Jot Down Cultural Magazine – Ante la duda: minúscula

Ante la duda: minúscula

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Foto: Pixabay (CC)

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Ante la duda: minúscula. (Fernando Lázaro Carreter)

El español ha ido progresivamente adaptándose a un uso restringido de la mayúscula al tiempo que sus funciones se han ido definiendo con más claridad, aunque, como sucede con otros aspectos de la ortografía y la gramática, intervienen muchas variables y resulta complejo sistematizar su uso. Podemos, eso sí, tener siempre en cuenta esta máxima que tan claramente nos indica la Ortografía de la lengua española de 2010:

… la mayúscula es la forma marcada y excepcional, por lo que se aconseja, en caso de duda, seguir la recomendación general de utilizar con preferencia la minúscula.

Los usos en los que no hay duda, en los que sí es obligatoria, se resumen en delimitar enunciados (condicionada por la puntación), marcar nombres propios o expresiones denominativas y formar siglas. No vamos a entrar en el desglose de cada epígrafe, desarrollados ampliamente por la Academia y al alcance de cualquier mortal por la misma vía que haya llegado hasta aquí. Nos vamos a centrar en algunos usos incorrectos, en ocasiones muy extendidos, con una causa común.

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La mayúscula de relevancia no está justificada desde el punto de vista lingüístico y la RAE recomienda «evitarla o, al menos, restringir al máximo su empleo, que en ningún caso debe convertirse en norma».

José Martínez de Sousa, autor de la obra Diccionario de ortografía de la lengua española y que suele explicarse con bastante sencillez y cierta ironía, dice de este fenómeno:

Hay, sin embargo, en la utilización de mayúsculas una tendencia que obedece a razones subjetivas. La mayúscula se justifica solamente por el deseo de expresar con ella exaltación, interés personal o colectivo, respeto, veneración, etcétera, que nada tienen que ver, en general, con razones puramente ortográficas. Muchas personas son incapaces de escribir naturaleza, destino, etcétera, con minúscula, porque les parece que no quedan suficientemente destacadas. La exaltación de lo propio por medio de la mayúscula es otro rasgo de esto que vengo exponiendo. Así, en escritos religiosos aparecerán con mayúscula Cruz, Hostia, Sagrada Forma, Misa, San, Fray; en escritos militares, los nombres de las armas y todos los cargos; y así en todo lo demás.

Este deseo de exaltación explica el uso de mayúscula sostenida que en la red se suele interpretar como grito. También motiva buena parte de las mayúsculas improcedentes que nos encontramos en prensa y en diversidad de escritos. Tal vez las más frecuentes sean las que se colocan a nombres comunes como «rey» o «papa».

El Rey, con mayúscula, es Elvis. Los apodos son nombres propios que suelen formarse del léxico común y se escriben con mayúscula inicial (con el artículo en minúscula). Así que en el caso de Elvis Presley sería apropiado utilizarla, no así cuando «el rey» se refiere al título de monarca.

La norma sobre mayúsculas en títulos y cargos, que fue ligeramente modificada en la ortografía de 2010, suscitó tal desazón que motivó reclamaciones de algunos medios a la Academia.

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En este artículo Salvador Gutiérrez argumenta sus porqués, aunque finaliza con poca esperanza prescriptiva. Una simple búsqueda en Google de noticias que contengan «rey» nos deja claro que es difícil contener el reflejo de usar capital, se ponga la RAE como se ponga. Aunque también influye la tradición y la existencia de normas anteriores, se percibe esta motivación subjetiva en el hecho de extenderse el fenómeno a todo el campo semántico (real, monarca, etc.) en usos claramente comunes. La misma tendencia se puede observar en todo lo referente a la figura del papa, que nos da idéntico resultado que «rey».

Podríamos pensar que somos más papistas que el papa a la hora de ponernos reverenciales. No es el caso. Basta con echar un vistazo a la encíclica Laudato Si’ o al portal casareal.es, el reino de las mayúsculas en el que no solo sus majestades los reyes cuentan con varias, como era de esperar, sino que cualquier palabra puede resultar agraciada y, para abundar más, se utilizan titulares de inspiración anglosajona, con destacadas aleatorias.

may3Otro campo fértil en capitales es el de la tauromaquia. Es común encontrar escritos con mayúscula inicial términos como «toros», «fiesta», «corrida», «tauromaquia», etc. tanto en medios especializados como generalistas. Esperanza Aguirre, habitual en pregones taurinos, nos regala en este texto una explicación de su uso liberal: «Sí, es verdad. Me gustan los Toros, así, con mayúscula, como hay que escribirlo cuando se trata de denominar a la Fiesta Nacional de España por antonomasia». Ortográficamente es incorrecta la afirmación de que haya que escribir «toros» con mayúscula en este caso, como lo sería hacerlo con cualquier otro nombre común de cualquier tipo de espectáculo. Igualmente es incorrecto escribir «fiesta nacional» con mayúscula en referencia a los toros. Si bien es cierto que existe un uso llamado «mayúscula de antonomasia» se refiere a la sinécdoque de un nombre común por uno propio (la Bestia por Lucifer), pero aquí hablamos de un nombre común con toda propiedad. La denominación «Fiesta Nacional de España» corresponde oficialmente, según Ley 18/1987, a la festividad del 12 de octubre; en este caso, y solo en este, es correcto escribirla con mayúscula.

Esta afición por la sobreabundancia de mayúsculas que comparten la casa real, Esperanza Aguirre y @masaenfurecida tiene su contrapunto en el portal idealista.com que hasta no hace mucho vetó su uso para evitar una voz más alta que otra. Sin llegar a este minimalismo, la mayoría de libros de estilo y manuales recomiendan evitar la utilización innecesaria de mayúsculas y su abuso se suele percibir como molesto para la lectura.

El fervor que impulsa a la mayúscula en los casos en los que ni siquiera existe tradición ortográfica podría servir de diagnóstico de las afecciones de quien la usa. Por supuesto, es defendible desde la libertad de expresión o la objeción de conciencia ortográfica. Lo que resulta asombroso es que siempre haya quien piense que el español está en peligro porque a los jóvenes se les ocurren cosas como escribir en las redes sociales con mayúsculas y minúsculas combinadas para resaltar sus mensajes.

12 comentarios

  1. En ese párrafo sobre títulos y cargos de la ortografía de 2010, ¿no están precisamente mal utilizadas las mayúsculas después de punto y coma?

    • Entiendo que son citas textuales de enunciados completos y, por tanto, iniciados con mayúscula. Por eso están en cursiva.

  2. Gracias por este artículo que me refresca y aclara los motivos para usar o no mayúscula. Son varias las ocasiones en las que he tenido que explicarles a mis clientes que no pueden poner una mayúscula donde quieran (con la intención de remarcar una palabra que les parece especial, porque en mayúscula les resulta más bonita…). Pero si en un ayuntamiento la “ley” es escribir Alcaldesa, a ver quién es la guapa (persona guapa, se entiende) que allí la escribe en minúscula…

  3. Me gustaría saber qué opina la autora sobre el empleo de la mayúscula en la terminología jurídica-funcionarial, como en el caso de “recurso contencioso-administrativo”, “recurso de alzada” y otros. Gracias y un saludo.

    • Me parece bien, pero que no lo llamen Matrimonio.
      Bromas aparte, en el lenguaje jurídico están consentidas las mayúsculas en determinados casos, tampoco es que la ortografía profundice en este campo en concreto (ni en ninguno, como es lógico, porque trata los usos generales) pero, si ya se abusa en el lenguaje cotidiano, en este caso es un despropósito. Por no hablar de mantener formas verbales y fórmulas obsoletas de difícil comprensión.
      Es curioso, porque tengo la sensación de que una de las profesiones que más frecuentemente se escribe con mayúscula es “abogado/a”. Es un pálpito y como tal probablemente equivocado. Sería muy complejo hacer un estudio para confirmarlo. ¿Alguien escribiría carnicero con mayúscula? Eso seguro que no, no hace falta recurrir a un corpus.

  4. Es en la jerga forense donde la plaga de la mayusculitis ataca con mayor ferocidad. No hay texto jurídico que no esté infestado de mayúsculas, empleadas a diestra y a siniestra sin venir a cuento. Léase cualquier ley, cualquier sentencia, cualquier artículo doctrinal, y se podrá comprobar lo dicho.

  5. Cuando uno mira textos de tipo administrativo o contable, las mayúsculas proliferan más que las setas en otoño. Ayer mismo estuve corrigiendo la memoria de las cuentas anuales de mi empresa; por supuesto, habían escrito “Memoria”, “Cuentas Anuales” y así todo. Hice una escabechina de mayúsculas y quité absolutamente todas. Que no somos tan importantes, leñe.

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  7. Yolanda, ¿cómo se debería actuar en las firmas de los escritos oficiales? ¿El Alcalde o El alcalde? ¿El Presidente o El presidente?

    • En el título tienes la respuesta :p
      Como norma general, los cargos, puestos y oficios se escriben con minúscula inicial. Así que, “el alcalde y el presidente” mientras no indique otra cosa la puntuación.

  8. La frase “ante la duda minúscula” no es de don Fernando Lázaro Carreter, sino de don Gregorio Salvador.
    Lo que decía don Fernando era: “Ser minisculista es más higiénico que ser mayusculista”

  9. Gracias por el artículo. ¿Sabes? En alemán todos los sustantivos empiezan por mayúscula

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