiti cuando fue Sarkozy después del terremoto. Entre muchas otras. Qué grande Ramón Lobo.

  • Ya sabía yo que si los de Jotdown eran inteligentes (y vaya si lo son), Ramón Lobo acabaría escribiendo en JD. Un placer verte por aquí, Lobo. Solo falta Rafael Fraguas. :D

  • Existe un Ramón Lobo sin trabajo. Y cómo él, miles de periodistas, miles de anónimos de cabeceras anónimas. También pensemos en ellos.

  • Cada frase que he leído y releído es música dentro del campo devastado en que se ha convertido hoy el periodismo. Larga vida a los tocapelotas (de las guerras, de los políticos,…), en el buen sentido de la palabra.

  • Hola, Ramón,

    Yo quiero pagar por leerte. Quiero contribuir a valorar a los que tienen el mérito de seguir haciendo un buen trabajo. Gracias por no caer en el descalificativo y gracias por describir tan bien tu realidad, vuestra realidad. Te ruego que te quedes con el optimismo del que hablas para hacer un esfuerzo más y organizar lo mucho que tenéis que aportar los que salís. Haced lo que vuestros gestores no hicieron bien. Seguid demostrando lo que valéis y dimos donde continuáis vuestra labor para seguir informándonos con rigor, con personas que contrastan las fuentes, con personas que pueden esperar para madurar y preparar una buena historia. No os rindáis. Abrazos y ánimos, Pedro.

  • Ramón, en efecto, nadie hace autocrítica, y mucho menos en la cúspide. Ni la han hecho ni la harán. Es una de las características del nuevo modelo de capitalismo rapaz y, por supuesto, no se ciñe solo al ámbito periodístico, pasa en todos los sectores. Este modelo hace que los gerentes, una vez traspasado cierto peldaño, ingresen en otro mundo, que no es el nuestro, el mundo “normal”. Viven otra realidad, donde nadie les discute sus decisiones, por descabelladas que sean. Están en el paraíso, rodeados de iguales y de aduladores, por lo que, pasado un tiempo, se creen dioses (y no en sentido figurado). Cebrián es un ejemplo, pero hay muchos otros. Creo que la pequeña o gran misión que os queda a los que sabéis escribir (y a los que os leemos) es que esta gentuza no sea relatada como ellos creen merecer, sino como lo que realmente son. Su mayor castigo será quedar retratados en el mural de la infamia, y no en el de la historia.

  • Hola Ramón, como te dice más arriba Cesc Camí: donde vayas, te sigo.

    Un abrazo

  • ¡Grande Ramón Lobo!

  • ¡Hola!

    Leí ayer tu artículo. Me ha entristecido y también me ha gustado lo que dices. Creo que tienes mucha razón y estoy completamente de acuerdo. Hay una crisis de valores y de respeto en prácticamente todos los ámbitos y el hecho de que además exista una crisis económica agrava la situación. Pero lo nuestro ya venía de mucho antes.

    En realidad, quería dejar aquí el link a “Paying to go to war” un corto documental con el que me acabo de encontrar (quizás ya lo conozca la mayoría) y en el que otro periodista, Antonio Pampliega, expone algo muy similar. Curiosamente, el artículo se publicó en El País el año pasado.

    http://vimeo.com/53252881

    Un saludo.

  • He mirado infinidad a través de tus ojos porque nunca me ha gustado pestañear ante la verdad.

    Por eso siento que te debo agradecer que sigas adelante.

    ¡Ánimo, Ramón!

  • Solo decirte que lo siento. Siento lo que está pasando en nuestro mundo. Yo no estoy tan seguro de si volvería a ser periodista si tuviera 20 años. Luis Miguel Úbeda, de Radio Nacional.

  • Te seguiremos por aquí y en tu nueva web. Saludos y ánimo.

  • Muy bueno tu artículo. El mensaje es el medio. En este caso nosotros te seguiremos, perseguimos ‘el mensaje’ no importa el medio.
    Que me perdone McLuhan por contradecirlo.
    : )

  • El duelo en el trabajo hay que pasarlo. Así como los otros tipos de duelo. Son etapas necesarias por las que tenemos que pasar, para poder sanar aquello que nos hiere tanto, para luego avanzar ya sin ese dolor.
    Pero hay que atravesarlo. Es parte de la vida.

  • no te preocupes. Toda la empresa, incluyo la SER, está en venta al mejor postor, y para eso necesitan ocultar sus deudas con despidos.
    No hay otra. Ellos sabrán, o no, pero ahora mismo TODO el Grupo PRISA es como cualquier producto que ves en un rastro

  • “En la evolución de las especies (…) sobreviven los que se saben adaptar.”

    Y que verdad tan grande.

    Te descubrí, te leí, y lo seguiré haciendo allí donde escribas. Simplemente por tu calidad. No te hace falta ningún estribillo. Tu nombre es tu mejor carta de presentación. Te la has ganado a pulso.

    Y un placer leerte ahora en JD. Esto no ha hecho nada más que empezar!

    Keep up writing, good man!

  • Que lujo tener ese sentir tan intenso, que suerte de vida.
    Cuando drenes la acidez de esa mala digestión, todo lo que engullas te alimentará de puta madre. No lo dudes.
    Un beso.

  • Los profesionales estupendos como tú siempre entran en los “ere” ¿Por qué será? Será por no ser un lameculos del periodista-gerente. Yo ya dejé de comprar el país. Ahora te leo aquí o donde sea. Ânimo!!!

  • El periodismo no está muriendo, se suicida. La verdadera crisis no es económica, sino de principios. Lo que prevalece es la mediocridad. Por eso, querido Ramón, sólo discrepo en una cosa: Ahora, más que nunca, estos son tiempos para valientes. Aunque sea más difícil que nunca. Es lo único que nos puede redimir. Gracias por ser uno de ellos.

  • Bienvenido, Ramón, es un lujo que vengas a estos parajes. Aunque creo que no hay nómina. Pero sí gente que escribe bien, y se ríe. Gracias por tus crónicas

  • ¿Y cuándo medían a la gente por lo que valía? Me pongo a repasar la historia y no encuentro ninguna época en la que pasara eso

  • Quiero decir que los medios de comunicación (como cualquier otro negocio), salvo tal vez algún que otro romántico que ha durado poco, siempre se han basado en la rentabilidad: antes el trabajo de periodista era más estable y mejor pagado porque salía rentable tener periodistas bien pagados, no porque se les juzgara por criterios distintos que ahora.

  • Si eres periodista eres lo que escribes y el periodismo son historias. Siempre lo ha sido. Otra cosa es que antes se pagase bien y ahora, como todo lo demás el precio esté por el puto suelo. Toca ser uno más y contagiarse de realidad. Y la dignidad de una historia no la da el precio que se paga por ella.
    (los del deluxe se meten una pasta cada tarde y son puta mierda)

    Sigan contando historias. Sigan haciéndolo.

    Y EL PAIS es un sitio. Sólo un sitio. Lo que pasa es que con el paso de los años se habían creído el ombligo del universo. El puto centro del journalism mundial. Qué cojones, mucho más que eso. Hasta que un día llegue el amigo universo y los ponga en su sitio.

    Cebrián y Botín son los más listos. Sin duda. Y de paso, también son contadores de historias. Uno con palabras y el otro con números. Y los dos lo que saben hacer muy bien es contar pasta. Eurito arriba y eurito abajo, pero cuentan pasta que da gusto. Pero los dos son juglares.
    Y los más listos de la clase.
    That the way it is.
    Cordiales saludos Sr. Lobo.

  • Pues yo estoy cabreado.

    Cabreado de que necios que confunden el valor y el precio, como dijo Unamuno, puedan gobernar cosas. El Pais y el pais.

    Cabreado porque no se enseñe en las escuelas de negocios la obviedad mas grande del mundo: El primer activo, el mas importante de cualquier empresa, es su plantilla. Especialmente de aquellas que venden informacion y opinión.

    Cabreado porque unos tiburones de cuarta se hayan cargado una de las pocas herramientas que había en España contra la tradicional y característica incuria de su gente. Era mas que un periódico y no se parecía a ningún otro. Merecen algo peor que el despido, ¿la ruina? ¿la vergüenza pública? ¿el fusilamiento? Lo mataron hace tiempo, lo de ahora es la puntilla.

    Cabreado porque se tolere que exista un negocio -internet- en el que los parásitos se hacen millonarios y los currantes, los que producen contenidos, sufren y se arruinan.

    Cabreado porque hayan despedido a Ramón Lobo y a otros miles de periodistas que no son Ramón Lobo y porque sus ciegas, pacatas, torpes y estúpidas empresas no sepan hacer lo que tienen que hacer. Hace años hablaba con un amigo y los dos nos preguntamos lo mismo: ¿Por qué en vez de regalar vajillas, abalorios o trastos, no hacen un periódico que merezca la pena comprar? Sabían hacerlo.

    Supongo que es el signo de los tiempos. Y me cabrea.

    Y lo peor de todo es que ni pude imaginar que vería algo así ni se que puedo hacer al respecto.

  • Con Enric y contigo, la inteligencia, el valor y la claridad emcionante explicando los conflictos, los valores del periodismo que vuestros antiguos amos ya no saben paladear porque están embotados en fantásticas y chiripitifláuticas huidas hacia adelante. Sin vosotros están huérfanos de la savia que nos hacía comprar su
    periódico. Os necesitamos más que nunca, ánimo

  • Ramón, un poco tarde, pero aquí va un abrazo solidario de otra despedida de EL PAÍS, hoy desde mi casa, la tuya, en Euskadi (la vez anterior nos vimos en Opera, con Luis R. Aizpeolea y tu interprete en los Balcanes. Mi gratitud por este magnífico artículo, que creo que refleja el estado de ánimo y de pensamiento de muchos de nosotoros. Para mí ha sido un honor, dentro del dolor, haber salido del periódico en compañía de leyendas vivas de nuestro periodismo como tú. Repito, un abrazo.

  • Ser periodista en un periódico de los grandes implica formar parte de una estructura empresarial con sus propias leyes y su propia dinámica. Gracias a estas, había dinero para viajes a Afganistán y otras muchas cosas más. Cuando se acepta ser un átomo dentro de una molécula mucho más grande que tú, nadie puede quejarse luego de que te han hechado, personalizandolo todo como si realmente tuviese que ver algo contigo.

    Toda gran empresa juega el mismo juego con sus trabajadores: pide compromiso personal para entrar mientras se está en ella pero cuando se acaba todo dice que las reglas del mercado son las que llevaron al despido y ellos no tienen nada que ver. Es injusto pero es como funciona la empresa y resulta increíble hasta qué punto solo unas pocas personas son conscientes de esto.

    Por lo que cuenta usted tampoco se dio cuenta de ello y ha vivido con una venda sobre sus ojos. Solo ahora, cuando la realidad le obliga a quitársela para que la vea cara a cara, le duele profundamente. De este dolor solo puede salir lo mejor para usted y su futuro. Seguro que la próxima vez será capaz de mirar mejor donde se mete y se involucra personalmente y cuando vuelva a fracasar, le dolerá menos.

  • Unamuno, querido Marc, no dijo lo de “confundir valor y precio”, propio de todo necio. Lo dijo Antonio Machado. Por lo demás, es una pena el ERE por el que de Ramón Lobo lo han descendido de la élite. Muchos como él también lo hemos sufrido; otros, ni siquiera han tenido la oportunidad de trabajar en “uno de los oficios más peligrosos del mundo”. No queda otra que re-inventarse. Esta profesión ya lo hizo en los 70’s y en los 80′ y lleva en ello desde el 2002. La crisis es permanente. Basta de añoranzas. Cuando triunfas, debes tener muy claro que algún día fracasarás o te harán fracasar. De ti depende admitirlo. Creo, Sr. Ramón Lobo, que usted no admite su fracaso. Por eso se rebela. Pero en este mundo hay clases y los intereses cortan el bacalao. Entonces, tranquilo… y a montar otra cosa. Lo estamos esperando. Yo estoy deseando leerle de nuevo… O escriba libros… Y si no tiene editor, yo le edito lo que escriba… Pero creo Seix Barral lo le dejará.
    JML

  • Necesitaba leer algo así. Yo también quiero que el periodismo sea lo mejor que me vaya a pasar en la vida. Acabé en tiempos malos. Antes de empezar a estudiar ya me decían que el periodismo estaba mal. Y eso que no se sabía, en 2003, lo que pasaría cinco años después.

    Vivo en Asia buscando historias. Quiero ser freelance, pero no free-of-charge.

    Me ha gustado la positividad tuya, aunque la crisis (moral) del periodismo, es deprimente.

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