La historia de Led Zeppelin en 40 canciones - Jot Down Cultural Magazine

La historia de Led Zeppelin en 40 canciones

Publicado por

Led Zeppelin & Jones, John Paul & Bonham, John & Page, Jimmy & P

Tras Pink Floyd, Queen o The Who, esta vez repasaremos la discografía de otra de las más grandes bandas de rock: Led Zeppelin. Según las certificaciones oficiales, son los quintos en la lista de artistas más vendedores de todos los tiempos, únicamente por detrás de Beatles, Elvis, Michael Jackson y Madonna. De hecho fueron la franquicia musical más exitosa de los años 70. Pero sobre todo se convirtieron en una influencia fundamental para incontables bandas posteriores, aunque no siempre su recuerdo gozó del prestigio del que goza hoy.

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Led Zeppelin (1969)

Led Zeppelin

Tras su etapa como músico de sesión y guitarrista en The Yardbirds, el guitarrista Jimmy Page forma una banda con la intención de interpretar un rock duro basado en las estructuras del blues. Fue bautizada como «zepelín de plomo», nombre nacido de una ocurrencia de Keith Moon, batería de The Who (quien por cierto era el ídolo de John Bonham, batería de los propios Zeppelin). En realidad, puede decirse que Page copió el concepto de grupo de su antiguo amigo Jeff Beck, quien ya había puesto a funcionar un proyecto similar. Hasta una de las versiones incluidas en este primer disco de Zeppelin, You shook me, es una canción que también Jeff Beck Group solían tocar en directo por entonces. Además de esto, es sabido que Page robó o tomó prestados numerosos riffs a lo largo de aquellos años, aunque esto no puede nunca desmerecer la calidad intrínseca de la banda ni de los arreglos con los que Page vestía esos riffs ajenos. Pero bueno, polémicas aparte, el disco es buenísimo: un blues-rock bastante heavy para la época, adornado con pasajes psicodélicos aquí y allá, especialmente reforzado por la batería de John Bonham, cuya labor rítmica será siempre importantísima en la banda, pero que en aquellos primeros tiempos —sobre todo en directo— destacaba por encima de sus compañeros. Por lo demás, también es muy importante el trabajo del propio Jimmy Page como productor: podrá haber sido un gran guitarrista, que lo fue, pero creo que entre lo más valioso de su aportación a la banda están los arreglos, ambientes y sonidos que creaba en el estudio. También estaban los arreglos aportados por el bajista y teclista John Paul Jones, no siempre reconocidos en los créditos. Otro rasgo característico era la aguda voz de Robert Plant, quien algo más adelante adoptaría una estética similar a la que Roger Daltrey había mostrado en Woodstock, ayudando a crear una iconografía característica. El álbum obtuvo un respetable éxito y los dio a conocer en numerosos países, preparando el terreno para la explosión comercial del segundo disco.

Good times, bad times: El primer tema del primer disco. Lo que el oyente se encontraba al poner la aguja sobre el vinilo era un grupo que basaba su rock guitarrero en los riffs propios del blues, aunque de manera menos libertina y anárquica que por ejemplo un Jimi Hendrix. La batería era menos jazzy y más orientada a la potencia (aunque justamente en este tema Bonham juega bastante con los redobles), los riffs de guitarra y bajo estaban más encorsetados para conseguir una sensación de solidez… esta era la penúltima relectura del rhythm & blues potente que los británicos llevaban un tiempo cultivando, desde la aparición de Cream y bandas similares. El mismo estilo que Jeff Beck Group habían destilado y que Led Zeppelin terminarían haciendo suyo, influyendo de paso a grupos como Queen, Aerosmith y un largo etcétera:

Baby I’m gonna leave you: La faceta acústica tendría siempre una cuota en los primeros álbumes de la banda. En esta ocasión toman una canción que había popularizado Joan Baez y aprovechan para mostrar su faceta más melódica… eso sí, salpicada por repentinas explosiones que levuelan los sesos al oyente a base de altibajos épicos, una de las grandes especialidades del grupo:

Your time is gonna come: Un pacífico tema de reminiscencias hippies —aunque la letra habla con rencor de una mujer a la que «le llegará su hora»— que abre con una improvisación de órgano interpretada por John Paul Jones, el miembro con una formación musical más completa en Led Zeppelin. Es una canción tranquila, de estructura sencilla y con una muy bella melodía:

Communication breakdown: Uno de los pocos temas veloces que Led Zeppelin grabaron por aquella época, basado en un riff de guitarra cortante como un hachazo y acompañado por los berridos de Robert Plant. La velocidad casi nunca sería la marca de fábrica de esta banda, más acostumbrada a apoyarse en el groove cadencioso característico de Bonham, pero aquí se dejan llevar por un rock más desenfadado en el que podemos reconocer varios de los elementos del futuro heavy metal:

Dazed and confused: La ración de psicodelia del álbum, un tema largo, atmosférico y oscuro dividido en varias partes, incluidos los típicos arrebatos tormentosos que aparecían repentinamente en mitad de la calma. Se convertiría en una pieza indispensable en sus directos, donde dejaba espacio para que experimentasen con aquellos sonidos extraños que tanto le gustaban a Jimmy Page (como el theremin o la guitarra eléctrica tocada con un arco de violín). Aunque, como de costumbre, es la batería de Bonham el auténtico corazón de todo lo que suena.

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Led Zeppelin II (1969)

Led Zeppelin II

El álbum que los hizo grandes. Grabado en diferentes estudios durante la gira de presentación del primer disco y publicado a finales de aquel mismo año, fue impulsado hacia la parte alta de las listas de éxitos por la enorme repercusión del single Whole lotta love, que hizo empuñar una guitarra a miles de chavales para intentar reproducir el riff principal. Aunque el primer disco ya había estado muy elaborado, aquí daba la sensación de que el grupo seguía refinando su estilo, puliendo aquellos riffs que se estaban convirtiendo en su marca de fábrica. Con este disco consiguieron el número uno en muchos países, incluidos los Estados Unidos: a partir de aquí se convertirían en la banda más exitosa de los años 70, ya que cada uno de sus posteriores discos iba a ser número uno en el Reino Unido y —exceptuando solamente uno— también serían número uno en América. Aquello no solo les serviría para iniciar un tren de vida propio de príncipes medievales, sino también para que su mánager Peter Grant empezase a reclamar unas condiciones económicas inéditas a la hora de salir de gira: los promotores interesados en contratar al grupo debían someterse a unas condiciones que ni los Beatles se habían atrevido a pedir. De hecho habría que estudiar la influencia que Grant tuvo en la evolución del negocio del espectáculo en vivo, potenciando la sensación de que los Zeppelin se estaban transformando en unos gigantes. Pero bueno, volviendo a lo estrictamente musical, este disco seguía completamente la senda del primer álbum. Eso sí, se nota que el grupo está de gira y todo suena más compenetrado. Lo cierto es que el disco roza la perfección en su género y no hay ningún tema de relleno. No tiene desperdicio, no sobra nada. El hard blues va perdiendo —muy lentamente— su peso específico, mientras se refuerza la vertiente más hard rock.

Whole lotta love: Mucha gente asocia a Led Zeppelin con Stairway to heaven, pero fue Whole lotta love la primera canción que los hizo realmente grandes y sobre todo la que mejor resume la esencia de la banda. Un riff de guitarra —prestado— donde el grupo apoya su cadencia casi sexual, con la batería de Bonham siempre tirando ligeramente hacia atrás pero también aportando contundencia. Y un solo de guitarra sencillo pero memorable, probablemente uno de los más distintivos de Page. En su día, muchas emisoras de radio tuvieron la ocurrencia de recortar el tema para eliminar la parte central donde el grupo se abandonaba a una improvisación psicodélica. Aquello enfurecía al grupo, que no había planeado la canción como un single de tres minutos. Hoy, naturalmente, ya no concebimos Whole lotta love sin los gemidos orgásmicos y los extraños sonidos del interludio. Con permiso de la mencionada Stairway to heaven, cabría decir que a la hora de hablar de Led Zeppelin, esta es la canción:

Ramble on: Para mi gusto, la gran joya del álbum junto a Whole lotta love, una maravilla de canción donde se combinan a la perfección las dos facetas del grupo —acústica y eléctrica— y que presenta una melodía inolvidable, un estribillo aún más inolvidable y todo un festival de arreglos a cargo de un Jimmy Page en estado de gracia como guitarrista, como compositor y como productor. La letra de Robert Plant, por cierto, gira en torno a las aventuras de Frodo, el protagonista de El señor de los anillos.

Thank you: Un tema relajado en la onda de aquella Your time is gonna come del primer disco, que demuestra que a los Zeppelin también se les daba maravillosamente bien este tipo de melodías más relajadas y llenas de matices. Pese a ser una banda británica, su sonido era muy americano y no hubiera resultado sorprendente si esto lo hubiese grabado algún grupo californiano de la época.

Living loving maid: Otro ejemplo del sonido característico del grupo, con un riff tenso y enérgico, y con esa sección rítmica que nunca pierde el pulso. Destacar el sucinto pero delicioso solo de guitarra de Page, quien muy a menudo seguía una regla sagrada que le funcionaba a la perfección: menos es más.

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Led Zeppelin III (1970)

Led Zeppelin III

Después de una increíblemente exitosa gira por Estados Unidos y habiendo vendido cantidades ingentes de su segundo álbum, la banda disponía ahora de dinero para comprarse o alquilar mansiones a su antojo. Así que, a la hora de componer y grabar su tercer trabajo, el grupo se retira a Bron-Yr-Aur, una dieciochesca casa de campo en el arbolado corazón de Gales. Allí, inspirados por la tranquilidad de los bosques circundantes, graban su disco más reposado hasta la fecha (sobre todo en la segunda cara, porque la primera sigue los patrones más o menos habituales). El predominio de la faceta acústica en aquella cara B sorprendió e incluso molestó a algunos fans, y especialmente a los críticos, que en muchos casos no supieron encajar bien el cambio. Pero eso no impidió que Led Zeppelin III se convirtiese en un nuevo gran éxito de ventas. En mi opinión es un fantástico disco donde el grupo añade nuevos clásicos a su repertorio, aunque me consta que hay quien lo suele considerar un escalón por debajo de su antecesor y predecesor. A mí, en cambio, la mitad acústica me parece casi tan buena como la eléctrica. Pero bueno, matices aparte, la banda sigue estando en una fantástica forma y este disco es también absolutamente imprescindible.

Immigrant song: El disco se abre con guitarrazos marca de la casa. Se trata de un contundente obstinato con temática vikinga que en su momento cierta parte de la crítica se empeñó en comparar desfavorablemente con Whole lotta love (¡como si hubiera necesidad de comparar!). Lo cierto es que sirve como potente obertura al disco y pone de manifiesto el inimitable timbre de voz de Robert Plant. No en vano este tema, con el que en una ocasión Queen juguetearon relajadamente durante un concierto, es una de las poquísimas cosas en las que he escuchado a Freddie Mercury teniendo problemas para cantar:

Celebration day: Un alegre tema que mucha gente suele pasar por alto, o que al menos no es una de las canciones más celebres de su repertorio, pese a que tiene un contagioso estribillo, un interesante entrelazado de guitarras y uno de esos solos simples de Jimmy Page en donde se vale de unas pocas notas para crear un punto álgido. Esos solos sencillos y melódicos son, a mi parecer, casi siempre más efectivos que sus solos más rápidos y rockeros (aunque veremos que en este mismo disco hay una excepción a esa regla). Lo dicho, una pequeña y agradable gema de su repertorio:

Since I’ve loving you: Otro de los grandes momentos del disco, en especial para lucimiento de la guitarra de Page, quien hace aquí una de sus más brillantes e inspiradas demostraciones como instrumentista. Un blues en acordes menores modulado mediante varias subidas y bajadas en intensidad, con el órgano de Jones aportando matices envolventes, la batería de Bonham tirando para atrás —para variar— y la voz de Plant sonando particularmente afilada y efectiva. El grupo cultiva un dramatismo épico que es otra de las herramientas de su cada vez más amplio arsenal de sonoridades.

Gallows Pole: Decíamos que la cara B de este álbum, más acústica, no fue especialmente apreciada por parte de los fans del grupo, y ni siquiera hoy es especialmente recordada. Posiblemente la excepción sea este tema folk que los exmiembros de la banda han recuperado en diversas ocasiones posteriores, y que para mí es la auténtica cumbre de la parte acústica del disco:

Bron-y-Aur Stomp: Otro tema acústico que bien sirve para revindicar la faceta más folk del grupo. Aunque en el futuro el grupo casi no volvió a explorar estos derroteros, a mí no me hubiese disgustado que los Zeppelin de esta misma época hubiesen grabado un álbum totalmente acústico, porque es un terreno donde se mueven como peces en el agua:

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Led Zeppelin IV (1971)

Led Zeppelin IV

Zeppelin ya eran una banda tremendamente popular cuando editaron este disco, probablemente en grupo de rock más de moda. Pero con Led Zeppelin IV llegó la consagración absoluta entre todo tipo de público. Baste decir que ha llegado a vender más que cualquier álbum de los Beatles. Varios de los temas más famosos del grupo están aquí, aunque buena culpa de la descomunal magnitud comercial de este trabajo la tiene sobre todo el mítico single Stairway to heaven. El LP se publicó con una portada que no tenía título (lo de Led Zeppelin IV es una mera convención, ya que no existe un título oficial) y que simplemente mostraba un cuadro representando a un hombre con un hato de leña a las espaldas. También dentro de la carpeta podía verse una figura del tarot y varios símbolos rúnicos que representaban a los cuatro miembros del grupo (por eso a veces se conoce este disco como «Zoso», a causa de la similitud de estas letras con el símbolo elegido por Page). De repente, Led Zeppelin se revestían con aires de simbolismo y misterio que dispararon toda clase de habladurías —a veces ciertas— sobre los contactos del grupo con la magia negra: Jimmy Page, especialmente, estaba interesado por asuntos de ocultismo. Eso y los rumores —también ciertos en algunos casos— sobre sus perversiones sexuales hicieron que Led Zeppelin empezase a cultivar una imagen de grupo «peligroso». El público terminaría empeñándose en buscar significados ocultos e incluso mensajes grabados al revés en algunas canciones, como la citada Stairway to heaven. Toda esta nueva aureola de enigma malévolo favoreció mucho a la popularidad del grupo y a su transformación en iconos culturales: eran los años 70, no lo olvidemos. Sea como fuere, musicalmente era quizá su disco más conseguido hasta la fecha (por lo menos en cuestión de sonido, porque los tres primeros también son impecables cada uno a su manera). En todo caso, el retorno a un concepto de rock más compacto y la reducción de la faceta folk sirvió para paliar la fría acogida de la crítica hacia su álbum anterior, volviéndolos a situar a ojos del mundo como la punta de lanza del nuevo hard rock que estaba arrasando en las listas.

Stairway to heaven: La gran joya del repertorio de la banda, en cuyos arreglos y estructura Jimmy Page estuvo trabajando obsesivamente hasta obtener el resultado que tenía en mente. Es una canción perfecta, fascinante y absorbente, probablemente la más inspirada de su discografía. Esta canción les abrió las puertas de un público más amplio, inicialmente ajeno a la música rock, ayudando a cimentar un estatus comercial que amenazaba con dejar pequeño al de cualquier otro artista de cualquier estilo que existiese en aquellos años (Pete Townshend, líder de The Who, ha comentado medio en broma, medio en serio que llegó a detestar a los Zeppelin por convertirse «más grande en muchos aspectos»). Pero bueno, la verdad es que esta es la típica canción que casi todo el mundo ha escuchado en recopilatorios y emisoras nostálgicas, cuyas primeras notas podrían reconocer al instante oyentes ajenos al rock incluso sin saber que se trata de un tema de Led Zeppelin. Expresado de otro modo: hablamos de un clásico universal. De hecho es tan universal que mucha gente exclama «¡oh no, esa canción otra vez no!» en cuanto suena el arpegio inicial e incluso hay películas donde se ha llegado a hacer chistes al respecto (como aquella, creo que era Wayne’s world, donde una tienda de guitarras lucía un cartel que decía «prohibido tocar Stairway to Heaven»). Pero por muy típica y tópica que parezca, por muchas veces que la hayan emitido por radio y por mucho que se haya abusado de ella poniéndola en todas partes, su grandeza no disminuye un ápice. Merece la pena cerrar los ojos e intentar volver a escucharla como si nunca la hubiésemos oído, porque evidentemente nos hallamos ante un trabajo descomunal:

Black dog: El tema que abría el disco se convertiría en uno de los grandes caballos de batalla de sus conciertos y en una de sus canciones más conocidas, instantáneamente reconocible por ese riff de guitarra que debieron de imitar miles de adolescentes por todo el mundo, aquellos aprendices de Jimmy Page que usaban la música de Zeppelin para intentar dominar las seis cuerdas. El grupo retorna a las estructuras de Led Zeppelin II, que era lo que mucha gente demandaba de ellos:

Rock and roll: Otro de los himnos universalmente conocidos de los Zeppelin, nacido sobre la marcha en el estudio cuando John Bonham empezó a tocar la batería inicial de un clásico de Little Richard, Keep a knockin’. Prácticamente cualquier persona que haya pisado un local donde el DJ ponga música rock habrá escuchado alguna vez a la gente coreando aquel estribillo memorable de «lonely lonely lonely lonely lonely time». Un tema sencillo y directo que solían emplear para abrir sus conciertos, con el que homenajeaban al rock and roll, la música de los años 50 con la que ellos —como tantos otros compañeros de generación— habían crecido y de la que bebían directamente:

The battle of Evermore: Plant sigue poniendo de manifiesto su obsesión con El señor de los anillos en esta melodía con aires medievales. Jimmy Page se empeñó en componer con una mandolina pese a que apenas sabía tocarla, encaprichado después de verla por el local de ensayo (el instrumento pertenecía a John Paul Jones). Lo más interesante es escuchar el dueto de voces entre Plant y Sandy Denny, cantante de Fairport Convention, algo realmente insólito en un disco de Zeppelin, ya que casi nunca aparece ninguna voz que no sea la de Plant:

Misty mountain hop: Una canción vitalista y luminosa que parte de un sencillísimo riff repetitivo y que, aun así, produce una impresión caleidoscópica y multicolor. La producción de Page se las arregla para, con poca cosa, llenar de matices lo que es una estructura muy simple. Robert Plant hace otra referencia más a la obra de Tolkien y a las «montañas nubladas» de El señor de los anillos:

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The houses of the holy (1973)

The houses of the holy

Sumidos ya en una espiral de excesos pero también en plena vorágine de conciertos y grabaciones —lo cual les mantenía en forma— Led Zeppelin se las arreglaron para seguir produciendo música de gran calidad. En este disco comenzaron a adentrarse en otros terrenos que, cabe decir, no siempre dominaban del todo. Caso del funk de The Crunge, un tema con el que rendían homenaje a James Brown, pero que suena infinitamente menos convincente que verdaderas bandas de funk de la época. O el reggae, con esa D’yer Maker que es una canción simpática pero que no me parece especialmente brillante, aunque sé que a mucha gente sí le gusta mucho. Pero bueno, el disco era una vez más prácticamente impecable. Aunque seguía habiendo evolución: todo sonaba menos áspero, con más hincapié en las melodías y armonías (sin embargo, curiosamente, la faceta acústica irá quedando cada vez más aparcada). Una vez más, la portada del disco carecía de título y referencias al grupo, mostrando únicamente a unos niños en una imagen inspirada por el relato El fin de la infancia de Arthur C. Clarke (no sería la última referencia al escritor en una de sus portadas). El álbum no decepcionó a sus seguidores, algo difícil después de haber editado algo como Led Zeppelin IV, y fue número uno en ambos lados del Atlántico, confirmando al grupo en el trono de la industria musical. Sus conciertos eran multitudinarios —durante esta gira de presentación batieron el record de recaudación que hasta entonces mantenían los Beatles— y todo lo relacionado con ellos se estaba tornando monumental: las cantidades de dinero que manejaban, los escándalos y un estatus auténticamente bigger than life.

The song remains the same: El disco se abría con los aires de grandilocuencia marcial, pero The song remains the same pronto cambiaba de registro. Aquella tendencia a los cambios por momentos los acercaba tímidamente a terrenos más propios del rock progresivo (por aquel entonces, en sus directos, Led Zeppelin alargaban los temas y experimentaban bastante). Una tendencia a un sonido más monumental que será ampliamente explorada en el futuro:

Over the hills and far away: Canción que perfectamente podría haber estado incluida en el Led Zeppelin III. Comienza con aires folk —excepción en este álbum— y termina sonando a los Zeppelin eléctricos de costumbre. Una vez más, destacar la habilidad de Page para revestir las canciones con arreglos de guitarra que parecen ser mejores y más bellos cuanto más simples (¡ese magnífico break que da paso al solo!). Otra muestra del sonido Zeppelin en todo su esplendor

The rain song: Esta bellísima The rain song es una canción atmosférica y sutil que contiene bastantes guiños beatleianos. Era el segundo tema del disco, justo después de The song remains the same, mostrando que Zeppelin ya no abrían los álbumes con sus singles más directos:

Dancing days: Un tema sencillo y poco pretencioso que por algún motivo siempre me ha fascinado particularmente, con ese riff inicial de aires orientales, esos curiosos arreglos de teclado y la vivaz pero al mismo tiempo melancólica melodía:

The ocean: Otra canción que podría haber encajado perfectamente en la primera cara, la más eléctrica, de Led Zeppelin III. En un principio puede sonar a ejercicio rutinario, la «típica canción Zeppelin»… hasta que empiezan a entrar los «uh-uhhh» de los coros (increíble cómo el detalle más nimio le da nueva vida a una canción), los breaks instrumentales de mitad de canción, los «la la la» de Robert Plant, y sobre todo ese épico final casi en plan boogie… una canción que de verdad merece varias escuchas:

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Physical Graffiti (1975)

Physical Graffiti

El grupo, que ya nada en millones, abandona Atlantic Records y crea su propia compañía discográfica para poder grabar lo que les venga en gana. Con el control total en sus manos, Jimmy Page se enfrasca en la composición de su primer álbum doble en estudio, decidido a levantar la obra más ambiciosa y grandilocuente de Zeppelin. Grabado en dos sesiones en mitad de ciertas tensiones —por aquel entonces John Paul Jones había amenazado con dejar el grupo—, el resultado mostraba a unos Zeppelin más solemnes que de costumbre. La voz de Robert Plant era menos chillona y el sonido era, por lo general, más oscuro (una tendencia que conservarían durante la segunda mitad de su carrera). Casi todas las canciones son menos distintivas desde el punto de vista melódico, pero en cambio contienen muchos más matices instrumentales que las de discos anteriores, con estructuras más elaboradas y complejas. Ya casi no hay himnos en plan Whole lotta love, pero los detalles interesantes están por todas partes y este doble álbum es como un retablo barroco donde siempre nos quedarán rincones que observar. Physical Graffiti fue otro enorme éxito y las críticas fueron entusiastas, hasta el punto de que algunos lo consideran la obra maestra de la banda. El estatus del grupo era tan grande a esas alturas que todos sus anteriores discos reentraron en las listas de éxitos coincidiendo con su publicación, con lo que tenían seis LP a la vez entre los 200 discos más vendidos, marca que superarían más adelante.

Kashmir: El momento álgido del álbum, la nueva joya en la que Page había estado trabajando obsesivamente y seguramente la canción más «monumental» en la historia de Led Zeppelin, con permiso de Stairway to heaven. Es un tema largo y dividido en varias partes, donde predominan las influencias orientales, los arreglos orquestales y una exótica aureola onírica cuya letra está inspirada por los viajes de Plant al desierto marroquí. Sus ocho minutos y medio son verdaderamente fascinantes:

Houses of the holy: Canción que, como puede deducirse por el título, fue elaborada durante las sesiones del disco anterior, aunque al final habían decidido no incluirla. La recuperan para este disco usando exactamente la misma grabación de dos años antes, y de hecho su sonido vibrante encajaría mucho más en el álbum del mismo título. Su alegre melodía, sus contagiosos coros («uh! uh! uh!») y un sonido bastante más luminoso son como un oasis de luz en la oscuridad predominante en Physical Graffiti:

In the light: Un tema sorprendente, que se abre con sintetizadores y unas voces más bien siniestras para que después entren unos hipnóticos riffs de guitarra que abiertamente emparientan a la banda con estilos posteriores como el heavy metal o incluso el stoner rock. Hay un breve y magnífico interludio central con el clavicordio de Jones y los sencillos fraseos-fanfarria de la guitarra de Page. Una canción muy larga y extraña, que probablemente necesite varias escuchas por parte de algunos oyentes para terminar de apreciarla, pero que es una auténtica delicia cuando uno consigue sumergirse en ella:

The rover: Hard rock a la americana, donde —como casi siempre en este álbum— la melodía vocal principal cede el protagonismo a la sólida base instrumental, al contrario de lo que sucedía en anteriores discos de la banda.

Trampled underfoot: Un tema seudofunk basado en un ritmo de teclado que John Paul Jones tocó durante una improvisación, inspirándose directamente en Superstition de Stevie Wonder. Eso sí, la batería de Bonham es bastante poco funky. Con todo, un tema rítmico y (casi) bailable, bastante más logrado que aquel The Crunge de Houses of the Holy. Los mejores momentos, y los más soul, provienen por cierto de ese teclado de Jones.

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BSO de la película The song remains the same (1976)

The song remains the same

Aunque estrenada en 1976, esta filmación recoge un concierto grabado en 1973 en el Madison Square Garden de Nueva York. Es decir, cuando la banda estaba en su momento álgido en vivo y únicamente interpretaba temas de los cuatro primeros discos. La película no fue demasiado bien recibida más que nada por su caótica estructura: imágenes narrativas añadidas sin demasiado tino y por los evidentes parches en playback (en lo visual, no en lo musical) destinados a tapar huecos en el metraje, ya que las cámaras no habían podido filmarlo todo. Con todo, la parte musical era fantástica y el álbum de la banda sonora sí que fue tuvo una entusiasta bienvenida. Led Zeppelin, muy acordes con la época, se enfrascaban ocasionalmente en largos desarrollos instrumentales y pasajes con aire de jam en los que combinaban diversas canciones. Esta película fue durante muchos años la gran (y única) referencia para quienes nunca habían podido ver a la banda en vivo.

Rock and roll: Enérgica interpretación en vivo del tema que abría su cuarto álbum y que como decíamos también utilizaban para comenzar sus actuaciones. Probablemente una gran muestra del poder de seducción de Led Zeppelin para su público: sonido duro pero insinuante y, no menos importante, una imagen llamativa e icónica:

Boogie mama (shake it one time for Elvis): El grupo homenajea una vez más al rock and roll de los 50 con esta especie de improvisación que comienza con la voz de Plant dialogando con la guitarra, pero que realmente explota cuando todo el grupo se lanza al unísono a interpretar un rock directo y aplastante. Jimmy Page se luce recreando los sonidos de algunos de sus ídolos de infancia, como Scotty Moore, guitarrista de la primera banda de Elvis Presley o algunos bluesmen estilo B.B. King. Todo cimentado, como siempre, en la apabullante batería de Bonham.

Since I’ve loving you: Más de lo mismo; Led Zeppelin en vivo rodeados de aquel aura especial que parecía encubrir sus posibles defectos como banda. Aquí los tenemos en una fantástica interpretación de su blues lento más estelar, en el que Jimmy Page se muestra en sus plenas facultades como instrumentista y la banda en un momento álgido de compenetración.

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Presence (1976)

Presence

Después de un breve descanso forzado por el accidente de automóvil sufrido por Robert Plant en Grecia, donde tuvo que ser hospitalizado y donde su mujer sufrió heridas graves, regresan al estudio. Quizá apremiados por el tiempo, graban un disco mucho más sencillo y directo, sin la experimentación de Physical Graffiti, ni siquiera la versatilidad de Houses of the Holy o Led Zeppelin IV. El resultado empieza a dividir a los críticos; para algunos será un disco brillante, pero para otros han empezado a perder la inspiración. A mí personalmente me parece un buen disco, aunque en cierto modo resulta comprensible que fuese visto como un bajón en su día: melodías menos vivas, un sonido más homogéneo y sin un ápice de la naturaleza caleidoscópica de aquellos otros discos. Suenan más desvaídos y rutinarios, sin el brillo y la vibración de otros tiempos. Aquí hay buenos temas pero no hay una Whole lotta love, por ejemplo, ni una Kashmir ni ninguno de aquellos himnos que resultaban tan característicos.

Nobody’s Fault But Mine: Uno de las mejores canciones de Presence. Comienza con un riff de guitarra evocador (a su manera, claro) del antiguo blues del delta, pero rápidamente se transforma en un tema contundente típicamente «zeppeliniano». El sonido, como todo en este álbum, es muy seco, directo y grave —de hecho esta canción fue grabada con los instrumentos afinados un tono por debajo de lo normal— y como decíamos con bastantes menos matices que en los discos anteriores. Lo mejor, el impresionante momento en que entra la armónica, aunque todo el minutaje de la canción muestra a unos Zeppelin todavía en bastante buena forma.

Royal Orleans: Un muy buen riff principal y como de costumbre un fantástico trabajo de Bonham a la batería. Probablemente otro de los temas más inspirados del álbum, reincidiendo en un ritmo contundente que acentúa la impresión de que en este disco han buscado más la solidez que la variedad:

Hots on for nowhere: Una canción en la misma onda que Royal Orleans, aunque con una mayor —eso sí, sutil— influencia del funk que se hacía por aquellos años. Apoyada en el groove de John Bonham, es el tema más vitalista de un disco que por lo demás tiende un tanto a la oscuridad.

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In through the out door (1979)

In through the out door

Led Zeppelin eran por entonces la banda más grande sobre la faz de la Tierra. Sus conciertos reunían a multitudes nunca vistas y el gobierno británico los había incluido en la lista de mayores exportaciones de la nación: vendían tantos discos que tenían un efecto sobre la balanza de pagos de la nación. Pero internamente la banda estaba plagada por problemas de todo tipo: Robert Plant, tras el accidente que casi mata a su mujer, perdió a su hijo de cinco años en 1977 a causa de una infección de estómago y su estado de ánimo era comprensiblemente bajo, incluso revolviéndose contra Page (todas aquellas desgracias mezcladas, cómo no, con la creciente leyenda de que Led Zeppelin se habían vendido al diablo para obtener su descomunal éxito). John Bonham estaba sumido en una espiral de alcoholismo creciente; pese a su carácter afable cuando estaba sobrio, tenía tendencia a ponerse violento durante las borracheras y eso le pudo causar más de un serio problema a él y a quienes lo rodeaban (en una ocasión, al parecer, su mánager —el corpulento Peter Grant— logró evitar que asaltase sexualmente a una azafata de su avión privado). Jimmy Page se había embarcado en una adicción a la heroína que, unida al alcohol, arruinaba algunos de sus conciertos en vivo y que hacía que Zeppelin tan pronto podían ser una banda brillante sobre el escenario como, no pocas veces, un auténtico desastre. El guitarrista ni siquiera se mostraba interesado o preparado para componer nuevo material  y estaba más ocupado drogándose y pasando el rato con chicas adolescentes, así que John Paul Jones —que era el único miembro que parecía más o menos en sus cabales— tomó las riendas musicales en este nuevo trabajo. El resultado, In through the out door, es un disco cuyo sonido seco y oscuro recuerda a Presence, aunque las canciones parecen ir en otra onda, con una mayor presencia de los teclados y con un nivel de composición —al menos en mi opinión— notablemente por debajo, con alguna que otra canción que verdaderamente sobra (esa mediocre Fool in the rain, por ejemplo) o que se alarga bastante más de la cuenta (como Carouselambra).  Los sintetizadores, aquí, no le sientan nada bien al sonido Zeppelin. La crítica recibió este irregular disco con mucha frialdad, aunque como de costumbre vendió una barbaridad y fue número uno en Europa y en el Reino Unido. Esta vez, todos sus álbumes volvían a venderse y Led Zeppelin lograron la rara hazaña de tener sus ocho primeros discos dentro del Billboard 200, ¡al mismo tiempo!

In the evening: Vuelven a iniciar un disco con una canción larga y épica. In the evening se abre con una intro atmosférica que da paso a un riff bastante bueno, sobre el que sin embargo no hay una melodía vocal demasiado reconocible ni cambios que eleven el tema o lo articulen a la manera característica del grupo. Led Zeppelin están sonando cada vez menos como ellos mismos, y el resultado no es necesariamente malo, pero tampoco resulta arrebatador.

Hot dog: A algunos les podrá parecer una broma, pero a mí es un tema que me gusta bastante; una combinación entre country y rockabilly que es la canción más orgánica y menos forzada del disco. Eso sí, la guitarra de Page suena flagrantemente torpe y eso que estamos en un disco de estudio, con lo que cabe suponer que esta fue su mejor toma de entre otras varias: esto da una idea del estado en que se encontraba el líder de Led Zeppelin por entonces. Con todo, una canción divertida que al menos pone algo de vidilla y buen humor en un álbum por lo demás bastante desangelado.

I’m gonna crawl: Tras una inesperada intro melódica, un tema lento y melancólico con subidas y bajadas que también está entre lo mejor del disco. Por una vez, la tendencia de Jones a inundar todo con sintetizadores no termina chirriando aunque como en el resto del álbum, queda un tanto artificial, como a modo de parche. El tema está muy influido por el soul de los años 70 y funciona bien de principio a fin.

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Coda (1982)

Coda

En septiembre de 1980, termina la historia de Led Zeppelin: el alcoholismo de John Bonham se lo lleva por delante a los treinta y dos años, después de haberse bebido cuarenta vodkas en veinticuatro horas. El batería se quedó dormido cuando estaba tan ebrio que vomitó sin despertarse, quedando sus vías respiratorias obstruidas y produciéndole la muerte por asfixia. Sin Bonham y con el resto de miembros sin demasiado interés por permanecer juntos, la «banda más grande sobre la faz de la Tierra» se disolvió. Un par de años después, salió a la venta un álbum póstumo con parte del escaso material de estudio no publicado aún y algunas tomas en directo, con especial énfasis en resaltar la batería del difunto Bonham. El disco —publicado más que nada para saldar el contrato con Atlantic Records— fue un regalo del cielo para los fans, ya que Zeppelin nunca habían publicado rarezas, no existía más material que sus álbumes oficiales y algunos piratas que circulaban con mucho éxito. Aquí había varios temas que traían a la memoria mejores tiempos. No todas las canciones son de la misma magnitud  —de hecho varias pueden ser consideradas obras menores— pero era una buena forma de echar el cierre a su discografía clásica y despedir una historia de poco más de una década.

We’re gonna groove: Quizá el tema inédito más destacado del Coda, grabado en directo durante los primeros y gloriosos años del grupo, recordándonos cuando todavía sonaban frescos. Lo más destacado de la canción es la extraordinaria batería de Bonham. Las guitarras originales del concierto —bastante caóticas— fueron retiradas y sustituidas por pistas de estudio añadidas, aunque la posterior edición de la filmación del concierto en Londres de aquella época nos permitiría contemplar el tema tal y como lo tocaban por entonces:

Wearing and tearing: Una curiosidad, un tema potente y muy rápido para lo acostumbrado en ellos. La oportunidad de escuchar a la banda en un registro mucho más feroz y agresivo, bastante sorprendente en su día.

Travelling riverside blues: No estaba en el disco original de Coda, pero apareció durante los años 90 en la versión en CD y recopilatorios, era una de las últimas joyas rescatadas los primeros años de la banda. Se trata de una versión de la canción de Robert Johnson, aunque como de costumbre Led Zeppelin se la llevan a su terreno:

Como sabemos, el legado de Led Zeppelin ha pasado por bastantes altibajos después de su separación. Durante los 80, muchos críticos —particularmente en la prensa más orientada al pop— despreciaban a la banda considerándola un «dinosaurio» del pasado. No ayudó la desastrosa reunión de los miembros supervivientes en el concierto benéfico Live Aid, con un Plant con la voz cascada, un Page que de repente parecía un amateur y a duras penas podía tocar sus propios solos como era debido, un mal sonido general y un Phil Collins a la batería que admitió después haber sentido deseos de marcharse del escenario ante la debacle. Mucho más digna fue la reunión para el Unplugged (o UnLedded) de MTV, con buenos momentos como la fantástica recreación de Kashmir con una auténtica sección de cuerda y músicos marroquíes… ¡una pena que no hicieran algo así cuando Bonham estaba vivo! Ni siquiera me atrevo a imaginar cómo podría haber sonado:

En fin, una banda con una historia relativamente breve, de la que «quedaba mal» hablar con entusiasmo en los 80, pero que hoy nadie en su sano juicio se atreve a menospreciar y cuyo recuerdo se ha convertido en lo que siempre tenía que haber sido: el de una institución legendaria. Sí, me hubiese gustado incluir más canciones… de hecho, ¡hubiese incluido discos enteros!

Led Zeppelin 2

41 comentarios

  1. De las cuales plagiaron mínimo 25. Menuda estafa de grupo.

    • Como dijo mi profesora de literatura, si cometes un robo, luego toca el asesinato. Por muy plagio que pudieran ser, parece que hay poca gente que reconozca a los originales.

      • Albert King, Muddy Waters,howlin wolf, Jeff Beck…¿olvidados?¿no reconocidos?
        El tiempo va haciendo justicia y Led Zeppelin ha plagiado consciente y descaradamente.

    • Me harias el favor de nombrar las 25 con sus autores y/o interpretes originales?
      He escuchado este argumento hasta el cansancio sin ni una prueba al respecto.
      Una cosa es tomar riffs o estilos, otra plagio.

  2. Buen artículo, pero me has dejado dazed y confused con el respectivo vídeo, has repetido el enlace del communication breakdown!

  3. A Led Zeppelin se le identifica como grupo rock, pero como dijo Robert Plant cuando grabó el disco con Alison Krauss, también eran un grupo country, oir la cara B de Led Zeppelin III o incluso folk, The battle of evermore con Sandy Denny.

  4. Ya era hora, ya le tocaban a ellos!
    Mi disco preferido la verdad ha sido siempre el primero, para mi uno de los discos cumbre del blues rock. La verdad es que el grupo es impresionante, durante un tiempo fue mi banda preferida y creo que aun estará entre mis 3 preferidas. Pero es su faceta blues la que me ha vuelto siempre loco, ¡¡si hasta llegue a hacerme un disco para el coche solo con sus temas de este genero!!
    En fin, genial articulo, nunca esta de mas recordarlo y volver a escuchar sus canciones!!

  5. Me faltan When the leeve breaks, No quarter, In my time of dying y Achilles last stand. Creo que son mas imprescindibles que algunas de la lista. Pero aun así gran artículo.

  6. ¡No me puedo creer que hayáis pasado por alto Achilles Last Stand!

    • Iba leyendo los comentarios, y estaba justamente buscando uno en el que estuviera escrito esto!

      Para mí es uno de los mejores temas sin ninguna duda.

      Un saludo.

  7. Están entre mis 10 0 12 favoritos; no voy a entrar ahora a detallar en qué número del escalafón, pero siempre he pensado que únicamente dos grupos en la historia se han mantenido a enorme distancia de los demás: The Beatles y Led Zeppelin. A mí, personalmente me entusiasma TODO lo que han hecho -con algunos ligerísimos altibajos- y lo curioso es que habiendo vivido su trayectoria desde el principio, cuando yo era un jovenzuelo, los redescubrí realmente y a fondo, en la década de los 90.

  8. Buen artículo, aunque, dado que, acertadamente, continuamente glosas el magnífico trabajo de Bonham, creo que deberías haber incluido “Achilles last stand”, un verdadero tour de force “bateril”, realmente admirable (y, para mí, la mejor canción del Presence)

    • En efecto, lo mejor de “Presence”.

      Se dice que “Achilles Last Stand” era la predilecta de Jimmy Page. Su épica melodía a la guitarra, los sorprendentes arreglos y el ritmo endiablado de Bonham la convierten en una de las más grandes de la banda.

  9. He extrañado canciones como “When The Leeve Breaks”, “Heartbreaker” o “Moby Dick” (apoteósica lección del bueno de Bonzo), pero entiendo que el lacónico espacio de 40 canciones no pueda albergar todo el repertorio de Led Zeppelin. Sin embargo, la selección me ha parecido de lo más conciso y exacta. Enhorabuena, fantástico!

  10. Nunca olvidaré la primera vez que escuché Kashmir.

    Fue una sensación única y espectacular, como si me trasladara en el tiempo y en el espacio. Me sacudió completamente.

    Me sigue pareciendo una canción colosal, pero nunca será lo mismo que aquella primera vez. Irrepetible.

  11. Pingback: La historia de Led Zeppelin en 40 canciones

  12. A ver, por partes. Es un artículo lleno de tópicos, pero es cierto que sobre los grandes, ya está todo escrito. Physical Graffity es un coñazo, las cosas como son, y Kashmir es un punto hortera y pretenciosa. Su primer álbum deja también bastante que desear, si lo comparamos con lo que vino después. Señores, el mejor disco de los Zep es en mi opinión “Presence”. Siempre se ha menospreciado en favor de Kashmir, Whole Lotta Love o Stairway to Heaven, pero es un disco brutal, desnudo, salvaje. Fue su último aliento de genialidad que les volvió a llevar al nivel del II, III y IV, dejando atrás el barroquismo hortera en el que se habían metido. Achilles Last Stand es, para mí, su obra cumbre: los cuatro tocando a pelo, cómo suena, qué fuerza y eso sin menospreciar Tea For One, maravillosa. Después de Presence, me quedo con el IV aunque sólo sea por Black Dog y por esa batería de When the Leeve Breaks: te quedas atónito, no te lo sacas de la cabeza.

    • por partes como jack el destripador… hasta el punto que no has dejado títere con cabeza, macho.
      Efectivamente, a mí siempre me ha parecido que a physical grafitti le sobraban algunas canciones, pero no kashmir, por los clavos de cristo… de hecho, que no se dice en el artículo, es un disco con mucho material sobrante de discos anteriores. Pero en fin, a mí es que los discos dobles me suelen parecer demasiado, siempre tiendo a pensar que sobran canciones, y a éste disco le pasa pues como al white album, y me perdonen los integristas de los fab four, pero es así… creo que el únidco doble que realmente me ha convencido de siempre es el exile on main street, al que no le sobra absolutamente nada.
      Lo que dices del primer disco es para fusilarte en la plaza del pueblo, tío, no se puede decir que deja bastante que desear… se me hace muy difícil encontrarle un pero. Si acaso a lo mejor me sobraría la versión de you shook me, de la que siempre se ha dicho que si Page le copió la idea de hacer esa canción a Jeff Beck, quien la incluyó en su majestuoso disco debut, pero yo prefiero la versión del Jeff Beck Group, me perdoneis…
      y finalmente, es una “boutade” de las gordas decir que el Presence es su mejor disco, es querer pasarse de original. No, los mejores discos de Led Zep son los cuatro primeros, porque allí está todo, luego tienen un momento de maravillosa enajenación, que es el Houses Of The Holy, en el que dan la vuelta de tuerca definitiva, y después comienza la cuesta abajo, repitiendo patrones, copiandose a sí mismos e incluso haciendose cansinos por momentos, y en ese sentido Presence es su momento más bajo, ahí se están copiando descaradamente, partiendo de Achilles Last Stand -que es como un autoplagio de The Song Remains The Same pero a lo bestia- hasta la ultima canción del disco que les salió una copia como más aburrida y sosa de Since I’ve Been Loving You, cosa que hasta Page reconoció con posterioridad.
      Pero en fin, está claro que aquí cada uno escoge con qué obsesionarse

  13. Gracias por el artículo! poco se puede decir sobre esta banda que no se haya dicho ya un millón de veces (como esta misma frase).

    Yo también hubiera incluído alguna que otra canción, sobre todo NO QUARTER, que es un tema inagotable.
    Y personalmente Tangerine, una canción que parece no estar entre las más populares del grupo pero que para mí es una auténtica delicia.

    • Totalmente de acuerdo en cuanto a ‘Tangerine’. Uno de mis temas favoritos de Led Zeppelin (y de siempre) de largo.

    • Eso es Tangerine!! mejor que otras acústicas folkies que nos ha colado el autor del artículo. Creo que selecciona demasiados temas de la época post IV (muy inferior)

  14. Gran reportaje.

    Para mí el mejor grupo que ha existido hasta ahora. Creativamente brillantes, no dejaron un género musical sin tocar y aunque la cuestión de los plagios es ciertamente un borrón en su carrera no creo que desmerezca en absoluto el conjunto.
    E instrumentalmente sublimes.Bonzo es el mejor batería de la historia; Page uno de los mejores guitarristas; Jones un excelente bajo…y órgano, y clavicordio, y lo que le eches; y Plant tiene una voz única e inconfundible, llena de insinuaciones y misterios.

    Sobre la elección de canciones es lo de siempre,nunca llueve a gusto de todos. A mí ni Kashmir, ni Achilles Last Stand, ni Battle of Evermore e incluso ni siquiera Whole Lotta Love (las primeras veces que la escuché,luego ya sí) me gustan especialmente. Sin embargo ponme Down by the seaside con sus evocadoras imágenes musicales que me transportan a pequeños pueblos pesqueros de color azul y blanco junto al mar, How many more times con sus salvajes y desenfrenados subidones o Going to California con su suavidad y belleza melódica y seré eternamente feliz.

    Por cierto, Living Loving Maid era la canción que menos le gustaba a Page,casi casi que se arrepintió de haberla compuesto.

    En fin, que gustosamente hubiese dado mi alma al diablo para ver a estos dioses de la música en directo.

    • Claro! Going to California! otra de las acústicas imprescindibles. Déjese de Phisical Graffities y deme los 4 1ºs discos.

  15. No tengo mucho que aportar, solo que los Led Zeppelin son Dios :D

  16. Buen artículo, aunque estaba claro que con un grupo como Led Zeppelin las ausencias iban a ser notables: “Down By The Seaside”, “In My Time Of Dying”, “Achilles Last Stand” y sobre todo “No Quarter” son temas que merecían un artículo propio!

  17. siento decir que en mi opinión estos reportajes apenas aportan nada más que nostalgia pajillera. a la vista está por los comentarios que los lectores a los que ha gustado el artículos son acerrimos del grupo. 40 temas para resumir la historia de un grupo es como si el resumen de un partido de futbol durara 70 minutos. ni descubre nada a los que siguen a las bandas tratadas, ni pueden aportar una verdadera primera impresión al neófito.

    lo dicho, todos estos artículos se podrían resumir en la frase: “tíos, os acordáis de lo puta madre que eran los xxxx?”

    j

  18. me encantan tus artículos!!! es precisamente lo que necesitaba para embarcarme en la historia de estas grandes bandas, siempre he tenido la curiosidad. Me parecen geniales, te sigo desde PinkFloyd y me ha encantado, he insisto, si yo haz una de ACDC por favor!!!

  19. Gracias por esta nueva y gran reverencia a uno de los grupos fundamentales en la música del siglo pasado.

    Led Zeppelin representó un ciclo creativo que exaltó el Rock como forma de vida y proclamó lo mejor de dos décadas de música popular a través de un puñado de formidables canciones.

  20. Grandes. Faltaron temas, pero la mayoria imprescindibles. Mi banda favorita con diferencia.

  21. Un irregular grupo de heavy que ocultó a un grandísimo grupo de folk. Y también echo en falta “In my time of dying”.

  22. Echo de menos “That´s the way”, “When the Leeve breakes” y “Achilles’ Last Stand”. Creo que encajarían muy bien en el discurso del artículo… sobre todo la última, puesto que la canción que consiguieron sacar con Plant cantando en el estado que estaba, fue un canto de cisne.

    Por lo demás, me hubiese encantado que se hubiera detenido en los homenajes/plagios de “Bring it on home” y “The Lemon Song”. El blues de ida y vuelta entre el delta del Mississippi y el Tamesis, un gran tema.

  23. Gran artículo. La verdad es que no sabía por donde empezar con Led Zeppelin y este artículo me ha ayudado bastante. Seguid haciendo recopilaciones como esta, la de Queen o la de Pink Floyd han estado muy bien, también. Felicidades, revistas como esta en España, pocas, muy pocas.

  24. Fool in the rain es una cacho de cancion, solamente por esto http://youtu.be/14GYov0EdyQ

  25. A mi, como a alguien por arriba, también me toca la patata muchísimo How Many More Times (aunque eso sí, lo poco que puedo entender de la letra hace que me entre la risa floja).

  26. ENORME BANDA.

    Se te ha olvidado comentar que también “Since I’ve loving you” toma el riff prestado, concretamente del “New york city Blues” de los Yardbirds. Pero es igual…, Page también formó parte de los Yardbirds.
    Aunque el concepto de esta banda ya lo había inventado Jeff Beck con su Jeff Beck Goup, el éxito de Led Zep desde el principio les permitió desarrollar más su carrera y su música hasta crear una de las obras más sólidas de la historia del Rock.

  27. Todo lo que sea para este, para mí el mejor grupo del mundo, yo, personalmente lo agradezco. Gracias por tu trabajo.

  28. AC/DC 60 canciones y Zepp 40?, que clase de mundo tan desigual es este?, bueno, al grano.

    En los primeros 4 álbumes había una intención del grupo por “evolucionar” (lo que sea que signifique esto), los álbumes restantes me parecen malos francamente, solo quitando “Physical” se entiende.

    En lo personal creo que Robert Plant es el cantante que más ha aportado al mundillo del rock con sus vocalizaciones y matices diversos.

    Aunque los largos solos de Bonham aburren, el poderío de la base rítmica de esta banda solo es superado por los Who, lo cual no es ningún demérito.

    Otro gran articulo, se impone ya, revisar a Deep Purple.

  29. Pingback: La historia de Iron Maiden en cinco discos y el horror de Dunwich |

  30. Una corrección, Stairway to heaven nunca se lanzó como single, si querías escucharla, tenías que comprar el disco.

  31. También olvidan la alucinante “How many more times”, el último tema de su primer disco y que merece reivindicación por todas las acusaciones de plagio que se le han hecho. El muy bello bolero de Jeff Beck, por ejemplo, un supuesto original de los que mas se mencionan, es algo muy diferente y lo demás son sonidos que usaban otros grupos, y no frases melódicas, que ellos copiaron en caso de no ser los primeros en usarlos.

    Pocos observan el posible plagio de TVC15 del álbum Station to Station de David Bowie a costa de The Robber de Physical Graffity de Led Zeppelin. Las melodías son muy parecidas, aunque TVC15 suena mas pesada y es también magnífica, tal vez por eso no demandaron los Zepps a Bowie, que estaba en su apogeo y con quien se dice que tenían buena relación entonces, además de por no validar acusaciones precedentes, supongo.

    Aunque se habla de buenas relaciones entre los gloriosos Zepps y el glorioso Bowie, no conozco algo hecho por ellos en conjunto y agradezco a quien tenga la bondad de informarme al respecto.

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