Vive deprisa y muere de forma extraña - Jot Down Cultural Magazine

Vive deprisa y muere de forma extraña

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Bon Scott con Angus Young. Foto: EMI.

Bon Scott con Angus Young. Foto: EMI.

Ya sabemos que la historia del rock está repleta de muertes prematuras y trágicas, pero muchas de ellas apenas sorprenden porque fueron el producto del estilo de vida propio de los músicos —sobredosis, intoxicaciones etílicas, etc.— o porque se debieron a causas que pueden afectar a cualquiera, como los accidentes de tráfico, de aviación, las enfermedades, incluso los asesinatos. Pero no acaba ahí la cosa. En el mundillo ha habido otros fallecimientos bastante más chocantes, por lo fortuito, por lo surrealista o por lo estúpido. Muertes que pudieron evitarse fácilmente o que llegaron de la manera más peregrina en el momento menos conveniente.

Esta peculiar tradición empezó en el momento mismo del nacimiento del rock & roll, con la canción que hizo estallar la fiebre, «Rock Around the Clock», de Bill Haley & The Comets. Quién no recuerda el magnífico solo grabado por el guitarrista de los Comets, Danny Cedrone; un solo tan bueno que de hecho lo repescaron de una canción anterior en donde también había tocado él. La clase de solo que en los años cincuenta podía convertirte en una leyenda. Pues bien, en junio de 1954, apenas tres meses después de haber grabado «Rock Around the Clock», Cedrone abandonó este mundo de la manera más peregrina imaginable: fue a un restaurante donde vendían comida para llevar, hizo su pedido, lo cogió y cuando se disponía a marcharse, tropezó en las escaleras de la salida, cayó y se rompió el cuello. Murió al instante. Así, Danny Cedrone se convirtió en el primer mártir oficial de la historia del rock. Por entonces, «Rock Around the Clock» todavía no era un éxito, pero ocho meses más tarde apareció en una película y explotó, generando un fenómeno musical y sociológico a nivel mundial. El pobre Cedrone, cuyo solo empezaron a descubrir millones y millones de personas, nunca llegó a ver cómo en 1955 se convertía en el guitarrista más escuchado del planeta.

No fueron aquellas las únicas escaleras asesinas. Recordarán, si no el nombre, sí la mágica voz de Sandy Denny, inmortalizada gracias a Led Zeppelin y el dueto «Battle of Evermore». Alcohólica y politoxicómana, Sandy parecía una candidata a dejar este mundo por sobredosis o cirrosis. Estaba tan loca que bebió y esnifó toneladas de cocaína durante el embarazo de su hijo, al que una vez nacido se dejaba olvidado en los bares de tan borracha como terminaba. Sin embargo, no fueron las sustancias las que acabaron con ella. En 1978 cayó por unas escaleras y se golpeó la cabeza contra el suelo. Pudo levantarse, pero durante los siguientes días empezó a sufrir fuertes dolores de cabeza que amortiguaba con sus habituales festines de bebida y drogas diversas. La examinó un médico, que al parecer desconocía su caótico estilo de vida y fue lo bastante negligente como para no averiguarlo; para aliviar el dolor, le recetó unos analgésicos que eran incompatibles con la bebida, lo cual ayudó a que su comportamiento fuese incluso más aberrante que de costumbre. Su marido, que ya debía de estar harto desde tiempo atrás, decidió marcharse a otro país sin decirle nada (llevándose a su hijo, por cuya vida temía). Ella siguió estando cada vez más embotada por el cruce entre analgésicos y alcohol, lo cual impidió que volviese para que la examinaran de nuevo, ya que su estado estaba empeorando. Finalmente se desplomó en casa de una amiga: estaba en coma y ya no despertó. Una hemorragia interna había estado presionando su cerebro durante dos semanas, pero había estado siempre tan drogada que nadie había sospechado que el empeoramiento de su conducta se debía a que el cráneo se le estaba llenando de sangre.

Sandy Denny. Foto: Island Records.

Sandy Denny. Foto: Island Records.

Ignorar los golpes en la cabeza es peligroso, incluso para los más duros rockeros. En 1972, Berry Oackley, bajista de Allman Brothers Band, estampó su motocicleta contra un autobús. Después se puso en pie, le dijo a todo el mundo que estaba bien y se marchó a casa. Tres horas después tuvieron que llevarle al hospital porque estaba delirando y padeciendo fuertes dolores de cabeza. Los médicos ya no pudieron hacer nada y una hemorragia cerebral acabó con su vida, aunque insistieron en que podía haberse salvado si hubiese acudido al hospital justo después del accidente. Lo más chocante es que un año antes y apenas a tres manzanas de distancia su mejor amigo y fundador del grupo, Duane Allman, había muerto tras chocar su Harley contra un camión, muriendo horas después en el hospital y también por causa de las graves lesiones internas. El que Berry Oackley desdeñase ayuda médica con semejante precedente fue algo muy estúpido, pero desde luego demuestra que era un tipo con mentalidad de cowboy. Igualmente inexplicable fue la muerte de Stiv Bators. En 1990, el músico de Dead Boys y Lords of the New Church estaba de vacaciones en París junto a su novia; mientras paseaba por la ciudad fue atropellado por un taxi. Aunque no mostraba grandes heridas, acudió de inmediato a un hospital. Dado que parecía encontrarse bien, el personal de urgencias le retuvo varias horas en la sala de espera. Finalmente, cansado de aguardar allí sentado sin que nadie le atendiese, Bators se marchó a su hotel y se acostó. Murió mientras dormía a causa de una hemorragia cerebral. Eso sí, el que sucediese en París hizo que fuese posible cumplir su deseo, expresado por él mismo en diversas ocasiones, de que sus cenizas fuesen esparcidas sobre la tumba de Jim Morrison. Fue su novia la que cumplió aquella última voluntad, no sin antes reservarse un poco de ceniza para ella, la cual esnifó para «estar más cerca de él». Encantador.

No siempre son las trampas arquitectónicas o los vehículos el peor enemigo del músico, sino sus propios instrumentos. El rock funciona con energía eléctrica y, aunque los materiales suelen estar preparados para evitar sorpresas, nunca se puede descartar que suceda un accidente desagradable. La probabilidad es muy pequeña, pero es un gaje del oficio. El propio Keith Richards estuvo a punto de morir durante una gira estadounidense en 1965. En un momento se escuchó un ruido seco parecido a un disparo y todos le vieron salir disparado hacia atrás («literalmente volando», diría el promotor, que lo estaba viendo desde muy cerca) y caer de espaldas sobre el escenario, inconsciente. Aunque al principio creyeron que había sido un atentado, no tardaron en descubrir que se había electrocutado, aunque en su caso le aplicaron primeros auxilios y pudieron salvarle la vida. Una profesión con sus riesgos, como ven. Menos suerte tuvieron otros. En 1972, la magnífica banda Stone the Crows estaba en pleno ascenso hacia el éxito —compartían mánager nada menos que con Led Zeppelin—, liderados por el guitarrista Les Harvey, un tipo con mucho talento. Pues bien, durante uno de sus conciertos estaba lloviendo con tanta intensidad que el escenario se llenó de charcos. Muchas bandas han actuado en condiciones parecidas, pero aquel día hubo mala suerte: por culpa de un micrófono que no tenía una correcta toma de tierra, se creó una corriente eléctrica a través de la guitarra de Les Harvey, quien empezó a electrocutarse ante más de un millar de espectadores mientras un técnico intentaba sin éxito desenchufar el instrumento.

Momento en que Keith Richards es electrocutado por su guitarra. Sobrevivió, probablemente gracias al calzado, pero otros tuvieron menos suerte foto DP

Momento en que Keith Richards es electrocutado por su guitarra. Sobrevivió, probablemente gracias al calzado, pero otros tuvieron menos suerte. Imagen: DP.

Algo parecido le sucedió a Keith Relf, antiguo cantante de los Yardbirds y fundador de Renaissance, aquella banda de rock progresivo con tintes melódicos que había formado con su hermana. Un mal día de 1976 estaba ensayando en el sótano de su casa, con la guitarra colgando, cuando también sufrió un choque eléctrico por culpa de una mala toma de tierra. Aquello lo mató al instante. Exactamente lo mismo le sucedió a John Rostill, bajista de los legendarios The Shadows: había quedado con su compañero de banda Bruce Welch para grabar algunos temas en el estudio que tenía en su casa. Mientras esperaba, Rostill se puso a tocar la guitarra. Cuando Welch llegó y llamó a la puerta del estudio, nadie contestaba. Él y la esposa de Rostill intentaron entrar por todos los medios. Finalmente, tras forzar la puerta, encontraron su cadáver. Había sido electrocutado por su guitarra. Hablando de electricidad, todavía más inexplicable, por estúpida, fue la muerte del legendario cantante francés Claude François; sí, el que compuso «Comme d’habitude», cuya versión en inglés, «My Way», fue inmortalizada por Frank Sinatra. Pues bien, un día cualquiera de 1978 François estaba duchándose tranquilamente en su casa, cuando, según se deduce, vio que la lámpara del techo estaba torcida… e intentó ponerla en su sitio. Se pueden imaginar el resultado de tan infortunada ocurrencia: no salió con vida de aquella ducha. Tenía treinta y nueve años.

Las armas de fuego también matan a los músicos, aunque por lo general se trata de homicidio (como en los casos de John LennonSam CookeMarvin Gaye o Dimebag Darrell) o de un suicidio premeditado (como en el caso de Kurt Cobain). Y ya sabemos de la tendencia de los metaleros nórdicos a aniquilarse entre ellos. Los casos de Lennon y Darrell fueron obra de perturbados, pero los de Gaye y Cooke parecieron concebidos por un malévolo guionista. Marvin Gaye tuvo un final especialmente triste a causa del tétrico trasfondo familiar. Todo sucedió en 1984. Su padre era un hombre muy agresivo que le había maltratado durante la infancia. Convertido ya en estrella, no pudo evitar dejar salir toda esa amargura cuando al interponerse en una discusión entre sus progenitores, que estaban con él en su casa, terminó dándole una buena paliza a su propio padre. Marvin estaba fuera de sí, como vengándose de todo lo que le había hecho pasar durante sus años más jóvenes. Cuando se hubo desahogado, se marchó a su habitación. Pero ahí no terminó la cosa: instantes después, su padre volvió a aparecer, aunque esta vez con una pistola. No dijo absolutamente nada —la madre de Marvin estaba presente— y se limitó a disparar a su propio hijo en el pecho. La primera bala derribó a Marvin, causándole la muerte de manera instantánea, ya que le atravesó el corazón. Una historia terrible.

También increíble fue la muerte de Sam Cooke, sucedida veinte años antes, en 1964. Durante mucho tiempo permaneció rodeada de misterio; de hecho aún hoy se sigue discutiendo qué sucedió, porque los únicos testimonios al respecto son los de la homicida y una mujer de pasado dudoso. La versión oficial era esta: Cooke, que tenía treinta y tres años, ocupó una habitación de motel junto a una chica llamada Elisa Boyer. Al tiempo, ella salió huyendo de la habitación (según su versión, porque Cooke la había secuestrado y la quería forzar). Sam Cooke, medio desnudo, apareció en la recepción y exigió a la encargada, llamada Bertha Franklin, que le dijese dónde se había escondido la chica. Franklin, pensando que la chica había huido porque estaba en peligro, se negó. Según ella, Cooke estaba fuera de sí y la trató casi con violencia, agarrándola de manera agresiva, ante lo cual ella sacó una pistola para defenderse. Apretó el gatillo. Ella misma recordó que las últimas palabras de Cooke fueron «Señora, me ha disparado» («Lady, you shot me»). El problema con esta versión es que mucha gente se negó a creer los testimonios de ambas mujeres, sobre todo el de Elisa Boyer. La chica había sido presentada formalmente a Sam Cooke por amigos comunes, detalle que después prefirió olvidar aunque a los presentes les pareció obvio que ella estaba interesada —los conocidos de Cooke estaban acostumbrados a sus dotes de conquistador—; además fue Boyer quien pidió al cantante que la llevase a casa. A partir de ahí, nada está claro. Según ella, Cooke iba conduciendo y se desvió del camino, llevándola a un motel por la fuerza con la intención de violarla. Esto chocaba con otros testimonios, porque cuando Cooke hizo el check in, registrándose con su propio nombre, ella fue vista esperando en el automóvil sin hacer ademán alguno de querer escapar o gritar. También era extraño el hecho de que hubiese huido de la habitación llevándose sus propias ropas, pero también las de Cooke, que había ido al cuarto de baño. Muchos sospecharon que quería robar al cantante; para complicar más el asunto, tres meses después del homicidio la policía arrestó a Boyer por ejercer la prostitución, lo cual despertaba nuevas dudas sobre la relación que había existido entre ambos aquella noche. Para colmo, la propia Bertha Franklin resultó tener un historial criminal importante, incluyendo proxenetismo.

El misterio se volvió todavía más enrevesado —si cabe— cuando la famosa Etta James, que estuvo en el funeral de Cooke, dudó en público de la versión oficial, porque según ella el cadáver de Cooke mostraba señales de mucha violencia, como si hubiese sufrido una tremebunda paliza, algo que no aparecía en el relato oficial. Esto dio pie a hipótesis de todo tipo, algunas sensatas, pero otras más conspiranoicas, como aquella según la cual el mánager de Cooke, Allen Klein, habría tramado su muerte para lucrarse porque los derechos de su música le corresponderían a él. En fin, no tengo espacio aquí para añadir todos los detalles, que son muchos, pero comprobarán que el asunto es digno de una novela negra. La verdadera respuesta al enigma es algo que seguramente nunca sabremos, pero desde luego las circunstancias fueron de lo más aberrante.

Siguiendo con las armas de fuego, a veces lo que mata es la insensatez de sus dueños. Una de las muertes más estúpidas de la historia del rock fue la de Terry Kath, primer guitarrista de la exitosa banda Chicago. Era un músico de mucho prestigio; baste decir que, según contaba el saxofonista de Chicago, Jimi Hendrix se les acercó después de un concierto diciendo: «Hola, soy Jimi Hendrix, os he estado viendo y creo que vuestro guitarrista es mejor que yo». Bien, no creo que Kath fuese mejor que Hendrix, pero desde luego era un fantástico guitarrista sin cuya aportación no podrían concebirse canciones tan impresionantes como «25 or 6 to 4» (¡esos solos!). En su vida personal era un tipo excesivo, que consumía muchas drogas y bebía mucho alcohol, pero no era eso lo que más preocupaba en su entorno, sino su afición por las armas de fuego. Solía llevar consigo varias pistolas y se decía que alguna vez había jugado a la ruleta rusa. Tenía tal confianza sobre su manejo de las armas que una noche de 1978, tras una fiesta, empezó a bromear con sus compañeros poniéndose un revólver en la cabeza y apretando el gatillo. Para horror de todos lo hizo varias veces, aunque no pasó nada porque no había balas en el tambor. Ante el comprensible espanto de los presentes, Kath cogió otra pistola —una automática— dispuesto a repetir el numerito. Todos protestaron, pero Kath les mostró que el cargador no tenía munición. Después se puso el arma en la sien y volvió a apretar el gatillo. ¿El problema? No se había dado cuenta de que todavía había una bala en la recámara. Murió al instante. Tenía treinta y un años.

Mama Cass Elliot. Foto: RCA Records.

Mama Cass Elliot. Foto: RCA Records.

Vayamos con los ahogamientos. Para empezar, un dato curioso: el más famoso de todos (al menos hasta que Jeff Buckley fue tragado por la corriente mientras se adentraba cantando a voces en las aguas de un río) ¡nunca se produjo! Quizá recuerden la leyenda que rodeó a Cass Elliot, «Mama Cass», cantante del legendario cuarteto vocal The Mamas & The Papas. Cuando falleció empezó a correr el rumor de que se había atragantado con un bocado de sandwich de jamón, pero esto fue una habladuría de mal gusto relacionada con su sobrepeso. En realidad murió mientras dormía por un ataque cardíaco (que sí estaba relacionado con su obesidad, de todos modos, ya que era demasiado joven). Por cierto, en la misma habitación murió cuatro años después el batería de The WhoKeith Moon, a la misma edad de treinta y dos años. En su caso se debió a una sobredosis accidental de barbitúricos, pero lo llamativo es que el cenizo de Harry Nilsson —aquel cantante melódico que tuvo tanto éxito en los setenta— creía que la vivienda estaba maldita y había advertido a Moon que corría peligro quedándose allí (el líder de The Who, Pete Townshend, se tomó la supersticiosa advertencia a cachondeo y le intentó tranquilizar diciendo que «un rayo nunca cae dos veces en el mismo sitio»). Sin embargo terminó sucediendo la tragedia, así que podemos decir que Keith Moon murió gafado por Harry Nilsson. Siempre lo dije: ¡hay algo maléfico en torno al maldito Nilsson! Pero bueno, volvamos a lo de los ahogamientos: si bien Mama Cass no murió atragantada, sí fue eso lo que le pasó a Steve Peregrin Took, antiguo compañero de Marc Bolan en el dúo Tyrannosaurus Rex. Un día de 1980 estaba con su novia bebiendo y drogándose, cuando por accidente se tragó la cereza de un cóctel. La cereza se le atascó en la tráquea y al parecer su novia no sabía practicar la maniobra Heimlich, por lo que el desdichado Took se asfixió hasta morir. Lo curioso es que la autopsia reveló grandes cantidades de heroína en su sangre, pero ¡era la cereza lo que le había matado!

Asfixiado murió también el cantante de AC/DC, el gran Bon Scott. Quizá hayan oído decir muchas veces que se ahogó con su propio vómito, algo que puede producirse sobre todo cuando una persona está inconsciente por culpa de alguna droga o del exceso de bebida; eso precisamente le había sucedido a Jimi Hendrix, al menos según la versión oficial. Sin embargo, la muerte de Bon fue incluso más estúpida. Es verdad que cuando murió estaba inconsciente tras una larga noche de borrachera, pero lo suyo pudo haberse evitado incluso con más facilidad: un amigo lo había acostado en el asiento trasero de un coche para llevarlo a su casa, aunque al llegar no encontraba las llaves y salió para ver cómo se las arreglaba. Entre tanto, Bon seguía recostado en el asiento, en tan mala postura que su cuello se le dobló hasta impedir que pasara el aire. Como estaba tan borracho no pudo reaccionar; cuando su amigo lo encontró, tenía el cuello amoratado y llevaba muerto varios minutos. Una terrible negligencia. Aunque más embarazoso fue el caso de Michael Hutchence, cantante de INXS, cuyo ahogamiento tuvo tintes escabrosos. Aficionado al «autoestrangulamiento erótico», práctica que al parecer aumenta el placer durante la masturbación y a la que algunas personas se enganchan más de la cuenta (llámenme anticuado, pero no estoy muy dispuesto a hacer el experimento, ¡me gusta más respirar!), estaba masturbándose mientras se colgaba del techo con su propio cinturón. El asunto se le fue de las manos y terminó ahorcándose accidentalmente. La misma manera en que moriría después el actor David Carradine. Ya saben, ¡no jueguen con sus cinturones!

Más ahogados. El famoso Dennis Wilson, miembro de los Beach Boys, murió como corresponde a la leyenda de su banda, en el agua del mar. Eso sí, lo hizo a su manera. Desde finales de los setenta su existencia se había tornado caótica por culpa de las drogas y la bebida; en uno de sus arranques de insensatez alcohólica llegó a arrojar varios objetos valiosos desde su yate, y todos ellos se hundieron en el puerto deportivo donde lo tenía amarrado. Como verán, un tipo centrado. Pues bien, fue de mal en peor, perdió también el yate y su decadencia fue tal que llegó a vagabundear sin hogar, habiéndose gastado fortunas en cocaína y sobreviviendo gracias a sus amigos. En 1983, cuando tenía treinta y nueve años, se la pasaba entrando en hospitales para rehabilitarse, aunque solían darle el «alta voluntaria» al poco tiempo cuando armaba alguna trifulca (vamos, que no podían con él y le echaban a patadas). Su última noche la pasó en el yate de un amigo; tras haber bebido durante horas, decidió de repente que quería recuperar aquellos objetos que había tirado por la borda tiempo atrás, una ocurrencia que hizo reír a los presentes, acostumbrados a sus salidas de tono. Pero él iba en serio. Todavía muy borracho, se sumergió en las aguas del puerto deportivo para bucear en busca de sus tesoros personales. En principio no temieron por él, ya que era buen nadador (¡él había sido el único surfero de los Beach Boys! El resto eran más bien de secano). Así que cuando no le veían reaparecer creyeron que les estaba gastando una de sus típicas bromas y que habría emergido en alguna otra parte. Sin embargo, pasaron los minutos y empezaron a preocuparse. Finalmente acudieron buceadores de socorro y encontraron el cadáver de Dennis Wilson, que se había ahogado justo debajo del embarcadero mientras buscaba sus tesoros.

También relacionada con los barcos, aunque bastante más heroica, fue la muerte de la cantante Kirsty MacColl. Estaba de vacaciones en México, enseñando a su familia a practicar una de sus aficiones favoritas, el buceo. Durante todo el día observaban peces, corales y demás, pasándolo en grande. Hasta que de repente un bote fueraborda apareció a toda velocidad, directo hacia el hijo de Kirsty. Ella reaccionó al instante y, nadando a la desesperada, consiguió llegar a tiempo para apartar al niño de la trayectoria de la embarcación. Sin embargo, no pudo evitar que el barco sí la golpease a ella, matándola en el acto. ¿Lo más irónico? Aquel barco pertenecía a un magnate local —dueño de una cadena de supermercados— que se libró de la acusación por homicidio imprudente, desviando las culpas a uno de sus empleados (quien terminó yendo a la cárcel en solitario). Este suceso, por cierto, recuerda al fallecimiento de Johnny Burnette en 1964. Famoso por interpretar la inmortal «You’re Sixteen», era muy aficionado a pescar en un amplio lago, al que solía sacar su pequeño barco durante las noches. Como su pequeña embarcación tenía una iluminación muy débil, fue arrollado por un crucero cuyos tripulantes no se habían percatado de su presencia. Hasta la plácida actividad de pescar es peligrosa para los rockeros.

Hablemos de sustancias, pero no de las sospechosas habituales como las drogas o el alcohol, sino de las empleadas en el también plácido mundo de la jardinería. El batería Jeff Porcaro, que alcanzó el éxito con la banda Toto, estaba arreglando el jardín de casa con vistas a celebrar una barbacoa que ya había anunciado a todos sus amigos. Mientras fumigaba las plantas se sintió repentinamente enfermo y su estado empeoró tan rápidamente que no se le pudo salvar la vida. La autopsia mostró que sufría una muy avanzada arteriosclerosis, algo insólito para alguien de treinta y ocho años. Como era músico, los encargados del informe policial se calentaron poco la cabeza y dictaminaron que el estado de su sistema circulatorio y el consiguiente ataque al corazón se debían al abuso de cocaína. Sin embargo, todos los que conocían a Jeff Porcaro negaron rotundamente esa posibilidad. Especialmente sus compañeros de grupo, quienes afirmaban con insistencia que Jeff había sido siempre el más prudente respecto a las drogas. Al final, la explicación apuntó a una extraña y fortuita combinación de factores. La causa primaria parecía ser el envenenamiento por pesticida, pero, aunque usaba unos llamados organofosfatos que al parecer son bastante tóxicos, no tenían por qué provocar una muerte tan rápida con un empleo normal como el que se hace en un jardín. La cosa empeoró porque al parecer era alérgico a los mismos. Para colmo, su arteriosclerosis prematura y un corazón débil se debían a motivos genéticos (resultó que dos tíos suyos habían muerto por ataque cardíaco con solamente cuarenta años de edad). El pobre Jeff Porcaro, pues, tenía todas las papeletas para morir a causa de los pesticidas desde el momento en que se dispuso a fumigar, pero no había tenido forma de saberlo. Mala suerte.

Judge Dread. Foto: Trojan Records.

Judge Dread. Foto: Trojan Records.

Hablando de mala suerte, el músico británico de ska Judge Dread sufrió un infarto durante un concierto. Del que quizá pudo haber salido vivo en otras circunstancias, pero no tenía salvación tal y como sucedió todo. En serio, si no fuese tan trágico, parecería el guion de una comedia negra. Para empezar, cuando en mitad del concierto sus fans lo vieron gesticular y ponerse de rodillas sobre el escenario pensaron que se trataba de parte del espectáculo, pero en realidad ya estaba sufriendo el infarto, así que el pobre hombre empezó a agonizar entre las risas y aplausos de la concurrencia. Finalmente, un médico que estaba entre el público se dio cuenta de que no fingía, y subió al escenario para intentar reanimar a Dread, que ya se había desplomado. Llamaron a una ambulancia. Cuando llegó, sacaron a Dread en camilla y lo metieron en la parte trasera, conectándole a los aparatos de emergencia. Pero cuando el conductor trató de arrancar, ¡el motor había dejado de responder! Ante la desesperación del personal médico, los propios seguidores del cantante empujaron la ambulancia para ver si arrancaba, o, en caso negativo, intentar acercarla hasta el hospital más cercano. La escena se volvió todavía más surrealista cuando unos avispados policías de la zona —para quienes el público de un concierto de rock debía de resultar indistinguible de una horda de hotentotes— vieron a una pequeña multitud empujando un vehículo y trataron de detenerles, ¡bajo la acusación de que estaban intentando robarlo! Con semejante confusión a su alrededor, apenas sorprende que el pobre Judge Dread no lograse sobrevivir. Pero, si hablamos de mala suerte en estado puro, hay que citar a Mike Edwards. Su nombre no es muy conocido, pero ya había llegado a lo más alto del negocio tocando el chelo para la Electric Light Orchestra cuando de repente se convirtió a una religión oriental y decidió que las bambalinas ya no eran para él. Se puso el exótico nombre de Swami Deva Pramada, y, aunque siguió tocando y enseñando música, lo hizo de manera más modesta, despegado del mundanal ruido, viviendo en comunas y llevando una existencia espiritual. Terminó retirándose al campo, donde era feliz rodeado de granjas y naturaleza. Todo muy bonito y muy zen, como podemos ver. Lástima que el universo no sea tan zen. Un día, mientras conducía su furgoneta por un camino rural, sucedió algo en una colina que bordeaba la carretera unos metros más adelante: una bala de heno que estaba en lo alto empezó a rodar colina abajo. El destino quiso que llegase al camino justo en el momento en que Edwards pasaba con su furgoneta. Si es usted urbanita, puede que el concepto «bala de heno» le suene poco aterrador, pero teniendo en cuenta que pesaba casi seiscientos kilos y estaba bajando a toda velocidad, podemos decir que era el equivalente de varios rinocerontes. Y claro, cuando golpeó el lateral de la furgoneta, el pobre Mike Edwards, que había llevado una existencia tan pacífica, murió aplastado por uno de los símbolos más reconocibles de la bucólica vida en la campiña. Como suele decirse: karma is a bitch.

34 comentarios

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  2. En este artículo falta un ejemplo patrio que ocurrió no hace mucho: el fallecimiento de Carlos Rivolta, bajista del grupo catalán Dusminguet, electrocutado en medio de un concierto en México.

    http://elpais.com/diario/2002/04/30/espectaculos/1020117604_850215.html

  3. Añado uno más, la muerte de Rino Gaetano, cantante italiano muy conocido y que, tras sufrir un accidente de tráfico, rechazaron atenderle en 6 hospitales hasta que, de camino al siguiente más próximo, murió en el coche. Curiosamente había conseguido salir con vida 2 días antes de otro accidente. El destino!

  4. Otro ahogamiento curioso: Billy Murcia (primer batería de NY Dolls, si no recuerdo mal): Se puso de Mandrax hasta las patas en una fiesta, perdió el conocimiento y a los genios que estaban allí se les ocurrió meterle en una bañera llena de agua para que reaccionase. Resultado: se hundió hasta el fondo.

    • Al menos intentaron algo, que en los hospitales no siempre ocurre. Pero sí, hay que ser muy burro para dejar a una persona inconsciente en una bañera. Ya puestos, por qué no meterlo en la jaula de los leones del zoo, a ver si despierta del susto.

  5. Emilio de Gorgot, no hay con tu firma ni un mal artículo.

    Ni siquiera mediocre.

    Bravo.

    • Buen artículo sí que lo es, pero sería mejor aún sin la manía o afán que tienen algunos -como el de este artículo- de que nos enteremos de sus preferencias o pensamientos personales. A qué viene sino esta frase que no aporta nada, más bien lo estropea, y mucho: “Aficionado al «autoestrangulamiento erótico», práctica que al parecer aumenta el placer durante la masturbación y a la que algunas personas se enganchan más de la cuenta (llámenme anticuado, pero no estoy muy dispuesto a hacer el experimento, ¡me gusta más respirar!), “.

      ¿Se cree acaso el autor que a los lectores nos importa una mierda su vida personal? Está escribiendo sobre otros, no sobre sus experiencias o preferencias.

  6. Michael Hutchence se suicidió a secas: On 6 February 1998, after an autopsy and coronial inquest, New South Wales State Coroner, Derrick Hand, presented his report which ruled that Hutchence’s death was a suicide while depressed and under the influence of alcohol and other drugs. Fuente: Wikipedia

    Así que no fue como menciona el articulo. No hubo autoestrangulamiento erótico.

    • Eso fue la version “oficial”, pero fue la novia quien poco después levanto la liebre diciendo que se había auto asfixiado. Se ve que para ella era importante que se supiera que no era un suicidio… me acuerdo como si fuera ayer porque fue la primera vez que escuche hablar del tema. La novia que aqui en UK era famosilla y de ahi que fuera todo carne de tabloides.

      • Ya, pero la novia no le hizo la autopsia :) , y uno ya sabe lo que pasa con los chismorreos, que se distorsiona la realidad, como pasa con la versión que da este artículo.

  7. Excelente artículo.

  8. El artículo es estupendo, pero no estoy nada de acuerdo con llamar “gafe” a Harry Nilsson. ¡Joder, si advirtió a Keith Moon sobre el lugar porque la de Mamas and the Papas había clavado la guampa allí! A ese hombre lo que había que hacerle desde ese momento es caso. En todo lo que diga/dijera (no sé si aún está entre nosotros).

  9. Mis elogios a Emilio. Qué nivel de artículos los suyos. Un placer para los ojos

  10. Me ha sorprendido no encontrar la muy conocida muerte de Cliff Burton, el genial bajista original de Metallica: El autobus en el que iban de gira derrapa y da vueltas de campana, pero nadie resulta herido de gravedad…excepto el bueno de Cliff, que fue despedido por una ventana con tan mala suerte de que el autobús le aterrizó encima en la última vuelta de campana, aplastándole de cintura para arriba. Pánico a una muerte ridícula, que diría Def Con Dos

  11. Michael Hutchence se suicidó, todo por culpa de Bob Geldof y la mala mujer con la que estaba en esos años, ¿cómo explicáis si no la carta que le dejó escrita a su hija?
    Sus amigos y compañeros de INXS sabían que no lo estaba pasando muy bien esos últimos meses.
    Todos tenemos malos momentos en esta vida, y lo malo es que él no supo esperar a recomponerse.

  12. Cuenta David Gilmour que en los 70 probaban la existencia de posibles malas conexiones a tierra separando las manos de las guitarras y rozando al mismo tiempo las cuerdas contra el pie del micro. En una ocasión que lo hizo Roger Waters , del fogonazo le saltaron las cuerdas del bajo. Quizás ese día se libró de aparecer en este artículo.

  13. Recuerdo haber leido de pequeño, y no puedo dar mas detalles, es una cosa que leí hace muchos muchos años.

    Estaban montando un concierto de 2 cantantes españolas, tal que Rocio Jurado y otra similar. Estaban probando los equipos de ambas bandas de musica a la vez, y en esto que un técnico que llevaba un micro de una en una mano dio la mano a otro técnico que llevaba el micro de la otra. Ambos equipos estaban conectados a diferentes tierras y al darse la mano paso una corriente importante que fulmino a los 2. No recuerdo el desenlace, si se recuperaron o murieron en el acto.

  14. Creo necesario añadir a la lista al gran Jerry Fuchs (34 años), batería del grupo Maserati (y, ocasionalmente, de LCD Soundsystem) que se mató al tratar de salir de un ascensor averiado. Una gran pérdida, sin lugar a dudas.

    https://en.wikipedia.org/wiki/Jerry_Fuchs

    https://www.youtube.com/watch?v=4PDIAWIfW-4

  15. En el apartado de muertes heroicas por ahogamiento también se podría incluir la del gran guitarrista de Spirit, Randy California, que murió ahogado en el mar después de salvar a dos niños.

    Gran artículo!

  16. Corrijo: no se ahogó salvando a dos niños, sino a su propio hijo.

  17. La paloma decapitada por Ozzy en aquella reunión de jerifaltes de la industria, un fallecimiento, absurdo e innecesario.

  18. Y el fallecimiento de Pol Makarni, que también fue bastante absurdo, si no se hubiera peleado con Jhon aquella noche…

  19. Buen artículo pero hay que hacer una precisión al archimencionado caso de Bon Scott, ya que lo que se cuenta de que murió por asfixia por quedar su cuello en mala posición no deja de ser una versión actualizada de que murió ahogado en su propio vómito.
    La realidad es distinta pero más o menos igual de prosaica o de estúpida que lo arriba mencionado: como bien se dice, Bon salió de farra con un amigo y se pilló el coma etílico que para entonces ya era casi de rigor cada vez que se ponía a beber, es decir, a diario o casi. Como su amigo estaba casi tan tranca como él, el amigo lo dejó durmiendo la mona en el coche. ¿Qué ocurre? Que estamos en Londres en pleno mes de febrero, es decir, que la temperatura nocturna fácilmente cae a apenas unos pocos grados por encima de cero. Y hay que recordar que el alcohol es un vasodilatador, es decir, que a la sensación de calor inicial que todos conocemos bien cuando tomamos un trago de ron o de whisky, sigue al poco rato una sensación de frío mayor que el que teníamos antes justo porque el alcohol ha hecho que perdamos mucho calor corporal. Así que ahí tenemos al bueno de Bon perdiendo calor corporal a marchas forzadas por estar en como etílico y con una temperatura exterior de quizás 3 grados sobre cero. Y un coche está hecho de metal, es decir, que en cuanto hace frío, si no pones la calefacción, un coche es una nevera.
    Además, en contra de lo que se comenta en el artículo, el amigo de Bon no volvió al cabo de un rato sino al cabo de unas cuantas horas de dormir la mona. Como vio que Bon no había entrado en la casa, se fue al coche y allí vio que no se movía. Trató de reanimarlo pero, claro, ya era tarde. Los servicios de urgencias sólo pudieron certificar su defunción y en ningún momento en la autopsia se habla de asfixia sino de parada cardiorespiratoria, es decir, que Bon Scott murió de hipotermia, lo cual explica, de paso, el color que tenía cuando lo encontró el amigo.
    Todo esto y más cosas medio raras que rodearon los días posteriores a la muerte de Bon Scott las cuenta muy bien Clinton Walker en su excelente “Highway to Hell: The Life and Death of AC/DC Legend Bon Scott”. Por cosas medio raras me refiero a qué pasó con el cuaderno en el que Bon iba escribiendo las letras de sus canciones (se dice que alguien sin identificar entró en su casa y se lo llevó) o el hecho de que el propio Bon, hablando por esas fechas o poca antes con sus amigos, dijera que el siguiente álbum de la banda iba a llamarse… “Back to Black” (¿a qué me suena ese título?), todo lo cual entroncaría con lo que pasó meses después con la entrada de Brian Johnson, la velocidad meteórica a la que se grabó el magistral “Back in Black” y la sombra, siempre desmentida pero nunca del todo despejada, de hasta qué punto ese discazo estaba no ya terminado pero sí más o menos encaminado para cuando Brian entra; de hecho, en una entrevista justo al poco de entrar Brian en la banda el propio Angus Young dice que ya la canción ‘Have a Drink on Me’ estaba hecha para cuando Brian llegó: ¿qué quiere decir ‘hecha’? ¿La estructura de la canción junto con melodía y letra? ¿O sólo la estructura? No sé a otros fans de AC/DC, pero a mí ese temazo me suena a Bon por los cuatro costados. Y, ojo, que con esto no quiero restarle ni un ápice de mérito a Brian por lo que hizo en ese disco perfecto y todo lo que ha hecho en estos 36 años, tanto que se habla de eso ahora mismo… Volviendo a las preguntas que se plantea Walker, por supuesto, el libro no da respuestas a eso, sencillamente porque no puede, pero al menos deja ahí las preguntas sin resolver. Para los fans de AC/DC que no conozcan ese libro, lo recomiendo sin reservas. Hay edición en español de 2014, si no me equivoco

    • Que un informe de autopsia ponga “parada cardiorespiratoria” no significa nada, y menos aún identifica la causa de la muerte. Todos morimos porque se nos para el corazón y dejamos de respirar. Habría que ver qué es lo que causa ambas cosas.

    • Fucking hell, Isaias. Estoy al 100×100 contigo. Bueno, casi. Por partes, la version que tu das es la misma que yo tengo oido, es decir que la muerte tambien tuvo que ver con congelamiento, digamoslo asi. Lo de asfisia por vomitos fue negado por su amigo dos decadas mas tarde, pues parece ser que tras el suceso desaparecio del mapa. Tambien lei que se vino a nuestro pais para huir del caso, no se que hay de cierto en esto. Lo que esta claro es que Scotty Bonnie durmio en el coche, no fueron unos minutos como dice este articulo. Sobre el robo de las canciones, tambien lei que su novia o amiga hizo acusaciones a los Youngs en plan de apropiacion de derechos, y que estos negaron toda acusacion de ilegalidad, pero que otra cosa iban a hacer? Con esto no acuso a nadie, pero la rapidez en volver a montar otra vez todo el tinglado y de la grabacion del Back in Black tambien fue sospechosa. De esto me acuerdo todavia perfekt tamente, ya soy un carroza. En lo que no estoy contigo al 100×100 es en llamarle magistral al Back in Black. Para mi es un buen disco, que duda cabe, bien producido especialmente en el opener, pero en mi opinion esta en una liga mas baja que Highway to Hell, y yo tampoco quiero restarle meritos a Brian, porque me cae muy bien, pero como cantante, comparado con Bon…… pues eso, puntos suspensivos. Naturalmente esto es solo mi opinion, sobre gustos no hay nada escrito, pero bueno, ahi queda eso. Sobre el libro no puedo opinar, a ver si me hago con el de alguna forma.
      Long live Rock and Roll.

  20. Cada vez que alguien se mete con Harry Nilsson dios le aplasta la cabeza a un gatito con el martillo de Thor.

    Un par puntualizaciones sobre la muerte del bajista de la Allman Brothers Band, Berry Oakley. Este no se fue solo a casa, como más o menos se viene a colegir del texto, sino que alguien lo llevo hasta la “Big House”, el cuartel general de los Allman Brothers y residencia del bajista. Y según asegura Wayne Bennett, un policía amigo de la banda que estuvo presente en el lugar del accidente y habló con Berry Oakley tras este, los médicos le llegaron a comentar a posteriori que aunque hubiese sido trasladado inmediatamente al hospital las posibilidades de haberlo salvado eran prácticamente inexistentes, ya que tenía una fractura de craneo.

  21. Jaco Pastorius, por favor. Uno de los mejores bajistas de la historia muerto por la paliza de un “segurata”.

  22. Pixi Dixi

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