¿Internet está matando a la música? Sí, como era de esperar - Jot Down Cultural Magazine

¿Internet está matando a la música? Sí, como era de esperar

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Foto: Corbis.

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Ya no hay manera de relativizar el asunto con los supuestos beneficios colaterales; internet está destruyendo la industria discográfica. Desde 1999 los ingresos no han dejado de caer. Son, más o menos, la mitad de lo que eran entonces. Esto es una caída enorme, supone que el 50% de todo un negocio ha desaparecido en tres lustros. ¿La paradoja? No se escucha menos música que en 1999. Al contrario, se escucha bastante más. En 2015 se vendieron más singles que en cualquier año del periodo 1994-2002, considerado el de mayor apogeo de la industria discográfica en toda su historia. Eso supone unas veinte veces más singles vendidos, ¡que no es poco! Eso sí, la mayoría de esas ventas son digitales y su margen de beneficio es muy, muy escaso. Peor aún: los álbumes en formato de CD siguen siendo la principal fuente de ingresos, pero sus ventas han caído, como poco, a un tercio de lo que fueron. En consecuencia, el balance de beneficios es hoy una tercera parte de lo que era hace quince años. Esto parece preocupar poco al público, pero produce una merma considerable en la calidad de la nueva música disponible. En el futuro, cuando estudien nuestro tiempo, quizá se pregunten por qué la creatividad musical sufrió un bajón tan considerable con el cambio de siglo. La respuesta es simple: internet.

Música grabada sí, pero a ser posible gratis

El único sector de la industria musical en el que la facturación ha aumentado es el de los conciertos. Incluso pese a la crisis. En la lista histórica de las veinte mayores giras según su asistencia media de espectadores, solamente dos (Rolling Stones y Pink Floyd) fueron giras anteriores al año 2000. Y nada menos que ocho son posteriores al año 2009, cuando la crisis había golpeado a todo el mundo. Además los precios de las entradas no han dejado de subir. Dicho en otras palabras: la gente está más dispuesta que nunca a pagar por una experiencia en vivo. Sin embargo, a ese mismo público se le hace cuesta arriba pagar por el contenido musical en sí. Esto pone al negocio discográfico contra las cuerdas. Porque claro, la experiencia de un concierto no se puede descargar por internet, si alguien quiere vivirla tiene que rascarse el bolsillo. Sin embargo es muy fácil descargarse cualquier disco.

Dentro de los espectáculos, la vulnerabilidad frente a internet no es exclusiva del mundo musical, pero sí le ha afectado con particular crudeza. La industria del cine, en el mismo periodo de quince años, ha aumentado sus ingresos totales un 30%. La venta de entradas para ver películas ha caído a causa de internet, esto es verdad, pero no tanto como para hundir los ingresos. En toda la historia del cine, el único competidor que realmente consiguió hundir los ingresos del cine fue la televisión: cuando en los años cincuenta empezó a haber televisores en las casas, la venta de entradas para el cine se pegó un batacazo del que nunca se recuperó del todo. Hoy mismo, en pleno 2016 y con un enorme crecimiento de la población, el cine sueña con llegar a vender el mismo número de entradas que vendía durante la Segunda Guerra Mundial. Aun así, desde entonces el cine ha permanecido incólume frente a casi todo. El VHS, que produjo mucho miedo a la industria en su día, no tuvo un efecto decisivo sobre el cine, como tampoco la popularización de los ordenadores o del DVD. La piratería online ha hecho daño, desde luego, pero por el momento no es una amenaza de muerte. La mejora en imagen y sonido de las salas sigue siendo algo con lo que la televisión o internet, al final, no pueden competir. No hasta el punto de llevarse todo el público. La gente sigue queriendo ir al cine y paga por una experiencia que no se puede duplicar en casa, como sigue pagando por acudir a determinados conciertos o festivales.

Y que, como decía, es más difícil colarse en un concierto que descargarse un disco. La actitud del público es algo sobre lo que la industria musical ya no se engaña. No esperan un gasto destinado a apoyar un bien cultural. Ni siquiera en directo. Quien piense que la gente paga entradas de conciertos para ayudar a sus artistas, que le eche un vistazo al extraordinario documental sobre el festival de la isla de Wight, celebrado en 1970. El promotor se dejó las pestañas para tener allí a Jimi HendrixThe WhoMiles DavisThe Doors, y una lista enorme de nombres importantes con la que ningún festival actual puede soñar. Pues bien, el perímetro de seguridad del recinto fue quebrantado, la gente que acampaba fuera y que no había pagado entrada empezó a entrar en tropel. Se suele hablar de la violencia en el festival de Altamont como la muerte del sueño hippie, pero lo de Wight (salvando el derramamiento de sangre, claro) no se quedó atrás. Las cámaras registraron un momento absolutamente impagable: el promotor Rikki Farr, que también estaba actuando como presentador del festival, se acercó al micro del escenario principal y, visiblemente alterado, pronunció unas palabras inmortales: «¡Hemos montado este festival para vosotros, cabrones, con un montón de amor! ¡Hemos trabajado durante todo un año para vosotros, cerdos! ¿Y ahora queréis derribar las vallas y destruirlo todo? ¡Bien, pues idos al infierno!». Al final, para evitar males mayores, terminó anunciando la apertura de puertas mientras hacía el gesto de la paz con «Amazing Grace» sonando al fondo. La moraleja que el festival de Wight dejó para la posteridad es esta: si la gente puede evitar pagar por la música, aunque para ello haya de perjudicar los intereses de la industria y de los propios músicos, lo hará. Y los promotores aprendieron una valiosa lección, la seguridad es muy importante.

Pero en internet la seguridad es mucho más difícil de mantener, sobre todo por cuestiones técnicas. Muchos (la mayoría, espero) somos partidarios de un internet abierto y libre, donde los Gobiernos metan la mano lo menos posible. Sin embargo, para algunos negocios legítimos esa falta de seguridad ha sido letal. De todos modos, el debate moral es algo que queda para el análisis personal de cada uno. Todos, o casi todos, hemos consumido material cultural pirata. Cada cual sabe por qué y en qué circunstancias. Pero insisto, no es mi intención entrar en la cuestión ética. Lo que sí interesa son los datos y en ese sentido hay poca discusión posible: internet está matando a la industria musical, por estrangulamiento. Las cifras hablan por sí solas y está por ver en qué circunstancias habrá de afrontar su porvenir.

La guerra de Napster: toda resistencia es inútil

En 1999 se lanzaba al mundo un servicio llamado Napster, con el que cualquier usuario que poseía la versión digital de una canción podía compartirla con otros mediante el P2P, intercambio directo de archivos entre internautas. En su día, recuerdo bien, había no poca gente que defendía la tesis de que compartir MP3 era una especie de ideal de justicia, por más que no se aplique a casi ningún otro producto. Por ejemplo, a nadie se le ocurre que sea legal poder entrar en casa de un vecino y vaciarle la nevera. Porque claro, la comida no se puede clonar y le provocaríamos un serio perjuicio. Tampoco iríamos a robarle una barra al pobre panadero. Pero ¿las discográficas y los artistas? Bah, ya ganaban bastante dinero. Al contrario que una barra de pan, un MP3 podía copiarse indefinidamente, el que lo compartía no perdía su versión y eso hacía que la gente se sintiera generosa. La industria, sin embargo, no lo veía tan claro. No se llevaba un dólar de lo que circulaba por Napster. Es más, pensaba que iba a dejar de ganar mucho dinero por ventas que ya no se efectuaban. Los partidarios de Napster respondían con ironía, recordando las antiguas advertencias de que el casete virgen mataría la industria musical. Pero el casete virgen no era gratis, había que comprarlo, y había que tener un equipo de música que, al contrario que un ordenador, no servía para mil cosas más para amortizar la inversión de inmediato. Y un casete no se podía duplicar indefinidamente; la gente se grababa música y le grababa música a otros, pero después de varias copias aquello perdía mucha calidad, por lo que se intentaba tener acceso al disco o cinta original. Y muy importante: solamente podía grabarse música de quien se tenía cerca —amigos, familia pero no de cualquier persona en cualquier rincón del globo. Paradójicamente, para mantener cierto nivel de piratería con sonido de cierta calidad, la gente necesitaba seguir comprando discos.

Lo de Napster era distinto. Ya no había límites para copiar música, ni en cuanto a calidad ni en cuanto a geografía. Así que empresas, y de modo muy sonado ciertos artistas, declararon la guerra a Napster. Recordarán que Metallica fueron unos de los más activos, tras descubrir que algunas de sus canciones circulaban por Napster incluso antes de haber sido editadas oficialmente. Por entonces muchos usuarios jóvenes de internet se pusieron del lado de Napster, quizá por una idea romántica del intercambio cultural, o quizá porque el portavoz de Metallica era Lars Ulrich, que no le cae bien a casi nadie. También, todo hay que decirlo, porque la industria musical tenía una merecida mala fama; los discos eran muy caros y las compañías se enriquecían con precios abusivos mientras, todos lo sabíamos, había una larga tradición de artistas que no cobraban lo que merecían. Sumemos que las entradas de conciertos eran cada vez más caras por la intromisión de empresas intermediarias; algunos recordarán que en 1994 Pearl Jam demandaron sin éxito a Ticketmaster. Vamos, que estar contra la industria era casi una afirmación política. Pero con mala fama o no, y por una vez en su vida, los argumentos de Ulrich y del propio negocio tenían sentido: el disco es el producto fundamental del músico en el mercado y mecanismos como Napster amenazaban con inutilizar ese producto. Otros artistas como Dr. Dre iniciaron una campaña como la de Metallica, y después, ya con más medios legales, se sumaron las grandes discográficas: Sony, Universal, Warner Bros, EMI y BMG. En febrero de 2001, cuando Napster alcanzó su máxima difusión con ochenta millones de usuarios, el problema para la industria era considerable. Podía atribuirle millones y millones de dólares en pérdidas.

Lars Ulrich en el juicio contra Napster. Foto: Corbis.

Lars Ulrich en el juicio contra Napster. Foto: Corbis.

Aun así, los partidarios de Napster aseguraban que el intercambio libre podía beneficiar a la industria musical mediante la promoción gratuita. El ejemplo paradigmático fue la banda estadounidense Dispatch, una especie de Mano Negra en versión trío que, partiendo de la nada y sin el apoyo de los canales promocionales convencionales, llegaron a efectuar una gira con más de cien mil espectadores, todo gracias al boca a boca sobre su música, en teoría facilitado por el P2P. Hubo incluso algunos artistas consagrados que hablaron en términos positivos de las posibilidades promocionales de Napster, que pensaban podía favorecer a los artistas independientes y las pequeñas discográficas frente a la maquinaria corporativa de las multinacionales, de las grandes radiofórmulas, de la MTV y los demás gigantes del mainstream. El aura romántica de Napster aumentaba en países como España, donde la SGAE, con ayuda de los Gobiernos, se empeñaba en imponer un tétrico canon universal sobre los soportes como el CD virgen. Pero ninguna de estas defensas de Napster, casi todas con carácter más bien filosófico o con un componente de cabreo justificado, podía esconder el hecho de que los usuarios de Napster se apropiaban de algo que no era suyo. Legalmente, al menos en la mayor parte de países, descargarse música era el equivalente de robar y resultaba difícil maquillarlo. Napster no sobrevivió al asalto. A última hora intentó llegar a acuerdos con la industria para formalizar un servicio de pago con el que pudiese abonar su parte de derechos de autor, al modo de lo que hoy hace Spotify, pero era demasiado tarde: a las discográficas se les había metido entre ceja y ceja acabar con Napster a cualquier precio. El servicio de intercambio tuvo que cesar en julio del 2001. Sus partidarios no le retiraron sus simpatías; todavía recuerdo un artículo del 2003 en el que se hablaba de la ya difunta Napster como de una especie de Robin Hood abatido por el sistema, un sistema representado por las malévolas (que lo son, pero por otros motivos) discográficas multinacionales.

El cese de servicio del Napster original fue una victoria pírrica para la industria musical. El intercambio de archivos era ya una marea a la que no se podía poner diques y las ventas de discos continuaron cayendo. La multiplicación de imitaciones de Napster con sistemas de intercambio cada vez más sofisticados también ponía difícil el control técnico-legal. Aunque no habían querido tratar con Napster, las compañías discográficas entendieron finalmente que se estaban quedando sin salidas. Podían malgastar tiempo y recursos intentando detener lo inevitable, o podían tratar de salvar algún mueble del incendio, sacando provecho del formato digital con ayuda de nuevos actores. En 2003, Apple lanzó la tienda de música de iTunes, mostrando el camino que se podía seguir. En 2008 apareció Spotify, que ha ido probando diferentes sistemas de monetización. Esto no detuvo la sangría, desde luego. En 2003, cuando se lanzó iTunes, la industria discográfica estadounidense facturaba once mil millones de dólares, y diez años después esas ventas ya habían caído a siete mil millones. Las ventas de singles digitales, mucho menos rentables, sobrepasaban por más de un tercio a los CD. Pero incluso de manera legal es difícil rentabilizar la música en internet. Las plataformas que trataban de cumplir con sus obligaciones económicas hacia los artistas (Spotify) empezaron a pasarlo mal, o realmente nunca llegaron a tener beneficios que superasen las pérdidas.

Nuevos usos, viejos problemas

Spotify o YouTube pusieron de manifiesto otro fenómeno entre quienes recurrían a internet para buscar música: una buena parte de ellos prefieren escuchar música online sin tener que descargarla, básicamente por cuestiones de comodidad. Así que el streaming ha sustituido a la descarga. Esto tiene un lado buen y uno malo. El lado bueno es que facilita que la piratería sea atemperada por sistemas que funcionan mediante cuotas de suscripción y descarga, o mediante publicidad. La gente paga poco, o paga indirectamente, y recibe un catálogo musical cada vez más extenso. Sin embargo, la rentabilidad es muy, muy baja. En algunos casos, como el mencionado de Spotify, no hay rentabilidad sino pérdidas. Y cuando hay ganancia, quienes se benefician de ello, además de los proveedores de internet y empresas tecnológicas varias, son los de siempre: las grandes discográficas.

Lo de la plataforma YouTube es un tema ambiguo. En realidad se ha convertido en la gran herramienta de promoción que Napster, según algunos, pudo llegar a haber sido; muchos artistas y discográficas abrieron sus perfiles oficiales en YouTube para aprovechar ese potencial publicitario. Incluso ha habido artistas, pocos, que han alcanzado la fama internacional gracias a YouTube. Pero no deja de funcionar como una plataforma de intercambio, y continuamente vemos artistas que retiran su catálogo de YouTube. Otros, como Prince, tienen equipos dedicados a eliminar cualquier rastro de su música. Sin embargo, el que YouTube fuese adquirida por Google facilitó que la industria musical tuviese más cuidado a la hora de atacar. Pero no piensen que no despierta recelos entre las discográficas; los despierta, y muchos, solo que no es un blanco débil. Lo que para algunos era una extravagancia de Prince se está demostrando como un rasgo de clarividencia, y la industria musical mira a YouTube de reojo; incluso aunque la plataforma quiera colaborar, aunque suponga una gran herramienta de promoción, no deja de ser otro de los motivos por los que el negocio del disco se va hundiendo año tras año.

Hablando de blancos débiles, muchos recordarán cuando Taylor Swift, en una sonada maniobra, decidió retirar su catálogo de Spotify porque consideraba que la plataforma no estaba ofreciendo la debida compensación económica. El presidente de Spotify respondió a esto de manera muy razonable, defendiendo el derecho de los artistas a recibir la justa compensación por su trabajo pero recordándole a Swift que Spotify estaba pagando enormes cantidades de dinero a las discográficas en concepto de derechos de autor. Hasta Bono, cantante de U2, salió en defensa de Spotify. Y lo cierto es que esa plataforma siempre ha intentado hacer las cosas bien, por lo legal y cumpliendo con las normas. El problema es que está pasándolo muy mal a la hora de convertir su proyecto de difusión legal de música en algo rentable, porque sus pérdidas continúan creciendo más que sus ingresos. ¿La gran paradoja? Que los artistas no reciben los derechos que consideran justos. ¿Por qué? Pues lo de costumbre: las grandes discográficas se quedan todo lo que pueden. Porque continúan siendo los principales tiburones de la industria musical. Quienes en tiempos de Napster defendían la idea de que internet favorecería a los artistas independientes y a las compañías pequeñas ya saben que estaban equivocados. Las grandes discográficas son las que siguen teniendo el poder de negociación, de promoción, de canalización de su producto. Es verdad que han sufrido mucho por causa de internet. En 1999 había seis compañías discográficas que pudiéramos considerar grandes: Universal, Sony, Warner, EMI, Polygram y BMG. Hoy quedan solamente tres, porque Sony se fusionó con BMG, Universal compró Polygram y EMI quebró a causa de sus malas políticas, siendo sus restos absorbidos también por Universal. Sí, han sufrido como ha sufrido todo el negocio musical. Pero, dentro de él, continúan cortando el pastel. Aunque haya muchas compañías medianas o pequeñas, las tres grandes todavía se reparten bastante más de la mitad del negocio discográfico. Por este orden y redondeando cifras: Universal (30%), Sony (20%), Warner (15%). El resto del mercado, un 35%, se lo reparten todas las demás discográficas, a las que llamamos «independientes» aunque algunas ya se parecen más de la cuenta a sus hermanas mayores.

Así que las grandes discográficas continúan teniendo mucho poder y continúan abusando de sus artistas, aunque algunos de ellos, como la pánfila de Taylor Swift, se empeñen en culpar a Spotify (ya sea por iniciativa propia o actuando como títeres de su compañía discográfica). Siguen teniendo los mismos escrúpulos de costumbre. O sea, pocos. Muchas veces, las discográficas que lanzan artistas a lo grande deducen los gastos de promoción, producción, grabación, montaje de giras, videoclips y todo lo que se les ocurra de los futuros honorarios de esos artistas. Después se quedan con una buena parte de los derechos de autor, como hemos visto en el caso de Spotify. Al final, hay artistas que no empiezan a ganar dinero hasta que han satisfecho su deuda con la discográfica, o que pueden enfrentarse a demandas millonarias en caso de romper contrato; que se lo digan a Jared Leto y su banda 30 Seconds to Mars: después de haber vendido millones de discos, ¡todavía le debía millones de dólares a sus jefes! Hay cosas que no cambian. Aun así, por malvadas que sean las discográficas, y no hay forma bonita de decir esto, la mayor parte de culpa de lo que está pasando la tiene el público.

Taylor Swift. Foto: Corbis.

Taylor Swift. Foto: Corbis.

El público y la calidad

El público no gasta menos en música grabada porque su presupuesto cultural se haya ido completamente al garete. De acuerdo, el poder adquisitivo de las personas se ha visto muy dañado por la crisis, en unos países más que en otros. En España poca gente puede gastar mucho en cultura. La media anual por persona se estima en doscientos sesenta euros. Lo cual es poco, unos veinte euros al mes. Sí, en España estamos jodidos; ni brotes verdes ni azules. En Estados Unidos, alguien de entre diecicocho y treinta y cuatro años gasta una media de setecientos cincuenta dólares anuales en cultura, lo cual es bastante más. Pero la cuestión no es solamente cuánto tiene la gente para gastar, sino en qué lo gasta. Y la mayoría del gasto cultural estadounidense se va en televisión de pago, mientras la música está a la par con los videojuegos (de los libros ya ni hablamos, si no queremos echarnos a llorar). En otros países avanzados sucede algo parecido, y la música se lleva menos dinero cuanto más bajo es el poder adquisitivo. El público prefiere pagar por ver televisión que por escuchar música, esto es así. Y cuando paga por la música, prefiere gastárselo en entradas de conciertos que en obras publicadas.

Lo que la era internet ha puesto de manifiesto es que el público es musicalmente perezoso. YouTube lo ilustra mejor que ninguna otra cosa. En YouTube hay vídeos musicales de muchos artistas de todos los géneros imaginables. Entiendo que la industria musical puede sentirse recelosa porque YouTube es básicamente Napster II, pero también les diré que gracias a esa plataforma he podido escuchar cosas a las que nunca antes había tenido acceso. Esa es la parte buena de internet: elimina la frustración de ir en tienda en tienda buscando un disco y que te digan que está descatalogado (¡recuerdo mi indignación cuando aquí se descatalogaban discos de Johnny Winter!) o que directamente jamás llegó a publicarse en tu país. Internet también permite que, no sé, un tipo como Brushy One String alcance la popularidad con sus maravillosas canciones. Aunque sospecho que Brushy —cuya música me parece legítimamente genial— no hubiese llamado la atención de no tener la peculiaridad de poseer una guitarra con una sola cuerda. Pero, bueno, me alegra que pasen estas cosas. Lo malo es que son habas contadas. El viejo sueño de que los pequeños artistas se harían más fácilmente famosos se ha quedado en agua de borrajas. En general, los números no engañan: en YouTube la gente escucha sobre todo la música que promocionan las grandes compañías. Y estas se han dado cuenta de que resulta mucho más fácil comercializar estrellas prefabricadas para moldear los gustos del público que confiar, como antaño, en encontrar una pepita de oro en el río. Es cierto que siempre hubo artistas prefabricados y con esto no quiero decir que no tengan ningún talento o cualidad, sino que están dirigidos a un estilo decidido no por el artista sino por la discográfica. Pero lo de rebuscar en busca de talentos con capacidad de sacudir los cimientos del mundo cultural es un arte perdido.

Antes la discográficas ya daban por supuesto que su principal público, el juvenil, se iba a decantar de repente por fenómenos que nadie en la propia industria había podido prever. Algunos de esos fenómenos tenían, además de la capacidad para galvanizar a los jóvenes, una calidad intrínseca que los convertía en instancias culturales a tener en cuenta. Sucedió con Elvis Presley, con los Beatles, con el hip hop, con el grunge y con muchas otras cosas. Como nadie en la industria quería pasar a la historia como el nuevo Dick Rowe, el hombre que rechazó contratar a los Beatles, las discográficas invertían tiempo y dinero en encontrar a nuevos artistas. Piensen en Nirvana, por ejemplo. Un grupo underground que había publicado un disco en una compañía independiente, por entonces desconocida, llamada Sub Pop. Es posible que Nirvana nunca hubiesen llegado a ninguna parte si no hubiesen fichado por una discográfica mayor, Geffen, que les permitió grabar su segundo álbum con mucho mejores medios y, por lo tanto, un mejor sonido. Aunque hubo quien pensó que Nevermind sonaba demasiado «pulcro» en comparación con el primer disco, no cabe duda de que sin ese refinamiento en la grabación y sobre todo sin la debida promoción no hubiesen provocado el mismo impacto generacional. Lo mismo sucedió con Guns N’ Roses y su Appetite for Destruction, por citar otro bombazo de la misma época. Eran grupos pequeños en popularidad al principio, pero talentosos, a los que se ofreció un buen presupuesto para grabar y promocionarse. Funcionaron y lo amortizaron. Seguro, hubo otros que no consiguieron amortizarlo, pero así es el espectáculo: unas veces se gana y otras veces se pierde. En Hollywood ya cuentan que el beneficio de unas películas sirve para pagar las pérdidas de otras.

Nirvana. Foto: Corbis.

Nirvana. Foto: Corbis.

Las diferencias entre aquellos tiempos y el presente son dos, y ambas tienen que ver con internet. Primero, las compañías ya no tienen tanto dinero, así que han recortado gastos a la hora de buscar y promocionar nuevos artistas salidos de la calle. No arriesgan. Y tampoco esperan que se produzca un súbito movimiento juvenil que amortice la inversión. Internet, además de cambiar la comercialización de la música, ha canalizado las ansias juveniles hacia otras vías (redes sociales, videojuegos, etc.), y por lo tanto la música ha dejado de ser el gran escape, el lugar donde buscar una identidad propia, el vehículo de grandes explosiones generacionales. Desde el grunge no se ha vuelto a producir un fenómeno musical de tan grandes dimensiones, que esté además apoyado en todo un torbellino de interés mediático y sociológico. Sí, está Justin Bieber, pero siempre hubo un Bieber para cada época, desde Leif Garrett a Spice Girls, o quien quieran ustedes imaginar. Lo que no ha vuelto a haber son unos Nirvana. Es posible que en algún lugar del mundo haya un Kurt Cobain esperando ser descubierto. Seguro que lo hay, pero, tal y como están las cosas, no puede confiar en que alguien vaya a poner dinero para que grabe su propio Nevermind. Y, tal como se relaciona el público con YouTube, es difícil que llegue a conseguirlo. Si cito el ejemplo de Nirvana es para recordar precisamente que el disco de su explosión no lo grabaron en su casa, ni fue promocionado con fotocopias. Estaban en una multinacional y necesitaron el escaparate de la MTV y algunos otros grandes medios. Tarde o temprano, y más si ofrece un producto que proviene del underground, un artista necesita un trampolín para el éxito. No puede hacerlo solo. Ni puede esperar llegar lejos grabando en su casa. No digo que no pueda ocurrir, pero es algo excepcional. Hasta los años cincuenta la gente grababa con uno o dos micrófonos colgando del techo, sí. Muchos clásicos se han grabado de forma increíblemente rudimentaria. Y algunos hemos llegado a amar el sonido «cutre» de aquellos discos porque hemos crecido escuchándolos como son, pero no nos engañemos, esa presentación ya no es aceptable en la industria musical. La gente dispone en sus casas de una tecnología avanzada, pero todavía hoy grabar un disco con buen sonido requiere mucho dinero. Piensen que un productor, un técnico, un ingeniero de sonido que de verdad sepan obtener un sonido de primer nivel son gente cuyo trabajo ha de pagarse, y que además necesitarán trabajar con material de primera línea. Todo esto supone mucho dinero. La promoción supone más dinero todavía.

Por supuesto, siguen existiendo sectores del público que mantienen circuitos minoritarios, como el jazz o la música clásica (o incluso el rock clásico, que lleva camino de convertirse en algo minoritario también), que han notado menos el impacto, pero sobre todo porque su principal actividad son conciertos y festivales. Son estilos de música que nunca esperaron vender muchos discos o hacerse muy grandes. Quitando las grandes giras de artistas de rock, que para colmo son muy veteranos (Stones, AC/DCSpringsteen, etc.), no dan como para que la industria discográfica se apoye en ellos para salvar los muebles. Por cada músico que consiga la popularidad con algo que ha grabado en su casa y ha colgado en YouTube, hay cientos, miles, que no lo conseguirán jamás. Ahora ya ni sueñan con la posibilidad de que un agente los vea en algún concierto y los contrate. Las compañías más pequeñas sobreviven y usan internet como herramienta, pero como las grandes ya no arriesgan, el «ascenso» de los artistas es cada vez más difícil. Y si no arriesgan las grandes compañías, no arriesgan las grandes radios ni los grandes programas musicales de TV. Así, se ha conseguido el efecto paradójico de que a mayor cantidad de música disponible y gratuita, el público parece aferrarse más a cosas mayoritarias. Quizá porque entre tanto estímulo es casi imposible captar la atención con cosas nuevas. Un grupo pequeño ha de competir en el entorno digital con la publicidad de las grandes compañías, los contenidos virales, con los youtubers, con las series de TV, con los juegos, incluso con la pornografía. Todo en un mismo ámbito. Y la atención del público es limitada. No sé cuánto más se puede agudizar el proceso, pero es muy posible que dentro de varias décadas la gente mire hacia atrás y diga que, terminado el siglo XX, empezó a haber cada vez menos artistas interesantes. Y tendrán razón, porque la maquinaria que antaño los descubría y promocionaba se está viniendo abajo. La industria musical tenía que elegir entre supervivencia y calidad, y ha elegido lo primero. Eh, el público manda, y como se suele decir: el cliente siempre tiene la razón.

Vista exterior del festival de Wight. Foto: Corbis.

Vista exterior del festival de Wight. Foto: Corbis.

118 comentarios

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  2. Si el artículo no está promocionado por SGAE, se le parece mucho. No dice nada del precio desorbitado e hiperhinchado de los cd’s (de vinilos ni hablamos) ni la miseria que ganan los intérpretes con estas ventas (no se engañen: el 70-80% de los beneficios de un intérprete llegan a través de los directos, lugar donde hasta hace relativamente poco las discográficas no hincaban el diente). Reflota el manido “es como permitir robar en tu casa” -nó, no lo es- pero no se pregunta, por ejemplo, por qué no se puede devolver un cd si el cliente no está satisfecho (idem con los libros).

    • HV, un par de cosas:

      “No dice nada del precio desorbitado e hiperhinchado de los cd’s (de vinilos ni hablamos) ni la miseria que ganan los intérpretes con estas ventas”

      JD dice:

      También, todo hay que decirlo, porque la industria musical tenía una merecida mala fama; los discos eran muy caros y las compañías se enriquecían con precios abusivos mientras, todos lo sabíamos, había una larga tradición de artistas que no cobraban lo que merecían.

      HV dice: “por qué no se puede devolver un cd si el cliente no está satisfecho (idem con los libros)”

      Yo te digo: Antes se podía hasta que se vio la treta de: lo compro, lo copio y lo devuelvo. Ahí se acabó el devolver CDs

      • Hoy por hoy la gente joven (y no tan joven) en su mayoría no compra discos. Ni novedades, ni serie media, ni LP ni CD ni nada. La música se descarga y se escucha en el móvil. Incluso el CD-R está muerto.

        Es una pena que muchas ediciones independientes hoy en día sean de 500 ó 1000 copias. Va más allá de la promoción. Para vender esa miseria la banda o el sello no pueden ni pagar un estudio decente y un productor. Así que la calidad se resiente.

        Y antiguamente podías escuchar los discos en la tienda antes de comprar. De hecho hoy se puede seguir haciendo en las (pocas) tiendas decentes que quedan.

        • Hoy en día hay mil sitios en los que escuchar el disco antes de comprar (Youtube, Spotify, Lastfm…).
          El paradigma ha cambiado y luchar contra eso es inutil. Es como si defendieramos la venta de hielo en carretas, ya no tiene sentido. El modelo debe reinventarse y permitir que los artistas sean capaces de conseguir financiación ya sea mediante crowdfunding, ventas anticipadas o cualquier otro sistema, y que los royalties recaigan sobre quien deben recaer. El disco, por jodido que suene, tiene que acabar en positivo antes de publicarse.
          Obviamente la inversión en estudios y productores se va a ver alterada, pero la tecnología ha abaratado muchísimo los costes.
          Cuestión de tiempo, supongo.

    • La verdad es que no entiendo esa lógica, no se de que estña hecha. ¿Puedes devolver una comida que no te gustó al restaurante al que fuiste?¿La entrada de cine? En fin… Y si, si es robar, literalmente. Mírate el diccionario. Robar es tomar para si lo ajeno, que es lo que haces cuando te apropias de una canción o un cd sin permiso de su dueño. Y de paso, mírate como se reparte el precio del cd y verás que el margen de la discográfica es un 25% del precio, y con eso tiene que pagar la fabricación, publicidad, grabación, etc. Añade que el 5% de los discos generaban el 75% de las ventas y ya sabes por qué pasa lo que estña pasando…

    • “No dice nada del precio desorbitado e hiperhinchado de los cd’s (de vinilos ni hablamos) ni la miseria que ganan los intérpretes con estas ventas”. Soy musico profesional. Lo he sido durante los ultimos 36 años. El comentario sobre los “pecios desorbitados de los CDs” es uno de los cliches mas manidos y absurdos que hay. ¿Sabes que del precio final de un CD, el 20% (a veces mucho mas) lo carga el minorista? Yo he grabado discos en Inglaterra que he intentado distribuir aqui, colocandolos en las tiendas a precio de cesion (es decir. lo que me cobra la discografica a mi, como artista) y con los portes pagados de mi bolsillo y tal y como los he dejado en la tienda, han multiplicado el precio que yo les daba por dos. Señores, la industria, como todo, es un negocio, hay que ganar, y del precio del CD hay que pagar a estudios, material, diseñadores, productores, promocion, distribucion, almacenamiento, prensado…nada de esto es barato. El problema es como en todo, el minorista se lleva mas de la mitad en beneficios netos, el resto (incluidas las discograficas) se reparten el resto. Pero es mas facil hablar sin saber.

  3. Qué tontorrona e ignorante es la nostalgia. Hay mundo más allá del rock y derivados.

  4. Buenísimo artículo. Yo soy uno de tantos que ha descubierto grupos (antiguos y modernos) gracias a YouTube y con respecto a la piratería puffff yo me he bajado tantas cosas que jamás me hubiera comprado aunque no existiera Internet…

  5. No hay vuelta de hoja…
    La mayoría de la gente no pagaría con su vida la podredumbre ocasionada por su mezquindad ni muriendo siete veces. Se demuestra en casos como el que has explicado sobre la isla de Wight y también en el hecho de que hay poquísimas personas honradas en el mundo. Me refiero a las que piensan que lo normal es pagar “algo” a cambio de conseguir lo que sea (música, libros, cine o huevos con chorizo) y no apropiarse de ello por el morro (ROBAR). Cierto que las discográficas y adláteres tuvieron sus épocas de vacas demasiado gordas gracias a los abusos cometidos para con el público consumidor (¡ ahora que se jodan!), pero no es menos cierto que el 90% de los que aducen esto, hubieran hecho lo mismo, ¡si no más! Y es que el género humano es codicioso, ruín y falto de empatía para con el prójimo, casi como niños egoístas que nunca llegan a madurar. Y los cuatro iluminados que pensamos que es normal pagar cuando podríamos ROBAR,,somos tachados por nuestro círculo de amistades y conocidos de eso, de iluminados, ingenuos, cuando no, directamente, de snobs o frikis.

    • bufff. te falta una dosis de optimismo.
      Yo compro menos música gracias a internet, pero tengo menos truños en mi colección, y youtube es un medio legal para separar el truño del contenido de calidad.
      El año pasado compré 2 cds: uno, lo tenía en mp3 pero nunca había podido comprarlo porque estaba descatalogado (mundialmente, por un problema legal entre el artista y la discográfica), por fin lo conseguí. El otro vino por avión desde Argentina, porque en España no se edita. A mí no me importa pagar por la música, pero no voy a regalar mi dinero a cambio de cualquier porquería.

    • Suscribo tal cual estan todas y cada una de sus sabias y “rabiolacrimógenas” palabras, amigo

  6. “Ya no hay manera de relativizar el asunto con los supuestos beneficios colaterales; internet está destruyendo la industria discográfica.”
    #never_go_full_retard

  7. Estoy completamente en desacuerdo con gran parte de las afirmaciones que se hacen en el artículo, y desde luego con el mensaje global que pretende transmitir, que se refleja en un titular tendencioso, por no decir directamente falso, y que sólo concibo como producto de la ignorancia, la nostalgia, la estrechez de miras y el conservadurismo.

    Este texto podría firmarlo perfectamente uno de esos directivos sexagenarios de una multinacional de la música o el cine, anclado en los años setenta u ochenta y empeñado en seguir haciéndose de oro con un modelo injusto y perverso y que, en cualquier caso, pertenece a una época que ya pasó. Estamos en 2016 y es una fútil terquedad obcecarse en seguir produciendo y vendiendo como si estuviésemos en 1990, porque la sociedad es radicalmente distinta y por tanto, también lo son sus necesidades e intereses.

    Antes que nada habría que admitir que sí, que quizá, como se apunta en el artículo, la música ha perdido importancia para la gente y ha pasado a jugar un papel más secundario. Entre otras cosas porque, a diferencia de esos años noventa que tanto parece añorar el autor, hoy día la gente común tiene muchas más opciones de evasión y entretenimiento que en la época de los dos canales de TV, la música de la radio y las películas que ponían en el cine… si es que llegaban a tu ciudad. Y gran parte de ellas están en internet, donde uno puede pasar mucho tiempo hablando con amigos (tal vez de otra ciudad o de otro país), buscando información de sus otras aficiones o noticias que no han sido filtradas o manipuladas por los grandes medios o leyendo revistas como esta. Por supuesto, mención aparte merece el sector de los videojuegos, que en aquel entonces estaba en pañales y a día de hoy es la industria que más crece porque es la forma de ocio preferida por gran parte de la gente joven, que siempre ha sido el gran público para la música.

    Pero sobre todo hay que aclarar, antes de nada, de qué música hablamos cuando hablamos de defunciones. El autor deja bastante claro, explícita e implícitamente, que su horizonte musical es más bien estrecho y casi todo lo que dice se refiere a la música mainstream, la que llena estadios de setenta mil personas, vende millones de discos, suena dos mil veces a la semana en las principales emisoras de radio y se mueve con contratos multimillonarios. Pues es posible que esa música, esa forma de negocio esté muriendo sí. Lo que ocurre es que eso no es *la música*. Es un tipo concreto de música y sobre todo, una forma concreta de negocio. Hay vida, muchísima, más allá de U2, Metallica y los Stones.

    Por tanto, dejemos claro que eso de que hoy se hace peor música que hace veinte o treinta años es, sencillamente, mentira. Se hará peor música de la que vende ocho millones de discos y sale en la portada de la Rolling Stone, tal vez; pero la proliferación de hardware y software informático (el auge de la informática, vaya), sumada al ingente aumento del acceso al conocimiento (de otras músicas, de otros artistas, al conocimiento puramente técnico en lo musical, en tareas de producción, etc.) que ha permitido internet, ha originado una democratización nunca antes vista de la creación y la distribución de música. Así que si uno expande un poco sus horizontes, explora más allá de la web de la MTV y busca otro tipo de música, de autores, de géneros, de medios de información o de distribuidores verá que hoy en día se hace más música que nunca (pero de largo) y que entre ella hay, como siempre ha habido, mala, regular y buena. Me atrevo a asegurar que hoy vive de la música mucha más gente que hace treinta años. Pero claro, seguramente es gente que vive con los ingresos de una persona normal, y no en mansiones en Miami y trabajando dos meses al año para pasar los otros diez en fiestas regadas con champán, cocaína y señoritas de moral relajada. Si lo que uno espera de la música no es expresar sus inquietudes sino ser millonario, a lo mejor debería meterse a banquero o a político.

    Es bastante ingenuo, hasta torpe, decir que un artista necesita de una gran discográfica para darse a conocer y hasta para grabar un disco en buenas condiciones. Hoy es más barato que nunca producir un disco y hacerlo con unos altos estándares de calidad. De hecho, en según qué casos y con según qué música, puede uno hacerlo sin salir de su habitación (aunque con cierta inversión, claro, pero nada que sólo sea asumible por una multinacional). Y sin salir de su habitación puede publicitar y vender su música en todo el mundo. Y de esta forma, el poco o mucho dinero que genere será en su mayor parte para el artista, y no para distribuidoras, cadenas de radio e intermediarios-parásitos diversos.

    Internet (la mayor revolución en la comunicación humana desde la imprenta) permite que mucha más gente conozca y escuche muchos más tipos de música y muchos más artistas que cuando todos los canales estaban controlados por una oligarquía. Claro, a los que llenan Wembley los iba a conocer todo el mundo de una u otra forma, en 1990 y en 2030, pero no puede decir lo mismo el modesto autor sin recursos y sin enchufes que puede componer y grabar sus canciones en casa y, desde ahí, llevarla a cualquier parte del mundo. Este autor no podrá pasear en Rolls Royce comiendo caviar a dos carrillos, pero tampoco hubiera podido hacerlo en 1975. De hecho, en aquella época, sus canciones las habrían escuchado sus amigos y su madre y él habría tenido que ganarse la vida trabajando de camarero.

    Pasaré sucintamente por otras falsedades como que con los añejos casettes había que invertir dinero pero lo de ahora es gratis (no sé a usted, pero a mí no me regalan ni el ordenador, ni los discos duros, ni la electricidad, ni las mediocres líneas de internet de España), como la sutil alusión al mito de que bajar una canción es robar (porque cuando yo bajo un archivo de internet, nadie deja de poseerlo por ello, así que usemos propiamente el lenguaje y distingamos robar de copiar; por no mencionar que la inmensísima mayoría de lo que se descarga no iba a ser comprado de todos modos, y de hecho es posible que su única forma de ser vendido es que pueda ser escuchado a priori sin pagar) o como la generosa afirmación de que las grandes discográficas “ya no tienen tanto dinero como antes”, siendo aún poderosos emporios multinacionales y justo después de admitir que unas grandes han absorbido a otras y, con un nombre u otro, controlan dos tercios del negocio.

    En resumen: hoy en día se hace más música que nunca, por parte de más gente que nunca, con unos niveles de excelencia iguales o mejores que nunca, y vive de la música más gente que nunca (repito, para vivir de algo no se necesita una piscina de platino llena de champán). Si algo ha muerto es un modelo de negocio arcaico y cercano al latrocinio, donde ganaban cuatro empresarios y cuatro estrellas y perdían la mayoría de músicos y, por supuesto, el público: es decir, la sociedad. Ninguna pena.

    • En lo único que difiero con este comentario es en el nickname.

      • Bertin, espero que no me borren el comentario por decir que su opinión es de una simpleza impresionante. Podrá ser que actualmente haya más gente ociosa pretendiendo hacer música, o fingiendo que articula música, pero de ahí a que puedan componer obras geniales hay un largo trecho. Me va a decir que hay bandas que igualan a artistas que definieron el rock por antonomasia? Que han creado álbumes o trabajos que superan por mucho la media? No sea usted tan iluso evocando la ‘nostalgia’ de los escribidores que plasman por escrito la decadencia de la industria. Para su conocimiento al principio de todo, se englobó como POP al rock y sus variantes, de esa industria es de la que se está hablando. Habrá un mundo más allá del Rock (que bien muerto que yace algunos ayeres)… Pero seamos serios! Todo el universo musical que usted dice que existe es irrisión o penosa vergüenza, y no sólo hablo del hip hop o del pop actual, hablo de la música alternativa que usted escuchará. Ah bueno, ya le digo, es que para oír música ambiental de elevador!… Cualquier cosa será genial para vuesa merced.

        • Sigue usted enfocando la totalidad del debate en un único género —además, etiquetado de forma más que ambigua: “rock”, con la infinidad de cosas dispares que caben ahí—, y mofándose de lo demás —”gente ociosa pretendiendo hacer música”; “música ambiental de elevador”—. Las dos cosas dejan entrever que usted, de música, sabe más bien poco, y todo lo leyó en revistas que ya están amarillas o lo vio en la televisión en blanco y negro.

          Para mi madre, no hay música como las coplas de principios de siglo; a mi tío no le interesa el cine en color; mi abuelo decía que nunca habría un equipo como el Madrid de Di Stéfano. Es natural, nos pasa a todos, supongo. Se llama nostalgia por los añorados tiempos en que uno era joven y bello y despertaba a la alegría de vivir. Luego uno envejece y le parece que el mundo entero decae al mismo ritmo que el propio cuerpo. Por eso ya había gente hace veinte siglos que decía que el mundo ya no es lo que era. Y hace tres, y en 1900, y en 1970 —cuando las bandas que para usted son el paradigma de la genialidad artística (pero yo rebato: Bach era EL genio, y todo lo que vino después ha sido peor; ¿ve lo que pasa con los juicios de valor?) eran, para los señores que tenían la edad que usted tiene ahora, melenudos sin talento, niñatos aporreando instrumentos—, y en 1995, y sigue habiéndola en 2016, y la seguirá habiendo en 2075 —si no hemos destruido el planeta antes—. Es un fenómeno inherente al ser humano.

          Sin embargo, pese a los señores que dejaron en Mesopotamia los primeros registros de nostálgico conservadurismo, pese a mi abuelo y a mi tío, pese a los que se reían de las pintas de los Clash, pese a usted, pese a todos nosotros, porque a todos nos parece que tuvimos la inmensa fortuna de que nuestra juventud fue una era dorada también para el resto de la Humanidad —¡ya es casualidad!—, pese a todo… el mundo sigue girando. Se sigue haciendo música maravillosa, y cine maravilloso, y literatura, y siguen naciendo grandes deportistas y grandes científicos y grandes filósofos.

          Yo, mientras le concedo a nuestros días la distancia del paso de los años, tan necesaria para valorar con claridad, prefiero no cerrar los ojos ni los oídos a nada, y escucho toda la música que puedo, de todos los géneros, países y épocas. Créame si le digo que abrir la mente y zafarse de los prejuicios lo enriquece mucho a uno. Pero probablemente, cuando peine canas, también me parecerá que todo lo que coincidió con mi juventud era mucho mejor que lo que vino después. Nos pasa a todos.

          • Interesante y lúcido comentario.
            Sólo discrepo en una cuestión: Bach, de acuerdo, pero ¿ y Mozart ? ¿ no es también un genio, y no menor ?

          • Vrabo, Bertín!! Estoy dacuerdo en to lo que dices y lo bien que te explicas! Pero si yo creia queras gilipoyas!!!

          • Haga usted un ejercicio de comprensión de lectura, enfoquese en el tema!. Se está hablando de la “industria” de la música, es tan difícil de entender? Fue un fenómeno bien definido, no hay posibles atajos, si a usted le hablan de la industria del cine que es lo que entiende por definición? Pensaría que se habla del cine que se hace en Malta? No. Sabe que se está hablando de Hollywood por más que le pese. De igual modo el fenómeno del que se está hablando es de la industria de la música asentada (mal que le pese) en EEUU, alimentada por el mercado británico, y en contadas ocasiones por el australiano. Lo capta?. De esa industria se está hablando, no se menciona cuantos álbumes vendió Bach. Se habla del pop que englobaba al Rock ‘n Roll, al R ‘n B, y a infinidad de ritmos afines. En fin, usted convenientemente elude el cuerpo del debate, desviándose en el camino. Nadie ha dicho que la música está muriendo, la industria musical que generaba millones de dólares sí. Pero sí no es capaz de entenderlo, pues mire, yo por la sonrisa de un niño!… Y para su consuelo, déjeme decirle que sigo escuchando gran cantidad de música de diferentes partes del mundo, ahora mismo escucho música escocesa y celta. Pero, acertó!, no es música del Star system! No es música de la ‘INDUSTRIA’. Saludos.

            • Vaya, ahora recula. Vuelva usted a leer su comentario del día 2 a las 20:42. En ese mensaje usted no habla de industra, ni de EEUU, ni de lo que de repente parece que ha vuelto a ser “el cuerpo del debate”. En ese mensaje usted se limitaba a desprestigiar a los músicos que no están en el mainstream (“gente ociosa pretendiendo hacer música”) y a mofarse de los géneros que no son de su gusto, los que quedan fuera de esa santísima trinidad pop-r’n’r-r’n’b que parece cubrir la totalidad de su horizonte musical (“irrisión o penosa vergüenza”, “música ambiental de elevador”). En ese mensaje, que era al que yo respondía, usted no sólo queda en ridículo exhibiendo una ignorancia supina y un nulo respeto por lo que no conoce, sino que además se pierde dando palos de ciego con sus pueriles especulaciones sobre lo que cree que yo escucho.
              Ahora, súbitamente, el único tema que a usted le preocupa es de “la industria asentada en EEUU”. Por un lado, celebro que se dé cuenta de la metedura de pata que he referido en el anterior párrafo; por otro, permítame recordarle que el título del artículo bajo el que estamos discutiendo reza “¿Internet está matando la música? (sí, como era de esperar)”. Por eso, en mis anteriores mensajes, hice hincapié en distinguir música de industria, porque son dos elementos independientes, que pueden retroalimentarse en ocasiones pero cuyo destino no va indisolublemente ligado. O por mejor decir: la industria se podrá morir (y ya expresé mi nulo pesar al respecto anteriormente), pero eso no hará que muera la música, entre otras cosas porque había música miles de años antes de que hubiera industria.

              Además, ni siquiera se puede decir que la única industria musical sea la “asentada en EEUU”. Podrá ser la que más dinero mueve, pero cuando un autor desconocido edita un EP en un sello independiente y vende ochocientas copias, está haciendo funcionar una industria. Comprendo y respeto que para usted los únicos artistas que importen sean los que tienen el salón de casa atestado de discos de platino, y la única industria, la que mueven las dos o tres discográficas con mayor volumen de negocio, pero, de nuevo, le recuerdo que el mundo va muchísimo más allá de lo que uno sabe; sobre todo si lo que uno sabe es tan poco como lo que usted está demostrando aquí. Tiene sentido que aplaudiera usted la tesis del artículo con tanto entusiasmo: tanto usted como el autor confunden no ya música con industria, sino, como usted está recalcando, música con las mayors de la industria y con los superventas. Es decir, para ustedes dos la música son diez o doce artistas.

              Después de este desvío que inició usted burlándose de mi persona (o de la imagen delirante que usted quiso pergeñar en su cabeza de mi persona) y despreciando a un sinfín de artistas y géneros musicales, para luego dar marcha atrás y volver al punto de partida (cosa que, repito, me alegra, porque rectificar es de sabios), le remito a mi primer mensaje, en el que expresé, creo que con meridiana claridad, esa opinión que usted viene a pedirme dos días después sobre el, insisto, ínfimo porcentaje de la música que representa “la industria asentada en EEUU”.

              • Antes que nada, saludos. Veo que usted se encuentra muy a gusto en la galantería y el preciosismo. Pero eso sería tema de otro debate, el cual doy por terminado porque no se con precisión si lo es. Dado que critica con la misma estrechez de miras con la que juzga al autor del escrito que nos ocupa… Y como le inquirió otro opinador, sigo esperando sus recomendaciones, no sé, una obra que iguale o supere Tocata y Fuga de Bach, El Proceso de Kafka, In The Court of The Crimson King, las 5 copas consecutivas de DiStefano (ok, le concedo, detesto el fútbol), por nombrar algunos hitos modernos, en fin, iluminenos en el sendero de la verdad total. Que por las maneras, usted ya las ha perdido.

                • ¿ Una obra que iguale o supere la Tocata de Bach ? D. Giovanni, o La flauta Mágica, ambas de Mozart.
                  Sí le concedo que El proceso, o In the court of the crimson king, son difícilmente superables.

                  • Si después de Bach, Kafka, etc, ya todo es decadencia no sé para qué discutimos tanto. ¡Artistas, rendíos, perdedores! ¡Nunca superaréis esto!

          • En primer lugar, considero necesario extender un aplauso y apretón de manos cordial a «Bertín Osborne» (al igual que el compañero «Luchino», jamás pensé que diría esto); ya no sólo por concordancia en grado extremo con sus opiniones (le pediría matrimonio, pero me debo a la vida), sino por el placer de encontrar, en este vodevil que es internet, textos tan bien redactados.

            En lo que al tema se refiere, como asiduo lector de JotDown, me asombra la ranciedad que transpira este artículo. Y es, sobre todo, por estar incluído en una publicación que ha sabido adaptarse a la evolución social en cuanto a consumo de contenidos se refiere: JotDown debe su posición a internet. Usuarios y engranajes de esta modernidad del 3.0 permiten su status en lo virtual y presencia en lo físico, con esas impresiones periódicas de revistas y monográficos.No ha muerto la prensa escrita, ha muerto su metodología de difusión tradicional, y habéis sabido verlo. Pero en la música no…¿no?

            No discutiré que en cuanto a consumo podría incluirme en la vertiente nostálgica del artículo, pero de ahí a tener la osadía de decir que la música de hoy es peor, o carente de variedad, es pecar de obtuso. Igual lo que da miedo es la INGENTE CANTIDAD de contenido disponible, y el poco tiempo o ganas para explorarlo: mucho mejor que nos proporcionen 4 cosas masticaditas, no vaya a ser que tener criterio o interés proactivo real en algo me quite el «joie-de-vivre».

            Y desde luego el titular es muy tendencioso. Basta echar un ojo a cifras reales en cuanto a ganancias según via de distribución.

            https://docs.google.com/spreadsheets/d/10GaK_83jGXxEwTQsI-q4BK9t70XcTNilyzsyfwYLahw/edit#gid=1344397561

            …y considerar las casillas reservadas a las «Labels», y comparar beneficios del artista con o sin ellas.

            A la vista de estas cifras queda también claro un cambio en el modelo «vivir de la música». Vender 500 discos para tener el sueldo base…o que te reproduzcan 3000 veces. ¿Que te reproduzcan 3000 veces? ¿Con toda la oferta que hay? ¿Sabeis que pasa cuando la oferta aumenta? Que hay que trabajarselo más, ofrecer más calidad para que vayan a ti. Y eso asusta. Exige esfuerzo.

            Por cierto, que dedicarse a la música no es vender discos. Es salir a un escenario y vivir de, por y para la música.

            A ver si nos dejamos de chorradas.

            Que parecéis nuevos.

          • Bertín, le solicito amablemente que mencione algunos de esos artistas que se encuentran en las trincheras de internet y que, según usted, igualan en genio a los grandes músicos populares de décadas anteriores. Quiero comprobar mediante la experiencia las brillantes melodías y rompedoras obras que esos genios el arte desconocidos por el mainstream tienen para ofrecer, a ver si puedo valorarlos como usted, despojado de todo prejuicio. No pido una larga lista, solicito que mencione sólo dos o tres de esos nuevos de artistas surgidos en los últimos años porque no hallé ningún nombre de músico o banda entre sus comentarios, por lo que un ejemplo se me hace necesario. No quisiera confirmar mis sospechas de que en realidad su postura solo son supuestos basados en una fe demasiado optimista sobre los beneficios de internet o una excesiva voluntad en contradecir la opinión del articulo, el cual, quizás, describe bastante bien la realidad.

            • Estimado Charly, amablemente atiendo a tu solicitud y aún pecando de inmodestia, me atrevo a sugerirte algún éxito mío como “Amor, maldito amor”, “Como un vagabundo”, “Detrás del último no va naide” o ” Las desventuras de un botijo en alta mar”.
              De nada.

        • Querido amigo: te acabas de marcar un “ad hominem” de manual.

      • Mas de lo mismo, justificaciones de delincuente. “Lo bajo pero no lo iba a comprar, o sea que no hago daño a nadie”. Como explica el artículo, si, haces daño a todo el mundo. Y si, es robar: Tomar para si lo ajeno. Y no sólo: los derechos de autor que violas alegremente son derechos humanos fundamentales. Tu mismo. Si te bajas una canción te apropias de algo que no es tuyo, de paso violas la ley de propiedad intelectual que requiere que para hacer copias tengas, como es lógico, el permiso del propietario del original. Y si la subes, estás haciendo comunicación publica de la canción, o sea, repartirla sin que medie un soporte físico, que es otro derecho del autor y solo lo puede hacer alguien con su permiso. O sea que abusas y robas. SI te parece bien o mal, es tu problema. Lo único que puedo decirte es que te deseo que te traten a ti como tratas tu a los demás: que se “apropien” de lo tuyo, que no te paguen tu trabajo, etc.

        • Para nada.
          Estamos copiando un producto, no apropiándonos de él, su propietario puede seguir disfrutándolo, y tengo su permiso ( del mismo modo que yo pongo música a disposición de los demás ).
          ¿ Propiedad intelectual ? ¿ Cada vez que me siento en mi silla tengo que pagar al diseñador ?
          ¿ Justicia ? cuando era joven me hacia el siguiente planteamiento: quiero comprarme un disco de X, pero para un joven estudiante como yo, 300 pts. es mucho dinero, me aguanto y no lo compro. ¿ POrqué tengo que hacer un esfuerzo económico para darle el dinero a un señor, el artista X, que de todas formas ya es rico, mucho más que yo ? ¿ no podrían ser mas baratos los LPs ?
          Delincuentes son los grandes empresarios, que pagan salarios de miseria cuando ellos aumentan sus beneficios, o los bancos, ídem mientras deshaucian gente de sus pisos, o el PP, que hace una legislación laboral que empuja a los jóvenes a emigrar.

        • ¿Sabes que es robar? comprar los derechos de una canción a su creador por cuatro perras en 1970, cobrar millones por los vinilos y por cada vez que se ponga en la radio. En 1980 utilizar esa canción de nuevo y volver a enriquecerte sin que el artista vea ni un duro. Por cierto mucho de los que pagarán ahora ya lo hicieron en el pasado. En 1990 edito el CD y vuelvo a cobrar. En 2005 edito el DVD y vuelvo a cobrar y asi hasta el fin de los días….
          Cuando hablas de que se aporpien de los tuyo y no te paguen por tu trabajo, a quien te refieres?a que trabajo?
          a lo autores que firmaron un contrato de larga duración y vieron como otros se enriquecían con su trabajo (por ejemplo Bowie, Prince, Neil Young, los Stones….) y lo que es peor, cortaban su capacidad creativa,cuando en la época de internet se hubierna hecho no más famosos, pero si más ricos.
          O quizás te refieres al pobre aficionado que a lo largo de su vida paga varias veces por el mismo producto en base a una supuesta mejora de calidad del soporte que no podría apreciar ni un murcielago.

    • Amém, amén y amén.
      De acuerdo con todo, excepto con tu nick, a no ser a que se una alusión al tipo de gente que mantiene tésis como la que defiende el artículo….

      • “¿ Propiedad intelectual ? ¿ Cada vez que me siento en mi silla tengo que pagar al diseñador ?”

        Hmmm. si copiaras el diseño y lo pusieras a la venta te demandaría el diseñador, sin duda.

        “Estamos copiando un producto, no apropiándonos de él”

        No; De acuerdo con la legislación, cuando compras un CD de música, lo que estás comprando es un soporte físico que te permite reproducir una obra musical que no es tuya ni lo será. Lo que posees es el CD, no la música que contiene. Es un error bastante común.

        “¿ POrqué tengo que hacer un esfuerzo económico para darle el dinero a un señor, el artista X, que de todas formas ya es rico, mucho más que yo ? ¿ no podrían ser mas baratos los LPs ?”

        Porque hay muchos factores y agentes económicos involucrados en ese CD. Te centras en el artista y es probablemente el que menos pinta en ese proceso: Hay que pagar el estudio de grabación, los técnicos, el márketing, la fábrica que elabora los CDs, los diseñadores de carátulas, la distribución, los impuestos, el porcentaje del minorista. Tu argumento es simplista por cuanto identificas el precio del CD únicamente con el artista. Es lo normal, pensar que cuando un artista da un concierto se sube al escenario, y ya está, que no hay trabajo detrás.

        “Delincuentes son los grandes empresarios, que pagan salarios de miseria cuando ellos aumentan sus beneficios, o los bancos, ídem mientras deshaucian gente de sus pisos, o el PP, ”

        hay muchos tipos de delincuentes, por eso hay una cosita llamado código penal, para tipificarlos todos.

        Por favor, hablemos con rigor.

    • Nunca pensé que llegara a decir esto: estoy de acuerdo con Bertin Osborne.

    • Me suscribo a tus palabras totalmente, nunca mejor dicho. Yo vivi los noventas y pude apreciar que el negocio iba viento en popa, para las disqueras, pero la musica ya iba direccionandose hacia una dinamica de “copiemos lo exitoso y luego produzcamos en masa”. ¿Alguien recuerda la cantidad bestial de clones de Nirvana? ¿Si tan bien fue el negocio para la industria, como es que musicalmente dejó tan poco producto de calidad? Rock alterno, rap y electronica, poco mas…

  8. Ya no va a salir ningún Kurt Cobain, pero de unos años hacia acá han aparecido artistas de gran fama considerados también genios por la prensa: Kendrick Lamarr, Kanye West, Jamie XX, James Blake… Y el camino es parecido: salen de una pequeña discográfica, les ficha una grande y… ¡boom!

    Las discográficas han perdido ojo, sí, pero no estoy seguro de que eso tenga que ver con internet directamente. Quizá no tanto por recortes como porque son ahora más desconfiadas y prefieren arriesgar poco. Me he encontrado con innumerables grupos “indie” diseñados por discográficas, intentando seguir el estilo del momento, que son meras copias.

  9. Efectivamente,el modelo de negocio de la música digital es un auténtico horror que sólo lleva al detrimento de la calidad musical del producto final como también al detrimento del criterio musical o cultura musical puesto que se compran canciones sueltas y nunca álbumes,con lo cual es más difícil que aparezcan verdaderos músicos o bandas perdurables y sólidas,que puedan hacer de la música su medio de vida.En los últimos años se observa que los que han adquirido notoriedad lo han hecho durante un momento determinado para luego desaparecer(SÓLO hace falta hacer memoria de la cantidad de “artistas”desaparecidos en combate)
    Y ahí lo dejo porque hay muchos más daños colaterales que ya algunos sabemos y conocemos de primera mano con esto de los derechos de autor etc
    Saludos

  10. La música que hoy está a la venta suele ser bazofia. Para encontrar buena música y por lo tanto querer conservar un disco y no esto que ahora se lleva tanto de usar y tirar, tienen que cambiar el negocio en el sentido de ofrecernos algo que sea digno.

  11. La mayoría de los comentarios que hay arriba de este me confirman que la gente nunca lee y nada más, sino que leen enojados, indignados, tal como si un simple artículo sobre el cual no comparten ni un punto, fuera la mayor blasfemia jamás escrita en la historia.
    Chill the fuck out~~

    • Verás, eso de lo que te quejas es algo lógico; Ninguna discográfica va a invertir dinero en un producto intelectualmente interesante pero minoritario comercialmente si, por temas de piratería, no van a conseguir un mínimo de ventas necesario para que esa obra les sea rentable. Hablo desde un punto de vista empresarial, como ninguna empresa ofertaría, no sé, caviar selecto, si ese caviar lo pudiera conseguir cualquiera paseando por el campo.

  12. Te felicito Gorgot por tu buen hacer, muy ilustrativo y ameno además de una precisión quirúrgica lo que has bordado al reflejar el actual panorama musical. En lo personal que ya estoy más allá del bien y del mal musicalmente, puesto que me gusta la música clásica y el rock, y en ese sentido no ha habido nada nuevo ni que me emocione. Me alegro que la industria esté tan muerta como mis pulsiones. Me explico, no considero que merezca la pena escuchar hip hop ni la mierda popera que esté en boga. Si así van a ser las cosas en la musica, repito, por mi que se acabe de morir. Invertí una pequeña fortuna en hacerme de los vinilos de los grupos que me gustaban, desde los Beatles, hasta The Who, y así sucesivamente hasta el Heavy Metal ochentero. Con la llegada de los CDs tuve que empezar de nuevo a rearmar mi colección y eso no costó cualquier cosa. Actualmente sigo escuchando a la misma gente que oía hace más de 30 años. Más los que incorporé de última generación: Pixies y Amy Winehouse, los últimos que me emocionaron. Tengo el servicio de spotify y es una maravilla a medias, por ejemplo escucho álbumes que no pude conseguir en su momento: Buffalo Springfield, Semiramis, Jeff Beck (mencionar que sería uno de los 2 artistas que valdría la pena presenciar en directo), etc. Lo decepcionante es que a veces su catálogo deja mucho que desear, no se encuentra “In The Court of The Crimson King” el álbum que empezó todo!!. Honestamente ni Guns ‘n Roses ni Nirvana me gustaron, pero tampoco desaconsejaría su escucha a ningún chaval. Si bien es cierto fue bonito mientras la industria y la calidad musical prevalecieron, me alegro que esté en agonía, no vale la pena seguir alimentando a un monstruo.

    • Comparto parte de tus afirmaciones ( no así las del otro comentario, el de las 20:42 ).
      No sé si la música moderna actual está muerta – ni me importa, para ser sincero – pero no creo que eso sea debido a la piratería.
      Yo, que principalmente oigo clásica, jazz y folk, puedo afirmar que nunca había oído tanta música como ahora, gastándome menos dinero que ahora y mi cultura melómana es ahora mucho mayor.
      Larga vida al emule.

      • Concuerdo en ello, ahora, pasados los 40 años, tengo una cultura musical que cuando era un chaval ni lo soñaba, en ese entonces todo se trataba de atesorar y acumular vinilos y cds. Ahora puedo darme el lujo de escuchar cualquier álbum de Johnny Winter por ejemplo, de Jeff Beck, de Satriani, cuando en su momento habría tenido que vender una riñón para solventar ese gasto. No se diga de música clásica y folk. El Jazz nunca me gustó, sólo Miles Davis. Saludos.

    • totalmente de acuerdo. Yo guardo mis discos de vinilo y los atesoro, Tuve que comprar los cds para poder escucharlos puesto que en algùn momento dejaron de venderse con facilidad los tornamesas y el mìo de autodestruyò de tanto usarlo. Ahora escucho la mùsica en streaming.Ni nirvana ni el otro me gustaron pero que bueno que a los chavos les guste.

  13. Arctic Monkeys

  14. Titular alarmista. Internet no está matando a la música, está matando a la industria discográfica, que es distinto. Música ha habido desde que la humanidad empezó a existir. Y seguirá habiendo.

  15. Artículo lleno de errores y falsedades.

    Para empezar, Napster no estaba basado en el sistema P2P (de ser así, jamás habrían podido cerrarlo): el P2P surgió precisamente como respuesta al cierre del servidor centralizado que era Napster (desde aquí, mil gracias a Metallica y a todo el sistema jurídico americano, que con una sola sentencia dio un impulso tecnológico que habría tardado seguramente mucho más en llegar), lo que obligó a desarrollar una tecnología descentralizada para compartir ficheros, primero con Kazaa, eMule y similares, y finalmente con el perfeccionamiento del sistema de torrents.

    Después, eso de que la calidad musical está bajando desde que llegó la plaga internauta es una percepción muy distorsionada de la realidad: lo que podría llegar a afirmar es que la música que suena por la radio y en circuitos comerciales ha perdido calidad, eso sí, precisamente porque las discográficas no ven útil gastarse las perras en promocionar los nuevos “grupos del momento”. Por mí, perfecto: una de las cosas que ha desaparecido de mi lista de hábitos es la radio musical, absolutamente anclada en la nostalgia ochentera o en el chumba-chumba de hoy día, absolutamente infumable. Yo mismo me conecto a Spotify hasta desde el coche, y no paro de gozar con nuevos descubrimientos que jamás sonarán en Los 40 Principales pero que son auténticas joyas a las que jamás habría podido acceder sin el invento del streaming (verbigracia, esta joya de The Editors que me estoy fusilando mientras escribo estas líneas).

    Porque la gracia de internet es precisamente ésa: que ahora tenemos acceso a millones de opciones que antes teníamos que chuparnos a través del embudo de las multinacionales. Claro, ninguna de ellas llenará estadios ni podrá dejar su trabajo de día para dedicarse a la música, pero si me dan a escoger entre un grupo que trata de exprimir su “talento” enchufándonos sus creaciones por la vía rectal año tras año (¿verdad, U2?) cuando lo más probable es que el mismo se extinguiera allá por el tercer LP, y perlas musicales aisladas y efímeras pero hipervitaminadas con esa calidad que sólo dan los primeros trabajos, me quedo claramente con la segunda opción. Claro, los adolescentes no podrán forrarse las carpetas ni imitar los looks del cantante marketiniano de turno, pero a la larga nuestros sentidos saldrán ganando. Al menos para los que tenemos oídos curiosos.

    En serio, nunca había habido tanta abundancia de calidad musical como ahora. Hay que saber buscarla y encontrarla, eso sí.

    • Donde quieren decir falta de calidad musical se refieren a falta de gusto o cultura musical por parte del consumidor, porque al crítico le gusto mucho mira quien rebuzna, operación truño o pedovision. Grandes ejercicios culturales que hacen imprescindibles cánones, impuestos y derechos para defender “la barbacoa”, “un arroz con abichuelas” o el mismo disco de Maná con otro título. Todo ello Cultura, claramente.

    • Amén, hermano!

  16. En mi opinión la tesis del artículo es correcta, no así el titular.

    Sigo maravillandome con el debate sobre las descargas “ilegales”, sobre todo con los que argumentan que son moralmente lícitas, hay un término en psicología para eso, se llama racionalización.

  17. Ademas de venderse menos , cada vez hay mas cantantes y supuestos cantantes , entre operaciones triunfos , la voz o famosetes que cantan , y encima cuando ves a críos cantando en la tele , los ilusos de los padres creen que se van a hacer de oro ja ja ..

  18. Muy buen artículo, análisis y resumen. Sólo me ha chirriado una referencia: no es cierto que la SGAE imponga un canon con la complicidad del gobierno. Eso es un pacto entre fabricantes de aparatos y soportes de copiado y creadores de contenidos al que se llegó para que se pudieran vender los primeros magnetófonos y luego se aplicó a lo que vino y se transformó en ley. Existe en todas partes, desde el Grundig vs Gema, litigio seminal que debió ocurrir allá por los primeros 60 ¿64, 65? Todos los paises que aplican la convención de Berna de 1886 (todos menos USA y alguno así) lo resolvieron igual. En USA siempre ha habido cánones sobre materiales vírgenes (2%) y copiadoras (3%), y leyes como la Home Audio Recording Act, que exigía la obligatoria incoporacion del SCMS, un sistema de control de copias.
    .
    Yo me atrevería a decir que lo que ha desaparecido son los tipos como Geffen, como Ahmet Ertegun, Sam Phillips, o Norman Granz, Quincy Jones, Spector, Lou Adler, Berry Gordy, Rick Rubin, Joe Boyd, Brian Epstein John Hammond etc. Gente con talento, gusto, capaces de descubrir y lanzar a músicos geniales que se convertían en éxitos globales y que nos han enriquecido la vida a todos. Ahora no los hay, y si lo intentan, no tienen eco, no hay de dónde sacar para mantener la máquina en marcha. Y sin ellos, se para…
    .
    Lo de Youtube merece un artículo aparte. Aprecio poder ver cualquier cosa cuando quiera, pero aquello iba a ser “broadcast yourself” ¿vale? No era copia lo que te da la gana y súbelo a nuestro canal, que te pagamos por las difusiones. Es ganar dinero a costa del trabajo ajeno sin pagar por ello, muy feo. Tengo un amigo productor que ve como su contenido aparece regularmente en Youtube subido por gente que no tiene el derecho, pero que cobra por las visitas, cientos de miles… Y no hay forma de pararlo.

  19. Me intrigan los moralistas (sabiondos y suicidas) de la ilegalidad o ilegitimidad (lo dicen como si fuera lo mismo..) sobre “bajar musica”. La corte europea se pronuncio en mas de una ocasion. No podriamos dejarles el beneficio de la duda y que…algo del tema deben saber…???

  20. tienes una foto de un vinilo en el articulo pero no los mencionas en todo el texto, que yo sepa se estan vendiendo bien…. https://www.youtube.com/watch?v=ykhCv2rdNHo

  21. Como mucho habra acabado con las grandes industrias y multinacionales. Como este articulo dice, se esucha mas musica que nunca y hay mas conciertos. Hoy en dia, la tecnologia e internet permite que casi cualquiera (con un poco de inversion) pueda producirse su propia musica y distribuirla. Si eso es matar la musica…

  22. Pues yo no tengo una opinión formada, pero para hacerlo necesitaría información de partida más clara y no solamente las conclusiones del autor. Por ejemplo, está claro que los ingresos por ventas de CDs se han desplomado desde hace años, pero:

    – ¿Cuál es la cifra de negocio total de las discográficas incluyendo iTunes, Spotify y todos los nuevos ingresos?

    – ¿Se ha descontado el efecto extraordinario que tuvo en los 90 la aparición del CD que hizo que la gente recomprase música en el nuevo formato por la que ya había pagado en el pasado (incluyendo sus derechos de autor)?

    Si se compara la industria discográfica con el cine se debe hacer en condiciones, porque han complementado el derrumbe de los cines con venta de DVDs, Bluray (precisamente la modalidad de venta que se ha desplomado en el sector musical), derechos de TV, etc. Pero el autor parece sugerir que la industria musical necesita exclusivamente la venta del CD para sobrevivir.

    En cuanto a la calidad de los nuevos grupos, no es indicativo de nada porque nada obliga a que la calidad deba mantenerse constante sí o sí. Continuando con el cine, tampoco hay hoy en día un Hitchcock ni un Ford, ni un Howard Hawks, sin que eso suponga que el cine actual no sea interesante a pesar de todo.

    Hay que trabajarse más estos artículos de fondo …

    Saludos.

  23. Vaya payasada, internet mata a la música. O sea que si un fulano asesina a su señora con un cuchillo JAMONERO, la culpa es del cuchillo. Grandísimo periodismo, bueno, buen intento publicitario. Pagar royalties y cánones por “mami que será lo que quiere el negro”, eso sin embargo es Cultura. Ah claro, y esto lo ha escrito un periodista.

  24. Me parece una lástima que aun teniendo esa ventana inmensa llamada internet, el público en general siga escuchando la misma basura comercial una y otra vez y no apague la radio ni la TV.

    Yo hace años que no veo la tele, y apenas escucho la radio, todo lo busco activamente en internet, ya que tengo esa opción de escoger. Aún así, no puede uno abarcarlo todo y es difícil hacer nuevos descubrimientos, pero al menos lo intento…

  25. El autor en el articulo hace referencia a los festivales de música (isla de Wight, 1970)sólo para demostrar el borreguismo de los consumidores. O es un grosero error o es una grosera omisión deliberada.
    ¿Cuantos festivales de música hay hoy día en España y en Europa? ¿Cuantos había en 1990? ¿cuantos grupos tocan en ellos? ¿cuantos grupos sólo en España viven de tocar en ellos?¿cuantos de ellos han podido ser escuchados gracias a internet?.
    Ahora en una semana, escucho más grupos de música diferentes que en 1990 en todo el año. ¿cómo puede ser eso malo para la música?
    La única explicación es que se confunda negocio músical con el negocio de las discográficas, y que lo único importante sea la existencia de grupos musicales capaces de llenar estadios.

  26. Aro, aro… pobrecita la industria que no tiene dinero para grabar decentemente a los nuevos artistas pero sí para quedarse con un amplio porcentaje de sus conciertos en directo.

    Pobrecita también porque en su día rentabilizaron los discos que sacaban en formato LP, luego nos dijeron que había que comprárselo todo en CD (que casualmente valía el doble que el LP) y ahora que lo que mola es volver a tener todo lo que te compraste en CD en LP otra vez (pero ojo, que los LP ahora no valen la mitad que el CD sino que valen… ¡el doble de nuevo!) trirentabilizando discos que deberían vender a poco más de precio de costo por el sencillo hecho de que ya van por dos generaciones de chavales que no tienen el hábito de comprar música… y al precio al que están los discos seguirán sin tenerlo porque ¿para qué se vana a gastar 24 napos en un disco cuando pueden escucharlo gratis y gastarse ese dineral -la paga de un par de semanas mínimo- en ir a un concierto y echarse unas birras con los colegas?

    Pues eso…

  27. La industria discográfica, la grande, empezó a matar el negocio, que no la música, en los años ochenta y sobre todo en los noventa, con sus artistas de usar y tirar, con las cantantes y los cantantes de un par de éxitos comerciales, con las boy bands y las girl bands, y demás “productos”. ¿Cómo? Sencillo. Se dedicaron a sacar esos “productos” musicales, a promocionarlos hasta la saciedad en las radiofórmulas y programas de televisión, para que compraran sus cd’s en masa. Los que compraban esos cd’s estaban interesados en los éxitos de turno. Tal vez un par de temas, con suerte tres o cuatro. Pero el resto del cd, no interesaba. “Educaron” de manera errónea al consumidor. Con la llegada del P2P y demás, aquellos que compraban cd’s en los noventa por un par de canciones se dieron cuenta que podían descargarse esas canciones gratis. Encima, la industria seguía sacando productos musicales, sin ningún valor cultural o artístico. Fue así como empezó todo. El que verdaderamente ama la música se rasca el bolsillo, se compra el cd, el vinilo, la edición deluxe remasterizada y lo que haga falta. Pero claro. Si el precio de ese cd o vinilo ya era desorbitado en los noventa, internet lo puso difícil. Yo me he bajado cd’s. Ya no lo hago. La música en streaming o en cd, que se puede encontrar a un buen precio ahora, y no antes. Todavía me resulta increíble pasarme por la cada vez más pequeña sección de discos de cadenas como El Corte Inglés y encontrarme con precios totalmente fuera de lugar. 20 o 25 euros por un disco. Y sabiendo que la mayoría de ese dinero no va a parar a sus autores, menos ganas tengo de comprar un cd.

  28. Lo de que las multinacionales son y han sido rastreras en su manera de actuar, creo que no hay duda. Las afirmaciones de: “me encanta la música, por eso no voy a pagar por ella, tengo derecho a disfrutarla” me parece una jodida hipocresía.
    Los músicos que tienen un público al que hacen disfrutar tienen derecho a vivir de su trabajo. No quiero buenos artistas que no lleguen a fin de mes bajo la teoría de que ahora de la música no se puede vivir.
    Un creador talentoso del que disfrutamos su trabajo merece dinero por ello y tiempo para seguir creando. Esta manera despectiva que tenemos de tratar los oficios creativos en pos de “mi derecho a la cultura” o ” ahora lo puede hacer desde casa cualquiera” me parece un tipo de discurso increiblemente egoísta y con un total desconocimiento de lo duro de estos oficios.
    Melómanos sin ningún amor por sus músicos…muy bien.

  29. Lo mejor del artículo son las aportaciones de Bertín Osbourne!! ¿en tu casa o en la mía?

  30. Genial artículo. Me ha parecido un análisis muy preciso sobre la situación de la industria musical. Más allá de que las discográficas, como cualquier ente de poder en este mundo, han abusado, abusan y abusarán de su posición, cosa absolutamente deleznable y criticable, me hace mucha gracia la gente que justifica moralmente la piratería porque las discográficas son malos muy malos. Y como ellos sí, pues yo más. Esto es como montarme un genocidio pero que no llegue a 50 millones. Entonces siempre podré decir: si conio, pero habiendo un Hitler a mí no me mires… Patética moralina insensata.

  31. Creo que en el artículo hay un error importante (o por lo menos tiene un enfoque muy cerrado) y es en lo referente a conciertos.
    Salvo los conciertos de grandes bandas, artistas de moda con un aparato de promo brutal o la escena indie ¿Cuales son los bolos que funcionan?
    Puedes hablar de la escena Garage, Soul, Blues, Jazz, Hip Hop, Punk, Reggae, Powerpop ¿Quienes viven de los bolos?
    Cada vez hay menos público y la media de edad es de 30 para arriba.
    Si vives en Madrid y vas a bolos en Rock Palace, Gruta 77, Fun House, Wurlitzer…Sabes de lo que hablo, verlos llenos es mas que raro por eso las bandas festejamos “sold outs” de 100 personas.

    Luego respecto a los discos, tambien tienen margenes ínfimos. Una tirada de 500 singles en vinilo genera de ganancia lo mismo que cuesta hacerlos. Osea, tienes que poner 1500€ (redondeando) para ganar 1500€ cuando hayas vendido los 500 (hasta el 2011 se vendian mas facil, hoy cuesta un huevo sacarlos, los que los sacan en un año son casos muy contados)
    Los LPs dejan algo mas, pero tambien la diferencia entre inversión y la ganancia es para pensarselo…Todo esto sin sumar jamas el coste de la grabacion (en un estudio serio o de horas en casa) o un viaje al luthier para el mantenimiento normal de un instrumento,
    A mi lo que pesa con las multis me importa mas bien poco. Lo que hablo lo digo desde mi realidad de músico independiente que toca todo lo que puede y se esfuerza por salir adelante en lugares donde cada vez es mas dificil encontrar comprension. Internet no es gratis.

    He escrito esto con intencion de esclarecer algunos puntos desde mi experiencia y lo que veo todos los días en mi entorno. No es mi intencion ofender a nadie, en modo alguno.

    Saludos

  32. Una nota basada en una simple falacia, lo que se esta matando no es la Música, es el negocio de las discográficas PUNTO.

    Por otro lado la calidad de la música no depende de las ganancias de las discográficas, ese punto es iirebatible.

    Quizá lo que se afecte son la produccion de esos psueo artistas sin talento que se les llena de luces, para vender todo un monton de mercadería generada a su alrededor.

    la música como arte no se afecta con internet, y ojalá desaparezcan las discográficas.

  33. jeje, me encanta que se hunda la industría discográfica. Ahora casi tienen que pagar por que les escuchen, pues claro. Y después ganarse la vida atocando en vivo y dar gracias. Jeje, me encanta que se hundan. Soy un músico profesional viejo que vivió la llegada del disco y vi cómo miles de músicos que tocaban en salas de fiestas se fueron a tomarporculo porque lo moderno era poner un disco. Entonces nadie lloró por esos músicos que eran viejos, antiguos, casposos, no modernos y no inglis…La juventud divina se avergonzaba de ellos. Internet nos ha vengado. No lloréis: a tocar como los viejos músicos, apelarse el culo tocando que es muy bueno. Y gracias !!

    • ¿A pelarse el culo tocándolo? Pero ¿cómo, rascándoselo? ¿Y dice que es muy bueno…? No entiendo nada.

  34. Es interesante la reflexión que propone el artículo y el debate que genera. Ahora bien, como se ha dicho en anteriores comentarios, el título no es el adecuado para lo que después sigue. ¿Adecuado para generar atención? Quizás.
    Considero que la parte más interesante es donde se dice eso de “Internet, además de cambiar la comercialización de la música, ha canalizado las ansias juveniles hacia otras vías (redes sociales, videojuegos, etc.), y por lo tanto la música ha dejado de ser el gran escape, el lugar donde buscar una identidad propia, el vehículo de grandes explosiones generacionales.” Que es muy distinto que “matar la música” claro.
    Y creo que esa oración pone de manifiesto algo muy discutible como la calidad de antes y la “falta de calidad” de ahora. Porque por la misma vía se podría hablar de los Shakespeare, Cervantes o Proust, o los Hitchcock, Murnau o Bergman y veríamos que no es sólo una cuestión de los Beatles, Bach o Nirvana.
    Mucha de esta gente fueron iniciadores de un estilo a la vez que geniales, otro debate sería el de si “ya está todo inventado”. El caso es que en esas épocas existía un número menor de creadores, o al menos era menor el número de los que se daban a conocer, y por lo tanto también los canales de distribución. De ahí que sea normal que en la memoria colectiva se hayan impreso de manera indeleble estos nombres. Hoy existen tantos miles que es muy difícil que puedan causar el mismo impacto y perdurar, algo que no pasa solo con la música sino con la mayoría de actividades que hacemos cada día. Poca atención y multiplicidad de tareas.
    Todo lo cual, personalmente, intento escuchar en mi día a día no solo “lo pasado” sino también “lo presente”. Y sí, hay muchas cosas que no son de gran calidad porque es lógico que sea así si todo el mundo va a poder ponerse a grabar algo. Pero también hay muchas cosas buenas. Siempre hay, claro, años mejores que otros. Como se dijo por ahí también, está en uno hacer la búsqueda y elegir qué escuchar, ya que hoy es posible: ahí está youtube o spotify, sí, y también soundcloud, pitchfork (para enterarse) y recomendaría también, ya que se hablaba de radios, la muy interesante http://www.kexp.org de Seattle.

  35. Para empezar internet no es para TODOS, es solo para los que puedan pagar la banda ancha. Movistar (y todas las otras) cobran por el servicio que te permite llegar a los contenidos culturales, no es GRATIS.
    Luego poneis en el Facebook que no permitis que utilicen la foto de vuestro cumple sin autorización pero cuando alguien defiende los derechos de una creación que además de realizarla, ha invertido dinero en grabar y en editar, pues nada soltais cuatro tontunadas de las puertas para el campo o que si Sabina es millonario.

  36. Horror! Horror! El papiro está matando la industria del adobe!

  37. Sin duda lo mejor del articulo son los comentarios de B. Osborne.

  38. Por añadir algo, aparte de felicitar a Bertín por su muy lúcida contestación al autor del artículo, a fuerza de leer la palabra “piratería” no menos de cinco veces, me gustaría que Emilio de Gorgot supiera que la Ley de Propiedad Intelectual, a la hora de concebirse, situó como principal bien a proteger a la sociedad y no a los autores. Esa es la razón por la que, hasta la reforma de septiembre pasado, ha existido la copia privada, para facultarle al usuario acceder a las obras audiovisuales de forma gratuita sin necesidad de ser el propietario del original de la obra. Y esto lleva ocurriendo desde hace décadas. La promoción y difusión de la cultura tiene rango constitucional y ello se refleja en la LPI. El interés de toda una sociedad está situado por encima del de los creadores, colectivo mucho más pequeño, y, pese a que, obviamente, vela también porque estos reciban una adecuada remuneración que les impulse a seguir creando, no han sido ellos nunca el objeto principal de protección. Cuando Emilio habla de piratería está haciendo lo mismo que la poderosa industria, gobierno y medios de comunicación afines, esto es, criminalizar la actividad perfectamente legal que está realizando una persona al descargarse un disco de internet, así que hablemos, primero, con propiedad, y, segundo, con el merecido respeto que merece la gente.

    En este sentido, no hubiera estado de más, ya que tanto se crítica al público y a internet, ya desde el título del artículo, de toda esta debacle, hacer mención a las auténticas aberraciones legale llevadas a cabo por la Comisión Sinde que, desde el Ministerio de Cultura nada menos, decidió ponerla en marcha persiguiendo usuarios y webs que no hacían otra cosa que cumpliar la ley, fruto de lo cual todas las sentencias que se produjeron en este sentido fueron, o bien sobreseídas, o absolutorias. Industria y gobierno van a una en esto. Y la primera, anclada en un negocio caduco desde hace años, está pagando las consecuencias de su propia ineptitud a la hora de adaptarse a los nuevos tiempos. Plataformas como la mencionada Spotify se está demostrando que funciona, pues crece cada día más a medida que más gente está dispuesta a pagar su suscripción. Y es que ahí está la clave, en no tomar al público por tonto, en no pretender que pague 9 o 10 € por 50 mb de música carentes de formato físico, ni artwork. No hay más que echar un vistazo a las iniciativas que están teniendo en otros países más avispados relativas a todo tipo de bien cultural susceptible de ser digitalizado, ya sea música, cine o libros. Servicios como Netflix y similares están creciendo y por la misma razón que ocurre con Spotify, porque al consumidor le compensa el pago a cambio de lo que obtiene. No lo hace, desde luego, pagar 8,5 € por entrada de cine, como tampoco pagar 9 o 10 € por un ebook. Esas cifras no se dan en esos otros países, y se nota, pues la gente paga y, con ello, las descargas disminuyen, los datos están al alcance de cualquiera para poder constatarlo. El problema, por tanto, no es internet, sino adaptar el negocio a él, cosa que aquí no se está haciendo en absoluto. Si algún día ocurre el milagro de que las nuevas plataformas que están funcionando fuera de nuestras fronteras, así como sus políticas de precios, se adapten a los tiempos actuales, sin pedirte prácticamente lo mismo por los bienes físicos que por un montón de megas, el consumidor, la gente, también dejará de ser un problema. Esa gente, nosotros, hemos sido durante décadas el bien principal a proteger por la LPI, cuyo único reto es tratar de incentivar a los creadores mediante un canon que sea justo y no como el que se estableció aquí, excesivamente extensivo y declarado ilegal por la justicia europea en 2010 y que, muy presumiblemente, volverá a ocurrirle lo mismo al considerar la abogacía general de la UE que el gobierno no está cumpliendo con proporcionar una compensación equitativa por el perjuicio sufrido por los titulares de derechos que, es importante dejar claro, es el derivado del uso de la copia privada y no el de las copias que la ley establece como ilegales. Y no lo está haciendo porque está cargando en los presupuestos generales del estado, a priori, unas cantidades que aún no se han sido determinadas.

    • Muy bien, Natxo y Bertín. Unas ciertas precisiones jurídicas no venían mal. El calificativo “pirata” se usa con una alegría vergonzosa. Ni somos piratas, ni ladrones, ni delincuentes, ni violadores, ni genocidas. Ya habíamos tenido que aguantar que se nos culpara de la crisis de la industria discográfica y de la pérdida de millones de puestos de trabajo, y ahora encima resulta que tambien somos culpables de que la música que se hace sea de peor calidad. Lo que, además, es falso. El colmo. El automóvil acabó con las caballerizas. Las máquinas han echado a un montón de gente a la calle. Esto sucede una y otra vez, se llama progreso y no es tan bonito como lo pintan. Tiene sus daños y sus víctimas. ¿Nos hacemos todos luditas?

    • Plas, plas, plas. Poco más que añadir.

    • Muy de acuerdo con DAVID y Natxo (gracias por contribuir a desacreditar el mito del pirata con argumentos objetivos y puramente legales, aunque me temo que ya ha calado tanto que será muy difícil de erradicar).

      Recuperando una sección llamada Ética periodística de aquel viejo programa de Caiga quien caiga, yo me atrevería a sugerir, siempre desde la humildad, un ttulo que considero más ajustado a la realidad: “La industria discográfica ve reducidos sus beneficios por no saber adaptarse a la sociedad del siglo XXI”. Porque si de lo que se trata es de remar junto a mayors y gobiernos en la campaña difamadora de criminalización de la sociedad, podríamos dejarnos de zarandajas y titular directamente: “Los jóvenes de ahora son unos ladrones y además quieren asesinar a Alejandro Sanz, Lady Gaga y Bono, ante la pasividad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”.

      El capitalismo funciona (entre otras bases que no vienen a cuento) diciéndole al consumidor lo que tiene que comprar. Nos gusta lo que la publicidad nos dice que tiene que gustarnos. *Gracias* a internet, la industria cultural ha tenido la suerte o la desgracia de ser uno de los pocos sectores donde la gente ha podido, en mayor o menor medida y con más o menos esfuerzo y curiosidad, elegir por sí misma. Y los gigantes de la industria, después de décadas acomodados en su política ya rutinaria y sumamente lucrativa de, como el resto de empresas de cualquier sector, ser ellos los que decidan, en función de su propio interés, qué le gusta al público, se han visto incapaces (y también obstinadamente reacios, claro) de evolucionar al mismo ritmo que sus consumidores. Pero los legisladores, que al fin y al cabo trabajan para las multinacionales, están haciendo todo lo posible por echarles una mano, coadyuvando en esa campaña, que dura ya décadas, de criminalización de la sociedad; se pretende que, en lugar de ser el empresario quien adapte su negocio a las necesidades de la sociedad, sea esta la que adapte sus necesidades y sus hábitos a los intereses de los empresarios. De locos.

      Como ya he dicho, internet ha dotado de numerosas herramientas a los músicos y artistas en general, que hoy tienen a su alcance un público mayor que nunca. Hoy es, por una parte, más fácil que nunca vivir de la música, porque un artista no depende de una gran discográfica, como antes; pero por otra, lamentablemente, ese mismo fenómeno ha hecho aumentar exponencialmente la competencia. Hay que tener mucho talento, perseverancia y suerte (o enchufe, como siempre ha pasado y pasará en todas partes). Por tanto, ser músico es una profesión dura, ingrata, y donde lo pasa peor mucha más gente de la que triunfa. Como cualquier otra profesión. Bienvenidos al mundo.

      • Pues yo no soy joven y sí tengo ganas de asesinar a A. Sanz y a L. Gaga, debe ser que los piratas que nos descartamos música y peliculas también tenemos instintos asesinos.

  39. No se venden discos, no hay público en los conciertos, la venta por internet no deja apenas nada de ganancia. Salvo un sector muy reducido, nadie puede ser profesional….
    ¿Para que vas a invertir en sacar un disco, grabarlo bien, etc, si la percepción social es de que no tiene ningún valor?

    Es un horror la banalidad con la que algunos dicen “es el progreso, que se jodan”.

    • De todos esos males no tienen la culpa los internautas que descargan libre y legalmente, sí, legalmente. Nunca ha sido fácil ser profesional de nada. Siempre hay un montón de hienas meténdonos la mano en el bolsillo para aprovecharse de nuestro trabajo, pero apuntad bien al enemigo porque os están engañando una vez más. Amigos, el progreso, sí, el progreso es cruel, tiránico, y no se apiada de nadie. Y además no tiene vuelta atrás.

      • El tema es que si no se genera dinero de ningun lado no merece la pena invertirlo…la gran mayoria de los musicos estamos condenados a que estos sea un hobbie, algo para 4 días.

        No apunto a nadie como enemigo, te pregunto ¿Como se soluciona? ¿De donde se genera el dinero para seguir funcionando si los discos no se venden, los conciertos estan vacios, si el valor socio-cultural de lo que hacemos es cada vez menor”?

        Te aclaro que no soy ningun tiburon de la industria, ni de la sgae, ni nada que ver, soy un musico que toca bastante en el circuito underground y se autoedita sus discos.

        • Efectivamente ser artista nunca ha sido fácil y hoy pintan bastos, y no sólo para los músicos. Pero, ¿qui prodest? ¿Quién se beneficia de esta situación? ¿Las empresas de telecomunicaciones, Youtube, Google…? Hay que ir donde está el dinero. ¿Quién se atreve? Pasa lo mismo con todo. Los presupuestos del Estado se nutren del esfuerzo de los pequeños y medios contribuyentes y los grandes se escapan. Ahora bien, si la música está perdiendo valor sociocultural, como tú dices, (yo no lo creo), entonces el problema es más serio.

          • David, el 90% de los musicos ha tenido siempre una vida muy complicada. Ahora es un locurón de flipar,
            Como no va a perder valor cultural? si los bolos estan vacios, la mayoría del público es mayor de 30 años y las bandas tardan 3 años en vender tiradas de 500 unidades 2 años (se realizan menos copias de un disco que de una maqueta en casete hace 15 años)

            Un abrazo y te deseo que nunca jamas te veas en la posición de tener 35 años y tener que abandonar (o dejar como pasatiempo) lo que has estudiado desde los 15 años y has escogido como medio de vida por el “progreso” (va sin ninguna segunda ni rin-tin-tín)

            • Nacho: Te comprendo mejor de lo que te imaginas porque tengo un familiar cercano de parecida edad en una situación similar, dando clases para poder subsistir malamente en vez de dedicarse de pleno a componer, tocar y publicar. Te deseo lo mejor en estos tiempos tan ingratos.

            • Ah! Y en cuanto al “progreso”, me afecta como al que más. Tan es así que es muy posible que el trabajo que ahora desempeño lo haga dentro de poco un robot. No te digo más.

  40. Siempre que leo algo acerca del daño que ha hecho internet a la industria musical y a los artistas en general echo en falta que se diga también lo que ha contribuido a elevar el nivel cultural de la población. Yo lo reconozco, soy un “pirata”, tengo en el disco duro centenares de películas y series, miles de archivos de música, miles de libros y artículos… Si hubiera tenido que pagar por ello no tendría ni una centésima parte. Internet me ha servido para elevar de manera brutal mi nivel cultural y por lo tanto para ser mejor persona y más feliz. ¿No consiste en eso la educación? Internet a democratizado la cultura, ha permitido acceder a ella a los no económicamente privilegiados. ¿Que eso perjudica a la industria cultural y a determinados creadores? Es una pena, pero los beneficios que aporta a la sociedad lo compensa con creces. También cuando apareció la imprenta el gremio de copistas se debió quedar sin trabajo…

    (Por cierto, a la carpeta donde almaceno música la sigo llamando “Napster”.)

    • Si no se lucra usted económicamente no es un pirata. Por mucho que lo repitan no nos van a convencer. Los piratas de verdad ya sabemos todos dónde están.

    • Completamente de acuerdo. Gracias a internet, tengo acceso a muchas más peliculas, músicas, e información que antes, y a precio mucho más reducido ( mi presupuesto no dá para comprar todo eso ). Elevar nuestro nivel cultural, el de toda la población, es un bien infinitamente más deseable que los beneficios de la industria discográfica. Lo siento ( o tal vez no, pero eso es igual ) por ellos, pero no hay vuelta atrás.

      • Luchino, los 50€ que se le pagan a Movistar o similares para tener adsl es un precio mejor que comprar un LP de un grupo independiente por 15€. El tema es que en la opcion “internet” no se esta pagando ninguno de los costes que ha acarreado generar el contenido.

        Es algo similar a que compres una camisa de un diseñador local, fabricada en españa o te compres por el mismo dinero 5 fabricadas en paises donde no hay derechos laborales.

        • Y aclaro una cosa, no digo que este mal lo que haces ni que nadie sea un delincuente.

          El problema es que no veo en el horizonte una solución para la subsistencia de los músicos si no se genera dinero con los discos o con los conciertos.

          Saludos!

  41. Los que están muertos, según mi opinión, son los discos, ¿quién escucha actualmente un disco entero? Si no es para seleccionar los temas que mas te gustan y se hacer una playlist, y en mi caso no es de ahora, desde los tiempos del k7 a los cds, me compraba el disco seleccionaba el tema o los temas que mas me gustaban del grupos y los gravaba, para escuchar en el radio cassette o reproductor de cds, o para pasarlo a los colegas, poniendo con rotulador la temática de la selección, los mismo con la aparición de los Ipods, y ahora sigo haciendo lo mismo con Spotify, hoy mismo he escuchado un nuevo disco que acaba de publicar un grupo y de el he seleccionado dos canciones y las he guardado en una playlist, como puedo hacer al escuchar un tema en la radio, o donde sea, y si no sabes de quien es la canción y como se titula para eso esta Shazam. A la hora de escuchar la música por ejemplo de las playlist (mas de 500 canciones la que mas tiene) lo suelos hacer en modo aleatorio. No se como lo podía hacer antes con cassettes de 45 min por cara, o cds de hasta 90 minutos.

    • Yo soy un diplodocus: no me gusta la música “desmaterializada” y escucho los discos enteros, aunque sean bajados de la red. Necesito el soporte, lo físico, qué le voy a hacer: estoy en vías de extinción.

      • Aquí otro saurio y orgulloso de serlo: el disco, ahora CD y antes Lp, en muchos casos, es una obra unitaria que conviene escuchar entera, no solo una parte, es un todo, no una suma de partes. No es un trozo de mortadela del que puedas comer una rodaja y dejar lo demás.

    • Los discos-concepto, que se prodigaban mucho antes, por ejemplo The Wall de Pink Floyd, no surtían el mismo efecto en el oyente si no era escuchándolo entero; solo de esa manera surgía una emoción, que al fin y al cabo, de eso es lo que trata la música. Hay muchos ejemplos, sólo tienes que probar a hacerlo, te encantará.

  42. Je Je, En los 70´s y 80´s tambien estabamos tiesos, parados, sin un duro y habia que escuchar musica ..Quien no se “bajó” alguna vez alguna que otra colección en El Corte, Galerias, Simago ..que poco en el mundo está el comentarista, todavia están los contables de los grandes almacenes cuadrando cuentas..

  43. A mi me da que Bertin es un sibarita de la musica encubierto. O un músico o un pinchadiscos como Segurola u otro mayor que sabe de todos los palos.

  44. Yo reconozco que en sus tiempos cada fin de semana caían dos o tres CDs mientras que ahora no compro ni en físico ni en digital en parte porque no puedo permitírmelo pero también porque reconozco que la oferta me ha acabado abrumando. Si decidiera comprar música es que no sabría ni por dónde empezar, estuve un tiempo desconectado y los grupos nuevos que van saliendo o no sé ni quién son o hacen una música que directamente no entiendo.

    • Hace muchos años, cuando yo era pequeño, a mi hermano mayor le enviaban el boletín de Discoplay a casa, y un día, hartos de ver siempre los mismos discos y de no encontrar aquellos que nos hubiera gustado comprar, mi hermano me hizo una predicción que a la larga se reveló profética: no te preocupes, me dijo, algún día llegará al buzón el Discoplay en el que estarán todos los discos que nos apetecen. Ese día llegó: no en forma de boletín con hoja de pedido, sino en forma de descargas digitales directamente al disco duro de nuestro ordenador. Y entonces descubrimos que lo que pensábamos sería un paraíso en realidad era casi una maldición de oferta ilimitada. Pasó lo mismo con el cine. No hay vida para ver, escuchar y leer tantas cosas. Se pasó la época en que comprabas un disco y lo pinchabas una y otra vez casi hasta quemarlo. Hemos tenido que volver a disfrutar de unas pocas cosas escogidas y olvidarnos de querer abarcarlo todo.

      • Me identifico en gran medida con lo que dices.
        Como, sin duda, no hay tiempo para ver, leer y escuchar la inacabable oferta cultural actual, se trata de seleccionar, escoger muy bien ( sé que no es fácil, por supuesto ).
        Tener unas fuentes fiables y críticas donde buscar pistas, y a partir de ahí seleccionar lo que nos parezca mas interesante. En cine y libros yo las tengo, en música no tanto, pero como la música actual no me interesa gran cosa, no lo hecho de menos: intenta oir, interesarte y bucear en la música clásica, la ópera, o el jazz de los 50-60, te aseguro que tienes miles de horas de cosas que merece la pena escuchar.

  45. Dejé pasar el primero, pero considero ya necesario aclarar que los comentarios del 4-3 a las 10:26 y del 5-3 a las 21:36 no son míos. Si no se usa para autentificar el usuario, ¿para qué quiere Jot Down el email que me exige antes de comentar? ¿Sólo para venderlo a empresas de marketing online? En vista de esta poca seriedad y fiabilidad, hago aquí mi último comentario, porque además mi opinión ha quedado clara y no veo sentido a enfrascarse en estériles disputas.

    No voy a entrar en ridículas y pueriles guerras de nombres, porque no he venido a demostrar que lo que a mí me gusta es mejor que lo que le gusta a los demás. No me interesa eso y sería caer en un juego inútil e inacabable, en el que sólo ganaría el que no tiene argumentos para debatir: el que primero quería hablar de que la música ya no es lo que era, luego de que la única música que interesa es la que lidera las listas de ventas, y más tarde ni de lo uno ni de lo otro, sino de qué me gusta a mí, para centrar la discusión en la persona y no en sus ideas, y supongo que para descalificar esas preferencias desde el desconocimiento. Precisamente cuando cité a Bach no fue con el estúpido ánimo de aparentar mejor gusto que nadie, sino para probar lo inservible en una discusión seria de “argumentos” basados en los criterios estéticos estrictamente subjetivos, para poner el foco en la cuestión general, no en los ejemplos.

    Saludos a todos.

  46. Es lamentable que se diga “me dan igual los músicos, internet a democratizado la cultura”. Cualquiera puede entender que la industria musical ha cambiado, pero joder, estaría bien debatir sistemas alternativos para que los creadores vivan de un trabajo del que disfrutamos y no estás posiciones egoístas que algunos/as defendéis aquí. Sois consumidores no amantes de la música, el rollito de que la cultura ahora es de todos y los creadores culturales que se ganen el pan con otros trabajos es una mierda absoluta, el talento se paga y punto. Hay que buscar soluciones , no infravalorar el trabajo de la gente apelando al “progreso”.

    • El talento puede pagarse sin necesidad de suprimir los derechos de quienes legítimamente se descargan música de la red. Si quien así actúa es un melómano o un mero consumidor sin criterio es indiferente al caso. ¿Sistemas alternativos para que los creadores vivan de su trabajo? Muy bien. ¿Que no todo el mundo puede vivir de su presunto talento y tiene que trabajar en otras cosas?, pues normal. ¿O no les parece a ustedes que en España hay demasiados “artistas”?

  47. Yo oí en una entrevista decir a David Coverdale que hoy en día gana mas dinero que en 1985,por aquello de que grabar un disco es mucho mas barato hoy que en aquella época y que no se hacían giras por Perú,Colombia,Bulgaria o Rumania(por latinoamericana y Europa de el este,resumiendo)…ahora bien,¿que hace como 20 años que no sale una escena o grupo de realmente peso generacional?…desde luego,aunque no se si fue primero el huevo o la gallina. El caso es que yo era un orgulloso coleccionista de música en cd(en este formato porque fue la época que me toco vivir,aunque en mi edad mas tierna compraba cintas de cassette)y hoy,y hablo como consumidor,ya no le veo sentido. Aquel ritual para mi de total éxtasis,de ir a una tienda de discos con dinero calentito y dispuesto a quemarlo en rock n´roll(alguien recuerda que muchos libretos de cd de algunas bandas nacionales de poco renombre no era sino una hoja que hacia de portada,totalmente blanca por detrás??)dejo de tener sentido cuando la era internet apareció,y sea justo o no,que eso no lo debato,me siento tonto cuando compro un cd hoy en día…de todas maneras si un día me topo con Lady Gaga por la calle prometo darte una propina que se la ve,que pasa muchas muchas miserias….

  48. La música no es la industria musical.
    La industria musical no son las discográficas de siempre.
    Las discográficas de siempre no son la música.
    Chau chau.

  49. Pingback: En las redes, el intermediario está bien vivo: el caso de la música – emartibd

  50. Artistas como Radiohead (poniendo su disco en descarga digital a precio “la voluntad”) o artistas como el Chojin y su crowfunding de Energía están marcando el camino… Qué curioso, sin las grandes discográficas.

    ¿Que sin las grandes discográficas no se tiene acceso a medios técnicos de calidad? Díganselo a Miracle of Sound, y su enorme calidad técnica de sonido.

    ¿Youtube es un arma de doble filo, engañosa? Que se lo digan a Malukah, Taylor Davis y otras artistas de Internet y sus apabullantes millones de visitas en sus vídeos. ¿Conocía alguien a Luc Arbesson hasta que alguien empezó a subir a Youtube vídeos de cuando cantaba en la calle?

    ¿No es suficiente? Prueben a ver algo de Postmodern Jukebox en su canal oficial de Youtube, quizá de lo mejor que le ha pasado a la música en el siglo XXI, fuera de estilos minoritarios.

    Internet está matando a la música… Sí, mis cojones.

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