Manu Brabo: “Si la gente gritara en la calle lo que grita en facebook, sería la hostia”

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Manu Brabo (Zaragoza, 1981; asturiano de toda la vida y flamante Pulitzer por su trabajo fotográfico en Siria) llega a la entrevista con cara y andares de sueño. Le cuelgan dos llaves del cuello. Pertenecen a la amiga que le ha prestado el piso en Barcelona. Asegura que no tiene un simbolismo especial ni se trata de una manía esotérica, solo despiste crónico y temor a perderlas. “¿Qué hora es?”, pregunta antes de elegir bebida. Pasada la frontera del mediodía se decanta por un gin tonic. El salón del Hotel Casa Fuster es moderno: mucho diseño, sillones amplios y respaldos exagerados impregnados de colores. Es un escenario extraño para una persona que acaba de regresar de la guerra.

Acaban de darte uno de los premios de periodismo más prestigiosos del mundo anglosajón. ¿Qué significa para ti el Pulitzer?

Entiendo que es un reconocimiento al trabajo realizado durante unos meses en Siria. Me suena un poco a película: el Pulitzer y tal. Espero que sirva para afianzarme en este oficio, que no es fácil. Ya veremos qué significa con el paso del tiempo. Dan 17 cada año. Y el año que viene darán otros. Lo que más me interesa es que se ha valorado una parte de mi trabajo y el de otros cuatro compañeros; al parecer cumplía las expectativas de la fotografía de prensa en un conflicto. Pero en el fondo no deja de ser un grupo de personas evaluando el trabajo de otras personas.

¿Es un premio a los fotógrafos, a la agencia o a las fotos que habéis hecho?

Creo que es un premio al compromiso de un equipo, desde los fotógrafos que estamos ahí hasta la gente que dirige el cotarro; al compromiso de contar un conflicto y la manera en que se ha hecho: juntar los puntos de vista de cinco fotógrafos, cada uno con su estilo y su lenguaje. Es un trabajo prolongado en el tiempo, desde finales de febrero a diciembre de 2012. Casi un año. Entiendo que el premio es a esto: a un trabajo bien hecho. Veo las fotos de todos en conjunto y tengo la impresión de que puedes tener una idea bastante precisa de lo que está pasando allí. Es lo que me gustaría que hubiesen premiado.

¿Por qué eliges Siria?

Hay varias razones. Una, seguir mis inquietudes. Me perdí Túnez, en Egipto estuve ahí-ahí y cuando empezó Libia me lancé. Es un momento histórico que tengo la oportunidad de vivir; no quiero que me lo cuenten los libros. Dentro de unos años esto se estudiará igual que se estudian hoy las revoluciones obreras del siglo XIX en Europa o las guerras mundiales. Por otro lado, me maravilla y acojona cuando un pueblo se levanta y dice “¡basta!”. Me parece un privilegio estar allí viéndolo, viviéndolo y contándolo. Después está lo obvio: en Malí no vas a ganar dinero y como tengo que vivir, elijo el lugar. También, el momento. En noviembre de 2011, los periodistas cruzaban la frontera de Siria ilegalmente, agazapados en un coche. Parecía un juego de espías. Pensé que ese no era mi trabajo. Uno tiene que evaluar calidad y precio, qué riesgos vas a correr y qué material vas a conseguir. Si entro me voy a encontrar en una situación peligrosa; como no hay un frente claro estás todo el día a merced de tu paranoia. Pasas muchísimo tiempo metido en una casa con los milicianos. Como escritor seguro que le puedes sacar partido, pero no como fotógrafo… En julio se sublevaron en Damasco, empezó la batalla de Aleppo y se liberó la frontera del norte. Es cuando se crea una estructura y hay un territorio liberado. Si pasa algo siempre puedo correr para atrás hasta Turquía. Antes de meterte en cualquier sitio tienes que saber por dónde has de salir o si podrás salir.

Vivimos una profunda crisis en la profesión; hay miles de estudiantes de Periodismo asustados. Tú y otros fotoperiodistas de tu generación sois una prueba de que hay esperanza, puedes arriesgar tu dinero y conseguir buenos resultados.

O no, que también he estado muchos años palmando pasta. Pero como dice un amigo mío, si tienes miedo compra un perro. ¿Vas a dejar de hacer cosas? Por lo menos lo intentas. Mi vieja siempre me ha dicho que la constancia me llevaría a algún lado. De momento me está sirviendo para hacer el trabajo que me gusta. A los estudiantes les diría que le echen huevos. Todo se consigue con tozudez. Es una carrera de larga distancia, no un sprint. Terminé de estudiar fotografía con 20 años y ahora tengo 32. Llevo solo dos años trabajando a este nivel. Conozco a muchos compañeros con más talento que yo que se han quedado por el camino. Decidieron vivir tranquilos, buscaron un trabajo y ya está. La vida pone barreras y llega un momento en el que las pasas o no las pasas, pero si quieres pasar se puede. Los jóvenes que vienen tendrán que idear un nuevo modelo de negocio, que para mí, es uno de los factores fundamentales de la crisis. Este modelo de negocio en crisis es el que nos ha llevado a redactar crónicas con prisa, a pasar más tiempo editando o mirando fotos para hacer un corta-pega. Lo que tienen que hacer los periodistas es patear la calle.

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¿Te pagabas los viajes a Siria?

Normalmente me lo pago todo. Llevo casi dos años colaborando con Associated Press y a base de constancia, compromiso y trabajo he conseguido que dos de los últimos tres viajes fueran de encargo. Eso significa que no corres con los gastos y vas asegurado. También tiene algún punto malo: pierdes esa libertad absoluta; tienes que obedecer alguna orden, lo que no siempre se lleva bien. Pero en un momento dado es una gran suerte. Mi editor jefe en la oficina de AP en El Cairo, Manoocher Deghati, ha entendido que trabajo por instinto y que se me da bastante bien. No me acota demasiado.

El redactor jefe o el editor gráfico son importantes porque te guían. Un fotógrafo israelí me dijo en Haití que el editor es alguien esencial porque te ve a través de tus fotos; ve si te estás embotando y te puede ayudar a cambiar el registro.

Cuando viví en Nueva York, Santi Lyon [jefe de fotografía de AP] me dijo que debía fiarme de Deghati porque tenía, entre otras cosas, buena mano para los jardines y las plantas. Con los fotógrafos hace un poco lo mismo: los trata con mimo, los va guiando. Tengo el defecto de que soy como los mosquitos que van a la luz. En cuanto escucho cuatro tiros voy hacia adelante como un cabestro. En mi primer viaje a Siria, Deghati me hizo comprender que hay que echar un vistazo atrás. Que aunque el bang-bang es muy espectacular siempre es el mismo. Debo pensar en lo que estoy contando. Deghati te hace reflexionar. Muchas veces, en las que veo las cosas muy claras, él me indica cómo puedo hacerlo de otra manera. Me dice: “Quizá ahora no lo entiendas, pero ya lo entenderás”. Cuando me llamaron para anunciarme el premio, empecé a entender. Es un tío que tiene una gran experiencia, que me ha sabido llevar cuando me he cabreado, cuando me he subido a la parra… He confiado en él, obedeciéndole porque tiene los huevos pelados y yo aún estoy aprendiendo. Casi todo lo que ha ganado la agencia en los World Press Photo pertenece a Oriente Medio. Profesionalmente los resultados son visibles.

¿Crees que uno de los problemas en España es que no existen esos jefes con los huevos pelados, que han hecho el mismo trabajo y te puedan mejorar?

Ya no pelados: sin huevos para enfrentarse. En España no existe la figura del editor gráfico. Aquí hay jefes de fotografía que se encargan de mover a los fotógrafos y mirar las fotos de las agencias. No digo que la fotografía tenga que ser la esencia de la prensa escrita, pero no puede ser que se la considere una manchita de color, que se pueda mandar a cualquier redactor con una cámara compacta para que haga la foto del día. Cuando se ha querido abaratar los gastos, lo primero de lo que se ha tirado ha sido la fotografía. Es una cuestión de respeto y conocimiento del medio. He visto a gente que ha llegado a jefe de fotografía, que intenta pelearlo y que a los dos años han tirado la toalla porque siempre hay alguien arriba que le dice lo que tiene que hacer. Hasta que no se entienda la fotografía como un mundo propio con personas que tienen criterio y se les permita actuar confiando en ese criterio, estaremos fastidiados. Llegas con una historia de una cárcel y te preguntan qué tiene de diferente esa cárcel de otra. Bueno, pues que en esa me han dejado entrar. ¿Te interesa contar esta historia o no?

Samuel Aranda, Guillermo Cervera y tú, entre otros, trabajáis fuera de España. Parece que aquí no sois suficientemente respetados. Los fotógrafos tenéis una gran ventaja sobre el periodista que escribe: vuestro lenguaje es universal.

Exactamente. Puedo trabajar tanto para una revista rusa como para una inglesa. En ese sentido es más fácil; pero mi crítica de cómo se trata la fotografía en España no la hago como fotógrafo sino como consumidor de prensa. Si me tengo que ir fuera, lo hago, y mira qué suerte he tenido: he conocido a una persona a la que le ha gustado mi trabajo, me ha dado una oportunidad. Me da mucha rabia ver cómo el nivel de las publicaciones, y del periodismo en general, no solo de la fotografía, va cayendo, centrándose en lo superficial. Se favorecen los estereotipos en vez de apostar por trabajos en profundidad. El único reportaje potente publicado de la guerra de Libia fue de unos guerrilleros que posaban como si fueran modelos porque molaba la pinta Mad Max que tenían. Señores, seamos serios, ¿de qué estamos hablando?

Es como si todos, editores gráficos y redactores jefes, tuvieran una imagen única, un texto global en la cabeza. Todos demandan lo mismo. No hay riesgo, diferencia. Simon Norfolk, un fotógrafo inglés que viaja con una cámara de caja y fotografía para la revista del The New York Times, me dijo que él iba a los sitios para defender su punto de vista, no para repetir una foto de Afganistán con helicópteros, patrullas, arena, hombres con turbante y mujeres con burka.

Es que para eso mandamos drones. Mandas una máquina teledirigida, le das al botoncito y te olvidas de miradas personales. La prisa es horrible. Cuando agarro un periódico no pido las noticias de hoy, estoy pidiendo las de ayer pero con una carga de profundidad, que vayan a la línea de flotación, que me cuenten algo nuevo. El mercado de la prensa escrita ha decidido que lo más importante es llegar primero. Para llegar primero está la televisión, la radio e Internet. Yo tengo que teclear o imprimir, no puedo competir en velocidad. Entonces, ¿qué puedo ofrecer que no ofrecen los demás? Pues lo que he ofrecido siempre: periodismo, una mirada crítica, ácida, sincera. Tratar de competir en velocidad es una carrera perdida. Es como poner una tortuga a correr contra un galgo. Nuestras cualidades y habilidades son otras. Al final la gente pierde confianza en un producto que está hecho por profesionales que no actúan con profesionalidad.

¿Crees en la emoción cuando fotografías?

¡Joder! Si no, estoy perdido. Una de las cosas que busco al hacer una foto es emocionar sin caer en la lágrima fácil. Sobre todo cuando estás enfrentando esa fotografía a textos que, en muchos casos, tienen que ahorrarse la carga emotiva debido a la rapidez o porque existen una reglas para escribir en los periódicos. Quiero pensar que nosotros sí podemos añadir esa carga emotiva que te haga más poroso.

Utilizo mi emoción para entrar en contacto con la de los demás y poder escribir sobre la suya. Supongo que en la fotografía es un proceso parecido.

Normalmente vivo con las personas con las que trabajo. No me gusta ser paracaidista. Salvo en situaciones concretas donde la tensión es máxima y todo el mundo pasa de ti, debes estar abierto a sus necesidades, a sus palabras. Si no confían en mí no puedo hacer mi trabajo. No puedo ser un tío que pasa por allí con una cámara de fotos y se va. Llegar a determinados sitios, meterte en determinadas circunstancias y acceder a determinadas imágenes pasa por ser una persona normal con ellos, por hacer el ejercicio de escuchar e intentar entender la situación que están viviendo. Eso te acerca mucho.

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¿Cómo es tu regreso? ¿Las cosas que ves y las fotos que haces, la sensación de traición cuando te vas? ¿Cuál es tu método para tratar de mantener una cierta distancia?

No tengo método. Voy improvisando como puedo. No me gusta llegar de primeras a Gijón y que mi madre me vea descolocado. Si el avión pasa por Barcelona me quedo unos días con amigos. Lo mismo en Madrid. Inconscientemente busco personas que no me vean como un marciano. Estás con los colegas, todos de cháchara y tú te pasas un rato sin hablar… Si tienes amigos que además son compañeros de oficio, que saben por lo que estás pasando, se hace más fácil; es un aterrizaje más suave.

El sudafricano Kevin Carter recibió el premio Pulitzer por la célebre foto de la niña de Sudán desmayada sobre la tierra y con un buitre detrás. Además del premio recibió muchas criticas. Le preguntaron qué había hecho por la niña. Pero él había hecho lo esencial: la foto, poner a Sudán en el mapa.

La gente es muy hija de puta, así de claro. Si esa niña se está muriendo de hambre es porque muchas personas están mirando hacia otro lado. ¿Vamos a echarle toda la mierda al fotógrafo? Si me preguntaran qué he hecho por ese chico y ese padre que han muerto… He hecho la foto y esa foto cuenta algo sobre lo que sucede. Si quieres cambiar tu forma de pensar, si quieres ir delante de la embajada de Siria a tirar cuatro piedras y decir que esto se tiene que parar, si quieres apretar a tu Gobierno para que a su vez apriete a la ONU para que por fin alguien haga algo… Hazlo, pero a mí no me vengas con rollos.

Carter se suicidó porque su vida era un desastre entre el divorcio y los problemas con las drogas. Unos días más tarde, llegó a casa de sus padres una caja repleta de cartas de niños y niñas japoneses. Eran de un colegio que había estudiado la foto del buitre. En una de esas cartas, una niña escribía: “Señor Carter, si algún día tengo problemas y pienso que mi vida es desgraciada, me acordaré de su foto”. Esas cartas llegaron tarde. Quizás hubieran salvado a Kevin o aplazado lo inevitable. La gente hace juicios morales con mucha facilidad.

Ahora mucha gente me tuitea para decirme que si soy un esbirro de la OTAN, que me paga el Mossad… La crítica fácil me cabrea. Poco a poco aprendo a que me resbale. Si prefieres pensar en el personaje que está tomando la fotografía o en sus circunstancias en lugar de leer el mensaje que te está transmitiendo la foto, no puedo hacer nada. Es una de esas cosas de las que aprendes a pasar. El gran premio de ser fotógrafo es que una madre te escriba desde Nueva York porque ha visto una foto tuya y te diga que cuando llegue a su casa va a abrazar a su hija como si no hubiera un mañana. Creo que cuando alguien empieza a hacer este trabajo, este es el fin. Cuando llega un correo de este tipo, no ahora, que con el premio llegan muchos, sino cuando estás en el campo, con tus fantasmas, sientes que todo esto merece la pena.

Lyon asegura que si una sola foto suya consigue que alguien se detenga a pensar un minuto toda su carrera habría merecido la pena.

No podemos cambiar las cosas a gran escala, pero si llego a alguien y ese alguien cambia y mi compañero llega a otro que también cambia… Al final llegamos a mucha gente. Esas son las cosas que a uno le tienen que llenar. Los premios vienen y se van. La pasta viene y se va. Todo este jolgorio de faralaes que se montan los fotógrafos viene y se va… Pero lo que esa imagen ha conseguido sobre una persona se mantiene.

¿Tiene el fotógrafo que posicionarse ideológicamente? Es decir, saber qué está fotografiando, quiénes son los buenos y los malos.

Yo lo hago y me ayuda. He visto a mucha gente vacía hacer fotos muy buenas. Pero yo cogí la cámara más por ideología que por cualquier otra cosa. Para mí es una manera de conseguir que mi forma de ver las cosas llegue al mundo, pero sin caer en el tópico de rojo-bueno y facha-malo o facha-bueno y rojo-malo. Lo decía en Libia: “Me habéis encantado pero ahora la estáis cagando, y todas las cagadas que hagáis las voy a sacar. Vuestro ideal era bonito pero lo estáis jodiendo y tenéis que saberlo”. Me parece importante no caer en la doctrina. Los adoctrinados no tienen corazón y si no tienes corazón no puedes hacer este trabajo.

Al principio, los insurgentes sirios eran los buenos. Según avanza la guerra se van manchando. ¿Cómo reaccionan cuando ven que tu trabajo no solo consiste en contar lo buenos que son sino en contar también cuando son malos?

A veces reaccionan mal. Conozco el caso de un periodista y un fotógrafo, los dos españoles, que estuvieron tomando fotos en un campo de entrenamiento para menores. Tuvieron todo el acceso. Hicieron las fotos y el texto y no pasó nada. Pero Bashar el Assad cogió el texto de la agencia y lo publicó en uno de los medios del régimen, como prueba de que los rebeldes usaban niños. El periodista tuvo que empezar a trabajar con seudónimo y para otro supuesto periódico porque los insurgentes le querían dar candela. Al final se están volviendo igual de hijos de puta que los otros. Si llevas 42 años viviendo bajo ese sistema acabas haciendo lo que te han enseñado. Entra en la lógica de la guerra: todo el mundo se vuelve un poco más hijo de puta cada día. Muy poca gente se vuelve más maja.

Vemos a gente normal que se ha vuelto una hija de puta. ¿Tienes miedo de que te pueda pasar si vivieras unas circunstancias similares?

Ese pensamiento se te pasa por la cabeza 200 millones de veces al día. La única conclusión a la que llegas es que nadie está a salvo. Es difícil mantener unos principios cuando todo se reduce a la ley del más fuerte. En esas circunstancias es difícil no volverse primitivo. Cuando todo te lleva al primitivismo acabas con un garrote en la mano.

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Es la sensación de impunidad: puedes hacer lo que quieras, no hay castigo.

Adoro a los niños de Siria, pero como esto siga así, en cinco años van a ser los mayores hijos de puta que te puedas echar a la cara. Llevan dos años viendo morir a personas. El valor de la vida, excepto la suya, se vuelve insignificante. Supongo que habrá psicólogos y psiquiatras especializados en estas historias. Es algo que me llama la atención y me intriga. La única vacuna es evitar que suceda; y para que no suceda, no sé qué coño hay que hacer.

Fotografías en color porque trabajas para una agencia, ¿pero cómo ves las fotos? ¿En color o en blanco y negro?

Cuando trabajo para la agencia voy muy centrado en lo que la agencia necesita, pero trato de dejar una o dos horas al día para mí, para hacer mis fotos. Ahí me gusta pensar en blanco y negro; siempre me ha gustado trabajar en blanco y negro. Casi todos los trabajos personales que tengo antes de estar con la agencia, son en blanco y negro. A la hora de igualar un trabajo es mucho más útil porque si tienes cinco días soleados, cuatro lloviendo y tres nublados, si lo tienes en color es un cristo de la leche, mientras que si lo pasas a blanco y negro… Bueno, sé que son paranoias.

¿Cuál es el límite ético de una foto, de su publicación?

Para mí el límite lo marca la historia que estás contando. Entiendo que de vez en cuando viene bien una buena hostia al lector, de las que van al estómago y te hacen decir que eso es repulsivo y no se lo merece nadie. Pero para que el puñetazo venga bien, hay que trazar unos límites. Se puede contar una escena sin caer en lo brutal, desgarrador, asqueroso o gore. A veces cuando veo a un tío al que le han reventado la cabeza, mando la foto a la línea. ¡Toma! Sé que no va a pasar el filtro, sé que la chica que está mirando la línea va a decir: “¡Joder, cómo están las cosas por ahí!”. Quizá después le explique la foto que he mandado a los amigos con los que ha quedado para cenar.

¿Tiras muchas fotos?

No muchas. No soy amigo de la ráfaga. La cámara que tengo no me da para una ráfaga de la leche. Cuando vas con fotógrafos que llevan esos pedazos de cámara y escuchas las fotos que tiran, me digo: “Alguna tendrán que pillar”. Me considero bastante selectivo. Tardé bastante en cambiar a digital. Poco antes de la independencia de Kosovo, en 2007-2008, aún trabajaba en negativo. Para el terremoto de Haití me llevé una digital y la de negativo. Soy un tío que trabaja despacito, pero hay circunstancias en las que toca tirar y tirar.

¿Qué objetivos usas?

Siempre lentes fijas, no me gusta el zoom. Un 24 y un 50. Y se acabó.

¿Prefieres acercarte?

Sí, prefiero estar cerquita. Si estoy cerca, lo estoy viviendo; si lo estoy viviendo, es que lo estoy haciendo bien, o por lo menos lo mejor que puedo.

¿Por qué España es un país tan sumiso? Millones de parados, mentiras, y nada.

Tenemos el recuerdo del horror de hermanos matando a hermanos, lo que pasó entre 1936 y 1939. Los que están arriba, que me da la sensación de que son los mismos que estaban hace 70 años, o por lo menos sus hijos y sus nietos, han cogido ese cuento y dicen: “No te levantes, acuérdate de cómo nos matábamos”. Para empezar, hace tantos años yo no me levanté, y los que están a mi lado, tampoco. Los que os levantasteis fuisteis vosotros. Nos han metido miedo a lo que implica un levantamiento por tu dignidad, una revolución. Me da la sensación de que hay un grupo entre los veintilargos y los treintayalgo a los que las cosas nos han venido regaladas y ahora, que nos toca apretar, no sabemos por dónde empezar. Todo eso se une al derrotismo histórico que arrastramos desde el siglo XIX.

Dije en Zaragoza, el sitio en el que hay que decir estas cosas, que no fue solo culpa del franquismo, también del siglo XIX lamentable que padecimos. En la Guerra de Independencia escogimos el bando equivocado: el bueno eran los franceses.

O cuando parece que estás haciendo lo correcto y te montas las Cortes de Cádiz, te llega El deseado y te la mete por detrás. La primera Constitución, o carta otorgada, como lo quieras llamar, nos la dieron los franceses. Ellos venían con unas ideas que nos hubieran venido muy bien en ese momento.

Optamos por las cadenas y con las cadenas seguimos.

Sí, y parece que nos gusta. Luego somos personas que caemos de puta madre por el mundo, por simpaticones. Si la gente gritara en la calle lo que grita en Facebook, sería la hostia. Tenemos gran cantidad de activistas en Facebook. El mundo digital está supersalvado, ahí no tenemos ningún problema.

En Libia estuviste… No sé cómo decirlo, si secuestrado, detenido, retenido…

Yo tampoco lo sé.

… por los gadaffistas.

Son cosas que imagino que a lo largo de tu carrera habrás visto muchas veces. Ya sabíamos de qué pie cojeaban los rebeldes y nos confiamos o simplemente estábamos concentrados haciendo nuestro trabajo. Los gadaffistas lanzaron una ofensiva y nos quedamos cortados. Fue una agonía no saber qué iban a hacer conmigo al día siguiente. Ahora que ya he salido de ella, es una experiencia que no la cambio por nada. Tuve mucho tiempo de introspección en una situación jodida. Ayuda a conocerte y a establecer una lista de prioridades: qué quieres hacer con tu vida. Para mí es importante dar un paseo con mi padre por la playa de San Lorenzo, echarnos un cigarro y charlar.

¿Cuánto tiempo estuviste encerrado?

43 días.

También te ayudó, de alguna manera, a ponerte en el mapa.

Era algo que me preocupaba y lo hablé con los amigos cuando salí. Nadie te va a dar curro si tu trabajo no vale la pena. Que la gente vea tu trabajo porque te han secuestrado y han comprobado que no eres un pelamangos sino que traes un trabajo detrás, que merece la pena apostar por ti… seguro que ha ayudado a que más gente vea mi trabajo. Pero lo que me sitúa ahí es mi trabajo. En un momento dado te asustas porque conoces cómo funcionan las cosas en España y aquí gusta más un personaje que una piruleta a un niño. Pero te desentiendes un poco, sales fuera, te pones a currar y ahora ya no podrán decir que estoy en el mapa solo porque me secuestraron. 

Después de estar en las cloacas del régimen, ¿cómo viste el final de Gadaffi?

Es uno de los dictadores que más cojones le ha echado, porque aguantó hasta el final; él y sus cuatro gatos locos. No me parece un mal final que todos los dictadores acaben en un congelador. No puedo tener respeto por la vida de alguien que no tiene respeto por ninguna vida. El final lo vi un poco extraño. Sorprendió incluso a los rebeldes que lo capturaron. Me da la sensación de que cayó tan pronto que a los otros no les dio tiempo a organizar nada. Simplemente llevaban peleando ocho meses y no habían organizado nada. De repente, cayó el régimen. ¿Y ahora qué tenemos? El vacío. Ese es el problema que tienen ahora en Libia: que han pasado de una dictadura al vacío. Pero vamos, no me parece una muerte más importante que el resto de las muertes.

De tus trabajos anteriores me ha llamado la atención el de Buenos Aires, el de Ciudad oculta. Hay muchas ciudades ocultas que no vemos. Muchos de estos jóvenes a los que les gustaría irse por ahí a hacer fotografías quizá tienen la oportunidad de hacerlas muy cerca de su casa.

Y más ahora en España. Recuerdo cuando estuve haciendo aquel reportaje. Un gran periodista argentino, Daniel Casas, me decía: “Hace unos años en Argentina había bolsas de pobreza en un país más o menos normal; ahora hay bolsas de riqueza en un país pobre”. Me da la sensación de que vamos por ese camino. Al final la ciudad oculta van a ser los ricos y el resto vamos a estar bastante jodidos. Pero sí, no hace falta irse lejos. En Madrid das una patada y salen 20 historias que merecen la pena ser contadas. Otra cosa es que sean historias que la gente quiera escuchar. La Ciudad oculta no la vendí en ningún sitio. Por la historia de Bolivia me cayó un premio, creo que por pura casualidad. Lo haces porque te apetece contar esa historia, por compromiso con tu trabajo y, sobre todo, por el ser humano. Si lo quieres hacer lo haces, no te tienes que ir muy lejos.

¿En qué condiciones estás? ¿Sigues con Associated Press, eres freelance?

Soy freelance. Lo que pasa es que en AP he encontrado gente que me ha dado la confianza y en estas cosas soy como un perrico, bastante fiel. En algún momento me planteé apretarles a ver si me daban un contrato, pero luego me di cuenta de que si estás bajo contrato hay cosas que no puedes hacer. Ahora empiezo a sacarle el jugo a esto de trabajar de forma independiente.

Internet y los proyectos digitales que van surgiendo son oportunidades para que los periodistas coloquen su trabajo. ¿Existen las marcas personales sin depender de la marca de un medio?

Puedes tener ese tirón, pero todos los periodistas que conozco que tienen tirón como individuos han empezado teniendo tirón dentro de un medio. Necesitas a alguien que te enseñe. Si hubiera hecho mis fotos por mí mismo… sí, serían de la marca “Manu Brabo” pero ahora no estaría aquí hablando contigo. Las haces para Associated Press, tienen repercusión, se mueven, la gente las ve… Es una plataforma de lanzamiento. Luego puedes desarrollar tu carrera o tu parte personal porque te editas, tú te lo guisas y tú te lo comes, porque en el fondo lo que necesitas son dos horas y un blog. La gente debería ver Internet como un diamante en bruto que tenemos que pulir para conseguir que los medios de comunicación y esa herramienta terminen de encontrar la forma de converger. El papel, quieras que no, caerá poco a poco. A las generaciones que estamos más en contacto con Internet nos toca empezar a buscar la fórmula ideal.

Convencer a la gente de que un trabajo como el tuyo, u otros, hay que pagarlo.

Se paga, obviamente. Ese es un problema que hemos tenido en España. Si quieres ver la edición digital del The New York Times has de pagar. Pero aquí los señores empresarios del Pleistoceno han dicho: ¿Internet? Gratis. ¿Las fotos? Gratis. ¿Los textos? Cuatro duros, porque los damos gratis. Y ahora, ¿quién acostumbra al lector a poner 10 euros al mes?

La experiencia está en la televisión. David Simon, creador y guionista de The Wire, decía que la televisión nunca ha sido gratis. Por la televisión de gran calidad como pueda ser HBO la gente paga. La gente está dispuesta a pagar por calidad.

¿Qué quieres, El País o Metro? Sin poner a uno muy arriba ni al otro muy abajo. Si quieres un periódico gratuito, hecho a toda prisa para tener una idea superficial de qué pasa en el mundo, ahí está. Pero si quieres otra información, tienes que pagarla. Lo que no puede ser es que digas que si alguien quiere una información elaborada la tiene que pagar y luego no la elabores. Ahora vamos a tener que pagar para leer El Mundo, El País o el ABC. Entonces, paga a los trabajadores como se merecen. Lo que me preocupa es que al final acabaré pagando para tener la mierda de contenido que puedo tener ahora gratis. Con todos mis respetos, porque hay grandes profesionales, pero te das cuenta de que están escribiendo una noticia de Aleppo desde El Cairo. Pues para hacer eso, te lo escribo yo desde Gijón. Si voy a pagar, tienes a un tipo en Aleppo contando lo que pasa. Si no, no pago.

Frontera D publicó Manifiesto 21, un llamamiento a la esperanza y a otra forma de hacer periodismo. Es de la revista francesa XXI, que defiende los trabajos de gran calidad, fotografías amplias, bien editadas. De lo contrario nos estamos suicidando.

La gente que dirige los medios de comunicación o los empresarios que se han metido a manejar el cotarro se están ahogando en su propia mierda. No trabajamos con patatas fritas. Aquí no me puedes meter la patata que está un poco chafada porque luego la cortas y cruje igual. La gente que va a comprar un periódico es gente exigente. Si te compro algo relacionado con la fotografía voy a exigir que sea bueno. La primera vez puedo caer, pero en la segunda no me gasto un euro. Hay que hacer las cosas con mimo. Todo lleva tiempo, no podemos ir a la carrera para llegar los primeros a los sitios porque en el negocio en el que estamos lo importante no es llegar el primero sino contar bien lo que está pasando.

Pregunta tópica: ¿cuál es el viaje o reportaje que te gustaría hacer?

No lo sé; siempre soñé con estar metido en estos berenjenales. Pero me gustaría mucho Mongolia, es algo que llevo pensando mucho tiempo.

¿La revista o el país?

[Risas] El país; andar perdido por la inmensidad con gente trashumante que se preocupa más bien poco. Me parece interesante, algo que me es totalmente ajeno. Esa sensación de estar en una estepa en la que todo está frío. Ver adónde va esa gente y de dónde viene; ver cómo pueden mantener ese tipo de forma de vida en la que las cosas van despacio cuando nosotros vamos perdiendo el culo… Siempre me ha apetecido contar cosas que van más despacito, que te sacan de esa velocidad endiablada a la que nos movemos.

¿Tienes casa en España?

¡Yo qué cojones voy a tener! He debido de pasar seis meses en España desde 2011. Yo vivía en Madrid, me deprimí porque llevaba una vida de mierda, lo mandé todo a tomar por culo y me volví al pueblo. Y luego ya me fui a Libia y toda esa historia. Paso en Gijón tres meses al año, voy a casa de mi vieja, aunque tampoco son tres meses en Gijón, porque me voy moviendo de aquí para allá. A veces pienso que me gustaría tener mi espacio y ahora que me va un poco bien lo podría mantener, pero luego lo pienso mejor y digo: “¿Pero cómo le voy a pagar a alguien una casa 12 meses al año para disfrutarla tres?” Llevo dos años así porque esta profesión no te permite andar muy atado; por la pasta y porque no puedes estar anclado geográficamente. Ahora parece que se asienta un poco y consigo que esto tenga cierta constancia, y he recolectado lo suficiente como para no estar ahogado. Ahora me planteo vivir en El Cairo y trabajar Oriente Medio desde allí. Lo he hablado con AP y parece que la cosa puede funcionar. ¡Vamos a intentarlo!

Muchas gracias, muchas felicidades por el premio y que lo inviertas bien.

Ya veremos, porque a la gente se le va de las manos. El otro día decía que casi prefería haber ganado un World Press, que tiene menos repercusión.

Muchísima suerte, Manu.

Inshallah.

Manu Brabo para Jot Down 6

Fotografía: Alberto Gamazo

37 comentarios

  • A propósito de Brabo (¡bien por él!), una cosa a la que me he acostumbrado al leer estas entrevistas es a volver de nuevo de arriba a abajo para ver las fotos con detalle.

    Un día deberíais exponer las manos de todos los entrevistados en una galería

  • ‘Lo decía en Libia: “Me habéis encantado pero ahora la estáis cagando, y todas las cagadas que hagáis las voy a sacar. Vuestro ideal era bonito pero lo estáis jodiendo y tenéis que saberlo”.’

    Seguro que sí, Manu, seguro que sí… Y luego, esos señores tan comprensivos que llevan Kalashnikovs y RPGs te dieron las gracias por mostrarles lo equivocado de sus maneras y prometieron no volver a hacer esa clase de putadas nunca, nunca, pero nunca más… Joder, otro con el síndrome Pérez Reverte: “Yo he visto cosas, tío. Vosotros sois unos putos niños de papá, YO he visto arder la Biblioteca de Sarajevo y bla bla bla bla…”

  • La niña que fotografió Kevin Carter era un niño, es probable que estuviera haciendo sus necesidades y llevaba la pulsera de una estación de comida de una ONG. Murió en 2008, así que no se lo comió el buitre.

    La historieta que siempre se cuenta de la foto no es del todo real:
    http://www.elmundo.es/elmundo/2011/02/18/comunicacion/1298054483.html

    Por otro lado, reconfortantes respuestas las de Manu Brabo, sobre todo para lo que somos de su generación.

  • Las palabras de un fotógrafo son como las fotografías de un escritor: no suelen ser interesantes. Sin embargo me ha caído bien Manu Brabo. Eso sí, le sobra esa postura muy en moda de hoy en día de hablar como si estuvieses en una peli de polis norteamericana. En fin, supongo que es la cultura de una generación. Muy burda, pero es cultura supongo.

  • Fantástica entrevista. Grande Manu!

  • Muy buena entrevista pero, en la Guerra de Independencia, ni con las “caenas” ni con los “afrancesados”: con los liberales que redactaron la Constitución, con El Empecinado, con Espoz y Mina…

  • Esto es periodismo…lo digo tanto por el entrevistado como por el entrevistador. Sois espectaculares. Desde que os descubri vivo la vida mas intensamente… Gracias!

  • Lo que tendría este señor es que volver a Libia y ver que pais han dejado sus “revolucionarios”, hacer fotos y mostrarlas al mundo, para que se desmonte ya esta falsa mentira de lo que está pasando ene sos paises, donde lo que prima son los intereses de paises como Qatar o como USA. Eso sí, por eso no le iban a dar el Pulizer, eso no se lo dan a los que muestran realidades que no gustan.

    • Quizá no has leído esta parte: «Lo decía en Libia: “Me habéis encantado pero ahora la estáis cagando, y todas las cagadas que hagáis las voy a sacar. Vuestro ideal era bonito pero lo estáis jodiendo y tenéis que saberlo”».

  • QUE GUAY ERES

  • Muy buena, cojonuda entrevista. Sois un descubrimiento a diario.

  • Cuando la gente grita en la calle lo que grita en Facebook, los medios de comunicación invisibilizan a la gente. Los medios de comunicación solo se ponen cachondos cuando la gente muerde lo que grita en Facebook y lo que suelen hacer en esos casos, al menos en el momento actual, es criminalizar a la gente.

    Esto del topicazo del friki inoperante utilizando Facebook como válvula de escape y sin hacer nada más está empezando a apestar a mentira mil veces repetida.

  • felicidades al fotógrafo, por vivir haciendo lo que le da la gana, que lo haga bien y además, se lo reconozcan… la entrevista, fantástica… el sr Lobo en clave dórica, concisión y al grano
    …y a tenor de algunos comentarios colgados aquí encima, hay que reconocer que la cosa está fatal

  • Siria esta sufriendo un ataque brutal por parte de mercenarios pagados por las potencias occidentales para favorecer a sus intereses industriales.

    A Manu Bravo le han dado su premio no por el buen hacer fotográfico sino por ser politicamente correcto, por ser complice del poder establecido y por ilustrar las mentiras de los mass media occidentales.

    Manu disfruta de tus 5 minutos de gloria…pero huye de tus aduladores que hoy te rien las gracias y mañana te echan a patadas.

    • Los premios de ese calibre ya no son lo que eran. Ahí está el Nobel. Es como el chiste de El Roto:
      -Le vamos a imponer una pedazo de condecoración que se va a enterar.
      -Pero hombre, yo no…

    • No te hagas la picha un lío con rollos conspiranoides. Que luego nos ponemos pesaítos con que en Siria esto y lo otro, o Libia o Egipto o bla, bla, bla…..

  • Es una pena que construir no sea tan sencillo como destruir. Toda crítica debería empezar por uno mismo y por lo que puede o no puede aportar y está aportando. Gracias por la entrevista, Lobo. Tanto esta, como la de Casciari, han logrado engancharme. Me quedo con ganas de saber más sobre esa etapa “de mierda” en Madrid porque, problamente, son muchísimas las personas que se están sintiendo así en estos momentos…

  • “¿Qué objetivos usas?
    Siempre lentes fijas, no me gusta el zoom. Un 24 y un 50. Y se acabó.”
    El zoom, por versatilidad siempre pensé que era lo idoneo para estas situaciones.
    “Sí, prefiero estar cerquita. Si estoy cerca, lo estoy viviendo; si lo estoy viviendo, es que lo estoy haciendo bien, o por lo menos lo mejor que puedo.”
    No me j…s. Que si vas a la guerra con un 300 ya no vale porque ya no estas cerquita? la ves de lejos entonces?

    • Pues siento decirte que te equivocas. Muchos de los grandes fotógrafos prefieren lentes fijas. Esas en concreto (24 mm y 50 mm). Desde Robert Capa o Larry Burrows a James Nachtwey o el controvertido Sebastiao Salgado. Los zooms no suelen dar calidad de imagen y son menos fiables en condiciones difíciles. Respecto a la distancia, efectivamente no es lo mismo fotografiar desde la distancia que da un 300 mm que con un 50 mm. Para empezar, por la cuestión estética de que cambia radicalmente la sensación de profundidad y perspectiva (puedes probarlo con un zoom). Y podríamos continuar hablando de implicación, sensaciones, y de lo que el entrevistado contestaba unas líneas antes: si estás allí con ellos, y no en la barrera, accedes a cosas que jamás verás desde una posición “cómoda”
      No quiero atacar, pero has ido a pinchar en hueso. Un saludo!

  • A mí lo que único que no me ha gustado de la entrevista y del entrevistado es que se haya pedido un gin tonic.

  • El tipo se tira el rollo que da gusto, pero su trabajo mola, está muy cuidado. Señores dueños de los comentarios que hacéis referencia a las respuestas del cuentarollos este: parecéis sus primos, nada más que añadiendo coletillas y criticando sus críticas. Centrémonos en que el historitas de turno este sabe mucho más de lo que nosotros sabemos, así que a leer y callar, eso sí, pensar podéis pensar lo que queráis.

  • No.Cordialmente

  • Leyendo muchos de los comentarios que la peña deja por aquí, uno se da cuenta del país en el que vivimos. Aquí todo el mundo ha estado en un conflicto armado, todo el mundo conoce la historia de Oriente Próximo y todo el mundo es experto en algo. Todos capaces de hacer crítica sin tener ni la menor idea. Da igual que la entrevista sea a Manu Bravo, Rafael Ponch o la madre que nos parió a todos. Así nos va !! Enhorabuena a Manu por el premio, por su increíble trabajo. Enhorabuena a JotDown por la calidad de las entrevistas y por acercar personajes tan interesantes a los culturetas de turno, que de otra forma, no conocerían de ninguna forma.

    • jajajajaja, tienes toda la razón :). Enhorabuena a Alberto Gamazo, también me encantan las fotos.

    • Estoy totalmente de acuerdo. En este país criticamos hasta lo que bebe la gente, a que hora lo bebe, si lo bebe solo o en compañía, en una entrevista o en su casa, etc. Este bucle podría no terminar nunca, sin salir del tema de la bebida.

      El problema, como tu bien dices, es que todos llevamos un EXPERTO (con mayúsculas porque es un experto muy muy experto) en TODO. Con lo fácil que es admitir, no tengo ni idea de este tema. Perfecto, aquí tienes una oportunidad de aprender, seleccionas las palabras calve con el ratón, pulsas el botón derecho y clicas con el izquierdo sobre la frase “Buscar “blablabla” con Google” y oh!! magia del averno, Google te contesta.

  • Lo peor de Manu Brabo es que ha contestado lo que le a parecido bien en lugar de responder exactamente lo que quiere cada uno de los suspicaces lectores de esta buena entrevista.

  • gin tonic a las 12, como está el patio, que venga Ansar y lo vea, Yo bebo lo que me da la gana

  • Mi madre se ofendería si me refiero a ella en una entrevista como “mi vieja”.

  • Estupenda entrevista, pero con lo de que “elegimos el bando equivocado en la guerra de la Independencia” creo que se columpia en lo que a historia se refiere. Los franceses traían una pseudodictadura con buenas palabras, que es lo que vivían en Francia. Además, en las zonas completamente ocupadas, la opresión ejercida por las tropas francesas mató de hambre al pueblo que estaba a disposición del ejército Francés al cual sólo le interesábamos como medio para llegar a Portugal y patear el culo a los ingleses. Quizás el espíritu de la guerra de la Independencia debería calar más hondo dentro de los españoles y debería ser una referencia, el pueblo se alzó unido y ese debería ser el ejemplo a extraer. Sí, lo sucedido a posteriori fue terrible, con Fernandito viviendo la vida padre, pero aquello fue culpa de la burguesía, no del pueblo. Elegimos el bando acertado en la guerra, el de luchar por nuestras vidas, por nuestras tierras y por qué no decirlo también, por nuestras mujeres. En la tierra que yo me crié, Ciudad Rodrigo, el pueblo aguantó tres asedios por parte de ambos bandos, todavía hay cicatrices en la Catedral y existe un sentimiento popular en el que se veneran a Wellington,a los Portugueses y la guerrilla de Don Julián Sánchez el Charro. Lástima que aquel sentimiento de unidad se difuminase, pero créame, habría elegido el mismo bando que mis ancestros sin dudarlo, más que a nada porque a Napoleón se la traíamos al pairo y la herencia de la Revolución la guardaba en un cajón enterrado muy hondo en la tierra.

  • que buena entrevista!me ha parecido tener delante a Manu y estar hablando con el realmente.gracias

  • Solo un apunte.
    No le habéis preguntado por sus gustos musicales.
    Me consta que es muuuuy fino.

  • El reportaje es muy interesante,pero en Libia y Siria se violo la soberanía,el derecho internacional.
    La injerencia de otros países que van ha defender solo sus intereses y no la de los pueblos,como pasa continuamente no mejora la situación de los ciudadanos, siempre empeora.
    Las revueltas en Tunes y Egipto son completamente diferentes.

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