Arte y Letras Literatura

Cómo enfrentarse a Ulises

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Ezra Pound visita en 1967 la tumba de James Joyce, en Ginebra.

Fue mi padre quien me aconsejó una y otra vez, con énfasis, la lectura del Ulises. Sus recomendaciones siempre eran certeras y su pasión por este libro más que evidente —él se lo había leído casi de tirón la primera vez y creyó, craso error, que a mí me iba a suceder lo mismo—, así que intenté sumergirme en su lectura dos o tres veces. Y dos o tres veces abandoné la novela después de leer, o mejor diría de tropezar entre renglones, durante un par de capítulos. Pensaba que mejor dedicaría mis esfuerzos a libros menos inhóspitos.

Hay algo en el inicio del Ulises que puede desinflar el ánimo incluso de lectores bien entrenados y dispuestos. Puedo decir es el único libro que tuve que abandonar no porque fuese un mal libro, sino porque me sentía sobrepasado. Esta es una sensación que muchos lectores experimentan con esta novela, aunque hay una minoría privilegiada, o afortunada, o quizá más evolucionada, que consigue sumergirse en la obra ya con un primer contacto. Pero si escribo estas líneas es precisamente porque no pertenezco a esa selecta minoría. Y aun así conseguí terminar amando el Ulises y me gustaría animar a otros para que lo consigan también. La curiosidad por descubrir los ignotos alicientes de esta monumental y abrupta novela —y, por qué no decirlo, el orgullo de “voy a ser capaz de leer este artefacto y no sólo de pasear los ojos por los renglones”— me impulsó a no dejarme vencer, a buscar los ratos indicados en que poder prestarle la debida atención, a centrar mi ímpetu en superar esos primeros capítulos. El esfuerzo fue recompensado. Aun así, hay que admitir que no se trata de un libro para todos los públicos y que su lectura es difícil, pero no es un callejón sin salida. Si yo pude, usted también puede.

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39 comentarios

  1. Muy buen artículo.

    Yo me leí Ulises de una forma un tanto sui generis. Hacía trampa, por así decirlo: me leía un capítulo intentando entenderlo al máximo (imposible, dada la cantidad de significados ocultos, ambiguos y referencias y sobre todo, lo oscuro de las mismas), luego repasaba el resumen de la edición que poseía y asimilaba todo lo que me había perdido. Y por último, releía todo el capitulo desde el principio, esta vez saboreándolo de otra manera, tranquilamente.
    Recuerdo que cuando pasé la última página, tras un rato, pensé que de lo que tenía ganas de verdad era de girar el libro y empezar de nuevo por la página 1. Con ningún otro libro me ha pasado.

  2. Yo estoy siguiendo el procedimiento que menciona Soporazo (lectura, resumen, relectura) y aseguro que es posible, sólo hace falta la convicción de estar ante un título clave de la literatura universal y saber compaginar su lectura con otras obras, a ser posible maestras también (creo que centrarse en un solo libro de lectura tan exigente produce cierto estrés que tienta al abandono: la sensación de no avanzar, de estar perdiendo el tiempo, de no estar a la altura, etc.; el lema es «no hay prisa»).

    Como comentas, es fundamental superar los primeros capítulos, hasta familiarizarse con la clave que utiliza Joyce para cifrar la narración (son varios estilos y narradores, pero un único autor); precisamente esa narración oculta que el lector va descubriendo y, en cierta forma, creando a su vez, es a mi juicio una de las grandezas del Ulises: cuando leo los resúmenes descubro muchas cosas que no había captado, pero también echo en falta otras que mi lectura descubrió y, pienso, quizás sean cosa mía (docenas de veces he exclamado: ¡cómo se parecen los irlandeses a los españoles!). Como insinúa Soporazo, estoy deseando terminarlo para volver a empezar, porque sé que será como leer un libro distinto y de más fácil comprensión.

    Enhorabuena E. J., es un artículo excelente (tomo nota del enlace para citarte en cuanto tenga ocasión). ¡Un saludo!

  3. Bien, me habeis convencido y lo intentaré en breve. Sin embargo, las sensaciones que has descrito me resultan familiares: me ocurrieron cuando leí otra gran novela, «petersburgo» de andrei biely.
    Un saludo

  4. Heisenberg Dufresne

    Decía William Faulkner: «Uno debe acercarse al Ulysses de Joyce como el bautista analfabeto al Antiguo Testamento: con fe».

    Así pienso entregarme a su lectura y también gracias a tu artículo.

    Tenéis una maravillosa web.

  5. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Miquel Barceló: “En nuestra sociedad mercantilista, si se consigue sacar beneficio de clonar humanos se hará”

  6. Sebastián Mateus

    La referencia entre la obra de Proust, Mann y Joyce es acertada en alguna medida. Sin embargo, no considero que la vulgaridad de los personajes de Ulises deba determinarse exclusivamente por los sitios que frecuentan, sino por las nubes que despejan constantemente. De tal forma, tanto Proust como Mann acuden, aunque de manera distinta, a la reinterpretación de la existencia, más allá de si las obras suceden en un sanatorio o en Combray. Qué buen artículo.

  7. Yo ando ahora por la mitad del libro, justo en el capítulo anterior al largo pasaje que parece concebido como una obra teatral. Y, bueno, hoy me he atascado. Frases herméticas, interminables… Me pregunto si llevaré la aventura a buen término. Lo estoy leyendo a pelo, sin resúmenes ni referencias, y en su versión original.

    Coincido con el autor del artículo en que lo importante en Ulises es el continente. No obstante, lo que a la postre trasluce es un completo fresco de la Irlanda de aquel entonces. En las conversaciones de sus personajes no queda un solo asunto en el tintero: desde el boxeo a la política – el yugo inglés-, pasando por la religión, la música, la identidad, la historia, la diáspora, etc. En ese sentido veo un paralelismo con En busca del tiempo perdido -aunque los enfoques varían en cuanto a las clases sociales de las que se ocupan-, pero no tanto con La montaña mágica.

    En fin, veremos si llego a la meta o me caigo antes del caballo.

  8. Que gran libro el Ulises! Muchos de los paralelismos homericos son para mi irrelevantes, es decir, tuvieron muy poco efecto en mi espiritu, obviamente por culpa de mis carencias culturales. Esto no tuvo importancia porque la novela es autosuficiente y funciona como un reloj. Creo que uno de los temas principales es la soledad de los protagonistas. Cada uno de los detalles de la realidad tiene efectos muy diferentes en los cerebros de los protagonistas, y en la inmensa mayoria de los casos esos efectos se quedan en lo privado. Solo voy a poner un ejemplo. Camino del funeral de Dignam, uno de sus conocidos comenta con trsiteza que Dignam ha muerto de forma fulminante despues de una borrachera. Bloom comenta que esta bien que la muerte haya sido asi, rapida. Los demas personajes le miran (probablemente enojados, o eso creo yo). Bloom annade como disculpandose, «quiero decir, sin sufrimiento». Esta anecdota ilustra la enorme diferencia que hay entre el materialismo de Bloom (para el que la muerte es solo un episodio natural), y el catolicismo del resto de sus acompannantes para los que la muerte es un acto trascendente que requiere una debida preparacion sacramental. La novela esta llena de lineas (no digo «parrafos», sino «lineas») de este tipo y el lector tiene que irlas desubriendo. Y muchas veces, las claves estan dentro de la misma novela. Aunque tambien pueden estar en Homero o en la Biblia, o en el propio lector. Es una novela para disfrutar.

  9. Pues yo lo que entiendo es que si el libro es un coñazo, es un coñazo y ya está. No entiendo la necesidad de leer un libro por mero esnobismo intelectual.
    Puedo entender que te pueda costar entrar en una determinada obra, pero es que lo que os estoy leyendo aquí, entre articulista y comentarios varios, se asemeja más a una tortura y a un infinito martitio auto impuesto que a un excitante viaje literario, que es lo que debería ser.
    Imagino que luego quedará la recompensa de poder decir que lo has leído… En fin.

    • El problema del Ulises no es que sea un martirio que no se puede disfrutar, sino que disfrutarlo requiere una lectura más cuidadosa que cualquier otro libro. ¿Que se lee por mero esnobismo? Bueno, habrá quien sí, habrá quien no. Pero creo que alguien que lo lea por pura pose nunca se molestará en entender todo lo que el Ulises quiere contar.

      El Ulises sí puede ser un excitante viaje literario, pero hay que acercarse a él con la mente abierta y con paciencia; si lo haces así puedes disfrutar muchísimo leyendo la novela, que está llena de humor y
      momentos memorables. Hay vulgaridad, pero también hay belleza y escenas extremadamente poéticas, como ejemplifica la soberbia corriente de pensamiento de Molly Bloom, que cierra el libro y que justifica sobradamente su lectura.

  10. Daniel Romasanta

    Hace unos años lo compré, lo empecé y como dice ahí al leer unos pocos capítulos me desanimé, quizás estaba necesitando un artículo como este para volver a entusiasmarme, lo volveré a intentar Ulises.

    • @ Guille

      No niego que existe un cierto «esnobismo» en mi voluntad de atacar el ‘Ulises’, que cayó a mis manos hace poco y precisamente ahora estaba leyendo. Por eso me leí la ‘Divina Comedia’ (muy divertido el ‘Infierno’, pasable el ‘Purgatorio’, coñazo el ‘Paraíso’), ‘Hamlet’ o ‘Antígona’ (al ser obras de teatro, más ligeras) y me «forcé» a leer títulos como ‘Bouvard y Pécuchet’ (insufrible), entre otros.

      Sí, es esnob si quieres. Pero también son historia de la literatura y creo que vale la pena echarles un vistazo para saber al menos por qué son tan famosas. ¿Que a veces cogerías al autor y lo mandarías por el desagüe del WC? Pues sí. Pero al menos sabes por qué lo harías.

      Creo que en este caso merece la pena explorar antes que descartar sin más.

  11. Si creéis que «Ulises» es difícil, probad con «Finnegan’s wake»…

  12. Dios, lo mismo hay que probar otra vez

  13. Cada vez que se menciona esta lectura , siempre encuentro rodeos y más rodeos .Nunca se hace un analisis formal , estilistico, lingüístico , antropológico del texo .
    Siempre el mismo pasteleo de que es lectura para privilegiados . Definitivamente pienso en que si el que lo ha leído no andará todavía dando vueltas a la noria porque en términos de comprensión lectora haceis más ardua la tarea de acercar al lector a la obra que la obra en si misma . D la impresion de que meteis la paja pero no encontrais la aguja .
    Por lo demás, me gusta leeros

  14. No sé si será que es agosto, pero dáis ganas de intentarlo. Y no, no es por esnobismo, pues si lo consigo leer no será para presumir, sino por pura salud intelectual. Igual que hago ejercicio y no es para mirarme en el espejo ni para presumir de palmito en la playita. Aunque igual lo que soy es un snob de autoconsumo, y solo quiero chulear delante mío, para sentirme todavía más privilegiado de haberme conocido y pasar conmigo mismo todo el día todos los días. En fin, que podemos psicoanalizar al gusto, pero por mi parte si me apetece y encuentro el momento empezaré a leerlo, y si veo que me entretiene seguiré.
    Gracias a cuántas personas habéis hecho comentarios por la ilusión que me habéis transmitido.

  15. Ulysses es el mayor juguete literario jamás escrito, revoluciona el género de la novela con la «voz interior» y además se disfruta y mucho. Para mí el mejor y más grande libro escrito nunca. Dicho esto he de decir que varias veces intenté sin exito acercarme a la novela, no siendo capaz de terminar el primer capítulo, hasta que un buen dia descubrí su peculiaridad: hay que pasar de las cincuenta primeras páginas, es decir su primer capítulo, que pareciera pertenecer a otra obra, y cuando te sumerjes en la lectura lo primero que se me viene a la cabeza es que no es prosa sino poesía en estado puro. Cuando iba llegando hacia el final de las más de 500 páginas, ya temía que se acabara porque Ulises es un universo en si mismo, pero el capítulo final es sin duda de apasionante reflexión interna de lo que sucede en el interior de un cerebro femenino. No es un libro fácil, eso es claro, puede que sea imprescindible para leerlo y disfrutarlo tener a las espaldas una gran cantidad de lecturas y estilos literarios.

  16. Pingback: Maneras de vivir - Jot Down Cultural Magazine

  17. Estoy en el capítulo final y no tengo ganas de volver a empezar, por ahora.
    Lo que mas me gusta es la humanidad de los personajes, la mezcla de mezquindad/generosidad/sexualidad turbia, amor y asco, lo que viene siendo cualquier paisano/a que se sienta a nuestro lado en el autobús.
    Lo que menos quizás esos capítulos en los que el experimento literario de impone en exceso, se alarga y da vueltas sobre si mismo, como el que se desarrolla en el prostíbulo. Tampoco ayuda el localismo,y la erudición que me obligan a tirar de Wikipedia para no perderme.
    No me parece justo que un autor exija disponer de su vasto bagaje cultural para la comprensión de su obra.
    Y sin embargo… me da un poco de pena acabarlo, no se que me pasa…

  18. Empecé a leerlo como apuesta con mi novia para que dejara de fumar, porque habíamos oído hablar mal de él. Cual fue mi sorpresa cuando lo empecé y descubrí que me gustaba, especialmente cuando usaba el monológo interior. A partir de la pagína 350-400 cambia de estilo y empieza a innovar más. Desde ese momento se enreda y enreda a innovar y revolucionar el idioma de Shakespeare durante cientos de páginas que francamente, se me hicieron aburridas, incluso el capítulo 15 tan famoso. Hasta el fantástico monólogo de Molly Bloom, todo fue toro.

    Terminado con gran esfuerzo, me sentí insultado por momentos por la egolatría del tipo, y fascinado por momentos como el del entierro, la escena del vater, o la de la playa.

    Han pasado 8 meses desde que lo leí y la verdad es que conforme pasa el tiempo tengo mejor opinión de la obra, de la que ya opino que merece el esfuerzo.

    Previa a la lectura, en vez de leer la siempre recomendable Odisea para sacar parecidos, creo que el libro se disfruta más conociendo la obra entera de Shakespeare y especialmente Hamlet, pues la obra no es realmente sino un pulso que Joyce quiere plantearle al bardo. Además, creo que es también importante haber leído antes Madame Bovary.

  19. Pingback: Guía para leer Ulises – La Hacendera

  20. Pingback: La habitación propia de Virginia Woolf – litunivaldoteablog

  21. a mi lo que me frustra es que hay parrafos que los leo, los vuelvo a leer una y otra vez y no sé que esta diciendo, me gustaría que alguien me lo explicara

  22. Espero que no se me malinterpreten las palabras, pero adorable y enternecedor tu post. Muchas gracias por la tan cálida manera de empujar a alguien a una lectura

  23. Yo he leído poco. He leído menos de lo que me gustaría haber leído. No me dará tiempo a leer todo lo que quiero leer antes de morir. Y me parece una mala idea pensar que las lecturas que me han conmovido a mí van a conmover a los demás del mismo modo; los dos elementos de esa ecuación, libros y cerebros, abarcan tal variabilidad que hacen poco probable (y poco deseable) el consenso. Así, no creo que tenga mucho sentido discutir su calidad o lo que nos hacen sentir; especialmente cuando los valoramos de forma negativa y NO recomendamos la lectura una obra concreta. Ulises es (en mi cerebro) lo mejor que se ha escrito hasta el día de hoy (estamos en el 2018). Lo mejor. Sí, lo mejor. Entre sus múltiples virtudes destaca la de que es un cuadro. No posee la materialidad física de un cuadro, pero, feliz y misteriosamente, es un cuadro. A veces voy yo a mí biblioteca y acaricio el lomo del libro… y me miro los dedos en busca de las manchas de pintura… y me río porque no están. Es una novela difícil; para mí la dificultad es una virtud, sin embargo comprendo perfectamente el rechazo que provoca en otros lectores. Has escrito un artículo magnífico sobre esta novela. Puede que con él convenzas a más de un lector para que dé el paso. Enhorabuena.

  24. Gran artículo, gracias.
    Leo rápido, muy rápido (hice una vez un test y me salía de la tabla), pero con Ulises solo conseguí leerlo cuando lo abordé con lectura hiperlenta.
    Y disfruté como un verderón. Era la traducción de Valverde. Una anterior, argentina, no me gustó. La posterior no la conozco, la usaré cuando relea.
    Comentario: Con Proust no pude. Con Mann, sin problemas. Y Moby Dick me parece de lectura casi tan compleja como Ulises.

  25. Lo intente un par de veces y también me vi superado. Me hace acordar a cuando encaré El ruido y la furia y después de varios intentos logré entenderlo y disfrutarlo. El Ulises no me dejó pasar mas de la mitad. Luego de leer este gran articulo creo que lo voy a lograr. Muchas gracias

  26. Antonio Manuel Guerrero

    LXVI.- NO PUEDO LEER EL ULISES DE JOYCE.

    -¿Cómo? Pero… ¿qué estoy oyendo? ¿Qué no puede usted leer el Ulises ese?
    -No señor. He empezado a leerlo un sinnúmero de veces y siempre lo he tenido que dejar. Unas veces, deprimido al estar convencido que mis alcances son inferiores en altura a la del estropajo tal como queda después de su refriega contra los restos digestivos adheridos a la porcelana del inodoro; otras, desfallecido tras los inútiles esfuerzos realizados en mis intentos de perforar el pétreo valladar levantado por el Joyce ese entre sus criptogramas y mi curiosidad; otras, presa del furor al no poder retorcerle el pescuezo (en inglés) al citado escritor; otras, engañado con un triste consuelo al recordar el mal de muchos; otras, desconsolado al saber que no podré dármelas de intelectual en los círculos donde mis conocidos desmenuzan los arcanos contenidos en sus páginas; otras, recurriendo a un precipitado disimulo cuando veo que mis allegados me sorprenden con el libro sobre las rodillas mirando al frente; otras…, otras…; bueno, sólo una vez, cubierto de oprobio y objeto de chanza, al ser despedido de la librería sin conseguir que me devolvieran el dinero. No, definitivamente no soy capaz de leerlo; no lo puedo leer.

    No lo puede leer…. Pues claro que no, inocente lectorzuelo, pues claro que no porque ese libro no fue escrito para solaz del bienintencionado lector que lee para evadirse de la realidad. No para ese, no para usted, que es el verdadero lector, el lector que sostiene con su peculio y su buena fe las dependencias vitales y sociales de los llamados escritores. Si ha comprado ese libro para leerlo –leerlo digo– ha sido usted –créame– víctima de un fraude. El Ulises ese no es un libro para la intimidad honesta del lector ese que entendemos que es; este libro es como un libro de texto, un libro escrito por el malvado y pícaro Joyce para burlarse de los alambicadores de las quintaesencias literarias. Y esto, en última instancia…, da la razón al sincero que afirma no poder con él. Este libro –abundo en lo mismo– es una cruda y cómica novela policíaca para catedráticos y profesionales de la literatura y de la filosofía, que disfrutarán –no me cabe duda– escudriñando y apostando sobre el saber, intenciones, formas y tendencias escondidas por el burlesco Joyce, el Gran Maestre de la Criptogafía, en cada página del texto. Y si no me cree mire y vea esto, señora mía…; y ustedes también si no tienen nada mejor que hacer. Es muy fácil e intervienen mucho los afectos familiares… sí; así de fácil… ¡Vean, vean, señoras y señores; vean al malquerido Ulises al alcance de todo entendimiento! ¡Pasen señores y señoras! ¡Adquieran sus localidades para acceder a nuestra sesión única de atracción intelectual! ¡Pasen señoras, pasen… y también ustedes, caballeros!¡Por el precio de una futesa, podrán poseer el conocimiento de la joya literaria por excelencia! ¡Nada de obras vulgares y adocenadas como las de esos escribientes de pacotilla! ¿Cervantes? ¿Dostoievski? ¿Goethe? ¿Gente así, pasados de moda? ¡Quiten, quiten de ahí! Esos son insignificancias para mentalidades infantiles. ¡Joyce, el de Ulises, el de Dublineses, el del Retrato ese, otra obra suya cuyo nombre no soy digno de pronunciar! ¡No dejen pasar esta oportunidad…!
    -Ya; ya sigo…. Pues estaba diciendo que para poder leer esta novela o lo que sea, no es necesario ser un iluminado ni tener un coeficiente intelectual muy elevado; lo único que se necesita, principalmente, es tiempo. Tiempo para desvelar lo que se oculta en sus intrincados recovecos. ¡Ah!, se me olvidaba. Tiempo y una forma de ser que pueda identificarse con la melancolía, el humor, la ironía y el sarcasmo que hay contenido entre sus hojas. Digo humor, refiriéndome a todas las facetas que este pueda abarcar excepto con el que promueve la risotada; y sarcasmo, usado debidamente, es decir cuando este recae sobre quien lo pide a gritos.
    Pues nada: primero, a aguantar; después, a indagar, y por último a leer, que lo demás que pueda quedar sale solo. Ya verán cómo. Cuando digo aguantar ya saben de sobra a lo que me refiero. La indagación se refiere a buscar todo lo que nos suene a chino o caiga bajo nuestras sospechas. Algo así:

    -Buenos días profesor Losetó, ¿qué tal van sus pesquisas para descubrir a qué alude el señor Joyce cuando nos descubre a Stephen al final del capítulo tercero pegando su moco en la roca de la playa?

    -Buenos días tenga usted, estimado colega. Pues me parece que he encontrado un paralelo entre Stephen y Dios.

    -No me diga.

    -Sí le digo. Al recibir del genial Joyce la imagen que nos dibuja de forma magistral a Stephen pegando su moco en la roca, he reflexionado profundamente sobre la acción del humano para lograr desprenderse de esa concreción de la mucosa nasal -un moco, ya sabe- y he concluido que, en la mayoría de los casos, por no decir en todos, el citado humano emplea como instrumento extractor -estoy hablando del aspecto mecánico de la cuestión- el dedo índice para tal menester. Debido a la notable tenacidad con que la masa extraída -en parte viscosa- permanece adherida al instrumento citado -el dedo índice- es necesario efectuar una transferencia para lograr que el dedo esté nuevamente en condiciones de afrontar cualquier otra contingencia. He descubierto que esa transferencia se lleva a buen término gracias a las propiedades adhesivas de la parte viscosa de la citada concreción, y así, con un movimiento indicativo del sujeto agente -culminado en contacto con el sujeto paciente- la solución del problema se resuelve con éxito en el cien por cien de los casos.

    -¿Y…?

    -Pues que el movimiento indicativo del hombre es el ademán divino por excelencia.
    Cuando el hombre señala, adquiere tintes de divinidad. Es el Dios Creador de Miguel Ángel en del techo de la Capilla Sixtina. Su dedo extendido es la infinita expresión de Su Poder. Dios transfiere al hombre inerte la porción divina que lo anima mediante el contacto de su índice con el de la figura humana, que cobra vida al instante. El hombre pegando mocos es la afirmación sublime del poder recibido de Dios. Miren esa figura cenital que nos recuerda Dios dando la vida.

    -¿…?

    – Pues está claro, amigo mío. Joyce alude al poder creador del artista en ciernes que se esboza en Stephen, a la superioridad de su talento sobre sus paisanos que, tal pedruscos playeros, no son capaces de percibir el genio. Por eso Stephen, que los estima y repudia a la vez con la desesperación del alma atormentada del poeta olvidado, les transfiere su mensaje nacido de la química de su alma.

    -Pero… ¿no decía hace poco, mi querido Losetó, que estaba en el camino que le llevaría a encontrar ese paralelo entre el acto puro natural de Stephen y un movimiento ritual de cierta tribu aborigen de Madagascar?

    – Olvídese de eso. Fue una intuición que no cuajó.

    -Entonces ¿está seguro?

    -Podría asegurarlo, pero antes quiero descartar una posible alusión a Shamash en el momento de la entrega a Hammurabi de las doscientas ochenta y dos leyes que este compendió en su famoso Código.

    -Vaya…

    Por lo visto, algo como eso de más arriba, lo de buscar en la tribu, lo de investigar a Hammurabi y lo del dedo de Dios, es leer es para los que saben de todas estas cosas. ¿Quién puede hacer una lectura así? ¿Ellos, los sabios detectives? ¿Sí? Pues nosotros también podemos, qué demonios; nosotros, los curiosos aficionados que podemos disponer de todo el tiempo del mundo.

    Cuando la fase de investigación está cubierta, se puede leer. Y entonces ¡oh, milagro! estos personajes y sus cosas aparecen ante nosotros, los iletrados, como si fueran personas de nuestra familia. Sí, sí; y aún más: lo inimaginable. El Ulises de Joyce despierta nuestro cariño. Cariño, sí, eso he dicho. Cariño hacia los personajes y hacia su ambiente; cariño hacia Irlanda, hacia Dublín, e incluso hacia el mismísimo Joyce lo cual ya es decir. Sí, cariño. Pero, en realidad, no emanado sólo de su lectura en tanto que lectura, sino también de su estudio gratuito y sin compromiso, promovido por nuestra curiosidad.
    El amor que el ser humano profesa a la familia y a otros afines, no procede de una señal, sangre u obligación divina. Ese amor nace del apego que edifica el contacto constante con esas personas; nace por la repetición de sensaciones siempre que estas no arranquen de una mala experiencia, es decir: viendo, oyendo, oliendo, gustando…, tocando una y otra vez las personas y las cosas. Incluso produciéndonos estas, inicialmente, un poco de rechazo, se nos van acercando, nos acostumbramos a ellas, y muchas de ellas (más de la cuenta) se sellan con nuestro afecto.
    Con el Ulises de marras, pasa lo mismo. Solamente es necesaria curiosidad y tiempo libre suficiente para visitarlo una y otra vez. Quizás esto último sea más importante que el interés del curioso. A fuerza de curiosear metiendo las narices aquí y allá, de leer despacio; a fuerza de empezarlo y dejarlo cuantas veces haga falta y de importarnos un bledo si se entiende o no, se va desvelando el misterio. Y todo lo que del libro cuelga, va entrando en la familia. Y por llegar a algo familiar, se entiende más; y por entenderse más, se hace más familiar; y por más familiar, más claro y más familiar aún…, y entonces el empapelado cobra sentido y vida. Y ya está: el Ulises, como de la familia: ¡Hola Stephen! ¿Cómo estás? Deja ya esa cara de palo y vente con nosotros, ya verás como las cosas te irán mejor…. Señor Bloom, ¡qué alegría verlo!, ¿y la señora Bloom, sigue con sus cosas? No se aflija hombre, que en todas partes cuecen habas. La vida es como es y no puede uno morirse por cualquier cosa. Adiós, y salude a Molly de mi parte…. ¡Hola gordo Mulligan! ¿Cómo va eso? Estate quieto, hombre, ¡y no me hables de espaldas! Ay, que mocetón este; ¿cuándo vas a tener formalidad? Adiós, ¡y saluda a tu tía cuando vayas a visitarla!… Señora Dignam, he sabido lo de su esposo, y no sabe cuánto lo siento. Pero debe usted sobreponerse. Cuente conmigo para lo que necesite y esté en mi mano…. ¡Hombre, Benjamín! ¿Qué tal? Ya; ya me he enterado de tu éxito ayer en el hotel Ormond. Vamos, vamos, no seas modesto, que el padre Cowley me dijo que rayaste a la altura del viejo Dedalus… Señor Bloom, por favor, que en el tranvía viene gente… Sí, sí, ya; ya comprendo, pero…

    Sí; y entonces, el Ulises pasa a ser una unidad de apoyo para nuestros pesares. Tratándolo así, no tiene nada que no pueda ser entendido, por lo menos en teoría. El Ulises familiar es uno más. Si se ve como algo muy especial, es que no se ha entendido bien.
    Yo creo haber llegado a ver este aparente maremágnum como a alguien más de la familia. Y es porque además de que soy curioso, algo sensible y un poco aburrido, he tenido tiempo más que suficiente para ello.
    ¿Qué si lo he leído en inglés? No, traducido por alguien sensible e inteligente, me parece. Eso de la traba del idioma, o es una excusa para el que no quiere ni tiene tiempo, o es un ademán pretencioso del que cree en el destilado de las quintasesencias esas de las que se burla Joyce. Tampoco creo que un lector sin pretensiones de allá en la islas, tenga mucha menos dificultad para leerlo que nosotros.
    Por otra parte, babearlo como la salvación del mundo, es sospechoso o, por lo menos, señal de poca madurez. Las cosas, por mucho que nos lleguen, hay que aceptarlas con reservas.
    El Ulises de don Joyce goza de una notoriedad entre sus dudosos lectores que quizás no merezca. Su competitividad dentro del mundo de esa literatura sostenida por los lectores que compran libros para leer, no me parece leal. Presume de grande ante un colectivo de receptores que tienen las manos atadas; quiero decir que cualquiera lo entendería -apreciándolo o despreciándolo- si tuviera el deseo y el tiempo suficiente para ello.

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