Hic sunt dracones

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Probablemente, una de las épocas más fecundas —y si me permiten el melindre, más sinceras— de la historia de la música, es la que comprende el final de la década de los 60 y el principio de los 70.

En 1965, el rock and roll ya era un adolescente conocido en medio mundo e Inglaterra había dejado atrás el movimiento mod para competir con Estados Unidos por la corona de la industria musical. La música pop, liderada por The Beatles, The Beach Boys y The Byrds conquistaba las radios a ambos lados del Atlántico y desataba definitivamente el fenómeno fan. Poco a poco, y excepción hecha de The Rolling Stones, el rock británico evolucionaba en apenas unos años hacia estilos más eruditos que encontraban su inspiración en elementos tan variados como la psicodelia, en el caso de Pink Floyd, la música docta, fundamental en la discografía de Genesis, o la música árabe e hindú, una de las principales influencias de los últimos Led Zeppelin. Por su parte, el pop sencillo de mediados de los 60 había ido madurando hasta convertirse en un género más elaborado, guiado por la propia transformación de las composiciones de Lennon, Harrison y McCartney, que había quedado patente en discos como el conceptual Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y el popularmente conocido como White Album, así como en el sorprendente medley contenido en la segunda parte del Abbey Road.

Sin embargo, el estilo sobrio y crudo de alguno de los grupos que protagonizaron la denominada British Invasion, como The Kinks —que sería adoptado posteriormente por un sinfín de bandas británicas y sobre todo por The Who, insigne miembro de la “Santísima Trinidad del rock británico” junto a The Rolling Stones y The Beatles según la revista Rolling Stone, quienes reconocieron que la influencia de The Kinks era tal que hasta se podría decir que I Can’t Explain era una “copia directa” de All Day and All of the Night—, permaneció intacto en varias bandas estadounidenses, convirtiéndose en el germen del garage rock. Esta renuncia al virtuosismo propio del rock sinfónico o progresivo que imperaba a principios de los años 70 en el Reino Unido —representado por bandas como Pink Floyd, Genesis, Jethro Tull, Yes o King Crimson— terminó derivando en dos estilos diferentes pero caracterizados por su simplicidad instrumental y respecto de los cuales hizo de catalizador el grupo liderado por Lou Reed y John Cale, The Velvet Underground. Uno de ellos fue el punk, cuyo origen suele asociarse a la publicación del primer álbum de The Stooges, producido por el propio John Cale, y del que ya hablaremos en otro momento. El otro, que también se basaba en la ausencia de recursos creativos por oposición al elaboradísimo rock contemporáneo y que adoptaba la estética de Candy Darling, Ultra Violet, Nico y las demás Superstars —nombre por el que era conocido el estrafalario séquito de Andy Warhol, manager de la no menos excéntrica Velvet Underground—, supuso la aparición en la Gran Bretaña del conservador Edward Heath de algo que en el mapa musical se situaba más allá de la línea imaginaria a partir de la cual sólo hay dragones: el glam rock.

John Lennon definió el glam rock como “sólo puto rock and roll con pintalabios”. Y no se equivocaba. El glam era el rock clásico de los años 50 combinado con las melodías pop de los 60 y reforzado con un sonido sobresaturado y contundentes riffs de guitarra eléctrica. Pero también era una estética concreta que acudía al exceso de maquillaje, a las lentejuelas, a las plataformas y a estrambóticos peinados, así como una actitud altiva, orgullosa de su aspecto andrógino, de la ambigüedad sexual de sus letras y de su epicureísmo militante. Aparentemente, el matrimonio perfecto entre el avant-garde theatre, el rock and roll y el cabaret, pero en realidad no había mucho del glamour y la delicadeza que prometían. Aquellas estrellas cubiertas de purpurina que invadían las listas de éxitos británicas en la primera mitad de los años 70 no eran más que los toscos y jóvenes rockeros de siempre, ahora enfundados en disfraces de mujer.

Oficialmente, el glam rock nació en marzo de 1971. Momentos antes de que Marc Bolan y su grupo, T. Rex, subiesen al escenario del programa musical británico Top of the Pops, una mujer llamada Chelita Secunda, esposa del manager de Bolan, le regaló a éste un par de zapatos femeninos para que se los pusiese y decoró el contorno de sus ojos con purpurina. Esa noche, T. Rex interpretó su single Hot Love y la canción se convirtió inmediatamente en un éxito, alcanzando el número uno de las listas de ventas y permaneciendo en ellas durante seis semanas. La banda pasó de disfrutar de una tímida fama como grupo de folk a convertirse en la bandera de un nuevo género musical. Chelita Secunda, además de poseer un nombre inolvidable, había inventado el glam.

En cuestión de meses, comenzaron a surgir nuevos grupos que imitaban el estilo estético y musical de unos T. Rex cada día más populares. Después de que en junio de ese mismo año Sweet colocase su canción Co-Co en el número dos de las listas dando un paso más en el camino hacia la extravagancia, en agosto aparecieron en escena los incontenibles Slade. Considerados por algunos la banda británica más laureada de los 70, con seis números uno y diecisiete canciones seguidas en el Top 20, son uno de los símbolos más reconocibles del glam rock. Su primer gran éxito fue una versión de Get Down and Get With It, recomendada por su manager Chas Chandler, antiguo bajista de The Animals y representante de Jimi Hendrix. Con un sonido mucho más potente que el resto de grupos y un aspecto todavía más cercano a lo carnavalesco, que incluía taconazos, trajes plateados y chisteras, una de sus muchas señas de identidad —otra era la inclusión de todas las abreviaturas posibles en los títulos de sus canciones— fue la publicación de un álbum navideño todos los años, destacando el célebre villancico Merry Xmas Everybody.

David Bowie sería merecedor de todo un monográfico y, si me apuran, hasta de un verdadero ensayo sobre su vida, su obra y su personalidad. Sin embargo, en estos momentos —habrá otros— únicamente nos interesa su inestimable contribución al glam rock. Hasta 1972, el Duque Blanco sólo había conseguido cierta reputación como compositor gracias a Space Oddity, pero distaba mucho de ser una estrella del rock. Ni su música ni su apariencia tenían nada que ver con las plataformas y el rímel. El 10 de febrero de ese mismo año, ya transformado en el andrógino Ziggy Stardust, comenzó una gira por todo el Reino Unido junto a The Spiders From Mars que le convertiría en un auténtico fenómeno de masas. En abril salía al mercado el single Starman y en junio el álbum The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, que tras la actuación de un travestido Bowie en el programa Top of the Pops, entró inmediatamente en las listas de ventas, donde permanecería dos años. Fue tal el éxito cosechado, que los discos Hunky Dory y The Man Who Sold the World fueron relanzados y sus ventas se dispararon. En esa misma época, David coproduce el disco de otro de los grandes rockeros que terminaron rindiéndose al lápiz de ojos, el ex líder de The Velvet Underground, Lou Reed. El álbum Transformer contiene dos de las canciones más conocidas y emblemáticas del neoyorquino, Perfect Day y Walk On the Wild Side, y es uno de los discos imprescindibles de la historia de la música. Igualmente, Bowie cede la canción All the Young Dudes a otro de los grupos glam del momento, Mott the Hoople, y después del álbum de 1973 Aladdin Sane decide abandonar la senda de la purpurina y poner fin a Ziggy Stardust, temiendo ser absorbido por el personaje.

Mientras Bowie ascendía al firmamento del glam y popularizaba el género como su embajador más destacado, aunque quizá no el más representativo, Slade y T. Rex continuaban su andadura con las enérgicas 20th Century Boy y Get It On—cuyo riff principal sería plagiado en los 90 por Noel Gallagher en Cigarettes and Alcohol y el poderoso himno Cum On Feel the Noize. A medida que el “rock and roll con pintalabios” se extendía, los sectores más conservadores de la sociedad británica señalaban a esta nueva generación de grupos de música como los responsables de las perversiones sexuales de la juventud. La ambigüedad estética cada vez era más frecuente en las calles, y los chicos que un año antes compraban los discos de Roxy Music con cierto temor a ser descubiertos, en 1973 paseaban orgulloso sus chaquetas de lentejuelas y sus melenas decoradas mientras encumbraban a nuevos ídolos como Brian Eno. El centro de gravedad del glam había dejado de ser el rechazo de la grandilocuencia del rock sinfónico y se había desplazado definitivamente hacia los principios que inspiraban el modo de vida de sus discípulos, como la libertad sexual, el travestismo, la búsqueda del placer y el gusto por lo excesivo. Cientos de jóvenes habían hecho del glam su forma de enfrentarse al puritanismo de la vieja Inglaterra. Era su particular Summer of Love. No obstante, el verdadero acontecimiento musical estaba aún por llegar. En julio de 1973, una nueva estrella asaltaba el número uno de las listas de ventas con su single I Am the Leader of the Gang (I Am): Gary Glitter.

Paul Francis Gadd no era precisamente un adolescente cuando irrumpió en la escena glam. Había grabado su primer disco en 1960, época en la que aún se hacía llamar Paul Raven, y sus canciones sonaban de vez en cuando en alguna que otra radio. En 1972, sabedor de que el triunfo pasaba por aceptar las lentejuelas y el maquillaje, cambió su nombre por Gary Glitter y se dio a conocer con la célebre pieza semi-instrumental Rock and Roll. A partir de ese momento y hasta 1976, su hegemonía fue incontestable, logrando once Top 10 consecutivos en tres años. Su característico sonido casi siempre basado en un fatigoso compás de 2/4 del que se encargaban dos baterías y que daría lugar al ritmo comúnmente conocido como “Glitter Stomp—, sus innumerables trajes reflectantes, sus tacones de vértigo y su fama de depravado —hoy en día cumple condena en una cárcel de Vietnam por abuso de menores— convirtieron a Gary Glitter en el símbolo histórico del glam rock. Suyos son algunos clásicos del género como Do You Wanna Touch Me y Hello, Hello, I’m Back Again —de nuevo, plagiada por Noel Gallagher en el estribillo del sinlge de Oasis Hello—. La asociación entre el artista y el estilo fue tal, que eran muchos los que se referían al glam como “Glitter rock”.

El año 1973 no terminaría sin atraer hacia el brillo de la bisutería a muchas otras bandas de rock que se iniciaban en el estilo musical de moda bajo la protección de los productores Nicky Chinn y Mike Chapman, quienes encontraron en el glam rock su particular El Dorado. Así alcanzaron cierto renombre grupos como Mud o Suzi Quatro, una de las pocas chicas que consiguieron hacerse un hueco entre tanto hombre subido a un par de plataformas y que obtendría con Can the Can su primer gran éxito. Por otra parte, ese mismo año iniciaba su carrera uno de esos grupos que, como sucedía con Roxy Music o David Bowie, no pueden ser encuadrados únicamente dentro del glam debido a su extensa trayectoria, pero que sucumbieron sin lugar a dudas a sus encantos estéticos. Liderados por un pomposo vocalista llamado Freddie Mercury, nacían los camaleónicos Queen.

El año siguiente mantuvo la tendencia del anterior y estuvo salpicado de éxitos de nuevas bandas como Sparks, Wizzard o David Essex, pero el espíritu contestatario y libertino que imperaba a finales de 1972 se había ido diluyendo gradualmente. Asimismo, la estética del glam rock comenzaba a desaparecer solapada por otras modas derivadas de otros estilos como el punk o la música disco, aunque sus grandes figuras se mantuvieron a flote algún tiempo más. Slade, probablemente el grupo más talentoso del glam rock, continuaba firmando algunas de las mejores canciones del momento, aunque con una energía mucho más contenida, como sucedía con Far Far Away. David Bowie, que seguía a lo suyo, daba sus últimos coletazos en el género con Rebel Rebel —ni Jot Down ni yo nos hacemos responsables de las lesiones oculares que puedan ustedes sufrir si pinchan en el enlace de la canción—. Gary Glitter, que probablemente compraba sus trajes en la misma tienda que Elvis, parecía despedirse con un melancólico y profético Remember Me this Way. Al contrario que Marc Bolan, que intentaba mantener con vida a la criatura que él mismo había creado repitiendo la misma fórmula de siempre cada vez que se subía a un escenario. Finalmente, en 1975, y a pesar de los últimos esfuerzos de unos pocos, el glam rock desapareció. Bolan lo haría dos años más tarde, poco antes de cumplir los 30, en un accidente de coche en Londres.

La influencia del glam rock en otros géneros musicales y culturales ha sido notable. En Estados Unidos nunca llegó a gozar de buena salud —Richard Nixon habría colgado a unos cuantos de una soga—, sin embargo podemos advertir un cierto paralelismo estético con las principales bandas del shock rock como Alice Cooper, Angel o Kiss. Igualmente, la evolución de este estilo mediante la incorporación de estructuras y sonidos del heavy metal derivó en la década de los 80 en el nacimiento del llamado hair metal o glam metal, cuyos principales exponentes fueron los primorosos Poison y Europe —es recomendable no perderse la entrada en escena del cantante en el minuto 1:16—. También existen ciertas coincidencias culturales con la transgresora —eso dicen— movida madrileña, que parecía reproducir ese intento de oposición al conservadurismo que se había vivido en el Reino Unido diez años antes. Sin embargo, quizá estemos hilando demasiado fino. El glam, como estilo musical y ejemplo de contracultura, no puede ser extrapolado a otro lugar ni otro tiempo. No tiene mucho sentido intentar comprenderlo fuera de su contexto ni buscar lazos estrechos con otros movimientos similares. Simplemente, fue la conjunción de una tendencia estética y una serie de inquietudes artísticas y valores morales que lo convirtieron en un movimiento único. En mi opinión, si hay una imagen representativa de lo que fue, es la interpretación de la canción Baby’s on Fire de Brian Eno en la película Velvet Goldmine de Todd Haynes. Eso es lo que fue el glam rock. O quizá sólo fue sexo…

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20 comentarios

  1. ¡Brillante artículo! Como la purpurina…

  2. Lector

    Cito:
    «El glam era el rock clásico de los años 50 combinado con las melodías pop de los 60 y reforzado con un sonido sobresaturado y contundentes riffs de guitarra eléctrica.»

    «En Estados Unidos nunca llegó a gozar de buena salud»

    No sé si triunfaron en todo EE.UU. en su época, pero los New York Dolls encajan como un guante en la descripción arriba citada. Y en pintas no digamos, son el glam llevado a la máxima expresión.

    • Lector, “En Estados Unidos nunca llegó a gozar de buena salud” no es lo mismo que “En Estados Unidos no hubo ni un solo grupo de glam rock”. No he mencionado a los New York Dolls porque el artículo trata sobre un fenómeno eminentemente británico.

  3. Yo también estaba echando de menos una línea dedicada a los New York Dolls, pero sí es cierto que no llegaron a ser un fenómeno de masas ni muchísimo menos.

  4. Jalvaro

    El artículo es simplemente excelente. Lo que no entiendo son las menciones a esos plagios de Noel Gallagher,que él mismo ha reconocido. Hablar de plagios en música es muy fácil y no creo que haya que cuestionar el talento tanto de Noel como de Oasis.
    Saludos.

    • Jalvaro, en primer lugar, gracias. Las referencias a los plagios de Gallagher son puramente anecdóticos. No dudo del talento de ese buen señor. Es cierto que es muy fácil hablar de plagio, pero como tú mismo dices, él mismo ha reconocido que lo son, así que puedo prescindir de cualquier cautela y evitar el «presunto».

  5. Muy buen post, aunque me falta más música y menos referencia a la purpurina, y las formas. No veo ninguna referencia a cómo The Faces fueron influenciados, y como sin ellos no hubieran existido otras muchas bandas, sobre todo de la escena americana. De cómo el rock sureño, Gram Parsons o The Band hicieron un gran trabajo sembrando un campo del que luego hemos venido disfruntando sonoramente.
    En cualquiera de los casos aunque el enfoque del artículo/post, muy de los tiempos indies que corren, no me guste demasiado, enhorabuena, porque es muy artículo.

    • Manolo, no sé muy bien por qué tendría que haber escrito sobre las influencias de The Faces, sinceramente. Tampoco entiendo qué habría pintado una referencia al rock sureño en un artículo sobre el glam rock. Pero me alegro de que considere que el artículo es muy artículo. Su comentario también es muy comentario.

  6. Quería decir que era muy buen artículo, nada más, siento haber molestado, no era mi intención. Y no he sabido hasta hoy que su intención era hablar del glam rock…Sino de «… una de las épocas más fecundas (…) de la historia de la música, es la que comprende el final de la década de los 60 y el principio de los 70. «.
    Lo siento.

  7. Jose Luis

    Me ha parecido un excelente artículo, con una gran base de documentación para ilustrar a los que no lo vivieron, realmente así visto gozó de mayor fama de lo que parecía entonces (en España simplemente eran excéntricos como poco).
    Recordad sólo que el único perdurable por reinventarse constantemente fue Bowie, y creo recordar que «rebel rebel» era de los Stones

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  10. P. R. V.

    Genial artículo y mejor repaso a una de las escenas más interesantes de la música rock. Ya pensaba que iba a faltar la referencia a la película de Haynes pero no. Recomendadísima para los que quieran sumergirse un poco en el mundillo del glam y difrutar de una banda sonora increíble, con cameo de los Placebo incluído.
    Da gusto leerle señor de Lorenzo :)

  11. Manuel

    Gran artículo! Y siento ponerme » tiquismiquis», pero hombre, lo de Noel gallagher en la canción Hello, no creo que se pueda considerar un plagio cuando abiertamente se reconoce a Gary Glitter en los créditos de la canción, no?

    un plagio yo lo considero como » voy a ver si cuela, y la gente no se da cuenta». Que por otra parte, Noel gallagher también sabe mucho de eso. jeje. En este caso lo veo mas como un… homenaje? Pues eso. Una vez mas, genial articulo! :)

  12. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Loquillo: “La Barcelona de los 80 era tan aburrida como la actual”

  13. franny

    Mucho Oasis y nada de Suede en esos 90… Gracias por el artículo en todo caso, ha sido divertido :)

  14. Yo siempre he sido un gran seguidor del glam rock… pero tras leer el libro «Glam Rock. Sexo, Purpurina y Lápiz de Labios» me convertí en auténtico apasionado del género. Ese libro es todo un descubrimiento. Para los interesados, lo publicó hace unos años Milenio Editorial. Me imagino que todavía hoy seguirá en catálogo.

  15. Lennon_9dream

    Yo adoro el rock clasico porque me parece lo máximo y lo mas grande de la musica contemporanea!!! Y no íba a ser menos el Glam Rock con enormes grupos. Hasta los Stones, Kinks, Lou Reed ect… que venían desde los sesenta se convirtieron en Glam por momentos.

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