Hey Joe: la rocambolesca historia de la canción sin dueño

Publicado por

Pocas canciones han tenido una historia tan enrevesada antes de llegar al éxito y convertirse en un clásico como Hey Joe. Es una de las melodías más versionadas de la música moderna y seguro que ha sido interpretada en el escenario, en fiestas o en su propia casa por decenas, centenares de miles de individuos. Casi cualquier guitarrista del planeta reconoce instantáneamente su inconfundible secuencia de acordes, que probablemente habrá practicado alguna vez. En realidad es difícil pensar que alguien, sea músico o no, nunca haya escuchado esta canción. Supongo que la mayoría de los lectores está más o menos familiarizado con esta grabación, la versión más conocida: Jimi Hendrix obtuvo tanto éxito con ella que hoy está indisolublemente asociada a su nombre e incluso se la usa para homenajearle pese a que él no la escribió y tampoco fue el primero en grabarla. Mucha gente sigue en el error de pensar que Hendrix es el autor de la canción.

El impacto de la versión de Hendrix —fue el primer single de su carrera— es comprensible si nos situamos en la Inglaterra de 1966: allí nadie estaba preparado para la aparición de un guitarrista revolucionario recién aterrizado desde la orilla opuesta del Atlántico y además poca gente conocía Hey Joe. Pero la canción ya había ido pasando de un intérprete a otro en Estados Unidos, porque muchos músicos habían intuido que el tema era un diamante en bruto y que podría convertirse en un éxito, si no en un clásico. Cuando el zurdo de Seattle la transformó en un hit mundial no faltaron quienes quisieron atribuirse el mérito de haberla descubierto antes que Hendrix o de haber inspirado directamente su versión; incluso hubo quien se empeñó en discutir quién era el verdadero autor de la canción para intentar apropiársela, lo cual produjo una total confusión respecto a los orígenes de la “murder ballad” por excelencia. La historia de Hey Joe es tan curiosa y accidentada que terminó generando aura de leyenda, como si la canción tuviese vida propia porque estudiando sus orígenes, a veces parece que nadie hubiese sido el verdadero creador, que la pieza hubiese surgido de la nada como por arte de magia.

Hey Joe, ¿a dónde vas con esa pistola en la mano?

—Hey, Joe, ¿a dónde vas con esta pistola en la mano? 
—Voy a matar a mi mujer. He descubierto que está con otro hombre.
Y yo le dije:
—Joe, he oído que has matado a tu mujer.
Y él me dijo:
—Sí, lo he hecho; la he matado porque la pillé con otro hombre.
—Hey, Joe, ¿a dónde irás ahora? Dios mío, ¿a dónde irás ahora?
—Me voy al sur, a México, donde puedo ser libre. Nadie se meterá conmigo allí. Ningún verdugo me pondrá una soga alrededor del cuello; puedes creerme.
—Hey Joe, será mejor que huyas. 
—Me marcho hacia el sur. Adiós a todos.

Billy Roberts
Billy Roberts está legalmente reconocido como compositor de la canción, pero eso nunca le ha reportada demasiada fama.

Esta es la historia que se cuenta en la versión más conocida de la canción, la de Jimi Hendrix; un diálogo entre el narrador y el mítico Joe, el hombre que ha asesinado a su mujer y se propone huir a México para no ser ejecutado por su crimen. Una letra sencilla, pero poderosa, que parece el argumento de algún oscuro western; lo escabroso de la temática, lo apropiado y ajustado de la melodía y el formato musical típicamente folk hicieron sospechar que pudiera tratarse de una canción tradicional. Es tan buena y su sencilla letra resulta tan poderosa y expresiva que solo escuchándola, podría intuirse que se trata de la típica canción que ha sido perfilada a lo largo de siglos, pasando por las manos de incontables intérpretes anónimos, mejorando de boca en boca, como Amazing Grace (por citar algún ejemplo notorio de tonada compuesta por un autor incierto: se dice que Amazing Grace nació del arrepentimiento que sentía el antiguo capitán de un barco de transporte de esclavos) pero que después fue esculpida por el pueblo). Además, dado que la letra de Hey Joe habla de la pena de ahorcamiento y de una huida a México, parece evidente que su argumento está ambientado en la Norteamérica del siglo XIX. Algunas de las versiones que circulan hablan incluso de un revólver Colt 44, de uso común en los años del “Salvaje Oeste”. No es extraño que muchos sostuviesen en su día —y algunos incluso lo siguen sosteniendo hoy; es posible encontrar esta información dudosa en bastantes lugares— que Hey Joe podría tratarse de una canción contemporánea a los hechos que cuenta, es decir, escrita a finales del siglo XIX. Una balada sobre un crimen que podría haber ido de guitarra en guitarra o de violín en violín por las aldeas perdidas de los Apalaches.

Pero no. Lo cierto es que la primera noticia documentada de la existencia de Hey Joe no se remonta a ningún pueblucho polvoriento del viejo Oeste. La prueba tangible más antigua de su existencia la encontraremos en el registro de propiedad intelectual de 1962. Esto es, apenas cuatro años antes de que Hendrix la grabara (aunque, como están a punto de ver, pueden pasarle muchas cosas a una canción en solamente cuatro años). Fue registrada por un cantante folk de origen sureño llamado Billy Roberts. No la plasmó en vinilo, aunque ya la interpretaba en directo por entonces y un productor amigo suyo aseguraba que existía una grabación realizada en algún bar durante 1961; sin embargo, nunca nadie ha escuchado esa grabación ni se ha tenido otra noticia de su existencia. Por lo que parece, esa cinta, es que existió, se ha perdido para siempre. De todos modos, la entrada en el registro de propiedad intelectual está ahí. “Ah, bueno, entonces la autoría de la canción está clara”, podríamos decir. Pero no, no está tan clara. Roberts es el autor legal, sí, pero hay mucha tela que cortar. Sorpresas incluidas, aunque las dejaré para el final del articulo.

A principios de los 60, Roberts era poco conocido —en realidad siguió siéndolo: haber escrito Hey Joe es lo único que le ha dado cierto renombre— que actuaba en pequeños garitos de California. Uno de tantos músicos que pisaba el escenario a cambio de unos pocos dólares o, con suerte, telonear a alguna banda conocida. En la efervescente escena musical californiana de aquellos años no demostraba ninguna característica especial que lo pudiese distinguir entre tantos otros músicos. Excepto porque cantaba esa canción. Y esa canción tenía algo.

The Leaves: la primera grabación de un clásico

En una de tantas actuaciones de Roberts ante un público reducido, un tal David Crosby escuchó por primera vez Hey Joe y quedó inmediatamente prendado de ella. Hoy conocemos bien a Crosby; militó en The Byrds Crosby, Stills & Nash, aquel fabuloso trío de voces al que en ocasiones se unía Neil Young. Es un personaje muy famoso en Estados Unidos, le hemos visto aparecer hasta en The Simpsons, en el mismo episodio en el que también salía George Harrison. A principios de los sesenta, sin embargo, todavía no era una estrella, pero ya podía presumir de haber sido el primer individuo que pensó que Hey Joe era un éxito en potencia.

Crosby se obsesionó con la canción. En 1964 entró a formar parte como guitarrista en un nuevo grupo, The Byrds, liderado por Roger McGuinn. Se empeñó en que tenían que grabar Hey Joe cuanto antes, porque aquello era un diamante en bruto. Pero ni McGuinn ni el resto de miembros del grupo se mostraron muy entusiasmados. No le veían nada especial a la melodía y se negaron a editarla; hay que tener en cuenta que por entonces una grabación precisaba de bastante dinero y recursos, no era como hoy, donde cualquiera puede grabar una maqueta en su casa.

Crosby no se rendía. Seguía poniéndose pesado con la dichosa cancioncita. Finalmente, para que se callase un poco, la incorporaron a su repertorio de directo, donde era Crosby, y no McGuinn, quien la cantaba.

The Leaves
Single de «Hey Joe» de The Leaves, en el que se atribuye la autoría a Dino Valenti.

La popularidad de The Byrds en la incipiente escena hippie de Los Angeles empezó a crecer; como tenían más público que el desconocido Billy Roberts, Hey Joe empezó a recibir atención. en directo. No sabemos a ciencia cierta qué tipo de versión hacía cada uno de ellos al principio. Por lo que se pudo escuchar más adelante, cuando por fin la grabaron unos y otros, cabe suponer que los Byrds ya hacían una versión rápida, más pop-rock, y que Roberts interpretaba una versión más lenta y melancólica, más folk. En 1965, miembros de uno de tantos grupos locales —The Leaves— asistieron a un concierto de The Byrds y descubrieron la canción. Como le había pasado a Crosby, se enamoraron de ella y se convencieron de que su potencial comercial era enorme. Sin pensárselo demasiado, hicieron lo que ni Roberts ni The Byrds habían hecho: grabarla en un estudio y editarla como single. The Leaves fueron así el primer grupo que plasmó el clásico inmortal en vinilo. El lanzamiento no tuvo éxito —por falta de una buena promoción, seguramente— pero contribuyó a desatar un festival de carambolas sobre la autoría del tema. En el single de The Leaves no se atribuía Hey Joe a Billy Roberts, sino ¡a un tal Dino Valenti! Cabe suponer el asombro del propio Roberts cuando se enteró.

Dino Valenti era otro músico de la escena de Los Angeles, que en el futuro formaría parte de uno de los buques insignia de la movida hippie, Quicksilver Messenger Service. También había estado interpretando Hey Joe en sus conciertos, aunque tampoco existen grabaciones suyas. Cuando supo que The Leaves se disponían a grabarla, aseguró que los derechos de autor le correspondían a él. Se las arregló para que lo creyesen, por lo que la etiqueta del disco decía “Hey Joe (Dino Valenti)”. Billy Roberts, preocupado, consultó a un abogado. Se produjo un periodo de enorme confusión legal porque, para terminar de embrollar el asunto, la canción también apareció firmada por John Beck, uno de los miembros de The Leaves. Hey Joe acababa de nacer y el asunto de su autoría ya se estaba transformando en un verdadero caos. Finalmente los tribunales terminarían dándole la razón a Roberts, quien recuperó legalmente la paternidad de Hey Joe, y por ello en versiones futuras aparecería como el autor. Eso sí, aún circulan como piezas de coleccionista ejemplares del single con la firma de Dino Valenti o incluso de John Beck.

Sin embargo, la resolución judicial no apagó otra de las fuentes de confusión: los eternos rumores que siempre han rodeado la historia de Hey Joe. Ya entonces circulaba la historia de que Billy Roberts y Dino Valenti habían sido amigos, y que Roberts había cedido la autoría como favor personal. Dino solía tener problemas con la ley y se comentaba que durante uno de sus encarcelamientos Roberts le otorgó —aunque sólo de palabra— los derechos del tema, para que pudiese recibir algún dinero de royalties mientras estaba entre rejas. Algo similar harían Quicksilver Messenger Service durante otra de las estancias carcelarias de Valenti: grabaron una canción titulada Dino’s song, cuyos derechos de autor estarían destinados a su bolsillo. Dino Valenti debía de ser un tipo carismático, sin duda, porque todo el mundo le hacía favores. De todas maneras, fuera cierto o inventado aquel supuesto acuerdo verbal, no existía prueba documental alguna. Roberts siguió siendo el único autor reconocido por la ley.

De músico en músico

Aunque The Leaves no obtuvieron ninguna repercusión con la primera versión grabada, ignorada por el público, decidieron no darse por vencidos. Sabían que muchos músicos de Los Angeles pensaban que la canción tenía algo especial y que varios de ellos la habían agregado también a su repertorio de directo: Hey Joe era ya como la hija predilecta de la escena musical angelina. Decidieron volver a intentarlo, grabándola por segunda vez. De nuevo fracasaron. El segundo single tampoco se vendió. Parecía pesar un maleficio sobre el tema.

David Crosby
David Crosby se enfureció con sus compañeros de The Byrds, porque durante años se resistieron a grabar la canción y otros grupos se le adelantaron.

The Surfaris era una banda de surf, también originaria de Los Angeles, que había obtenido un resonante éxito con el célebre instrumental Wipe out, canción que sin duda todos ustedes han escuchado, aun sin saberlo. Pues bien, vieron a The Leaves tocando Hey Joe en un concierto. Decidieron grabarla también, en un estilo parecido al de los propios Leaves, aunque la editaron de forma modesta, como cara B de un single, no como lanzamiento principal. También le cambiaron el título, llamándola Hey Joe, where are you going? Dada la escasa repercusión de los anteriores singles de The Leaves y dada la confusión sobre las fechas de lanzamiento que era tan propia de aquellos años, mucha gente creyó (y algunos han seguido creyendo) que los Surfaris habían sido los primeros en grabar Hey Joe. Pero no sólo no fueron los primeros, sino que su versión casi coincidió en el tiempo con ¡una nueva versión de The Leaves! Pese a que las dos anteriores tentativas habían caído en saco roto, es de admirar la fe que aquella banda tenía en la canción y la cabezonería con que insistieron en darla a conocer, cuando muchos otros grupos ya lo hubiesen dejado por imposible. A mediados de 1966 acudieron al estudio, la grabaron y la editaron por tercera vez. Y, ¡milagro! Su fe fue recompensada: su tercer lanzamiento de Hey Joe se convirtió (¡por fin!) en un éxito a nivel nacional durante el verano de 1966. Por fin, lo habían conseguido.

La noticia de este éxito llegó a David Crosby, que había pasado mucho tiempo presionando a The Byrds para que la grabasen. Al ver que The Leaves triunfaban con la que él consideraba casi “su” canción —no la había escrito pero sí la había descubierto, la había dado a conocer entre sus colegas y había sido el primero en pensar que debía ser explotada comercialmente—, se enfureció con sus compañeros de grupo, que llevaban tres años negándose a plasmarla en vinilo. Ellos, viendo su tremendo enfado, accedieron finalmente a grabar una versión titulada Hey Joe (Where you gonna go), de ritmo rápido y cantada por el propio Crosby (muy bien cantada añadiría yo, aunque sus compañeros ¡no opinaron lo mismo!). Sin embargo, a pesar de que The Byrds eran cada vez más famosos, su versión no triunfó como se esperaba, lo cual sólo consiguió agravar el cabreo de Crosby, que no dejaba de pensar que ellos podrían haber sido los primeros.

El éxito de The Leaves dio a conocer Hey Joe en todo el país, y se convirtió en una de las canciones más interpretadas durante 1966, tanto por bandas conocidas como por grupos anónimos perdidos en algún garaje. En Los Angeles, de hecho, era un auténtico “standard” para casi cualquier banda que pisara los escenarios locales, como si fuese un éxito de The Beatles o de The Kinks. Aparecieron nuevas grabaciones. The Standells editaron una versión en la misma onda que la de The Leaves, The Music Machine cambiaron el registro y grabaron una interpretación lenta, con una voz lacrimógena y un sonido etéreo y reverberante, en la antesala de lo psicodélico. También el grupo Love hizo su propia versión: su guitarrista Bryan MacLean había trabajado como “pipa” de The Byrds un par de años atrás y había conocido la canción por mediación de David Crosby. Pero, para mayor enredo, algunos decían que había sido el propio Bryan MacLean quien había presentado la canción a The Leaves y que se estos se le habían adelantado con la idea de grabarla. De repente, todo parecía una competición para decidir quién se había subido antes al caballo del amigo Joe.

¿Una canción tradicional?

En 1966 había ya un considerable galimatías en torno a la paternidad de una canción que no tenía ni media década de existencia, cuando otro par de grabaciones complicaron todavía más la cuestión. Aunque Billy Roberts podía estar contento por la repentina repercusión de la canción (y de los cheques que, como autor legal, empezaban a llegarle), empezaron a surgirle dolores de cabeza inesperados. Apareció de la nada un músico de folk británico llamado Len Partridge, diciendo que años antes había actuado junto a Billy Roberts en diversos bares de Escocia y que le había ayudado a escribir la canción, por lo cual debería ser reconocido como coautor. Su reclamación, sin embargo, no llegó a ninguna parte dado que carecía de pruebas escritas o fonográficas.

Tim Rose
Tim Rose añadió su propia e inesperada explicación al ya de por sí confuso maremagnum de teorías sobre la verdadera paternidad de «Hey Joe».

Más surrealista fue el caso de Tim Rose, que grabó su propia interpretación, pausada y con un logrado tono dramático, que evidentemente sirvió de inspiración directa para lo que después hizo Hendrix. La versión de Rose era muy buena, pero eso quedó en su segundo plano cuando el cantautor se empeñó en que la canción no era de Billy Roberts, sino una balada tradicional. Según Rose, un tipo desconocido la había cantado en una feria rural y él, siendo un niño, había quedado impactado por la fuerza del tema. Emperrado en no pagar derechos de autor por lo que juraba a diestro y siniestro era realmente una tonada popular, el asunto llegó a los tribunales. Tim Rose no pudo demostrar  que Hey Joe fuese una melodía tradicional. No se encontró rastro de posibles versiones anteriores a 1962, fecha en la que Billy Roberts la había registrado. En Estados Unidos existían organismos oficiales que ya por entonces llevaban décadas preocupándose por salvaguardar la riquísima tradición musical del país, muchas de cuyas canciones nunca habían sido pasadas a soporte físico y corrían el riesgo de perderse. La Biblioteca del Congreso, una de esas instituciones, había hecho una gran labor recopilando el repertorio folclórico —fueron, por ejemplo, los primeros en registrar la voz de un joven Muddy Waters—, pero no tenían noticia alguna de la existencia de aquella canción, ni de ninguna otra lo bastante parecida como para ser considerada una versión primitiva. Tim Rose tuvo que pagar derechos de autor, claro, pero jamás se bajó del burro en cuanto a que había ercuchado Hey Joe durante su infancia. Es más, ya en los años 90, como para reafirmarse en su teoría, la volvió a grabar con un título totalmente distinto, Blue Steel 44, con el que evidentemente quería desmarcarse de la idea aceptada de que se trata de una melodía compuesta en los años 60.

Billy Roberts debía de debatirse en un mar de sentimientos contradictorios: por un lado, su canción estaba adquiriendo un prestigio enorme, pero por otro, en cuanto se descuidaba, a la canción le salían padres, padrastros y padrinos de debajo de las piedras. Constantemente planeaba sobre él la amenaza de que alguno de ellos se la arrebatase para siempre. Y eso terminó sucediendo, no en términos legales ni de derechos de autor, pero sí en términos de memoria colectiva.

La versión de The Jimi Hendrix Experience

A pesar de tanto revuelo legal y de que la canción se había diseminado por los repertorios de músicos del todo el país, la única versión realmente exitosa seguía siendo la de The Leaves. Un grupo que, podemos consensuar, no dejó una estela como la de los Beatles. La canción podría haber quedado como una oscura rareza de los 60 si no hubiese saltado el charco y se hubiese hecho popular en Europa.

Chas Chandler
Chas Chandler (a la derecha de la foto) pensó que «Hey Joe» sería un éxito, y que ayudaría a convertir al desconocido JImi Hendrix en una gran estrella en Inglaterra. No se equivocó en nada.

En aquel mismo 1966, el inglés Chas Chandler —antiguo bajista de los británicos The Animals— estaba de viaje por Estados Unidos. Después de la separación de su grupo, Chandler quería convertirse en manager y productor; buscaba en América algún artista desconocido y prometedor de cuya carrera hacerse cargo. Como le había sucedido a otros músicos antes, se obsesionó con Hey Joe en cuanto la escuchó. Descubrió la canción cuando veía un concierto de Tim Rose en uno de los garitos más “hipster” de Nueva York, el Cafe Wha, donde actuaron muchos importantes nombres de la “movida” de segunda mitad de la década y que estaba muy de moda entre los modernos. Cuando Rose cantó Hey Joe, el inglés captó el enorme potencial comercial de la canción. Pensó que cuando encontrase un artista al que apadrinar, podría utilizar Hey Joe como tarjeta de presentación en Inglaterra, dado que la canción aún no era conocida en las Islas Británicas. A Chandler le encantaba que la música y la letra de Hey Joe fuesen tan genuinamente americanas, algo que no hubiese podido salir de la imaginación de los Beatles o los Rolling Stones, que se pasaban el tiempo imitando el folklore norteamericano e incluso cantando con falso acento americano.

Chandler no tuvo que ir demasiado lejos para encontrar a su nuevo protegido. Poco tiempo más tarde, en el mismo Cafe Wha, entró en estado de shock al contemplar la actuación de un guitarrista completamente desconocido, un tal Jimi Hendrix, que no se parecía a nada que hubiese visto antes. No solamente le dejaron atónito —como a todos los demás músicos— lo que Hendrix podía hacer con su instrumento o la espectacularidad de su puesta en escena, sino el hecho de que el guitarrista comenzase su actuación tocando, precisamente, ¡la propia Hey Joe! Chandler vio inmediatamente el filón: convenció a Hendrix para que le acompañase a Inglaterra, donde le presentó a dos músicos británicos con los que formaron el trío The Jimi Hendrix Experience para hacerle la competencia a los Cream del entonces reinante Eric Clapton. Rápidamente grabaron y editaron Hey Joe como su primer single. El lanzamiento, ayudado por la creciente fama que Hendrix estaba ganando en Londres como fuerza de la naturaleza en el escenario, se convirtió en un gran éxito en las Islas Británicas y obtuvo, además, inmediata repercusión en buena parte del resto de Europa. Cuando en 1967 Jimi Hendrix volvió a su país para tocar en el festival de Monterey —al que pudo acudir gracias a la intervención de sus famosos colegas británicos, puesto que aún no era una estrella en su propio país— Hey Joe ya era una parte fundamental de su repertorio de directo, y su forma de interpretarla hizo que la gente olvidase rápidamente las versiones anteriores, algunas de las cuales podían ser mejores en uno u otro aspecto, pero cuyo trabajo de guitarra no podía competir con el de Hendrix. La interpretación de la Experience no era especialmente novedosa; de hecho se parecía mucho a la de Tim Rose… excepto en lo referente a la instrumentación: desde el fraseo inicial de guitarra (basado en el blues, y, esto sí, aportación genuina de Hendrix) que servía como presentación y hacía el tema instantáneamente reconocible, hasta el solo en mitad de la canción, o los contratiempos de la batería jazzística de Mitch Mitchell. Casi tres años después de que Hey Joe hubiese conocido su primera versión en disco, tras un par o tres de éxitos moderados y cientos de artistas tocando el tema por todo Estados Unidos, finalmente la muy americana Hey Joe se convirtió en un clásico… pero había tenido que hacerlo desde Inglaterra, desde el exilio, como el también muy americano Jimi Hendrix.

A raíz del éxito de Hendrix muchas más bandas grabaron Hey Joe, aunque por lo general se basaban en lo que Hendrix había hecho. Durante décadas, decenas de artistas han rescatado la canción, aunque no siempre con el mismo éxito: algunas versiones comercialmente célebres y conocidas de todo el mundo fueron, por citar dos ejemplos separados en el tiempo, la de Deep Purple o la que Willy DeVille hizo con logrados interludios en plan mariachi. Ponernos a enumerar todas las versiones que se han editado en disco (y no digamos todas las veces que ha sido interpretada en directo) sería una tarea interminable. Sólo cabe repetir lo que decíamos al principio del artículo: en el imaginario popular, Hey Joe ha pasado a pertenecer a Jimi Hendrix y su grabación es la base de casi todas las revisiones posteriores. ¿Es esto una injusticia para el pobre Billy Roberts? Lo parece, pero…

¿…a quién debemos agradecerle la canción?

Supongo que Roberts ha estado gozando de los royalties durante todos estos años, así que nunca le habrá faltado su cheque mensual, pero nunca ha conseguido ser un músico de éxito. Después de la explosión de Hendrix, grabó su propia versión de Hey Joe, claro, pero pasó desapercibida. Y todavía tenía que lidiar con la habladuría de que podría tratarse de una canción tradicional (aunque, repito, nunca existió la más mínima prueba de ello) además de contemplar cómo la leyenda de Hendrix lo devoraba por completo.

Pero una historia tan rocambolesca como la de Hey Joe no podía terminar así, sin más. El tiempo y la curiosidad de la gente acerca de este tipo de historias terminan sacando a la luz sorpresas inesperadas.

Era como si la gente se resistiese a creer que Roberts se había sacado semejante joya de la manga. Durante años se barajaron diversas posibilidades sobre qué podría haber inspirado a Billy Roberts para escribir su gran obra. Por ejemplo, teníamos un éxito country de los cincuenta llamado precisamente Hey Joe, cuya letra también está estructurada en forma de diálogo y que quizá en ese sentido podría haber sido una influencia… aunque la verdad, ni la temática ni (sobre todo) la música tienen nada que ver con la Hey Joe de Billy Roberts, por lo que no podemos considerarla un verdadero antecedente. También se la ha comparado con la famosa Cocaine Blues, que fue popularizada por Johnny Cash, y que a su vez era la revisión de Little Sadie, una canción tradicional —esta vez sí— que hablaba de un hombre que escapaba tras haber asesinado a su esposa por haber descubierto que le era infiel. Aunque tampoco en este caso la melodía se parece a la de Hey Joe y, más allá de la historia que cuenta, no hay otro paralelismo. Ninguna de estas canciones, ni otras que se hubiesen podido barajar, constituían un antecedente demasiado claro. Eso sí, ante las dudas que siguió despertando el posible origen de Hey Joe, algunos no han cejado en su afán detectivesco. Y sus hallazgos, que los terminó habiendo, no pudieron revelarse más sorprendentes.

Niela Miller
Niela Miller: ¿qué pinta la señorita de la guitarra en toda esta historia? Buena pregunta, y todavía mejor respuesta.

Resulta —redoble de tambores— que Billy Roberts había tenido una novia a principios de los sesenta. Como todo el mundo, claro. Pero dicha novia, llamada Niela Miller, era una cantante folk. No puede decirse que tuviera una garganta privilegiada —será cuestión de gustos, pero a mí, Miller me recuerda a Joan Baez tras haberse bebido doce cafés—, pero admito que sus canciones no estaban mal. O por lo menos una de ellas. Niela Miller tenía un mérito oculto por el que ahora, probablemente, sí pasará a la historia aunque sea como digna nota a pie de página. Sus olvidadísimas grabaciones estuvieron acumulando polvo en baúles y sótanos durante mucho tiempo, y seguramente no hubiesen merecido mayor atención si no fuese porque un buen día alguien descubrió un detalle llamativo en ellas. Y, claro, observando la biografía de la señorita Miller y viendo que había sido novia de Billy Roberts, ese alguien empezó a atar cabos. La pobre Niela no grabó una canción sobre un hombre que mata a su mujer, pero sí una tonada llamada Baby don’t go downtown, en la que no hay crímenes pasionales ni amenazas de ahorcamiento, pero… ¡voilà! Si uno escucha los primeros acordes y el arranque de la melodía, ¿qué es lo que uno escucha? Pues muy sencillo: ¡uno escucha Hey Joe! Obviamente las dos canciones no son idénticas, pero habría que ser muy torpe para no captar al instante que Billy Roberts le robó la frase principal a su antigua novia y la convirtió en una nueva canción, con una letra y temática diferentes, pero con idéntica melodía. Un robo que Niela Miller, por otra parte, siempre había denunciado cuando alguien se molestaba en prestarle algo de atención, cosa que, la verdad, sucedía pocas veces.

No, Billy Roberts no mató a su chica como el protagonista de la canción… se limitó a fusilar impunemente su trabajo. Un plagio no demasiado romántico del que nació uno de los mayores clásicos del siglo XX, que como mínimo debería figurar en los discos como “Hey Joe (Miller/Roberts)”, ya que con toda justicia se puede considerar que es una obra conjunta. Ella escribió la melodía, él la letra. Quizá sea la propia justicia poética de la que tanto se habla la que hizo que Jimi Hendrix, sin pretenderlo, se haya convertido casi en el “autor oficioso” de la canción, en detrimento de Roberts, quien a su vez se la había robado a su ex-pareja. No hay pena de horca para Roberts, pero así son las cosas: se le ha negado la inmortalidad.

Este podría ser el final de la historia; sólo nos queda saber qué ocurre con Joe, el protagonista de la canción. ¿Consigue llegar a México? ¿Es capturado justo antes de atravesar la frontera y despide sus días en el cadalso, pendiendo de una soga? ¿Abre una taberna en algún pueblo perdido en el desierto y pasa el resto de su vida ahogando sus remordimientos en alcohol? ¿Se convierte en mercenario y termina ante el paredón durante alguna revolución mexicana? ¿Le encuentran sus antiguos cuñados y en venganza por la muerte de su hermana le abaten a tiros en algún callejón polvoriento? No se sabe ni se sabrá nunca. Pero yo, por mi parte, espero ansioso el próximo capítulo del culebrón: que aparezca un viejo bluesman ciego de ciento cinco años, que tras haber pasado su vida cargando carbón en la cuenca del Mississipi, decida reivindicar también su pequeña parcela de gloria y salga a la luz diciendo “Niela Miller me robó mi canción”. Por qué no. Cosas más raras se han visto.

ANUAL

30año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 
 

MENSUAL

3mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 
 

ANUAL + REVISTA IMPRESA

75año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
4 Números impresos Jot Down
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

ANUAL + REVISTA IMPRESA + FILMIN

100año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
4 Números impresos Jot Down
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

34 comentarios

  1. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Canciones para amar y matar (I)

  2. ¡Este artículo es buenísimo!

    Empieza como un artículo documental sobre una conocida canción, pasa a una historia de listillos, ladrones y aprovechados, luego se convierte en el punto que desencadena la irrupción de un genio como Hendrix, y posteriormente un fenómeno cultural, para al final ser una historia de desamor… ¡Bravo!

  3. Gran artículo, no conocía toda ésta historia. Personalmente siempre preferí la versión de los Byrds a la de Hendrix… y ahora resulta que otro montón de versiones interesantes y diferentes que se grabaron antes que la versión de la Experience a los que hincar el diente.

    • Manuel

      No hay que olvidar, que el primer single y cara A, que sacó Patti Smith, fue una versión de Hey Joe.

  4. Pues según Keith Richards en su autobiografía Hendrix se la robó a él =)

  5. Es de las pocas veces que un post tan largo me engancha hasta el final.

    Gracias :D

  6. El reportaje es fantastico, siempre pense que esta canción era de Hendrix, ahora veo que no, gracias por tan fantastico post.

  7. El hombre de la primera foto es Antonio Recio, de mariscos Recio, pescado al mejor precio…

  8. La conocía por la versión de Willy DeVille -que me encanta-.

    Felicidades por el artículo.

  9. amparo

    la escribió Keith Richards, en su biografía VIDA lo explica

  10. ¡Fantástica entrada! Yo era de los que creía que el original era el de Jimi Hendrix. Me ha encantado :-)

  11. Nacho Hendrix

    Lo que Richards cuenta en su biografía es que su novia de aquella época, Linda Keith, le cogió la grabación de «Hey Joe» que había grabado Tim Rose; y se la enseñó a Jimi.

    Keef no lo asegura, solo cita lo que le dijo Linda.

    Por cierto, muy buen artículo, gracias.

    • ¿Linda Keith le mostró la grabación a Hendrix? Es posible, y es posible que no. De todos modos, Hendrix era desconocido pero no era un “outsider”: llevaba cierto tiempo en la industria como guitarrista de sesión y había participado en discos y giras de grandes artistas, y además se movía en los ambientes más “hipster” del momento, así que estaba bastante al tanto de lo que se cocía.
      Lo que sí es cierto es que Hendrix no quería editar “Hey Joe” como primer single, y pretendía presentarse discográficamente con una canción propia como “Purple Haze”. Pero Chandler debió de pensar que era mejor usar como tarjeta de presentación una canción ya probada y apta para (casi) todos los públicos, y no un experimento vanguardista como el riff inicial de “Purple Haze”, que sigue sonando extraño para el oído del ciudadano medio incluso hoy.
      Un saludo. Los fans de Hendrix son siempre bienvenidos.

  12. Rock & Bolesco

    Me ha gustado.
    He echado en falta, no obstante, álguna alusión a la versión de Wilson Pickett, para mí, la mejor.

    • Hola,

      La versión de Pickett estaba muy bien (como todas las versiones que él hacía, por otra parte) pero temporalmente pertenece ya al interminable aluvión de versiones que se hicieron tras el éxito de Hendrix. Intentar nombrarlas todas ¡sería como escribir en la Enciclopedia Británica!

      Y sé que tienes toda la razón, debería haberla nombrado. Pero entonces también debería haber nombrado la versión instrumental de King Curtis con nada menos que Duane Allman a la guitarra, y entonces también debería haber nombrado la de… ¡todo el mundo ha hecho esa canción!

      • Rock & Bolesco

        Es cierto eso que dices: ¡tiene más versiones que Garota de Ipanema!
        Y me alegra saber que también aprecias la de Wilson Pickett.
        Saludos,
        R&b

  13. Sinceramente hacía muchísimo tiempo que no leía algo tan interesante. Mi más sincera enhorabuena.
    Lo malo es que es como la novela que empieza con un primer capítulo difícil de superar, tengo ansias por seguir descubriendo este blog. Y si los posts restantes son sólo una décima parte de interesantes que éste, ya habrá merecido la pena.
    Genial, de verdad.

  14. Carlos

    Simplemente genial. No hace mucho hablaba de este tema con alguien. Lo que sí es cierto…que te falta la parte de Keith Richards y la novia compartida con Hendrix…la famosa Anita Pallenberg.

  15. enhorabuena
    Sacar petróleo de una historia como esta tiene tela.
    Genial el final.
    Ánimos y a por más.

    De todas las versiones conocidas, aparte de la Hendrix me quedo con la Tim Rose. La de los Byrds, parece que se hayan tomado esos doce cafés.

  16. Octavio

    Increíble artículo. Conforme lo leía, me parecía más interesante. Como el que va leyendo un libro y quiere saber más de la historia que le tiene enganchado.

    Que levante la mano el que, mientras leía el artículo, no ha ido a youtube a buscar las distintas versiones a las que se hacían referencia.

    La historia de esta canción merece una película. La titularía Hey Joe y sería una buena excusa para empezar un biopic de Hendrix.

  17. Grán artículo, pero siento decirte que despues de escuchar la canción de la novia, no estoy para nada de acuerdo con tus conclusiones: Eso de que por un triste acorde parecido (porque ni siquiera lo toca igual) la haga «co-autora», significariía que tendríamos que cambiar a los autores del 80% de la historia del rock y del pop, y sin exagerar ni un pelo.

    Si tu tienes respeto y consideración por gente como.. (por poner solo un par de ejemplos de los más descarados) Led Zeppelin, Los Stones,… y respetas sus autorias aún sabiendo que han copiado en mayor o menor medida un montón de clasicos (en algunos casos, plagiado directamente, pero dejando eso a un lado), porque el tal roberts sea un don nadie, no debes ningunearlo: La canción de la novia no era igual, no tenia la letra (pieza clave del exito de la cancion) y ni el acorde suena igual (los arreglos también son clve en esta cancion), así que el afan «revisionista» creo que en este caso no justifica el cebarse con los pobres.

    Aunque este Roberts no le haya sonado la flauta tan bien nunca más en su vida, al cesar lo que es de Roberts.

  18. Hay que hacer un monumento al sr.Emilio Gorgot, estos articulos no tienen precio, tanto los musicales como los de series y peliculas, me declaro fan incondicional!!! queremos mas!

  19. Recomendaré este sitio a mis contactos.

  20. Esto es un artículo interesante y bien escrito y lo demás cuento. Enhorabuena y gracias.

  21. Excelente post, como muchos sólo conocía la versión de Hendrix , inigualable, pero ahora que conozco su historia me parece una pieza aún mejor

  22. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Las 20 mejores versiones de la historia

  23. Av Lynch

    Excelente recopilación y manera de contar la historia de una canción bella y trascendental.
    Haremos nuestra propia versión.

  24. Anónimo

    ¡Excelente!. Definitivamente la canción «Tiene algo», llevo varios días tocandola en la guitarra (La de Jimmy Hendrix), y no puedo dejar de hacerlo… :) Es demasiado interesante saber toda la historia que hay detrás de tan gran éxito. Gracias.

  25. Este tema es todo una joya del rock,sin duda la version de Jimi Hendrix es la que tiene mas ese tinte rockero de aquella epoca de los 60s.
    La version de The Music Machine – Hey Joe,es realmente buena y si quieren escuchar en version español pueden escuchar a un cantante peruano llamado Jeriko – Hey Joe

  26. Santiago

    Fantástico artículo. Enhorabuena.

  27. Un estupendo artículo para una canción espectacular, aunque el «rescate» que hizo Charlotte Gainsbourg no está nada mal…

  28. ¡Me ha encantado! Hace poco me dio por poner la versión de Johnny Hallyday en Estados Unidos, me preguntaron ¿Quién es el francés ese? … en fin, me habría gustado que la canción fuera suya.

  29. Muy buen post. Coincide bastante en lo que hasta ahora he leído sobre la historia de esta magnífica canción.

Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.