Rafael Matesanz: «Veintitrés años líderes mundiales en número de trasplantes, un triunfo de la sociedad española» - Jot Down Cultural Magazine

Rafael Matesanz: «Veintitrés años líderes mundiales en número de trasplantes, un triunfo de la sociedad española»

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Rafael Matesanz Acedos (Madrid, 1949) es doctor en Medicina y Cirugía y especialista en nefrología, rama de la medicina interna que se ocupa del estudio de la estructura y la función renal. En el ámbito sanitario y social se le reconoce por ser el creador y fundador, en septiembre de 1989, de la Organización Nacional de Trasplantes de España (ONT). El modelo que ha desarrollado y gestiona es reconocido mundialmente por su eficacia, y lleva a nuestro país a alcanzar tasas de donaciones muy por encima de la media europea y mundial. En el año 2010 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, como director y fundador de la Organización Nacional de Trasplantes.

Hablamos con él de modelos de gestión, avances científicos, tráfico de órganos, y de cómo la crisis afecta a los recursos y a la investigación. Rafael es apasionado y a la vez sereno, tras veintitrés años sigue liderando con energía e ilusión uno de los proyectos más importantes de España y del mundo.

El balance de actividad de la ONT en 2014 es abrumador, España sigue siendo líder mundial en número de trasplantes desde hace veintitrés años y vuelve a batir su récord de donación y trasplantes, con treinta y seis donantes p. m. p. (por millón de población) y un total de 4360 pacientes trasplantados. Esto es más importante que ganar el mundial de fútbol…

Yo creo que sí, sobre todo porque llevamos veintitrés años ganando y lo que tiene realmente valor no es tanto hacer una heroicidad, sino ser héroe durante un cuarto de siglo y que eso no sea un triunfo individual sino un triunfo colectivo de la sociedad española.

Hay gente en el campo científico que consigue algo en un momento determinado pero la enorme solidaridad del sistema radica en eso, empezar en el año 92 liderando el mundo y que veintitrés años después, no solamente sigamos haciéndolo sino que, además, seguimos batiendo récords con un sistema muy consolidado y con un diferencial que se mantiene en relación con los países con los que nos podemos comparar como Francia, Alemania, el Reino Unido o EE. UU., y con los que las diferencias son abismales.

En 1989, cuando usted fue nombrado coordinador de la ONT, las cosas no eran exactamente así.

No, era una especie de desastre organizado. Es curioso cómo echando la vista atrás, sobre todo con la gente que entonces estaba conmigo, te das cuenta de que estabas en otro mundo, de que era otro mundo. Y si alguien me hubiera dicho en ese momento que íbamos a llegar adonde hemos llegado, la verdad es que hubiera sido el primero en no creérmelo.

La ONT fue un organismo con una función que realmente hacía falta porque los trasplantes se estaban haciendo gracias a un grupo de gente muy entusiasta y se necesitaba un poco de organización e impulso. Ese fue el factor fundamental, nos juntamos mucha gente entonces joven y con gran entusiasmo en muchas partes de España y es lo que permitió a la ONT ir para adelante.

Pero los medios económicos con los que empezasteis eran escasos, incluso los apoyos.

Eran cero. La ONT no era nada, no existía ni oficialmente y no tenía ningún tipo de presupuesto. Lo que pasa es que hicimos de la necesidad virtud y los apoyos nos los ganamos nosotros solos. La propia comunidad científica primero estuvo bastante escéptica, pero en el momento en que vio que aquello empezaba a funcionar, que había más donantes, y la simple seriedad que transmitíamos representó un antes y un después. Ya en el 91-92, se puede decir que los apoyos de todos los profesionales, todos los médicos y las asociaciones de pacientes fueron unánimes, y eso es lo que nos permitió salir a flote realmente.

En una crisis de la ONT mientras usted estaba de viaje en Francia se da cuenta realmente del poder que tiene un organismo oficial.

Entonces intentaba hacer las cosas de una forma estrictamente profesional y administrativa pero llegué a la conclusión de que era inviable. Llegó un momento en el que me di cuenta de que lo único que tenía era el sello del Ministerio de Sanidad, que me podía abrir puertas, y decidí utilizarlo. Teníamos el entusiasmo, sabíamos lo que hacíamos y el sello y la enorme fuerza del Ministerio de Sanidad, con esas tres cosas salimos hacia delante.

¿Cómo se combate en la Administración el principio funcionarial de no buscarse más complicaciones de las estrictamente necesarias?

Veinticinco años después sigue siendo una barrera que todavía no he conseguido solucionar, pero es una de las cosas que sí hemos conseguido aquí. Siendo un organismo muy pequeñito y con muy poca gente, esta es una filosofía que no se comparte, quien trabaja directamente conmigo ya sabe que hacemos lo que decía el proverbio árabe «lo fácil ya está hecho, lo difícil lo haremos y lo imposible lo venceremos», porque si nosotros no avanzásemos por cosas que parecen imposibles, no habríamos logrado nada. Esto es lo contrario a lo que la gente entiende por funcionarial y, sin embargo, está hecho por funcionarios que es lo que tiene mérito.

¿En qué medida que la dirección del organismo se le asignara a un nefrólogo ha sido clave en la buena marcha de la ONT?

En aquel momento era fundamental porque los trasplantes los hacíamos los nefrólogos. El primer trasplante que surge es de riñón y los nefrólogos éramos los médicos que nos teníamos que buscar la vida y buscar donantes para trasplantar a nuestros pacientes; por eso sabíamos no solo de trasplantes sino sobre todo de donación de órganos, mientras que el resto de los cardiólogos, hepatólogos o cirujanos no se habían ocupado nunca de este tema porque siempre, de alguna manera, se les había dado el órgano para trasplantar.

Hoy eso no tendría sentido, y de hecho el 87 % de los coordinadores son intensivistas. Hoy, en la inmensa mayoría de las autonomías, se encargan de la coordinación médicos de cuidados intensivos pero en aquel momento la presencia de nefrólogos obedecía a una necesidad, éramos los que iniciamos esto y en cierto sentido parecía lógico que fuese así.

En sus palabras «la donación de órganos en una cadena de hechos que depende del eslabón más débil». ¿Por qué?

La metáfora de la cadena se debe a un filósofo belga, Michielsen, que decía que la donación de órganos es algo que empieza cuando una persona muere en una unidad de vigilancia intensiva. Alguien tiene que darse cuenta de que hay un potencial donante, diagnosticar la muerte encefálica, hacer el mantenimiento hemodinámico y toda una serie de pasos y al final, en esa cadena, siempre hay un eslabón débil que puede ser el permiso de la familia, el diagnóstico de muerte o cualquier cosa… si se produce ese eslabón débil se rompe todo, no hay donante y no hay trasplantes.

Por eso lo que nosotros hicimos desde el principio fue evitar que hubiese eslabones débiles, reforzar toda esa cadena y no dejar nada a la improvisación. En el fondo la ONT lo que hace es eso: ocurrencias las justas e improvisación ninguna, esa es la clave de la organización.

El éxito del modelo español se basa en la figura del coordinador. Esta figura recae principalmente sobre médicos y no sobre personal administrativo como en otros países. ¿Por qué? ¿Cuál es su función?

Recuerdo que tanto en el hospital donde yo me formé, que era la Fundación Jiménez Díaz, como después en el hospital en el que trabajé, que era el Ramón y Cajal, había pedido órganos bastantes veces a familias que habían perdido a un familiar. Entonces te das cuenta de que realmente el médico que está a cargo de ese donante es el intensivista y para hablar a un médico, y tratar todos los aspectos necesarios para que el paciente sea donante, hace falta otro médico, es una obviedad pero en la que no todo el mundo cae, pero es fundamental.

Si la persona que hablaba con el intensivista era una enfermera, un técnico o cualquiera que no fuera médico, primero, le hablaba en otro idioma; segundo, se establece un desnivel del cual no suele salir nada bueno y tercero, se establece alguien que manda y alguien que obedece. Me di cuenta de que para ese puesto hacía falta otro médico que podía ser un nefrólogo, un anestesista, un intensivista o quien fuera, y que en gran manera las políticas de donación en muchos países habían fallado por eso.

Yo les decía a mis colaboradores que en muchos países el coordinador de trasplantes era la enfermera que mejor le traía el café al cirujano, que era el que mandaba, y eso marcaba una diferencia. Por eso en estos momentos el papel de la enfermería en la coordinación en España es fundamental y está perfectamente definido. Y eso es fundamental porque es distinto a lo que hacían en Inglaterra o en Alemania. Nosotros establecimos que es necesaria la figura de un médico y los años nos han dado la razón. Aquellos países que realmente han avanzado lo han hecho así, a los ingleses les costó muchos años reconocer esto porque el miedo al cambio es un miedo universal y ellos no querían cambiar. Al final, para no llamarle coordinador como en España, le llamaron Medical Championship, que en realidad es un poco lo mismo, delegar en un médico esa labor.

¿Somos los españoles más «generosos»?

No. Los españoles somos igual de generosos que otros europeos y cuando hacemos las estadísticas eso se ve muy claramente, incluso en cuestionarios a pie de calle, muchos europeos, sobre todo del norte, dan resultados mucho mayores en favor a la donación que nosotros.

Lo que pasa es que el español responde muy bien ante un mensaje, pero cuando detrás de ese mensaje hay algo. Yo creo que esta es una verdad que muchos políticos no deberían olvidar. Han visto que hay algo, que es un sistema que lleva ya un cuarto de siglo y, sobre todo, en el que jamás ha habido un solo renuncio, lo cual es fundamental en tiempos de descreimiento y conductas poco éticas generalizadas en muchos niveles de la sociedad española.

Aquí participan miles de actores en toda España, no es que haya dos personas muy santas y muy justas, lo que hay es un sistema que funciona sin discriminación para ningún paciente, si la hubiera el sistema se caería. De hecho eso ha ocurrido en más de un país últimamente, en Alemania por ejemplo, las falsificaciones de las listas de espera se han cargado un sistema que ya era de por sí poco creíble, y sin embargo en España no, por eso la gente responde, sobre todo cuando las cosas se exponen bien. Tenemos unos profesionales muy bien entrenados que saben las palabras que hay que decir, cuándo hay que decirlas, qué es lo que no hay que decir. Es la suma de la sensibilidad del español y la profesionalización del que hace la entrevista de quienes depende que la familia diga sí.

La generosidad de la gente es una condición sine qua non pero yo no creo que el español sea más generoso ahora que hace veinticinco años, de ninguna manera. De hecho, en estos veinticinco años se han incorporado a nosotros cerca de ocho millones de personas de fuera de España, y sin embargo estas personas que en su país de origen no donan, aquí están donando al mismo nivel que los españoles, lo cual quiere decir que siempre tiene que haber las dos cosas.

¿Qué importancia tienen las uvis en la alta tasa de donaciones? ¿Y las campañas de concienciación?

Este es un aspecto muy interesante. Una de las razones por las que España tiene una altísima tasa de donaciones es porque hay una especialidad de medicina intensiva que no existe en todos los países. En muchos otros estas unidades existen pero están llevadas por otro tipo de especialistas, por anestesiólogos que no están tan centrados en este tema porque se ocupan también del quirófano y otros aspectos de su especialidad. Nosotros encontramos desde el principio un aliado fundamental en los médicos intensivistas y es evidente que los donantes estaban ahí, que se dan en las uvis. Vimos que eran nuestros aliados y los que tenían que ser protagonistas de todo el sistema.

España tiene una buena tasa de camas de uvi, más que muchos otros países, y eso ha contribuido mucho porque, evidentemente, si no hay suficientes camas en estas unidades no puede haber donación.

Los intensivistas han tomado la donación como una parte muy importante de su trabajo y además como una especie de factor de calidad, es decir que ellos analizan dentro de sus actividades la donación de órganos y la consideran como un parámetro de calidad y eso está empezando a existir en otros países porque lo hemos transmitido nosotros. Es una cultura que no existía en EE. UU. o Inglaterra.

En otros países los intensivistas ven la donación como una cosa externa, que no va con ellos y que lo tienen que hacer porque les toca pero realmente no es algo que les llene, mientras que el intensivista español se ha comprometido al 100 %. Si no existiera esta especialidad, la verdad es que nosotros lo habríamos pasado bastante peor.

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¿Ha afectado la crisis a la ONT? ¿Hay escasez de recursos?

Claro que afecta, lo que pasa es que nosotros nos hemos preparado desde el primer momento, lo hemos visto venir, cosa que deberían haber hecho otros. Desde los primeros signos que vimos de que había dificultades de todo tipo, establecimos estrategias muy claras de apretarse el cinturón y de que había que hacer cosas distintas.

De hecho, el sistema ha resistido porque es muy fuerte, segundo porque el entusiasmo de la gente es tremendo y tercero porque los propios profesionales consideran esto como una parte muy importante de su labor y no están dispuestos a dejarlo caer de ninguna de las maneras. Nuevamente hemos hecho de la necesidad virtud. Hemos tenido menos gente y menos profesionales en los hospitales, tanto médicos como enfermeras.

Hay que fijarse en una cosa muy importante, la gente que atiende a estos pacientes no es distinta a la que atiende a otros enfermos, son los mismos médicos, enfermeros, las mismas camas y en consecuencia todo lo que se vive con estrechez en el sistema afecta a la organización de trasplantes y, sin embargo, una de las nuevas formas de donación —la donación en parada cardiaca— la tenemos ya instaurada en treinta y nueve hospitales de España y en la mayoría de esos hospitales se ha instaurado en los años de crisis, sin financiación adicional. Realmente es un esfuerzo tremendo para el personal sanitario que se ha hecho en momentos de dificultad, yo le llamaría a eso vergüenza torera porque significa la puesta en valor por parte de la gente que trabaja en todo esto, que son miles y miles —no solo son los coordinadores, también son los intensivistas, los clínicos, los cirujanos, los enfermeros—, y todos han llegado a la conclusión de que esto es una joya que no se puede dejar caer.

Una de las cosas que vimos en países que fueron rescatados al principio de la crisis es que lo primero que ocurrió fue un desplome de las tasas de donación. Portugal fue un ejemplo de un país que estaba ya al nivel de España, porque había copiado nuestro modelo, y se desplomó por completo, en Grecia pasó lo mismo y en Irlanda también. Los tres países rescatados tuvieron un desastre en donación inmediato. Nosotros no, porque el sistema es mucho más fuerte y porque nos pusimos las pilas y parece que hemos resistido bien y estamos empezando a salir, y no solamente no hemos caído si no que vamos hacia arriba. Vamos a acabar la crisis más fuertes de lo que la empezamos. 2014, ha sido con diferencia el mejor año desde que empezó la ONT pero no por un récord puntual sino porque todos los signos del sistema dan señales de fuerza: más donantes de distintos tipos, más donantes en vivo, más donantes de médula, más trasplantes… es todo el sistema al que se le ve más potente que en años anteriores y sobre todo se ve que en años futuros lo va a seguir siendo.

La gente tiene que saber que si te mueres en casa los órganos no se pueden trasplantar, tiene que ser en un hospital con uvi.

Eso es así en el 90 % de los casos pero últimamente hemos desarrollado la donación en parada cardiaca y entonces hay excepciones a esa norma. Efectivamente, los donantes son gente que muere de muerte cerebral y eso solo se puede dar en una uvi porque esa persona tiene que estar conectada a un respirador, si no el corazón se para y se acabó. Lo que pasa es que hay un porcentaje de donantes, gente joven normalmente, que tienen una muerte en la calle por un infarto de miocardio masivo o por una fibrilación ventricular y entonces lo que ocurre es que llega emergencias, hacen las maniobras de reanimación habituales, apuran todos los periodos que son necesarios y, si no responde, la persona es declarada fallecida. Pero esa persona todavía puede donar los órganos si se mantiene el flujo de sangre a los órganos mediante masaje cardíaco y se traslada muy rápidamente a un hospital donde exista un programa de ese tipo. Por ejemplo en Madrid son el Clínico San Carlos y el 12 de Octubre. Aunque estas son situaciones excepcionales, a efectos prácticos solo pueden ser donantes las personas que fallecen en la uvi.

Un tema conflictivo son las campañas de concienciación, la ONT se posiciona en contra de las personalizadas.

De toda la vida, sí. Nosotros las campañas de concienciación no las hemos utilizado nunca. Siempre hemos pensado que la presencia en medios de comunicación es muy importante, porque la gente no se hace donante por ver un cartel pero sí cuando se les explican las cosas a través de los medios, prensa, radio, televisión… eso sí llega a la gente.

En los años noventa era relativamente frecuente en España —y en otros países en los que aún sigue existiendo, aunque en España ha desaparecido— ver que «tal niño necesita un corazón para seguir viviendo». Nosotros conseguimos acabar con eso porque nos parecía que era inmoral e inútil. Tú veías en tu casa que el niño necesitaba un corazón y te preguntabas: «¿Y qué hago, me lo saco y se lo doy?». Yo viví esto en los primeros noventa, una vez oí un anuncio en la radio de una mujer que necesitaba un corazón urgentemente al salir de mi casa y cuando llegué a la ONT pregunté por esta señora y me dijeron que ni siquiera estaba en la lista de espera pero la familia ya se había puesto a lanzar el anuncio. ¿Por qué razón vamos a priorizar a una persona porque salga en un medio de comunicación o porque conozca a un periodista?

Acabamos con aquello explicando las cosas, así que hace mil años que no se producen peticiones de este tipo en España. Lo que pasa es que estos temas van variando y nos encontramos con la donación de médula, que tiene una dinámica totalmente distinta a la de la donación de órganos, no se parecen en nada. Habitualmente cuando la información que se les ha dado a los padres del niño no es la adecuada —suelen ser niños—, los padres intentan hacer todo lo posible, lo cual es entendible pero también es inútil. No es que se busque un donante en su entorno, ni siquiera en España, se busca en un registro mundial que en estos momentos tiene unos veintiséis millones de donantes. Por lo tanto el hecho de que alguien haga un llamamiento y se realicen cuatrocientas donaciones potenciales de médula más no modifica para nada la probabilidad estadística de que esa persona encuentre un donante de verdad, y a cambio está mandando un mensaje tremendamente injusto a los papás de los otros niños: «Oye mira, que tú no te estás moviendo. Yo sí».

En consecuencia piensan que si sale un donante va a ser para su niño que es el que se ha movido antes y eso no tiene ni pies ni cabeza, pero es difícil de explicar porque la gente tiene el instinto de ayudar a ese niño que además es vecino o paisano o es del mismo pueblo y todo este tipo de cosas. Lo hemos explicado una y mil veces y creo que los llamamientos han bajado de forma radical. A veces hemos tenido que hacer el papel de malo porque va en el sueldo pero creo que merece la pena.

El mensaje a la sociedad española tiene que ser muy claro: el hecho de que conozca usted a un futbolista, a un médico de prestigio, a un político o a un periodista le aseguro que no le va a dar ni un milímetro más de posibilidades de tener un donante. Ese es el mensaje que me interesa y creo que la sociedad lo va entendiendo también.

La OMS tiene a un español, José Ramón Núñez, como responsable de trasplantes desde 2013. ¿Qué sinergias hay con la ONT?

No solamente la OMS, los tres organismos internacionales que tienen algo que decir en materia de trasplantes  —el Consejo de Europa, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud— tienen un español colocado ahí y no es casualidad. Nos sentimos muy orgullosos y, por supuesto, la sinergia y la comunión de intereses es total y es una demostración de la pujanza del sistema español.

¿Se aplica el modelo español en otros países? Si es así, ¿por qué ninguno se aproxima a las tasas de donación en España?

Sí, el modelo español ha impregnado prácticamente a todo el mundo, lo que pasa es que la aplicación no es fácil porque hace falta un modelo sanitario relativamente parecido, si no hay una estructura sanitaria tan potente como la nuestra es difícil. Por ejemplo en Latinoamérica la estructura que se está utilizando es la española, pero no es lo mismo aplicarla en un país desarrollado tipo Uruguay, que tiene una buena sanidad pública, que en otros como los de Centroamérica que no tienen prácticamente estructura sanitaria.

Aquí en Europa, sobre todo por el sur, hay países pequeños, del tamaño de algunas de nuestras comunidades, que están alcanzando unas cotas de donación muy altas, similares a las de España, como por ejemplo Croacia o Portugal. Aunque España tiene el enorme mérito de haber llegado, y seguir manteniendo esta cifra de donación, en presencia del esquema epidemiológico de un país muy desarrollado. Es decir, con un descenso brutal de los accidentes de tráfico y con un descenso también tremendo de los accidentes cerebrovasculares, que son las dos causas fundamentales de la donación.

Cualquier país de Europa del Este, tipo Croacia, tiene una tasa de accidentes de tráfico infinitamente mayor que la nuestra y de accidentes cerebrovasculares también, porque la medicina primaria es mucho peor. Por lo tanto si se aplica el modelo a un país con unas tasas epidemiológicas similares, las tasas de donación suben. Se puede decir que todo el sur de Europa está aplicando el modelo español y está subiendo.

También está el ejemplo de los ingleses, a quienes como decía antes, les ha costado muchos años pero han adoptado un sistema muy parecido y les está yendo bien. También Francia y Bélgica tienen un sistema sanitario muy parecido al nuestro y tienen buenas cifras. Son más reticentes en Centroeuropa donde en general están encantados de haberse conocido. Me refiero a Alemania, Holanda, Austria… pero sobre todo Alemania, que numéricamente son los que tienen una tasa más baja, si nosotros tenemos treinta y seis ellos tienen diez. Tienen una tasa ridícula y además con los incidentes que están teniendo en los últimos años, no solamente no la mejoran sino que la están bajando. Son el gran problema de la donación de órganos en Europa con gran diferencia.

EE. UU. ha adaptado bastantes cosas de nuestro modelo y también Australia. A través de la OMS se ha implantado en todo el mundo. El transcribir el modelo CxB es complicado pero realmente han adoptado muchas cosas. Yo he tenido la ocasión de trabajar en Italia, en la Toscana, y desde entonces tienen entre cuarenta y tantos y cincuenta donantes por millón y están al mismo nivel que las comunidades más potentes de España, lo que demuestra que es perfectamente posible.

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¿Por qué en EE. UU. hay una tasa diez veces superior a España de donaciones en vivo?

Esto es así porque tienen menos donación de cadáveres y eso son vasos comunicantes, aunque tampoco es verdad que tengan esa tasa de donantes tan alta. Eso son tasas en relación con porcentajes, cuando uno lo ve por millón de habitantes la tasa no es tan superior. En todo caso tanto EE. UU. o Inglaterra como Escandinavia se encontraron en los ochenta y en los noventa con tasas bajas de donación de personas fallecidas y en consecuencia lo compensaron con donantes vivos.

Nosotros, en esos momentos, la composición de lugar que nos hicimos fue que si teníamos tanta tasa de donantes de personas fallecidas, por qué le íbamos a quitar a una persona viva el riñón. Eso entonces era verdad, lo que pasa es que ahora ya no lo es por una razón, porque nuestros donantes son muy mayores y necesitamos donantes jóvenes. A partir del principio de este siglo empezamos a potenciar la donación en vivo, que de hecho ha subido mucho, y ya la tenemos en el 15 % del total, en EE. UU. andan sobre el 40 %.

Hoy sabemos que son complementarios pero en otros países han alcanzado más donantes de este tipo porque los han necesitado más que nosotros. Eso es un ejemplo de lo que decíamos antes de la generosidad de la sociedad española, en el momento en que en España se ha transmitido el mensaje de que hace falta donación de vivo los españoles han respondido exactamente igual que en otros países.

¿Qué es la ley del consentimiento presunto? Si esta ley es clara, ¿por qué se pregunta a la familia sobre la voluntad del donante?

Desde que se empieza con la ley de trasplantes, que fue allá por los años cincuenta y sesenta, básicamente hay dos tipos de leyes: la llamada de consentimiento presunto, que es muy propia de países católicos del sur de Europa, y las leyes de consentimiento informado, que son propias de países anglosajones.

La primera consiste en que todo el mundo es donante si no se ha dicho lo contrario y supone de alguna manera la colectivización de la donación que estuvo en los comienzos de la ley. Lo que pasa es que luego, a la hora de la verdad, no se ha aplicado nunca en ningún país. Es decir, la aplicación estricta de una ley de consentimiento presunto quiere decir que si usted no se ha tomado la molestia en vida de escribir en alguna parte que no quiere ser donante, es donante. Pero eso es muy difícil de hacer y en España no se ha hecho nunca, ni en Portugal, ni en Francia, ni en Italia y todos estos países tienen leyes parecidas de consentimiento presunto.

Las leyes de consentimiento informado son propias de países anglosajones, que priman mucho más la libertad individual sobre la colectiva, y que han tomado la filosofía de «a mí que me pregunten si quiero ser donante o no». Al final, preguntamos igual los de un lado y los del otro, así que yo al tema de la ley no le doy mayor trascendencia. Pero es verdad que los países católicos del sur de Europa somos muy de consentimiento presunto y además como en estos países, en general, somos los que tenemos más donantes, esto ha hecho que muchos anglosajones hayan visto la ley como una panacea y quieran una porque con eso se va a solucionar el problema, y no se soluciona el problema, simplemente se tiene una ley distinta.

Yo he asesorado a muchos países al respecto porque es un tema que produce muchas discusiones. Por ejemplo en el Reino Unido he asesorado a los ingleses, a los irlandeses, a los galeses y a los escoceses, a los cuatro. Y siempre les he dicho lo mismo: «Si hay una mayoría social que quiere ese cambio, vale», pero ese es el problema, que en estos países no suele haber una mayoría social, suele haber la mitad de la población que dice blanco y la mitad de la población que dice negro, con lo cual como se pongan a discutir va a ser mucho peor el remedio que la enfermedad. Al final no se han producido cambios de ley en ninguno de estos países a pesar de que lo han discutido, a mí me parece que es un tema que realmente resulta indiferente.

¿Cuál es la edad media de un donante? ¿Cuál es la causa más frecuente en la muerte de los donantes? ¿Siempre ha sido así?

Los donantes actuales no tienen nada que ver con los donantes de cuando yo era residente en los años setenta, los pocos donantes que había eran de accidentes de tráfico y en los años ochenta más de la mitad de los donantes eran por la misma razón. Todavía está en el subconsciente colectivo la idea de que un donante de órganos es un chaval joven que va en moto sin casco, y si haces una encuesta probablemente mucha gente te diga esto porque está muy arraigado. Afortunadamente, esto ha dejado de ser verdad hace ya muchos años y no es más que una leyenda urbana. En estos momentos, y en los últimos años, el porcentaje de donantes por causa de accidente de tráfico está entre un 4 % y un 5 % solamente, es decir, que son irrelevantes para el número total de donantes de órganos.

Si comparamos a España con la de los años setenta y ochenta, ha pasado a ser un país con un perfil muy desarrollado y, como en todos los países desarrollados, las muertes evitables se evitan. Cuando muere un joven habitualmente es por causas evitables —accidentes de tráfico, accidentes laborales, ahogamientos y toda una serie de desgracias que tienden a desaparecer— y ese tipo de donante que veíamos en los años setenta es mínimo. Y los casos en que las causas que no son evitables —léase cáncer, leucemia…— no pueden ser donantes de órganos.

En cambio, ha ido subiendo el donante de edades avanzadas. Hace ya tres años que tenemos más donantes de más de sesenta años que de menos. El porcentaje de más de sesenta está en el 53 % o 54 % y estamos trasplantando hígados, no una vez sino bastantes, de hasta noventa años y más. ¿Por qué? Pues porque España es un país envejecido tanto en donantes como en receptores, es lo que llaman los ingleses old for old, y por eso viene lo del trasplante de vivo. En este momento estamos trasplantado a ancianos de ochenta años un riñón de una persona de su edad, le das unos años de vida confortable y merece la pena porque la medicina y la cirugía han mejorado tanto que se puede hacer. Esto hace unos años simplemente no era viable.

Además esto es un ahorro importante para el sistema de salud, porque la diálisis es mucho más cara, pero sobre todo le estás dando a esta persona una calidad de vida en sus últimos años que con diálisis es absolutamente desastrosa. El problema es que si tenemos a una persona joven que necesita un trasplante de riñón, las dificultades que tenemos para encontrar un riñón joven son enormes y eso es verdad para un niño, para una persona joven, para un diabético… y de ahí la necesidad de potenciar el trasplante en vivo. Porque con una persona con insuficiencia renal lo que le decimos ahora es «mire usted a ver si dentro de su familia pueda haber alguien que le quiera o pueda dar un riñón», porque eso sí es la forma más rápida y además la que se ha demostrado que tiene mayor índice de supervivencia y mayor calidad de vida. Lo mejor que le podemos ofrecer a una persona es un trasplante de vivo y que ni siquiera tenga que pasar a diálisis. Pero realmente en estos momentos todo el sistema de trasplantes se ha desplazado a edades muy avanzadas.

¿Tienen fecha de caducidad los órganos trasplantados? ¿Los trasplantados reciben alguna vez el alta médica?

Depende de cada órgano, por ejemplo en el caso de los riñones, a partir de los treinta o treinta y cinco años, cada año que pasa pierden un 1 % de sus funciones, es como el pelo que a partir de determinada edad se nos va cayendo. Entonces lo que pasa es que un riñón de setenta años es como medio riñón de una persona de treinta. Aunque esto no es así con los hígados, porque en general tienen una capacidad de regeneración muy grande, y tú lo trasplantas y el organismo va regenerando un hígado nuevo. Por lo general es de esperar que un órgano joven sobreviva bastante más que uno mayor.

Los órganos jóvenes tienen que ir a jóvenes, está incluido en los protocolos, y en un niño no se ponen hígados de más de cuarenta años. En el caso de un niño, hay dos condicionantes: uno el tamaño, aunque el hígado se puede reducir; pero el segundo es la edad. Con el corazón pasa lo mismo, así que en realidad hay una adecuación donante-receptor en las edades en la mayoría de los casos.

El alta médica claro que la reciben: de hecho muchos están haciendo su trabajo tranquilamente. Es un enfermo crónico pero exactamente igual que lo puede ser un hipertenso, un diabético, un gotoso o tantos otros. La verdad es que la evolución clínica de los trasplantes depende mucho de la enfermedad de base, no es lo mismo que la persona haya llegado al trasplante muy deteriorada por arteriosclerosis o procesos asociados, a que lo único que tenga sea la enfermedad que lo ha llevado al trasplante. Si lo único que tiene es la enfermedad, el pronóstico es excelente.

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La ONT en 2014 puso en marcha un programa de donación renal cruzada, ¿qué es?, ¿cuáles son los objetivos?

Esto lo empezamos a hacer en 2009, lo que pasa que al principio empezamos muy al tran tran, no es fácil ponerlo en marcha, pero ya en 2014 yo diría que ha explotado y hemos conseguido sobrepasar ya los cien trasplantes cruzados.

Es un sistema muy ingenioso que nosotros copiamos de los holandeses y de los ingleses, aunque los primeros que lo desarrollaron en el mundo, curiosamente, fueron los coreanos. Luego empezaron también los americanos, los ingleses, los holandeses… La filosofía es: tengo en mi familia un paciente renal y le quiero donar un riñón, pero resulta que somos incompatibles por grupo sanguíneo, anticuerpos o lo que sea, y entonces en otra parte de España hay otra pareja a la que le pasa exactamente lo mismo pero a la inversa. Por ejemplo: si yo soy A y mi familiar es B y, sin embargo, en la otra familia el receptor es A, los cambiamos y eso es un trasplante cruzado simple. Si esto ocurre con tres, cuatro, cinco o seis parejas se le llaman cadenas.

Y para hacerlas más largas introdujimos una figura que no se había hecho en España todavía, es de hace muy pocos años, que es la del «buen samaritano», que es una persona insólitamente solidaria y ahí sí que me parece que es el colmo de la solidaridad. Es el que quiere dar un riñón en vida a una persona a la que por ley y por definición no va a conocer jamás. Y es insólito también el número de personas que se han ofrecido y que lo han llegado a hacer ya, creo que ya son seis las que lo han hecho de facto pero han sido más de doscientas las que se han ofrecido a la Organización Nacional de Trasplantes para hacerlo. Esa es una figura que existe también en EE. UU. y que en España no la habíamos contemplado pero vimos que en la literatura extranjera lo estaban haciendo y, ¿por qué no lo vamos a hacer nosotros si realmente hay gente dispuesta? Hicimos unas normativas muy estrictas para que no hubiera ningún problema y la verdad es que está funcionado muy muy bien.

Además de que ya hemos hecho más de cien trasplantes cruzados, ha contribuido a difundir la técnica de la donación de vivo y a animar a la gente a que done, así que ha sido muy útil.

¿Se pueden hacer trasplantes de órganos a testigos de Jehová?

Ese es un problema muy complicado y la verdad es que estamos en contacto con ellos y no siempre encontramos soluciones adecuadas. Aunque a veces, y cada vez más, se hacen operaciones complejas sin necesidad de utilizar sangre, es muy difícil convencer a todo un equipo de trasplantes —que no es solamente un cirujano, que suele ser el que más convencido está, luego está el equipo de enfermería, los anestesistas y todos los que participen— de que si las cosas vienen mal dadas van a dejar morir al paciente sin ponerle sangre, es muy difícil. Y es verdad que se han dado casos de trasplantes sobre todo de riñón, más difícilmente de hígado y otros órganos, porque de corazón no se puede y de pulmón es muy complicado hacerlo sin sangre. Pero estamos en contacto y no somos capaces de encontrar soluciones, ni nosotros ni en ningún país del mundo y es un problema, un problema serio.

En Europa, hay un centro en Bélgica que está muy centrado en este asunto pero al final el número de intervenciones que han hecho es muy pequeño y siempre con gente y con equipos que se comprometen a eso y que están muy concienciados, pero es muy complicado. Nosotros no le podemos pedir a un equipo entero que se arriesgue a que se les muera un paciente en el quirófano.

¿Puede un ciudadano extranjero en un caso extremo recibir un trasplante en nuestro país?

Sí, y no es el primer caso ni el segundo. Aquí cualquier paciente urgente se atiende exactamente como si fuese español y en las mismas condiciones. Por ejemplo, se ha dado el caso de pacientes con una hepatitis fulminante por virus, o por setas, o por tóxicos, y evidentemente se le atiende y entra con las mismas oportunidades que un español. Lo mismo si es extranjero pero tiene su residencia habitual en España, y también se interviene a gente de trasplante de vivo que viene porque en España se hace técnicamente muy bien, se trae al donante, por ejemplo un familiar, y si cumple toda la legislación española se le hace igual. Lo que no admitimos es gente que venga específicamente a trasplantarse, porque si no no daríamos abasto.

¿Cómo pueden ayudar las células madres en el trasplante de órganos?

La tecnología en este campo avanza muy lenta. A principio de siglo las células madre parecía que lo iban a curar todo y la verdad es que no hay que ser derrotista porque se han hecho avances, pero mucho más lentos de lo que uno se hubiera esperado hace quince años. Se ha avanzado en procesos muy concretos, sobre todo de prevención de lesiones y de tratamiento de lesiones muy concretas, pero para lo que en un momento se pensó que podía ser la gran panacea, las esperanzas se han enfriado bastante.

Cuando se habla de células madre hay que tener en cuenta que todos los trasplantes de médula, de cordón, etc., son células madre sanguíneas. Pero lo que la gente entiende como tal, que es crear un órgano artificial, la verdad es que va muy lento, mucho más de lo que a uno le gustaría.

Nos decía Eduardo Anitua que el avance en el trasplante de tejidos está mejorando gracias a los factores de crecimiento…

La verdad es que los factores de crecimiento sirven para muchas cosas, lo que pasa es que tampoco están muy bien evaluados todavía porque es una terapia relativamente nueva. Se aplican en muchas lesiones de deportistas pero todavía no se sabe muy bien qué efectos pueden tener a medio-largo plazo, y creo que muchos de estos deportistas los están utilizando de una forma un poco alegre y ya veremos qué es lo que ocurre en el futuro. Pero sin duda son un arma poderosísima.

¿Se patentan?

Los factores de crecimiento se patentan pero no son especialmente caros, hay cosas mucho más costosas. Pero para que estos lleguen a la sanidad pública lo primero que se tiene que hacer es demostrar cuáles son sus indicaciones, cosa que en este momento no está nada clara.

¿En qué estado tecnológico nos encontramos con relación a la producción de órganos bioartificiales? ¿Y en xenotrasplante?

Los xenotrasplantes son una historia de principios de los noventa y entonces se tenía la esperanza de que funcionaran. Incluso hubo compañías farmacéuticas que hicieron inversiones importantes en este tema. El mono se utilizó muy poco tiempo porque ya entonces las protectoras de animales estaban encima, y todas las clases de simios son realmente muy complicadas de criar. Si se hubiera demostrado que aquello servía para algo ya hubieran desaparecido los monos en cuestión de medio año, no habría quedado ni uno. Sí es verdad que se utilizaron monos pequeñitos para el trasplante cardiaco en neonatos en Loma Linda, en California, y luego también se utilizaron para trasplantes de hígado, de monos también, pero aquello no prosperó.

La mayor esperanza eran los órganos de cerdo porque es un animal genéticamente muy parecido al hombre, se cría muy bien y muy rápido, y además se adecua al tamaño que uno quiere. Tanto el corazón como el riñón son muy parecidos en el hombre y en el cerdo y aquello se vio como la gran esperanza. El problema es que nunca se consiguió eliminar el rechazo hiperagudo. Entonces el módulo de experimentación que se utilizó fue el trasplante de cerdo a mono, nunca se llegó a trasplantar de cerdo a humano. Y aquello no prosperó y hubo algo que le vino a dar la puntilla, la detección en los cerdos de unos virus que se llaman los retrovirus endógenos porcinos, que han existido desde que el mundo es mundo y que nunca han dado muchos problemas, pero fue entonces cuando empezaron a surgir el VIH/sida, después el ébola, y se temió que con el uso de los inmunosupresores se registrara una mutación y se produjera un desastre de dimensiones desconocidas y esto hizo que se abandonara por completo.

Los únicos que han seguido llevando la antorcha de los xenotrasplantes han sido los chinos, aunque hay investigadores en otras partes del mundo —Suecia, Noruega o en España la Universidad de Murcia— pero básicamente investigando para islotes de páncreas para diabetes. Sin embargo, el viejo sueño de obtener órganos de animales está muerto y enterrado.

En 2014 dimitió el director del Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB), Juan Carlos Izpisúa, por la falta de apoyos financieros y políticos. ¿Cómo ve el panorama de los investigadores en España?

Complicado. Como en cualquier país donde hay problemas económicos, la investigación es una de las primeras cosas que sufren. Yo creo que el equilibrio de Juan Carlos entre California y Barcelona fue siempre complicado. Él intentó hacerlo de la mejor manera posible pero lo que pasó es que, a principios de este siglo, el dinero que se invirtió en general en toda la medicina regenerativa —no solamente en Cataluña sino también en Andalucía, en Valencia y en muchas comunidades autónomas— por parte del Ministerio de Sanidad fue bastante grande y luego esos fondos fueron disminuyendo. Lógicamente Izpisúa, dado que tenía un pie en Barcelona y otro en California, decidió colocar los dos en California y es entendible lo que ocurrió. Ojalá con la recuperación puedan volver a invertir más en investigación porque  es totalmente necesario para el país.

Usted tuvo un problema con el Ministerio entre los años 2000 y 2003 cuando Celia Villalobos decidió cambiar las cosas…

La futilidad de la especie humana es lo único que puedo concluir de aquello y la frivolidad de los políticos es lo único que uno aprende. Es algo que tengo muy claro desde entonces, te haces menos confiado e intentas pisar más en tierra, y sabes que al final cualquier cosa que dependa de los políticos es una pura lotería.

¿Por qué volvió?

Volví porque me lo pidió en su momento una persona en la que yo confiaba, que era Ana Pastor, y porque además el proyecto con el que me convenció para venir aquí era muy atractivo. Lo que pasa es que coincidió también con unos momentos políticos convulsos y el proyecto duró tres meses y volvimos otra vez a la ONT. Creo que fue una buena decisión. En todo caso, yo estaba bien en Italia pero no pensaba quedarme allí de por vida y creí que era el momento de volver a mi país. Le estoy muy agradecido a Ana Pastor por darme esa posibilidad.

Rafael Matesanz para Jot Down 4

En 2013 un artículo en Plus One mostraba actividad cerebral en el hipocampo de personas con muerte cerebral. ¿Qué diferencia un estado de coma profundo de la muerte encefálica? ¿Cómo pueden afectar hallazgos científicos de esta naturaleza a los procesos de donación?

La muerte cerebral está perfectamente definida desde hace mucho tiempo, lo que pasa es que de vez en cuando surgen algunas informaciones sensacionalistas, sobre todo en la literatura alemana, que hay quien las compra pero que no tienen ninguna base científica. La muerte cerebral la descubrieron los franceses nada menos que en el año cincuenta y nueve, y ya ha llovido desde entonces. A ninguno de los que trabajamos en este campo nos produce la más mínima duda, una persona que está muerta, está muerta y punto, en la comunidad científica es algo que ni nos planteamos.

Haciendo un poco de historia, el primer trasplante de corazón en España lo hizo el yerno de Franco en 1968 y no salió muy bien. ¿Han cambiado mucho las técnicas quirúrgicas desde entonces?

No, y además es curioso porque lo que ocurrió en España con el doctor Martínez-Bordiú en realidad ocurrió también en otros países. Las técnicas de trasplante cardíaco no han variado mucho desde el primer trasplante exitoso de Barnard hasta ahora. Incluso los cirujanos cardiacos te dicen que para ellos es mucho más difícil hacer un cuádruple bypass, o una intervención de este tipo que hacen todos los días, y no un trasplante cardiaco. A partir de la experiencia de Barnard se lanzaron a hacerlo en muchos países y lo que no funcionaba era la inmunosupresión, no teníamos los medicamentos para evitar el rechazo. Y no sabemos muy bien por qué el primer trasplante de Barnard salió bien, porque aguantó bastantes días, es probable que se pareciera el donante al receptor.

Se tardó mucho, desde los sesenta hasta el ochenta y tantos en disponer de medicación eficaz y en consecuencia los trasplantes de corazón quedaron limitados a muy pocos centros en el mundo, Francia, EE. UU. y poco más. Pero ese fracaso en el primer trasplante ocurre en España, en Japón, en Inglaterra y en bastantes países. Más allá de la anécdota, no fuimos los únicos y hubo que esperar al 84, que es cuando en España se retomó la actividad, cuando Josep María Caralps realizó el primero que funcionó en España.

¿Qué significó el uso de las pruebas de histocompatibilidad y el uso de inmunosupresores como la ciclosporina?

El avance de trasplantes estuvo en los inmunosupresores pero no para el trasplante de riñón, para el que empezamos a disponer de algunos medicamentos que no eran tan potentes pero que ya funcionaban en los cincuenta y en los sesenta, cuando todavía no existía la ciclosporina.

En España ya tenemos unos cuantos pacientes que han pasado los cuarenta años trasplantados, pero eso que vale para el riñón, no era verdad para el hígado y el corazón. Tenía que darse la casualidad de que se parecieran mucho el donante y el receptor para que aquello funcionara y entonces fue la ciclosporina la que abrió un nuevo mundo en todo esto, y ya vinieron el tacrolimus y otras muchas drogas que han ido mejorando el pronóstico. Los años ochenta significaron un antes y un después por la inmunosupresión, no por otra cosa.

¿Por qué no hay avance científico en inmunología?

Droga mágica no hay y la verdad es que en esto, como en muchas otras cosas en medicina, no se han producido descubrimientos realmente espectaculares en los últimos diez años. Uno de los problemas que tenemos en la medicina es que la industria farmacéutica no ha sido capaz de desarrollar drogas que hayan cambiado las cosas. Probablemente los fármacos antivirus C son las primeras que se producen desde hace bastante tiempo que hayan conseguido cambiar el curso de una enfermedad, y en el caso de los inmunosupresores hemos ido teniendo avances que han ido mejorando al mezclarlos los unos con los otros, pero en los últimos diez o quince años no se ha producido ningún descubrimiento de un medicamento que fuera claramente superior a lo que teníamos.

¿Qué buscamos? Algo que combata el rechazo y que no tenga efectos secundarios porque el mayor problema es que estos pacientes tienen que tener esa medicación de por vida y el efecto secundario se magnifica cuando esa droga hay que tomarla durante años y años.

¿A una persona que toma inmunodepresores, si tiene una enfermedad como un resfriado, le afectará más que a una que no?

Sí y sobre todo uno de los problemas que tiene en este momento los trasplantados es la tendencia a la obesidad por muchos motivos, comen más, tienen problemas del metabolismo de los carbohidratos… todos estos problemas son también efectos secundarios de los inmunosupresores que pueden parecer menores, y de hecho lo son si uno los compara con la enfermedad que tiene, pero hay que tener en cuenta que no trasplantamos a gente para salir del paso sino para que sigan viviendo con su órgano trasplantado dentro de quince o veinte años y eso hay que ir mejorándolo. Están surgiendo pero no a la velocidad que uno quisiera

Cuenta en su libro El milagro de los trasplantes que el origen de usar los órganos de los condenados a muerte no está en China sino en Francia…

Sí, se produjo lamentablemente hace bastante tiempo, aquello es una anécdota, pobres franceses… pero eso ha quedado como una lacra mundial en China. Han anunciado no sé cuántas veces que lo iban a parar, la última hace un mes, esperemos que alguna de las veces que lo anuncien sea verdad porque es algo que toda la comunidad internacional les ha echado en cara. El problema es que ellos han centrado prácticamente toda su actividad en eso y es muy difícil pararlo. Es una monstruosidad, han montado un negocio y ya no solo es que trasplanten a sus pacientes, es que trasplantan a media humanidad que va ahí pagando un montón de dinero. Es de las cosas más deprimentes que hay en el mundo de los trasplantes.

En otros países hay un mercado legal de compraventa de riñones, ¿está afectado por la globalización? ¿Y esta permisividad no puede dar pie a que se comercialicen otros órganos más vitales?

El único país que ha montado un mercado legal es Irán, que han creado un sistema por el cual se pueden hacer trasplantes en determinadas instituciones oficiales y el Estado se convierte en comprador de esos riñones para los que lo quieran vender-donar. Lo que pasa es que han salido en televisiones internacionales algunos reportajes que muestran que, además de lo que pone el Estado, el paciente le tiene que dar al otro una cantidad. Es un comercio regulado, por decirlo de alguna manera. Tiene una ventaja y es que no le está permitido a los extranjeros. Es el único país que ha regulado la compraventa de riñones que es un negocio internacional bastante lamentable y yo diría que creciente en muchas partes del mundo. Sobre todo porque internet ha permitido poner en contacto a vendedor con comprador y ha potenciado las mafias en Extremo Oriente, en países de la antigua Unión Soviética, en África, algunos países de América Latina y es un problema muy serio.

Luego está un tema que también es muy preocupante, la tendencia en EE. UU. de algunos teóricos, y otros no tan teóricos, a favor de la petición de que se establezca un mercado regulado en el propio EE. UU., y todo lo que se hace en Norteamérica tiene una fuerza tremenda sobre el resto del mundo.

Los números son tremendos, en España tenemos 4500 personas aproximadamente esperando un riñón y hacemos al año unos 2700 trasplantes. Trasplantamos cada año un 60 % o 70 % y hay una lista de espera controlada, pero en EE. UU. han superado los 100 000 pacientes en lista de espera, cuando EE. UU. es unas seis veces mayor que nosotros. Es decir que con la misma proporción, si nosotros tenemos 4000 ellos tendrían que tener 25 000. Entonces hay una serie de cirujanos con mucho peso en la sociedad americana y curiosamente, el premio nobel de Economía de hace dos años está liderando la orquesta. Han empezado a publicar en medios muy influyentes la necesidad de empezar con programas piloto para establecer un mercado regulado en el que paguen al que done un órgano de vivo y que paguen a los familiares que donen un órgano de cadáver, y se establezca en EE. UU. un mercado regulado.

Afortunadamente también hay personas normales y tienen una contestación interna muy grande, por ejemplo el antiguo presidente de la Sociedad Internacional de Trasplantes Francis Delmonico —que fue una de las personas que recibió el premio Príncipe de Asturias con nosotros— ha encabezado un movimiento internacional en contra, que nosotros hemos suscrito, dirigiendo cartas a la Secretaría General de Barack Obama precisamente para evitar esto. Más que nada lo hemos suscrito por una razón, los americanos pueden hacer lo que quieran pero EE. UU. arrastra a medio mundo y hay mucha gente en otros países que está esperando una justificación para hacer lo mismo. Es una discusión macabra, porque uno puede entender más o menos lo de la compraventa de un riñón, pero, ¿y eso cómo se hace con una donación de corazón? Que me lo expliquen porque no lo acabo de captar. El tema es muy grave porque como en la sociedad americana todo se compra y se vende, no les cabe en la cabeza por qué no se van a vender y comprar los riñones.

Estamos en un momento bastante álgido en este tema y yo creo que en España una de las cosas que hemos hecho, y además de una forma muy cabezona, ha sido luchar contra la comercialización en todo el mundo. Por ejemplo ahora en marzo tendremos la firma del convenio del Consejo de Europa contra el tráfico de órganos, en Santiago de Compostela. No es casualidad que se firme en España porque nosotros hemos sido los que hemos tirado de este tema, pero no es una guerra en la que todo el mundo lo vea tan claro. Puede parecer que esta es una película de malos y buenos pero yo lo tengo muy claro, es una forma de explotación del hombre por el hombre, igual que ha habido y que hay otras formas de explotación. Evidentemente, siempre va a ser gente poderosa y gente con dinero la que se lo compre a quien no tiene otros recursos para vivir. Ya veremos.

¿Hay turismo de trasplantes? ¿Cómo se debe posicionar la Unión Europea?

Es un tema en el que nosotros somos el único país que ha dado el paso, se discute en los foros internacionales y España se pone como ejemplo pero al final ningún país da el paso de proponer medidas legales para evitarlo. El convenio del Consejo de Europa permitiría realmente actuar sobre los ciudadanos de un país cuando van a otro a cometer prácticas ilegales y creo que puede convertirse en un instrumento internacional muy potente. Pero el único que dio el paso y fue valiente fue España porque hay muchas presiones. Lo que hablábamos antes de Alemania, a un país que tiene la cuarta parte de donantes que España, que la gente se vaya a comprar un riñón a China o adonde sea le resulta una válvula de escape y lo mismo para el Reino Unido y muchos otros países. Incluso muchos médicos utilizan este lenguaje de «pobrecito enfermo». ¡Pobrecito al que le quitan el riñón! La verdad es que es una lucha bastante desagradable, porque ves a países desarrollados y civilizados que no toman claramente esa actitud.

¿Qué le parecen las proezas médicas del doctor Cavadas? ¿Debe de asumir la sanidad pública las intervenciones privadas que puede realizar el doctor. Cavadas?

El doctor Cavadas es un crack pero no solamente como técnico sino también como persona. A mí me parecería muy mal cualquier persona que simplemente hiciera este tipo de cosas de cara a la galería y no, Pedro Cavadas es una persona que me ha demostrado que cada vez que se pone delante de un enfermo es capaz de ir hasta donde sea y de hacer todo lo posible por solucionar el problema de ese enfermo. Y Pedro Cavadas ha abierto una serie de puertas que antes estaban cerradas y lo ha hecho poniendo alma, corazón y vida, y para mí es un fuera de serie. Los trasplantes le deben mucho en España y fuera de España.

Pedro Cavadas sabe muchísimo de inmunosupresión, no es solamente el «yo coso y ahora el que venga que lo cuide». Él conoce de fármacos inmunosupresores, de cuidados del paciente y lo lleva hasta el final. Es el responsable de todo lo que le pasa a ese enfermo y ha hecho muchísimo en el campo de los reimplantes y desde luego en el campo de los trasplantes, los que ha hecho han representado hitos muy importantes. Algunos le han salido bien y otros no tan bien, pero es un gran cirujano y no hay más que decir.

¿Qué retos tiene la ONT? Estando en lo más alto, ¿qué se puede plantear uno para el siguiente lustro o década?

Nosotros nos hemos planteado que de aquí a 2020 tenemos que seguir creciendo. De hecho hemos planteado la estrategia 2015, que supone que los donantes crezcan en estos cinco años al menos un 10 % más. Cuando uno está en el Everest seguir subiendo es complicado pero yo creo que las líneas que hemos empezado y los proyectos que han dado como resultado este crecimiento están ahí y van a seguir estando.

Si estamos a treinta y seis donantes por millón, pretendemos llegar a treinta y nueve o cuarenta en el 2020, y de trasplantes, si estamos en 4300 y pico, pretendemos llegar a los 5000. Hay que plantearse retos y en las células madre sanguíneas hay que seguir avanzando y tener más donantes de médula, de cordón… y avanzar hacia la autosuficiencia con la misma ilusión que hace veinticinco años. El día que, por la razón que sea uno pierda la ilusión, tiene que dejar paso a la juventud. Una de las fuerzas que tenemos es el espléndido equipo que hay detrás, porque nosotros sí hemos sabido hacer un relevo generacional y la ONT es más fuerte y más potente que nunca precisamente por eso, si viviéramos de recuerdos esto sería una ruina, pero afortunadamente no es así.

Rafael Matesanz para Jot Down 5

Fotografía: Begoña Rivas

10 comentarios

  1. Magnífica entrevista.

  2. Pingback: Rafael Matesanz: «Veintitrés años líderes mundiales en número de trasplantes, un triunfo de la sociedad española»

    • No puede venir mas al pelo su enlace Supertramp.
      Ahora una continuación de la entrevista con preguntas como las que se plantean en el artículo.

      • Las conclusiones de Enrique Costas son un poco endebles. Dice que el alto número de donaciones en España no se debe al altruismo sino a que pagan ‘extras’ a los médicos y que en cambio los donantes no reciben nada. Pues qué quiere que le diga, eso puede explicar que los médicos quieran hacer esas operaciones, pero no que miles de gentes se ofrezcan voluntarias (y encima gratis) para que les quiten órganos del cuerpo. Dice el autor que los médicos intentan convencer a los pacientes para que donen: oye, y me parece muy bien. La verdad es que en ese aspecto, el sistema no es criticable. Y si no hay más quejas genralizadas es porque la balanza se inclinará más a lo positivo que a lo negativo, si no ya nos habríamos enterado hace tiempo.

  3. El modelo de la ONT es el modelo de éxito creado por la OCATT (Organització Catalana de Transplantaments). Veintitrés años líderes mundiales en número de transplantes, un triunfo de la sociedad catalana.

  4. He trabajado en el sistema sanitario británico y en el nacional y debo de decir que a nivel de recursos para transplantes ambos sistemas son similares, lo único que nos hace distintos al resto de países es la aplicación de la ley, esto nos facilita más potenciales donantes. No acabo de entender por qué cuesta tanto reconocer que es esa laxitud legal la que nos permite transplantar más y mejor. Quizás porque no podríamos utilizar la buena gestión como la excusa para la eficacia del sistema ONT. En nuestro país la familia directa de un paciente límite o recien fallecido tiene la potestad legal para firmar la donación en virtud de la ley, con la única excepción de que el fallecido haya notificado legalmente lo contrario, esta circunstancia excepcional en el mundo nos hace más generosos y también más eficientes en transplantes. Yo apoyo este funcionamiento porque es la verdadera clave del sistema ONT.

  5. Celebro el éxito, pero estaría bien que el entrevistador sacase a la luz sus fundamentos reales. El artículo de El País sí que lo hace, por ejemplo:

    “¿Por qué los ingresos de los profesionales que hacen trasplantes son superiores a los que reciben los restantes médicos y enfermeros del sistema? (en Murcia un celador recibe 238 euros por trasplante de hígado, mucho más de lo que se le paga a un cirujano no trasplantador por cada operación en horario de tarde).”

    http://elpais.com/elpais/2016/01/14/opinion/1452798928_402406.html

    Parece que tenemos un mercado de órganos muy eficiente. Tal vez nos duela reconocerlo pero estaría bien que al menos fuesemos conscientes. La entrevista deja mucho que desear.

  6. DISTINGUIDO PROFESOR
    PERMITAME PRESENTARME , SOY MEDICO CHILENO, TEMINE MI BECA DE FORMACION EN NEFROLOGIA , Y ME GUSTARIA SUSCRIBIRME A LA SOCIEDAD DE NEFROLOGIA ESPAÑOLA, MI PROFESOR ES EL DR JOSE TORO, DE VALPARAISO, VIÑA DEL MAR , CHILE. QUIEN ME DIO SUS DATOS.
    YO NECESITO Q ALGUIEN ME PRESENTE O RESPALDE PARA SUSCRIBIRME A SEN.
    ESPERO NO INCOMODARLO CON ESTO, PERO PARA MI Y MI FORMACION ES IMPORTANTE PODER SER SOCIO ACTIVO DE SU SOCIEDAD, DE ANTEMANO LE AGRADEZCO SU ATENCION ,

    ATTE
    DRA PAMELA GONZALEZ

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