Jot Down Cultural Magazine – ¡Que viene Amazon!

¡Que viene Amazon!

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Foto: PA Wire Press / Association Images /  Cordon Press.

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Fue en abril de 1994 —el día en concreto ni siquiera él lo recuerda—, cuando Jeffrey Bezos dejó su trabajo, metió sus cosas en una furgoneta y, junto con su mujer, se trasladó a Seattle. Tenía treinta y un años. En la ciudad de Nirvana, donde nunca sale el sol y la gente —dicen— se suicida más de lo habitual, comenzó a dar forma en el garaje de su casa a una idea que llevaba meses removiendo. Nada esencialmente complicado: quería vender libros a través de internet. Tras un año de trabajo invitó a sus amigos a la inauguración de su primera pequeña empresa, a la que decidió llamar Amazon, por si acaso los buscadores de internet seguían creciendo y mantenían sus criterios de orden alfabético. Para sorpresa de la concurrencia el asunto funcionó y, en treinta días, Amazon ya estaba vendiendo libros en los cincuenta estados de Estados Unidos. El crecimiento fue exponencial y el éxito, bestial: solo cuatro años más tarde, la creación del garaje de Jeff se convirtió en el líder global en comercio electrónico y en una de las mayores quinientas empresas de Estados Unidos. Hoy, se plantea repartir todo tipo de productos a domicilio con drones. De un garaje a la cima del mundo. Estas cosas pasan.

Es más fácil ser inteligente que amable. Con lo primero se nace, es un don. Lo segundo se elige. Y no es sencillo, porque es fácil creer que con lo primero basta. (Jeff Bezos, 2001).

Quitémosle romanticismo (que no mérito): Jeff Bezos arrancó su mastodóntica idea en un garaje, sí, pero no era un universitario de peinado inadaptado que comenzó a conectar cables y terminó presidiendo una compañía informática. Bezos tenía más o menos claro lo que quería y, sobre todo, tenía dinero para ponerlo en marcha.

Cuando Jeffrey Preston Jorgensen nació en Albuquerque (Nuevo México) el 12 de enero de 1964, su madre Jacklyn Gise tenía diecisiete años. Se encontró sola a los pocos meses, después de que Ted Jorgensen, el padre biológico, los abandonara. Apenas nada se sabe de este señor, cuyo rol fue adoptado por Miguel Bezos, un ingeniero cubano de la Exxon con quien Jacklyn y el pequeño Jeff —que adquirió su apellido— se instalaron en Houston. De aquella época, la madre del dueño de Amazon recuerda que, en lugar de un cuarto de juguetes, Jeff tenía una sala llena de aparatos electrónicos y mecanos donde mataba las tardes. La adolescencia la pasó en Miami, a donde se trasladó la familia. Fue allí cuando la inteligencia de Jeffrey comenzó a emitir avisos. En secundaria, con apenas trece años, montó su propio negocio, el Dream Institute, un campamento de verano educacional para chavales de su edad. Era, por supuesto y además, brillante en el colegio.

De Miami a Nueva Jersey: Jeff decidió estudiar Ingeniería Eléctrica e Informática en Princeton. Adivinen: se graduó con todos los honores posibles. Nada más poner un pie en el mundo laboral lo fichó Fitel, una empresa de Wall Street. La mente brillante de Bezos propulsaba su carrera. De Fitel a Bankers Trust y finalmente a DE Shaw, todas empresas del downtown financiero de Nueva York, de esas que permiten a un joven tener un apartamento de lujo en el Village en el que apenas puede estar, ya que vive en la oficina. En DE Shaw conoció a su mujer, Mackenzie y también llegó a vicepresidente, el más joven de la historia de la firma, por cierto. Era 1994. Jeff tenía treinta años y estaba cerca de la cumbre. De lo que se supone que es la cumbre. Fue en ese momento cuando decidió frenar, volver al suelo y construir su propia montaña.

Jeff había comprobado unos meses atrás que una cosa que se llamaba internet estaba creciendo al 2000% cada año. Se sintió atraído por semejante escenario, claro. Dicen que no le dio demasiadas vueltas: habló con su compañía, con su mujer y les pidió los ahorros de toda la vida a sus padres: trescientos mil dólares. Tenía una idea.

Mackenzie y él empaquetaron sus cosas y se trasladaron a Seattle. En el garaje de su nueva casa instalaron tres servidores para desarrollar lo que Jeff tenía en mente: un catálogo de libros on line en el que estuvieran reunidos todos los títulos de las distintas editoriales. O al menos el mayor número posible de ellos. La idea inicial era que el cliente pudiese buscar el título que deseaba y pedirlo directamente a través de internet. Decidió llamar a su recién creada empresa cadabra.com y contrató a seis empleados para darle forma. El 16 de julio de 1995 invitó a unos trescientos amigos a la inauguración. Entonces cadabra.com disponía de doscientos mil títulos. Antes de que el éxito se desparramara, Jeff remató a gol: cambió el nombre de la empresa y le puso Amazon. Algunos dicen que por el río Amazonas, otros simplemente creen que fue una estrategia, ya que los motores de búsqueda de la red usaban en aquellos tiempos criterios alfabéticos.

Sin promoción en prensa, durante su primer mes de vida Amazon vendió libros en todos los estados de Estados Unidos y en cuarenta y cinco países. En el segundo mes Jeff y sus chicos vendían por valor de veinte mil dólares a la semana y al cerrar el año la empresa de aquel garaje facturó medio millón de dólares, casi el doble de los ahorros que sus padres, con fe ciega, le habían prestado un año atrás.

Jeffrey Bezos. Foto: Mike Segar / Cordon Press.

Jeffrey Bezos. Foto: Mike Segar / Cordon Press.

El crecimiento fue tan febril, tan descontrolado, que en 1997 Amazon salió a bolsa. Desde ese momento la empresa comerció también con otros productos haciendo que los libros, aunque sigan siendo su buque insignia, apenas supongan un porcentaje significativo en la facturación de Amazon. En 1999 Jeffrey Bezos fue portada y hombre del año para la revista Time. Su cara comenzó a ser mundialmente conocida. Fue más o menos ese año cuando los libreros —o al menos muchos de ellos— comenzaron a odiarle.

Si pretendes que jamás te critiquen, entonces no hagas nada nuevo (Jeff Bezos, 1999).

Amazon aterrizó en España en septiembre de 2011. En lugar de con pancartas al estilo Mister Marshall, la industria del libro patria le dio la bienvenida con titulares en prensa: «Amazon supone la ruina para el sector librero» (elmundo.es); «Los libreros le piden a Wert que pare la voracidad de Amazon» (lainformacion.com); «Amazon desata la ira del sector editorial» (Antena 3); «Coro de críticas contra Amazon» (El País). Y un largo etcétera.

Existen tres motivos principales que explican este cálido recibimiento, que explican por qué la industria del libro —no toda— odia a Amazon: dumping, evasión de impuestos y autoedición. Vayamos por partes.

El dumping es una práctica económica o comercial por la que una empresa establece un precio inferior para los bienes exportados que para los costos de producción. Traducción: bajar al máximo los precios, incluso a costa de perder dinero, con el propósito de arruinar a toda la competencia y establecer una suerte de monopolio en el que se volverán a subir los precios y se recuperará lo perdido. Amazon España niega rotundamente esta práctica en nuestro país. No es habitual que la compañía de Bezos se pronuncie de forma pública, pero en esta ocasión han querido hacerlo a través de un portavoz de Amazon España: «La afirmación de que Amazon realiza prácticas de dumping es simplemente incorrecta», explica el portavoz. «La Ley de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas española establece que cualquier establecimiento que venda libros tiene que venderlos al precio que fija el editor, con un descuento máximo del 5%. Amazon sigue estrictamente esta ley».

Los libreros, sin embargo, sostienen que sí se está haciendo dumping, ya que Amazon tira por el suelo los gastos de envío, rebajando el coste final de la compra. En algunos casos, incluso, los envíos son gratuitos. Manuel Ortuño es editor. Dirige Trama Ediciones y se muestra claro: «Que están llevando a cabo una práctica de dumping no me cabe ninguna duda. Es algo que, evidentemente, están haciendo y con ello se están cargando la industria del libro en España. Otro asunto es que el dumping no es ilegal y, por tanto, hay que tomarlo como legítimo». Ortuño es un profundo conocedor de Amazon. Este año su editorial ha sacado a la luz en castellano el libro En los dominios de Amazon, del periodista francés Jean Baptiste Malet, en el que se describen las inauditas condiciones laborales de los almacenes franceses de la empresa. Enseguida hablaremos de eso.

El dumping no solo es legal, sino que hay quien tilda la práctica de beneficiosa. Para los defensores del libre mercado contrarios a los mecanismos proteccionistas, esta práctica es buena para el consumidor ya que le ofrece los productos al mínimo precio posible y aviva la competencia. Sus detractores opinan, en cambio, que es necesario salvaguardar la estabilidad de las empresas nacionales por el bien de la economía. Para la Organización Mundial del Comercio (OMC), el dumping es condenable ya que puede causar un daño irreparable a un sector entero, pero no está prohibido.

Lo cierto es que Amazon lleva dando pérdidas casi desde su nacimiento. El último balance público en Estados Unidos, correspondiente al tercer trimestre de 2013, reveló que Amazon había perdido 41 millones de dólares, eso sí, un 85% menos que el mismo trimestre del año anterior, en el que había sangrado por valor de 274 millones de dólares. La cifra de negocio de Amazon es hoy de 17.902 millones de dólares, con un 23% más en ventas que en 2012. Amazon espera cerrar este último trimestre de 2013 con una facturación de 24.000 millones de dólares, lo que implicaría un crecimiento aproximado del 15% con respecto al año pasado.

A diferencia de un pequeño librero de barrio, Amazon se puede permitir tener pérdidas porque sus inversores y accionistas se lo consienten —es una multinacional con indiscutible futuro— y porque el sector del libro es, para la compañía, la punta de un iceberg mucho más vasto. Se podría decir que Amazon depreda el mundo librero porque no vive de eso. Es como un gigantesco pulpo en el que la punta de uno de sus tentáculos ha tocado el pequeño y frágil mundo editorial y lo ha puesto patas arriba.

Txetxu Barandiarán es editor de la revista Trama y Texturas y uno de los mayores conocedores de Amazon en España, si no el mayor. «La economía de Amazon vive asentada sobre tres pilares fundamentales», explica. «El primero son los alojamientos web, que es la base de las ganancias de Amazon, aunque no suela hablarse de esto. El segundo es el comercio de todo tipo de productos. En el último mes han vendido una cantidad increíble de máquinas de coser. Y el tercer pilar son los servicios y descargas, incluidos los e-books». Los libros son un porcentaje menor. «El volumen de comercio de libros es pequeño —continua Txetxu— y muy opaco. Nunca dan datos, nunca hacen públicas las cifras».

Prototipo del drone de Amazon. Foto: UP I/ Amazon / LANDOV / Cordon Press.

Prototipo del drone de Amazon. Foto: UP I/ Amazon / LANDOV / Cordon Press.

Amazon tiene catorce categorías de venta en España y treinta y cuatro en todo el mundo. Se vende de todo: desde las citadas máquinas de coser hasta smartphones pasando por cocinas, neumáticos o relojes. Amazon vende sin parar, como un grifo abierto a toda presión. El 26 de noviembre de 2012 fue una fecha récord para la compañía: en las veinticuatro horas de aquel día la empresa vendió 26,5 millones de productos, es decir, Amazon vendió trescientos seis productos por segundo.

«Estas ventas les permiten generar una extensa base de datos sobre sus clientes», afirmaba quejoso en eldiario.es hace unos meses Javier Cámara, librero de Bilbao. «Son la ruina para el sector librero, dicen que hay precio mínimo fijado pero realizan ofertas desleales y juegan con los gastos de envío. Aprovechan cualquier resquicio de la ley. Como sociedad debemos plantearnos si queremos seguir contando con una diversidad editorial y un comercio cercano».

La evasión de impuestos es el segundo motivo de la ira. El hecho de que la sede central de la empresa en Europa esté en Luxemburgo, permite a Amazon una ventaja competitiva, ya que el IVA sobre los libros electrónicos en ese país es del 3%, mientras que en España está en el 21%. Se cobran una ventaja de dieciocho puntos porcentuales. Un mundo. Amazon España se justifica con innegable creatividad: «Declaramos en España el IVA de los libros físicos, pero el de los digitales lo pagamos en Luxemburgo. No consideramos los libros electrónicos sean libros, sino servicios», explicaba hace unos meses François Nuyts, director de Amazon.es, en Economía Digital.

De momento, en España, las quejas no han pasado de eso, de quejas. En Francia la cosa se ha caldeado algo más. «Estamos hartos de Amazon», llegó a declarar no hace mucho la ministra de Cultura gala Aurélie Filipetti. Textual. En Francia, donde la cultura se entiende como un sello de identidad más que como un negocio, no parecen dispuestos a permitir que Amazon se haga con el mercado librero. Hasta el punto de que derecha e izquierda se han unido en contra de la multinacional de Jeff. Hasta los diputados más liberales gritan en favor de la industria librera gala. Por eso París estudia la posibilidad de prohibir la gratuidad en los gastos de envío y aportar una ayuda al sector librero de siete millones de euros.

En el Reino Unido también se han sublevado. En este caso ha sido la propia industria la que se ha unido, presentando una demanda común contra Amazon. En Alemania, el sector estudia hacer una huelga estas navidades. ¿Y en España?

Lo fundamental en el futuro va a residir en la personalización. Hoy por hoy tenemos 6,2 millones de clientes. Vamos a confeccionarle a cada uno de ellos una tienda a su medida (Jeff Bezos, 1997).

En La biblioteca de Babel, Jorge Luis Borges habla de una biblioteca que parece infinita (aunque no lo es), donde se pueden encontrar todos los libros posibles, donde se puede encontrar, pues, toda la información posible. La biblioteca es, finalmente, el universo. El eslogan de Amazon recuerda al cuento del maestro argentino. «Nuestro objetivo es que cualquier libro en cualquier lengua esté disponible para cualquier persona en menos de sesenta segundos». Amazon quiere ser una suerte de universo. «Tenemos todo y probablemente muchos libros solo los tenemos nosotros. Aquí se puede encontrar cualquier cosa», explican desde la empresa. Y es verdad. Amazon es un inabarcable catálogo al servicio del consumidor. Aquí se puede adquirir desde la Torá hasta Mi lucha de Adolf Hitler. La biblioteca de Borges no entiende de sentimientos: en la compañía de Bezos se pueden comprar incluso los libros que destripan a la empresa. En los dominios de Amazon, el libro que revela las lamentables condiciones laborales de Amazon, se vende en Amazon.

Un trabajador clasifica envíos de Amazon en el centro de Peterborough Cambridgeshire. Foto Cordon Press.

Un trabajador clasifica envíos de Amazon en el centro de Peterborough Cambridgeshire. Foto: Cordon Press.

La compañía cuenta a día de hoy con doscientos millones de clientes activos. Las ventajas para el consumidor son innegables: precios imbatibles, títulos que no se encuentran en ninguna otra parte y envío a casa. Es imposible competir con semejantes condiciones.

«Creo que en España los libreros se han precipitado mucho al enfrentarse a Amazon», afirma Txetxu Barandiarán. «Las prisas no son buenas y el mundo está cambiando. Hay que reflexionar y observar. Las críticas a Amazon no son tan claras, son difusas. Unos dicen que es por los precios, otros por los envíos, otros por los libros electrónicos. Pero yo creo que la crítica nace esencialmente de un problema: el miedo. El miedo a lo nuevo, el miedo lógico de cualquier sector pequeño ante la llegada del pez grande. Si la crítica se limita a que les están quitando su parte de la tarta, eso no se sostiene». Por eso no pocos especialistas como Txetxu sugieren tomar otros caminos ante la llegada del gigante. Uno de ellos es la diferenciación. El otro, el recurrente dicho: si no puedes con tu enemigo, únete a él.

La librería Diego Marín de Murcia, un negocio familiar de éxito, es un buen ejemplo de esto último. Esta empresa decidió vender su stock a través de Amazon. La compañía de Bezos ofrece a las librerías la posibilidad de distribuir su género, a cambio de una comisión. Para lograr el acuerdo acuden directamente a ellos, saltándose a las editoriales. Amazon se come así la mitad del negocio: el año pasado la industria del libro facturó en España cinco mil doscientos millones de euros, de los que el 50% correspondió al mundo editorial. Manuel Ortuño, de Trama Ediciones, vende a través de la multinacional. «Muchas librerías se cierran en banda contra Amazon, no frenan y reflexionan sobre cómo colaborar, cómo servirse de ellos». Colaborar con Amazon, claro, tiene un precio, pero sobre las condiciones pesa un opaco telón de secretismo. Ni Manuel ni ningún otro editor pueden hablar de ello. «Son absolutamente confidenciales. No puedo decir qué parte se llevan ellos porque el contrato exige confidencialidad absoluta. Sí puedo decir que son porcentajes más o menos sensatos, pero mañana esos porcentajes cambiarán. De eso estoy seguro», concluye.

Txetxu completa la crítica constructiva. «El mundo del libro dice ser un sector único, pero sus intereses no son los mismos. No tienen las mismas necesidades los sectores de libros jurídico-científicos que lo best sellers». Por ello cree que el futuro del negocio está en abrir espacios personalizados, especiales y diferenciados. «Las librerías son puntos de encuentro, espacios culturales. Hay que ofrecer este tipo de sitios, acogedores, interactivos y especializados, para que la gente se sienta atraída. Y con eso Amazon no puede competir». Muchas librerías comienzan a optar por ese sendero.

Los libros no están muriendo, simplemente se están volviendo digitales. (Jeff Bezos, 2008).

El 19 de noviembre de 2007 Amazon lanzó al mercado Kindle, su libro electrónico. En realidad el e-book ya existía (en España un año antes ya se comercializaba el iLiad, fabricado por iRex y «antepasado» del iPad), pero como todo lo que toca Amazon, el Kindle volteó el mercado. Con el libro electrónico de Bezos la industria librera volvió a temblar. No solo por la amenaza al libro clásico (que ahora veremos que, de momento, es infundada), sino por el tercer motivo de la ira: la autoedición.

El del e-book es uno de esos debates recurrentes. La televisión acabará con la radio, las webs con los periódicos y los libros electrónicos con los libros de papel. Al final cada medio, normalmente, va encontrando su hueco y su razón de ser. Por eso, Txetxu, no ve las nueces. «El lanzamiento de Kindle provocó otra oleada de miedo. Pero falta reflexión», señala. «Si nos paramos y miramos los datos, vemos que en EE. UU. la venta de e-books se ha estancado y supone solo un 4% de las ventas totales de libros. ¡Un 4%! Del que, además, el 75% es sobre libros jurídicos y médicos. La ansiedad generada no se corresponde con la realidad». Manuel Ortuño coincide: «Esto va muy despacio, los soportes van a convivir muchísimo tiempo». La propia Amazon opina del mismo modo: «Durante muchos años, la gran mayoría de lo que vendamos en nuestra tienda de libros provendrá de las editoriales».

Lo que es una incógnita es qué pasará en el futuro, un futuro para el que el sector librero tradicional no parece preparado: «El sector librero en España todavía no ha asumido la evolución o la revolución digital. Se han dormido y les va a costar muchísimo despertar y ponerse al día», señala Manuel Ortuño.

Vista general del almacén de Amazon en Brieselang, Alemania. Foto Tobias Schwarz Cordon Press

Vista general del almacén de Amazon en Brieselang, Alemania. Foto: Tobias Schwarz / Cordon Press.

En España, a día de hoy, hay setenta y cinco mil libros electrónicos, una cifra todavía lejana a considerarse elevada. El Kindle de Amazon, además, permite autoeditarse. Esto es, cualquiera que escriba un libro (o algo que crea que es un libro), puede subirlo a la web de Amazon y venderlo de forma digital por el precio que decida, incluso por cero euros. Amazon, claro, se lleva una parte.

Fernando Gamboa es el escritor español número uno a través de Amazon. El que más vende. «Comencé hace años a publicar con una editorial, pero cuando cerró me encontré un poco “con el culo al aire”, así que decidí probar suerte a través de Amazon», explica. Gamboa subió a la web su libro La historia de Luz y lo puso a la venta por tres euros. Fue un éxito. «Lo moví por algunos blogs y redes sociales, comenzó a funcionar el boca a boca y se multiplicaron las descargas». Fernando subió sus siguientes obras y a día de hoy publica tanto a través de editoriales como de Amazon. En este último caso el proceso es simple: escribe sus obras, las sube a Amazon y sus lectores las compran para leerlas de forma digital. «No soy millonario, ni mucho menos, pero vivo de esto. Y hoy en día no es decir poco», afirma.

Amazon ofrece dos opciones: si el precio fijado por el autor para su libro es menor de tres dólares, Amazon se queda el 70% y el escritor el 30%. Si lo vendes por más, los porcentajes se invierten y el escritor se lleva el 70%. «Es mucho más de lo que te llevas con un editorial de papel», afirma Gamboa. Estos porcentajes se convierten en prefijados y negociables cuando Amazon trabaja con editoriales independientes, en lugar de con escritores. Unos porcentajes, de nuevo, confidenciales.

La historia de Fernando tiene final feliz, ya que después de su historia de Luz vinieron más libros con sobresaliente éxito. «La verdad es que yo soy un poco excepción, porque es muy difícil vivir de la autoedición. Tienes que gestionar tú mismo la promoción y dependes también un poco de la suerte», confiesa Fernando.

«Los libreros son muy críticos con la autoedición, —retoma Txetxu— pero eso ya existía antes de Amazon. ¿Nadie se acuerda de los fanzines? ¿O de los escritores con sus manuscritos de librería en librería en librería o de editorial en editorial?». El enfado del sector del libro viene, sobre todo, porque —dicen— se acaba con la figura del editor. «Es una labor fundamental», asegura Manuel Ortuño. «El editor es quien selecciona la calidad, es el que pone un poco de orden en todo este caos que estamos viviendo». Gamboa discrepa. «Mis libros están muy editados. Pasan por dos correctores y varios lectores alfa. Soy extraordinariamente riguroso y profesional antes de poner algo a la venta. Y como yo, casi todos los autores que se autoeditan. Mis libros pasan tantos controles editoriales como en una editorial», afirma. Desde Amazon le dan otro punto de vista y afirman tener buena relación con la mayoría de editores: «Los editores están encontrando nuevas e innovadoras formas de conectar a los autores con sus lectores y, por supuesto, nuevas fórmulas para que los autores ganen tanto dinero como sea posible. Todos los editores con los que trabajamos en todo el mundo son increíblemente importantes para nuestro negocio. De vez en cuando tenemos opiniones distintas, sí, pero es mucho más lo que nos une de lo que nos separa. Nuestros intereses están alineados».

Pese al miedo y enfado de los libreros y editoriales, lo cierto es que en España, de momento, la autoedición apenas es una mosca que moleste a un león. Sigue existiendo una idea, una suerte de etiqueta por la que los libros autoeditados parecen tener menos calidad. «Todavía se confunde con libros para bodas», dice Ortuño. Y Gamboa añade. «En Estados Unidos, un autor que se autoedite y tenga éxito, tiene a cientos de editoriales aporreándole las puertas» .Y es que, la autoedición en España, sigue siendo un trampolín para el objetivo real y final de todo escritor: llegar a una editorial. Esta sigue siendo, pese a todo, la meta definitiva.

Desde que Amazon aterrizó en España, diecisiete escritores que comenzaron subiendo sus obras a la web han sido llamados por editoriales de mayor o menor prestigio, entre ellos autores de primera línea, como Juan Gómez Jurado o Esteban Navarro. Por ello desde la compañía, hacen una firme defensa de este modelo: «La plataforma de autopublicación de Amazon permite que grandes historias vean la luz —muchas de ellas después de haber estado guardadas años en cajones de escritorio sin haberse publicado—, permitiendo que sean los lectores los que decidan si son o no buenos libros». La criticada competencia desleal convertida en mercado y cantera de escritores.

Hay dos tipos de compañías: aquellas que trabajan por cobrar más y aquellas que trabajan por cobrar menos. Nosotros seremos la segunda (Jeff Bezos, 1998).

En septiembre de este año Amazon España decidió abrir a la prensa las puertas de su único almacén en el país, situado en San Fernando de Henares, Madrid. La visita coincidía en el tiempo con la llegada del libro En los dominios de Amazon, del periodista francés Jean Baptiste Malet. La obra es un extenso reportaje de investigación en el que se desvelan las inaceptables condiciones que padecen los trabajadores de los almacenes franceses y alemanes de Amazon. Malet, nacido en Toulun en 1987, se infiltró como trabajador en estos almacenes para dar cuenta de lo que sucedía en ellos.

Al principio intentó entrevistar a los trabajadores, para conocer sus problemas y quejas, pero fue incapaz. Como él mismo relata en el libro, los empleados se mostraban aterrorizados ante la idea de hablar con un periodista. Malet descubriría que Amazon obligaba a sus empleados a firmar cláusulas por las que se prohibía a los trabajadores hablar con la prensa e incluso, en ocasiones, con sus amigos o familiares sobre lo que ocurría en los almacenes. Lo que pasaba en los almacenes se quedaba en los almacenes. Ante el hermetismo, Malet tuvo que hacerse pasar por un trabajador. Y de la experiencia nació En los dominios de Amazon, que revela la cara más oscura de la compañía de Bezos y la sitúa muy lejos en el tiempo o en el espacio. Las fábricas de Francia parecen sacadas de la Revolución industrial o de un taller ilegal de Bangladesh: trabajadores exhaustos, sin tiempo para el descanso, con mareos por mala alimentación, sin calefacción y atemorizados por sus superiores. Inaudito.

Cuando Jean Baptiste Malet habla de las condiciones laborales de Amazon en Francia y Alemania las califica como «una amenaza para la democracia». Lo curioso en el caso francés es que Amazon sigue recibiendo dinero público. No solo eso: el desafío del Gobierno antes explicado contra las bajadas de precios de Amazon y su evasión de impuestos no se extiende a sus fábricas. Sobre eso el Ejecutivo francés no se pronuncia.

Entre otras muchas cosas que se detallan en el libro, Malet relata cómo los trabajadores están permanentemente geolocalizados, de manera que sus superiores conocen el ritmo de trabajo al detalle y qué están haciendo cada minuto. No se les permite parar, no se les permite tomarse un respiro. No se les permite hablar. Hay dos descansos de veinte minutos, uno de ellos no remunerado. No hay turnos fijos y la delación está bien vista: en los almacenes franceses de Amazon está muy bien valorado informar de que un compañero trabaja despacio o habla demasiado.

En Alemania, Malet descubrió en pleno invierno barracones donde dormían los trabajadores, la mayoría de ellos portugueses, españoles y griegos. No tenían calefacción y las camas eran para niños.

Amazon tiene cincuenta y nueve almacenes por todo el mundo, desde Estados Unidos a Japón, pasando por la India o Italia. Según la propia compañía, ya son algo más de cien mil los empleados en plantilla, una cifra que se incrementa en casi setenta mil en las fiestas navideñas. Pese a ello, Malet sostiene que Amazon destruye más empleos de los que crea, ya que, asegura, está eliminando sectores enteros.

El también periodista Adam Littler, de la BBC, se infiltró en un almacén de Gales y sus conclusiones fueron más o menos las mismas. Littler reveló que tenía que escanear una orden por pedido cada treinta y tres segundos, con un aparatito que pitaba si lo hacía mal, y después poner el producto escaneado en un carretillo. Así durante un turno de diez horas y media con un descanso de una hora. Al final del turno, Littler había caminado quince kilómetros y cuando terminó su contrato padecía estrés y ansiedad.

Lo curioso de todo esto es que En los dominios de Amazon se vende en Amazon, algo que le ha valido al autor severas críticas de algunos sectores. Malet explica en una entrevista para Liberation que no depende de él. «Si por mi fuera —asegura—, el libro no se vendería en Amazon, pero no es algo que decida yo. Por otra parte, es una forma de llegar a todo el mundo, de tener más visibilidad». Esa es la paradoja, el quid del asunto. Admitir que nada funciona mejor que Amazon, a sabiendas de que todo lo demás está condenado por ello. Eso es, al fin y al cabo, Amazon. La idea de Jeffrey Bezos.

Trabajadores de Amazon en el almacén de distribución de Brieselang. Foto REUTERS Cordon Press.

Trabajadores de Amazon en el almacén de distribución de Brieselang. Foto: REUTERS / Cordon Press.

90 comentarios

  1. Pingback: La sombra de Amazon planea sobre los libreros españoles

  2. Hay algo de lo que nadie habla cuando se analiza a Amazon y me parece posiblemente lo más gordo.

    Cuando Amazon actua como “marketplace”(promociona y vende productos de otras tiendas a las que les cobra comisión por ventas y/o fijos mensuales) recopila datos de que productos son los más vendidos para, a posteriori, acabar vendiéndolos por si mismo a precio inferior al de cualquier tienda online al uso.

    Es el capitalismo llevado al extremo en el que el pez grande siempre se come al pequeño.

    • Seguramente el beneficio de Amazon al servir de marketplace para otros comercios es la comisión fija mensual/anual más que la comisión por venta. Y tambien lo que tu dices, les sirve como estudio de mercado a la hora de incorporar artículos a su propio catálogo.

      Hay veces en que la diferencia de precio es espectacular, amazon practica dumping por sistema contra las tiendas de su propio marketplace.

  3. ¿Alburquerque? ;)

  4. Son casos tristes y, lamentablemente, ya comunes. Es la consecuencia de vivir en un mundo con clara capacidad superada de producción. Es la verdad, dentro de esta economía, no hay trabajo para tanta gente y, por lo tanto, el que hay, se consigue en condiciones de esclavitud total. Amazon es culpable por ser parte de este sistema, al igual que lo somos nosotros. Porque es una idiotez criticar al autor francés por vender su libro en Amazon: esos que lo critican seguramente tienen un producto de Apple, que también tiene unas condiciones laborales horrorosas en sus plantas en China; o alguna ropa de marca, creada en Bangladesh y en la misma situación. O cambiamos el sistema o le damos la bienvenido a la esclavitud. Yo opto por lo primero.

  5. Soy un pequeño editor de ensayo técnico (arqueología). Como investigador, Amazon me ha salvado la vida consiguiendo a buen precio libros internacionales que en España se vendían hasta un 200% más caros de su precio original y no estaban en las bibliotecas universitarias. Como editor me permite llegar a todos los rincones. Y si yo puedo igualar los gastos de envío de Amazon, cualquiera puede. Empecé con Marketplace, me hicieron dumping, lo quité y ahora venden ellos. Personalmente me da igual. Con mi nivel de ventas apenas pierdo dinero, puede que hasta gane mas. Si queréis números, los tengo hechos. Cuando dejé Marketplace pasé de vender 3-5 libros al mes (yo) a 1. Amazon vendía unos 15… el triple.
    Además, algo muy importante: Amazon paga, cosa que no ocurre con el 35% de las librerías con las que he trabajado.
    El problema de muchas librerías es la falta de seriedad con sus proveedores y la falta de profesionalidad. Hay libreros sensacionales a los que les hará más daño Planeta, o Belén Esteban, que Amazon. El resto es el que pierde. Cuando quiero determinadas cosas sigo yendo a las librerías de confianza y mando a muchos de mis clientes allí. Para todo lo demás Amazon.

  6. Es curioso que en pocos días coincidan varios artículos (http://www.elmundo.es/cronica/2013/12/01/529a176e61fd3dba0a8b456e.html , http://www.xataka.com/historias-de-la-tecnologia/amazon-un-gigante-con-luces-y-sombras) con planteamientos similares (el de Xataka es calcado).

    Francamente, estoy harto de los lloriqueos de libreros, editoriales y distribuidores. Amazon no se va a cargar nada que ya no se hayan cargado ellos; es más, creo que gracias a Amazon están potenciándose iniciativas como Iberlibro o las pequeñas editoriales “on line”, donde los autores pueden publicar y vender sin depender de la tiranía de las 4 editoriales que dominaban el mercado.

  7. Por suerte o por desgracia la compra por internet es imparable. Si la gente hasta se compra ropa por internet (confieso que no lo termino de entender) como no nos vamos a comprar un libro.
    Los de Amazon seguro que son unos malditos canallas, no seré yo quien lo niegue, pero hay que reconocer que como cliente no he visto nada mejor. Por mejor quiero decir que la página de Amazon es simplemente genial, fomenta la compra compulsiva, es facilisimo comprar (pero facilisimo de verdad) y en dos dias lo tienes en casa.
    Simplemente se lo están montando bien, puede que machaquen al trabajador, no lo niego y me parece asqueroso, pero si tenemos que dejar de comprar a cada empresa que explota a sus trabajadores viviriamos en una cueva y andariamos en pelotas por el campo.
    Es el mundo que nos ha tocado…

    • La gente que compra ropa en internet va a la tienda física a probársela, ponen cara de no estar convencidos y corren al ordenador/tablet o al mismo movil dentro de la tienda (los más caraduras) para comprar dicha prenda a menor precio.

  8. Hola, un tema importante, el periodista habla de que abrieron a los medios sus almacenes en España. ¿Estuvo allí? ¿Vio las mismas condiciones que las que relatan en otros países? Mucho dato recopilado, buenas referencias de sectores relacionados, pero ninguna historia personal de trabajadores recogida de forma directa, me temo.

  9. Aquí un vídeo del día de puertas abiertas de Amazon:
    http://www.youtube.com/watch?v=5SS9eepJV-U

    Yo con las quejas de los distintos “perjudicados” con Amazon (o Spotify o cualquier nuevo servicio) me imagino como seria la situación actual si siguiéramos con los sistemas de Gremios de hace unos siglos en Europa, posiblemente iríamos en carruaje todavía. La evolución de x es maravillosa hasta que x me toca a mi.

    Otra cosa muy distinta es la precariedad laboral que parece que tienen en Amazon, contra eso si que hay que luchar, pero quejarte de que tienen mejor servicio que tu y no hacer nada para solucionarlo me parece de jetas.

    • ¿Hay que luchar? ¿porqué? ¿te ponen una pistola en la sien para aceptar un puesto de trabajo precario en Amazon? ¿es mejor el desempleo?

      • Porque si no luchamos, todos los trabajos acabarán siendo precarios. Con esa mentalidad de “mejor esto que nada” acabaremos trabajando por un cuenco de arroz, que también es mejor que nada.
        De momento, ya nos han acostumbrado a que las horas extras se apuntan a la viga, a que las 40 horas semanales es una bonita declaración de intenciones que no se cumple y a que los días de huelga existe el “derecho a ir a trabajar”.

        • ¿Ya “nos han acostumbrado”? ¿quién? ¿los políticos/banqueros/funcionarios/marcianitos verdes? ¿qué jornadas semanales se trabajaban a finales del s.XIX? ¿y a finales del s.XV? ¿qué calidad de vida tenían aquellos obreros o campesinos? ¿también tenían tres portátiles y dos coches por domicilio?

          Despierte y huela el café!

          • Ah, bueno, que teniendo portátiles y teles de 50 pulgadas ya llega, entonces olvídese hombre, no vaya a ser que pierda sus privilegios.

  10. Vale, y ahora el porque amazon es amazon…… tienen el mejor servicio postventa y de atención al cliente de todo el mercado

    Si eso simplemente lo copiaran, es dificilmente mejorable, su competencia, unos no serian tan buenos/malos que otros

    • ¿Es realista, Flo, que una empresa llegue a este tamaño? Para ello ya necesitaría una ingente burocracia interna, que fuera muy eficiente.

  11. Y la luz del capitalismo se hizo para ciertos capitalistas de toda la vida. ¿De dónde salen las quejas? ¿De que, como señala Barandiarán, les quitan su parte de la tarta? Ya lo dice And: “la evolución de x es maravillosa hasta que x me toca a mi”. Cuando los perjudicados por el dumping son ellos, reaparecen convertidos en Naomi Klein y, ahora sí, claman al cielo contra las miserables condiciones laborales de la competencia. El libre mercado y la globalización está muy bien siempre que yo me saque mi buen pellizco. Si no, ya no mola tanto. Los que mueven los hilos del mercado cultural español llevan riéndose de los consumidores y sacando tajada a su costa desde hace décadas. Ahora que algo amenaza esa tajada, se ponen estupendos. Yo llevo años sin comprar series, películas, libros o música en España, a excepción de libros a pequeñas editoriales que no se pueden permitir el lujo de grandes tiradas. Que en este país haya gente pagando el doble y el triple de dinero por el mismo producto que en países con salarios y precio de la vida más elevados, no es un problema de Amazon sino de la desvergüenza de los oligopolios del sector cultural. A ellos que son más listos que nadie les ha salido un competidor todavía más listo.

  12. Cuando compráis un libro a una librería en Amazon se quedan un 40%, a veces más, del total, gastos incluidos.
    El dumping no lo hacen para bajar precios, lo hacen para subirlos cuando logren eliminar la competencia.
    He trabajado con ellos y el trato fue indignante, pensaban que éramos sus esclavos.
    El servicio de post venta es igual de bueno que en cualquier librería on-line seria.
    Iberlibro también es una compañía de Amazon, la web de los libreros españoles de segunda mano es Uniliber.com, la de los libreros de nuevo es todostuslibros.com
    Tras trabajar con ellos sé que dejaría de leer antes que comprarles un sólo libro.

  13. Yo no he comprado libros en Amazon, aún, pero si he hecho las compras para Navidad y en jugueteria NO TIENE RIVAL. Y, cómo cualquiera, yo compro dónde sea más barato, y que además den la garantía suficiente como para que si hay cualquier problema me respondan. Y Amazon lo tiene. Y lo ilustro con un ejemplo: He comprado un juguete de los Angry Birds por 39,90 euros, y en la web de Toys’r’us está a 57,90 euros, es decir, casi 20 euros de diferencia. En la jugueteria del barrio cuesta 55 euros. ¿Qué hariais vosotros? Y además, en 3 días lo tuve en casa. Yo sólo puedo decir que gracias a Amazon por ahorrarme tanto dinero.

    • El problema es que TODO lo venden unos pocos, por lo que :
      1º Cuando te quedes sin trabajo, o te bajen el sueldo porque nadie compra lo que tu fabricas porque están en el paro porque TODO el dinero está en el mismo sitio que NO está cerca de tí, No te quejes.
      2º Cuando tengas que comprar lo que te digan, sin opción porque TODO el sistema productivo y comercial depende de UNOS POCOS, no te quejes.
      3º Cuando las tiendas de tu barrio, esos explotadores sin escrúpulos que sólo quieren timarte, y tú, por supuesto, TÚ NO ERES TONTO, cierren, y no paguen impuestos y no contraten gente y no den vida al barrio que se convertirá en un barrio fantasma, no te quejes.

      • Antoine, qué conste que no me gusta que TODO lo vendan unos pocos, es más: lo detesto. Pero, aunque muchas veces he hecho lo contrario, creo que como comprador es lógico acudir donde más barato esté el producto qué busques (ojo, cuando hablamos del mismo producto y la diferencia no sea de un euro).

        Pero lo acojonante, a mi modo de ver, es que las empresas logren escaquearse de impuestos y tener ventajas sobre sus competidores de manera tan clara. Algo falla.

        No soy un especialista en el tema pero si, como dice Alejandro, el juguete cuesta 20 euros más caro en el resto de comercios, ¿cómo vas a comprarlo en otro sitio? Creo que para arreglar esto no podemos apelar a ser buenos y comprar en las tiendas de nuestro barrio, porque a mi no me sobra el dinero.

        Lo que hay que conseguir es que las reglas sean para todos iguales. Y no nos confundamos: comprar a distancia no es el mal y comprar en el barrio no es el bien. Yo busco un buen servicio y el mejor precio posible, creo que como todos. Lo grave es que, esto, arruine a la gran mayoría.

        • Gonzalo,
          Todos tenemos el impulso de comprar lo más barato posible, pero no nos damos cuenta de lo que en realidad nos cuesta comprar lo más barato. Nos cuesta, por ejemplo, el empleo, el estado del bienestar, la salud, la desaparición de la clase media, etc, etc..así que no creo que sea más barato comprar en Amzon, es carísimo.
          Debemos exigir a este estado devorador y alineante que nos defienda, que defienda nuestro modo de vida y que no nos entregue a las p…. multinacionales que nos esquilman, principalmente porque se llevan el dinero a paraisos fiscales y no pagan impuestos, eso que no nos gusta a nadie, pero que es lo que nos ha permitido hasta ahora vivir con una calidad razonable. Y no hablo sólo del PP, hablo de todos, de TODOS.

          • Totalmente de acuerdo Antoine. Creo que debemos exigir y protestar pero de manera efectiva. No quiero acabar en una conversación en bucle, no tengo además la solución, pero pongo el foco de atención en que es la normativa, son las leyes las que permiten, o no sancionan, los comportamientos de ciertas empresas.

            No creo que debamos ir a nuestra bola, ojo, creo que deberíamos exigir que las leyes sean justas para todos. Limitarnos a comprar en un pequeño comercio (que por supuesto también lo hago), me parecen lagrimitas en el mar. Al final, la oferta y la demanda son más potentes que todo eso.

            Saludos

          • ¿Y quién dice que defender a los ciudadanos significa defender al pequeño comercio? ¿dónde lo pone? ¿en las Tablas de la Ley que bajó Moisés del monte Sinaí?

            Yo no quiero que me defiendan de nadie. Yo quiero libertad para competir. Basta de mamandurrias!

            • Saulo, perdona pero no entiendo tu respuesta. Yo precisamente digo que lo ideal es que las reglas sean para todos iguales.

  14. Yo no he comprado jamás, nada en Amazon. Como no soy un cabrón codicioso, que pierde el culo por obtener algo barato aunque no le convenza, pues no les doy a ganar ni un céntimo. Si el mundo no estuviera lleno de urracas ansiosas por el brillo del oro, como los mismos tipos de Amazon y sus clientes, esta empresa y otras, se hundirían en la mierda. La inmensa mayoría de gente tiene lo que se merece, que no se quejen…

    • O sea, que por querer comprar más barato soy un cabrón codicioso? Quédate con el romanticismo inútil de las tiendas de proximidad, que el comercio electrónico está aquí para quedarse, te guste o no.

    • Tampoco compras en Zara? O en el Carrefour? En el Corte Ingles? (vease articulo de Jot Down sobre El Corte Ingles) Apple? Bombonas de butano servidas por trabajadores pakistanies esclavizados? Practicamente todo lo que compramos no pasa un minimo estandard ético en su producción, distribución o venta. Esto es así, para que una camisa de Zara te cueste 15 euros, alguien, en algún lejano pais, tiene que estar cobrando dos euros al día.

      • Yo no sé Mochales, pero yo no compro ni en Zara ni en ninguna otra tienda de ropa con productos hechos en Bangladesh, Malasia y similares, ya sabemos cómo. Y no creo ser el único. Por supuesto, algunos tienen la conciencia más laxa que otros.

        • Entonces me imagino que tampoco tendras movil ni ordenador y que este comentario lo has mandado por paloma mensajera a la redacción de Jotdown, ¿no?
          No defiendo la explotación laboral de nadie en ningún lugar del mundo, pero tampoco tranquilizo mi conciencia mirando la etiqueta de una camiseta antes de comprarla a ver si pone Pakistan o Garrapinillos de arriba, la realidad es bastante mas compleja que eso.

          • Ah, entonces es mejor lo suyo: no hacer absolutamente nada. Una filosofía muy postmoderna: ándeme yo caliente, que les den por culo a los demás.

            • Si lo que hace le ayuda a dormir mejor sigalo haciendo, aunque como todos hicieramos lo mismo entonces si que las condiciones de vida en esos paises iban a ser malas de verdad. Si todo fuera tan facil…

              • Sr. caliviz. es usted un nazi y un vago existencial. No disfrace su pereza intelectual y su absoluta falta de compromiso político como si el problema fuera de los demás.

                • Asi me gusta, aportando argumentos.

                  • Sinceramente, no sé qué más argumentos quiere. Usted es como esos niños del parvulario que, enfrascados en una pelea a tortas, cuando el profesor les reprende por su actitud, en lugar de retractarse y hacer examen de conciencia, buscando excusarse dicen: pero él empezó primero. Vuelva usted al parvulario.

                    • Volvere al parvulario, no se preocupe, y haré examen de conciencia con mi consejero espiritual. Gracias por sus sabios consejos y por sus finos insultos. Que le vaya bien.

                    • ¡No ser así coño! ¡Que estamos en Navidad casi!
                      Sevidora pa no dar de ganar a esos esplotadores me compro las bragas usadas en los mercadillos, a los gitanos!

                • Nazi? Compromiso político? Intelectual? Qué grandes palabras salen del cerco de tus dientes. Sigue opositando, que te van a dar el premio al comentarista demócrata del año. Contente un poco antes de sacar la esvástica a pasear.

  15. Verlo para creerlo. Definitivamente, la luz del capitalismo ha llegado a los hogares de la mano de Amazon. Un siglo después se cae la venda y a los consumidores que petan FNAC o Barnes & Noble les parece indignante la llegada del nuevo tipo más listo de la clase capitalista. Como no hay mal que por bien no venga, quizá es un buen momento para que esa gran minoría de precarios españoles colguemos nuestras nóminas en el tablón de anuncios y revelemos (digo revelar porque parece que el sector estable sigue sin enterarse) el ínfimo estado de nuestras condiciones laborales. Yo empezaría por algunos de esos sitios respetables.

    • Está claro. No ha sido Amazon el que ha inventado la explotación del trabajador español. Yo estoy cansado de ver mil y una historias de explotación, y no precisamente de grandes empresas. En este pais, digamoslo ya, el que mas explota es el pequeño empresario.

  16. La crítica a Amazon es muy legítima, pero no precisamente desde los sectores que la están alimentando. ¿Tiendas de proximidad? ¿Cuáles? ¿La del frutero, la librería independiente, la zapatería o la tienda de ropa de tu barrio? Porque esas hace tiempo que cerraron y fueron sustituidas por los Alcampo, Carrefour, FNAC, tiendas de los chinos, H&M, Mango, Lots of colors, Tiger y el mayor engendro de entre todos los engendros: los macrocentros comerciales, que han arrasado en España. Que viva la libre circulación de capitales y mercancías, la globalización y el libre comercio siempre y cuando los afectados y desfavorecidos sean los demás.

  17. «Si nos paramos y miramos los datos, vemos que en EE. UU. la venta de e-books se ha estancado y supone solo un 4% de las ventas totales de libros. ¡Un 4%! ” (Txetxu Barandiarán)

    ¿Cuál es la fuente de ese 4%? Primer resultado en Google para “2013 ebook sales us”
    Según datos de la APP (Asociation of American Publishers) en lo que va de año para unas ventas totales aproximadas de 3.100$ millones, las del libro electrónico son aproximadamente unos 766$ millones, que representan alrededor de un 25% del total.
    Un cuarto de las ventas totales me parece un porcentaje ciertamente significativo.

  18. Amazon aparte, ¿por qué en España los libros españoles son tan caros? Ayer mismo en una gran librería veo Grandes Esperanzas en De Bolsillo por 14.5€ y el mismo libro en inglés (!!!y en mejor edición!!!) lo encuentro a unos pocos metros a … !!8.5€!!
    Lo mismo pasaba con la trilogía de Larsson hace unos años: mientras Destino seguía vendiéndolos a más de 20€, los encontrabas ya en inglés sin mucho problema a 9-10€. Todo en la misma Feria del Libro, a unos pocos stand de distancia.
    Yo quiero a mi librero y a mi editor, pero más quiero a mis ahorrillos, cada día menos poderosos desde el punto de vista adquisitivo.

  19. Mi pena arcimboldo es que solo puedo leer en inglés. Lumen sacó hace años las memorias de Leni Riefenstahl, pero acabaron descatalogadas. Como soy incapaz de leer alemán, llevo años persiguiéndolas sin tener que gastarme 30€ en un libro de segunda mano. Este año Lumen las reeditó para mi alegría hasta que vi el precio: 34 €. Según salió a la venta fui a ver la edición para ver si incluían algo muy valioso que a mí se me estaba escapando. No es el caso, así que dejé el libro donde estaba. En su día no lo compré en inglés, que se puede comprar por la mitad o un tercio de ese precio, porque me parecía absurdo leer en inglés a una autora alemana. Pero al final, ante el atraco del mercado editorial español, no te dejan otra salida. Desgraciadamente, a pesar de los infladísimos precios, nunca han dejado de vender porque la mayoría de los consumidores apenas compra 5 ó 6 libros al año. En Gran Bretaña se han empezado a dar cuenta del nicho que hay en España y están empezando a vender libros de editoriales españolas más baratos (con los gastos de envío incluidos) que aquí. Para lo que no podía leer en inglés, antes recurría a las bibliotecas. Ahora, ni siquiera queda esa opción porque apenas hay dinero para adquirir nuevos libros. ¿Resultado? Cada vez leo menos literatura o ensayo en español.

    • Exactly like me. Todavía estoy intentando encontrar en España las obras de Galdós al precio que los británicos ofrecen las de DIckens. O EEUU las de Twain, Poe y Fenimore Cooper. O Francia las de sus clásicos del XIX (aunque aquí no son tan baratos, pero en cualquier caso Gallimard no ofrece malos precios en Livre de Poche).
      Aún recuerdo que en un Mall en un pueblo de mala muerte del Estado de Ohio (EEUU) compré por 10$ las obras completas de Poe, en una edición en rústica de calidad más que aceptable (algo así como mil páginas). En España no encuentras una serie de los Episodios Nacionales por menos de 50€. E ir uno por uno supone gastar en torno a 8€ por Episodio. ¿Cómo c… voy a tener yo cariño a este conglomerado librero-distribuidor-editorial?
      Y sí, yo prefiero ya leer directamente en inglés. Sin dudarlo.

  20. Compro lo más barato posible. No me importa las miserias que tengan que sufrir unos desconocidos para que yo obtenga mi producto de calidad.
    El mundo es así, y los que lo entienden son los que triunfan.

    • Es cierto, todo el problema se reduce a esto. Adaptarse o no; tratar de no desfallecer en esta carrera de ratas sin mirar a los que se quedan atrás. Pensar únicamente en los nuestros, esposa, hijos, padres, hermanos. Y si fuera necesario, soltarse de la mano también de estos, ya que lo único importante es sobrevivir, uno, COMO SEA. Bueno, sobrevivir hasta que llega el fín, porque todos sabemos como acaba, ¿verdad? Los que han triunfado se van a tomar pol culo igual que los demás.

  21. Amazon elude pagar impuestos allí donde opera, pero ha desembarcado en España con una alfombra roja tendida por nuestros gobernantes. Para ocultar a sus robots de carne y hueso, Amazon nos ha enseñado un robot de mentira y los informativos de todo el mundo han convertido la publicidad verdadera en una noticia falsa wp.me/p1peVr-E2

  22. Pingback: Los robots de Amazon | Después del hipopótamo

  23. La gran idea de amazon de vender libros por internet; explota las ansias de los lectores por tener los primeros libros que están a la venta; y ahora ya se pueden descargan en tu kindle o en tu ipad instantáneamente; tengo curiosidad de ver con mis propios ojos algún día uno de estos drones entregándome un libro, algún producto o una pizza, por lo pronto ahorrarré para comprarme un kindle que pesa poco y no tener que cargar con un libro; aunque algunos digan que se pierde la escencia o no se puedan hacer anotaciones igual que en un libro.

    Saludos.

    • En un país que no lee, y donde ser un ignorante es algo de lo que orgullecerse, ahora resulta que el problema es que los lectores digitales (Kindle, Sony, etc…) no permiten folios y más folios en blanco para realizar anotaciones enciclopédicas a las obras completas de Dostoievski que cada español de bien tiene debajo de su almohada para releer con interés y hábito constante.

      En fin. Hay que reírse, porque sino acabamos sacando la recortada…

  24. La cita “Es más fácil ser inteligente que amable…” la atribuyen al abuelo de Bezos, y aquí está la historia:
    http://blogs.hbr.org/2012/08/its-more-important-to-be-kind/

  25. Un servidor disfruta de la compra de libros en librerías, de sopesarlos, leer contraportadas, de ir con la cabeza ladeada leyendo los lomos en las estanterías…
    Pero he comprado libros en Amazon, y muchos. Todos los libros técnicos y especializados que necesito los compro allí. El porqué, muy sencillo, está todo lo imaginable y a un precio inmejorable. A mi también me gustaba el trato de mi librero especializado pero por lo que antes me llevaba 10 libros ahora me llevo 15. Y dejando el tema libros el otro día me compré una cafetera por 78 pavos que había visto en comercios (pequeños y grandes superficies) nunca por menos de 99…

  26. ¿Acaso no buscamos rentabilizar nuestro dinero al máximo?

    Jeff Bezos ha buscado un terreno vacío y lo ha encontrado en el mercado online. Por suerte ha decidido basar su modelo de negocio en reducir costes (tiendas físicas) para ofrecer libros (en un primer momento) a menor precio. Otras empresas para reducir sus costes y mantener (o icrementar) sus beneficios han decidido abandonar España o cualquier país del primer mundo para ubicar sus factorías en paises subdesarrollados, creando “salarios” que no cubren ni el hambre.

    Amazon ha reducido los precios mientras que marcas como Lacoste o Zara los han aumentado. ¿Nos estamos volviendo locos? ¿Estamos defendiendo los soldados rasos de este mundo capitalista los intereses de la burguesía española? ¿Acaso ellos no han reducido el salario de todos sus trabajadores para aumentar sus beneficios?

    Este debate es insustancial, no hay nada más peligroso que una clase media/baja que defiende a los que se han aprovechado de ella durante toda la historia.

  27. Gran artículo. Enhorabuena. Por cierto, sabéis si existe algo similar para autoeditar y vender tu propia música? Gracias.

  28. Muchas gracias por el artículo.

    Editamos nuestro primer libro hace casi seis años, y la imprenta nos habló de que podían vendernos en Amazon. En aquel momento, con la euforia de ser una editorial “de verdad” al fin, les dijimos que sí. Nuestro único punto de venta era nuestra página, desde la que vendimos cerca de 300 ejemplares. Al principio nos pasábamos por Amazon para ver si habían vendido algo, pero como nunca vendían nada, dejamos de hacerlo.

    Y el año pasado me escribió un estudiante de la Universidad de Córdoba diciéndome que estaba haciendo un trabajo sobre el libro. Primero se lo había descargado online y le había gustado tanto que se lo había comprado en papel. En Amazon, porque lo tenía más barato que nosotros (no cobrábamos gastos de envío). El muchacho me dijo que en el libro ponía que había sido impreso en Inglaterra.

    ¿El envío desde un pueblo de Inglaterra a Córdoba es más barato que desde Madrid? Supongo que si fletas un barco diario y aprietas a los transportistas como a los empleados, podría ser más barato.

    Pero el tema no es si Amazon está arruinando a los editores o a los libreros (nosotros estamos haciendo el camino inverso: empezamos en la red hace 14 años y ahora inauguramos librería física el 17 de diciembre a las 20:00 en Torrelodones. Estáis invitados. Habrá picoteo).

    El tema está es que si no estuvieran exterminando a la clase media, no andaríamos tan preocupados por los precios de las cosas y no tendríamos que renunciar a ciertos placeres de la vida, como bajar a ver el género que tiene el frutero y charlar un rato con él , en lugar de comprar la fruta empaquetada en el centro comercial.

    Las condiciones laborales de Amazon, por desgracia, no son insólitas en nuestro país. El otro día a mi hijo le llamó una gran cadena de restauración para que trabajara sábados, domingos y días festivos de Navidad por menos de cinco euros la hora. (Y sólo entrevistaban a gente con experiencia).

    Es un círculo vicioso: como apenas tenemos dinero, nos vemos obligados a consumir lo más barato, y para que sea más barato las megaempresas recurren a paraísos fiscales y a explotar a los empleados. Si comprar un libro o un juguete no supusiera un roto en nuestros tristes presupuestos, no andaríamos todos a la caza de ofertas, y miraríamos un poco más las condiciones en las que trabajan los empleados de esas empresas.
    Como antes, cuando todos éramos ricos y pagábamos la cuota de Greenpeace o de Médicos sin Fronteras.

    No podemos luchar contra Amazon, pero será la propia tecnología la que acabe con ella. En el futuro, el libro se imprimirá en casa. Esperemos que para entonces no sean ellos los únicos distribuidores mundiales.

    • Ni más ni menos, Malvisol. Esa es la madre del cordero. ¡Enhorabuena! Y parece mentira que en este foro haya tanto ignorante que aún no se ha dado ni cuenta. No solo destruimos la industria editorial (y a muchos autores) es que somos cómplices de este modelo explotador. Pero claro, señalarse a uno mismo y acusarse es bien jodido. El otro día leía en el New Yorker una noticia breve que me dejó patas arriba. La dirección de Wal-Mart, (para quien no lo sepa, marca de una cadena de supermercados) recomendaba a sus trabajadores que vendieran sus pertenencias en e-Bay para sacarse un sobresueldo y compensar el ruinoso salario que les pagaban. ¡Y lo hacían en la propia web de la compañía! Este es el modelo Amazon. Explotación humana y degradación. En Alemania, parece que los trabajadores se han declarado en huelga ante las infectas condiciones de empleo que prometen estos puercos. ¡Y nosotros que nos creemos tan lejos de China! ¡Ay, señor!

  29. Es muy respetable querer comprar en el pequeño negocio, negociar cada contrato, tratar personalmente con el dueño, regatear incluso, y sentir que uno se encuentra en un zoco medieval. La atención personal, una buena conversación sobre el producto que se compra, un buen asesoramiento… eso no lo puede dar internet.

    Pero estamos en el siglo XXI, la gente quiere vivir mejor, y para eso tiene que celebrar más contratos, comprar más cosas y al menor coste posible. Y para eso las técnicas empresariales de las grandes compañías con un volumen de ventas enorme son tan imprescindibles como las condiciones generales de la contratación.

    La semana pasada estuve en Poitiers. Busqué una librería de bande dessinnée (recomiendo Bulles d´encre), compré un par de volúmenes en francés, y esas colecciones las seguiré haciendo a través de Amazon. Si tuviera que traerme los veinte tomos de una colección en la maleta probablemente no hubiese comprado nada, ¿para qué comprar sólo un número? No haría tantas colecciones, sino que me conformaría con una, o incluso renunciaría a comprarlas en francés. Me conformaría, como se hizo hasta hace bien poco, con leer traducciones que pagaría comparativamente más caro.

    Así que Amazon ayuda también a que los pequeños empresario, porque contribuye a hacer afición permitiendo que la gente adquiera productos a menor precio, de manera que a veces se decante por el trato personal, por el asesoramiento (por ejemplo, qué serie comenzar o a qué dibujante seguir) y otras por la cantidad y la rapidez en las transacciones.

    La lucha contra el capitalismo y la gran empresa que proponen algunos, de haberse llevado a cabo hace 100 ó 150 años, haría que hoy en día siguiésemos viajando en diligencias.

  30. Pingback: 20/12/13 – ¡ Que viene Amazon ! | La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real

  31. Pingback: “¨En los dominios de Amazon¨, el libro que revela las lamentables condiciones laborales de Amazon, se vende en Amazon” | Texto casi Diario

  32. Las condiciones de Amazon serán malas, seguro.

    No conozco una sola empresa que utilice mano de obra de forma intensiva y que económicamente marche bien que ofrezca condiciones “buenas”.

    Europa está jodida, pero bien jodida. No tiene huevos para competir contra la innovación norteamericana o contra la competitividad china o india. Y es lo que hay. Poco a poco (en el caso de España, no es tan poco a poco), nos toca bangladeshinarnos.

    Podemos también adoptar posturas anticapitalistas, como Corea del Norte, Venezuela o Cuba. No sé yo si ganamos mucho con el cambio.

    Por lo que se ve, estamos jodidos.

    Yo soy hijo de agricultores. Cuando los del sector protestamos porque los productos de fuera son más baratos que los de dentro, a base de sueldos míseros, jornadas maratonianas y controles de calidad inexistentes, nos tiran los precios y no nos salen las cuentas, los tercermundistas nos dicen que el comercio ha de ser libre, que se han de acabar las restricciones arancelarias, no te cuento yo si se trata de productos agrícolas, que hay que dejarles desarrollarse a los países del tercer mundo, y que si a ti, olivarero español, te cuesta producir el kg de aceite de oliva un euro con cincuenta céntimos (porque tus aceituneros te cuestan unos ochenta euros diarios entre salario y seguridad social), y al marroquí o tunecino sesenta céntimos (porque paga jornales de cuatro a seis euros), te jodes y bailas.

    Esos, los que le piden a los agricultores españoles que se callen y aguanten, son los mismos que critican a Amazon y demás porque producen en condiciones dickensianas y en países allende nuestras fronteras… Se acuerdan de aquello evangélico de la paja ajena y la viga propia.

    Yo no me creo a nadie. Creo que nos van a dar por culo a todos, y que nuestros hijos y nietos lo van a pasar chachi piruli, porque efectivamente no va a haber trabajo decente para todos, y esto va a ser una guerra a bocados por lo poco decente que quede. A no ser, claro, que nos transformemos en un país de vanguardia como los EE.UU., Israel, Escandinavia…

    Eso, ya lo sabemos, no va a pasar. Con España no. Y con buena parte de la Europa rica y rubia que hoy se pavonea, tampoco.

  33. Pingback: Lecturas de Domingo (23) | Ciencias y cosas

  34. ¿En qué queremos que se convierta El Mundo? Coincido con que Amazon es parte de un sistema capitalista voraz. Que los gobiernos y la autoridad competente investigue: si explotan a los empleados, si hacen malas prácticas, que paguen con el dinero que consiguen tan fácilmente. Capitalismo sí pero siempre desde la ética.

    @alopezvicente

  35. Se han exagerado un poco las condiciones laborales en los almacenes de Amazon. Sólo un poco. Es verdad que hay que andar kilómetros, y no se cuentan algunas exigencias en el trabajo que quizá sean ilegales. Tampoco se habla del proceso de selección de personal: es, literalmente, denigrante y obligan a perder la dignidad o soltarle un sopapo al entrevistador.
    http://www.bookfinder.com

  36. Esta muy bien el articulo pero hay un matiz el dumping, entendido vender bajo coste, es una practica illegal en España.

  37. yo he tenido la oportunidad de usar este servicio y me parece imprecionante la cantidad de articulos y de titulos de libros que puedes encontrar, ademas de lo rapido que te los mandan.

  38. La madre del problema está en algo que ha dicho Ricardo: “Pero estamos en el siglo XXI, la gente quiere vivir mejor, y para eso tiene que celebrar más contratos, comprar más cosas y al menor coste posible.”

    Es la obsesión por comprar cosas a puñados, aunque no las necesitemos, solo porque son baratas y sin tener en cuenta las consecuencias a medio y largo plazo. Nuestra adicción a las compras baratas ha desmantelado la industria de media Europa, hasta tal punto que ya es imposible encontrar ciertas cosas “made in EU” (no digo siquiera “made in Spain”, que es casi una utopía). Gomas del pelo, por ejemplo: ni en España ni en Alemania (donde vivo) es posible encontrarlas que no estén hechas en China o Vietnam. Lo mismo pasa con la ropa; da igual Primark que El Corte Inglés: la etiqueta de Made in China/Bangladesh/Sri Lanka es omnipresente y la falta de alternativas a esto es agobiante.

    Personalmente, que la ropa que llevo, la comida que como, los aparatos eléctricos de mi casa y hasta el boli con el que escribo vengan de la otra punta del mundo es una obscenidad, tanto desde el punto de vista económico como moralmente y hasta ecológicamente.

    Nos han cambiado puestos de trabajo, industria y riqueza por la maravilla de comprar una bolsa de 100 bolis por 1€ (que dejarán de pintar mañana, pero, ¡oye, eran baratos!), unas zapatillas de deporte por 5€ (que se despegan, me dan alergia y durarán 1 mes) o hasta carne de cerdo barata que viene de… China. Y no solo no hemos protestado contra este robo, sino que lo hemos abrazado con alegría en vez de exigir a las empresas responsabilidad civil, laboral y ecológica y sanciones y leyes a gobiernos que tienen una extraordinaria capacidad para mirar hacia otro lado. Como sus ciudadanos, más o menos. Nos hemos puesto una correa al cuello y ni siquiera nos hemos dado cuenta.

    Todo para poder comprar a manos llenas y compulsivamente cosas que, realmente, no necesitamos. Para qué voy a comprar 1 libro en la librería de barrio – por mucho que esté apoyando el comercio local, la creación de empleo decente, dinero que se queda en España, etc. – cuando puedo por el mismo precio adquirir 3 en Amazon… aunque no me hagan falta ni los quiera especialmente.

    Las multinacionales no compiten con las mismas reglas que los pequeños negocios: la librería de tu barrio no paga impuestos en Luxemburgo ni tiene un complicado entramado legal para facturar en otros países y tener cuentas fuera, ni recibe ayudas del Estado para convencerle de que ponga el almacén aquí y no en otro sitio, ni tienen la misma capacidad económica para bajar precios, gastos de envío y bombardear con publicidad, ni para comprar al gobierno, diputado o juez de turno.

    Alguien comentó “si tenemos que dejar de comprar a cada empresa que explota a sus trabajadores viviriamos en una cueva y andariamos en pelotas por el campo.” Ni mucho menos. La libertad y el poder del siglo XXI no son a quién votas, sino a quién compras: no interesamos como ciudadanos, sino como consumidores. Un boicot general y sostenido a una empresa hace cambiar sus políticas laborales, comerciales o de publicidad y de eso tenemos innumerables ejemplos. No es ninguna utopía. Si todos dejáramos de comprar en Mango, Primark, H&M (por ejemplo) para que vuelvan a traer la producción a Europa, acabarían por hacerlo. Se nos olvida que la “deslocalización” (eufemismo para decir que me llevo la fábrica a Bangladesh, que es más barato y los derechos laborales son inexistentes) es un fenómeno moderno, de los últimos 15 o 20 años.

    Tenemos más poder del que creemos. Solo falta ponerlo en práctica.

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