
Así como a veces la literatura no precisa de historia, la historia no siempre precisa de literatura.
Doña Severina, de ochenta y cinco años, es la primera de las personas del pueblo que accede a contarme cómo recuerda ella la muerte de Raúl en 1949. El cura de la parroquia me había facilitado dos días antes y a través de un familiar los teléfonos y direcciones de los más ancianos, pero la mayoría de ellos no se sienten cómodos ante la posibilidad de figurar en un reportaje. Si hay dos temas tabú en la Galicia rural son los incendios forestales y las siniestras historias de posguerra. Doña Severina, que me recibe en el zaguán de su casa y toma asiento junto a la galería que da al camino, ejerce orgullosa de rompehielos. «Todavía cuesta hablar en público sobre los fuxidos —explica mientras me sirve una copa de un licor de hierbas que ella misma elabora—. Tenga en cuenta que en estos pueblos se conocían todos. No es como ahora. Los de una familia se casaban con los de otra y por tanto eran los propios primos, cuñados y vecinos los que denunciaban e incluso ayudaban a la Guardia Civil a sacar a la gente de sus casas. Todavía hoy muchos no se hablan e incluso se marchan del bar si entran los otros. Y eso que son parientes».
Una mujer más joven, convocada por la anfitriona, saluda desde el zaguán y se sienta con nosotros junto a la galería. No me dice su nombre. Escucha con atención la historia de cómo los miembros de una determinada familia, durante las fiestas del pueblo, se colocan todos los años en uno de los extremos del campo de la orquesta para no tener que cruzarse con los de otro clan concreto. En su opinión, los motivos de aquellas delaciones de posguerra tenían muy poco que ver con una cuestión de fidelidad a la militancia o de intransigencia ideológica. Mantiene que en realidad solían ser viejas disputas familiares y no convicciones políticas las que subyacían a la inquina existente entre unos y otros. Doña Severina discrepa, y aunque el analfabetismo de la época y la coyuntura demográfica y sociocultural de una población gallega rural entonces muy compartimentada y endogámica son argumentos que refuerzan la postura de su interlocutora, insiste en la polarización resultante del desenlace de la Guerra Civil: «Recuerdo que a mi padre lo metieron varias veces en el calabozo. Cuando volvía a casa solía permanecer callado, nunca nos contaba nada. Poco después detuvieron a mi tío, su hermano, y jamás lo volvimos a ver. Nos dijeron que había fallecido en una cárcel de Salamanca. Esa clase de cosas no suceden por una simple venganza de alguien del pueblo. Cuántas veces se ejecutaba a gente en el Alto de Curros. Era el castigo de los vencedores sobre los vencidos».
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Pingback: Una historia de horror en Galicia
Acá en Colombia aún hay historias así, de años recientes, los llamados «falsos positivos» de las fuerzas armadas, las masacres guerrilleras y paramilitares y además de la guerra de conservadores contra liberales, la muerte de Gaitán, son cosas que se viven al día hoy.
Caralhudo!
no pienso que en galiza existan problemas para hablar de la represión franquista, no en el rural. Allí era una represión por la dictadura más que por convicciones políticas. La mayoría de la gente era analfabeta y no conocían las bases ideológicas del comunismo. Simplemente era la represión del régimen que intentaba impedir cualquier protesta. Protesta económicas, por la miseria no por situaciones injustas que ya se vivían a diario. El cacique del alcalde, el médico y la odiada y temida guardia civil. Ellos eran los encargados de mantener en la miseria a la gente. Hasta finales de los años 50 siguió habiendo gente en el monte y eso impedía que la represión fuese a más. No podía la guardia civil maltratar a la gente que ayudaría aún más a los escapados. Y en los años 60 la mayoría de la gente emigró fuera de españa o a las ciudades. No quedaron más que viejos en el campo, ahí no hacía falta represión. Ya se ocupaba la miseria de mantenerlos bien quietos
#Nemigo aunque hubiera miseria siempre había algún cura, alcalde (O las dos cosas como en el pueblo de mis abuelos) que quería una finca tuya, o que alguna de tus hijas le había negado favores, y ya la tenías liada. Y parece mentira que se te olvide, que en Galicia, por desgracia, por menos de media gallina se mataron entre los hermanos. Tenemos muchas cosas buenas, pero también hay cada «idiosincrasia» que arre carallo o demo.
Historias como esta las he escuchado de mi madre varias veces. Siendo niña vio varias veces a los fugados en los montes cercanos a la aldea en que nació. Mi abuelo le ordenaba no decir nada a nadie de lo que veía. Ella especula que probablemente les ayudaba. La desgracia de la Guerra Civil no termino en el 39, la postguerra fue aún peor.
Increíble historia y tremendamente bien relatado.
Si quieren les cuento la historia de cómo fueron a casa de mi abuelo a buscarle en la segunda república por el grave delito de ser monaguillo… No tenía ni 18 años.
Que afán por relatar determinadas historias lamentables. Hubo, por desgracia, muchas.
Lo contrario: hay que contar todas las historias. Los silencios sólo enquistan, en nada ayudan.
Si. Pero algunas se honraron y relataron durante 40 años de franquismo y otras se silenciaron y vilipendiaron. No crees que debe ir llegando el momento de estas segundas? Por cierto, a mi si me interesaria la historia de tu abuelo, no creo que nadie trate de silenciar eso.
Los que no estaban huídos tuvieron que emigrar, un drama común de décadas, aquí dejo la historia de mi familia, espero ayude al debate, déjame tu opinión http://fullde95.blogspot.com/2015/07/familia-emigrante.html Por cierto, que buena historia, me encantó
Me gustaría que contaras la historia de como se llevaron a tu abuelo monaguillo.
Tengo ganas de oír historias de ese tipo.
Vaya… Vaya… Vivo en la Galicia rural.
Es bueno hacer memoria y no cuestionar, comparar…(- ¡ y tú más!!)…
Disculpad que me salga por la tangente, pero la segunda foto del artículo se me hace muy conocida… ¿Puede que sea este mismo sitio?https://www.flickr.com/photos/eomeron/4908523840
Buen ojo. Efectivamente, ambas fotos retratan el mismo «muinho».
Tecomiendo el libro
«A guerrilla franquista de Mario de Langullo: o pinche»
«antifranquista», obviamente