Jot Down Cultural Magazine – El mejor guitarrista del que nunca has oído hablar

El mejor guitarrista del que nunca has oído hablar

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Poca gente se enteró cuando aquel 4 de octubre de 1994 entró en el garaje de su querida granja, donde vivía con su mujer y su hija, donde practicaba con su guitarra, donde se dedicaba a su otra gran pasión: la mecánica de coches antiguos. Pero aquel día no entraba en el garaje para retocar ningún motor ni llevaba una llave inglesa en la mano, sino un arma. Cerró la puerta tras de sí y se pegó un tiro. Nunca se encontró nota de despedida. Jamás le había hablado a nadie sobre sus intenciones de suicidio. Nadie sabe a ciencia cierta por qué lo hizo. Sus familiares y amigos sospecharon, no obstante, que llevaba años batallando contra la depresión y que de acuerdo a su carácter introvertido no había pedido ayuda. Su muerte no apareció en los noticiarios internacionales como la de Kurt Cobain, por ejemplo, y en España ni siquiera sabíamos quién era. Pero su muerte sí fue un shock para el mundillo musical estadounidense, especialmente para el círculo de los guitarristas. Pocos hubiesen imaginado que iba a conocer semejante final, porque a sus cuarenta y nueve años había estado trabajando intensamente hasta prácticamente sus últimos días de vida. Aquello sucedió cuando finalmente estaba cosechando cierto grado de reconocimiento a nivel nacional, cuando algunos de los más famosos héroes de las seis cuerdas lo señalaban diciendo «ojo, este tipo casi desconocido es uno de los mejores». Todo quedó cortado de raíz con un balazo.

El título de este artículo no es un capricho. En los cuatro años anteriores a su trágica muerte Danny Gatton se había convertido en la tardía revelación del universo de la guitarra eléctrica y varias importantísimas revistas musicales habían coincidido por separado en calificarlo así: «el más grande guitarrista desconocido del mundo» (Rolling Stone) y «el mejor guitarrista del que nunca has oído hablar» (Guitar Player). Este apelativo no tardó en extenderse y desde luego era algo más que un truco de marketing: cualquier aficionado a la guitarra que lo viese tocar por primera vez quedaba boquiabierto, preguntándose quién demonios era aquel individuo y por qué nunca nadie le había hablado antes de él.

Otros solían llamarle The Telemaster, debido a que casi siempre utilizaba una guitarra Fender Telecaster, modelo que dominaba como ningún otro individuo sobre la faz de la tierra. Lo cual es curioso, porque creció idolatrando a Les Paul, el inventor de la guitarra eléctrica moderna y también el padre de la Gibson Les Paul, la guitarra que supone la competencia más directa de Fender. Cuando Danny Gatton era un niño, Les Paul era un músico de tremendo éxito en los Estados Unidos y aparecía frecuentemente en radio o televisión. Incluso antes de la explosión del rock and roll —que también dejó una huella indeleble en el pequeño Danny— Les Paul era ya considerado un guitar hero, en primero en la historia de la guitarra eléctrica moderna. Danny se obsesionó con Les Paul; según cuentan sus antiguos compañeros de grupo, podía imitar su forma de tocar con tal perfección que podían llegar a confundirlos si los escuchaban con los ojos cerrados. La pasión de Danny por la guitarra fue heredada de su padre, un antiguo guitarrista que había tenido que abandonar su profesión de músico para sacar adelante su familia, aunque eso no le hizo olvidar su obsesión con las seis cuerdas, que contagió a su hijo para siempre.

Les Paul fue su primer gran ídolo pero la Telecaster terminaría siendo su guitarra de elección, porque el sonido cristalino y brillante se ajustaba bien a su forma de tocar. Es un sonido peligroso, que permite que se noten más los errores, especialmente cuando se usa poca distorsión. Pero eso poco le importaba a Danny Gatton: tocaba siempre al límite, usando una gran cantidad de trucos de muy complicada ejecución, siempre al borde del sonado error. Pero su porcentaje de acierto era tremendo y los habituales de la Telecaster lo tenían como a una referencia básica. De hecho, la casa Fender comercializa una Telecaster con las modificaciones que Gatton introdujo; hoy es el modelo custom más caro de entre los muchos que la famosa marca tiene a la venta. ¿Cómo es posible que valga tanto dinero la guitarra signature de un músico del que casi nadie ha oído hablar? La respuesta es fácil: el gran público lo desconoce, pero los guitarristas lo adoran. Quizá el elogio más famoso recibido por Gatton fue el que le dedicó Steve Vai: «Danny Gatton es la persona que más cerca ha estado de ser el mejor guitarrista que jamás haya vivido». Muchos otros guitarristas se convirtieron en rendidos admiradores: desde Eric Clapton a Jeff Beck, pasando por Slash e incluso su idolatrado Les Paul, con quien llegó a compartir escenario en más de una ocasión. Sin embargo, una sola grabación o actuación no basta para entender en dónde reside su grandeza.

Aprendió a tocar de oído pero su repertorio técnico era aparentemente inagotable. Su capacidad más sorprendente era la de sonar como varios guitarristas diferentes según el estilo que estuviese interpretando. Esto es algo verdaderamente notable: por lo general, los guitarristas tienen un estilo predominante y sus tics habituales se detectan cuando se pasan a otros géneros de música. Así, podemos notar cuándo un guitarra que está tocando rock procede del jazz y viceversa, por poner un ejemplo. Para un guitarrista, el estilo es como el idioma para un hablante: resulta prácticamente imposible que no se le note el acento cuando habla en otra lengua. Pero esto no sucedía con Danny Gatton: podía metamorfosearse mágicamente y sumergirse de lleno en diversos estilos —blues, country, jazz, bluegrass, rockabilly, rock and roll— transformándose cada vez en un músico nuevo e irreconocible. Él mismo admitía no ser particularmente original, no haber inventado un estilo nuevo, considerándose más bien un camaleón cuyo principal talento era del de imitar cualquier cosa que pudiese hacerse con una guitarra. Cabe decir, no obstante, que probablemente infravaloraba su fabulosa síntesis de técnicas procedentes de diversas clases de música. Así que además de su impresionante técnica de autodidacta superdotado tenía varios corazones de guitarrista, uno para cada género. Cuando se ponía purista con alguno de esos géneros sonaba como si nunca hubiese tocado otro estilo que aquel que interpretaba en ese preciso momento. Hay que volverlo a decir: esta característica es una hazaña en sí misma.

Buena parte de la culpa de su escasa fama la tuvo él mismo. Es improbable que se hubiese convertido jamás en un icono masivo, eso es cierto, sobre todo por cuestiones de imagen. Parecía más el vecino de al lado o el dependiente de tu supermercado habitual que un icono rockero. No se percibía ningún tipo de presunción en él. Eso sí, sabía que era muy bueno y no se molestaba en negarlo, pero en sus entrevistas hablaba como el típico individuo de aspecto convencional con quien podrías tomarte una cerveza en un bar sin sospechar que te hallabas frente a un genio.

Empezó a llamar la atención siendo un adolescente y durante su juventud tocó con gente que se haría muy famosa, como los integrantes de Jefferson Airplane. Pero su personalidad se interponía entre él y el estrellato: hogareño y tranquilo, pronto decidió que las giras no eran para él. La vida de un músico puede ser bastante dura y no todo el mundo soporta ese ritmo de constantes viajes, actuaciones y momentos intensos combinados con interminables horas de aburrimiento entre bastidores. No resulta extraño que las drogas y el alcohol circulen tanto por el mundillo. Y Gatton no quería girar porque no era capaz de verse maleta en mano de aquí para allá. Nació en Washington D.C. y jamás dejó de habitar el estado de Maryland. Donde, sí, se hizo un nombre en el circuito local con experimentos como aquellos impresionantes Redneck Jazz Explosion que durante los setenta combinaban bluegrass tradicional, rock, jazz y toneladas de virtuosismo, la banda donde intercambiaba alucinógenos solos con el también superdotado Buddy Emmons, considerado por muchos el mejor intérprete de steel guitar del planeta. Pero más allá de la región no lo conocía nadie. Él siempre quería actuar en locales de la zona y la distancia máxima en la que aceptaba actuar era aquella que le permitiese dormir en su granja esa misma noche. Un músico que quiera llegar a alguna parte ha de moverse, ha de aprovechar la oportunidad allá donde se presente, ha de renunciar a una vida cómoda, `pero Danny Gatton no estaba hecho de esa madera: él metía la guitarra en la funda y se marchaba con su mujer y su hija. Algo que solamente pueden permitirse los músicos aficionados, o aquellos que son ya millonarios, pero que cercena la carrera de cualquier otro.

Así que dejó pasar sonadas oportunidades profesionales una y otra vez. Por más que apenas abandonase su región natal, por allí pasaban giras de músicos importantes y era lógico que un talento tan extraordinario como el suyo se hiciese notar. Algunos grande nombres quisieron hacerse con sus servicios. John Fogerty, alma mater de Creedence Clearwater Revival y una superestrella en los Estados Unidos, hizo todo lo posible por ficharlo para su banda de acompañamiento. Telefoneó a Gatton ofreciéndole tan cotizado puesto. Todo lo que Danny necesitaba era levantar el teléfono y devolver esa llamada. Se le «olvidó» hacerlo. No tuvo mejor suerte Bonnie Raitt, quien en sus años de mayor éxito también descubrió a Gatton, también quiso contratarlo y también recibió un sonoro plantón. Un guitarrista como él podría haber conseguido trabajo junto a casi cualquiera de las mayores figuras de la industria con tan solo enviar una cinta de demostración. Pero lo dicho: no quería irse de gira y abandonar su granja. Se limitaba a tocar en bares de la zona y a grabar sus discos de vez en cuando. Decía que no se veía como escudero de nadie. Tocó, eso sí, junto a un notable perdedor, Robert Gordon. Quizá porque eso no le exigía hacer grandes giras.

Quizá la oportunidad dorada que más podría haberse ajustado a su personalidad llegó cuando se le ofreció formar parte del programa más célebre en la historia de la televisión americana, The Tonight Show. En los talk shows estadounidenses la banda de música es un elemento básico y sus integrantes pueden usar el programa como inigualable trampolín profesional. Incluso, por qué no, como pasaporte directo a la fama. De haber aceptado, Gatton hubiese aparecido cuatro días a la semana ante millones de espectadores, demostrando su pasmoso talento a toda la nación. Era un empleo fijo y seguro, con un buen sueldo y además con la enorme ventaja de no tener que hacer incómodas giras para obtener una enorme popularidad. Pero una vez más, Danny dijo que no. Rechazó una oportunidad por la que miles de otros músicos hubiesen matado. ¿El problema? Que, aunque el empleo le garantizaba una residencia fija, tenía que trasladarse a Los Ángeles, ciudad donde se grababa el programa. Eso significaba que debía abandonar su granja. No hubo trato.

Pese su escasa ambición profesional, Gatton estaba lejos de ser el típico guitarrista que practica horas y horas en una habitación pero después no sabe qué hacer sobre un escenario. Al revés. Quizá era introvertido, pero acumulaba muchas tablas a sus espaldas. Sabía entretener al público y sus actuaciones estaba repletas de juegos de prestidigitación destinados a asombrar y divertir. En eso se parecía a su ídolo Les Paul, quien junto a su esposa Mary Ford había llenado sus actuaciones de trucos que iban desde la filigrana técnica al detalle humorístico. Les Paul fue el primero en entender que el noventa por ciento del público jamás ha sostenido una guitarra y no va a entender los virtuosismos si no van acompañados de espectáculo. Danny Gatton se apropió esa lección y sus propias actuaciones estaban también repletas de números casi circenses. Su gimmick escénico más famoso consistía en tocar slide con una botella de cerveza… llena de cerveza y desprovista de tapón. Al público le encantaba verlo mover la botella de arriba a abajo, tocando insólitos fraseos con una facilidad increíble, mientras la cerveza iba derramándose sobre el instrumento. Esto era un numerito fijo en sus conciertos, aunque él siempre dijo que prefería tocar slide con un pequeño frasco de vidrio, de esos que sirven para vender pastillas (a la manera de Duane Allman, vamos). El frasco resultaba infinitamente más cómodo y sencillo que la botella, pero al público le había gustado tanto lo de la cerveza derramándose que ya no podía renunciar a ello. Incluso aunque sacar alcohol al escenario fuese contra las normas —porque en los EE.UU. está prohibido beber en público en según qué lugares— él seguía con su botella, diciendo «ya sé que esto es ilegal, pero a quién le importa». Después de dejar perdido su intrumento, secaba la cerveza del mástil… ¡tocando por encima de una toalla! Algo increíblemente difícil de hacer.

Así que, aunque poco ambicioso en su carrera, no le molestaba hacer alardes sobre un escenario y aún menos cuando tenía a un rival que pretendiese ponerse a su altura. Otro guitarrista virtuoso, Amos Garrett (el mismo que asombró al mundillo con su solo de guitarra en la dulzona Midnight at the oasis, el mismo que hizo a Stevie Wonder exclamar que «era una de las cosas con mayor musicalidad» que había escuchado nunca) fue quien le aplicó a Gatton su sobrenombre oficial, The Humber, «el humillador», por la manera en la que hacía trizas a cualquier incauto que quisiera subir al escenario para poner a prueba sus habilidades frente a él. Aunque parezca mentira, en sus actuaciones Gatton solía tocar bastante menos de lo que realmente sabía, así que no era buena idea para otro guitarrista desafiarlo alegremente. Especialmente en sus años de relativo anonimato, más de un guitarrista presuntuoso hubo de salir del escenario con la cabeza gacha.

Su virtuosismo era producto de una muy particular disciplina. Gatton aprendió de oído, sí, y era un autodidacta sin conocimiento académico alguno. Pero se tomaba la guitarra muy en serio. El hoy famoso Joe Bonamassa, por ejemplo, era apenas un niño cuando empezó a destacar por su precocidad y consiguiendo que Gatton se fijase en él. Las anécdotas entre ambos nos hablan bien de cuál era la actitud perfeccionista de Danny Gatton hacia su instrumento. En algunos conciertos le dejaba su propia guitarra al pequeño Joe mientras decía: «escuchen tocar a este chaval, ¡tiene solamente doce años!». Entonces el pequeño Joe asombraba al público con sus habilidades. Pero después, ya en la intimidad, Gatton picaba al niño: «Tocas bien el blues, pero no sabes nada de jazz, ni de country, ni de bluegrass, ni de auténtico rock and roll». Le decía que estaba limitándose a sí mismo y le indicaba qué otras músicas debía escuchar. También le enseñaba algún ejercicio, diciendo que no volviese a visitarlo «hasta que no lo sepas tocar a la perfección». El pequeño Joe se iba a casa y practicaba ese ejercicio una y otra vez, hasta tenerlo completamente dominado. Después volvía a ver a su maestro para demostrarle que lo que había aprendido, tocando el ejercicio «con algunas notas de más para intentar impresionarle». Pero Danny rara vez se mostraba impresionado, al contrario: le enseñaba otro ejercicio todavía más complicado y de nuevo lo mandaba para casa. «Y no vuelvas hasta que lo sepas tocar a la perfección». Todo aquello ayudó a que Bonamassa se convirtiese en el guitarrista que es hoy en día, como él mismo rememora siempre. Y recordando a su maestro, Bonamassa admite que «todavía no sé tocar algunas de las cosas que Danny sabía hacer».

El gran momento de Danny Gatton llegó en 1990. Ya tenía cuarenta y cinco años cuando recibió su primera nominación a un premio Grammy. Su tema Elmira Street Boogie fue nominado como mejor instrumental de rock, pero no hubo suerte: Eric Johnson se llevó el premio con Cliffs of Dover, que tenía un sonido más actual y probablemente mayor proyección comercial. Aun así, la nominación hizo mucho por difundir el talento de Gatton y su nombre empezó a dar mucho que hablar para ser alguien que apenas había tenido ambición. Aquello lo ponía en el buen camino para alcanzar popularidad a nivel nacional: más apariciones en televisión, actuaciones en recintos mayores ante un público más numeroso y los primeros parabienes de esa fama con la que parecía soñar a veces, pero a la que sin embargo se había resistido siempre con tal de no tener que renunciar a su modesto estilo de vida. Fue entonces cuando la casa Fender reconoció a Gatton como el más excelso dominador de la Telecaster y le reclamó para trabajar en un modelo customizado.

Cerca ya de los cincuenta años pero camino de convertirse en una leyenda viva entre los guitarristas, todo parecía irle viento en popa. Solamente él sabe ya qué clase de extraño infierno estaba atravesando justo cuando el mundo de la música empezaba a reconocer su talento, cuando las revistas especializadas hablaban de él como quien habla de una mina de oro que ha descubierto en su jardín. No tendría mucho sentido hacer elucubraciones sobre el motivo de su estado de ánimo. Si realmente se trataba de una depresión, como parece probable, esa es una enfermedad que muy poca gente —quizá solamente quienes la sufren— es capaz de comprender. Parece que Danny Gatton fue un alma torturada durante mucho tiempo. El guitarrista que técnicamente «lo tenía todo», como decía Albert Lee, no tenía sin embargo paz de espíritu y se quitó la vida inesperadamente. Renunció para siempre a unos más que merecidos años de reconocimiento generalizado, y lo que es peor,  renunció para siempre a su mujer, a su hija y a sí mismo.

Su incipiente fama se esfumó, porque nunca fue un icono juvenil y su suicidio no lo transformó en una figura de consumo masivo. Probablemente le faltaba la imagen, como decíamos. Tras su muerte siguió siendo lo que había sido siempre, un «guitarrista para guitarristas», materia de estudio para quienes desean progresar en ese instrumento pero un desconocido para la mayor parte del mundo. Visto desde pleno 2014 es una rareza en una industria donde el noventa y nueve por ciento de la gente que se está haciendo rica y famosa no tiene ni siquiera el uno por ciento del talento que tuvo Danny Gatton. Pero él lo quiso así, rehuyó la fama y finalmente rehuyó la propia existencia. No podemos juzgarle por ello, pero sí lamentar el que la vida no terminase premiando sus celestiales dones con algo más de felicidad. Eso sí, algo quedará para siempre: la expresión boquiabierta de quienes lo ven tocando por primera vez. Un grande sin renombre, el mejor guitarrista del que nunca has oído hablar.

34 comentarios

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  2. Genial, me habéis alegrado la mañana en la oficina.

  3. ¡Excelente texto! ¡Gracias!

  4. Simplemente gracias por este artículo.

  5. Yo le conocí cuando comencé a aprender a tocar la guitarra eléctrica. Antes de eso no tenía ni idea de la existencia de este genio. Como decís es un guitarrista para guitarristas.

    En parte es normal que no se le conozca ni reconozca por el gran público. Muchas de las técnicas que usa para alguien que no conozca la técnica de guitarra no les parecerá tan asombrosas, acostumbrados a escuchar canciones infinitamente llenas de tantos delays, flangers, chorus y distorsiones que apenas se distinguen las notas. El sonido cristalino de Danny no puede competir con el “trallazo” de lo que el gran público escucha, aunque saque armónicos con una facilidad que me asusta, aunque haga eternos ligados casi pegados a la pastilla del puente como quien hace un acorde de Am.

  6. Emilio, me alegro muchísimo de que haya recogido el guante (http://www.jotdown.es/2012/06/jeff-beck-el-hombre-que-nunca-estuvo-alli-i/#comment-19049).
    Qué personaje, tan asombroso que parece de ficción. No dejó demasiados discos grabados y en youtube apenas hay mucho más de lo que aquí podemos ver. Éstos ya los he visto mil veces y me siguen asombrando. Gracias.

  7. Su historia me recordó un poco a Ian Curtis… y creo no tienen algún artículo sobre él. Ojalá hicieran uno sobre él (Ian Curtis).

  8. !Muy buen artículo!, yo lo conocí hace unos años por
    conversaciones entre guitarristas.

  9. Pues qué queréis que os diga, me parece un guitarrista sin alma, técnicamente muy bueno en lo suyo pero con poco repertorio. No le veo hacer nada que no pudiera hacer Stevie Ray Vaguhan por ejemplo.

    Me parece un claro ejemplo de mitificación a la que son tan dados los americanos.

    Sinceramente si el tal Gatton fuera holandés, boliviano o nepalí nadie se hubiera acordado de él ni dudo que se le dedicara un artículo

  10. Muchisísimas gracias por descubrirme a este fiera, increible

  11. Un grande entre los grandes, una lástima lo que le pasó. Lo conocí gracias a un recopilatorio de temazos que me paso un colega. En él aparecía con Robert Gordon tocando el Black Slack, del disco The Humbler, un discazo en toda regla. Desde el primer momento que oí el solo de Black Slack pensé que tenía que hacer una cover, y así lo hice: https://www.youtube.com/watch?v=Zw0naatnMBg un humilde homenaje. Gracias por artículo!

  12. Me ha encantado la historia. Y me habéis dejado flipado con lo de Bonamassa! Había visto muchas veces ese vídeo y ni siquiera había reparado en el hombre que le pasaba la guitarra al pequeño Joe.

  13. No quiero ponerme maximalista, pero así a primera impresión, este hombre me parece lo que en el argot se llama un “mecanógrafo”. La música (por ende la guitarra) es algo más que técnica y virtuosismo, hay que tener también alma. Me vienen a la cabeza muchos que tocan/tocaban peor que este hombre, pero que me ponen los pelos como escarpias con 3 notas. Desde luego ninguno es Steve Vai ni Joe Bonamassa n Eric Johnson ni este Gatton, aún reconociendo la dificultad de lo que hacen. En una ocasion le preguntaron a Hendrix: “¿Qué se siente siendo el mejor guitarrista del mundo?” Y el gran gitano contestó: “No lo sé, preguntarle a Rory Gallagher”

    • Hola. Al menos hasta donde yo sé, la cita de Hendrix sobre Rory Gallagher es falsa. Los elogios apócrifos de Hendrix hacia otros guitarristas circulan mucho por ahí, pero hay que tomarlos con pinzas porque la mayoría no tiene base documental alguna. Puedo equivocarme, pero nunca he encontrado una fuente fidedigna de esa cita.

      En cuanto al debate sobre la técnica y el alma… es cierto que un guitarrista sin alma no transmite aunque tenga mucha técnica. Pero también es cierto que muchos oyentes no tenemos la capacidad de apreciar según qué técnicas, por lo cual comprendemos a un determinado guitarrista “técnico” y decimos que preferimos a otro que tiene “más alma”. Y quizá pensamos que el segundo tiene más alma sencillamente porque lo entendemos mejor cuando se expresa con el instrumento, no porque el primero no se exprese igualmente.

      Si hay unos cuantos reputados guitarristas que coinciden en considerar a un colega como uno de los grandes, supongo que esa opinión debería tener un considerable peso. No sé, admito que es un asunto complicado porque entran las filias y las fobias de cada cual, y ya me he dado cuenta que la gente se toma muy visceralmente las opiniones sobre música. Pero lo primero que hago es permitir que sobre mi propia opinión mande la opinión de los expertos, Y los principales expertos son los propios músicos profesionales. Es como yo lo veo, al menos.

      • Casi de acuerdo en todo Emilio. Es posible que el común de los mortales no reconozca la dificultad de un “tapping” a dos manos, de un “palm mute” o de un “slide” con bottle neck, pero ahí entra el antiguo debate de qué es el arte, si el fondo o la forma. Para mi manera de ver las cosas, hay gente dotada de un talento increíble, o de una disciplina terrible para la práctica…que no logra decirme nada. Ejemplos (hablo de mi gusto, luego son subjetivos): Yngwie Malmsteen, Steve Vai o Eddie Van Halen en el caso del artículo ( o Antonio López en Pintura, o Joyce en Literatura…) Y sin embargo hay otra gente mucho más limitada pero con la capacidad de transmitirte emociones (¿Clapton? ¿César Galicia? ¿Fante?) eso es para mí el arte: la capacidad de transmitir emociones. Habría un tercer grupo que es el de los elegidos, los que aúnan ambas cosas (¿Goya? ¿Hendrix? ¿Hemingway?) Rellénense los paréntesis con aquellos que emocionen a cada uno).
        En fin, espero no haberte importunado con la charla.
        Un saludo

  14. Quise decir “preguntadle”

    • No me importuna la charla, al revés, para eso está la sección de comentarios.
      Mira, a mí me gusta Eddie Van Halen y me gusta Clapton. Por motivos distintos. Albert King sólo toca cinco notas, siempre las mismas, y no me canso de escucharlo. Porque sabe tocar esas cinco notas con emoción y eso se transmite siempre. Ahora bien, también emociona —aunque de otra manera— cuando ves a músico que es capaz de hacer determinadas cosas técnicamente complejas sin salirse de lo que es hacer melodías y armonías que funcionen. Es el caso de Danny Gatton. Creo que para entender a Gatton hay que ir más allá del blues o del rock, que es lo que mucha gente escucha y con lo que se asocia de inmediato la guitarra eléctrica. Hay que irse al bluegrass. El bluegrass es un estilo popular y totalmente “anti-académico”, pero que curiosamente insiste mucho en la pericia técnica, que transmite emociones pero que también se basa mucho en dar espectáculo técnico, en hacer “show off” pero sin descuidar las armonías ni las estructuras. Es como el flamenco pero sin esa pátina de drama que a los flamencos les gusta darse. Hay mucho de bluegrass en la forma de tocar de Gatton, creo yo.

      • Bien explicado. También está su origen jazzístico, donde el instrumento fabrica el discurso y el virtuosismo es necesario. Creo que también se puede relacionar con virtuosos de otras escenas, como determinado folk (La Bottine Souriante). Virtuosismo musical vs. virtuosismo olimpista. Creo que llamar “mecanógrafo” a D. G. es no haberlo escuchado lo suficiente.
        (Emilio, tirando del hilo… ¿Buchanan? Existe un video de éste con Nils Lofrgren de invitado que le valdría a Thomas Bernhard para hacer una novela)

        • …y el jazz, claro. Si es que hasta el nombre de su banda “Redneck Jazz Explosion” daba a entender esa fusión de influencias.

          En cuanto a Roy Buchanan…. buf, tenemos otra historia trágica ahí y sí, da para otro artículo. Es inquietante pensar en la gente con ese inmenso talento pero que ha sucumbido a la infelicidad o a los traumas de la vida misma, para la que no estaban preparados. Uno querría pensar que estos artistas encuentran suficiente consuelo en su música, pero es evidente que no siempre es así. Muy triste.

          Un día escribiré algo sobre él, seguro.

  15. Buen artículo… ¡Gracias por descubrirme a este gran guitarrista!

  16. Valga el ejemplo de loe xpuesto:
    https://www.youtube.com/watch?v=6SFNW5F8K9Y

    • Prince es buen guitarrista —su estilo me gusta bastante— pero es que además el tipo sabe ofrecer un buen show. Esa noche se merendó a todo el respetable. Menudas tablas.

      • Lo de Prince va mas allá de eso de que sepa ofrecer un buen show, que sabe sin duda, pero va mas allá de que sepa levantar las manos, bajarse la guitarra, ponerse de rodillas, morder el mastil…..

        Toca como quien canta, y sabe cantar ademas, como quien usa el instrumento sin usarlo, haciendolo una parte de sí mismo. Sí…será eso que dicen de tocar con alma.

  17. Hola
    Cuando cerró una de las tiendas de Discoplay conseguí, muy barato, un disco de un desconocido Danny Gatton “88 Elmira ST.” donde esta el boogie que comentas y en la relación de guitarras la primera es: 1990 Fender Telecaster, Danny Gatton signature Model prototype with Joe Barden pickups.
    Siempre lo he asociado con Roy Buchanan y por eso estoy deseando leer ese articulo que comentas.
    Muchas gracias y un saludo.

  18. Danny Gatton tiene un disco algo más jazzy con Joey DeFrancesco, tambien un asombroso músico, trompetista y hammondcista americano, el disco se titula ” Relentless” y es brutal, un toma y daca de Telecaster y Hammond que te deja boquiabierto…
    Y el video tocando con el trapo…eso lo desconocía, y efectivamente me parece dificilísimo, incluso más que esos anonadantes fraseos finguerpicking, jajaja

    Cuanta emoción al ver un artículo sobre Danny Gatton…felicidades!!!

    • Tengo ese disco y, efectivamente, es brutal. No conozca toda la discografía de Danny Gatton, que me parece que no es muy extensa, solo algunos títulos y “Relentless” es mi favorito, sin desmerecer otros títulos como “88 Elmira St.” o “Cruisin’ Deuces”. También tiene varios VHS/DVDs didácticos.

  19. A muchos les parecerá que un virtuoso ejecutante de cierta disciplina y/o instrumento es frío, porque a veces la técnica, el preciocismo, la misma actitud del artista nos puede hacer sentir que “algo” falta… alma?, así nos parece.

    Pero es que a veces soslayamos también que en tal o cual presentación o aparición frente a una audiencia el artista se mueve en base a estados de ánimo.

    Hendrix mismo tuvo conciertos francamente muy malos pese a su reconocida técnica. En ese sentido, Pete Townshend sin llegar a las cumbres de los guitarristas de su época, “transmitía” mas que muchos de ellos. Por actitud simplemente.

    No estoy diciendo que unos u otros sean mejores o peores.
    Solo que la músicos son creaturas bastante bastante bizarras.

    Gran articulo.

  20. No existe en el mundo entero,el guitarrista #1.no existe en el mundo entero,el peor guitarrista.SOLO EXISTEN MUSICOS

  21. Lo conocía hace algunos años.Me aparece excelente.No puedo decir si el mejor o no.Eso de “el mejor” es tan relativo.Pero me gusta como toca y como parce que puede tocar de todo.
    No comparto lo de la frialdad.Por ejemplo Charlie Parker tocaba de forma magistral y velocisima y muchas veces su expresion no denotaba ningún esfuerzo,ningun sentimiento.so no lo hacía menos genial.
    A mi me provoca sentimientos encontrados escucharle.Con eso me doy ya por pagado.

  22. Nunca falta el sordo con el típico comentario de metalerito frustrado: lo importante es el sentimiento, no existen los mejores guitarristas, la técnica aburre, etc etc etc…
    Es jodido cuando el estilo de vida, se contrapone con el del negocio musical. Me identifico con el pobre Danny: amo mi pueblo, me cago en las giras donde le das de comer al sátrapa del representante. Le faltó paciencia a Danny: hoy por hoy, tranquilamente podría haber realizado dos o tres conciertos al año, para un público selecto.
    En cualquier caso, monstruo anónimo dentro de la no muy extensa lista de monstruos de la Telecaster. Y aún hoy siguen llorando a cierto negro falopero ruidoso, o bien, adorando a ciertos tibios british rock-british pop… Yo sí que lloro de risa cuando veo el esperpéntico espectáculo de ancianos que aún creen en la eterna juventud.. Por supuesto: están entre los mejores de la historia (según revistas “especializadas”) Y se les considera músicos. Long life to chick’n pick’n Danny!

  23. Esta claro que Danny Gatton fue un grande y tuvo un tragico final ,pero de lo que estoy cansado es de escuchar que el es el telemaster cuando antes que el esta Roy Buchanan del cual fue admirador en un momento y competencia despues.el que escribe la nota como el 85% del publico latino -español no sabe ni aprecia el potencial del fallecido Roy Buchanan ,esa si que es realmente una pena un guitarrista ,mágico y del cual el 90% del rock le debe por sus innovaciones en la técnica de la guitarra eléctrica ( como decía el gran Les Paul del cual ambos se admiran ,no hay guitarrista en la tierra que toque como Roy Buchanan el es distinto a todos ( quien fue el primer pinch armonic ???) seguro que muchos diran ,,,Bill Gibbons ? ,, Jeff beck ??? ,,,Rory Gallagher ???? ,,Angus Young ??? ,,Van halen ?? pues no amigos nada mas ni nada menos que el Sr Buchanan en Peeler Potatoes 1962( descubierto por error mientras estaba grabando la canción ,sus compañeros de grupo le preg. como había hecho ese silbido en la guitarra y el no lo sabia ,tuvo que sacárselo de si mismo ,y como esto también los efectos de volumen ,imitando violines ( si claro Inwie Malmstem o como se llame ) gatos y un refinado wah wah con el tono y el volumen ,en fin ,escuchar y sacar conclusiones ,a mi me gustan ambos pero Roy es un creador una piedra angular y Danny Gatton un virtuoso .

  24. Sergio, leyendo tu comentario, me viene a la cabeza un articulo que lei hace casi medio siglo sobre Roy Buchanan, no recuerdo bien si fue en Rolling Stone. En el articulo decia que Buchanan era el tipico ejemplo de que los mejores musicos no eran, ni tenian que ser los mas famosos o los mas conocidos. Teniendo en cuenta que Roy Buchanan tenia el sobrenombre, digamoslo asi, de ser ” the best unknow guitarist in the world,” pues creo que, a pesar de que ” unknow se podria quitar (en esto pienso como tu), el sobrenombre le hace bastante justicia, porque el jamas pretendio ser el mas conocido. La prueba esta en su rechazo a entrar en los Stones. Otro juguete roto, o vida tragica, o lo que sea. A ver cuando escriben aqui algo sobre el, porque aunque era desconocido, su vida da para, como minimo, un libro. Como minimo.

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