De por qué es Lowell George el epítome musical de los setenta - Jot Down Cultural Magazine

De por qué es Lowell George el epítome musical de los setenta

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Little Feat. Foto Warner Brothers Records (DP)

Little Feat. Foto: Warner Brothers Records (DP)

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Para este que os escribe la década de los setenta únicamente superó a los sesenta, musicalmente hablando, en una cosa: su eclecticismo sonoro. Mientras que en los sesenta se fraguaron todos los sonidos imaginables, fruto de la conversión, la adaptación, la sofisticación y la anamnesis, en los setenta esos mismos sonidos se hipertrofiaron hasta tal punto que el mapa sonoro se hizo prácticamente inabarcable para el oído humano. Al menos, en los sesenta, la prensa musical (la encargada oficial y oficiosamente de ponerle nombre a las cosas) consiguió contener la avalancha de fusiones y para no complicar mucho la vida del consumidor medio se limitó a poner sufijos a todo lo que ya había. Del blues pasamos al blues-rock. Del country al country-rock. Del folk al folk-rock y así vivía todo el mundo tranquilo hasta que a alguien le dio por enchufar una guitarra a un amplificador al que, por error, le cayó encima un refresco de soda con el consiguiente chisporroteo y posterior emisión de ruidos extraños: a esto se le vino a denominar psicodelia y se nos fue a todos de las manos.

Los agoreros musicales (se les caracteriza por su inquebrantable defensa de las formas puras y del inmovilismo) siempre apuntan que la grabación (y el éxito asociado a ella) de un álbum como Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) por parte de los Beatles fue un logro sin igual pero también el principio del fin. La creación musical alcanzó con este disco límites insospechados —aunque ya otros habían tocado el mismo nivel de inspiración y estoy pensando claramente en Brian Wilson y Pet Sounds (1966)— no solo en el ámbito de la creatividad sino en el de los avances tecnológicos. Si los Beatles querían tal cosa, nadie paraba a su alrededor hasta conseguirlo. El problema es que los de Liverpool eran ambiciosos y encima tuvieron éxito por lo que, sin querer, abrieron las puertas del cielo a muchos músicos sin talento que escudaron sus torpezas en miles de aparatitos y cachivaches. Y de esos vientos —¿puedo declarar la defunción del rock «orgánico» en 1975, por ejemplo?— surgieron tempestades. La psicodelia derivó en el rock sinfónico o en el rock progresivo (el que un músico tirara para un lado o para otro únicamente dependía de si sabía tocar su instrumento mejor o peor); el blues-rock, tan contenido, tan respetuoso, se terminó transformando en el hard rock y al poco en algo tan feo como el heavy metal; el folk-rock y el country-rock, con su desparpajo y su compromiso, se ablandaron hasta límites insospechados y dieron lugar a un ejército de cantautores hippies y melosos absolutamente inaguantables; el soul se hizo funky y bien, pero luego —¡horror!— vino la música disco. Estoy, lógicamente, simplificando mucho (muchísimo) pero lo único que pretendo es poner de manifiesto que toda esta diversificación (y horterismo) musical se consolidó en los setenta, en el tiempo del gran e irrepetible Lowell George (1945-1979) que bebió de todos los estilos (y esta afirmación puede tomarse también literalmente) y, sin embargo, nunca dejó de ser él y por eso es nuestro héroe del día. Por representar mejor que nadie el eclecticismo de la década que lo vio triunfar. Por ser, a mi juicio, el epítome musical de los setenta.

Lowell George vivió esos años embarcado en su banda Little Feat, uno de los combos de rock and roll más insobornables y mejor engrasados de todos los tiempos, que en sus filas incluía a Bill Payne (teclados), Paul Carrere (guitarra), Sam Clayton (percusión), Roy Estrada (bajo hasta 1972), Kenny Gradney (bajo desde 1972) y Richie Hayward (batería). Pero el propio George también hizo sus pinitos de productor, como músico de sesión y hasta se atrevió a lanzar un disco en solitario —Thanks, I’ll Eat It Here (1979)— poco antes de morir de un paro cardíaco a la temprana edad de treinta y cuatro años. Con Little Feat publicó siete LP en estudio y un doble álbum en vivo. Y dentro de ese corpus artístico pretendo encontrar vestigios de que Lowell George fue el gran alquimista de los setenta. En sus composiciones hallaré pruebas fehacientes de que ningún estilo musical le fue ajeno. Algunos se manifestarán de forma más evidente que otros, claro está, pero el eclecticismo de George se terminará haciendo patente ante vuestros oídos. ¿Queréis comprobarlo? Venga. Decidme estilos, sonidos, influencias… lo que queráis, en serio. Sumerjámonos en la obra de Lowell George. Vamos. ¿Empezamos por lo básico? ¿Por los géneros? ¿Blues, country, folk? ¿Jazz? Vale.

Si hubiera que encuadrar de una forma más o menos burda la música de Little Feat podría afirmarse que durante los años en los que estuvo Roy Estrada como bajista y en los que se grabaron sus dos primeros discos —Little Feat (1971) y Sailin’ Shoes (1972)— los sonidos que predominaban eran una mezcla de country y rock de raíces muy al estilo de otras formaciones contemporáneas como The Band o Commander Cody. La canción estrella de este período es «Willin’», todo un clásico que Little Feat grabó dos veces. Una primera versión en 1971 en formato acústico, más country, y otra en 1972, más eléctrica y definitoria con ese steel tan elegante. La otra obra maestra que a mi juicio grabó Little Feat en ese período es «Trouble» (1972). Estas dos canciones representan mejor que ninguna otra el particular estilo vocal de Lowell George y en ellas podemos también captar a la perfección sus giros compositivos, absolutamente únicos. Tomando el pastiche como modelo de trabajo (que aprendió de su mentor, Frank Zappa), la composición típica de Lowell George pasa por ser una amalgama de pequeñas melodías brillantemente insertadas en las que las costuras, los cambios bruscos de acordes, no se notan o, mejor dicho, fluyen con soltura. El sonido de «Willin’» y «Trouble» es puro americana y junto a otros temas como «Strawberry Flats» (1971), «Crazy Captain Gunboat Willie» (1971) o «Truck Stop Girl» (1971) —estas tres compuestas junto a Bill Payne—, ofrecen una idea bastante completa de la concepción musical que Little Feat tenía en sus primeras grabaciones. En ellas hay country-rock a raudales, al más puro estilo californiano. Pero si lo que estamos buscando es country puro quizás debamos avanzar hasta algunas de las últimas grabaciones de George para encontrar temas como «Be One Now» (1979) o «20 Million Things» (1979), que encajarían perfectamente, por qué no, en el repertorio de George Strait o Garth Brooks.

La segunda gran coordenada musical en la que se movieron Little Feat a lo largo de los setenta fue el rhythm and blues, al más puro estilo de New Orleans, acercándose peligrosamente al funky que facturaban formaciones tan auténticas como los Meters o el mismísimo Dr. John. De este período se pueden destacar clásicos como «Dixie Chicken» (1973), «Two Trains» (1973) o «Down The Road» (1973). Y hasta aquí, fácil. De esto van Little Feat. De country-rock y funky. Pero entre ambas etiquetas hay todo un mundo de matices que van desde el gospel de «Sailin’ Shoes» (1972) al boogie-rock de «Feats Don’t Fail Me Now» (1973) o «Rock & Roll Doctor» (1974), pasando por el blues de «A Apolitical Blues» (1972) —con Ron Elliott de los Beau Brummels a la guitarra— o el soul sofisticado de «Spanish Moon» (1973) —un tema que cuenta con la sección de viento de Tower Of Power.

Ya hemos descubierto las trazas de country, blues y rhythm and blues (soul incluido) en la música de Little Feat, en las composiciones de Lowell George. Pero ¿y el jazz que preguntaba alguno antes, no sin cierta maldad? Bueno, algo de jazz-rock morcillón hay en un tema como «Front Page News» (1979), que recuerda ligeramente al George Benson más cebolleta. Pero donde encontramos la conexión más clara entre el jazz y Lowell George es en el álbum de Chico Hamilton The Master (1973), grabado para el mítico sello Stax, y en el que participan los Little Feat como músicos de sesión. Si queréis haceros alguna idea de cómo suena la slide guitar de Lowell George junto al gran Chico Hamilton solo tenéis que escuchar un tema como «Gengis» (1973).

Paul Barrere y Lowell George, de Little Feat, en 1977. Foto: Jean Luc (CC)

Paul Barrere y Lowell George, de Little Feat, en 1977. Foto: Jean Luc (CC)

¿Y qué más? ¿Qué otros estilos musicales se os ocurren? ¿Algo de rock and roll habrá, no? Claro que sí. Por ejemplo, un tema como «Teenage Nervous Breakdown» (1971) es puro rockabilly vitaminado. Por no hablar de canciones como «Fat Man in The Bathtub» (1973) o «Juliette» (1973), que son muy buenos ejemplos del rock clásico de los setenta y que, en ocasiones, pueden llegar a recordar a grupos como Traffic (la flauta en «Juliette», esas guitarras tan cargadas…). Y si seguimos buscando lugares comunes es inevitable preguntarse por la faceta más pop de Little Feat que encontramos en canciones como «Long Distance Love» (1975) —una bonita balada con coros de Valerie Carter, típica del soft pop californiano que popularizaron los Eagles— o «Down Below The Borderline» (1975) o «Mercenary Territory» (1975). También, en esta línea melódica, podemos destacar un tema decididamente folk como «I’ve Been The One» (1971) o el clásico «Roll Um Easy» (1973), típica composición de singer-songwriter tan de moda en la época. O, incluso, un tema tardío como «Heartache» (1979), que vuelve a contar con la participación de Valerie Carter, buena amiga de Lowell George.

No me pilláis, ¿eh? ¿Rock duro estoy oyendo por allí? Mira que sois… pero ya me estaba imaginando que ibais a tirar por ahí. Así que os tengo preparada la versión que hizo el grupo Nazareth del citado «Teenage Nervous Breakdown» y la que hizo Van Halen de la también citada «A Apolitical Blues», aunque solo sea para comprobar que la sensibilidad de Lowell George no estaba reñida con las almas más cañeras. ¿Rock progresivo? Esto ya son palabras mayores. Decididamente no hay ningún tema de Little Feat que pueda ser etiquetado como rock progresivo, pero, ¿qué me decís de la parte instrumental que se ejecuta en «Texas Rose Café» (1972), entre el minuto 2 y 3? ¿Y un tema tan inclasificable como «The Fan» (1973)? ¿No tienen ambos temas algo de progresivo? Yo juraría que sí. ¿Sinfónico? ¿Con esas me venís ahora? Habéis vuelto a pinchar en hueso porque sí que hay algo en «Kiss It Off» (1973), con esos efectos sonoros con sintetizador a cargo de Malcolm Cecil de la TONTO’s Head Expanding Band —que venían de tocar con Stevie Wonder— o en «Tripe Face Boogie» (1973), que en su parte final se rebela con ese toque avant-garde gracias al solo de piano y sintetizador. Y, bueno, no podemos olvidar que Little Feat es la banda que escogió el gran John Cale para tocar en su obra maestra Paris 1919 (1973).

Creo que ya solo nos queda disparar a discreción. ¿Arena rock? Ahí está el enorme directo Waiting For Columbus (1978) de testigo. Uno de los grandes discos en vivo de la década. ¿Latino? Por favor, escuchad «Cheek To Cheek» (1979), coescrita junto a Van Dyke Parks que es además el encargado de tocar esa mandolina tan sinuosa. ¿Instrumentales? Pues mirad, «Lafayette Railroad» (1973) bien podría haber sido parte de la BSO de una película blaxploitation. ¿Punk? Bueno, Lowell George no hizo nada medianamente parecido al punk en los setenta pero sí que lo hizo en los sesenta, con su primer grupo, The Factory, y ahí está el tema «Lightning Rod Man» (1967) producido por Frank Zappa, para demostrarlo. Puro garaje. Y psicodelia. Escuchad «No place I’d Rather Be» (1967) y os convenceréis.

Expuesta, con creces, la versatilidad musical de Lowell George se hace también justo señalar que ser ecléctico en sí mismo no es ninguna virtud. Eso sí, navegar entre los diferentes estilos sin ahogarse como lo hizo Lowell George está al alcance de muy pocos. La pena es que no supiera moverse igual de bien entre las distintas sustancias estupefacientes. Porque la década de los setenta fue la del exceso en todas sus facetas y Lowell George se tiró a ella de cabeza. De tal forma que el llamado Orson Welles del rock al que terminó emulando fue a John Belushi. El corazón se le paró, a base de speedballs, en la habitación de su hotel un 29 de junio de 1979.

Cabezota, autoritario, excéntrico, obsesivo y enormemente talentoso. Con todos sus excesos, Lowell George fue un genio inconmesurable al que le dejaron hacer (la libertad creativa y de presupuesto que le dio Warner Bros. a Little Feat sigue chocando hoy día). Un genio al que admiraron en vida sus compañeros: Frank Zappa (con quien tuvo una más que tensa relación profesional por culpa de las drogas), Jimmy Page, Captain Beefheart, Emmylou Harris, Bonnie Raitt, Jackson Browne, Robert Palmer, Randy Newman, Harry Nilsson, John Sebastian, Ry Cooder, Jerry García Y con todos sus defectos, Lowell George se fue para el otro barrio gustando a todos y a todas. Y, ahora que lo pienso, ¿no será que es ahí dónde reside el verdadero eclecticismo?

20 comentarios

  1. La distancia sideral entre el tono apologístico del artículo y la nota a pie de página que fue la obra de Lowell George son hipsterismo en estado puro.

    • Su comentario es innecesariamente malintencionado y maleducado; que yo sepa, la tesis del autor se limita a exponer a Lowell George como epítome (véase: personificación) musical de los 70, en todo su exceso y eclecticismo. Y, a juzgar por lo escrito, así fue. Su importancia o posible influencia es de escasa relevancia, aunque usted parece no haber comprendido el enfoque del artículo.

      Muchas gracias por el artículo–no conocía a este músico–, y como overview del panorama musical de entonces está muy bien.

      Mr. Lime

      • Veo que has captado a la perfección la intención del artículo. Gracias a ti por comentar.

    • a mi el artículo no me ha gustado, pero decir que la obra de Lowell George es una nota a pie de página es no tener ni idea de rock & roll, así de claro

  2. Juzgan sin saber

  3. Hola
    Estupendo articulo. Siempre es buen momento para reivindicar a Little Feat y ahora es un momento estupendo cuando se anuncia una caja con su discografía completa -sin piratas, obviamente-.
    Yo pondría a su altura, más o menos, a Todd Rundgren, donde uno se pega a las raíces el otro viaja por las ramas pero Todd es un genio del estudio y un gran productor, cosa que le puede dar cierta ventaja en cuanto a paleta musical.
    Un saludo. Manu3l.

    • Totalmente de acuerdo, Manu3l. Todd Rundgren representa la otra forma posible de “epitomizar” los 70.
      Gracias por comentar.
      Saludos.

  4. La musica disco horror ? cada uno tiene el gusto que tiene, pero , al menos, fue divertida, no toda, of course. Y del punk de mediados finales de los 70,ni palabra, cuando yo diria que fue el momento mas importante de la decada, sobre todo por lo que significó de popularizar el rock y que muchísima gente ,sin talento aparente, empezase a intenta, al menos, tocar en un grupo…sin entrar en los extraordinarios años comprendidos entre 1977-1983…si, ya se , entramos en otra década, pero todo viene del punk. En fin..resumir los 70 y no hablar ni del glam, ni del punk, lo encuentro bastante lamentable, pero como lo de la música, como casi todo en la vida , es cuestión de gustos, que afortunadamente, no son iguales, para todos, pues nada, a opinar. Dicho sin acritud, por favor. Salud

  5. Algo tan feo como el heavy metal? La opinión más superficial y estúpida de todo el artículo

  6. Articulo sobresaliente, Fran, da gusto leer sobre un musico excepcional como Lowell George y sus incombustibles Little Feat, aún en activo y con directos apabullantes.
    Gracias por compartir tan buenos gustos, como Ray Davies.
    Un abrazo

  7. “Waiting for Columbus” está en mi opinion, entre los cinco mejores directos de bandas americanas(y no americanas, que carajo¡) de la historia, es absolutamente asombroso.
    Y Lowel George, a parte de su personalidad difícil, dato que desconocía, es un músico talentosísimo e irrepetible como muy pocos, soberbio¡¡ El tono de sus guitarras slide…pero como suena eso…Dios¡¡¡

    Y haciendo referencia a Todd Rundgren, estaría bien ahondar con un artículo parecido, en la obra de este otro genio americano….

    • Sí que lo es, Salvatroll. Uno de los grandes directos de todos los tiempos, sin duda. De hecho, no estaría mal hacer un artículo en profundidad sobre ese tipo de grabaciones, en ocasiones, tan denostadas.

      Y recojo el guante con lo de Todd Rundgren, un músico absolutamente desbordante…

  8. Sí Giovanny, hay algo tan o más feo que el heavy metal: el reggaetón.
    Y soy tan o más superficial y estúpido que el que suscribe este artículo, aunque creo que a los dos nos encanta serlo.

  9. Un poco tramposo ¿no? De acuerdo en que como todo es una opinión, pero que ya en la introducción del artículo, en el que se supone (se supone, q me puedo estar equivocando) q sitúas al lector, ya des como dato lo que sólo es una opinión, es muy tramposo.

    Siento que el metal o el sinfónico te hayan molestado. A mi en cambio, experto en fugas, nadie ha conseguido hacerme oír ni a Genesis, ni a los Buzzcocks, ni al padre de Hanna Montana.

    Por otro lado cuando hablas del virtuosimo de los del progresivo, yo noto cierto retintín. Y a mi en cualquier ámbito de la vida no me molesta que la gente sepa hacer su tarea y que la haga bien.

    ¿Te preocupa en todo lo que ha derivado el “Sgt Pepper”? Más nos debería preocupar en lo que ha degenerado el punk y la música en general, pq el panorama es desolador y sobre todo que tontorrón y en gran parte la culpa la tienes, la tenemos, si quieres, los q generamos opinión musical desde lo extramusical.

    Y para acabar, contestar y saludar sólo al que te pone bien… Por cierto a mi me ha encantado el artículo salvo lo que meas fuera del tiesto.

    Por si te lo preguntas, lo que más me gusta en el mundo son los Beatles, los King Crimson, Little feat, Frank Zappa y a veces Utopía. Ventaja de tener varios hermanos muy mayores.

  10. Años 70? Bandas yankis?
    Habra más, pero las mias son Little Feat y Steeely Dan

  11. Magnífico artículo. Little Feat es en mi opinion una de las mejores bandas de rock and roll de todos los tiempos, junto con la Creedence del amigo Fogerty, y una de las más infravaloradas o desconocidas por el gran publico.

    Dixie Chicken, su tercer album, es una obra maestra, y en mi opinión uno de los mejores discos de los 70. Y como ya han apuntado antes, Waiting For Columbus es en verdad uno de los mejores discos en directo de todos los tiempos.

    Magnífico grupo, grande Lowell George.

  12. Gracias por el artículo. Soy muy cerrada en mis gustos musicales: más del estilo obsesivo que del expansivo. He empezado a escuchar Little Feat mientras leía el artículo y creo que es el principio de una bonita amistad.

    Es complicada la crítica musical: solo sirves si te mojas y si te mojas, te lo recriminan. Y eso que me parece que el autor ha tratado de observar la piscina sin tirarse de cabeza. El alegre paseo por la evolución musical del segundo párrafo me ha hecho sonreír de oreja a oreja y, aunque mi infancia me condenó a querer al ejército de hippies inaguantables, entiendo el recorrido que ha trazado el autor.

    Y, dicho esto, muerte al disco.

  13. Recuerdo cuando leí en Disco Express la noticia de la muerte de Lowell George. Mierda,pensé, no habrá más discos de Little Feat. Compré con 15 años “The Last Record Album”, el único editado entonces y flipé. Luego me fui haciendo con el resto de su discografía y LF es el grupo de rock que más he escuchado en mi vida. Guardo con cariño una foto con Paul Barrére y Fred Tackett en uno de sus conciertos acústicos en España, pero hubiera pagado el sueldo de un mes por un concierto de Little Feat con Lowell.
    Estupendo artículo. Enhorabuena.

  14. Muy buen artículo, de los que hacen que vuelvas a escuchar los discos y te fijes en pasajes concretos (el pasaje progresivo en Texas Rose Cafe, por ejemplo), solamente añadir un comentario sobre las geniales portadas de Neon Park

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