Apología de Miranda Hart

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Imaginemos que usted o yo nos dirigimos mañana a Telecinco, por ejemplo, al departamento de ficción, y les planteamos la idea de hacer una serie sobre nuestra vida. La mía o la suya de usted. Sin apellidarnos Vaquerizo u Ordóñez y sin que sea un reality o un telefilm, no: una serie. Una sitcom, concretamente. Con su piloto, su slot y sus temporadas. Porque nuestra vida es así de fascinante y porque además va a tener un rating que quita el hipo. ¿Cree usted que Telecinco nos la produciría? Imposible, dirá usted: mi vida es anodina. Pues anda que la mía, le replico yo. Y la de Telecinco, no digamos. Pero en todo caso le citaré a Douglas Adams, con perdón, para decirle que de imposible nada, monada. No es imposible. Sólo es remotamente improbable.

Y es que algo parecido a esto fue lo que hizo un buen día Miranda Hart. Se plantó en BBC y les ofreció hacer una serie sobre ella, que se llamase como ella, escrita por ella y protagonizada por ella. Y no sólo consiguió que se la financiaran, querida amiga; es que además Miranda lo está petando. Lleva dos temporadas de emisión en la británica BBC Two y acumula la tira de premios, entre ellos el Best Comedy Performance de la RTS y varias nominaciones en Montecarlo y a los BAFTA. Además BBC acaba de anunciar la tercera temporada de la serie, que se emitirá en BBC One a partir de 2012.

Miranda

¿Cómo se consigue que una televisión te produzca una una serie epónima, autobiográfica, escrita por ti e interpretada por ti, y que además luego esa serie resulte ser buena? Hoy, en Jot Down, damos las claves.

Miranda (el personaje)

Miranda tiene veintitantos años pero sólo porque treinta y pocos, o eso dice ella, viene a ser lo mismo. Dicho en british mide seis pies y una pulgada —uno ochenta y cinco, para entendernos—, es desgarbada, rechoncha y de guapa tiene sólo el interior. Con frecuencia la confunden con un travesti y con más frecuencia aún la llaman directamente señor. Sufre incontinencia verbal, canta en las entrevistas de trabajo y suele quedarse desnuda en circunstancias sociales. Con estas pobres armas de mujer —y de cualquiera— se enfrenta a la vida en una pequeña ciudad del sur inglés, incógnita hasta la fecha pero que tiene toda la pinta de ser el trasunto de Petersfield, la ciudad de su infancia en el condado de Hampshire. Se enfrenta pero poco, porque a Miranda no le gusta mucho salir; la tienda donde trabaja está debajo de su casa y el restaurante al que va, al lado de la tienda. En ella también trabaja Stevie —Sarah Hadland—, que es su diminuta y rubia mejor amiga, y en el restaurante lo hacen Clive —James Holmes— y Gary —Tom Ellis—, cocinero, moreno y objeto de sus suspiros. La madre de Miranda, Penny —Patricia Hodge— ha perdido con ella toda esperanza y dice cosas como que a la hora de buscarle marido a su hija no puede permitirse, aunque quisiera, el lujo de ser racista.

Miranda y Stevie

La biografía de la Miranda-personaje puede parecer aburrida, pero ocurre que la Miranda-personaje sólo existe como continuidad de la Miranda-real. Cuya biografía es, con creces, mucho más pintoresca.

Miranda (la persona)

El árbol genealógico de la familia de Miranda Hart se remonta al siglo XII. Proviene de los Luce por parte materna, una familia de la alta sociedad inglesa perlada de barones, sires y lores y muy integrada en el poder político británico. Su tatarabuelo sir Michael Culme-Seymour, por ejemplo, fue el Vicealmirante del Reino Unido en la Royal Navy y su tío, Richard Luce, fue Gobernador de Gibraltar y Lord Chamberlain de 2000 a 2006. Por parte de padre Miranda es Hart Dyke, de los Hart Dyke de toda la vida, una familia de copete similar o aun mayor tradicionalmente asociada a la Royal Navy británica. El padre de Miranda, capitán David Hart Dyke, comandaba el buque de guerra HMS Coventry cuando éste fue hundido por el ejército argentino en 1982, durante la Guerra de las Malvinas. Su primo, Tom Hart Dyke, fue secuestrado por las FARC en 2000 y retenido en la selva colombiana durante nueve meses. Miranda Hart no niega pero sí reniega con frecuencia de la extracción social de su familia y en su serie queda claro que conoce a la perfección el mundo de la ocasión social inglesa, incluyendo regatas benéficas y themed-parties a cada cual más absurda.

Miranda Hart se licenció en políticas —y por lo visto con notas de escándalo— por la West England University. El sentido del humor se le entiende de nacimiento, pero no así su vocación por la actuación. De hecho al acabar la universidad sufrió un fuerte episodio de depresión que desembocaría en agorafobia. Miranda Hart, confirmado por ella misma, no salió de su casa durante seis meses enteros. Sería después, en un giro sorprendente de los acontecimientos —o no tanto, según se mire—, que se matriculase en la Academy of Live and Recorded Arts de Londres y que empezase a actuar como monologuista. Escribiendo siempre sus propios espectáculos, participó en el Sitcom Trials y el Edimburgh Fringe, entre otros, hasta que en 2004 presentó el pitching de su serie a los ejecutivos de BBC. Entre ellos se encontraba Jennifer Saunders.

Miranda (la serie)

No tuvo que resultarle sencillo a Miranda Hart explicarle a aquellos ejecutivos qué demontres les estaba proponiendo. Por descontado una sitcom, y además estricta; con sus tres decorados, sus plots cerradas y su público en directo. Al estilo europeo, porque está mal iluminada, y por descontado al británico, porque no parece europea. Pero Miranda, además de todo esto, es mucho más. Es esperpéntica, es astracanada y es todo lo chanante que se puede ser sin ser de la Mancha —Castilla la, no el Canal de—. En ella lo mismo asistimos a una escena chica conoce a chico de dating pedorro al más puro estilo Sexo en Nueva York, por ejemplo, que después a otra en la que la protagonista cabalga hacia el trabajo sobre un caballo imaginario  cual caballero de la mesa cuadrada, sólo que sin el tío detrás con los dos cocos. Ha heredado de Ally McBeal la feliz idea del flashback ilustrado y de Padre de familia, el poco complejo a la hora de hacerlo. También habla a cámara; un poco como en Modern Family solo que abundando más en lo que sería flirtear con ella constantemente. Y lo que es mejor de todo; pese a pródiga en modernuras de este pelo, a Miranda Hart no se le caen los anillos por hacer benihilladas de las gordas; humor físico, comedia de puertas, y slapsticks. En general, toda gracieta que implique acabar rodando por los suelos.

Se comprende, pues, que todo el que intenta definir ‘Miranda’ yerre casi sistemáticamente. Y es que inasequible como resulta a las taxonomías de género contemporáneas, su protagonista, que es lista y muy leída, prefiere tirar de arcaísmo y retrotraerse a los visigodos. El que sin duda es el mejor diagnóstico que se ha hecho –y también el más humilde– sobre qué y en qué consiste su serie lo ha dado ella misma, la propia Miranda, dentro de la propia serie. Farsa, dijo en un par de ocasiones. Farsa francesa. Y después miró a cámara con complicidad, como dando a entender. Es el tipo que de ventajas que tiene que una sea su propio personaje.

Hijas de la Gran Bretaña

Miranda Hart es la más joven a un grupo de humoristas británicas no nuevas, pero sí inéditas. Si como generación no tienen nombre es seguramente porque aún no han sido bendecidas por la diosa de la perspectiva histórica —una diosa que siempre llega tarde—, pero lo cierto es que todas ellas comparten momento, estilo y modus comediante.

La más cercana a Hart es posiblemente Catherine Tate —del programa de sketches The Catherine Tate Show—, y ambas a su vez vienen precedidas por Jennifer Saunders y Dawn French —de French and Saunders—. Todas son comediantes, todas escriben su propio humor y todas tienen un programa epónimo. Todas han crecido televisivamente bajo la gran teta capitolina de BBC Two y todas guardan algo que ver, pero no todo, con las restantes vacas sagradas de las juventudes de la comedia británica televisiva tipo David Walliams, Matt Lucas, David Tennant, David Mitchell, Simon Pegg o Nick Frost.

Pero es que ay, amiga. El humor de ellas tiene un punto diferente al de ellos. Femenino, dirán algunos tirando de obviedades. Yo no las tengo todas conmigo. Quizá sea porque sí o quizá, y más probable, sean sus biografías personales, circunstancialmente atravesadas de episodios poco amables. Miranda Hart, como se ha dicho, sufrió agorafobia; de Catherine Tate se dice que ha intentado quitarse la vida en varias ocasiones, si bien ella no confirma ni desmiente y sólo admite que sufrió una gran depresión postparto tras dar a luz a su única hija. French Dawn protagonizó en 2006 una rocambolesca historia que la llevó a retirarse del show bussiness y mudarse a Berkshire con la certeza, por lo visto inamovible, de que moriría antes de cumplir los cincuenta pese a estar perfectamente sana. Jennifer Saunders, por su parte, no adolece de malestar conocido pero en 2010 fue diagnosticada de cáncer de mama.

Reza el tópico que detrás de todo humorista hay siempre un gran pesimista, pero el haiku en esta ocasión no cuadra; está bastante claro que lo que estas mujeres no son es precisamente pesimistas. Aunque la desdicha, en todo caso, parece haberles dado una perspectiva privilegiada sobre los asuntos del mundo y lo que es más importante; los propios.

Una temporada en el infierno

Miranda Hart se ríe de muchas cosas y sobre todo de sí misma, aunque no lo hace en el sentido convencional de la expresión. Miranda Hart, de hecho, se da una caña que no es normal. Intenta ella discurrir grácil y pizpireta por su pequeño catálogo de ambiciones razonables, que son las de cualquiera en este tercio del planeta, sin conseguir ninguna de ellas y principalmente, y ahí está el quid, por ser enorme y fea. En muchas ocasiones, mueve a compasión. Sobre todo porque sabemos —y ella se encarga de recordárnoslo siempre que puede— que diga Greimas lo que diga persona y personaje pueden ser, si la primera quiere y la BBC le deja, una misma instancia. Lo que es un error por su parte, seguramente, ya que ni mucho menos entra en sus planes darnos pena. Y mucho, muchísimo menos, porque el chocarse entre sí de las tetas de una al darse la vuelta en la cama —pongamos por ejemplo— suene como una palmada, y eso ahuyente a los hombres.

Pero ése, querida amiga, es nuestro pequeño entender de las cosas, que no el suyo. No en vano Miranda Hart practica sobre todas estas menudencias una perspectiva zen que nada tiene que ver con la resignación o, siquiera, la filosofía del keep trying. Su punto de vista es que si yo lo hice, cualquiera puede hacerlo. Literalmente, porque de hecho es una frase que le dedican varios de sus personajes en la serie. La compasión no es una posibilidad cuando cuento que soy desgraciada pero lo hago, de hecho, desde el paradigma del éxito: tener mi propia serie de televisión.  La invitación siempre, en todo momento, es a reírse de mí, y nunca a tenerme pena. Si me tienes pena, de hecho, hay algo en todo esto que no has conseguido entender bien.

Cambiarlo no está en su mano, lógicamente, sino en la nuestra. Y requiere de nosotros no tanto apertura de miras como sí una buena catábasis a tiempo. Para salir indemne de los infiernos, y Miranda Hart es el vivo ejemplo, se requieren muchas cosas; perspectiva, actitud y perseverancia. Pero sobre todo haber bajado previamente a ellos.

Dónde

Lamentablemente, Miranda no está en español. En internet puede conseguirse la versión subtitulada de la primera temporada, pero no así de la segunda. Por suerte la serie estuvo nominada al Youtube Audience Award de los premios BAFTA TV 2011 —que finalmente ganaría The only way is Essex—, por lo que puede verse íntegra en Youtube en los canales de theTVJunkee o de iluvtelly.

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6 Comentarios

  1. Hola Rubén. Quiero decirte que soy una gran admiradora de Miranda Hart. Tu Artículo sobre la apología de la serie y su protagonista es la mejor que he leído en español y te felicito por ello. Pero creo que la serie nos da indicios de mucho más acerca de su protagonista. Un fuerte abrazo y ojalá que haya una 4 temporada y muchas más!

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