Jot Down Cultural Magazine – «No me importa que vean a Luke Cage como objeto sexual»

«No me importa que vean a Luke Cage como objeto sexual»

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Mike Colter. Foto: Netflix/Marvel.

El coche da un rabioso volantazo y adelanta con un rugido por el carril de la izquierda. Golpeo con la cabeza contra la ventanilla, mientras el conductor culmina el requiebro saltándose toda la hilera de coches que esperan su turno bajo el cartel del desvío Queensboro Bridge. Tras un eructo de humo gris y otra ración de acelerones locos, el resto de vehículos alaban nuestra maniobra poniendo al límite sus cláxones. Quince minutos menos de atasco, minuto y medio sin respirar.

«Bra-vo», gimoteo, sonando menos irónica de lo que esperaba.

«Soy bueno, ¿eh? ¡Soy más rápido que el jodido Luke Cage!». Remata, eufórico.

Aunque sus palabras no son más que una chorrada sin intención, se quedan suspendidas en el aire como una profecía formulada al descuido. Me descojono para mis adentros: el tipo acaba de regalarme el arranque de este texto.

En unas horas estaré con el verdadero Luke Cage que no conduce un Uber, ni viste una camisa bermellón que redondea su rolliza figura, ni acaba de hacerse un canuto con las normas circulatorias de cincuenta estados al que interpreta el actor Mike Colter. Eso, suponiendo que llegue de una pieza. No pienso desvelarle al conductor suicida este dato, pero aprovecho la casualidad y los semáforos en rojo para interesarme por su afición por el personaje. Pregunto si le gustan los tebeos del héroe de Harlem y me responde que no, que nunca fue «uno de esos críos de los que leen cómics», aunque es de Queens, «como Spider-Man», apostilla. Su corpulenta figura se vuelve dificultosamente hacia mi asiento. Por primera vez en el trayecto me mira como un ser humano y no un bulto transportable. Algún resorte de relajación se activa en su cabeza porque se afloja inmediatamente la corbata.

Dice que en realidad lleva poco más de un año siendo fan de Luke Cage, desde que Netflix estrenó la serie del universo Marvel. No le interesaron ni las coreografías de Daredevil ni el empoderamiento de Jessica Jones, pero en cuanto un superhéroe negro llenó la pantalla, le dio al play sin dudar. «No hay tantas series buenas de las que seamos protagonistas», resume. Entiende por buenas que tengan «hostias, acción y las cosas que nos pasan hoy» en lugar de «más rollos sobre la esclavitud». Diserta un poco más sobre sus escenas favoritas, que recrea con puñetazos al volante —«plim-plum-plas», ameniza— , hasta que lanza una confesión mínimamente interesante. Tiene que ver con el capítulo en el que Luke Cage, tras ser tiroteado por la policía, se pasea por el barrio con la sudadera preñada de orificios de bala, cubierto con la icónica capucha. Al día siguiente, las calles de Harlem se llenan de jóvenes negros vestidos de idéntica forma, en muestra de hermandad y protesta por la brutalidad policial contra los afroamericanos. «Mi sobrino y yo pensamos en hacer lo mismo», dice, lacónico. Nunca sucedió, pero le habría gustado plantarse de esa guisa en honor a su héroe y así reivindicar sus derechos. Relata un par de encontronazos e injusticias vividas y oídas, pero aclara que él no es de los que llevan piparespiro—. «Si los negros fuéramos a prueba de balas, las cosas en este país serían de otro modo», asegura.

La sentencia me resulta tan estúpida que hasta podría ser sabia, así que me limito a emitir un mugido de aprobación. Nos despedimos con un «Sweet Christmas».

El físico

Mike Colter (Columbia, 1976) bizquea frente a su teléfono móvil. En sus manos parece un aparato diminuto y frágil, pero es una mera cuestión de desproporción. «Tendrás que disculparme un minuto», dice, mientras estrecha mi mano sin levantar la vista de la pantalla. «Estoy tratando de mandarle un Uber a alguien, pero no sé qué he hecho porque en realidad viene para aquí». Repito el descojono interior imaginando que es el tipo de la camisa bermellón. Mientras golpetea la pantalla me explica que es para su hermana, y que ni siquiera está lista. «¡Encima me dice que empieza a vestirse ahora!», resopla. Tras otro interín de peleas con el corrector —«I said ‘jeep’, don’t correct me!», bisbisea— , la aplicación de Uber, su hermana, el Wi-fi y mi paciencia, lanza el teléfono sobre la mesa y exclama «Listo. ¡Dispara!».

Por un idiota sentido de continuidad, le pregunto también si conocía los cómics de Luke Cage antes de empezar a interpretarlo en 2015, como un secundario en la serie de Jessica Jones. En contra de que lo que figura en diversos portales, Colter dice que sí: «Pero te voy a ser honesto: tampoco puedo decir que fuera de mis preferidos. De pequeño era muy fan de Lobezno, en especial de los números de Chris Claremont y Frank Miller». Menciona otros tebeos, como el Alpha Flight de John Byrne y «casi todo lo que tuviera mutantes».

Mike Colter soñaba con ser actor, no superhéroe. Es más: temía acabar como un superhéroe. Reconoce que su carrera ha estado siempre marcada por su anatomía, y cuando lo dice aflora un pesar incómodo para alguien de su envergadura: «El aspecto da a entender cosas de ti que no tienen por qué ser ciertas», anuncia. Cuando en 2005 le ofrecieron el papel de boxeador en Millon Dollar Baby, mintió. «Estaba en forma, pero no tenía ni idea de boxear. Aun así, les aseguré que lo hacía perfectamente», reconoce. «A eso me refiero. Cuando eres calvo, fuerte y negro, al menos hasta hace bien poco, el espectro de papeles que te daban estaban mucho más limitados».

De ahí el recelo de definirse como una figura de acción, un superhéroe. Se veía a sí mismo con mallas y le daba la risa. Y el pánico. «Entre otras cosas, por eso acepté ser Luke Cage: me aseguraron que no tendría que vestir ningún traje ridículo», dice socarrón. Investigó sobre el personaje creado en 1972 por Archie Goodwin, y se espantó con la cadena de herrajes en la cintura, los brazaletes plateados y la tiara que coronaba al icono de la blaxploitation. Colter es uno de esos intérpretes obsesionados por no definir su carrera con una línea recta, voraz por una trayectoria de curvas más sinuosas. Sabe que en esta industria ciertas decisiones no tienen vuelta atrás. «Me asustaba firmar para un personaje que significaba tanto para tanta gente, y que además me vincularía a él durante tanto tiempo. He evitado los papeles que me ofrecían exclusivamente por cómo luzco, busco algo más allá, aunque suene a tópico». Ese algo inexacto lo encontró cuando Melissa Rosenberg le presentó el guion de su aparición en Jessica Jones. Colter no vio a un secundario con poderes sobrenaturales: vio a Carl Lucas, un hombre atormentado en un drama adulto que circunstancialmente sobrevive en un mundo donde algunas personas pegan saltos de seis metros.

El actor se ha comportado con la industria como un tipo a dieta estricta: a pesar de desfilar ante sí un bufé libre de suculentos papeles de negro musculado —encajados en clichés habituales de criminal, tuercenucas o segurata— ha evitado el atracón. Con roles terciarios en series de televisión, alcanzó cierta popularidad a los treinta y muchos (lo que para una mujer sería tener un pie en la tumba) y su primer papel protagonista se demoró hasta a los cuarenta. Algo que ninguno de sus compañeros de secundaria pronosticaron cuando le votaron como «el más ambicioso» del último año de instituto. «Es curioso que siempre salga eso a relucir», dice llevándose las manos a la cara. Es la clase de anécdota que encajaría en la biografía de una estrella hollywodiense al uso: «Pero yo no me siento así», pretexta, elevando los hombros. Su infancia no fue demasiado sencilla, se casó con su novia de la universidad y pasó varios años duros saltando de Nueva York a Los Ángeles, cuestionándose si sus estudios de arte dramático habían sido en vano. Ahora solo es una vieja obsesión equivocada.

Colter, consciente o inconscientemente, pone sus palabras al servicio de un objetivo: hacerse terrenal. Lo cual no quiere decir que lo consiga: «Odio el gimnasio», deja caer en algún momento. Está en su derecho de decirlo en voz alta, y nosotros en el nuestro de que nos de rabia que alguien que no cabe por las puertas diga tal cosa. «De hecho, lo primero que hice cuando acabé de rodar la temporada de Luke Cage fue engordar más de diez kilos», revela. Las crónicas dicen que repitió la operación tras Million Dollar Baby y Halo. Queda claro: el actor no quiere ser un reclamo fortachón, ni abandonarse a conversaciones sobre mancuernas y sentadillas. Menos mal.

Luke Cage. Imagen: Netflix.

La raza

Cuando Marvel anunció que el director Cheo Hodari Coker tomaría las riendas de la adaptación de Luke Cage, la primera polémica giró en torno a the N-word. El realizador afroamericano se negó en redondo a suprimir la palabra nigga de la producción, a la que quería dotar de un lenguaje realista. También fue un foco de discrepancia con Colter. «Tuvimos discusiones sobre eso» explica. «En mi opinión es una palabra que deberíamos desterrar, que solo tiene connotaciones negativas. Me molesta que se ponga de moda decirla, que se convierta en algo cool». Aun así, acabó accediendo a que Cage la pronunciara en varias ocasiones. «En una de ellas, está demasiado exhausto para hacerse respetar a sí mismo, y en otra, directamente reprende a un joven por usarla: “no estoy lo suficientemente cansado como para dejar que nadie me nadie me llame así”, le digo».

El motto oficioso de la serie, «The world is in need of a bulletproof black man», le resulta tan trágico como cómico. Semanas antes del lanzamiento, se repitió otro incidente de violencia policial en Tulsa, en el que un joven negro fue asesinado. «En ese momento sentimos que la serie llegaba en el momento correcto, sacando a relucir cuestiones raciales que estaban ocurriendo», recuerda con un gesto grave. «Aunque esa no era la intención. Es cierto que no es una simple adaptación del cómic, porque el tebeo está más relacionado con el escapismo, con la fantasía y los superpoderes, y nosotros hemos hecho un pack de entretenimiento en un contexto racial. Cuando estábamos rodándolo nos dimos cuenta de que tocábamos hechos socialmente relevantes, pero no teníamos una agenda política», aclara.

¿Es un héroe lo que la comunidad negra necesita para superar sus retos actuales? Colter no lo tiene claro. «Quiero pensar que no es demasiado tarde para los héroes, pero sé que mucha gente sí se siente así, como que no hay esperanza, no hay una luz blanca al final del túnel. Creen que esta es la vida que nos ha tocado y con lo que tenemos que lidiar ahora mismo», razona. Pero él se describe optimista. «A veces parafraseo la serie y digo eso de que “es demasiado tarde para los héroes”, pero solo porque quiero que me prueben que estoy equivocado. Me gusta el debate, y a veces interpreto al pesimista para forzar a los demás a ser optimistas», reconoce.

Pero también le incomoda. Al menos, esa parte que le convierte a él en un símbolo del Black Lives Matters, como suelen repetirle los fans en los encuentros. Sonríe y espera a que el halago se evapore rápido. «Tú no te levantas y dices: ¿Qué voy a hacer? ¡Me voy a convertir en símbolo de algo! Sencillamente ocurre. No creo que ninguno de los iconos de nuestra sociedad crearan ellos mismos esa imagen. Generalmente haces algo, y después te das cuenta de que ha tenido trascendencia», dice. Respeta el papel de la cultura de masas; pero si tuviera que escoger, prefería que los jóvenes negros leyeran a Donald Goines o Walter Mosley inspirados por sus menciones en la serie, a que vistieran con sudaderas roídas y capuchas».

Colter rehuye ciertas polémicas. O más bien las minimiza: le agotan. En cuanto se alude a la controversia despertada por el editor jefe de Marvel, sugiriendo que la apuesta por personajes multiculturales estaba provocando un descenso en las ventas de cómic de la Casa de las Ideas, resopla sonoramente. Su gesto se vuelve ceñudo, y el rostro cordial se tensa súbitamente. Dirige la mirada al cielo: «Mira, los cómics son otra historia que las películas o las series. Creo que Marvel y Disney, porque son la misma empresa, están vendiendo más sándwiches que bebidas. Eso quiere decir que aún vendes productos, no sé exactamente en qué proporción. El dinero va en la misma dirección, lo asumo, y quizás esté equivocado pero si Marvel tiene éxito, eso quiere decir que tiene éxito. En qué grado o de qué manera la tiene, no lo sé», zanja. Culpa a los periodistas de cazar titulares «retorciendo» los análisis. Despliega el dedo índice y señala: «Siempre estáis al acecho». La inflexión de su voz acojona.

El sexo

«Últimamente me he sentido como forzado a hablar de este tema: si lo hay, si no lo hay. ¿Sabes qué? El sexo es parte de la vida, y lo mismo que esconderlo mucho es raro, enseñarlo mucho también lo es», asegura. La respuesta viene a cuento por otro los temas candentes de Marvel: la decisión de que sus series sean diametralmente opuestas al conservadurismo pacato que ha caracterizado sus películas en los asuntos del empujar. Colter se siente cómodo con el sexo tal y como lo ha rodado en Jessica Jones y en Luke Cage: «No es cuestión de que sea demasiado X, o demasiado largo porque se pierde la línea de la historia y puede que te parezca que estás viendo Cincuenta sombras de Grey. No necesitamos eso. Pero tampoco hay por qué ignorarlo: está ahí, y hay que reflejarlo. A veces cortar y sencillamente poner una escena de la mañana siguiente no basta, porque no sabes que ha pasado entre esos dos personajes. ¿Cómo sabemos lo que han hecho? ¿Cómo vamos a interpretar la manera en la que se miran al día siguiente si no sabemos lo que ha pasado? ¿Durmieron en el sofá? ¿Hicieron un test de embarazo? No, no. Yo creo que debe tratarse con naturalidad», razona.

Ese parámetro de naturalidad, en una coyunda de dos seres con superfuerza, irrevocablemente implica que los goznes de la cama sufran. Y también que los planos se ralenticen en la anatomía comestible del héroe, mientras ella no se desprende del sujetador: «El desnudo de Luke Cage tenía un significado: en Jessica Jones solo ves a Luke a través de los ojos de Jessica, por eso es completamente lógico. Es la manera en la que ella lo ve, y es normal que sea objetificado. No me molesta que Luke Cage sea visto como un objeto sexual, porque ayuda a profundizar en ambos personajes», afirma. Va más allá: «Además, seamos honestos: el motivo de que estemos acostumbrados a cosificar el cuerpo de la mujer es que quienes han estado a los mandos, y todavía lo están mayoritariamente, son hombres. Y ellos por lo general prefieren ver tu culo a ver el mío», apunta.

Hablando de sexo, Colter se desenvuelve con la comodidad y el orgullo que no encontraba al dialogar sobre la esclava perfección de sus pectorales. No tiene ningún problema con la desnudez en pantalla, y su voz suena limpia y sincera cuando lo dice. «Todo el mundo es diferente, hay gente que ama su cuerpo y ama enseñarlo. Hay gente con complejos, dependiendo de dónde vengas, de tu raza… Y además, tienes que contar con internet: una vez que una imagen tuya está ahí fuera, lo está para siempre». No revela si él mismo se ha googleado para valorar cuán favorecido resulta en esas instantáneas sin pixelar, pero tanto da. «En cuanto enseñes algo, siempre va a haber alguien ahí para detener la pantalla y hacer una captura. Y eso nunca desaparecerá. Pero eso es algo maravilloso a su manera. Si tienes la suerte de vivir mucho, podrás volver a esas imágenes y decirte “así es como solía lucir”. ¡Nunca voy a estar tan bien como estoy ahora! y espero poder ver eso en el futuro y decir “esto es lo que era, esto es lo que soy”, así que no creo que sea una mala cosa».

Lo del gusto por debatir no era un farol. «Sé que hay mucha gente que no está de acuerdo conmigo, y que no ve las cosas de esta forma. Por ejemplo, Kate Winslet, una de mis actrices favoritas, que es tan libre y tan dispuesta, no piensa lo mismo sobre lo que supone la desnudez para los actores», apunta. «Para las actrices», me atrevo a corregir. Colter reflexiona un par de instantes y adelgaza el tono: «Sí, es cierto que para vosotras no es lo mismo, tienes razón en eso. No es lo mismo. Porque a mí me gusta que se muestre la belleza del cuerpo —en cierto modo es como un cumplido— pero es verdad que si solo muestras el de la mujer, como suele ocurrir, no está bien. Debería estar más equilibrado», acepta. «Pero ¿sabes qué? En mi caso, no me me importa una mierda. Enseño lo que el personaje requiera, ¿y qué? ¡Ya lo hemos visto antes! Cuando estoy en casa y sale uno de esos desnudos femeninos, no pongo el pause, pero soy consciente de que si ellas se desnudan, sube la audiencia. Eso no creo que pase si un hombre se desnuda». Esta vez, me callo la enmienda.

Los Defensores. Imagen: Netflix.

El Defensor

Con Colter, a veces aprietan las ganas de dejarse llevar por los lugares comunes y soltar memeces como «el papel de Luke Cage está hecho a su medida». La razón es que las coincidencias entre ellos son más que manifiestas, como si se hubiera producido un trasvase entre ficción y realidad. Esa actitud sosegada, esa madurez reposada de Colter —fruto, probablemente, de un éxito tardío y nada aleatorio— es la misma que le caracteriza en su papel como Defensor. En la nueva entrega del universo de Marvel que reúne a los cuatro héroes (Puño de Hierro, Jessica Jones, Daredevil y él mismo) y que Netflix estrena el 18 de agosto, hay un líder evidente: Luke Cage. «No es que sea el líder, es que, por las circunstancias que ha tenido que vivir, es el más maduro de ellos. Yo le veo más en el puesto de conciliador», matiza.

Pone especial cariño cuando se refiere a Puño de Hierro, interpretado por Finn Jones. En Los Defensores no se replica escrupulosamente la brigada que ambos formaban en las viñetas de Héroes de alquiler, pero sí hay guiños a esa camaradería para los connoisseur: «Es con él con quien Luke establece una relación más cercana, como un choque entre la juventud y la prudencia», dice. Evidentemente, él es el cauteloso. «Danny Rand es todo impulso, y es el menos experimentado del equipo. También el más fresco, y creo que contagia algo de eso a mi personaje». A Colter le resulta más interesante hablar de este «bromance» en ciernes que de las decisiones sentimentales de Luke Cage: «Todos hemos leído los cómics y sabemos lo que pasa con Jessica. ¡Pero habrá que darle un tiempo a ver qué pasa con Claire!». La frase debe haberla repetido tanto que apenas resulta audible, por desgaste.

En cualquier caso, salta a la vista que ha disfrutado diluyendo su personaje en el equipo de Los Defensores, soltando lastre de ese protagonismo que tanto sudor le costó alcanzar. Al héroe silencioso le ha resultado un poco más duro lo de unir fuerzas: «Luke no es la peor persona para trabajar en grupo. De hecho fue militar y estuvo en la policía, osea que ya ha trabajado con equipos antes. Pero el hecho de que estuviera enclaustrado y tuviera que huir, le hizo cambiar su relación con los demás», explica. «Creo que Luke Cage un buen corazón y quiere confiar en la gente. No está tan herido como para no poder continuar, y siempre le da a todo el mundo el beneficio de la duda», concluye.

Por el momento, ha conseguido lo que íntimamente es el éxito genuino para cualquier intérprete: que la serie no fuera la misma sin él en el reparto. Pero no es de los que lo celebran. Está concentrado en esquivar otras balas: las que tratan de convertirle en un peón de marketing, un actor decorativo, incapaz de embarcarse en musicales o comedias. Ni siquiera él es inmune. Si esas municiones están fabricadas con el material de los Chitauri, podrían dar al traste con todo.

Nos despedimos con un «Sweet Christmas», deseando que no sea así.

Los Defensores. Imagen: Netflix.

10 comentarios

  1. No he visto la serie, todavía. Pero me ha encantado el artículo. Gracias!

  2. Buen artículo en general, gracias. Mucha referencia Uber imho, como si fuera lo más cool y novedoso del mundo mundial (q no lo es) o patrocinara el artículo…

  3. Me encanta este superheroe lo descubrí cuando la editorial Vértice lo publicaba
    con el titulo de ” Powerman ” ,era como ver una blaxploitation ,cuando el iba por
    las calles caminanando se podían ver prostitutas apostadas en las esquinas ,
    por no hablar de su parecido con los actores y ex jugadores de fútbol americano
    Jim Brown,Fred Williamson y Bernie Casey y lo mejor era la arrogancia de Luke
    Cage que era exactamente como la de los ex boxeadores ex campeones del
    mundo Muhammad Alí y José Legra.

  4. Que tiempos !!!!!,los cómica de Powerman en los quioscos ,junto a los Lib
    donde las exhuberantes Susana Estrada ,Barbara Rey,Eva León y Maria José
    Cantudo mostraban sus cuerpazos y que tío el Powerman un negro mas chulo
    que un ocho como era en España el boxeador Pepe Legra y en EE.UU era Muhammad Alí .

  5. Luke Cage fue un superheroe inspirado en las películas Blaxploitation .En
    España se empezó a editar muy tarde ,fue en 1977,pero valió la pena.

  6. Luke Cage fue el primer superheroe negro de la historia que tuvo colección propia ,
    su creador se inspiró en el cine Blaxploitation y su arrogancia era similar a la de
    dos boxeadores negros de la época el gringo Muhammad Alí ex campeón del mundo de los pesos completos y el cubano nacionalizado español José Legra
    ex campeón de Europa y ex campeón del mundo de los pesos plumas.

  7. Los tebeos de Luke Cage /Powerman que editó aquí Vértice y Mundicomics
    eran increíbles de buenos primero en blanco y negro y luego en color, bueno
    yo la primera vez que leí un cómic donde salió Luke Cage/Powerman y fue
    en la colección de Spiderman cuando Jameson lo contrató para liquidar
    al Hombre Araña a puñetazo limpio.

  8. Ayer comprè el tomo ” Powerman y Puño de hierro ” y es una maravilla.

  9. No me ha quedado muy buen sabor de boca con Defenders.

    Tampoco me lo dejó Luke Cage.

    Las actuaciones musicales en el club y Cottonmouth (gran actor, Mahershala) eran de diez… lo demás se me antojó impostado.
    En mi inmodesta opinión, hubiera quedado mejor y más creíble dibujar un chulito ganstarraper con cierto sentido moral que el angelical Martin Luther King cocido a esteroides que acabó siendo.

    Eso sí… supieron sintonizar con los intereses y preocupaciones de gran parte de su público y eso siempre es aplaudible tanto desde la óptica del márketing como incluso desde la del arte.

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