Brandon Sanderson: «Quiero mostrar en mi obra que hay algo inherentemente bueno en los seres humanos» - Jot Down Cultural Magazine

Brandon Sanderson: «Quiero mostrar en mi obra que hay algo inherentemente bueno en los seres humanos»

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Fotografía: Jorge Quiñoa

(English version here)

Antes de empezar la entrevista, el escritor Brandon Sanderson (Nebraska, 1975) come con sus colaboradores del Team Sanderson España y charla sobre Gaudí, los churros con chocolate y el hecho de que este sea el país en que tiene más fans de Europa. Las novelas de fantasía épica de Sanderson incluyen batallas, muertes y algún que otro apocalipsis, pero en conjunto son narraciones optimistas y repletas de personajes honorables, desde Elantris a las sagas de Nacidos de la bruma o la monumental El archivo de las tormentas, diez enormes volúmenes de los que se han publicado dos. También ha escrito novelas infantiles (Alcatraz), juveniles (Los Reckoners, El Rithmatista), cómic (White Sands), novelas cortas (Legion, El alma del emperador) y narraciones para acompañar videojuegos (Infinity Blade). Parece que no sabe estarse quieto. Charlamos amablemente un buen rato («¿Será una entrevista larga? ¡Me encantan las entrevistas largas!») cerca del Arco del Triunfo barcelonés. Después se marcha a toda prisa a una ronda de seis horas seguidas firmando libros en la librería Gigamesh.

Esta no es tu primera visita a Barcelona: en 2006 viniste a recoger el premio UPC de Ciencia ficción por En defensa del Elíseo. Abriste tu discurso diciendo que te considerabas más un narrador de historias que un escritor en el sentido clásico del término. ¿Crees que en el mundo literario se subestima el valor del entretenimiento?

Y no solo el del entretenimiento: también el valor de la emoción se subestima en el mundo literario. De eso trataba mi discurso, de que no solo las ideas son cruciales sino también las emociones. El poder de una historia fantástica es combinar buenas ideas con algo emocionante. Mi esposa les prepara cada mañana un batido a nuestros hijos, y le añade espinacas para que sea verde… Porque a los niños les encanta el color verde, pero también porque las espinacas son buenas para su salud. Si un libro de fantasía es apasionante, divertido y te hace sentir un montón de emociones, y además incluye ideas interesantes que te hagan pensar, tendrá un mayor efecto sobre el mundo que un libro que amontone pesadamente ideas difíciles de expresar en una historia.

Terry Goodkind dijo no escribir sobre fantasía o magia sino «historias que tocan importantes temas humanos». J. K. Rowling afirmó no leer fantasía ni ciencia ficción, y que no se le había ocurrido que los libros de Harry Potter fueran de fantasía. ¿Por qué los autores importantes de fantasía huyen del concepto de literatura fantástica?

No lo sé, la verdad es que me desconcierta y me frustra… Quizás demasiado. He criticado excesivamente a esos autores en el pasado, y a Philip Pullman, que también dijo cosas parecidas. No creo que trataran de resultar insultantes… Me gustaría remitir a los lectores a la maravillosa refutación de Terry Pratchett a J. K. Rowling sobre escribir fantasía. Creo que hay una sensación institucionalizada en nuestras mentes de que la fantasía no puede ser auténtica literatura. Es una sensación completamente incorrecta, pero que perpetuamos en el género cuando un autor afirma no leer literatura fantástica incluso aunque la escriba. Es como si un médico dijera que no sigue lo que hacen otros neurocirujanos, sino que se lo inventa y opera sobre la marcha.

No inspira confianza…

Es difícil criticar a otros autores, ya que vienen de áreas diferentes… Pero considero un modelo a seguir a gente como Neal Stephenson, Terry Pratchett o Ursula K. Le Guin, que están orgullosos de su patrimonio cultural fantástico y han hablado abiertamente de su amor por la literatura de género y lo que puede conseguir. Leer lo que ha escrito Ursula K. Le Guin al respecto te hace sentir orgulloso como lector de fantasía.

Una situación que parece gustarte narrativamente es lanzar a una buena persona al infierno y describir cómo intenta mejorarlo: Kaladin en el Puente Cuatro, Raoden en Elantris… ¿Qué te atrae de este tipo de escenarios?

Cuando nos vemos en circunstancias extremas revelamos mucho acerca de nosotros mismos. Y al contrario de lo que cree la mayoría de la gente, hay muchos ejemplos a lo largo de la historia de momentos extremos en que mostramos nuestras mejores cualidades. En lugar de huir y actuar egoístamente, la mayor parte de la gente se mantiene unida cuando ocurre algo realmente horrible. Vemos lo mejor que puede ofrecer la humanidad en alguno de sus peores momentos… Es un gran contraste. No quiero que nadie tenga que pasar por algo horrible, pero la ficción nos permite escribir historias sobre cómo reaccionan los humanos a situaciones extremas. Yo soy básicamente un optimista. Y no quiero implicar que la ficción pesimista sea mala, de hecho gran parte de mi narrativa preferida es pesimista. Mi cuento corto favorito es Harrison Bergeron, de Kurt Vonnegut, que es magnífico y muy pesimista. Pero cada escritor acaba eligiendo un estilo, y yo quiero mostrar en mi obra que hay algo inherentemente bueno en los seres humanos, y que nos esforzamos para manifestar esa bondad innata. ¡Nos unimos frente a la adversidad! Esa idea aparece una y otra vez en mi narrativa.

¿Crees que los enfoques positivos en tus libros acaban teniendo un efecto positivo en tus lectores?

A los escritores nos gusta pensar eso, pero francamente, no lo sé. Sería algo arrogante por mi parte decir que mi ficción está mejorando el mundo o a la gente… Pero, por otro lado, la ficción que he leído ha mejorado mi vida. El libro que me convirtió en escritor de fantasía fue Drangonsbane, de Barbara Hambly. Es una novela sobre una mujer de mediana edad que puede convertirse en la mayor hechicera de la historia. Sus maestros dicen que es fantástica, pero que necesita concentrarse más en su aprendizaje. Pero ella tiene también una familia, y no puede dedicarse por completo a su magia por su familia.

En la época en que leí este libro mi madre se graduó en Contabilidad, la primera de su clase en un año en que era la única mujer matriculada. Y mi madre siempre tuvo que hacer equilibrismos entre su familia y su carrera. Incluso se tomó un tiempo sabático en su trabajo y aprendizaje para estar con sus hijos cuando yo era muy, muy pequeño… Y de adolescente pensaba que por supuesto, eso es lo que hacen las madres. Pero entonces leí Dragonsbane, con catorce o quince años, y mientras lo leía pensaba que la protagonista debería estar pasando más tiempo con su magia, ¡y le decía en mi cabeza que ignorara a sus hijos y aprendiera los conjuros! Y cuando lo terminé sentí que podía entender cómo es pasar la crisis de la mediana edad siendo adulto, y verse obligado a elegir entre carrera y familia. Leer un libro de fantasía sobre un dragón y al hacerlo entender mejor a mi madre mejoró el mundo, mejoró mi mundo. El mayor poder de la ficción es ayudarnos a entender a otras personas, ver a través de sus ojos.

Escribiste un montón de manuscritos e incluso novelas enteras antes de vender tu primer libro. ¿Qué te decían los editores durante esos años? ¿Cómo mantuviste tus esperanzas ante las cartas de rechazo?

Fue duro, muy duro. Esto te va a encantar… Los editores no paraban de decirme: «¿No podrías parecerte más a George R. R. Martin?». Sin embargo, al mismo tiempo insistían en que mis libros eran demasiado largos. ¡Pero si los libros de Martin son larguísimos! El punto más duro de mi carrera llegó cuando acabé mi duodécimo libro… Escribí trece antes de vender uno. Los libros once y doce fueron mis intentos de escribir como George R. R. Martin, con antihéroes cínicos, fantasía cruda y oscura… Eso no se me da bien de forma natural. Algunos escritores lo logran estupendamente, pero mi especialidad es el optimismo, personajes que encuentran la luz en las peores circunstancias… Así que mis dos libros sombríos y breves resultaron ser malísimos. Me quedé descorazonado, pensando que nunca sería capaz de ganarme la vida con esto.

La gran decisión que tomé entonces fue escribir lo que me encantaba de verdad. Me di cuenta de que si moría a los noventa años con cien manuscritos inéditos en mi armario, lo consideraría igualmente un éxito… Un éxito mayor que si me rendía. Tenía que continuar escribiendo lo que amaba a cualquier precio. Y en ese momento pensé: «¡Escribiré los mayores y más alucinantes libros de fantasía épica que se han escrito! Me dicen que mis libros son demasiado largos, ¡así que los haré más largos aún! ¡Llenos de todo tipo de cosas extrañas y montones de personajes!». Y escribí El camino de los reyes, mi libro número trece, con esa novela le hice un corte de mangas a toda la industria editorial. El año siguiente vendí Elantris. Y es realmente bueno que pasara por ese momento clave de decidir que quería hacer lo que me gustaba porque realmente amaba hacerlo, en lugar de intentar lo que los demás me decían que tenía que hacer.

Tras vender Elantris a Tor, tus novelas inéditas empezaron a encontrar editores, como Mistborn PRIME que sería la semilla de Nacidos de la bruma. ¿Aún utilizas parte de ese material?

Sí, aún picoteo ahí de vez en cuando. He canibalizado la mayor parte para aprovechar ideas… Y reescribiré Dragonsteel en algún momento del futuro.

Me sorprendió leer en los comentarios de Nacidos de la bruma que te ofreces a enviar por correo electrónico la primera versión (Mistborn PRIME) a quien te la pida…

Prefiero White Sands o Aether Night, que son mejores… Así que cuando alguien me escribe intento enviarle esos dos. Pero en cualquier caso no tengo ningún problema en enviar mis libros primerizos a quien los solicite, mientras sean perfectamente conscientes de que no son demasiado buenos.

Hiciste de editor para la revista semiprofesional The Leading Edge durante tus años de estudiante. ¿Qué aprendiste ahí sobre la escritura?

Sobre todo a evitar clichés leyendo un montón de mala literatura, pero también aprendí qué hace que una historia sea buena. Cada narración magnífica entre las pésimas brillaba como un lingote de oro en el barro… Así que trataba de averiguar qué volvía interesante esa historia. ¿Por qué nos encantaba a todos los de la revista mientras que ninguna de las cien anteriores nos había llamado la atención? Fue muy ilustrativo.

¿Recibiste consejos de escritores profesionales durante tus años de formación?

Katherine Kurtz y David Farland se sentaron conmigo algunas veces y me dieron un montón de buenos consejos. No habría llegado hasta donde estoy hoy en día sin el asesoramiento de escritores que me dedicaron tiempo durante convenciones, o que impartían clases en mi universidad. El trabajo de escritor se realiza casi siempre en solitario escribiendo y practicando, pero un poco de mentoría puede resultar una gran ayuda.

Y ahora enseñas escritura creativa en la universidad.

La mayor parte de lo que hago tengo que publicarlo online, ya que no tengo tiempo para leer y comentar escritos individuales. Doy talleres en mis clases, eso sí. Si alguien quiere que lea sus textos  puede volar a Utah, ser aceptado por la Universidad y apuntarse a mis clases. Lo siento, sé que es un buen obstáculo, pero…

Te matriculaste en Bioquímica en la Brigham Young University. ¿Por qué elegiste esa carrera?

Como verás en mis libros, siempre me han fascinado la física y la química… Todas las ramas de la ciencia, en realidad. El problema es que me encantan las ideas, pero odio el trabajo pesado. Cuando tenía que sentarme a revisar páginas y páginas de cálculos siempre me equivocaba y lo pasaba fatal. Me matriculé porque mi madre insistía en que conseguir un buen trabajo como químico me dejaría un montón de tiempo libre para escribir… Intentaba empujar a su nene a ser realista, pero resultó que ser realista era malo para mí.

Algunos escritores tratan de mezclar ciencia ficción y fantasía, como Margaret Weis y Tracy Hickman en la saga La espada de Joram. ¿Cómo pueden coexistir en una historia magia y ciencia, a pesar de sus diferencias?

Mencionas La espada de Joram, donde igual que en Shadowrun la magia y la ciencia son dos caminos completamente diferentes y hay que elegir uno o el otro. Pero en el Cosmere, mi universo compartido de libros, la magia es otra rama de la física. Y admito abiertamente que sacrifico un poco del sentido de la maravilla a cambio de poder acercarme racionalmente a la magia, haciendo que siga un método científico. Magia repleta de pequeñas excentricidades, pero basada en su núcleo en la ciencia. Así trabaja mi cerebro: si pudiera hacer repentinamente algo mágico y reproducible, pensaría que aún no conocemos la ciencia necesaria para explicarlo.

Esa es la idea tras las Leyes de Sanderson sobre la magia dura y la blanda…

¡Exactamente! Mis Leyes fueron traducidas al castellano por una revista, me alegra mucho que lo hicieran.  

Desde el 95 al 97 serviste como misionero para la Iglesia mormona en Corea del Sur. ¿Qué recuerdas más de esa experiencia?

Por supuesto hubo potentes experiencias religiosas, pero si quieres un recuerdo en particular… Era la primera vez en mi vida en que fui la minoría. Una minoría privilegiada, por supuesto, pero minoría igualmente. Ir a un lugar en el que todo el mundo te mira de forma esquinada es muy bueno para cualquiera, en particular para un chico blanco como yo del Medio Oeste americano. Aprender a formar parte de una nueva cultura y ver las cosas de un modo distinto no ha tenido precio para mí.

Terry Goodkind ha sido ha acusado a menudo de empapar sus libros, en particular los últimos, con su propia filosofía política. ¿Es este un peligro para los escritores de fantasía, acabar usando sus mundos como metáforas del mensaje político que quieren transmitir?

Cualquier escritor debería ser libre de usar sus herramientas como quiera. Yo agruparía a Terry Goodkind con C. S. Lewis y Philip Pullman, ya que todos ellos tienen historias y mensajes que quieren transmitir con su narrativa. En mis propios escritos sigo más bien la filosofía de Tolkien. Tolkien y C. S. Lewis eran amigos, y de hecho Tolkien convirtió a Lewis al cristianismo. Los dos eran cristianos incondicionales. Sin embargo, Tolkien creía en contar una historia y dejar que se sostuviera por sí misma sin ser una metáfora directa, de modo que los lectores pudieran extraer de la novela lo que quisieran. Me parece un buen acercamiento. No insinúo que escritores como Terry Goodkind no puedan escribir lo que quieran, ¡por supuesto que pueden! Pero cuando yo escribo quiero contar historias sobre personajes potentes en desacuerdo entre ellos, con buenos argumentos en todos los lados de cualquier discusión. Nos acercamos a la verdad a través de la discusión. Cuando me dices tus ideas y yo te contesto con las mías y los dos nos escuchamos mutuamente, ambos salimos de esa conversación pensando «quizá he estado equivocado y puedo hacer evolucionar mis ideas», o «quizá tenía razón, pero puedo expandir mi modo de pensar para acercarme a lo que otra gente cree». Así es como nos acercamos a la verdad, no repitiendo obsesivamente lo mismo una y otra vez.

Recuerdo una anécdota de mi época de misionero en Corea. Vi a un monje budista, de una secta que exige mendigar por la comida. Así que estaba tranquilamente tocando su tambor en la calle y haciendo reverencias a los paseantes. Y había un misionero cristiano, de una fe que no mencionaré, sosteniendo a su lado una pancarta enorme que decía «EL BUDISMO ES EL INFIERNO». Y esa imagen me ha impactado siempre. Porque cuando les preguntaba a los budistas si podía hablarles de mi religión, un montón me escuchaban amistosamente y decían «¡Oh, Jesucristo fue un gran buda!». Encontraba gente dispuesta a estrecharme la mano y a intercambiar las enseñanzas de guías que significaban mucho en nuestras vidas. No quiero convertirme jamás en la persona que sostiene la pancarta, sea hablando de religión o de política. Cuánto más avanzaríamos si, en lugar de sostener una pancarta así, nos sentáramos al lado del monje para preguntarle sobre su vida y sus creencias. Esa imagen está grabada a fuego en mi mente. Y en realidad Hrathen, de Elantris, vino de esa persona que sostenía la pancarta, esa fue mi inspiración para crear su origen. Hrathen es mi antagonista favorito porque le entiendo muy bien: hay una parte de mí que podría haberse convertido fácilmente en la persona que sostenía la pancarta.

Te he leído describiéndote a ti mismo como creyente, pero también como hombre de ciencia y lógica. ¿Cómo reconcilias estos dos acercamientos a la vida?

Hoy en día está demasiado extendida la creencia errónea de que la ciencia y la religión no pueden combinarse. ¡Tradicionalmente, muchos de los grandes científicos eran también teólogos! En América hay un pequeño grupo político que parece querer reclamar la religión como suya; solo ellos pueden decir que son religiosos. Ese razonamiento es también erróneo. Hay gente religiosa en todos los lados de las discusiones… Personalmente, creo que Dios es un Dios de milagros, y que el mundo natural que estudiamos es el modo en que suceden las cosas a no ser que Dios interfiera. La evolución es un hecho, es la forma en que el mundo es, mientras que la creación de la humanidad por parte de Dios es un milagro, una violación de la ley natural. Decir que la evolución no es real es como pretender que el mar Rojo se abre en dos por sí mismo periódicamente. Dios ha creado la ciencia. Dios ha creado el mundo y nos ha dado cerebros para entenderlo de la mejor manera que podamos y buscar respuestas. Mi creencia en la fe viene de sentimientos en mi corazón. Esa es mi reconciliación: que los sentimientos de mi corazón son mi conexión con un padre en el cielo. Creo en ellos.

Tengo que estar dispuesto a aceptar que quizá son un sesgo de confirmación. Mi cerebro lógico dice que tal vez tengo esos sentimientos porque creo que debería tenerlos. Pero por ahora la única experiencia cartesiana que puedo definir como propia es mi sentimiento personal y mi modo de ver el mundo, y eso tengo que aceptarlo. Cuando leo las Escrituras vivo una experiencia religiosa, siento un sentimiento que no tengo en otros momentos, y he tomado ese hecho, tentativamente, como mi prueba de un Dios. Esto es lo que me hace creer, aunque estoy dispuesto a seguir explorando el mundo, y es posible que se me pruebe que estoy equivocado y tenga que cambiar mi modo de pensar.

Mi personaje favorito en Nacidos de la bruma es Sazed, que está interesado en un montón de religiones diferentes. Veo algo similar en El archivo de las tormentas: fragmentos procedentes de diferentes sistemas de creencias, como el hecho de que el árbol de esencias sea visualmente similar al árbol de la vida de la cábala. ¿Cómo impactan las religiones tu trabajo?

Me encanta explorar cómo interactuamos con lo divino, y me fascina comparar lo espiritual con lo que procede de nuestra tradición. Y lo que me fascina termina apareciendo en mis libros, claro. Mis libros son mi búsqueda de respuestas, pero no me gusta dar respuestas a los lectores. Me gustan los personajes que se hacen un montón de preguntas. Me atraen los personajes que se acercan a la religión de modos diferentes. Quería que Sazed fuera la voz de todas las religiones olvidadas, la voz de todos los que no pueden ya tener una voz propia. Espero que mis exploraciones de la religión signifiquen algo para los lectores, aunque sospecho que significarán algo diferente para cada lector. Recibo un montón de correos electrónicos diciendo que debo ser ateo, porque he descrito tan bien a Jasnah, la atea de El archivo de las tormentas… Siempre me tomo esos correos como un gran motivo de satisfacción personal. Escribo porque quiero explorar las diferentes formas en que la gente ve el mundo. Cuando alguien tiene un sistema de creencias quiero tratarlo bien en mis libros. Odio leer un libro y encontrar un personaje con mis mismas creencias que es tratado como un idiota al que hay que probarle que está equivocado. No quiero expresar las creencias de alguien en mis libros y convertir a ese personaje en «el idiota». Por supuesto que hay gente que se equivoca en todos los lados de una discusión, pero quiero expresar las creencias de los personajes con precisión, del mismo modo en que cada uno las defendería.

En tus libros aparece algún personaje LGBT (Ranette en la serie de Wax and Wayne, por ejemplo). ¿Influye de algún modo el hecho de ser mormón en tu forma de presentar estos personajes?  

Mi filosofía es tener un cuidado especial en contrarrestar cualquier sesgo que pudiera tener y del que no me estuviera dando cuenta. Para asegurarme de que los personajes LGBT están bien caracterizados le pregunto a gente homosexual que conozco: «¿Esto funciona?, ¿estoy representándolo bien?». Debo confiar en ellos. Es importante para mí, porque hay gente religiosa que parece querer ignorar que las personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales existen, lo que creo que es inherentemente malvado. Es inmoral desterrar un grupo social entero, o pretender que no son buena gente con buenos argumentos, vidas y pasiones. No representarlos en mi ficción sería algo profundamente inmoral. No estoy seguro de ser la persona adecuada para narrar la experiencia homosexual adecuadamente, pero ciertamente debo hacer todo lo que puedo para asegurarme de que la gente LGBT está adecuadamente representada, porque si no estaría mintiéndole al mundo.

La viuda de Robert Jordan te pidió que terminaras los libros de La rueda del tiempo tras leer un panegírico que le dedicaste a Jordan y el primer libro de Nacidos de la bruma. ¿Qué crees que vio en tu escritura?

Puedo contestar lo que dijo, así que no queda demasiado arrogante que yo lo diga… Harriet pensó que mis caracterizaciones eran tan vívidas que podría hacerle justicia al enorme número de personajes de La rueda del tiempo.

Ahora que el último libro, Un recuerdo de luz, lleva tres años publicado, ¿has ido siguiendo las reacciones del fandom de La rueda del tiempo? ¿Estás contento con lo que escribiste?

Por supuesto hay cosas que cambiaría: la mayor es que no rematé del todo bien lo relacionado con el personaje Padan Fain. Hay detalles como ese que desearía haber hilvanado mejor, pero en conjunto estoy satisfecho con lo escrito y defiendo lo que se publicó. Lo que más oigo de los fans, en realidad, es si voy a escribir más Rueda del tiempo… Y la respuesta es que no. Robert Jordan se sentía muy incómodo con la idea de que otras personas escribieran libros ambientados en su mundo, y tuvo muchas dudas sobre si permitir a alguien terminar su serie. Así que cuando empecé a encargarme de esto, Harriet me preguntó mi opinión al respecto y contesté que no deberíamos hacer nada más que terminar la serie tal como él pidió, porque no creo que yo pudiera escribir más sin convertirse en más mío que suyo. No tengo control sobre La rueda del tiempo, y si Harriet le pide a otra persona que continúe la historia apoyaré por completo su decisión… Pero no seré yo quien lo escriba.

Todos los escritores de fantasía épica son comparados en algún momento con Tolkien… Por ejemplo, los primeros libros de Robert Jordan son muy tolkienianos. ¿Cómo tratáis los escritores de fantasía con la sombra de Tolkien?

Tolkien fundó la fantasía épica y lo hizo magníficamente: aún estamos tratando de entender completamente alguno de sus métodos e ideas. Así que no considero que estemos bajo su sombra, sino sobre los altos y orgullosos picos de la montaña Tolkien, los cimientos que nos proporcionó.

En La rueda del tiempo algunos aspectos de la relación entre hombres y mujeres se ven afectados por la forma en que está dividida la magia, por géneros… ¿Cómo crees que la literatura fantástica puede explorar diferentes dinámicas en la relación de los géneros?

Lo podemos hacer mejor que en cualquier otro género literario. Sí, de acuerdo, hay grandes libros en todos los géneros… Pero la especialidad de la fantasía y la ciencia ficción es la habilidad para tomar un problema del mundo real, trasladarlo a un mundo fantástico, y al hacerlo destilarlo obteniendo la esencia de lo que nos motiva como seres humanos. Robert Jordan creó un mundo con privilegio femenino, lo que puede resultar extraño y difícil de leer para alguien criado en una sociedad inversa, con privilegio masculino. La reacción habitual que puede verse online es que las mujeres de La rueda del tiempo son odiadas, consideradas como belicosas e intimidadoras… ¡Mientras que si todas esas mujeres hubieran sido hombres, se les habría considerado un elenco interesante y variado de personajes! Jordan logró algo muy interesante ahí.

También en El archivo de las tormentas hay diferencias de rol de género: los hombres no saben leer, solo las mujeres estudian ciencias…

La sociedad siempre reacciona de un modo u otro ante todo desequilibrio de poder entre géneros. A veces el género discriminado, casi siempre el femenino, toma posesión de algo que se convierte en su dominio. Eso no significa que la sociedad sea equitativa, sino que hay algo intocable y protegido, como cuando los carromatos hacen un círculo protector en las películas del Oeste. Por otro lado, me fascinó un hecho con el que me topé mientras estudiaba el desarrollo del alfabetismo: durante largos periodos de la historia la gente importante no leía. Tenían eruditos que lo hacían por ellos, leer estaba visto como algo indigno para un rey en varios puntos de la historia. Y jugar con estas ideas es parte de lo que hizo nacer el modo en que se juega con los géneros en El archivo de las tormentas.

Se podría decir algo similar sobre las dinámicas raciales. ¿Cómo te aproximas al racismo en El archivo de las tormentas?

Uno de mis objetivos en El archivo de las tormentas es explorar diferentes acercamientos al racismo. La discriminación basada en el color de los ojos, por ejemplo, está ahí en parte porque encaja con la construcción de ese mundo… Pero también porque si examinas poblaciones en que todo el mundo tiene el mismo color de piel, serían igualmente racistas contra los del barrio vecino, porque tienen un acento diferente. Los humanos encontramos siempre modos para clasificar a la gente en cajas, el color de ojos en el caso de El archivo. También hay en la serie un racismo profundamente problemático en el que una raza entera está esclavizada, lo que es ignorado por muchos lectores en el primer libro porque el hecho de que Kaladin sea un esclavo es el punto focal de la narración.

Otro objetivo en El archivo de las tormentas es que el lector vaya siendo más y más consciente de las injusticias del mundo que le rodea al mismo tiempo que Kaladin. Y no es que el libro trate de la lucha contra la injusticia, sino que muestra un mundo injusto, lleno de gente que perpetúa esa injusticia sin ser consciente de ello. Hay un giro importante cuando los lectores se dan cuenta de que la mayor parte de protagonistas no tienen, probablemente, su mismo color de piel. Muchos lectores tardan bastante en darse cuenta de eso… Me gusta la idea de que a medida que vas leyendo asumes que el desequilibrado Szeth es «el otro» y Kaladin se te parece, mientras que en realidad Kaladin es una mezcla asiática o de medio oriente, y Szeth es caucásico. Aunque por supuesto, si lo lees en Taiwán, entonces los personajes sí se te parecen y Szeth es el bicho raro… [risas]. Por ese motivo, quería que la primera portada no mostrara ninguna cara. Pero es difícil alinear las portadas: en el Reino Unido, la cubierta muestra básicamente a un tipo blanco. No es que los ilustradores no quieran hacerlo, sino que no se dan cuenta o no les transmitimos bien la idea. En el caso de Michael Whelan, estaba tan contento de tenerlo a bordo que no quería ir a decirle: «Por cierto, ¿podrías oscurecerle la piel?». Iremos mejorando en este tipo de cosas a medida que avance la serie.

En Nacidos de la bruma subviertes alguno de los tropos habituales en el género fantástico, como qué ocurriría si el mal ganara. Pero en El archivo de las tormentas pareces tomar una ruta diferente, más tradicionalmente épica, por decirlo así…

Nacidos de la bruma trata de invertir tropos y clichés: qué significa ser el héroe, tener una profecía, todos los lugares comunes de la literatura fantástica puestos patas arriba. Y cuando empecé a trabajar en el segundo borrador de El camino de los reyes, parte de mi cerebro buscaba tropos que invertir. Y eso era muy peligroso para mí, porque toda mi carrera podía convertirse solamente en subvertir lo que otra gente hacía, sin añadir nada al debate. Con El archivo de las tormentas quiero probar que la fantasía épica puede construir mundos como la ciencia ficción, con nuevas ecologías y planetas muy diferentes al nuestro, como en una historia de Frank Herbert. Eso es lo que quería aportar a la fantasía épica, y si me enfocaba demasiado en invertir tropos mi carrera podía acabar convertida en una nota a pie de página.

Alguna otra inversión haré, Los Reckoners subvierten los lugares comunes superheroicos, pero no puedo permitir que ese método domine mi carrera. Me alegra mucho haberme dado cuenta de eso, porque El camino de los reyes es un libro mucho más sólido siendo un ladrillo en la tradición de la fantasía épica, llevándola un pequeño paso más allá, subido a los hombros de gigantes, mejorando ligeramente el género en su conjunto. Y no es que no me guste Nacidos de la bruma, me encanta cómo socava algunas expectativas del género, pero no quiero que eso sea toda mi carrera. Quizá sí funcionaría para otro escritor, Terry Pratchett sería un buen ejemplo. Pero incluso sus libros se volvieron maravillosos cuando empezó a escribir sobre magníficos personajes y la inversión de tropos era el subtexto para una sátira del comportamiento humano. No sé si habrás leído a Pratchett…

¡Por supuesto! Queremos mucho a Pratchett en esta revista.

En los primeros libros de Mundodisco Pratchett hace chistes sobre el mundillo de la fantasía, pero en los posteriores realiza una sátira de toda la humanidad salpimentada con bromas sobre fantasía… Y alguno de esos Pratchetts son obras de arte hermosas, atemporales y sorprendentes que se alzan entre los mejores libros de fantasía jamás escritos, y es porque trascendió simplemente la burla a los clichés del género para empezar a explorar qué significa ser humano.

Varios de tus libros han sido nominados o han ganado el premio Romantic Times a la mejor fantasía épica. ¿Tratas conscientemente de incluir (¡o subvertir!) tropos románticos en tus historias?

Buena pregunta… Cuando gané por primera vez un premio de Romantic Times pensé que era una elección bastante extraña, pero mi agente me contó que son una buena revista, acostumbrada a leer textos más allá de su propio nicho específico. Eso es muy loable. El romanticismo forma parte de nuestras vidas, casi todo el mundo tiene inclinaciones románticas en algún momento de su vida. Casi todos queremos estar con alguien, y parte de lo que nos hace ser felices y sentirnos realizados es encontrar a una persona que nos haga vibrar… Es parte de la experiencia humana, como la religión. En mis libros intento mostrar relaciones familiares y relaciones estables. ¡No se suele ver ninguna de las dos en la narrativa fantástica! En El archivo de las tormentas decidí que mi historia de amor sería entre los dos personajes de mediana edad, no los adolescentes. Kaladin no tiene un romance, Shallan sí pero con un giro argumental… Son Dalinar y Navani los que viven un romance. ¡La gente de cuarenta y cincuenta años se enamora constantemente, aunque los jóvenes pretendan que todo gira a su alrededor! No puedo decir mucho más, porque jugaré con otros tropos y no quiero destripar nada.

Has escrito libros infantiles como la serie de Alcatraz, y libros juveniles como la trilogía de los Reckoners o El rithmatista. ¿De qué modos adaptas tu escritura en cada caso?

Alcatraz es un caso único. Estaba escribiendo los libros de Nacidos de la bruma, y sentí que necesitaba un descanso. Había estado escribiendo demasiado en ese mundo, en parte porque era la primera serie en la que escribía una secuela. Así que me permití libertad creativa completa, un alivio tras las estrictas directrices que me impongo en mis otros libros, y me lancé a una escritura libre. Y salió Alcatraz. He leído bastante literatura infantil: la serie de Artemis Fowl, Eva Ibbotson, Lemony Snicket… Así que no me sorprendió que saliera un libro infantil, aunque no es como si estuviera tratando de escribir expresamente algo así. Es una serie extraña, porque su humor depende mucho del sarcasmo y de juegos de palabras, ambas cosas por encima de lo habitual en muchos lectores infantiles. Así que Alcatraz tiene una audiencia potencial reducida: niños demasiado listos para su propio bien o lectores adolescentes recientes.

Los lectores objetivo serían pues los niños de doce o trece años, y quizá los de ocho o nueve que pillen el sarcasmo. Por su parte, Los Reckoners se publican a menudo en mi línea adulta, como en España o el Reino Unido, aunque en los Estados Unidos se publican como novela juvenil. Es una decisión editorial, ya que los libros están muy en el límite. Pero los escribí como novelas adolescentes: en este caso la gran diferencia reside en que el punto de vista se centra en un solo personaje y su visión del mundo. Reckoners no tiene muchos de los rasgos distintivos de la novela juvenil, porque no está ambientada en un colegio, por ejemplo, y funciona también como adulta.

Tengo la impresión de que algunos libros de fantasía solo pueden disfrutarse si se leen durante la infancia o adolescencia, mientras que otros resultan magníficos a cualquier edad. ¿Qué cualidades hacen que un libro de fantasía resulte atractivo tanto a lectores jóvenes como a adultos?

Los libros con mayor aceptación entre diferentes grupos de edad tienden a ser los que cuentan una historia en múltiples niveles al mismo tiempo. Es el principio Pixar: sacan películas que son obviamente infantiles pero funcionan a todos los niveles, incluyendo el adulto. Inside Out podía resonarle a cualquiera que haya vivido o tratado con la depresión, sin dejar de ser al mismo tiempo una película infantil muy divertida. Eso es muy difícil de conseguir, pero solo así puedes crear algo como El juego de Ender, uno de esos libros que puede resultar significativo a cualquier edad. En mi caso, intento asegurarme de contar con una variedad amplia de personajes en cada libro con diferentes perspectivas de la vida. Eso se le daba muy bien a Robert Jordan. Cuando leí sus libros de adolescente empaticé con los adolescentes, mientras que en una relectura de adulto empaticé con los adultos y pensé que los adolescentes estaban siendo muy estúpidos.

En los comentarios de Nacidos de la bruma dices que un escritor debe tener un cierto grado de arrogancia: «hay que ser arrogante para ser un autor». Pero al mismo tiempo, tus personaje suelen ser humildes sobre sus logros, como tú mismo en varias entrevistas. ¿Cómo reconcilias arrogancia y humildad?

[Risas] No lo sé, esta pregunta es muy difícil para mí… Lo que más me preocupa de mí mismo es que se me suba todo a la cabeza y me convierta en un fanfarrón. Ese sería mi peor defecto. Al mismo tiempo, creo que un artista debe tener confianza innata en que lo que está haciendo es merecedor de que otra gente invierta en ello su tiempo y dinero. Es tan extraño… Hay en ello un contraste natural, lo reconozco. Crear personajes como Sazed, que consigue fácilmente ser humilde, es quizá mi manera de inspirarme a abandonar parte de mi propio ego. Pero no se me da demasiado bien, así que mejor que nadie me tome como modelo a seguir en esta área.  

Marta Rossich, tu editora en España, menciona elogiosamente a tu equipo de colaboradores cercanos, el Team Sanderson… ¿Qué hacen por ti exactamente?  

Su trabajo es liberarme para que yo pueda escribir, les encargo cualquier cosa que pueda acelerar todo lo que no sea escribir libros… Por ejemplo, cuando escribo una entrada en el blog, se la doy a Peter para que la edite en lugar de releerla yo tres veces para corregirla. Peter se la da luego a Adam, que la publica en mi página web. No es que eso me ahorre un montón de tiempo, pero incluso media hora son treinta minutos en que puedo estar escribiendo en lugar de liarme con otras cosas. Isaac se encarga del arte: dibuja las ilustraciones interiores o las encarga, y se asegura de que todas las ediciones tienen buenas portadas, para que no tenga que hacerlo yo. Revisó los dibujos del cómic White Sands cuando llegaron las páginas, le dio el feedback al ilustrador, y así solo fue necesario que yo le echara un vistazo al final. Ese tipo de cosas son muy útiles para mantenerme escribiendo.

Eres copresentador de un podcast sobre escritura creativa llamado Writing Excuses, que ganó un premio Hugo en 2013…

Sí. Ese podcast nació gracias a mi hermano, que estaba matriculado en unas clases de transmedia en la universidad. Quería hacer un podcast guionizado, una historia de la que yo escribiría el guion, que sería interpretado por varios locutores… Pero no tuve suficiente tiempo. Sin embargo, eso me hizo interesarme por el mundo de los podcast y empecé a escucharlos. Pensé que no había nadie haciendo un podcast como a mí me gustaría. Muchos podcast divagan mucho, lo que es divertido y muy propio de internet… Pero yo quería algo informativo, como Grammar Girl pero sobre escritura de novelas. Así que reuní a unos cuantos amigos que pensé tendrían buenas personalidades radiofónicas y lo empecé. Es como mi bebé que ha ido creciendo y convirtiéndose en algo mucho mayor.

He leído que no te interesan especialmente los juegos de cartas coleccionables, pero que adoras Magic: The Gathering. ¿Qué le encuentras de especial?

Magic saca una nueva expansión que cambia completamente el juego cada tres meses, así que seguirle el ritmo a este juego consume todo el tiempo que reservo para jugar. A veces bromeo diciendo que o juegas a Magic o a todo el resto de juegos, porque Magic es muy exigente, no para jugar sino para mantenerse al día. Así que en realidad solo juego cada nueva expansión un par de veces, porque quizá tengo tiempo una vez al mes para jugar un rato y lo que me apetece es probar las nuevas cartas de Magic.  

¿Te gustan también los RPG, como la serie Final Fantasy?

He jugado a todos, y Final Fantasy X es mi favorito. El VII es el que todo el mundo recuerda porque la construcción del mundo es chula. Pero la historia, y lo siento por todos los fans del VII que haya por ahí, era un lío terrible. Había personajes divertidos, y cuando Aeris murió estuve a punto de darle un puñetazo a la televisión, pero fue la historia del Final Fantasy X la que me llegó de verdad, porque se parece a las historias que me gusta escribir a mí.

Se dice que en tus vuelos de larga distancia trabajas en novelas cortas… ¿Cuál has estado escribiendo durante este último viaje?

En este, estoy tan retrasado con la serie de El archivo de las tormentas y el siguiente está resultando un libro tan complejo que he trabajado en él. Así que nada de novela corta esta vez, no me estaba permitido.

Te involucras en bastantes actividades colaterales a la escritura: responder en Reddit, escribir notas o comentar escenas eliminadas de tus libros, mantener una barra de progreso de tus siguientes trabajos en tu web… ¿Por qué esa dedicación?

Siempre he sido un fan de La rueda del tiempo. Y era durísimo durante aquellos años no tener ni idea de cuándo iba a salir un nuevo libro, o qué estaba haciendo Robert Jordan… Entiendo que no todo escritor puede ser transparente: por ejemplo si Patrick Rothfuss habla demasiado de su libro, eso daña psicológicamente su capacidad de trabajar en él… Pero mi psicología se beneficia de la interacción y de tener que dar cuentas, y si tengo que ir informando a los fans de cómo llevo cada proyecto es más probable que los termine a tiempo. Además, soy parte de una generación que creció con internet, así que estoy acostumbrado a encontrar cualquier cosa cuando quiera. Entiendo esa sensación, así que quiero asegurarme de que mis fans, que al fin y al cabo me sostienen y me pagan por existir, tengan toda la información que pueda razonablemente darles.  

He visto dos vídeos muy originales en que apareces escribiendo en tiempo real: la maratón de la Fundación Waygate en la JordanCon de 2014, y la escritura del interludio de Rysn de Palabras radiantes. ¿Por qué mostrar tan abiertamente tu proceso de escritura?

La idea vino de la gente que juega a videojuegos en Twitch, o que hacen demos de dibujo online… Se me ocurrió que podría hacer algo parecido con la escritura. Pero resulta que escribir es mucho más aburrido que jugar a videojuegos [risas]. En los tutoriales de dibujo, el artista puede hablar mientras pinta, pero mientras escribes es dificilísimo ir parando para hablar de qué estás haciendo. Puede que haga algún vídeo más en el futuro, pero caray, fue muy duro.

¿Qué opinas sobre la fan fiction basada en tus personajes y mundos? Autores como Martin o Anne Rice se oponen frontalmente por temas de copyright y para evitar colisión de argumentos… Otros autores no tienen problema con las obras derivadas.

No tengo problema con ellas. Creo que los fans deberían poder hacer lo que quisieran. Cuando leía de adolescente, siempre me divertía mucho insertando mis propios personajes en los libros que estaba leyendo. Creo firmemente que una vez estás leyendo un libro te pertenece, al menos tu versión en tu cabeza, y tienes derecho a cambiarlo en tu mente como quieras. También creo en el poder de la ficción y el arte para inspirar más ficción y arte. Le estamos dando vueltas a algo que publicaremos en la web tras la revisión de los abogados: la idea es dar permiso para crear legalmente fan art, incluso obras derivativas, así que si hay gente que compone música, crea algún tipo de ilustración o algo similar basado en mis libros, debería ser capaz de venderlo porque es una obra de arte diferente. Y no quiero que escriban libros para competir con los míos, pero me honra que alguien quiera escribir fan fiction si es para diversión propia o para publicar online de forma gratuita.

¿Te preocupa la piratería? Lectores que se descarguen por Torrent tus libros sin comprarlos…

No es una gran preocupación para mí. La piratería me preocupa más en países que no tienen aún un gran número de lectores de fantasía y ciencia ficción, porque me preocupa que perjudique a las librerías. Pero en general creo que la preocupación sobre este tema está sobredimensionada. Mi experiencia ha sido que los lectores quieren apoyar las cosas que les gustan, y si pueden apoyar a sus artistas favoritos lo harán. Pero si están en un punto de sus vidas en que no pueden, es mejor permitir que lean las historias que quieran, dejar que desarrollen su vida y sus ideas, y que apoyen a los artistas cuando sean capaces de ello. Así que soy muy fan de dar libros gratis…

Warbreaker está disponible por entero en tu página web…

Y animo a Tor para que regale ejemplares de El camino de los reyes y Nacidos de la bruma en EE. UU. Creo que la gente no debería piratear en la mayoría de los casos, pero no voy a tomar acciones contra ellos. Dejo que sea su propia moralidad la que guíe cómo toman esa decisión… Y me concentro así solamente en escribir mis libros y agradecer a los lectores que me apoyan.

11 comentarios

  1. Pingback: Brandon Sanderson: «Quiero mostrar en mi obra que hay algo inherentemente bueno en los seres humanos»

  2. Buenas, me gustan mucho esas camisetas de los elementos alomanticos.

    ¿Alguien sabe donde se pueden conseguir?

  3. Preciosa entrevista, Bic, gracias

  4. Me encantan los libracos de Brandon Sanderson, aunque no incluyan métal alemán.

  5. lo tiene dificil este hombre..

  6. Brandon Sanderson quizá nunca escriba una obra maestra, pero le está dando al mundo un enorme (en progresión hacia lo gigantesco) cargamento de felicidad. Los suyos son libros que se devoran, que llenan de diversión y maravilla las horas de lectura. Se ha incrustado en el nicho de los vendedores de sueños. Lo necesitamos.

  7. ¡jajajaja!

  8. Una entrevista genial, me gustó bastante.

  9. Pingback: Soluciones creativas: El éxito es disfrutar escribiendo / Brandon Sanderson | Laboratorio de Escritura

  10. Pingback: Artículos, radio, shibari y libros: haciendo el ganso en 2016 – Josep Lapidario

  11. Excelente entrevista¡

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