Jot Down Cultural Magazine – Thibaut Pinot tiene miedo

Thibaut Pinot tiene miedo

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Thibaut Pinot

«Le Petit Prince», titulaba la revista Velo en Navidades. Thibaut Pinot se había ganado la portada con creces. Su décimo puesto en el Tour’12 —más una victoria de etapa y bastante presencia en carrera— le habían echado encima a toda la prensa nacional, tan sedienta. No eran unos logros asombrosos, pero en Francia mendigan un campeón ciclista desde hace demasiados años. Claro que estaba también su edad, 22 años, una credencial meritoria en un deporte que suele alumbrar figuras a los 25 y hacerlas madurar a los 28. Ningún corredor tan joven había sido Top 10 desde Raymond Impanis en 1947. En esa portada invernal Pinot aparecía tranquilo, con un gesto sencillo que mezclaba la satisfacción y la expectativa. Miraba limpiamente al lector y juraría que por entonces no tenía miedo. Al menos, no demasiado.

Bajar un puerto en ciclismo es un sinfonismo fluido. Hay que enhebrar la aguja con cierta furia y sentido del ritmo. Bajar mal en ciclismo es un defecto de aficionados que algunos profesionales heredan con pudor. Es un poco embarazoso. Pocas cosas delatan más a un corredor crudo que quedarse descendiendo una cota. Para lanzarse hacia abajo hace falta valor, pero sobre todo pulso y confianza. El peso también ayuda. Miguel Indurain bajaba como los ángeles porque era grande y trazaba con pasmo gravitatorio. El ciclismo colombiano de los 80, tan ligero, subía a cuchillo pero sufría cuesta abajo. Aunque Pantani, escalador de apenas 60 kilos, era muy bueno curveando. Estaba también Zulle, por ejemplo, cuya torpeza era en parte cuestión de dioptrías, pues no usaba lentillas y sus gafas se empañaban con frecuencia. Por no hablar de ejemplos más recientes en lo bueno, como Savoldelli o Nibali, y en lo malo, como Frank Schleck o Menchov. Hay ciclistas buenos y ciclistas muy buenos. Hay, además, campeones que bajan mal aunque sean campeones.

Thibaut Pinot venía al Tour’13 con intención de disputar la clasificación general. Al principio sintió la presión. Voeckler, Rolland o él mismo eran las balas de la hinchada gala. Luego vinieron los sudores del miedo. Aguantó con los mejores escalando Pailhères el primer día de montaña pero se quedó bajándolo. Trazaba encogido como un pajarillo. Perdió bastante tiempo. Entró en la meta de Ax 3 Domaines cediendo más de seis minutos y sin hacer declaraciones. Como todo lo malo es susceptible de empeorar, las cosas se torcieron más al día siguiente. Pinot alcanzó la llegada en Bagneres de Bigorre con más de 25 minutos de retraso, lo cual es una pérdida sin ningún tipo de sentido para un corredor como él. O lo tenía todo, pues esa jornada descendieron hasta cinco puertos. El día anterior, solo uno. Las cuentas salen multiplicando. No fue ninguna pájara. Fue un cortocircuito mental inconsolable, en directa continuación con la jornada precedente.

Vosotros [periodistas] os pasasteis todo el año poniéndome por las nubes, todo el año desde que terminó el Tour 2012. Y ahora, después de dos días, me estáis masacrando. ¿Qué queréis que haga? ¿Qué queréis que diga? He estado todo el año preparándome para disputar la clasificación general, pero no ha salido bien. Sinceramente, ahora mismo lo que me apetece es coger mis cosas e irme a casa. Pero esto es el Tour y no puedes hacer eso.

Pinot decía esto a L’Equipe tras la etapa del domingo 7 de julio, pero no se quedaba ahí: «Cuando vi que no era capaz de seguir la rueda de un corredor como Mark Cavendish en un descenso, me pregunté: ¿Qué estoy haciendo en el Tour? Pensé que aquí no pintaba nada (…) Algunas personas tienen miedo a las arañas o a las serpientes. Yo se lo tengo a la velocidad. Es una fobia».

Es una historia irónica. La gran victoria en la carrera de Thibaut Pinot, la octava etapa del Tour de 2012 en Porrentruy, fue fraguada al descenso. Ese día estaba escapado y subió con brío el Col de la Croix hasta neutralizar la ventaja del hombre de cabeza de carrera, el sueco de Astana Kessiakoff. Escalando le comió el minuto que les separaba, lo soltó de rueda y cuando coronó le sacaba unos diez segundos. Si Pinot quería ganar, tendría que administrar esa escasísima ventaja… bajando. Kessiakoff era más habilidoso, y de hecho llegó a tenerle a tiro de piedra, apenas cinco segundos a golpe de vista, pero el escandinavo cometió un error en una curva cuando iba lanzado. Eso le sacó de ritmo. Y por su parte Pinot realizó un descenso intachable, seis kilómetros curveando más que correctos que mantuvieron su renta. Llegados al llano, la victoria se inclinó del lado del francés porque estaba más fuerte e hizo diferencias. Sería impulsado además por los gritos histéricos de su director de equipo, Marc Madiot. Esta es la segunda ironía de la historia. Madiot se desgañitaba desde el coche del FDJ sin caber de alegría cuando su pupilo llegó a la meta. Precisamente él, que bajaba bastante mal en sus tiempos de ciclista.

Un año después Thibaut Pinot tiene miedo. No duda en reconocerlo, seguramente vencido por la derrota. Esto es noticia porque en el deporte de élite no se admite abiertamente la existencia del pánico, como un pacto de silencio ante el rey desnudo. ¿Qué sentirá el delantero ante un penalti? ¿Y el tenista ante una bola de partido, en contra o a favor, ahí solo en la hierba? No tiene ciencia: miedo. Pinot se desnuda por completo tras perder 25 minutos y admite incluso una fobia, desangrándose en titulares ante el periodista. Al parecer, es un trauma antiguo, fraguado por un caída joven y exagerada por algún error y una atención mediática entusiasta y asfixiante, al menos para un corredor de 23 años. «Reventé en el descenso, algo en mi cabeza se rompió. Todos los comentarios sobre mí que se han ido acumulando han tenido parte de culpa, pero creo que me he quebrado mentalmente».

Lindo y espumoso, con el subir ágil de Virenque pero sin su aspecto chapero, Thibaut Pinot parece devorado por sí mismo y por los elementos. Consumido por su miedo, por su déficit bajador y por la ansiosa prensa francesa, el atracón de expectativas le ha dejado lampando, pero los Alpes aparecen en el horizonte y el Tour no ha terminado. Como Bradley Wiggins, Pinot no baja tan mal y es cuestión de afinar la mente, encontrar la melodía correcta. Como Gianni Bugno, que entrenaba los descensos con música clásica, bien podría Le Petit Prince apagar la angustia de la velocidad con el Moldava de Smetana y su caudal orgulloso. Quizá superar o no la fobia no sea lo más interesante de todo. Quizá el episodio de Pinot atrae al espectador porque demuestra que las figuras del pelotón también sienten miedo. Como todo el mundo.

13 comentarios

  1. Muy bueno como siempre. Solamente un pequeño apunte; Jan Ullrich quedó segundo en el TOUR del 96 con 22 añitos y porque desde el equipo le pararon para que no se comiese a Riis, así que no es correcto eso de que desde Impanis nadie tan joven quedaba en el TOP10. Esperemos que el trauma de Pinot pase pronto y no se quede en un chispeo de un Tour, pués el chaval tiene buena pinta y promete.

    • Cierto, se sacan sólo un mes de diferencia. Ullrich ya sabemos como iba ese Tour, hasta arriba de todo, como todo el Telekom. Pinot, que hizo Tour el año pasado de rebote y a última hora, tampoco sería raro que también. Hecho de menos que se comente esto en el texto, saludos.

  2. Quizás como Wiggins este año se tenga que andar con más ojo con la pócima mágica y el pretexto de las bajadas sea idoneo para hacer mutis por el foro.

    • SI no sabes no hables de pocimas y chorradas,Pinot lleva un año y una aproximacion al tour buenisima y mas para tener 23 añitos,para la gente como tu un ciclista es malo pork no va dopado y bueno pork va hasta las cejas y a decir verdad no teneis ni puta idea,le teneis tirria a este deporte y solo entrais en cualquiera noticia para decir las mismas chorradas,la verdad es q cansais

      • Pero que me comentas trolazo. Me encanta este deporte, y es por eso por lo que me intereso de todo lo que sucede alrededor de el.

        Si tú quieres pensar que los registros que estamos viendo estos últimos años son “humanos”, como la subida del otro día de Froome al Mont Ventoux (2 segundos menos que lo que tardó Armstrong, que srguro que piensas que no se dopó ¿No), hacer etapas de media montaña a 44 km/h, y chuletones de Irún varios es tu problema.

        Infórmate y deja de hacer sentencias sobre lo que sabemos los demás porque quedas como un pardo.

        • ya se ve lo q te gusta,entrar a una noticia a decir q este iva dopado igual q Wiggo,te repito pork se de lo q hablo mira la temporada de Pinot y veras q donde la ha cagado a sido en el tour por X o por B,ami mientras no se me demuestre lo contrario esta gente va limpia,si te crees q van dopados xk ves ciclismo entonces¿?yo creo en ellos hasta q se demuestre lo contrario…..x cierto tanto dices q sabes amigo,mira el perfil de la etapa del Ventoux i veras xk es posible hacerla a 44km/h….y si qitas a Froome los demas hicieron una subida bastante humana amigo,asi q no hables x hablar q igual solo ai uno q sabiendo quien ai metido en ese equipo da el cantazo

    • ¿Acaso Virenque ganó algún Tour?
      ¿Y todos los Tours de Virenque fueron rematadamente iguales?

      No. Virenque no ganó ningún Tour y cada año su estado de forma era diferente, por que aunque se dopaba, y mucho, y con un ejército de profesionales detrás, también había que pedalear y entrenar. Mucho. Y a veces te caes. Y te haces daño. Y eso cambia tu preparación. Y a veces la montaña empieza muy pronto. O muy tarde. Y algunas veces pillas la forma 15 días después de terminar la carrera. Aunque te dopes. Y mucho.

      Pinot ha sido fagocitado por sus miedos a los descensos. No por que el año pasado se dopaba y este año no. Yo no se si se dopaba. Pero si lo hacía seguirá haciéndolo hasta que le pillen. No dejas de hacerlo por las buenas.

      La responsabilidad de ser el candidato patrio se ha juntado con un problema en los descensos. Y su cabeza hizo clic, se desenchufó un cable y no fue capaz de arreglarlo.

      Y al final este Tour le ha salido mal. Vendrán otros.

  3. Un ligero apunte, aunque muchos siguen repitiéndolo, tengo entendido que Alex Zülle era hipermétrope y no miope.

  4. Gracias por los apuntes de Impanis y Ullrich y lo de Zulle y la hipermetropía.

  5. Algunos habláis del dopaje como si pincharte nandrolona te pusiera el Tour en bandeja, y no es así. Un ciclista que llegue a una competición en el estado de forma que ha llegado, por poner un ejemplo, Contador, no hubiera ganado el Tour por mucho que se metiera. Y el dejar de doparse no te hace perder 25 minutos en una etapa, por Dios… Estamos de acuerdo en que es un asco, además de ser ilegal e inmoral, pero las cosas como son: el dopaje no crea superhombres, solo aporta unas décimas al rendimiento final, que a este nivel, está claro que marca la diferencia.

  6. Me sorprende para bien el enfoque del artículo, reflexionando sobre el aspecto mental que tienen todos los deportes y fijándose concretamente en el “miedo”.

    Lo que no me gusta es que a raíz de un artículo tan bueno, se hable de lo de siempre: si el dóping, si los chuletones, etc etc… Jueces y verdugos, y lo peor de todo es que en muchos casos sin pruebas.

  7. Pingback: Se acabó lo que se daba | manchas en el folio

  8. Pingback: Lecturas de domingo (3) | Ciencias y cosas

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