Elogio de Goliath

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Philip Seymour Hoffman en Magnolia. Foto Cordon Press LFI
Philip Seymour Hoffman en Magnolia. Foto: Cordon Press / LFI.

La primera tentación, obvia, es ponerse a buscar frases grandilocuentes pronunciadas por tipos que hubieran trabajado con él y adornar con ellas un artículo de situación; la segunda, lógica, es tratar de ser trascendente, no es para menos tratándose de quien es; y la última, banal, es explicar por qué Philip Seymour Hoffman era el mejor actor de su generación. Por qué ni uno solo de los actores que orbitan alrededor de esa supernova a punto de estallar que es Hollywood hubiera podido hacerle sombra aunque se lo hubiera propuesto.

Basta con echar un ojo a 1967: Guy Pierce, Mark Ruffalo, Jamie Foxx, Paul Giamatti o Benicio del Toro nacieron el mismo año que Seymour Hoffman. Todos ellos son actorazos (debería haber poca discusión sobre ello) pero —exceptuando a Giamatti— tendríamos verdaderas dificultades para encontrar esa película fundamental que define sus carreras. En la del hombre que nos ocupa, muerto ayer por culpa de un chute de heroína, la dificultad sería nombrar solo una: Happiness, Capote, The master, Boogie nights, El talento de Mr. Ripley, La última noche, Casi famosos o Magnolia le vienen a uno a la cabeza a borbotones. No hace falta esforzarse para rememorar sus personajes, ni siquiera cerrar los ojos: simplemente están allí.

La cuestión sigue siendo: ¿por qué? Y la respuesta (al menos una de ellas) es que Seymour Hoffman era un tipo relevante. Un actor bueno en las malas películas; brillante en las medianas; inolvidable en las buenas. Un hombre que no daba ninguna escena por perdida y al que podías poner en una esquina sabiendo que indefectiblemente en aquel lugar donde las paredes se encuentran habías dejado un seguro de vida. A este grande de cuarenta y seis años al que le pudieron las drogas cuando pocos se lo esperaban, le gustaba disfrazarse de Goliath, el gigante torpón, y fingir que jugaba a perder: el gigante condenado a ser el ornamento cuando te contaban la historia: «sí, le recuerdo, era un gran actor secundario». Como la sombra que se pasea por un plató esperando a que David le atice con la honda.

Sin embargo, Goliath no tenía nada de secundario, incluso en las películas donde —supuestamente— encajaba en ese rol. Seymour Hoffman era de esos tipos que no robaba las escenas sino que las secuestraba. Daba igual quién le pusieras delante, él iba a lo suyo. Pocos actores han dominado la escena con tan poco, con esa figura de currante que acaba de salir del bar después de tomarse la última caña. Arrastrando los pies, frunciendo el ceño, murmurando hasta hacerse inteligible. La misma actitud que tomaba ante los periodistas cuando no le apetecía hablar. Esa misma cara que se le quedaba cuando se fumaba un cigarro antes de la entrevista y te saludaba echando —imperceptiblemente— el rostro hacía atrás: no habías empezado y ya se aburría.

Cuando le dieron el primer protagonista-protagonista se llevó el Óscar. Seguramente subió al escenario con ganas de decir «que os den por el culo» pero se mordió la lengua. Goliath no era de improperios, más bien de monosílabos y algún gruñido. Naturalmente, el tipo era encantador si le pillabas de buenas o si lo que defendía le parecía la pera. Las entrevistas de Capote transcurrieron entre risas: era su criatura. Las de Misión imposible III también: interpretaba a un villano tan despreciable que al actor se le salía la retranca por la montura de las gafas. No era tan feliz con The master (harto de las malditas preguntas sobre la Cienciología) o con Los idus de marzo, por razones que al parecer tenían que ver con el mismo motivo que ahora le ha agarrado por el cuello y se lo ha llevado allá donde quiera que van los grandes del cine.

Hablar de sus méritos no es necesario: los diarios van hoy llenos de sus nominaciones, de sus premios, de su talento, de su clase. Algunos se entretienen en el morbo y los detalles escabrosos, que si lo encontraron así o asá. Otros informan, una triste nota de agencia para despedir a un hombre que tenía más talento en el dedo meñique de su pie izquierdo que el que muchos de nosotros lograremos reunir en toda una vida. Un día dijo que su cabeza era demasiado grande, otro que le fastidiaba no verse los pies y al siguiente que su peso ideal eran los noventa y dos kilos. Dedicó el Óscar a su madre, dijo que ser padre le había cambiado la vida y que su mujer era diseñadora de vestuario y que la había conocido en el teatro. Pronto la red se inundará de frases que nunca pronunció y de bromas (malas) sobre el hecho de que algunos sintamos más tristeza por su muerte que por la de alguno de nuestros vecinos (cuando mi vecino interprete a Lester Bangs ya hablamos, majetes). Así es la vida, o eso dicen.

Con Seymour Hoffman desaparece de golpe y porrazo una estirpe de actores compuesta por un solo ejemplar. Para muchos de sus amigos íntimos esta era una extinción anunciada: la afición del actor por la cuerda floja ya le había causado problemas varios que parecía haber superado con la llegada de sus hijos. En su maleta se lleva la memoria de millones de cinéfilos para los que era un referente ineludible y el respeto de todos los que consideran el séptimo arte algo más importante de lo que muchos intentan hacernos creer. Para aquellos que aún consideran el cine un oficio de actores, Goliath les ha hecho una buena putada este fin de semana. Para esos que practican la mediocridad frente a la cámara, su desaparición es una buena noticia: desde hoy mismo ya son menos malos.

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25 comentarios

  1. Pingback: Elogio de Goliath

  2. José Angel M. Hidalgo

    Me gustaría añadir a esta excelente necrológica su papelazo del Andy de “Antes que el diablo sepas que has muerto”, del gran Sidney Lumet. Creo pertinente esa referencia porque interpreta, magistralmente, a un peculiar heroinómano. La palabra ‘pérdida’ nunca ha tenido tanto sentido como con la muerte de este (todavía) joven Goliath de la escena.

    • Es la primera película suya que me vino a la cabeza al escuchar cómo murió.

      Enorme pérdida, sin duda. Personalmente, sus interpretaciones que más me gustaron fueron las de ‘Casi famosos’, ‘Magnolia’ y ‘Punch Drunk Love’.

      Muy buen artículo.

  3. Lo mejor que he leído y creo que será lo mejor que leeré, respero a Philip. Gracias.

  4. Pepe Rasines

    Excelente obituario.
    Tan solo una pega.
    Escrito está:

    “Como la sombra que se pasea por un plató esperando a que David le atice con la onda”

    La “honda” con la que David derribó a Goliat, lleva hache.

    honda.
    (Del lat. funda).
    1. f. Tira de cuero, o trenza de lana, cáñamo, esparto u otra materia semejante, para tirar piedras con violencia.
    2. f. Cuerda para suspender un objeto.
    3. f. Arg. y Ur. tirachinas.

    Onda.-
    1. f. Cada una de las elevaciones que se forman al perturbar la superficie de un líquido.
    2. f. Movimiento que se propaga en un fluido.
    3. f. Cada una de las curvas, a manera de eses, que se forman natural o artificialmente en algunas cosas flexibles, como el pelo, las telas, etc. U. m. en pl.
    4. f. Cada uno de los recortes, a manera de semicírculo, más o menos prolongados o variados, con que se adornan las guarniciones de vestidos u otras prendas.

    De nada.
    Besos, risas y abrazos.
    Pepe Rasines

    • José Angel M. Hidalgo

      Creo que no es muy preciso hablar de obituario respecto a este artículo, sino de (noticia) necrológica. Según la RAE, Necrología es “Noticia comentada acerca de una persona muerta hace poco tiempo”. Obituario, en cambio, lo define precisamente como “Necrología” pero ya en su tercera acepción. Antes de eso, Obituario lo define como “Libro parroquial en que se anotan las partidas de defunción y de entierro” y “Registro de las fundaciones de aniversario de óbitos”. Pues eso: excelente esta necrológica sobre la muerte del actor Philip Seymour Hoffman.

  5. Que lástima este final para uno de los más grandes :/

  6. Francisco Molina

    Embriagado de amor

  7. Toni, citas Casi famosos y El talento de Mr. Ripley, pero no hablas de una película que protagonizó (creo que sale en todas y cada una de las escenas) tan arriesgada y ambiciosa como “Sinécdoque NY”. Sin él ahí, una tiene la sensación de que nadie más hubiera podido interpretarla, y el guión de Kauffman se hubiera quedado en el limbo.

    Desde aquí la recomiendo vivamente.

  8. Celeste

    y The Savages..otra muuy buena

    la puta madre..q bronca no tenerlo más entre nosotros

    que en paz descanses Hoffman, te voy a extrañar :(

  9. Rebeca

    Creo que decir que era el mejor actor de su generación es limitar su talento, ya que era un gran actor cuyo nombre debería ser citado dentro de cincuenta años cuando se nombre a los grandes, a esos actores que trascienden la época que les ha tocado vivir gracias a sus portentosas interpretaciones. Philip era un Marlon Brandon, un Al Pacino, un Paul Newman, un Orson Welles, un Cary Grant…

  10. Gracias por el buen artículo.

    Por comentar algo, en lo que no estoy de acuerdo es en lo que se dice de los actores nacidos en el 67. Por exceso y por defecto.
    En Guy Pierce SU película es Memento. Jamie Foxx no me parece que esté al nivel de los demás. En Benicio del Toro SU película es Traffic. Y con Paul Giamatti yo me quedo con Entre Copas, pero si alguien prefiere American Splendor o John Adams, me parece bien, no me parece tan indiscutible.

    Otra cosa es que de ese señor salgan puñados de buenas películas y memorables actuaciones. Y qué verdad en eso de “secuestrar” escenas. Que se lo digan a Tom Hanks, Ryan Gosling o Meryl Streep. Todos ellos bien en secuencias pero impotentes al lado del mejor de su quinta.

    Y en unos años, quitaremos el final de esa última frase.

    PD: Estoy con Altea, hay que ver “Sinécdoque NY”.

    • Meter en el mismo grupo a Ryan Gosling y a Meryl Streep me parece insultante para esta segunda, ya que si precisamente algo tiene esta es que cuando hace de secundaria se come al principal (vease: the manchurian candidate). O con Tom Cruise que es capaz de aguantar el tipo al mismisimo Dustin Hoffman en Rain Man, su papelón en Vanilla skies e incluso hizo que un drama romaticon de los 80 con un guion simple y del monton, recaudase 50 000 000$…

      • Perdón,leí Tom Cruise en lugar de Hanks (las ganas de rebatir me pudieron). Es cierto que Hanks tiene 2 papeles memorablisimos (para mi Philadelphia y Forrest Gump) y sin embargo nunca ha terminado de cuajar,no como actor-que evidentemente sí lo ha hecho- si no como el actorazo que prometía ser.

  11. A mi me ganó aspirando gasolina en “Con amor, Liza”.

    mi homenaje aqui:

    http://acanaya.blogspot.com.es/2014/02/philip-seymour-hoffman.html

  12. Juan José Martínez Jambrina

    El papel en el que mas cómodo le ví fue haciendo de adicto al juego en Owning Mahowny (2003). Excelente.

  13. Me myself and I

    Soy muy malo para acordarme del los títulos de las películas, libros, canciones. Desde que tengo hijos (2); uno pequeño (7 tacos), y que en nuestra ciudad no hay ni una maldita sala con peliculas en VO (ya soy incapaz de ver nada doblado, ese gran fraude, tan extendido en España), he dejado de ir al cine hace muchos años…bueno alguna con los niños (Los Increibles, entre mis favoritas de la historia del cine.Si, así de rotundo). La he visto 6-7,8,9 veces, creo. Ademas no importa verla doblada, son dibujos. A lo que iba (perdón por el rollo, se me va la olla)… si me enteraba que había una película en la que el salia, la veía, aunque fuese doblada, a pesar de ese vozarrón increíble. Se “comía” la escena y a los otros actores. Casi solo te fijabas en el. My god , he was soooo good. Que pena..y dejó tres hijos. Que dolor.

  14. Lástima de talento desperdiciado. Las drogas son un asco y la heroína mata.

  15. kilgore

    El sábado haciendo zapping me encontré con una de esas comedias románticas en la 1. Y entonces llegó ella. Ben Stiller y Jenniffer Anniston y sus historias. EL caso es que por el medio, haciendo el papel de amigo del prota, sale un inmenso Seymour Hoffman comiendo se la pantalla. Cada una de sus apariciones es antológica. Sus pedradas al tablero en un playground, tremendas. Y su intromisión comos Jesús (teniendo el papel de Judas) en una representación amateur de Jsuscristo Superstar, la risión.
    Y una semana antes me pasó lo mismo con La guerra de Charlie Wilson. Tom Hanks, Julia Roberts,… y el que se comía la peli era él.
    Qué lástima…..

  16. Pingback: Bitacoras.com

  17. Halekulani

    Este tio era increible, pelicula que salía, alli que iba a verla, me daba igual el director, los actores “principales” (él se los comía, no había nadie más “principal” que él), el género, su rol de personaje (los raros y atormentados los clavaba, hasta los cómicos los bordaba, gracías a él la peli de Y entonces llegó ella, es potable y divertida, se sale el cabron!!! DANZA DE LA LLUVIA!!! jajjjaja)
    Aunque para mi su papel de Allen en Happiness es el mejor, pero bueno el su peor papel es mejor que el mejor de muchos actores.
    Se nos va un genio que todavia le quedaba mucho por dar, maldita heroina … DEP

  18. A mi me gustó especialmente en La guerra de Charlie Wilson. El es el griego, el espía, y se come todas las escenas en las que sale.

  19. En Esencia de mujer, al final, antes del memorable, irrepetible y adrenalínico discurso de Al Pacino, un joven Hoffman ríe de forma socavada, como ríen los malos del instituto, sabiendo que no le va a pasar nada por la gamberrada que ha hecho. Si a esa edad eres capaz de dar vida a una rata de cloaca (ha habido épocas en las que a estos engendros se les ha llamado “niños de papá”) y lo haces con esa solvencia, es que te espera un gran porvenir como actor.

    Y efectivamente así fue.

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