Tonto el que lo escriba - Jot Down Cultural Magazine

Tonto el que lo escriba

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Imagen: DP.

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Ángel L. Fernández (administrador de Jot Down) opina que cada vez se lee más y mejor. Yo opino lo contrario. En realidad es un problema de terminología: vayan ustedes a saber si lo que él entiende por «leer» se parece a lo que entiendo yo.

Ángel también opina que el lector no es tonto. Doy por sentado que se refiere a «tonto» como definición vital. Habría que analizar caso por caso, aunque en principio estaríamos de acuerdo. Pero si lo que está diciendo es que el cliente manda, y que manda no como mandan los clientes sino sobre la información y su formato y en igualdad de condiciones con el periodista, entonces habitamos planetas diferentes. Entiéndanme antes de pedir las sales: el lector es «tonto en periodismo» en el mismo sentido en el que es «tonto en cirugía» el paciente que acaba en una mesa de operaciones para que le sea extraído un tumor cerebral hemisférico o en el sentido en el que es «tonto en arquitectura» el cliente que le encarga a un arquitecto la construcción de su vivienda. Mal iríamos si no fuera así.

Un ejemplo absurdo. Apple, la mayor empresa de la historia por capitalización bursátil, se construyó sobre el fundamento de que al cliente hay que darle lo que necesita y no lo que él cree que necesita. Es despotismo ilustrado, sí, pero del sano. Del que erradica enfermedades gracias a la vacunación obligatoria y en detrimento de los desvaríos alucinados del brujo de la tribu. La alternativa es el «conocimiento horizontal» de los movimientos antivacunas, que no dejan de ser gente muy leída e informada. Solo que mal leída y pésimamente informada. Porque el problema de los movimientos antivacunas no es la falta de información (a fin de cuentas tienen todo internet a su alcance) sino la falta de herramientas intelectuales para interpretar esa información.

Y precisamente eso es el periodismo. Y precisamente por eso el periodismo es más necesario que nunca en 2015.

No puedo hablar por otros, pero yo llevo cerca de veinte mil horas escribiendo profesionalmente y otras tantas leyendo, también profesionalmente, y quiero pensar que algo más debo de saber sobre lo que es esencial y lo que es accesorio que aquellos que no lo hacen a diario. Quizá a ustedes les ocurra lo mismo en su terreno profesional. Es probable incluso que se sintieran insultados si alguien defendiera que su trabajo lo puede hacer cualquiera o que la opinión del primer adolescente que pasa por Facebook vale tanto como la suya. Los periodistas tenemos que oírlo a diario. ¿Les suena aquello del «periodismo ciudadano»? ¿Y lo de «los periodistas hablan de lo que no saben»? Yo no he escrito un artículo sobre Interstellar porque sea astrofísico o director de cine sino porque soy periodista. Si no se entiende esto, apaga y vámonos porque no se ha entendido lo que es el periodismo.

El caso es que Ángel y yo participamos el jueves pasado junto a tres ponentes más en una mesa de debate en Valladolid llamada Tinteros de agitación cultural. El título es lo de menos. De lo que se habló allí es de la viabilidad o inviabilidad del periodismo, y especialmente el cultural, en la era de internet y los medios sociales. Durante el turno de preguntas surgió de entre el público la cuestión inevitable: los despidos, el hundimiento de los salarios, el cierre de revistas y diarios, el uso y abuso de becarios… Quizá me equivoco, pero intuyo que la pregunta llevaba efecto y que su objetivo era atizarnos con saña a los cinco que estábamos sobre la tarima. «¿Acaso vosotros no sois más verdugos que víctimas?» sería la traducción aproximada de la cosa al castellano recto.

Por supuesto que el periodismo es culpable. Pero no por explotador sino por gilipollas. Nadie ha hecho tanto por el desprestigio del periodismo como el propio periodismo. Primero regalando su producto, que equivale a decir que el periodismo no cuesta nada porque no vale nada. Segundo, abriendo de par en par sus puertas a las redes sociales como si estas fueran sujetos noticiosos por el mero hecho de existir (ya saben: «Los mejores memes de la final de la Champions League», «¿De qué color es este vestido?» y demás soplapolleces). Y tercero, apuntándose con entusiasmo a la venta de motos digitales como la del «periodismo abierto» y la del «empoderamiento del lector». El periodismo es ese pasajero cobarde de la película United 93 que pretende apaciguar a los terroristas que se disponen a estrellar el avión en el que viaja. ¿O es que nunca han leído a uno de esos periodistas gazmoños que en vez de informar al lector o darle su opinión le pide permiso para «compartir» algo con él?

—Permítanme que comparta con ustedes…
—A cascarla, hippie.

Sabes que has perdido la batalla de la opinión publica cuando te ves obligado a argumentar una y otra vez, cual Sísifo con su pedrusco a cuestas, las mismas obviedades. Así que al próximo que me hable de «modelos de negocio» lo crujo. Modelo de negocio solo hay uno: que te paguen por tu trabajo. En el mundo analógico y en el digital. Y el canal por el que llegue ese pago puede ser el obvio (el lector, la publicidad) o no tan obvio (las rentas, el mecenazgo, el patrocinio, la limosna o papá y mamá). Pero al final de la cadena siempre va a ser necesario un ciudadano X que saque la cartera del bolsillo para pagar un producto Z. Si te preocupan los menguantes salarios de los periodistas o el cierre constante de medios (el último la edición española de la revista Rolling Stone) intenta recordar cuándo fue la última vez que pagaste por un libro, una revista o un diario.

Ya he dicho que me iba a ver obligado a argumentar una obviedad.

En cualquier caso, yo estaría dispuesto a aceptar el argumento de los «nuevos modelos de negocio» siempre y cuando no saliera de la boca de un jeta. Ya saben, uno de esos que se aferra como un parásito intestinal a dicho argumento en el caso de los productos culturales que pueden ser pirateados pero no en el del tabaco, el alcohol, la gasolina o el wifi. Productos, salta a la vista, con un modelo de negocio vanguardista de la muerte: o los pagas o te los pintas con plastidecores.

—Si yo no te pago es porque tu modelo de negocio está desfasado.
—O sea, que tú decides pagar o no pagar por un producto cualquiera en función de tu valoración de su modelo de negocio. El hecho de que lo consumas es secundario en tu decisión.
—Eso es demagogia.
—¿Pagarías por un producto que no consumieras pero con un modelo de negocio «correcto»?
—Claro que no.
—Tu argumento tiene lagunas, entonces.
—No veo por qué.
—Porque no tienes ningún problema en pagar por aquellos productos que no pueden ser pirateados, independientemente de cuál sea su modelo de negocio. Pero evitas pagar por aquellos a los que tienes acceso gratuito. Y luego llamas «tontos» a sus fabricantes por no dar con el modelo de negocio que te obligue a ti a pagar por ellos ¡cuando ya los tienes en las manos!
—Hay que adaptarse a las nuevas tendencias. Quizá tu producto no es lo suficientemente interesante.
—Pero tú lo consumes. A ti sí que te parece interesante.
—No tanto. Si he de pagar por él no me interesa.
—Quizá lo tuyo es ventajismo.
—Quizá eres un dinosaurio incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos. ¡O un conservador!
—Puede ser. Quizá es que algunas cosas merecen ser conservadas. Aunque hablando de dinosaurios. ¿Eres consciente de que cada vez que entras en Facebook o en Twitter estás trabajando gratis para empresas que ganan millones con el tráfico que generáis tú y el resto de sus usuarios?
—¿Conmigo? No creo.
—Estás regalando a manos llenas el producto más valorado en internet.
—¿Y cuál es ese producto?
—Tu atención.
—Es un intercambio. Yo también obtengo algo a cambio.
—¿Ah, sí? ¿Qué?
—Entretenimiento. Información.
—Entretenimiento e información generados en origen por el sector cultural y el periodismo. No por Facebook, Twitter, Pinterest o Instagram. Mucho menos por Google.
—En cualquier caso, lo hago voluntariamente. Nadie me obliga a entrar en esas páginas. Y son gratuitas.
—Son gratuitas por la misma razón por la que los hoteles y los restaurantes de Las Vegas tienen precios ridículos: porque te están desplumando por otro lado. Su negocio es otro.
—Me da igual cuál sea su negocio. Yo obtengo lo que quiero de ellos y no me cuestan nada.
—Claro que te cuestan. Estás trabajando gratis para ellos, es puro lucro cesante. La única diferencia entre un esclavo y tú es que tú te has presentado voluntario para el puesto. Y con una sonrisa en la boca.
—No soy consciente de ello. Y eso no cambia el hecho de que tu modelo de negocio es incorrecto.
—Ya veo. ¿Y cuál es ese nuevo modelo de negocio que lograría que tú pagaras por aquello que lees?
—Yo tampoco lo sé, pero no soy periodista. Ese es tu problema.
—Intuyo que no va a haber modelo de negocio que haga que tú pagues por lo que lees ahora que te has acostumbrado a obtenerlo gratis.
—Es muy probable. Pero aun así deberías seguir buscando.
—Muy bien. Y mientras busco ese nuevo modelo de negocio, ¿tú que vas a hacer?
—Coger gratis lo que me merezco, por supuesto. La cultura debería ser gratuita.
—Porque tú lo vales.
—¡Mientras se pueda!
—Y si algún día no se puede, ¿dejarás de leer libros o de ver películas o de escuchar música porque su modelo de negocio sigue siendo incorrecto o te resignarás a pagar de nuevo por esos productos?
—Es probable que me vea obligado a volver a pagarlos. Pero entonces seré más selectivo. Mi dinero es mío.
—Y el mío también es tuyo, por lo visto. Quizá debería darte las gracias. Por el hecho de que me prestes tu atención, digo. Qué pena no ser Facebook o Twitter o Youtube: a ellos sí que les pagas, aunque no parece que seas muy consciente de ello.

Por cierto: si quieren un ejemplo meridiano de modelo de negocio papá y mamá ahí tienen a Alan Rusbridger, exdirector de The Guardian, que anda defendiendo por esos mundos de dios la idea de que el periodismo «debería incorporarse a las tendencias en vez de combatirlas». Lo dice él, que ha dirigido un diario cuyas pérdidas millonarias eran compensadas cada año por la compañía Scott Trust Limited. Así también me apunto yo a la utopía digital, no te jode.

Voy a explicarlo de otra manera. Imaginen un mundo en el que todo aquello que hacemos y decimos tuviera consecuencias tangibles en la realidad. Consecuencias a gran escala. Ese mundo es internet. Dice el filósofo Matthew Crawford en su libro The World Beyond Your Head que internet, y muy particularmente los medios sociales, nos plantean a diario una elección moral. Porque cada vez que los usuarios decidimos prestarle atención a la polémica absurda de turno en Twitter en detrimento de a un artículo del New Yorker estamos contribuyendo activamente a que cada vez existan más polémicas absurdas en internet y menos artículos al estilo de los que se publican en el New Yorker. Dicho en plata: cada segundo malgastado en las bobadas típicas de una red social cualquiera es un voto a favor de un mundo peor, más superficial y vulgar, más estúpido y mucho más sórdido e infantiloide. Tampoco voy de puta arrepentida: aquí el que esté libre de pecado y no haya perdido miserablemente docenas de horas en los pasatiempos más asnos de internet que tire la primera piedra. Pero como en el chiste, «organización, joder, organización».

Así que ya me van a permitir que comparta con ustedes una humilde reflexión de igual a igual. Quizá habría que empezar a pensar en pagar, aunque sea modestamente, por los productos que consumimos. O al menos por aquellos que consumimos regularmente. La alternativa es un internet de puto asco en manos de youtubers histriónicos, trols de catorce años y amateurs bienintencionados pero intrascendentes. Y no es que tenga nada contra las guarderías, pero cuando toda la oferta cultural a nuestro alcance sea esto, quizá añoremos maravillas como esta.

45 comentarios

  1. Realmente no creo que se trate tando de un error en un modelo de negocio, sino del abismo que se ha formado entre la oferta y la demanda.

    Podemos tomar por ejemplo esta misma publicación, Jotdown, que sigo de forma regular desde hace tiempo. Me gusta, y no tendría problema por pagar por consumirla. El problema es cuánto. ¿Cuánto valoro la publicación? Y creo que ahí es donde reside el problema.

    Si te das una vuelta por Internet, la cantidad de contenido es apabullante. Estoy completamente de acuerdo que el 99% es basura, pero en muchos casos la basura entretiene. En este punto el usuario valora y decide.

    Directamente y sin necesidad de hacer ni estudios, ni nada que se le parezca, únicamente viendo mi entorno, hay un 90% (si no más…) que prefiere la basura. Así que directamente, una publicación como Jotdown pierde un 90% de público objetivo.

    De los restantes (entre los que me incluyo), nos encontramos con un problema con el periodismo actual. Y es que se subjetiviza en exceso. No soy un ingenuo, sin haber estudiado periodismo, soy consciente de que no se puede (ni se pretende) escribir de forma objetiva. Pero todo tiene un límite.

    Me he visto en varias ocasiones, leyendo prensa extranjera, para poder enterarme de lo que realmente pasa aquí. O haciendo una búsqueda ráida en Twitter para tras leer 50 tweets de su padre y de su madre, poder hacerme una idea de que está sucediendo.

    Para mi la prensa tradicional, a día de hoy, casi carece de valor. Hay un porcentaje muy pequeño, que tiene valor, y además es esencial para todos nosotros, para nuestras libertades, pero se le ha añadido tal cantidad de morralla, que hace que la publicación completa (obviamente aquí no hablo de Jotdown) no valga la pena el precio impuesto.

    Y lamentablemente lo mismo sucede con otros ámbitos como literatura, cine, música… Para mi que SI pago los contenidos, es un riesgo innecesario soltar 20 o 25 euros por un libro infumable.

    Mis soluciones: básicamente a día de hoy 2. La primera, si me ofrecen como es el caso de varias tiendas virtuales, la opción de probarlo, lo hago y si me satisface, compro el producto entero. La segunda, pirateo el contenido, lo previsualizo y si vale la pena lo pago, y si no, pues no lo hago.

    Esta segunda tiene una falta de ética importante, puesto que queda en mis manos decidir lo que está bien o lo que está mal, pero cuando en valor de un libro o un disco de música es casi un 3% del salario mínimo…

    Pero ojo, esto no pasa únicamente en el periodismo, pasa en cualquier ámbito. Soy Ingeniero, y en mi día a día me pasa lo mismo. Mi trabajo es parecido al de un periodista. Básicamente separo el grano de la paja, para un cliente. Pero es cierto que la empresa para la que trabajo me hace añadir tal cantidad de porquería, que el valor de mi trabajo cae a niveles que rozan lo indecente.

    Mi empresa quiere ganar más, y en lugar de mejorar la calidad, añade cuestiones supletorias. Supongo que tarde o temprano quienes controlan estas empresas se echarán las manos a la cabeza porque una empresa pequeña, saca lo que denominaremos un resultado mediocre, y nos quitará del mercado.

    Como digo desde un principio, si la demanda se mantiene, y la oferta es desbordante…

    • Aprovecho para contestarte una cuestión, Óliver, y comentar de paso un matiz con el que creo que Cristian tiene una valoración errónea.

      Comentas que no tendrías problemas en asumir un coste por leer JotDown, y te preguntas cuánto, y cuánto valoras cada publicación. Creo que en este caso es sencillo, tienes un botón de aportación al final de cada artículo para que puedas valorarlo como consideres, desde 0,10€, 0,25€, 0,50€, 1€, hasta 2€, en todas y cada una de las publicaciones, sin cuotas previas o recurrencias en los pagos, haces lo que te dé la gana con los autores que tú decidas, y paras tus aportaciones cuando quieras. Fácil, ¿no? Te animo a utilizarlo, es realmente sencillo y está dando resultados, si quieres más información visita la web http://www.dropcoin.es o si prefieres ponte en contacto conmigo: inaki@dropcoin.es

      La otra cuestión que quería comentar es la consideración del autor, dentro de las posibles opciones en los modelos de negocio de los que habla, del concepto de “limosna”. Quizá esté equivocado, Cristian, pero he supuesto que lo de la limosna va referido a las “moneditas” que proponemos desde Dropcoin.
      El concepto básico de Dropcoin es una herramienta extraordinariamente sencilla (un clic) que facilite la implicación absolutamente libre y voluntaria del usuario que valora un contenido (por ejemplo Óliver), con un gesto asequible a cualquier usuario, unas monedas. Esa implicación puede ser valorada de muchas formas, como una limosna, si estoy en lo cierto a la hora de interpretar tu texto (no serías el primero), o como un gesto que posibilita al usuario el hecho de implicarse con algo que valora (como Óliver) y que provoca una complicidad diferente entre el usuario y el autor.

      Estamos empezando, llevamos tres meses con el botón publicado y con resultados dispares entre las más de 70 webs que incluyen el botón, pero funciona en muchas de ellas, la gente comienza a implicarse, y quizá sea posible que esta herramienta tan sencilla permita que algunos de los que no se planteaban la posibilidad de aportar un gesto de este tipo, quizá cambia de opinión. La pregunta del millón (estamos en ello, créeme) es ver qué porcentaje de usuarios llega a interpretar un gesto de este tipo como algo realmente útil. No estamos pensando en grandes porcentajes, somos muy muy prudentes, pero te diré que por ejemplo, en un medio que tenga 1.000.000 de usuarios únicos al año, solo con que un 1% decida aportar 0,50€ al mes (Óliver creo que superaría esta media), esta situación generaría 60.000€ al año, algo que realmente creo se aleja bastante del concepto de limosna.

      La cuestión, evidentemente, es generar confianza y proponer al usuario herramientas que le permitan implicarse con lo que le interesa, sin que esa implicación le suponga un coste que no sea más alto o que vaya más allá de lo que él mismo decida en todo momento.

      Si conseguimos asociar y convencer de que este gesto de valoración es algo bastante más valioso que una idea de limosna, creo que sería un primer paso para mentalizar a los usuarios de que realmente, como dices, asumir pagar por los contenidos es una cuestión necesaria. El problema es que después de tanto tiempo regalando los contenidos, hace que sea complicado que ahora puedas poner un muro de pago de forma repentina.

      Llegados a este punto, quizá sea necesario buscar otro tipo de soluciones alternativas. En Dropcoin creemos en esa voluntariedad de al menos un 1% de usuarios. Es la base sobre la que hemos hecho las estimaciones de futuro. Con tiempo pensamos que será un porcentaje mayor. Confiamos en los usuarios, que desde luego demuestran que tienen disposición de pagar por lo que les interesa. Mira este enlace: http://bit.ly/1FP45wc

      Dices en el texto “El periodista nutre de herramientas intelectuales para interpretar la información que se publica. Precisamente eso es el periodismo. Y precisamente por eso el periodismo es más necesario que nunca en 2015”

      El motivo de proponer una herramienta como Dropcoin fue precisamente por sentir como tú esa última frase que dices, que el periodismo es hoy más necesario que nunca (lo siento así dese que pensé esta idea, hace casi tres años). Por eso desde Dropcoin tratamos de ofrecer herramientas diferentes que permitan la colaboración entre gente que propone contenidos y gente (millones al día) que los necesita, los busca y los valora.

      Saludos cordiales.

      • Iñaki, simplemente remarcar un par de cosas. La primera, es que no sabía que podía hacer aportaciones. Leo JotDown desde un lector de RSS y no sabía que existía la posibilidad. Sin duda lo usaré.

        La segunda, efectivamente, mi aporte superará seguro esos 0,50€ que mencionas. Es probable que no llegue al aporte que se querría con el formato de revista que tiene JotDown, pero por una sencilla razón: no me interesan todos los artículos. Y tampoco me interesan los formatos físicos.

        Lamentablemente ésto sí tiene que ver con el modelo de negocio. Un claro ejemplo de ello es Apple, dieron con la tecla con la iTunes Store, cuando podías comprar una sola canción de un álbum, sin necesidad de tragarte “la experiencia completa”.

        Del mismo modo nadan en beneficios con la App Store, cuando el precio medio de una Aplicación en condiciones, está en unos 25€, no en 500 ó 5000 que piden algunas compañías.

        Que se inviertan muchos recursos, o tiempo, en algo no significa que tenga valor.

        • No conocía Drop Coin, y probablemente lo utilizaré en el futuro, me parece una idea acertada. Pero mi argumento se refiere al pago “a priori”, y Dropcoin es un pago ” a posteriori”. Hay una gran diferencia, en mi opinión. Yo pago a priori dos publicaciones, un pago ANUAL. Esas publicaciones:

          1 – Generan en mí una confianza a priori que me permite invertir sin problema (es un “riesgo” limitado)
          2 -Son conscientes de que el precio a pagar anualmente tiene que estar en consonancia con el mercado, con la oferta y la demanda, y me proponen ofertas “adecuadas” a esa situación.

          Sirva como dato que pago por cada una unos 50 euros al año, y que ambas se renuevan con contenidos (3-4 artículos) diariamente. Y eso también es importante: calidad…y cantidad.

          Por JD, por ejemplo, estaría también dispuesto a pagar una cantidad parecida anual, o igual algo inferior en el sentido de que, por la naturaleza de la mayoría de los artículos que consumo, no consulto la web cada día. Igual basta con “probarnos”, pedirnos ese abono…igual os sorprendería.

        • El pago a priori, Héctor, puede darse cuando por algún motivo, tienes tanta afinidad o confianza en una propuesta concreta, que la aceptas sin pensar. Con esa decisión, sientes además un grado de satisfacción por saber que, en cierta forma, perteneces a esa comunidad que hace posible ese trabajo. Yo soy socio de 5 medios y he apoyado a otros 6-8 en su creación.
          Dropcoin es otra forma de implicarse, la inmediatez y el gesto, y creo que podemos pensar que ambos modelos pueden ser perfectamente compatibles.
          Saludos.

        • Hola Óliver, me alegra que estos ratos os hayan hecho descubrir una posibilidad nueva. El botón te permite hacer lo que quieras, con los artículos que quieras. Es así de simple.
          Sobre lo que comentas de recursos, tiempo y el posible valor que una cuestión pueda tener o no, pues eso depende de cada uno.
          Mira, nos comparan con https://blendle.com, un sistema que pone precio a un artículo para poder acceder a él; nosotros, además de que no somos un muro de pago (Blendle lo es), no ponemos precio a lo que para uno puede tener un valor diferente a lo que puedas pensar tú, o pueda pensar yo mismo. Cada usuario decide lo que quiere aportar, sobre contenidos abiertos además, otra diferencia con la plataforma holandesa.
          Saludos cordiales.

      • Iñaki, lo de “limosna” no va evidentemente por Dropcoin, que además me parece una iniciativa interesante. Es el concepto del honesty box anglosajón adaptado a internet, ¿cierto? Lo que está por ver es qué tal andamos de honesty, claro. Mucha suerte y ojalá cuaje.

        PD: Me acaban de pasar los Analytics de algunos artículos míos publicados en Jot Down. Con el más visitado de todos ellos, y a un precio de un solo céntimo por lector, se habrían ganado casi 2000 euros. Con los que están más abajo en la lista, 400-500 euros. Yo estaría dispuesto a trabajar a riesgo para Jot Down, por ejemplo. Es decir sin cobrar nada por los textos, pero a cambio del 60-75% de esos céntimos. No sé si eso cuenta como “nuevo modelo de negocio”, pero lo que quiero dejar claro es que yo estoy dispuesto a asumir riesgos… siempre y cuando exista la posibilidad REAL de sacar un beneficio de ese riesgo. Pero si no existe esa posibilidad porque de salida se me está diciendo que no se me va a pagar JAMÁS, ¿qué se me está pidiendo entonces? ¿Que me mueva de la “nada” presente hacia la “nada” futura por el simple hecho de “moverme hacia delante”?

        • Cristian, que tengas 200.000 visitas, no significa que tengas, 200.000 lectores, y mucho menos 200.000 personas dispuestas a pagarte.

          Te pongo un ejemplo: Yo, como he dicho, soy ingeniero. Mi empresa le cobra a mis clientes 150€ la hora. Ahora cojo una piedra, y me pongo a darle golpes durante, no se, digamos 200 horas. ¿Significa que el resultado vale 30.000€? En absoluto. Es probable que si lo cuelgo en ebay a ese precio, reciba millones de visitas. Pero nadie lo va a pagar.

          Por muy periodista que tu seas, y por muy ingeniero que sea yo, podemos hacer cosas que no valen lo que nosotros estimamos. Y es muy posible que ante nuestra cabezonería de querer cobrar lo que consideramos que vale, aparezca un tercero con algo que la gente sí quiera pagar. Aunque como profesionales nos parezca horripilante.

          Como muy bien explicas en el artículo, hay otros sectores, que nos están obligando a condiciones que no nos gustan y aun así pagamos. Tiempo al tiempo. Movistar, Vodafone… eran intocables y apareció Yoigo, Pepephone y demás. Microsoft va a “regalar” (ojo a las comillas) Windows, etc.

          Las cosas cambian.

          • No, claro. Hay lectores que leen dos veces el artículo, hay otros que vuelven para leer los nuevos comentarios, hay los que se equivocan de artículo… Pon que la cifra real de lectores únicos (contando cookies, vaya) sea un 70-80% de las visitas. Lo que quiero decir es que esas cifras son suficientes como para obtener una rentabilidad más que razonable aún estableciendo un micropago realmente “micro”. Obviamente, si dejas ese micropago a la voluntad del lector volvemos a estar en las mismas: puedes tener 500.000 visitas y recibir solo un euro. Lo interesante aquí es que el argumento de que “quizá tu producto no interesa, está desfasado, bla, blu, bla” se cae por su propio peso cuando te das cuenta de que las audiencias son en realidad muy altas. Así que interesar, interesa. Otra cosa es que no te salga de los cojones pagar mientras nadie te obligue a ello, claro.

            Puestos a fantasear con sistemas imposibles, lo ideal sería un sistema que te cobrara una cantidad minúscula, un céntimo de céntimo, por cada “click”. De esa cantidad, el 90% podría ir al productor del contenido, a la web, lo que fuera, y el 10% a la telefónica de turno (la conexión debería ser gratuita). Al verte obligado a ser mucho más selectivo con tus clicks, los contenidos chorras de internet decaerían y subirían los de calidad. Es una situación win-win: el internauta deja de perder miserablemente su tiempo en capulladas e internet pasa a convertirse en un medio verdaderamente meritocrático.

            Obviamente, eso no sucederá jamás.

            • Aclaración: En la respuesta anterior quería decir: “nos estamos encontrando con que es habitual que algunos profesionales interpretan el tema de las monedas de esa forma”

            • Gracias por la discusión Cristian, me has hecho llegar a varias conclusiones:
              1) Eres muy optimista, o no sabes mucho de estadística.
              2) Hay periodistas que apoyan algo como el canon AEDE, al menos moralmente.
              3) Es injusto que por tener una carrera como periodismo, no vivas como un cura, hagas lo que hagas.
              4) Hay que decirle a la gente lo que debe hacer, porque ellos por sí mismos no son capaces de decidir.
              5) No existe una asignatura de autocrítica en la carrera de periodismo.
              6) A partir de ahora me fíjaré muy bien en el autor de los artículos, no vaya a ser que le robe una lectura a un periodista.

              Y por cierto, como consejo, esta entrada en concreto, sería más propia de un foro, que de una revista cultural.

              PD: El título de la entrada muy acertado.

            • Una pregunta inocente… ¿Por qué hay 8 banners de publicidad y enlaces a prácticamente todas las redes sociales en este artículo?
              Por cierto, te he buscado en Google, y apareces registrado en varias redes que criticas.
              A lo mejor es la empresa la que te está timando y no tus lectores.

        • Gracias por tus palabras, Cristian, y disculpa el error de interpretación, la verdad es que no estamos encontrando con que es habitual que nos encontremos a algunos profesionales que interpretan el tema de las monedas de esa forma, no es tu caso, estupendo.
          Con el tema de las mediciones, es complejo, porque no hay precedentes. Como te dicen, no todo lector te va a pagar un céntimo, pero la cuestión es que si de esos 200.000 un 1% decidiese implicarse contigo con 0,50€, también sacarías 1000€, y confiar en un gesto de unos céntimos en un 1% de la gente no es descabellado …
          Me alegra ver las reacciones que está provocando tu texto y las reflexiones que está provocando.
          Con el porcentaje, Dropcoin confirma el 85% para el creador, aunque deberías negociar con el medio (n n este caso JotDown) el reparto de la cantidad recaudada. Aún no tenemos situaciones de este tipo, pero estamos seguros de que llegarán, y ahí, Dropcoin poco debe interferir, suponemos que se darán las negociaciones pertinentes entre medios y autores.
          Saludos agradecidos.

          • Hola a todos, es un tema interesante este. A mí me gusta la fórmula de Dropcoin porque permite la viralidad de los contenidos, cosa que con un pago previo no es posible, o al menos se complica. Espero que funcione bien el invento, pero estaba pensando además en otra posibilidad complementaria o que desarrollase esta. Se trataría de pagar ese céntimo o cinco céntimos o lo que sea por compartir un enlace.

            De manera que las redes sociales no permitirían que se pusiera un enlace tal cual sino solo apretando en el botón de compartir del texto en cuestión, de FB o Twitter, se produce ese micropago. Esto haría la vida de los medios digitales algo más llevadera, a la dieta de agua y pan duro se le añadiría una raspa de sardina que oye, nunca está de más.

            Otro aspecto es eliminar la barrera de entrada para darse de alta como microdonante. ¿No se puede buscar maneras de que sea algo que pueda hacer cualquier lector de entrada sin necesidad de darse de alta, poniendo cuenta corriente y demás? Pregunto desde la ignorancia, no sé cómo funciona en ese aspecto, pero dado que por ejemplo un tercio de los lectores ya son mediante el móvil, pues con acuerdos con las operadoras, o igual que cuando pagas al descargarte una app o algo por el estilo.

            • Hola Javier,
              No sabes lo cerca que estás de lo que en breve esperamos presentar en colaboración con una de las webs referentes en español que está colaborando con nosotros. ¡Estate atento!
              Con lo que dices sobre la barrera de entrada, de momento no es posible gestionar pagos si no hay una información que permita mecanizarlos. Nuestro registro es tan sencillo (un mail y una contraseña) precisamente para facilitar en la medida de lo posible esta cuestión necesaria. La tarjeta de crédito se solicita una sola vez cuando aceptas hacer tu primer “dropcoin”, después, queda guardada conn total garantía en la entidad bancaria que gestiona la opración y ya solo es cuestión de un clic.
              Saludos cordiales.

    • 100% de acuerdo. En mi caso pago por algunos contenidos, regularmente, pero cuantitaivamente muy poco.

      Estaría dispuesto a pagar por ciertos contenidos, pero no otros. ¿La razón? Sencilla: no observo el mismo nivel de autoexigencia en el periodismo que me daría suficiente confianza en el producto (yo también soy ingeniero, y también me veo vendiendo paja a menudo, cuando mi trabajo tendría que ser altamente autoexigente).
      En términos puramente financieros uno quiere pagar por algo por lo que tenga cierta seguridad de que le dará satisfacción. Un contraejemplo podría ser el cine, o la música, por la que uno apga sin saber del todo si la peli o el album estarán bien. Pero no es lo mismo, no me ABONO a un director, compro una unidad, y si no me gusta, la siguiente no me vale. En ese sentido sí que entiendo que hay un problema de modelo de negocio. Me parece muy apreciable la iniciativa tipo “pay per view” a 50 céntimos o un euro para ver UN artículo. Por un lado no me obliga a abonarme a un medio, por otro implica una presión (pero todos trabajamos bajo presión) hacia el periodista para producir un contenido de alto nivel. A ese tipo de modelo sí que estoy dispuesto a abrirle mi monedero.

      Y para concluir, el periodismo en España, su problema no es un modelo de negocio. Es una falta total de respeto por su propia profesión, sus principios y lo que deberían ser sus objetivos. Los propios periodistas, como el autor, deberían mostrar más respeto por su profesión, y entender que sí, que es bastante importante como tal para que los demás entendamos lo que nos rodea.

      Si quieren dinero, generen confianza en lo que venden, sean creíbles, rigurosos, AUTOCRÍTICOS…y muchos estaremos dispuestos a pagar, un precio justo, por los contenidos.

  2. Quizás ocurra que, como decía Mario Vargas Llosa, “que todas las manifestaciones puedan llegar a todos es una fantasía democrática. No todo el mundo puede leer a Proust. Esto no quiere decir que haya gente que esté negada para la cultura, sino que el esfuerzo y la preparación, que están al alcance de cada persona, hay unos que lo tienen y lo hacen y otros que lo tienen y no lo hacen. Esto no es defender el elitismo, sino la realidad.”

    Es decir, tendremos una manifestación cultural mediocre, banal, de baja calidad y escasa enjundia, gratuita, para los ignorantes y analfabetos funcionales que no valoran su tiempo disponible y otra manifestación cultural minoritaria, sólida y de calidad, profunda y trascendente, para personas por encima de la media que valoren su tiempo de ocio y entiendan que el mérito hay que valorarlo y pagarlo.

    • Y además tendremos decenas de manifestación cultural mediocre, banal, de baja calidad y escasa enjundia para los ignorantes y analfabetos funcionales que no valoran su tiempo disponible, cuyos autores exigirán en cada uno de sus panfletos que exigen cobrar por su ‘trabajo’.

      • Estoy de acuerdo con su comentario, Gatete, independientemente de que se le intuye una doble lectura que pudiera pretender ser irónica (¿por qué recurrimos constantemente a la ironía en Internet si sabemos que no siempre se entiende fuera de un contexto físico concreto que exige un determinado tono de voz, expresión facial, conversación fluida y encadenamiento causa efecto, etc.? ¿es para dárnoslas de inteligentes? ¿no nos damos cuenta de que si no comunicamos bien lo que queremos expresar no somos “listos” sino bobos e ineficientes?).

        Esos autores mediocres exigirán cobrar por su trabajo pero añado además que si los clientes, lectores, visitantes, etc., consideran que vale la pena pagar por él, así lo harán y garantizarán su supervivencia profesional o comercial.

        Sucede que en el mercado, a través de la concurrencia competitiva que se materializa vía precios, también existe sitio para lo que usted o yo consideramos mediocre pero que a otras personas puede resultar lo suficientemente útil como para pagar por ello un precio razonable.

        • Cierto. Sin embargo, existen decenas de manifestaciones cultural mediocre, banal, de baja calidad y escasa enjundia para los ignorantes y analfabetos funcionales que no valoran su tiempo disponible, que están intensamente subsidiadas, por lo que estos autores cobran por su ‘trabajo’ sin que medie el mercado.

  3. Quizás estaría bien respetar a los youtubers que han sabido sacar tajada de internet antes que “vosotros/nosotros”. Nos gustará mas o menos lo que hacen, harán mas o menos gracia, pero han sabido como sacar dinero de ahí. Algo que a “nosotros” nos está costando horrores.

    #RESPECT

    http://i.imgur.com/uqMrxRZ.gifv

  4. Pagaría 6€ al mes por leer el blog de Tsevan y la jotdown

  5. Pingback: Tonto el que lo escriba

  6. Sin problema, una revista cultural con acceso web cerrado como JD yo podría pagar 20-30€ anuales. ¿Es una birria? ¿Una base para empezar a calcular? No tengo ni puñetera idea. Ahí la dejo.

    • Puedes empezar a hacerlo ya, pagando esos 20-30€ anuales como te dé la gana, repartiéndolo entre los autores y artículos que tú decidas, cuando prefieras y sin que te comprometa a nada más que lo que quieras aportar.
      Busca el botón de Dropcoin al final de cada publicación y aporta lo que consideres, desde 0,10€ hasta 2€.
      Saludos.

    • +1. Si nos ponemos unos cuantos igual les terminan cuadrando las cuentas

  7. Me ha convencido. Vuelvo a la caldera de carbón para evitar que la reconversión industrial produzca más paro en el colectivo de la minería. Lo que importa es el espíritu, no el modelo de negocio. La actividad económica es la faceta pueril del periodismo, un apostolado, en el cual hay que poner la cruz en la casilla de otros fines de interés social y moral. Se debe pagar por la unción de un autentico creador de opinión .

    ¿Cuánto cobra Cristian por programa, a ver si llevo suelto? ¿Admiten Sestercios? ¿Cauris?

  8. No entendí la exposición. Si como afirma Cristian Campos “pago” sin saberlo cada vez que entro en Facebook o Youtube, también “pago” sin saberlo cada vez que entro en Jot Down, ¿o no?

    Si comparamos internet con un gran centro recreativo y comercial, es posible que yo entre a ver el ambiente y tomarme una copa, pero me parece insólito que tenga la obligación de pasar por todas las instalaciones a dejar el dinero. Yo ya lo siento por todos los que allí trabajan y se esfuerzan, pero no necesito todos sus productos (ni tengo con que pagarlos), así que se perderán si no los consumen otros.

    No entraré en los problemas del periodismo, pero baste decir que la opinión del señor Campos de que el buen periodismo es cuestión de dinero lo desmienten a diario los bien pagados tertulianos televisivos.

    Y en cuanto al problema de la cultura, ¿diríamos que las bibliotecas perjudican a los escritores porque la gente lee libros sin pagarlos directamente? ¿Han arruinado los museos gratuitos a las bellas artes o a las ciencias?

    De cuantas dudas he expuesto, me interesa en especial la primera. ¿Por qué estoy enriqueciendo a Google o Facebook pero no a Jot Down?

    • Sin saber de informática ni internet ni eso, creo que el asunto está en “unas empresas” que se lucran de la información que expones tú en la red. Tanto Facebook, Youtube como Google venden todos eso millones de información que genera cada click que haces. Cada like, cada foto subida, cada comentario, cada búsqueda en el motor de Google, termina generando un perfil de usuario que luego se puede vender a publicistas varios (lo mas típico es lo de buscar información para unas vacaciones en X y que luego la bandeja de entrada del Gmail se llene de ofertas para viajar a X).
      En principio Jot Down no vende los datos porqué su trabajo no es manejar esos datos que generan los lectores sino crear contenido propio (no tengo ni idea de si una página “pequeña” como pueda ser Jot Down ese comercio le saldría a cuento o no. Imagino que no, que la pasta gansa está en los terabytes y mas terabytes de información que puedes vender a peso).

  9. Solo una pequeña precisión, ENNAS: la gente paga los libros que hay en la biblioteca igual que paga los museos “gratuitos”. Vaya si los paga.

    Vía IRPF, vía IVA o vía la modalidad de imposición fiscal que más rabia le dé, pero los paga.

  10. Pero la maravilla que citas al final es periodismo de ahora…

  11. Todavía no me creo que nadie haya comentado el precio de la conexión a internet en este pais. Será que no es eso lo que está a debate, si no si los contenidos tienen valor traducido a pasta contante y sonante, entre otras muchas cosas. Comentando estas cuestiones con un colega, se cubría esgrimiendo que aceptaría que parte de la cuota de abono a internet fuera a contenidos “de interés” (o, en vez de subvención, abaratamiento de dicha cuota y justo pago por el contenido). Juro que no soy yo. Era un amigo de un amigo de un amigo…

    • Ah, pero es que esa es la madre del cordero: en España, comparativamente hablando, los precios de casi todo están desproporcionadamente elevados en relación al nivel salarial real de la población porque vivimos en un país socialdemócrata que reniega de la libre competencia y la libertad de mercado. Los ciudadanos somos cautivos de oligopolios como el de las telecomunicaciones o el de la energía y de castas parasitarias como la de los taxistas o la de los controladores de vuelo, gracias a la actividad de un Estado hiperproteccionista que garantiza sus privilegios por la vía de blindarlos a través del Boletín Oficial del Estado como si de una dictadura bolchevique se tratara.

      De esta manera, si no se garantiza la libre competencia, se estrangula la actividad económica, ya que los agentes económicos no tienen incentivos para la excelencia y los ciudadanos vemos gran parte de nuestra renta disponible dilapidada en nutrir negocios ineficientes y enriquecer injustamente a determinados trabajadores muy por encima de su verdadera productividad

      • Saulo, la socialdemocracia lleva muerta en Europa muchos años. No nos engañemos.
        Gonzñalez, Blair, Schroder fueron socialdemócratas solo de carné.
        Los estados están debilitadísimos y a merced de las multinacionales y el capital especulativo. La actividad económica no está estrangulada por los estados: es ella la que estrangula las libertades, mediante la desregulación de los derechos y salarios.
        Al neoliberalismo le encantan los chivos expiatorios. Yo ya no quiero ese juego. Está llegando la hora que paguen por sus culpas los que deben pagar.

  12. Yo creo que a los trabajadores del periodismo les pasa lo que al resto del proletariado (muchos pensarán que no lo son porque ni tienen prole ni viven en el siglo XIX; por más que se quieran engañar: sí, forman parte del proletariado. Cada vez nuestros salarios están más bajos y nuestras condiciones de vida, peores. Mi suegro, que era pocero, se alarmaba el otro día porque ahora en muchas empresas (sobre todo esas de “servicios a otras empresas”) te descuentan la hora del bocadillo. A él jamás en su penoso trabajo le descontaron la media hora que dedicaba al bocadillo y al vaso de vino.
    La sociedad está enferma y los periodistas forman parte de ella. Podemos echarle la culpa a los videos de YouTube de gatitos o a los desastres culinarios que nos pones en Pinterest para que nos riamos, pero son más la consecuencia que la causa. Lo cierto es que, desgraciadamente, lo que ocurre es que toda la riqueza se desvía constantemente del capital real al capital especulativo, de nuestro bolsillo al chantaje que somete el FMI a los estados, por poner solo un ejemplo.
    La gente tiene menos dinero para gastar y el poco que tiene es para cubrir necesidades básicas. Es así de crudo. Los medios tradicionales se han dado cuenta que el dinero está en los anunciantes y prescinden de sus plumas de calidad porque sus clientes reales no son los lectores que disfrutan de un artículo magníficamente escrito, sino esos anunciantes, en muchos casos bancos, eléctricas y el propio gobierno, interesados al máximo en el control de la información. No son los que quieren que el periodismo ayude a hacer una sociedad mejor y más culta; están interesados en una empresa periodística que perpetúe el statu quo.
    Un periodista puede pensar que es un profesional liberal que merece ser bien pagado. Totalmente de acuerdo. Pero debe ser consciente que el estado de decadencia que vive su profesión se debe a que no es parte de una élite ilustrada por encima del bien y del mal que desde la atalaya del conocimiento vive para saber y juzgar lo que pasa. En realidad son trabajadores como los otros que están sufriendo. Los periodistas están viendo caer a su hermano siamés y deben ser conscientes de que ellos van detrás.
    El periodista debe recuperar su vínculo con el obrero al que le descuentan la media hora del bocadillo porque en realidad tienen el mismo problema: no le pagan dignamente por su trabajo.
    Ahora viene la parte difícil: cómo solucionar eso que nos afecta a todos.

  13. Los internautas ya estamos pagando por leer todos los contenidos de internet, al menos yo lo hago, cada mes me llega a casa una factura de una compañía telefónica con el precio que pago por consumir en internet una serie de productos que esas compañías no producen.

    ¿Que ese dinero no llega a los autores de esos productos? Pues es cierto, quizá ahí es donde esté la solución al problema. Igual que cuando le pago 1,40 al camarero de mi bar por un café, al final, el agricultor de los cafetales recibe una parte de ello. ¿Por qué no cuando el intermediario que me ofrece el servicio finalista se llama Vodafone, Telefónica, etc?

    Mi apuesta sería que las compañías que ofertan internet tengan que destinar una parte de sus ingresos a pagar a los autores de los contenidos, quizá destinar un fijo mensual por usuario, pongamos, por dar un ejemplo, 10 euros mensuales. Y después tener un contador de tiempo para pasarle la factura equivalente a la operadora. ¿Cuánto se ha estado en Jotdown? ¿1 hora en el mes? Pues se pasa la factura, que de esos 10 euros serían 1 céntimo y medio.

    Probablemente las 200.000 visitas de un artículo de Cristian Campos, como mencionaba, y calculándole un tiempo de lectura por visita de 10 minutos saldría por unos 335 euros. Yo solo cobraría una visita por persona de modo que al volver desde una misma IP no se cobrase, con unas limitaciones de tiempo para evitar chanchullos, que solamente cobrasen los que estén registrados como ofertantes de contenido con derechos de autor, etc, etc. Y probablemente el ingreso real fuese superior, porque las personas dormimos y tampoco sería justo usar ese montante de tiempo a personas que solamente usan internet X horas al día.

    Y más o menos lo mismo diría de las descargas de películas, cine, etc. Con la diferencia de que a ellos quizá habría que cobrarles, a partir de X “tiempo” descargado un plus.

    Lo que no me parece que tiene demasiado sentido es que haya unas empresas que estén cobrando la “entrada” a unos productos que ellas ni producen, ni venden, ni nada y que se llamen andanas ante las consecuencias que su negocio tiene en los que sí llenan de contenido la red.

    He dado una cifra aleatoria, con lo de los 10 euros mensuales de la factura de internet destinados a pagar a los productores de contenidos, a los autores intelectuales, etc. Podrían ser 3, 5 o dependiendo del consumo de cada uno, pues habrá quien consuma más chats y redes sociales que contenido puramente intelectual o artístico.

    Por lo demás, no es difícil de implementar ya que tanto las compañías como los responsables de las webs pueden saber con bastante seguridad desde qué compañía y qué ordenador llega una visita, lo que ve y durante cuánto tiempo lo ve. Desde luego es una propuesta que tendrá mil flecos por resolver, fallos y mejorías, pero me parece que a medio plazo será lo que se implemente si hay un cierto interés en preservar la producción intelectual sin que el usuario tenga que entrar en el pago voluntario… o repago, porque realmente ya pagamos por acceder a los contenidos. Ponerle puertas a internet, evitar que una película sea pirateada, es misión imposible. No lo es tanto que todos acabamos pasando por caja para poder tener conexión… y que es la vía más lógica de intermedio entre consumidor y productor.

  14. Grandísimo artículo. Mi enhorabuena a Cristian Campos por él.

    Este es un debate tan actual que podríamos pasarnos horas, días y jamás llegaríamos a conclusiones medianamente firmes, pero me gustaría comentar la reflexión que hace el autor en el último párrafo:

    Es que justamente esa alternativa es la que quiere la masa. Hemos permitido la degradación sistemática de la cultura como consecuencia de la irrupción de Internet y las redes sociales y ahora no sólo tenemos que sufrir cómo las creaciones culturales elaboradas, trabajadas, de calidad, son ignoradas y marginadas, sino que tenemos que aguantar que les den altavoces a tantos y tantos imbéciles.

    Y esto va a ir a peor, pero veo algo bueno: muchos nos hemos dado cuenta y ya estamos luchando contra ello. Hay esperanza. Quizá algún día podamos crear una separación en el mundo online entre lo culturalmente valioso y lo poco elaborado, lo comercial, lo dirigido al público general, a la masa. Y que ese día llegue pronto, por favor.

  15. Interesante artículo. Personalmente, me gusta pagar por los contenidos que realmente me aportan. No es altruismo, simplemente quiero poder seguir leyéndolos. El modelo que me resulta más cómodo es el de eldiario.es. Me cargan una vez al año la cuota a mi cuenta corriente, de modo que no tengo que hacer nada. Con la Wikipedia, por ejemplo, tengo programada una suscripcion anual.

    No me resultan cómodas los micropagos. Este artículo me ha llegado a través de un lector rss (Feedly) y lo he enviado a mi Kindle usando Push to Kindle (me resulta molesto leer artículos largos en una pantalla retroiluminada). Donar para cada artículo implica ir al móvil, buscarlo, pinchar en el botón, etc.

    Me gustaría que Jot Down me cargara una cuota de socio/suscriptor/como se quiera llamar anualmente a mi cuenta corriente, y seguir leyendo todo por RSS. No quiero revistas en formato físico, no tengo espacio ni tiempo para leerlas. Con vuestros artículos de la web me es más que suficiente. O poned una cuenta PayPal para que sea posible ordenar una donación periódica.

    • Cuando hablamos de Dropcoin, Álvaro, no tienes que ir a ningún móvil, ni salir de la propia página. En el caso de JotDown, lees el artículo, ¿te ha gustado?, estupendo, un clic en ese preciso momento es suficiente, desde el mismo artículo, desde la misma página. Sencillez casi insuperable para implicarte con algo que aprecias, solo cuando tú lo decides. Insisto, con un clic ;)

      ¡Saludos!

  16. Pingback: El longform es para el weekend. Lecturas sobre periodismo para rescatar del estrés diario (16) - El tipómetro de Fran BarquillaEl tipómetro de Fran Barquilla

  17. Me temo que nadie entiende que el gran problema es la oferta desorbitada. Quien compite contra un producto no es su copia digital, sino la coexistencia con miles de ofertas similares.

    Déjenme hace una analogía con el caso de un supermercado: Uno más o menos grande contiene quizás unos 30.000 productos. A nadie se le escapa que cualquier consumidor, incluso una familia de varios miembros, jamás comprará más de 300 referencias distintas, combinadas de diferentes maneras según la necesidad. Nunca más de 300. Poned 500 si queréis. ¿Qué ocurre con los otras 25.500? Que a pesar de estar expuestas y al alcance de dicho/s consumidor/es, jamás serán elegidas.

    Ocurre lo mismo con el consumo cultural y audiovisual. Puedo adquirir una lista limitada de bienes, y el resto no. Internet ofrece la posibilidad de entrar en el supermercado y llevarte gratis lo que quieras junto con lo que sí compras. Pero si no existiera esta posiblidad, mi capacidad de adquirir seguiría limitada a la lista de la compra de no más de 300-500 referencias distintas.

    La pregunta ¿comprarías JotDown? debería ir precedida de ¿contra cuántas referencias compite JotDown? Hay más de 30.000 cosas que podría comprar con el dinero que dedico a ocio cada mes, y tengo que elegir en cada ocasión. ¿Qué hace pensar que elegiría JotDown? No quiero desmerecer en absoluto, sería una compra estupenda, pero si me obligan a elegir, si tengo que elegir, JotDown competiría contra el mundo, literalmente. Recuerdo que yo leía una edición digital de un periódico a diario, hasta que la hicieron de pago. Dejé de leerla cuando dejó de estar disponible gratis.

    Lo que ha permitido la era digital es diversificar el gasto, porque sí, los “piratas” gastan dinero, sóo que en otras referencias. Cuando la gente puede satisfacer su necesidad de consumir un producto genérico, gasta en productos más específicos. He comprado discos de bandas desconocidas porque podía permitirme gratis las novedades de mis grupos fetiche. Compro cómics digitales independientes porque puedo conseguir gratis las principales cabeceras de Marvel o DC… Y así tantas cosas.

  18. ¡bravo por las reflexiones! En internet, cuando el servicio es gratuito, el precio eres tú mismo. Tú y tu tiempo y lo que gastas luego hablando de ello. Otra cosa es cuando el servicio debe generar un precio y uno lo quiere gratis a través del pirateo. Por la sencilla razón de que se puede piratear. Eso es ilegal e injusto. Hay que pagar a la gente por su trabajo. Si es un video chorra, que sea gratis, yo asumo perder el tiempo viéndolo y mandándoselo a mis amigos. Pero si es un artículo de análisis, que requiere su elaboración y la mano de una persona que acumula experiencia y juicio, por Dios, que ese artículo siga existiendo y paguemos por ello. No seamos más brutos…

  19. Cristián Campos escribió este artículo en JotDown en junio de 2015.

    Cristián Campos no ha vuelto a escribir ningún artículo para JotDown desde junio de 2015.

    El artículo de Cristián Campos para JotDown viene a decir “Tonto el que escriba gratis”.

    ¿Ha querido decirnos Cristián Campos que se acabó lo de hacer el tonto escribiendo gratis para JotDown?

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