Luis Antonio de Villena “España está políticamente muy mal, y culturalmente peor" - Jot Down Cultural Magazine

Luis Antonio de Villena “España está políticamente muy mal, y culturalmente peor”

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Sentado, caído, en el canapé, Luis Antonio de Villena (Madrid, 1951) reposa cual feliz émulo de Capote con su inconfundible y admirable gesto de desdén. Es, parece, el último disfraz del que fuera poeta Novísimo; heredero de una estética y una manera de ser un tanto frívola que oculta de manera meditada su sapiencia fastuosa, de niño ratón de biblioteca, y que siempre ha utilizado con dominio ante el periodista incapaz. De conversación achispada, un poco malévola a veces, Villena se proyecta ante los demás con la erudición como juego de seducción; a través de juicios impúdicos de un tiempo y un país demasiado bárbaro para alguien que, en su juventud, se soñó humanista.

Sueles decir que de adolescente te soñaste un humanista, ¿era posible esto en la dictadura?

Sí, sí, claro… La dictadura tenía muchos problemas con la política, en mi juventud, en este ámbito. Especialmente con la política del Partido Comunista, con la Universidad Central y los estudiantes. Las cosas culturales le eran más ajenas, es más: era más sencillo ser un humanista que en la actualidad, más vinculado a la cultura.

Todo dentro del conocido desprecio a la cultura del régimen.

Era un desprecio idéntico al actual: el desprecio que tiene el poder. Lo malo de la dictadura es que no existía libertad, pero la cultura se respetaba formalmente —especialmente en el exterior—. Incluso más que hoy. Hoy hacen lo mismo: la respetan de puertas afuera, mientras que de puertas a dentro la desprecian. ¿Has oído algún presidente del gobierno hablar de cultura? Ni socialista, ni de derechas… son desprecios mutuos. Es más, desgraciadamente hay que decir que el nivel cultural de la época de la dictadura era mayor que el de hoy, eso lo sabe todo el mundo. Yo acabé el bachillerato de letras con una cultura que no tienen hoy ni siquiera los que han acabado Filología Clásica. He dado cursos de posgrado, ocasionalmente, y les he tenido que explicar cosas que yo sabía ya a finales de bachillerato. No es una casualidad; todo el mundo lo sabe. El nivel cultural en España es bajo hoy en día, y mucho más bajo que el de la época final de la dictadura. Esta no era igual en los años 40 que en los años 60…

¿Cómo era la educación en el Colegio el Pilar? Parece ser una especie de magma primigenio donde ha salido todas las clases dirigentes españolas.

Han salido las clases dirigentes porque era un colegio de ricos, de familias adineradas; muchas de ellas tenían conexiones con el poder. Era un colegio donde había una educación muy buena; tenía un nivel muy alto, más de lo obligatorio. Por aquel tiempo había cinco años de latín… desde los 11 años, aproximadamente. Era un nivel alto, con mucho clasismo, ya que se entendía que todo el mundo era rico y de familias poderosas, pero era un colegio de curas, los marianistas, y existía mucha doctrina. Curiosamente no había mucha política, del régimen franquista no te hablaban mucho. Eran derechistas monárquicos, muy morales. No había política, pero sí religión a manta, y todos los que estudiamos allí acabamos hartos de religión. Yo me hice anticlerical porque estudié ocho años en un colegio de curas. Era un mundo represivo en lo sentimental, en lo físico…

Hablas de acoso escolar en tus memorias, con verdadero dolor, en una biografía de origen trágico en oposición al recuerdo que pudieran tener otros alumnos de ese distinguido colegio.

Se supone que todos éramos niños bien, pero no era una cuestión de clase, era la cuestión de verte distinto. A mí me veían distinto porque era un chico muy tímido, y mi padre acababa de morir, lo que llevaba muy mal. Esa timidez la confundieron con… ser gay. Los años peores, cuando tenía 12 o 13 años, hicieron de todo para hacerme la vida imposible. Eran solo dos o tres, pero eso es lo malo: el resto permanecía silente.

Una mayoría silenciosa que no interviene.

Si, sí. Una mayoría silente que no interviene, que la condena como mayoría. La mayoría silenciosa es una estupidez. No se metían, pero tampoco me ayudaban. Si me hacían la zancadilla, o si me insultaban, no hacían nada. Lo pasé mal, no lo podía decir en mi casa donde era muy mimado, que lo tuve todo, y lo conté en ese libro, Mi colegio. Eso lo puedes olvidar, lo olvidas, y siendo mayor en el propio colegio salí en plan triunfador. Pero ese tiempo, olvidarlo lo he olvidado, pero no lo he perdonado. Ese tiempo donde te agreden, donde eres una persona indefensa, un niño, no se perdona.

¿Llegaste a conocer la trayectoria de las personas que te hacían bullying en aquel tiempo?

No, no me preocupé de ellos. Solamente una vez, lo cuento en el libro, uno se acercó a mí en una discoteca, Pachá, a saludarme como si no hubiera pasado nada. Muy simpático, y le respondí que no le conocía, que se equivocaba de persona, y que se marchara de mi vista.

Jaime Bayly nos contó su adolescencia en el colegio del Opus como una cárcel. ¿Te sentiste así?

No, no, porque yo era alumno externo e iba a comer a casa de mi abuela, y luego a casa de mis padres. Era todo muy educado, muy correcto, lo único malo fue eso, el maltrato de un grupo de alumnos durante dos o tres años en el primer bachillerato elemental… por considerarme gay. Curiosamente, en aquel tiempo no tenía ningún interés sexual; era solo una cuestión de apariencia, un chico delicado, muy bien arreglado, y no me sabía defender. Lo que recomiendo en esos casos es armarse de valor y darles una bofetada. Coger un palo y darles en la cabeza: no volverían a hacerlo.

Umbral te considera “la única vocación literaria absolutamente total” de toda tu generación en su Diccionario de literatura. ¿Viene ya de tu infancia? ¿Es posterior?

Viene de esta época, de mi adolescencia, o mi preadolescencia. Empecé a escribir a los 13 años. Había leído un manual de mitología griega, muy elemental, y me gustaron todas esas historias de traiciones, donde había mucho erotismo, mucha sensualidad. Eran historias muy bonitas. Decidí que tenía que hacer algo parecido, y con unas cuartillitas hice mi propio manual de mitología griega. Naturalmente, no sabía poner otra cosa que no saliera en el libro, con otras palabras, así que lo tenía que dejar. Ahí empecé, claro. Luego, cuando el profesor de literatura iba explicando los distintos temas de historia literaria, yo intentaba imitar todos los estilos que él contaba. Poco a poco llegué a lo contemporáneo. Cuando publiqué mi primer libro, a los 19 años, en realidad no era mi primer libro: había escrito como cinco libros antes, de poco valor. Estaba muy experimentado en literatura porque llevaba años escribiendo. Sí, es un caso de vocación total; siempre pensé que iba a dedicarme a escribir.

¿Cuándo conociste a Umbral como tótem literario de este mundo de los años 70 y 80?

Cuando le conocí no era una gran figura; era un escritor del Café Gijón, que era ya un sitio en decadencia, no estaba muy bien visto. La primera etapa de Umbral es de escritor marginal. Al hacer el artículo diario en El País es cuando le vino el éxito. Luego coincidimos en muchos sitios, pasó a El Mundo (donde yo estaba), y siempre hubo una gran cordialidad entre nosotros. Él me veía, como bien dice, “un escritor total”; hacía articulismo, novelas, poesía, y eso le gustaba. Teníamos una suerte de simpatía interna muy fuerte; externa un poco menos, por un razón que tenía que ver con los amigos que teníamos. Mis amigos eran absolutamente antiumbralianos, tipo Javier Marías. Javier Marías detestaba a Francisco Umbral.

Marías no aceptaba el casticismo de Umbral.

El lado ese, castizo, no le gustaba nada. Luego tenía esas trascendencias del mundo literario… en general todos eran antiumbralianos.

Umbral los llamó en su Diccionario de literatura escritores angloaburridos.

Los llamó así, sí. Como yo era amigo suyo, si estaba con ellos no podía ver a Umbral. Si veía a Umbral aparte sí, con gran cordialidad. Entre los jóvenes, Javier Marías, y los más viejos, como Juan Benet, lo veían como un escritor horrible.

Cuéntanos algo sobre el mundo literario de los 70 y los 80; eres un habitual en las columnas del citado Umbral, y toda la gente guapa madrileña de Pititas y Pelayos.

Umbral hizo una cosa que estaba muy bien que le dio fama —fuera del mundo literario—, y es que metió lo social en la columna, ya que salía mucho por el mundo de Madrid. Él escribía por las mañanas, y por las tardes las dedicaba a salir, yendo de un sitio a otro. Algo que ya no hacía de mayor.

Salía en busca de mujeres, tiene fama en los textos del tiempo de mujeriego.

Salía en busca de mujeres y también de vida social. Evidentemente, con Pitita Ridruejo no hizo nada (risas). No le gustó; pero sí su chic, era una cursi. Umbral se metió en un mundo social que no tenía que ver con la literatura, de Isabel Preysler y compañía, al mismo tiempo que metía cosas literarias. Es decir, lo mezcló todo. La vida literaria estaba como hoy, no ha cambiado mucho, dividida en dos niveles: la de escritores que tenían prestigio literario, que eran pocos y buenos, y la vida de los bestselleristas, que tenían mucho éxito pero eran despreciados (tipo Gironella, Martín Vigil). La crítica de alto nivel no los tenía en cuenta, aunque vendían mucho más. Hoy todo eso está mucho más mezclado.

Los autores que comentas son epígonos de una literatura social, realista, del franquismo con un tono beatero…

No, pero también hablo de los que siguieron después, con literatura muy elemental, que sigue existiendo hoy, literatura que sirve para leer y entretenerse. La más elaborada busca algo más que entretenimiento, que debe existir algo más que esto. Que debe existir arte…

El estilo es el autor” que afirmaba Umbral.

Esta falta de arte es la que les fallaba a muchos bestselleristas y les sigue fallando hoy. Se siguen haciendo libros entretenidos donde la categoría literaria es bastante dudosa.

¿Llegaste a conocer a Luis Escobar? El proustiano pasado por zapatos de rejilla, reutilizando citas de Ussía y Umbral.

Yo conocí mucho a Luis Escobar, pero no veo nada de lo proustiano que veía en él Umbral. Era un hombre simpático que al final de su vida fue actor. Él había sido conocido siempre como director del teatro Eslava, y había escrito alguna obra de teatro que no se conocía mucho. Al final de su vida, luego de ser director del teatro, Berlanga le sacó como lo que era, marqués de las Marismas, aunque cambiaron el nombre Azcona y él. Salió haciendo de marqués cuando él nunca había ejercido de tal, era Luis Escobar a secas. A final de su vida sí, por el papel de Berlanga, y ejerció como tal. Era un personaje muy divertido, que más que a Proust habría que referirlo a Cocteau. Había sido amigo y traductor de Cocteau, y junto a una señora llamada Ana de Pombo empezaron a poner de moda Marbella en los años 50. En aquel tiempo era una aldea de pescadores, y lo convirtieron en un sitio refinado, con tiendas bonitas, donde llevaron a una elite intelectual, a una Marbella que no es lo de hoy. Y en esa elite internacional estuvo Cocteau, que estuvo dos veces en Marbella en ese tiempo, escribió un librito allí e hizo unos decorados para una de las tiendas que tenía Ana de Pombo, un tienda de antigüedades, cachivaches bonitos.

Te citaba a Proust porque Luis Escobar dijo a Umbral que se había ido a París solo para conocer los personajes que quedaban de En busca del tiempo perdido.

No sé si lo había hecho; pero desde luego en los años 40 todavía quedaban algunos. Podría haber conocido algunos, aunque no me consta, es la primera vez que lo oigo. De hecho, yo conocí mucho a Luis Escobar y apenas citaba a Proust, hablaba más de escritores más nuevos como el citado Cocteau. Más proustiano era Vitín Cortezo, que había sido amigo de Luis Cernuda y era decorador teatral, dibujaba muy bien, y una de sus últimas exposiciones había sido precisamente decorados basados en En busca del tiempo perdido. Era más mayor que Luis Escobar y creo más proustiano. Los dos eran gais, aunque no lo decían abiertamente. En el caso de Vitín no hacía falta decirlo porque tenía mucha pluma. Eran personas muy distinguidas, finas, acostumbradas a vivir en un mundo elegante. En los tiempos antiguos se habría llamado la tournée de grandeur… la vuelta de los grandes duques. El grande duque era un señor que iba a cenar a una casa muy elegante, a la casa de la marquesa con personas refinadas, y cuando salían de la cena iban a tabernas y casas de los barrios bajos… a buscar chicos, a buscar juerga y otras cosas. Esta mezcla los dos la habían hecho mucho en su vida. Al ser mayores, aunque Vitín murió más pronto, tuvieron menos decoro. Por ejemplo, yo he visto a Luis Escobar saliendo con un chico joven al lado, el cual quería ser actor, y que yo conocía. Eran los años 80 y todos sabíamos ya qué era eso, no se ocultaba, y se entendía en el mundo de la noche, la compañía de un amigo… entre comillas. Él era un hombre muy cordial y simpático.

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El dandi ¿nace o se hace? Alfonso Ussía, precisamente, nos defendía lo primero: el estilo innato.

El dandi no puede nacer. Alfonso Ussía lo confunde con él. Llamar dandi a un tipo que nace en una familia aristocrática y con clase no es correcto. Un dandi es una persona que utiliza el vestido como una manera de disidencia, es decir, se viste bien, con prendas buenas, pero nunca como los demás. Introduce elementos transgresores en su forma de vestir: Lord Byron vestido de turco; ningún inglés de inicios del siglo XIX vestía de ese modo. El dandismo es ponerse prendas que puedan llamar la atención, dentro de un aire de elegancia, pero que a la vez destaquen. 

¿Existía tanto enconamiento, tanta rivalidad literaria, en los 70 y 80 como parece al releer los periódicos?

La vida literaria siempre ha tenido enconamiento: recuerda las trifulcas que tenían Góngora y Quevedo o Góngora y Lope de Vega. El mundo literario es feo, por los rencores, famas falsas, rencillas. Lo primero que un profesor de literatura debe decir a sus alumnos es que la literatura es una cosa y el mundo literario es otra. Siempre te tratas con unos y no con otros, hay bandas, siempre hay algún amigo que te traiciona, siempre hay gente muy trepadora, que utiliza a los amigos y luego los deja. El mundo literario está, en una palabra, lleno de sinvergüenzas. Mala gente, malos amigos que por triunfar hacen cualquier cosa. He tenido algún amigo, un personaje muy siniestro de la vida literaria actual, que cuando creía que ya no necesitaba ayuda, pasaba de ti… aunque le hubieras hecho favores durante 20 años. También es cierto que hay otro sector que está muy bien; uno debe saber quedarse y hacer amigos que sean buena gente. 

¿Puede ayudar la corrupción moral, la corrupción personal, a un tipo de literatura?

Depende a lo que llames corrupción: es muy distinta la corrupción en la literatura que en la política. La corrupción en la literatura, tal como lo digo, es utilizar a otros para triunfar. Quieres triunfar, y quieres hacerlo a costa de lo que sea. Si tienes que dejar de ser amigo de fulanito, lo haces, si tienes que escribir una patochada, también. Haces lo posible e imposible para salir en la televisión; aunque sea mal. Ese trepadurismo a toda costa, ese trepadurismo de baja estofa, de mala clase social: todos los trepas literarios son unos patanes, gente muy burda. Esa es la corrupción en la literatura, los trepas, y te aseguro que los hay: gente vulgarísima, gente acanallada, que hace cualquier cosa para triunfar. 

¿Qué queda de ese mundo literario que tú viviste en la España actual? ¿Hay ahora algún intelectual al nivel de aquellos tipos en los 70?

Supongo que los habrá, pero en ese momento los veías de otra manera. El mundo literario va evolucionando, pero la mirada es distinta. Yo a finales de los 70 era muy joven, no había cumplido los 30, y veía a unos personajes que me parecían maestros, con obra importante y reconocida. Vicente Aleixandre, por ejemplo, que era muy amigo mío, y hacía una gran poesía. Al tener más años ya he perdido la mirada de los 30. Supongo que habrá grandes personajes en la literatura de hoy… pero esa pregunta te la tendría que responder un chico joven, alguien que esté empezando. Al hacerte mayor tratas por igual a todos. Por ejemplo, yo soy muy amigo de Javier Marías, que es un gran escritor, y es muy posible que sea uno de los próximos premios Nobel que haya en España. Pero lo he conocido desde los veinte y pico años, es muy amigo desde aquel tiempo, no lo puedo ver como un maestro o como una persona literaria; esto me quita la perspectiva que pueda tener un chico que empieza.

¿Llegaste a leer las críticas que hacían a Javier Marías en La fiera literaria?

Eso no lo hemos leído nadie, nos ponían a todos verdes. Salió en una época… y ahora está ya muy en decadencia. Realmente es una pena, todos sabemos quién es, está gastando la pólvora en salvas. Y es un resentimiento feroz, es un novelista que no triunfó, y ya muy mayor, con casi 80 años… tiene ese resentimiento que lo único que hace es… Bueno, realmente ya no hace nada, la gente lo recibe y lo tira. Pero creo que lo único que hace es darle más fama. Cuando empezaba yo solía decir que “pagaba a siete enemigos”, que es un buen método de empezar (risas). Luego cuando estás consolidado no lo necesitas: ya hablan mal de ti gratis. Tener enemigos, no a nivel íntimo, a nivel social, es ser famoso. Lo cual no quiere decir que la fama sea merecida. Luego muere ese autor, y no lo recuerda nadie. Pero en el ámbito social tener enemigos mide tu propia fama. Tiene enemigos que quieren ocupar tu propio puesto. Por eso, al enemigo nunca hay que nombrarle: si lo haces le estás dando alas. Justamente la enemistad profunda se ve no tanto en las citas, sino en lo que no se cita.

Escribiste una invectiva contra los bárbaros, contra la brutalidad, con Los antibárbaros de 1995. ¿Queda todavía barbarie en España?

Barbarie queda en todas partes. Pretendía hacer un diccionario dentro del concepto de bárbaros que tenían los humanistas. Ellos llamaban bárbaros a aquellos que escribían mal en latín, en la Edad Media. Ahora, en un concepto más amplio; un bárbaro es una persona con mala educación, grosera, el mundo contemporáneo está lleno. Van en aumento, desgraciadamente. Y ahora uno podría utilizar el papel de Boecio, el escritor de final del Imperio Romano de gran cultura que llamaban ultimus romanorum —el último de los romanos—, quizá hay muchos que nos sentimos de este modo porque nos movemos en un nivel cultural alto muy limitado. Esa bajada de la educación de la que hablábamos al principio, que no es algo de la cultura, es del trato. Te encuentras en una acera, vas solo, y te topas con tres, y no se abren; te tienes que dar un golpe con uno. Eso es de una mala educación cívica brutal, esto en el franquismo no pasaba (risas).

¿Sigue vivo el juicio estético y moral de Max Estrella “El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada” en este 2013?

No, creo que hoy hay más posibilidades de crítica que el esperpento. Lo que hace Max Estrella en Luces de Bohemia, el primer esperpento de Valle-Inclán, es un tipo de crítica deformante, de espejo deformante, que sigue siendo válida, pero hay muchas más formas de crítica. Hoy hay más libertad en ese sentido; no necesitas hacer una deformación de la realidad. El camino realizado por Valle-Inclán estuvo muy bien, y tampoco es cuestión de volverlo a hacer.

Se te ha establecido dentro de la generación de los Novísimos, pero resultas un poco más arcaizante en temas y estilo.  ¿Cómo empezó tu interés por la poesía?

Yo me sentía muy novísimo en aquel momento, porque para mí los Novísimos no eran los de la antología de Castellet, error que perdura, sino los de tres antologías que salieron en un año: una era la de Castellet, otra era la de Martín Pardo y otra era la de Antonio Prieto. La nómina de los Novísimos incluye hoy en día a Colinas, a mí, a Luis Alberto de Cuenca… y ninguno estaba en la de Castellet. Curiosamente, todos los de esta última, a excepción de José María Álvarez, de Gimferrer y Carnero, o son muy malos o han dejado de escribir. Como antología de poetas la antología de Castellet, así, ha sido un fracaso. Solo han sobrevivido tres.

Eso es totalmente cierto. Vázquez Montalbán nunca fue reconocido como poeta.

Claro. Y no era conocido por eso, ni valorado, aunque el hombre lo intentó muchas veces. Como antología poética fue un fracaso, a excepción de esos tres. Sin embargo, había poetas fuera que eran mucho mejor que estos: Colinas, por ejemplo. Mis dos primeros libros estaban metidos en esa estética, creía mucho en ella, me sentía plenamente dentro. Luego tomé una dirección distinta, con la que creo me adelanté a alguna moda. Que hablase de la vida cotidiana utilizando las raíces clásicas, las raíces del mundo clásico, que es lo que hice con mi libro Hymnica del año 1979, abrió la puerta a una cosa que la gente estaba esperando, una poesía coloquial cercana al lector y nutrida de unas fuentes literarias, que podías conocerlas o no, pero que no impedían entender el poema. Este libro tiene un poema llamado Homenaje a Catulo de Verona cuyo título, claro, es culturalista y es un poeta latino, pero es entendible sin esa referencia. Si sabes por qué es un homenaje a Catulo, mejor.

Juan Manuel de Prada solía criticar el mito del malditismo, su abuso, en la poesía contemporánea. ¿Es un estrategia de marketing creada por Baudelaire, Rimbaud y otros?

No lo sé; creo que el malditismo es una constante en la literatura. Ha habido malditos desde la Edad Media; François Villon era un maldito en su tiempo, y hablamos del siglo XV. El nombre lo tomaría, eso sí, en el siglo XIX. Pero esta constante ha perdurado a lo largo de la literatura, donde este que lo ha dicho no tiene mucho que ver. Es más bien un bendito que un maldito.

¿Te interesan los nuevos poetas jóvenes? Toda la generación de Luna Miguel, por ejemplo.

Has visto que he hecho muchas antologías de poesía joven, la última de hace dos años, llamada La inteligencia del hacha de 2012, que es una panorámica de la poesía española actual. Creo que está en un buen momento y en un mal momento, según se mire. En un buen momento porque hay mucha gente que quiere escribir, que está abriendo caminos y está en un mal momento porque no los está encontrando. Hoy en día los poetas jóvenes en su mayoría están tanteando, no saben bien dónde están y no encuentran su camino. Y cuando dan con él suelen tener 40 años… con lo que no se les puede llamar jóvenes. La poesía está en crisis. Y luego hay una línea muy famosa entre los poetas, casi desconocida para el público general, y es hacer una poesía intelectual que está dando de momento resultados muy pobres. A lo mejor dentro de unos años nos da un gran libro, en esa senda. Pero hoy los grandes poetas comienzan a los 40 años. No siempre fue así, pero es una cuestión del zeitgeist, del espíritu del tiempo que llaman los alemanes, una cuestión del clima cultural. 

Se ha dicho que los Novísimos se oponían al realismo social de la posguerra, ¿es posible vincular el realismo y lo estético? ¿Son antónimos como se recoge en el inicio de la novela de Huysmans Là-bas?

Là-bas es una cosa muy distinta… Lo de los Novísimos era un tema muy puntual en aquel momento. La cosa social había tenido mucha fama, sobre todo en contra el franquismo, desde los años 50, y ya en los 60 y primeros 70 aquello ya estaba muy deteriorado. Tenía mucha fama entre los universitarios, al ser una poesía que tenía un gran factor social, que se hacía contra Franco, pero que era una literatura de calidad muy baja. Los Novísimos estaban en contra de la bajada de la calidad. No eran partidarios de Franco; estaban en contra de él, pero se puede estar contra Franco y escribir una poesía de calidad. Ese era el problema de ciertos autores del final de la poesía social que escribían como panfletos, y trataban de hacer pasar el panfleto como un poema. Eran poemas malos: ese era el problema. La poesía social dejó de estar de moda muy pronto, y hoy en día se puede hacer, y se debe hacer una poesía de tipo rebelde, no vamos a llamarlo social —que tiene unas connotaciones dadas—, porque vivimos en un mundo muy malo, vivimos en un mundo catastrófico, y es normal que haya poetas, y novelistas también, que quieran protestar contra ese mundo. Que se quiera protestar contra la situación actual es totalmente normal, es una situación tan espantosa que lo lógico es que haya una propuesta muy fuerte. Pero lo que no debe olvidar el que protesta es que la literatura es un arte, y, por tanto, el nivel del arte no tiene que bajar por abrir paso a la protesta.

¿A qué edad lees El retrato de Dorian Gray? ¿Y los textos de Huysmans o D’Aurevilly (especialmente Las diabólicas, sin el que no existiría el primer Valle)?

Dorian Gray lo leí muy joven por una casualidad, ya que lo primero que leí fue una biografía de Oscar Wilde. Lo hice cuando tenía 14 años y pensé que era mi amigo. Por aquel entonces no tenía casi amigos: me encontraba muy solo, íntimamente solo. Encontré a un amigo en Wilde. He escrito mucho sobre Wilde… pero no creo que mi literatura tenga que ver nada con la de Wilde. Sin embargo, sí he tenido influencia de la persona, porque me sentí vinculado a lo que era, lo que representaba, y el paso siguiente era leer su obra, con Dorian Gray. Esta es una novela muy sabia, muy fácil de leer, con una trama sencilla de seguir y muy popular: un hombre que vende su juventud para no envejecer y que envejezca el retrato; pero luego hay capítulos muy elaborados, muy refinados estilísticamente. Él hace una novela decadente, y una novela muy fina, muy de estilo, pero al mismo tiempo muy popular; una cosa que supo mezclar muy bien, el elemento refinado y el elemento popular. La he tenido que leer y releer muchas veces porque he hecho muchos prólogos para diversas ediciones, casi cinco, de traducciones españolas. Sobre Huysmans o D’Aurevilly los leí poco después, en los 17 años, el primer año de Universidad. Empiezo a encontrar que la literatura que me gusta es una literatura que tiene que ver con el simbolismo, esa literatura que forma del malditismo, de finales del XIX e inicios del XX, y ahí van apareciendo todos los autores. No sé si Barbey D’Aurevilly vino antes que Huysmans, aunque Las diabólicas lo leí anteriormente…

Las diabólicas es un libro fantástico, poco conocido aquí.

Tiene muchas cosas bonitas, es cierto. Y también Los cuentos crueles de Villiers de l’Isle Adam, que es otro autor muy parecido. Son dos libros que leí bastante pronto. Luego À rebours de Huysmans lo leí mucho más tarde, porque es una novela mucho más difícil, que sucede siempre en un interior, es la historia de un duque que quiere vivir una vida totalmente artificial, y muy literaria…

Tiene páginas enteras hablando de literatura decadente del Bajo Imperio Romano de una gran densidad.

Claro. Es complicada de leer. Là-bas es cambio es mucho más sencilla de leer porque es la historia de Gilles DeRais.

Todos los personajes del modernismo más exaltado acaban cogiendo los hábitos, ¿cuál es la línea que une la más absoluta corrupción moral con la Iglesia?

Estamos viendo todos actualmente que la Iglesia está muy habituada a la corrupción, sobre todo a la corrupción de tipo sexual y moral. La Iglesia siempre ha hecho en el ámbito privado lo que criticaba en el público, con todas las excepciones que haya que salvar. Pero eso ya se vio en el Renacimiento, hasta que llegó Lutero, los protestantes, y se denuncia la corrupción de la Iglesia católica. Vivía la corrupción de manera totalmente natural: el Papa Borgia tenía dos hijos antes de ser Papa, parece que tuvo relaciones con su hija Lucrecia ya siendo Papa y luego su hijo César Borgia tuvo relaciones con todos. La gente lo aceptaba: era la historia típica de la Iglesia católica. A mí, en el colegio, los curas me tocaron muchas veces, pero como no me hicieron ningún daño y eran muy amables, que me metieran mano me daba igual. Pero lo hacían continuamente.

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¿Por qué se ha tardado tanto en traducir a los autores vieneses en España? Zweig y del propio Schnitzler todavía no existen traducciones al español de su teatro.

A Zweig sí se le tradujo, y de Schnitzler hay partes traducidas, lo que pasa es que tienes que tener en cuenta lo que veas hoy en las librerías y lo que existe de verdad. Stephan Zweig fue traducido desde los años 20, pero luego pasó un largo tiempo de olvido, de decadencia, y ahora ha vuelto. Las traducciones ahora son nuevas. De Schnitzler se tradujeron muchas cosas, aunque menos, como La ronda, Los últimos días de Casanova… lo que pasa es que si se han agotado y no se han vuelto a hacer, una persona más joven puede pensar que no se han traducido. Tienes que pedir a una biblioteca, tienes que ver si hay fondo en el libro, que no se hayan estropeado, etc. Se tendría que ir a una librería de viejo para encontrarlas…

Un gran visitante de librerías de viejo era Baroja, que decía en sus Memorias… que Zweig sería un autor olvidado, del que no quedaría nada.

Baroja era un autor muy duro, aunque esa frase no la conocía. Era un tipo muy duro: durante un tiempo hizo crítica de teatro, que le publicaron en un tomito, y todas las obras le parecían malas (risas). Pero es que a Baroja realmente no le gustaba el teatro. Iba al periódico, le mandaban la crítica, y se nota que no le gustaban nada: algunas las pone mal de manera justa… y otras locamente. Era totalmente arbitrario en sus opiniones. Stephan Zweig no era un autor de primera fila… el propio Schnitzler es mejor, pero no es uno de los grandes autores de ese fin de siglo vienés. Schnitzler es mucho más profundo, por eso le gustaba a Freud, por el tratamiento psicológico de los personajes. Freud le felicitó muchas veces porque en sus obras siempre hay una bajada al interior de uno, al interior del Ello, usando términos de Freud. Busca el Ello, la parte más profunda de la psique, y por ello es un escritor de más entidad. Zweig es un escritor más fácil, menor, pero más divertido y entretenido. Hizo una labor literaria muy buena, en las biografías. Hizo, eso sí, novelas cortas fantásticas: Carta a una desconocida es una novela muy bonita, y no en vano la adaptó Max Ophüls, uno de los grandes directores de cine.

Una poco citada, Novela de ajedrez, es casi un Stephen King de los años 30.

Tiene muchas finas, entre las novelas breves. Llegó a escribir sobre la homosexualidad con La confusión de los sentimientos, de la relación entre un profesor y un alumno con elementos homosexuales, claro, con mucha cautela por ser los años 20. Era una novela relativamente nueva para su tiempo… es quizá un autor menor, pero un buen autor. Y es normal que haya gente que lo lea, ahora y en su tiempo: tiene calidad y es sencillo de leer.

Volviendo a Schnitzler, tiene novelas de dispositivos muy brillantes: La señorita Else o El teniente Gustl parten de situaciones límites, en monólogo interior, que llevan a sus protagonistas al suicidio o duelo.

Son concepciones distintas de la literatura, una concepción interiorizada, de monólogo interior, de la misma manera que el Ulises de Joyce es una gran novela, pero no es especialmente entretenida. Los monólogos interiores pueden estar muy bien hechos, están muy bien hechos, pero pueden no interesarte. El caso quizá perfecto sea En busca del tiempo perdido, una novela muy profunda, muy accesible, y relativamente entretenida. Hombre, si no la lees un poquito mayor; es un poco, salvando las distancias, el Quijote con 15 años. Yo leí parte de En busca…, Un amor de Swann, a los 18 años, y lo dejé: no estaba maduro para eso. A los 20 y muchos lo leí y lo entendí: tenía la madurez suficiente para verlo.

¿Llegaste a ver el sketch de los Monty Python donde realizaban un concurso de resumir a Proust en el que no ganaba nadie?

Bueno, eso es una tontería (Risas). Por un lado se han escrito cientos de libros SOBRE Proust, porque es un universo. Hay un incluso un autor inglés, Alain de Botton, que ha escrito un manual de ayuda con Proust. Se pueden hacer incluso ensayos a favor o en contra de las teorías del amor de Proust, pero… resumir a Proust no tiene sentido, porque la gracia de Proust es que es muy largo. Es totalmente expansivo: si lo resumes lo estás destruyendo. Proust lo que pretendía es pasar de lo que se contaba en una página a hacerlo en 40. Se pasa a un análisis de los sentimientos muy cuidadoso, muy refinado.

¿Existe una línea actual literaria que recoja la tradición del modernismo europeo?

De manera directa no, pero existió en los años 60 o 70. Todo autor que busque la tradición recurre al inicio de siglo, es un mundo muy fecundo, y a mucha gente le encanta ese tiempo. Luego hay muchas variantes: te puede gustar Valle-Inclán y Baroja, o Valle sí y Baroja no. Los dos están en el mismo mundo, y son muy diferentes: Baroja escribe una novela a la pata la llana, y luego tiene mucho encanto; Valle-Inclán es más sintético. Los dos fueron muy criticados en su tiempo, especialmente Baroja, porque se consideraba que tenían muchos errores gramaticales. El propio Valle también tuvo una fuerte crítica gramatical. Eso es normal, hasta cierto punto: había un autor que decía que “la literatura empieza donde acaba la gramática”. Se fuerza el lenguaje: cuando se fuerza el lenguaje, siempre se rompe alguna regla gramatical. Pero esta evoluciona: la gramática del siglo XVIII no es la actual. Probablemente si nos juzgaran por la gramática del siglo XVIII todos escribiríamos muy mal.

¿Te incluyes dentro de la autoría de género de Terenci Moix o Haro Ibars? ¿Llegó a existir una literatura gay de calidad en España?

Yo creo que no hay una literatura gay; hay temas gay. Los asuntos gais los podría tratar cualquier autor, aunque generalmente lo tratan más autores gais. Haro Ibars no hizo muchos libros que fueran gay, el problema es que él era gay, y fue muy militante, hablaba mucho de esas cosas, pero luego en sus libros hay muy poquito de eso. Salvo el libro que dedicó al gay rock, un libro sobre los cantantes, no necesariamente gais, de lo que se llamó el glam (David Bowie y todo eso). Pero en su literatura los temas gais no son habituales; era más gay él que su literatura. Terenci sí era más gay. Terenci y yo hemos sido los primeros en escribir de temas gay, después de la guerra. Una vez llegamos a la conclusión de que no teníamos necesidad de salir del armario, que nunca habíamos estado en él. Eso es una realidad, tristemente. Y digo tristemente porque me habría gustado tener un armario cuando tenía 12 años, no me habrían molestado esos chicos. A Terenci le pasaba algo parecido.

¿Crees que existió una literatura de calidad asociada a la Movida madrileña? Parece un movimiento exclusivamente audiovisual…

Audiovisual y fotográfico. La Movida hizo sobre todo canciones, hizo fotografía e hizo cine… y quizá hizo periodismo. Lo que no hizo fue literatura: en el tiempo de la Movida no hubo literatura. La literatura sobre la movida se ha hecho después. Mi novela Madrid ha muerto habla sobre la Movida, y cuando se publicó había pasado mucho tiempo. Durante la Movida no se hizo apenas novela, solo periodismo.

Nunca se planteó la novela en el tiempo.

Pero tiene un porqué: la mayoría de los escritores consideraban la Movida como un fenómeno muy divertido, estupendo, bien… pero muy frívolo. Poco inteligente.

Esto parece un error en perspectiva.

Sí, probablemente. En ese momento daba la sensación de que aquello era estupendo, pero aquellos chicos no tenían mucha cabeza. Recuerdo que eso me lo dijo un día Savater, que venía mucho conmigo a aquellos bares. Era estupendo, muy divertido, años luz de ahora: el Madrid de la Movida era fascinante, y ahora parece un Madrid medio agónico. Es verdad que todo estaba recubierto de frivolidad; incluso las primeras películas de Almodóvar tienen un tono muy atrevido pero también muy frívolo. 

Luego todo ese mundo cultural de la Movida ha sido el único movimiento reciente aquí con proyección internacional.

Bueno, sobre todo a través de Almodóvar. Almodóvar lo proyecta de manera internacional. También lo tuvo en su época porque la Movida fue un fenómeno que interesó mucho en Europa, que vivía en aquellos tiempos una etapa muy lánguida. Entonces venían mucho porque parecía que había gran diversión y sobre todo gran permisividad. No hay que olvidar, con su lado bueno y su lado malo, que las drogas fueron importantes en la Movida. Felipe González, en su primera etapa, permitió las drogas blandas, lo cual ahora sería impensable. 

En tus escritos, incluso en tu poesía, sueles disfrazar tus encuentros, convertirlos en metáfora, a diferencia del crudo realismo de otros autores de este género ¿Es una elección estética o moral?

Estética, por supuesto. A mí me parece que describir un acto sexual muy directo, una vez está bien… pero el acto sexual es siempre igual, se mueve en un banco semántico muy pequeño, debes de buscarle metáforas. Incluso para hacerlo moralmente más atrevida. Hay metáforas que son mucho más sugestivas, mucho más cachondas, que la realidad. Es en realidad un avance: cuando describes con metáforas estás yendo mucho más lejos.

En cierto sentido, las grandes novelas eróticas lo son por sus metáforas. Cuando se publicó La vida sexual de Catherine M que era una descripción realista del sexo, todo el mundo acusó a la autora de antierotismo.

Claro: una novela erótica que diga “abrió la vagina, y le metió la polla” no enciende nada. Tiene que tener un lenguaje literario para que crezca, para que sea bonito y erótico. El lenguaje erótico no es directo: si escribes polla o coño no es erótico; lo erótico es la metáfora. El sexo metafórico es mucho más rico que el sexo directo. 

¿Cuáles consideras los mejores autores de este tipo de literatura LGTB? ¿Conoces la teoría queer de autores lacanianos españoles como Beatriz Preciado o Paco Vidarte?

Como ya te he dicho, no creo que exista una literatura gay o queer. Esas teorías son una formación del mundo del género a través de autores franceses criados en las universidades americanas: Foucault, Lacan y Derrida. Son los que en América, no en Francia, crearon todas esas teorías del género, del transgénero, la bisexualidad, la intersexualidad. Todo esto me parece bien, pero creo que la literatura es más fácil que eso. La literatura es tratar el mundo LGTB de una manera normal. La teoría ya es otra cosa: es puro ensayismo que casi nadie lee.

¿Cómo comienzan tus colaboraciones en prensa? Eres una firma Guadiana, que aparece y desaparece, en los periódicos o suplementos culturales.

Está casi siempre: lo que pasa es que puede desaparecer de algunos o de determinadas zonas. En El Mundo primero hice una columna de opinión, y ahora hago una columna de cultura. Lo llevo haciendo diez o doce años. Hago puntualmente artículos que se llaman de apoyo, cuando se da un premio a un escritor. Además escribo en El Norte de Castilla, La Vanguardia, El Periódico de Cataluña. He escrito en muchos sitios.

Luis Antonio de Villena para Jot Down 4

¿Es difícil vivir del periodismo cultural en España? ¿Existe aquí una tradición cultural como en Francia?

Existe una tradición cultural muchísimo más pequeña que en Francia. Aquí tenemos muchos menos lectores, y ese es el gran problema: las páginas culturales de los periódicos son cada vez menos, cada vez más light. El problema cultural español es gravísimo, y se ha agravado con la democracia. En España la cultura está en trance agónico. El gobierno no se entera de nada y el Ministro de Cultura, estúpidamente, dice que los estudiantes “estudien lo que dé dinero, no lo que les gusta”. ¡Pues si estudian lo que da dinero deben estudiar delincuencia! (risas). Es algo impropio de un Ministro de Cultura. En este país los distintos gobiernos no han hecho nada por la cultura, han variado los planes de estudio siempre para peor. Estamos hartos de que la izquierda ataque a la derecha y viceversa, ya es hora de que hagan algo bueno juntos, o no saldremos de un guerracivilismo estúpido, atrasado y atroz. La derecha sigue siendo bruta y rancia, y la izquierda cada vez es menos izquierda. España está políticamente muy mal y culturalmente peor, en definitiva.

¿Te han llegado a ofrecer la dirección de alguna sección cultural? 

No, no me han ofrecido nada… aunque no sé si habría aceptado: no me gusta ser director de nada. 

A diferencia de Terenci Moix, no has llegado a trabajar de manera total el mundo del ensayo cinematográfico.

Como toda mi generación soy muy cinéfilo. Cuando era jovencito lo que más me gustaba era el western y las películas de romanos. No me gusta nada el cine de efectos especiales, por ejemplo, lo encuentro burdo. Me interesan más las películas de sentimientos, y este cine es verdad que es peor de lo que era en su tiempo. La última película que he visto es la de Hitchcock, por ejemplo, y relata el rodaje de Psicosis; cómo se hizo ese film. Hopkins, que es un gran actor, lo hace muy bien, pero creo que la película se queda en lo superficial del personaje, le falta profundidad, hondura.

Ese cine de sentimientos, que en Francia vía Truffaut o Rohmer tuvo una gran tradición, ¿llegó a tener autores en España?

Bueno, sí, ha habido algunos. Gonzalo Suárez lo ha hecho a veces bien, y otras ha hecho películas demasiado vanguardistas, experimentales. Su buen cine es, por ejemplo, Remando al viento, una película preciosa, espléndida, para definir lo que es el romanticismo y el propio Lord Byron, y la considero una de las grandes obras del cine español. Almodóvar, que es un autor que me gusta mucho, es muy prolífico, con sus subes y bajas. A veces hace películas grandes, y otras se va, sin darse cuenta, al absoluto melodrama.

Te voy a decir algunos nombres y quiero me los definas con una frase: Eduardo Haro Ibars.

Haro Ibars, Eduardo, fue un amigo. Era un hombre verdaderamente apasionado, muy moderno, muy nuevo, muy transgresor, que dio más importancia a su vida que a su propia literatura. Su poesía, lo mejor que hizo, está bien… pero su persona era mejor.

Albiac nos dijo que era una persona con demasiado talento para el país que le había tocado vivir.

No tanto el talento. Era una persona muy atrevida, y ese atrevimiento era muy destructivo. Era bastante autodestructivo.

Javier Marías.

Creo que es un gran escritor, no en sus comienzos; en estos era un gran estilista, pero no un gran escritor. Creo que un gran escritor, un gran novelista, lo es desde Todas las almas, de 1988. Un buen novelista, aparte de ser muy buen amigo mío, y por eso lo juzgo en las dos vertientes, amigo y novelista.

José Luis Rodríguez Zapatero.

Era un hombre con muy buenas intenciones, que quería mejorar el país, pero la crisis económica le destrozó.

Leopoldo María Panero.

Era un estupendo poeta, un maldito de vocación, al cual los problemas psicológicos, psíquicos, le han convertido en una persona enferma que está en un manicomio.

Pedro Jota Ramírez.

Es un periodista muy hábil, lleno de habilidad, en todos los sentidos de la palabra. Para bien, para mal, para todo…

Gabriel Albiac.

No le conozco mucho, le he tratado un poco. Me parece que es un filósofo, que quiere pasarlo todo por el tamiz de la filosofía, hasta ahí es donde sé.

José Ignacio Wert.

No lo llegué a conocer en el colegio del Pilar: era mayor que yo. No lo he visto nunca en persona, con lo que no le puedo juzgar. Si bien su actuación como ministro, todavía breve, es muy poco afortunada. Lleva un año como ministro y ha sido profundamente negativo.

Pedro Almodóvar.

Es una persona muy talentosa, inteligente, creativa, con sello propio muy grande… que al mismo tiempo es muy vanidoso, como casi todos los somos, y que lleva mal que se la hagan críticas. Esto es un defecto, porque siendo tan inteligente y original no debería tener miedo a las críticas. Y lo tiene.

Chateaubriand.

No sé si es el primer dandi, no lo creo, pero es un gran escritor, muy tradicional, con propósito de serlo. Es importante y muy serio, pero un gran conservador, quizá demasiado.

Alberto Cardín.

Lo conocí muy poco, no me interesaba nada. Me parecía un hombre amargado, insultante… fuera de mi interés.

Gil de Biedma.

Fue un gran amigo mío, viví con él noches muy buenas, y luego me parece un gran poeta, de un tipo de poesía coloquial, directa, que él hacía admirablemente bien. Fue un gran amigo nocturno, sobre todo. Por eso escribí Retratos (con flash) de Jaime Gil de Biedma, porque al hacer fotos siempre teníamos que usar el flash en esos antros nocturnos.

Luis Antonio de Villena para Jot Down 5

Fotografía: Guadalupe de la Vallina

29 comentarios

  1. Conocí la cultura en televisión gracias a Luis Antonio, en una tertulia de escritores que había en ¿La Tarde?
    Siempre me ha encantado leerle, lo último su diccionario del mundo clásico. Ojala hubiera muchos intelectuales tan mesurados (que no no-comprometidos) como él.

    • De la misma forma conocí yo al gran Luis Antonio de Villena; a traves del mismo espacio de TV ´tertulias que por otro lado y desgraciadamente no se han vuelto a repetir.Muy pocos escritores poseen yano únicamente la talla intelectual y el profundo conocimiento del mundo clásico que él posee; sino y por encima de todo ( aún en mi caso estando en las antípodas políticas) el mágico don de cautivar a todo el que lo conoce, lee o escucha.

  2. Que juego dan las amas de casa manchegas.

  3. “El nivel cultural en España es bajo hoy en día, y mucho más bajo que el de la época final de la dictadura. Esta no era igual en los años 40 que en los años 60…”

    Lamento disentir del gran Luis Antonio, hombre erudito y gran poeta, pero no se puede aceptar que el nivel cultural de la España contemporánea es inferior al de la España de la dictadura… Basta con mirar los índices de analfabetismo del franquismo y la tasa de escolarización para refutar esta afirmación. Cosa distinta es decir que el Bachillerato de entonces tenía más nivel que el actual , pero de ahí no cabe colegir que los españoles fueran más cultos antes que ahora.

    • Es evidente que quiere decir, que el nivel cultural era más alto y pienso lo mismo, entre las personas que iban al colegio y estudiaban. El nivel de analfabetismo, indudablemente era más alto, en proporción al nivel de pobreza que había en el pais. No obstante, lo de hoy día en los colegios, culturalmente solo se puede definir como bazofia.

      • ¡Arriba el latín, la lista de los reyes Godos y la escolástica de Luís Suárez!
        ¡Abajo el software libre, los Cultural Studies y la producción cultural cooperativa!
        ¡La “alta cultura” nos hará libres, la cultura popular amenaza nuestros privilegios!
        Los privilegios de los que estudiamos en el colegio del Pilar claro.

    • En los años 70 convivían el analfabetismo secular y la alta cultura, había un continuo cultural muy diverso. Ahora la regla es la mediocridad con pequeños picos de analfabetismo e igualmente pequeños picos de alta cultura.

      Hemos pasado de la tradición oral a Mujeres y Hombres y Viceversa.

      • Otra cosa era el No-Do, ¡dónde va a parar! Sólo hay que ver cómo se visten ahora, ¡luego dicen que las violan! Tenían que estar todas trabajando de cajeras o limpiando despachos y no en televisión. La televisión está degradada, es corrupta y popular, ya no llaman a caballeros como yo que han estudiado en el Pilar ¡Qué ultraje, qué decadencia! ¿Es que en España no se enteran que siempre ha habido clases?

    • Me parece que mezclar alfabetización y cultura lleva a la confusión. Claro que en el franquismo había mayor índice de analfabetismo, entre otras cosas porque éramos un país bastante más pobre que ahora, pero la preparación que se te daba en la escuela (eso es cultura) era muy superior el actual, eso lo sabe cualquiera que tenga una cierta edad u observe la forma de hablar y de escribir de cierta gente o qué conocimientos se consideraban entonces como básicos en la cultura general. Llevamos décadas de dictadura de eso tan progre que es confundir igualdad con igualitarismo. Puede que en aquella época hubiera menos becas pero como te preparaban bien, exigían buenas notas para que te la dieran y te la renovaran, un estudiante de clase humilde podía medirse en pie de igualdad con alguien de familia adinerada. Ahora, como todo se iguala por lo bajo, a cualquier pelao le dan una beca y nos encontramos con legiones de analfabetos funcionales con título universitario. De modo que claro que sí, el nivel cultural del franquismo era mejor que el actual: y eso no hace mejor al franquismo, nos hace peores a nosotros.

    • Hoy en España existe un elevadísimo índice de analfabetismo, si entendemos éste como la falta total de cultura

  4. Los autores de las antologías son Castellet, Prieto y Martín Pardo, que no Barrio.

  5. ¿El Óscar WIlde español?

  6. P: José Luis Rodríguez Zapatero.

    R: Era un hombre con muy buenas intenciones, que quería mejorar el país, pero la crisis económica le destrozó.

    Este es el pánfilo relato que suscribe una mayoría de españoles. Así nos fue, así nos va, así nos irá.

    • Cuánto más daño hace un tonto con buenas intenciones que un malvado listo.

      • de Villena me cae bien, pero su tremendo resentimiento le lleva a justificar lo injustificable, como parece haer con la desgraciada obra de zapatero, ¡y no sólo en lo económico! En el “programa” de Fernando Delgado de la Ser toda la camarilla de izquierdistas de salón daba mucha grima, y el paso del tiempo no ha hecho otra cosa que caricaturizarlos más y más. Qué pena.

        Pero de verdad que me cae bien.

      • Cierto, pero aún es peor un tonto con pesimas intenciones.
        El virus se extiende.

  7. Muy buena entrevista a un gran fascinado por la literatura. Me recuerda a Vicente Molina Foix en ese aspecto: mientras persiguen escribir su gran obra literaria, ambos nos transmiten su impagable entusiasmo por la de otros.

  8. Escritor extraordinario, tanto en poesía como en relato y ensayo, Pero España, tan cateta, lo encasilló hace muchos años como “escritor frívolo porque es maricón”.

  9. Que fina es la linea que separa el intelectualismo, el saber enciclopédico que atesora este hombre, con la cursilada y la pedantería.

    Aún así se agradecen este tipo de entrevistas con alguien tan vivido y versado. Pero aún estamos esperando algo realmente bueno de su pluma, porque glosar a autores soporíferos, cuando no mediocres, que no interesan a nadie ya sabemos que lo hace muy bien.
    E incurrir, pecado patrio, en el “coleguismo” es decir este o aquel son muy buenos porque salen de farra conmigo, toman muchas copas y se meten muchos tiros o son muy gays.

    Y lo que no es de recibo, bajo ningún concepto, y en eso soy más irreductible que Girondo mismo, es ponerse un polo con chaqueta y abrocharse hasta el botón último. Y con fular.
    No me jodas Luis Antoño y luego pontificas sobre dandismo…

    De lo de Zapatero y lo de Almodóvar no diremos nada porque no puede ser más elocuente…

    • “E incurrir, pecado patrio, en el “coleguismo” es decir este o aquel son muy buenos porque salen de farra conmigo, toman muchas copas y se meten muchos tiros o son muy gays.”

      No hace falta decir nada más.

    • Lo suscribo al 100%, en especial lo del dandismo de papada abotoná.

  10. Difícilmente se iba a cruzar con Wert en el Pilar. Más que nada porque Villena fue a Nuestra Señora del Pilar y Wert a Santa María del Pilar. Error común.

  11. Ja, ja, ja…. analfábetismo con franco???? el gran educador????? de traka pura.

  12. Personaje que va de Capote y sólo sabe imitar rasgos de los grandes autores. Sus respuestas están llenas de elitismo puro, de lugares comunes. Se ha inventado que forma parte de un selecto grupo de “verdaderos” escritores frente a los que escriben best-sellers, cuando lo cierto es que no vende porque a nadie le interesa lo que dice. Intenta parecer snob, pero no deja de caer en cierto ridículo.
    Yo creo que es el Sánchez-Dragó de la izquierda. Siempre creyendo que está muy por encima del puesto en el que finalmente ha quedado relegado.
    Saludos cordiales.

    • eres agresivo más que sincero, cualidad máscara, como se ve.
      Luis Antonio de Villena es una referencia como crítico literario en cuanto a su gusto.
      una buena persona, y todo esas críticas sobre su aspecto, el lugar aque ha quedado relegado
      son bobadas más propias de la falta de corazón que de corazón

  13. Señor Villena: qué lamentables el semianalfabetismo en que nadamos los españoles, la inconsciencia ovejuna y dócil, la brutalidad. Quizá mañana otra generación nazca de este limo, capaz de crear gentes más libres,más justas, más conscientes, más sensibles. Por ahora el milagro se antoja lejano (pero nos queda su literatura).

  14. Creo que , aparte de su obra poética,LADV, es un escritor algo amanerado y superficial, aunque entretenido a veces , sobre todo para aquellos que somos declaradamente amantes de Wilde y tambien de la obra de éste;ahora bien, opiniones al margen, me resulta sorprendente como se pronuncia acerca de Alberto Cardín…desde luego, es más que evidente que ni lo trató ni lo leyó.
    LADV tiene algunos textos infumables como ” Ante el espejo” y otros nada conseguidos,a pesar de que “El sol de la decadencia” prometía mucho, pero en promesa incumplida se queda…Aún con todo, la entrevista se lee con agrado y cierto confort intelectual, sin duda , la pluma de LADV es ciertamente amena.

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